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Diferentes caminos//Chestappen + Donovan Carrillo

Summary

OS Agregando a Donovan Carrillo (patinador artístico) como hijo del Chestappen. No es idea mía sino de una chica que es miembro del grupo de fb en donde estoy. Esperando que les agrade amigos. ✨️⛸️💙 AU: Boys love, patinaje artístico, F1 No pretendo dañar la imagen de las personas involucradas, historia por mero entretenimiento.

Genre
Lgbtq
Author
Abril
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Único

El matrimonio Verstappen-Pérez era conocido por ser una mezcla perfecta de pasión, banderas a cuadros y amor por el automovilismo. Max Verstappen, ex campeón de la Fórmula 1, se había enamorado profundamente de Sergio "Checo" Pérez, un reconocido periodista deportivo. Después de varios años juntos, ambos se casaron y formaron una familia.


Con el paso del tiempo llegaron sus ocho hijos: Patricio, el mayor; Yuki; Hamda; Franco; Santiago; y los mellizos Noel y Donovan. Todos habían heredado la pasión de sus padres por el automovilismo, excepto Donovan, quien desde pequeño había desarrollado un profundo amor por el patinaje artístico.


La historia del amor por el patinaje artistico empezó con un Donovan de diez años, viendo una competencia en la televisión.


Una tarde, Max entró a la sala y encontró a su hijo sentado frente al televisor, completamente concentrado en una transmisión de una competencia de patinaje artístico. Donovan observaba cada movimiento con fascinación, siguiendo la rutina de los patinadores sobre el hielo.

Max frunció el ceño.


-¿Qué estás viendo? -preguntó.

Donovan se sobresaltó y rápidamente bajó el volumen.


-Una competencia de patinaje artístico, papá.


Max lo miró con seriedad.


-¿Y por qué estás viendo eso?


-Porque me gusta...


-Donovan, en esta casa siempre hemos seguido las carreras. Tus hermanos ven Fórmula 1, Fórmula 2, Fórmula 3... ¿Y tú estás viendo patinaje?


El pequeño bajó la mirada.


-Sí, papá. Me gusta mucho.


Max negó con la cabeza, molesto.


-Deberías estar viendo las carreras. Ese es el deporte de nuestra familia.


Donovan no respondió. Simplemente volvió a mirar la pantalla, aunque ahora tenía los ojos llenos de lágrimas.


Checo, que había escuchado la conversación desde el pasillo, entró inmediatamente en la sala.


-Max, ya basta.


-Solo estoy hablando con mi hijo.


-No. Lo estás haciendo sentir mal por algo que le gusta.


Max lo miró sorprendido.


-¿Desde cuándo te parece normal que nuestro hijo esté tan interesado en esto?


Checo respiró profundamente antes de responder.


-Desde que son personas diferentes a nosotros... no podemos decidir su destino.


Aquella discusión provocó una fuerte pelea entre ambos. Max no comprendía por qué Donovan parecía tan interesado en un deporte que, para él, estaba completamente alejado del legado familiar.


Lo que Max no sabía era que Donovan no solo veía patinaje artístico.


También lo practicaba.


Y Checo había decidido guardar aquel secreto hasta que su hijo estuviera preparado para enfrentarse a su padre.


Años después, los hermanos Verstappen-Pérez habían tomado caminos diferentes dentro del mundo del automovilismo. Patricio, el mayor, competía en IndyCar. Franco y Yuki habían llegado a la Fórmula 1. Noel, el mellizo de Donovan, competía en Fórmula 2. Hamda destacaba en la F1 Academy y Santiago competía en Fórmula 3.


Solo faltaba Donovan.


Max había presionado a Donovan durante años. Desde que era niño, lo había inscrito en clases de karting sin siquiera preguntarle si quería participar. Para Max, aquello era parte del camino que debía seguir su hijo.


Ahora, años después, la presión continuaba.


-Donovan, ya es hora de que te tomes esto en serio -le había dicho Max-. Tus hermanos están construyendo sus carreras. Tú también deberías comenzar a pensar en tu futuro.


Donovan apretó los labios, intentando contener las lágrimas.


-Pero yo no quiero correr, papá.


