Scandalous Kingpin (Saga Kingpins Of The Syndicate Adaptación) by Selene 🌙 at Inkitt
Customize readability
Aa

Scandalous Kingpin (Saga Kingpins Of The Syndicate AdaptaciĂłn)

Summary

Jungkook “Priest” DiLustro. Un prĂ­ncipe encantador. Solo cuando le convenĂ­a. Lo probĂ© y me volvĂ­ adicto. Pero era un bastardo sin corazĂłn y un arrogante prĂ­ncipe mafioso cuyo Ășnico objetivo era ignorarme despuĂ©s de quitarnos la comezĂłn. Justo cuando creĂ­a que los dos lo habĂ­amos superado, se abalanzĂł sobre mĂ­ y me dijo que habĂ­a hecho una promesa que pretendĂ­a cumplir, aunque nos matara a los dos. Taehyung Murphy. Un prĂ­ncipe doncel de la mafia irlandesa. MĂ­o. Puede que empezĂĄramos como un sueño, pero ahora yo era su pesadilla. Estaba dañado, marcado por mi pasado. Aun asĂ­, no podĂ­a permitir que nadie mĂĄs lo tuviera. AsĂ­ que robĂ© un contrato de matrimonio y su corazĂłn. No era mĂ­o, pero lo tomĂ© de todos modos. En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, pensaba quedĂĄrmelo. Hasta que la muerte nos separe.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

PrĂłlogo

Taehyung

“Bienvenidos a Filadelfia”.

Las palabras perfectamente sincronizadas del locutor de radio resonaron en los altavoces del Jeep de Jimin mientras tomĂĄbamos el puente Benjamin Franklin para cruzar el rĂ­o Delaware.

Jimin, Hobi y FĂ©lix eran mis acompañantes en Yale. Jimin y Hoseok eran primos, criados casi juntos por la mamĂĄ de Jimin en California. Hoseok era temerario pero fĂĄcil de querer y, segĂșn todas las historias que habĂ­an compartido a lo largo de los años, era el yin del yang de Jimin. Jimin, que llevaba preparĂĄndose para las Olimpiadas desde el dĂ­a en que se calzĂł los patines artĂ­sticos, tenĂ­a una determinaciĂłn que se beneficiaba de las alocadas maneras de Hoseok.

Luego estaba Félix, que siempre se aseguraba que hiciéramos los movimientos correctos y pensåramos con nuestro lado sensato del cerebro en lugar de con el de un lagarto. Siempre bromeåbamos diciendo que era la mamå gallina de nuestro grupo, pero no nos gustaría que fuera de otra manera.

Y yo... bueno, yo era sólo yo. Taehyung Murphy, hijo doncel de un mafioso irlandés. Tanto mi papå como el de Hoseok dirigían las partes de nuestras familias en una organización criminal mucho mayor. Su papå dirigía la mafia irlandesa de los Brennan, su territorio en Irlanda y Estados Unidos, y mi papå y mis hermanos dirigían la mafia irlandesa de los Murphy solo en Irlanda.

A mí me funcionaba: menos posibilidades de encontrarme con mis hermanos. O, como se les conocía en los bajos fondos, los capullos irlandeses. No había vuelto a Irlanda desde que pisé suelo americano, e incluso ahora, con un título de Yale en mi haber, seguía retrasando mi regreso a Irlanda.

Así que aquí eståbamos los cuatro, de camino para llevar a cabo nuestro atraco: robar a uno de los capos. ¿Cómo llegó a pasar esto, te preguntarås? Bueno, empezó con un incendio y el chantaje del ex novio de Félix. Seguíamos una regla: nunca robar dos veces en el mismo sitio. Hasta ahora, habíamos robado al papå de Hoseok, un casino en Chicago, y ahora eståbamos cambiando nuestros esfuerzos a un club en Filadelfia. La diversidad era importante para nosotros, criminales aficionados.

Y algo bueno habĂ­a salido de ello.

Después que el novio de Jimin nos ayudara a borrar las pruebas de nuestras operaciones pasadas, decidimos utilizar el dinero para fundar una escuela. Era una escuela que enseñaría un plan de estudios normal complementado con lucha, defensa personal y supervivencia en el mundo de la mafia.

