AMOR ENTRE LAS SOMBRAS

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Summary

En el reino eterno donde la luz y la pureza dominan, la joven hada celestial destaca por su compasión y su profunda conexión con los astros, viviendo protegida de los horrores del abismo. Sin embargo, su destino da un giro radical cuando se cruza con el señor de los demonios, una criatura temida en todos los mundos por su crueldad implacable y su corazón envuelto en sombras y destrucción. A pesar de pertenecer a bandos irreconciliables y de que el universo entero exige su destrucción, ambos descubren un vínculo prohibido que desafía las leyes del cielo y del infierno, convirtiendo su inusual cercanía en la única esperanza—o en la ruina definitiva—de sus respectivos mundos.

Status
24d ago
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1


El reino celestial de Aethelgard no conocía la prisa ni las sombras. Allí, el tiempo se deslizaba con la suavidad de una brisa cálida que mecía los campos de lirios luminiscentes y los árboles de corteza plateada. Para Lyra, la vida era un lienzo de perfección inalterable. Pertenecía a la más alta casta de las hadas celestiales, dotada de alas translúcidas que destellaban con los colores del amanecer y una magia que brotaba de sus manos como polvo de estrellas.

Cada mañana comenzaba con el canto de los cristales de viento, unos monumentos naturales tallados en cuarzo puro que resonaban con harmonías ancestrales al contacto con la luz del primer sol. Lyra solía pasar las horas en los Jardines del Cenit, donde las flores no necesitaban tierra para florecer, sino la alegría y la paz de quienes las habitaban. Su existencia transcurría entre risas melodiosas con sus hermanas, danzas aéreas sobre los lagos de néctar y el estudio de los antiguos grimorios de luz que guardaban la historia de la creación.

—El universo es un orden perfecto, Lyra —le recordaba siempre la Gran Matriarca, tocando su frente con una mano cálida—. Cada estrella en el firmamento tiene un propósito, y mientras la luz reine en nuestros corazones, el caos jamás podrá tocarnos.

Lyra asentía siempre, creyendo firmemente en esas palabras. Para ella, el mundo exterior era solo una idea abstracta, un cuento que los ancianos contaban para valorar la paz del reino. Jamás había sentido frío, ni miedo, ni una sola gota de dolor. Su corazón era tan ligero como sus alas, y su mayor preocupación era elegir qué melodía entonar para despertar a los valles.

Sin embargo, a veces, mientras miraba hacia el borde más lejano de Aethelgard, donde el cielo resplandeciente terminaba de forma abrupta en un abismo de nubes estáticas y densas, una curiosidad extraña la recorría. Era una sensación diminuta, un latido fuera de compás que no lograba comprender. Al asomarse por los precipicios de luz, el horizonte cambiaba de color, volviéndose de un gris ceniciento que parecía respirar.

Ignorando ese leve presentimiento, Lyra sacudía la cabeza, extendía sus alas y dejaba que la música de su hogar la envolviera de nuevo, convencida de que su cielo azul duraría por toda la eternidad.