-¿Y qué quieres hacer entonces?


Donovan no respondió. Simplemente salió de la habitación y corrió hacia su cuarto.


Al cerrar la puerta, se dejó caer sobre la cama y comenzó a llorar.


Sus hermanos se quedaron en silencio. Ninguno comprendía completamente por qué el automovilismo no despertaba en Donovan la misma emoción que en ellos. Habían crecido entre circuitos, motores y carreras, pero jamás lo obligaron a sentir lo mismo.


Aunque no entendían su decisión, todos respetaban sus deseos.


-Déjenlo tranquilo -dijo Pato después de unos segundos-. Si no quiere correr, no tiene por qué hacerlo.


-Estoy de acuerdo -añadió Noel-. Es su vida.


Yuki asintió.


-Además, nosotros siempre vamos a apoyarlo.


Días después, Checo y sus hijos se encontraban fuera de casa. Max había decidido quedarse en la residencia, aprovechando la tranquilidad para organizar algunos asuntos familiares.


A media mañana, el sonido del cartero llamó su atención.


Max salió a recoger el correo y comenzó a revisar las cartas una por una. Algunas eran facturas, otras invitaciones y documentos familiares.


Hasta que una llamó particularmente su atención.


El sobre llevaba el nombre de Silver Blade Academy.


Max frunció el ceño.


-¿Qué demonios...?


Lo abrió con cierta molestia y comenzó a leer.


Se trataba de una invitación para los padres de los alumnos a un festival de invierno organizado por la academia. Max siguió leyendo, cada vez más confundido, hasta que sus ojos se detuvieron en una línea.


Estrella principal del festival: Donovan Verstappen-Pérez.


Max se quedó completamente inmóvil.


-Donovan...


Volvió a leer el nombre, convencido de que había entendido mal.


Pero ahí estaba.


Su hijo.


La carta tembló ligeramente entre sus manos. Max sintió cómo la confusión se transformaba rápidamente en enojo.


Entró a la sala y se sentó en el sofá, sosteniendo la invitación.


¿Qué hacía el nombre de Donovan en una academia de patinaje artístico?


Pasaron algunos minutos hasta que finalmente escuchó la puerta principal abrirse.


Checo regresó acompañado de sus hijos.


-Ya llegamos -anunció Pato mientras entraba.


Todos estaban juntos, pero Donovan apenas había dado unos pasos cuando Max se levantó del sofá.


-Donovan.


El tono de su padre hizo que el chico se detuviera.


Max caminó directamente hacia él y levantó la carta.


-¿Qué es esto? -preguntó con el ceño fruncido.


Donovan palideció al reconocer el sobre.


Checo se quedó quieto.


Los hermanos intercambiaron miradas.


El secreto que habían mantenido durante años acababa de salir a la luz.


Donovan comenzó a llorar. Las lágrimas recorrieron sus mejillas mientras apretaba entre sus manos la carta de la academia.


-Estoy practicando patinaje porque lo amo -dijo entre sollozos-. Yo no estoy destinado al automovilismo. Sé que puedo ser campeón, pero quiero ser campeón en lo que realmente amo.


Max continuaba furioso. No parecía dispuesto a escuchar las palabras de su hijo.


-¡Tienes que entender que esto no es lo que hacemos en nuestra familia!


Donovan retrocedió, asustado.


-Pero yo no quiero ser piloto...


En un arranque de ira, Max perdió el control y le dio una bofetada a su hijo menor.


El silencio que siguió fue absoluto.


Donovan se llevó una mano a la mejilla mientras las lágrimas continuaban cayendo. Checo reaccionó inmediatamente y se colocó frente a su hijo, seguido por sus hermanos.


-¿Qué te pasa? -gritó Checo, fulminando a Max con la mirada-. ¡No voy a volver a dejar que lastimes a ninguno de mis hijos! ¿Me oyes?


Los ojos de Checo estaban brillantes por las lágrimas, pero su voz no tembló.


-¿Y sabes qué? Yo estoy pagando la academia. Yo voy a ir a verlo porque Donovan patina increíble. Es feliz ahí.


Max permaneció en silencio.


Checo respiró profundamente y continuó, visiblemente dolido.