En poco tiempo, Jimin había estacionado su Jeep y nos pavoneåbamos por el club como si fuéramos de la casa. A mi izquierda estaba el guardarropa, teñido de luces de neón rojas, y una zona de bar con una docena de mesas altas. Algunos de los clientes habían despejado un espacio para una pista de baile, y detrås, en la pared mås alejada, colgaba un cartel familiar.

Kingpins of the Syndicate.

Su gran cråneo me siguió mientras pasåbamos por la pista de baile, haciéndome un agujero en la nuca.

La mĂșsica sonaba a todo volumen mientras nos adentrĂĄbamos en el club, haciendo vibrar el mugriento suelo bajo mis pies. Algunos cuerpos se retorcĂ­an mientras nos movĂ­amos entre ellos en direcciĂłn a otra barra.

Pedimos una ronda de refrescos y, mientras esperĂĄbamos, mis ojos recorrieron el club iluminado con luz estroboscĂłpica. La gente iba tan elegantemente vestida que podrĂ­a jurar que su ropa habĂ­a salido directamente de las pasarelas de Nueva York.

Hoseok y yo terminamos primero nuestras bebidas, las bajamos y nos dirigimos a la pista de baile. Empezamos a balancearnos al ritmo de la mĂșsica, riendo y moviendo el culo como chicos de discoteca que intentan ganarse la vida.

FĂ©lix y Jimin se unieron a nosotros cuando sonĂł “Morning After Dark” de Timbaland, y estirĂ© el cuello para ver a la DJ, una impresionante mujer de piernas largas, cabello rubio y un par de auriculares rosa chicle. AnotĂ© que le darĂ­a una propina al salir.

Los cuatro nos reĂ­mos y movimos las caderas, olvidando el motivo por el que estĂĄbamos allĂ­. Un baile se convirtiĂł en dos, luego en tres y, en poco tiempo, llegĂł el momento de ejecutar nuestro plan.

—Bien, estĂ©n alertas, chicos —dijo Jimin despuĂ©s de que nos reunió—. La señal no puede estar muy lejos.

HabĂ­amos estacionado en el camino del camiĂłn del dinero que llegarĂ­a en cualquier momento. El plan era volver al auto y seguir al camiĂłn del dinero. Nada podrĂ­a detenernos ahora.

Bueno, casi nada.

—Tengo que ir al baño. —MirĂ© a mi alrededor, buscando una señal de baño—. SerĂ© sĂșper rĂĄpido. —Si oyes el anuncio —ordenĂł FĂ©lix—, no vuelvas aquĂ­. DirĂ­gete directamente al auto.

Salí corriendo con un movimiento de la barbilla, dejando a Hoseok, Jimin y Félix bailando. Vadeé entre cuerpos bañados en sudor y esquivé bandejas plateadas flotantes que transportaban bebidas que brillaban bajo las luces parpadeantes. Una vez en el baño, me ocupé de mis asuntos, me lavé las manos y estaba a punto de volver al pasillo oscuro cuando choqué con el duro pecho de un hombre.

Miró hacia abajo, recorriendo mis piernas desnudas, antes que su mirada carente de emoción subiera y atrapara la mía. Era como si me estuviera atravesando con la mirada. Se me puso la piel de gallina y al instante supe quién era. Priest, el capo del Sindicato que gobernaba Filadelfia.

Instintivamente, di un paso atrĂĄs, y algo oscuro pasĂł por sus ojos.

—¿QuĂ© tenemos aquĂ­? —dijo en voz baja. Mi estĂłmago se volviĂł duro como plomo y sentĂ­ un temblor en el pecho. Estar solo con Ă©l me hacĂ­a sentir como si no hubiera suficiente oxĂ­geno en el pequeño espacio—. No deberĂ­as estar aquĂ­ solo, ĂĄngel.

AcortĂł la distancia que nos separaba con una poderosa zancada y un escalofrĂ­o me recorriĂł. Sus ojos, que se clavaron en mĂ­, no tenĂ­an corazĂłn. Invasivos. Azules.

