I. The beginning
El sonido de los pasos apresurados de los distintos empleados se escuchaban a lo largo del gran castillo. Ordenando y poniendo los últimos detalles, sudaban bajo la presión del tiempo, con los nervios a flor de piel.
En la cocina todo era peor, los ayudantes y los cocineros iban de acá para allá. Todo debía estar perfecto para la llegada de diferentes representades del mundo al castillo de España.
Las fiestas eran famosas en la época, más si eran de algún representante. Llenas de música, baile y alegría. No era sorpresa que a gente se volvía loca y desesperada por obtener una invitación a dichas celebraciones
El español miraba como perfeccionaban su traje de color azul oscuro, con una rara serenidad en su rostro.
Mientras que en una habitación del castillo se encontraban sus respectivos hijos, sus colonias.
—¡Nueva España! ¡Deja de jugar y ve a prepararte! —gritó Rio de la Plata.
Su hermano mayor se encontraba jugando con espadas con su mellizo, Nueva Granada. Se notaba despreocupado, muy diferente a su hermana, quien parecía estar a punto de perder la cordura.
—Falta mucho todavía —respondió el príncipe con peresa.
—¡Faltan 30 minutos! —.
—Mucho tiempo —.
Virreinato del Perú miró como su hermana mayor suspiraba fuertemente conteniendo las ganas de estrangular a Nueva España.
—Plata... —la rioplatense se giró para mirar a su hermana menor— ¿Puedes peinarme? —le acercó un peine.
La princesa mayor suspiró, intentando calmarse, antes de sonreírle a Perú y asentir.
—Ven —.
La pequeña princesa se sentó en una cómodo asiento, esperando tranquilamente que su hermana peine su cabello rojizo.
Plata, con una pequeña sonrisa, se acercó a ella por detrás y, con mucha delicadeza, comenzó a peinarla.
Los sirvientes recorrían todo el lugar, alistando a los príncipes. Pero ninguno se atrevía a romper el lindo momento de hermandad entre las únicas hijas del Imperio Español.
—Ya está —dijo la rioplatense admirando el bello arte que había hecho en el cabello ajeno.
—¡Me encanta! —comentó la más pequeña con una sonrisa.
Afuera del castillo se escuchaban los fuertes galopes de los caballos que tiraban de los carruajes, donde traían grandes figuras del mundo de la realeza y la burocracia.
Los sirvientes mejor vestidos se aseguraron de saludar a los invitados, mientras otros guiaban los caballos hasta el establo.
Al lugar acudió gente de todo el mundo, desde reyes hasta grandes señores. Todos vestidos con la ropa más fina y cara.
Los hombres vestían trajes de la mejor seda, con accesorios dorados o plateados, mientras que las mujeres más refinadas acudían con grandes vestidos de colores vivos, y las joyas era sorprendente cómo sus cabezas podían soportar el peso de las coronas y tiaras.
Algunas damas se habían mostrado un poco molestas, ya que España prohibía el uso de los colores morado, azul y verde, estos simbolizaban grandeza y riqueza por el tinte que era tan difícil de encontrar.
El carruaje que poseía las banderas inglesas y francesas se detuvo en frente del gran castillo español, de allí bajó Imperio Britanico junto a su esposa Imperio Francés, y detrás de ellos sus dos hijos.
El principe Trece Colonias y la princesa Arcadia.
La familia británica caminó con tranquilidad hasta la entrada, con la mirada en alto y con un aire de superioridad que siempre tenían.
—Señor Imperio Británico, señora Imperio Francés, estamos encantados de recibirlos —dijo el sirviente que estaba en la puerta, haciendo una reverencia con respeto.
Los dos representantes asintieron en silencio y les dieron sus abrigos a otros de la servidumbre. Sus hijos hicieron lo mismo que ellos, siguiéndolos de cerca.
En el gran salón estaba sumamente decorado. Se veían decoraciones de oro en todo el lugar, además, había una gran mesa en el medio.
Con una banda de músicos en una esquina, su música creando un agradable ambiente para todos.
Los invitados estaban distribuidos por todo el salón, algunos comiendo algún bocado que traían los sirvientes, otros bebiendo o simplemente hablando.
Pasaron tan solo unos minutos, cuando se escuchó una trompeta en la entrada del salón. Todos los presentes voltearon encontrándose a un señor ya mayor bien vestido.
—¡Atención! ¡La familia real española ha llegado! —.
Las puertas se abrieron, mostrando al Imperio Español con traje azulado y una expresión sonriente, detrás de él se encontraban sus hijos.
Los príncipes Nueva España y Nueva Granada iban al lado de su padre, los dos vistiendo un traje de color negro con detalles de plata.
Detrás estaban las princesas Rio de la Plata y Perú, la mayor tenía un vestido color verde ligeramente fuerte, usando joyas de plata. Su hermana menor traía un vestido morado claro, y con menos joyas.
Los varones se mostraban muy alegres y despreocupados. Mientras que las chicas estaban un poco serias, por lo menos Rio de la Plata.