-Si Donovan no te lo dijo antes, fue porque sabe cómo te comportas cuando algo no sale como quieres. Te portas como un cavernícola, Max.


Max apretó la mandíbula.


-Checo...


-No. Escúchame -lo interrumpió-. Me recuerdas demasiado a tu padre. Y precisamente por todo lo que ocurrió con él terminamos alejándonos de tu familia. ¿Lo recuerdas?


Aquellas palabras golpearon a Max con más fuerza que cualquier discusión.


Checo se giró hacia Donovan y lo abrazó con fuerza.


-No tienes que disculparte por amar algo diferente, cariño.


Pato se acercó y puso una mano sobre el hombro de su hermano.


-Estamos contigo.


-Siempre -añadió Noel.


Los demás hermanos rodearon a Donovan, intentando tranquilizarlo mientras Checo permanecía a su lado.


Max observó la escena durante unos segundos. Sin decir una palabra más, tomó aire y subió directamente a su estudio.


La puerta se cerró detrás de él.


Abajo, Checo seguía abrazando a Donovan, mientras sus hermanos permanecían junto a él. Por primera vez, el pequeño patinador sintió que no estaba solo en su lucha por defender el sueño que realmente quería.


Los días pasaron y la tensión dentro de la familia no desapareció.


Desde aquella discusión, Max había dejado de dormir con Checo. Tampoco bajaba a la hora de las comidas. Mientras sus hijos compartían la mesa y hablaban de sus carreras, Max permanecía encerrado durante largas horas en su estudio.


Checo intentaba hablar con él, pero Max apenas respondía.


-Max, tenemos que hablar.


-Ahora no, Checo.


-No puedes seguir así. Donovan te necesita.


Pero Max simplemente guardaba silencio y volvía a encerrarse en el estudio.


Finalmente llegó el día de la presentación de Donovan.


Aquella mañana, la casa estaba llena de emoción. Checo y sus hijos estaban listos para acompañar a Donovan al festival de invierno de Silver Blade Academy.


Donovan llevaba su mochila al hombro y estaba a punto de salir cuando decidió detenerse.


Antes de irse, caminó hasta el jardín.


Max se encontraba allí, contemplando la enorme extensión de césped y la piscina, pero evitaba mirar a su hijo.


Donovan se quedó unos segundos en silencio.


-Pa...


Max no respondió.


Donovan respiró profundamente y se acercó un poco más.


-Te quiero mucho, Pa. Eso nunca va a cambiar.


Max permaneció inmóvil.


-Pero también quiero ser feliz. Quiero hacer algo que realmente amo.


Donovan sacó de su bolsillo una pequeña hoja de papel y la extendió hacia su padre.


-Te dejo la dirección por si decides acompañarme.


Por primera vez, Max bajó la mirada hacia la hoja, aunque todavía no se atrevía a mirar a su hijo.


-Me encantaría tener a toda mi familia viéndome patinar.


Donovan dejó el papel sobre una mesa cercana.


-Ojalá vengas.


Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y caminó hacia la entrada.


Desde allí, Checo y sus hermanos lo esperaban con enorme emoción.


-¡Vamos, campeón! -exclamó Pato.


Donovan sonrió tímidamente y ajustó la mochila sobre sus hombros.


-Vamos.


Checo lo recibió con un abrazo y le dio un beso en la frente.


-Hoy vas a disfrutarlo, cariño. Estamos muy orgullosos de ti.


Los hermanos comenzaron a salir entre risas y palabras de ánimo.


Donovan miró una última vez hacia el jardín.


Max seguía allí.


Entonces, Donovan sonrió con tristeza y salió junto a su familia.


Cuando la puerta se cerró, Max finalmente tomó la pequeña hoja que su hijo había dejado atrás.


Miró la dirección.


Y por primera vez en varios días, algo dentro de él comenzó a tambalearse.


Cuando llegaron a la Silver Blade Academy, Checo notó inmediatamente la tristeza en el rostro de Donovan. Aunque intentaba disimularla, era evidente que una parte de él seguía esperando ver a su padre entre el público.


Checo se acercó y le acarició suavemente el cabello.


-Sé que querías que papá estuviera aquí.