El momento se alargĂł, robĂĄndome la poca bocanada de aire que habĂ­a logrado sacar de mis pulmones.

La sola idea de estar tan cerca del hombre al que Ă­bamos a robar hacĂ­a que cada terminaciĂłn nerviosa de mi cuerpo se estremeciera de expectaciĂłn. SentĂ­a el peligro y me preguntaba cuĂĄnto tiempo pasarĂ­a antes de que mis amigos vinieran a buscarme.

Un paso mås y quedé acorralado, con su aroma a roble envolviéndome. Su cuerpo quemaba al rozar el mío, el calor era poderoso e imposible de ignorar. Sentía los miembros pesados y ligeros a la vez, y la piel me zumbaba como un cable en tensión.

—No estoy solo.

Tragué fuerte cuando se quedó callado. Era el hombre mås alto que había visto en la vida real, con el cabello rubio como una aureola enmarcåndole la cara. Pero había algo oscuro y desquiciado en sus ojos azules, y me vi incapaz de apartar la mirada. Esa boca llena suya probablemente hacía que las damas cayeran rendidas a sus pies, y a juzgar por su sonrisa, él lo sabía.

Su mirada recorrió mis piernas desnudas como hielo derritiéndose sobre mi piel acalorada y soltó una risita, haciendo que mis mejillas ardieran de calor.

—¿Te diviertes, ĂĄngel? —Su voz tenĂ­a un timbre evasivo y cada palabra tenĂ­a un toque abrasivo. Era pecaminosa, invitaba imĂĄgenes erĂłticas a mi mente. De las que se guardan en el fondo del alma. DesviĂ© la mirada con demasiada rapidez, haciendo dolorosamente obvio que habĂ­a estado mirando fijamente—. No seas tĂ­mido... A mĂ­ tambiĂ©n me fascinas.

TocĂł mis mechones rojos y enroscĂł uno alrededor de su dedo.

—No estaba... Lo siento —dije sacudiendo la cabeza, e inmediatamente me estremecĂ­. Su agarre se tensĂł y me preguntĂ© quĂ© sentirĂ­a si tiraba—. Tengo que irme.

Era como si un campo magnético nos rodeara, dejåndonos solos en el oscuro pasillo mientras hordas de gente se mezclaban a solo unos metros de distancia. Desbordaba sexualidad y masculinidad, su presencia era ineludible y me dejaba agotado. Todo en él me advertía que huyera, pero mi cuerpo se negaba a moverse y mi agujero eligió ese momento para apretarse de necesidad.

—No tan rápido —dijo, con voz grave mientras agachaba la cabeza, acercando su boca a mi oreja—. Deberíamos explorar esto.

Parpadeé, repentinamente excitado como nunca.

—¿Explorar quĂ©?

—Esto. —Me mordiĂł el lĂłbulo de la oreja y todo pensamiento que tenĂ­a se marchitĂł. Oh, Dios mĂ­o. Esto no era parte del plan—. TĂș tambiĂ©n lo quieres.

TraguĂ© fuerte, negando con la cabeza. No podĂ­amos hacerlo. Él, de todas las personas, no estaba en la agenda de esta noche.

—No creo que sea prudente —susurrĂ©.

—Entonces dime que pare —dijo, bajando la voz otra octava. Me puso una mano en la cadera y mi piel se inflamó con el calor—. Ni siquiera eres real, ¿verdad? Un ángel nunca tentaría al diablo.

Me puso las manos en las caderas y me acercó mås a él.

—No estoy tentando a nadie —dije roncamente. No podía dejar que ese hombre me tocara. Tenía que ponerle fin. Y sin embargo... mi cuerpo se inclinó más hacia el suyo, la luz atraída por la oscuridad.

—No puedes negarlo, pero algo me dice que lo sabes demasiado bien. —Ni siquiera sĂ© tu nombre —protestĂ©, pero mi voz era tan baja que apenas se oĂ­a. SĂ­, Jimin me habĂ­a informado sobre este hombre, pero “Priest” no podĂ­a ser su verdadero nombre—. Esto estĂĄ mal. —OlvĂ­date del bien y del mal —me ordenĂł, ignorando mis dĂ©biles razonamientos. AsentĂ­, casi como en trance—. Ahora mĂ­rame.