El Imperio Español se reunió con otros representantes, con la intención de tener una agradable charla, pero se notaba que cada uno era doble cara.
Sus colonias se acercaron a los demás niños, después de todo, las reuniones de adultos les resultaban aburridas, así que preferían estar con personas de su edad.
—These holidays are getting more and more boring [Estas fiestas se vuelven cada vez más aburridas] —dijo Arcadia con aburrimiento.
Odiaba el vestido de color ocre que vestía, sin duda prefería estar de traje pero su madre la había regañado porque "una mujer no debe usar pantalones".
—Definitely [Sin duda] —acompañó su hermano, Trece Colonias— I don't know why our parents force us to be here, we already know them [No sé porqué nuestros padres nos obligan a estar aquí, ya los conocemos] —.
—Y nosotros a ustedes —.
Ambos hermanos se voltearon, solo para encontrarse a los hijos mayores del Imperio Español, el príncipe Nueva España y la princesa Rio de la Plata.
—Principe... Princesa Arcadia —la rioplatense hizo una breve reverencia.
—Princesa —respondieron los dos, haciendo lo mismo.
Rio de la Plata sintió la mirada de su padre sobre ella, era una forma de decirle que deben comportarse, tanto ella como su hermano.
—Espero que estén pasándola bien en esta... Fiesta... —comentó Nueva España.
Los anglosajones también estaban en la vista de sus padres, quienes ya les habían reclamado que debían ser respetuosos.
—Oh sí, es una magnífica velada... —respondió Trece Colonias con una sonrisa falsa.
El principe español soltó una ligera risa sarcástica. Ganándose una mirada severa de su hermana sudamericana.
—Eso ni tu te la crees —murmuró por lo bajo. Lo suficiente para los príncipes escuchen pero sus padres no.
—Creeme, lo sé bien —.
Ambos mayores se dieron una mirada seria antes de que Arcadia decidiera intervenir al ver el pesado ambiente que se creó.
—Déjeme decirle que ese vestido le queda de maravilla princesa Plata —sonrió la colonia ingles-francesa, siendo una sonrisa sincera.
La hija mayor del Imperio Español correspondió la sonrisa al notar la sinceridad de la más pequeña.
—Se lo agradezco, princesa Arcadia —agradeció— Sin mentir, me sorprendió verla hoy con un vestido, pero quisiera decir que los trajes se le ven mejor —.
Arcadia se removió un poco sonrojada por el cumplido.
El resto de la velada transcurrió con normalidad. Con comida sabrosa preparada por los mejores cocineros, bebidas como el vino o el jugo para los niños, también de una linda melodía que hacía que varios invitados bailaran en pareja.
Trece Colonias y Nueva España observaban con una pequeña sonrisa como sus hermanas menores bailaban y reían juntas de forma alegre al compas de la música. Ambos hermanos mayores se sentían enternecidos ante tan tierna escena.
Cuando la mayoría de las personas estaban sentadas en la larga mesa, la música se detuvo cuando el Imperio Español se levantó de su asiento, atrayendo la mirada de todos.
Sus hijos, estaban sentados, siendo Nueva España y Rio de la Plata quienes se encontraban a su lado.
—Espero que estén pasando una maravillosa noche en mi morada —empezó a hablar el representante— Siempre he estado contento de abrir mis puertas a mis más grandes aliados, pero lo que más me hace feliz es comunicar noticias importantes —.
La gente comenzó a murmurar por lo bajo, cuestionando cual era esa importante noticia. Rio de la Plata miró con confunsión a su padre, al igual que su hermano Nueva Granada.
—Y es por eso que estoy feliz de comunicar el matrimonio entre el hijo mayor de Imperio Britanico, Trece Colonias, con mi hija mayor Rio de la Plata —.
La gente comenzó aplaudir alegremente ante la unión y acercamiento entre dos grandes imperios, pero ésto era sumamente diferente a las expresiones de las colonias española y britanica.
Rio de la Plata se había quedado congelada, su mirada estaba en la nada misma ante tan impactante noticia. No podía procesar que su propio padre manejara su vida de esa forma.
Ella ya estaba acostumbrada a escuchar sobre matrimonios arreglados de otras mujeres, le daba pena, pero nunca imaginó que a ella también le pasaría.
Mientras tanto ahora su prometido estaba igual que ella. Su padre sonreía, expresión que le enojaba, por la facilidad con la que lo usaban como peón, como muñeco de trapo.
Así comenzaba una nueva etapa en su vida. Pero tenían miedo de cómo sería, solo esperaban que no fuera un infierno.
Bienvenidos a esta linda historia. Originalmente es de aquella aplicación naranja que actualmente anda medio sensible.
Disculpen si el inglés no es perfecto, el Inglés no es mi materia favorita y por eso uso solamente el traductor.
Espero que les guste esta maravillosa historia, tratenla con amor.
Desde ya, gracias por leer.