Donovan bajó la mirada.


-Sí... pero no puedo obligarlo.


-No tienes que hacerlo -respondió Checo con una pequeña sonrisa-. Lo importante es que estás aquí haciendo algo que amas. Y nosotros vamos a estar contigo.


Donovan asintió y respiró profundamente.


-Gracias, Pa.


Una vez dentro de la academia, Donovan se dirigió directamente a los vestidores. Dejó su mochila en uno de los bancos y comenzó a prepararse para la presentación.


Apenas había terminado de acomodar sus cosas cuando escuchó una voz conocida.


-¡Donovan!


El joven volteó y sonrió al reconocer a Ilia, uno de sus compañeros y también una de las estrellas principales de la academia.


-¡Ilia! ¿Cómo estás?


-Nervioso -admitió Ilia entre risas-. Aunque supongo que tú estás peor.


Donovan soltó una pequeña carcajada.


-Un poco. Es mi primera presentación importante frente a tanta gente.


-Entonces no pienses demasiado. Solo disfruta.


-Eso intentaré.


Ambos continuaron hablando durante unos minutos, comentando algunos detalles de la presentación y tratando de quitarse los nervios.


De repente, una de las instructoras apareció en la entrada de los vestidores.


-¡Donovan! ¡Ilia! Es hora. Todos los patinadores deben dirigirse a la pista.


-Vamos -dijo Ilia.


Donovan respiró profundamente.


-Vamos.


Mientras los jóvenes salían hacia la pista, Checo ya se encontraba sentado en las gradas junto a sus hijos.


Pato sostenía una enorme pancarta que decía:


"¡VAMOS, DONOVAN! ¡NUESTRO CAMPEÓN DEL HIELO!"


Noel tenía otra que decía:


"¡ARRIBA MI MELLIZO!"


Yuki y Franco habían preparado una tercera:


"¡DONOVAN, ESTAMOS CONTIGO!"


Hamda y Santiago también agitaban pequeñas pancartas mientras esperaban emocionados.


Checo miró a sus hijos y sonrió.


-¿Están listos?


-¡Sí! -respondieron casi al mismo tiempo.


Las luces comenzaron a disminuir y la música empezó a sonar.


Los patinadores entraron lentamente a la pista, deslizándose sobre el hielo.


Checo buscó entre las gradas una vez más.


Habían dejado un lugar vacío esperando que Max llegara.


Suspiró con tristeza, pero entonces vio a Donovan aparecer sobre el hielo.


Su hijo levantó la mirada hacia las gradas y, al reconocer a toda su familia, sonrió.


Checo levantó su pancarta.


-¡Vamos, Donny!


Sus hermanos comenzaron a aplaudir y gritar su nombre.


Donovan respiró profundamente.


El festival estaba a punto de llegar a su fin. Las últimas presentaciones habían terminado y los patinadores comenzaban a retirarse del hielo cuando la presentadora tomó nuevamente el micrófono.


-Y para cerrar este maravilloso festival con broche de oro, tenemos a uno de nuestros mejores patinadores. ¡Recibamos con un fuerte aplauso a Donovan Verstappen-Pérez!


El público estalló en aplausos.


Donovan salió al hielo con una sonrisa nerviosa. Saludó al público y se colocó en el centro de la pista, esperando que comenzara la música.


Justo en ese momento, las puertas de la academia se abrieron.


Max llegó corriendo, todavía agitado por la carrera. Miró rápidamente a su alrededor, buscando desesperadamente a su familia entre las gradas.


-¿Dónde están...? -murmuró.


Pato lo vio y abrió los ojos sorprendido. Inmediatamente levantó una mano y le hizo una seña.


-¡Pa! ¡Aquí!


Max siguió la señal y encontró a Checo y a sus hijos. Había un asiento vacío junto a ellos.


Sin decir una palabra, caminó hasta allí y tomó asiento.


Checo lo miró de reojo, pero no dijo nada.


En ese momento, la música comenzó.


Max dirigió toda su atención hacia la pista.


Donovan empezó a moverse.


Sus movimientos eran elegantes y precisos. Se deslizaba sobre el hielo con una naturalidad que sorprendió a Max. Cada giro, cada salto y cada movimiento parecían contar una historia.