Levanté la cabeza y lo miré fijamente. Tenía las pupilas muy dilatadas, el tono azul de sus ojos casi engullido por el negro. Pero fue el anhelo de su mirada lo que me cautivó.

Abrí la boca para decirle que parara, pero no salieron palabras. Sólo podía concentrarme en los fuertes dedos que flexionaban mis caderas. Mi interior se contrajo, inundåndose de calor y haciéndome respirar entrecortadamente.

Me lamí los labios, cada célula de mi cuerpo vibraba con energía sexual. No sabía qué tenía este hombre, pero deseaba tener sus manos sobre mí, sus dedos dentro de mí. Sólo por esta vez, quería hacer algo salvaje y temerario y dejar que este magnífico desconocido me devorara y aliviara esta dolorosa necesidad.

—¿Y ahora quĂ©? —ExhalĂ©.

El hombre me mirĂł fijamente mientras me subĂ­a la mano por el muslo.

—Ahora te hago venir —gruñó, sus dedos alcanzaron mis bragas y se deslizaron sin esfuerzo dentro de la endeble tela.

La mĂșsica sonaba con fuerza, igual que la expectaciĂłn que me recorrĂ­a las venas. QuerĂ­a tocarlo, pasarle las manos por el cabello para estabilizarme mientras Ă©l deslizaba sus dedos alrededor de mi entrada, pero mi intuiciĂłn me decĂ­a que no le gustarĂ­a.

AsĂ­ que, en lugar de eso, mantuve mis pensamientos alejados de mis amigos y de la misiĂłn de esta noche, imaginando ojos sobre nosotros y emocionĂĄndome por ello.

—Ya estas empapado —gruñó con una sonrisa burlona.

—Que no se te suba a la cabeza —le dije, esperando que no pudiera leer la conmoción en mi cara. Nunca me había pasado.

—Que luchador. —Soltó una risita oscura y con la yema de su dedo medio hizo círculos alrededor de mi agujero que se abría y cerraba a la nada, aplicando la cantidad perfecta de presión.

—Mierda —susurrĂ©, con las manos cerradas en puños y los nudillos blancos.

Sus labios se presionaron contra mi oĂ­do, su aliento caliente provocĂĄndome cosas.

—Un ángel con boca de pecador. Eso me gusta.

Sus labios rozaron mi cuello, recorriendo un camino ardiente sobre mi piel sensible, mientras hundĂ­a aĂșn mĂĄs la mano en mis bragas, tirando de ellas hacia abajo. Luego me separĂł mĂĄs las piernas y deslizĂł un dedo dentro de mĂ­, entrando y saliendo.

Me mordí el labio para no gemir ni suplicarle mås. Llevé las manos a su cabello y le rocé el cuero cabelludo con las uñas. Por un momento se puso rígido, pero yo estaba demasiado ido para darme cuenta.

—Oh, mierda... —gemĂ­, agarrando sus cortos mechones rubios—. Si paras, te juro que te asesinarĂ©.

Gimió por lo bajo y añadió otro dedo, luego reanudó la penetración con los dedos, mientras mi agujero resbaladizo goteaba y me cubría el interior de las nalgas. Me dio un mordisco en el cuello y el calor estalló en mi interior, licuåndose en mis venas.

—Mierda, estĂĄs muy apretado —gruñó—. No eres virgen, Âżverdad?

Me invadiĂł una oleada de nerviosismo. No querĂ­a que se detuviera, y definitivamente no querĂ­a ser honesto.

—Ya quisieras —gemí.

—En realidad, no.

Su voz era åspera, pero tenía tanta lujuria en las venas que no pude leer entre líneas. Moví las caderas y me froté contra él mientras me metía los dedos hasta el fondo y me penetraba el punto P.

—Santa Madre de Dios. —Me aferrĂ© a Ă©l, el sonido de mi excitaciĂłn mientras los metĂ­a y sacaba de mĂ­ de alguna manera audible sobre el estruendo de la discoteca.

LevantĂł la cabeza. DetrĂĄs de sus ojos se desatĂł una tormenta que me hizo pensar que estaba a punto de detenerse. Sus labios se curvaron en una sonrisa arrogante y ĂĄspera.

—Te prometo, ángel, que Dios no tiene nada que ver con esto. Para cuando acabe contigo, ambos tendremos nuestra salvación.

Sus palabras me parecieron extrañas, pero antes de que pudiera reflexionar sobre ello, cayó de rodillas y hundió la cabeza entre mis piernas, saco mi pene de mis bragas y lamio desde la base hasta el glande. Su gruñido de satisfacción me subió por la espalda y me pasó una mano åspera por la pierna, enganchåndome el muslo por encima del hombro.

El movimiento era obsceno: él arrodillado delante de mí como si fuera un dios y no un total desconocido, la embriagadora expectativa de ser descubierto aquí... Todo era demasiado.

Le pasé los dedos por el cabello y él empujó mi pene dentro de su boca. Dentro y fuera. Dentro y fuera. Mi espalda se arqueó contra la pared y mis ojos se pusieron en blanco. Me trabajó como si me conociera desde hacía años.

MovĂ­ las caderas a medida que crecĂ­a la oleada de placer que me recorrĂ­a por dentro. Me mordisqueĂł el glande y luego me golpeĂł entre las piernas, y algo oscuro surgiĂł de lo mĂĄs profundo de mĂ­. Una pasiĂłn feroz que nunca habĂ­a surgido antes.

Su mirada azul se clavĂł en la mĂ­a mientras me chupaba el pene, que seguĂ­a palpitando deliciosamente, y la presiĂłn acabĂł por estallar. Me corrĂ­ tan fuerte que me zumbaron los oĂ­dos, arrastrando por lo bajo todos los demĂĄs sonidos del club.

CerrĂ© los ojos y me esforcĂ© por recuperar el aliento mientras una lĂĄnguida sensaciĂłn tiraba de mis mĂșsculos. Me temblaban los muslos y una paz me invadiĂł sin precedentes.

HablĂł, pero las palabras no me llegaron. AbrĂ­ los ojos y lo vĂ­ aĂșn de rodillas, con los ojos fijos en mĂ­. AĂșn me temblaban los muslos cuando el DJ parĂł la mĂșsica y hablĂł por el micrĂłfono, atravesando la niebla del placer.

—¿Por favor, podrĂ­a el dueño del Jeep Wrangler rojo mover su vehĂ­culo?

Jadeé y me tapé la boca con la mano. Giré sobre mis talones y salí corriendo. Escuché la risita åspera que me persiguió durante muchos meses.


Let Selene 🌙 know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

The Contract Wife

Lynne: Beautiful story very enjoyable.well done.

Read Now
Alpha’s Claim

Shriya: When I started, i thought the Alpha was a psycho, a control freak and could not understand why Kiera didn't get terrified of him. I wish the book was a bit longer to show her life in the pack but then I thought many of us are surrounded by strangers and we can be non inclusive without realising the ...

Read Now
The zatorian

Elisa_sims: I was hooked from the very beginning. It would be great to hear more about your inspiration

Read Now
The Alpha's Exiled Mate

Elisa_sims: Your characters are incredibly memorable. I'd enjoy hearing more about how you developed them

Read Now
Earning His Love

Joyce: A romantic feel good story with enough angst to get your emotions in a wad.

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

Victoria: I liked how you described everything so clearly. It made the story very immersive. Do you plan to continue this story further?

Read Now
Broken Halos MC

Lynn Hamilton: Author does an amazing job of creating a story that will make you feel like you’re there and part of the story. Very descriptive and well written. The book has a great plot that makes it interesting and coming back for more.

Read Now
THE WOMAN HE BOUGHT

Shannon Hollinshead: Very easy to read and excellent plot twist! This is the first book I’ve read on the app and I’m hooked!

Read Now
A Blessing in Disguise

Ingibabes511: Beautiful storytelling, too short but crafted wonderfully, your ability to draw us in with just a few short descriptive nuances and I for one would not be unhappy if you decided to make this into a series following their lives, where we learn more about her goddess given talents and if they have pup...

Read Now