Max permaneció completamente inmóvil.


Durante años había intentado llevar a su hijo hacia los circuitos, convencido de que el automovilismo era el único camino que podía hacerlo feliz.


Pero ahora lo comprendía.


El lugar de Donovan no estaba detrás de un volante.


Estaba allí.


Sobre el hielo.


Max sonrió mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.


-Es feliz... -susurró.


Checo lo escuchó, pero permaneció en silencio.


Donovan terminó su rutina con un elegante giro final y quedó completamente quieto en el centro de la pista.


Durante unos segundos hubo silencio.


Entonces el público estalló en aplausos.


-¡Bravo!


-¡Donovan!


-¡Otra vez!


Las personas comenzaron a lanzar flores y pequeños peluches hacia el hielo.


Donovan sonrió emocionado mientras recogía algunos de los regalos.


Max no pudo contener las lágrimas.


Las dejó caer silenciosamente mientras observaba a su hijo recibir todo aquel cariño.


Ver cómo Donovan era querido por el público, cómo sonreía y cómo disfrutaba de aquello que tanto amaba, hizo que algo dentro de Max se ablandara.


Había pasado demasiado tiempo intentando convertir a su hijo en alguien que no era.


Cuando todo terminó, la familia permaneció afuera de la academia esperando a que Donovan saliera por la puerta principal.


Checo, Max y los demás hermanos estaban emocionados. Incluso Max tenía los ojos todavía brillantes por las lágrimas que había derramado durante la presentación.


Finalmente, las puertas se abrieron.


Donovan salió cargando algunos de los peluches y flores que había recibido. Al reconocer a su familia, sonrió y corrió hacia ellos.


Checo fue el primero en recibirlo entre sus brazos.


-Lo hiciste muy bien, mi amor. Estuviste maravilloso.


Donovan sonrió emocionado.


-¿De verdad?


-De verdad -respondió Checo, besándolo en la frente-. Estoy muy orgulloso de ti.


Sus hermanos se acercaron inmediatamente.


-¡Estuviste increíble! -exclamó Pato.


-¡Ese giro fue espectacular! -añadió Yuki.


-Te dije que ibas a hacerlo genial -dijo Noel, abrazando a su mellizo.


Donovan comenzó a reír mientras sus hermanos lo rodeaban.


Entonces Max dio un paso hacia él.


Donovan se quedó quieto.


Durante unos segundos, ambos simplemente se miraron.


Max tenía los ojos llenos de lágrimas.


Finalmente, se acercó y abrazó a su hijo con fuerza.


Donovan comenzó a llorar entre sus brazos.


-Perdóname... -susurró Max con la voz quebrada-. Por favor, perdóname, Donovan. Perdóname por haberte pegado.


Donovan cerró los ojos y se aferró a su padre.


-Pa...


-Perdónenme todos -continuó Max, mirando a su familia-. Perdóname, Checo. Ustedes son lo más importante para mí. Fui un cavernícola... un idiota. Quise decidir por Donovan sin escuchar lo que realmente quería.


Checo se acercó y tomó suavemente el rostro de Max entre sus manos.


-Lo importante es que finalmente lo entendiste.


Max asintió, todavía llorando.


-Quiero apoyarlo. Quiero verlo patinar y estar ahí para él, aunque no sea el camino que yo imaginaba.


Checo sonrió y, sin decir una palabra más, lo besó en los labios.


Los hijos inmediatamente hicieron una mueca.


-¡Iuuuuug! -protestaron casi al mismo tiempo.


Max y Checo se separaron entre risas.


-¡Por favor, estamos aquí! -se quejó Pato.


-¡Consigan una habitación! -añadió Yuki entre carcajadas.


Donovan se limpió las lágrimas mientras reía.


-Vamos a comer antes de que mis papás empiecen otra vez.


Checo tomó a Donovan del hombro y Max se acercó a sus hijos.


La familia comenzó a caminar junta hacia el estacionamiento.


Y ahora, Max podía ver a Donovan tal como realmente era.


Su hijo no necesitaba una bandera a cuadros para ser un campeón.


Donovan ya había encontrado su propia pista y era en el hielo.



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