Capitulo 1
Simplemente no podía entender cómo todo pudo torcerse de una forma tan enfermiza. Otome no lograba comprender por qué la que alguna vez consideró su mejor amiga había sido capaz de venderla a esos degenerados sin mostrar el más mínimo remordimiento. Cada vez que pensaba en Rinka, sentía una mezcla sofocante de rabia, asco y traición que le revolvía el estómago.
Durante tanto tiempo confió en ella. Nunca sospechó nada, ni siquiera cuando su vida se convirtió en un infierno. Rinka seguía fingiendo preocupación, hablándole con dulzura, actuando como si realmente le importara su sufrimiento, como si fuera una ingenua inocente, mientras en secreto había sido la responsable de todo.
Y ese tormento había sido insoportable.
Ser reducida al objeto de alivio sexual de un grupo de hombres enfermos que abusaban de ella una y otra vez, sin darle la oportunidad de escapar o defenderse, había destrozado algo dentro de Otome. Cada día era una humillación nueva, una herida más profunda sobre su mente y su cuerpo.
Pero descubrir la verdad fue incluso peor.
Enterarse por accidente de que Rinka había planeado todo desde el principio hizo que el mundo de Otome se derrumbara por completo. Y todo por Kazuki. Todo porque Rinka estaba obsesionada con él de una manera enfermiza.
La sola idea de que sintiera ese tipo de deseo por su propio hermano hizo que Otome terminara vomitando, incapaz de soportar el asco que le provocaba la retorcida mente de quien alguna vez llamó su mejor amiga... Su hermanita.
Ahora no sabía qué hacer ni a dónde ir.
La policía no era una opción. El hombre que dirigía a sus abusadores se había encargado de dejarle claro, con una sonrisa aterradoramente tranquila, que tenía contactos dentro de la fuerza. Si ella llegaba a abrir la boca, él se enteraría antes que nadie. Haría desaparecer el caso... y después se aseguraría de darle un castigo mucho peor por intentar traicionarlos.
Ese miedo la mantenía atrapada.
Durante un tiempo, Otome intentó aferrarse a una última esperanza: Kazuki.
Pensó que, si él descubría lo que estaba pasando, la ayudaría. Que se horrorizaría al verla sufrir de esa manera. Que al menos él sería diferente. Que sería su cabellero de brillante armadura, que el la rescataría.
Pero estaba equivocada.
La verdad fue otro golpe brutal que terminó de destrozarla por dentro.
Kazuki recibía en secreto los videos que Rinka le enviaba. Videos de cómo abusaban de ella, de cómo lloraba, suplicaba y era humillada. Y en lugar de denunciarlo... en lugar de intentar salvarla... él simplemente los miraba mientras se autosatisfacía.
Disfrutaba verlo.
Saber que el hombre que amaba encontraba placer en su sufrimiento hizo que algo dentro de Otome terminara de romperse. Ya no quedaba nada a lo que aferrarse. Rinka estaba enferma, pero Kazuki no era mejor. Ambos eran monstruos distintos alimentándose de la misma miseria.
Y ella había sido la víctima perfecta para ellos.
Sentada sola en una banca del parque, Otome lloraba en silencio mientras la lluvia caía con fuerza sobre la ciudad. El agua empapaba su ropa, su cabello y su piel, pero ya ni siquiera le importaba. Al menos las gotas ocultaban sus lágrimas. Nadie podría ver lo destruida que estaba realmente.
La impotencia la estaba consumiendo.
Sin importar lo que hiciera, siempre terminaba siendo ella la perjudicada. No tenía a quién acudir, no tenía pruebas que pudieran protegerla, y tampoco tenía fuerzas para seguir soportando aquel infierno.
Por primera vez en mucho tiempo, una idea comenzó a instalarse lentamente en su mente.
Quizás morir sería más fácil.
Quizás dejar de existir era la única forma de acabar con tanto dolor.
Y lo peor de todo... era que esa idea ya no le daba miedo.
Sin embargo, en medio de todo ese dolor y desesperación, su mente terminó aferrándose a algo que creía perdido hacía mucho tiempo.
Un recuerdo.
No... varios recuerdos.
Recuerdos cálidos y hermosos de una época donde todavía podía sonreír de verdad. Una época antes de conocer al enfermo de Kazuki. Antes de que su vida se convirtiera en una pesadilla interminable.
La secundaria.
Sin darse cuenta, sus labios temblaron mientras nuevas lágrimas descendían por sus mejillas mezclándose con la lluvia.
—Naruto-kun... debí escucharte... debí irme contigo cuando tuve la oportunidad... - murmuró entre sollozos quebrados.
Y entonces lo recordó con claridad.
Su cabello oscuro como la noche, sus brillantes ojos azul grisáceo que le recordaban a la luna, tan cálidos y sinceros que parecían capaces de ahuyentar cualquier miedo.
Recordó cómo la abrazaba.
Cómo la hacía reír incluso en sus peores días.
Cómo, cuando estaba entre sus grandes y fuertes brazos, sentía que nada malo podía alcanzarla.
Y sobre todo... recordó la forma tan pura e intensa en la que él la amaba.
Un amor real.
No enfermizo. No egoísta. No retorcido como el de Kazuki o Rinka.
Naruto la amaba de verdad.
—Si tan solo no le hubiera creído a esa desgraciada... quizás ahora estaría viviendo con él... - susurró con la voz rota.
Recordaba perfectamente aquel día después de graduarse.
Naruto le había tomado las manos con nerviosismo y una sonrisa llena de ilusión mientras le proponía irse juntos lejos de la ciudad. El tenía que mudarse por temas familiares, pero quería llevarla consigo, estudiar y graduarse juntos, ir a la universidad juntos y en un futuro construir una gran familia.
Y ella había querido aceptar.
Dios... cuánto había querido hacerlo.
Pero entonces apareció esa desgraciada.
Con lágrimas falsas y palabras cuidadosamente envenenadas, le hizo creer que estaba embarazada de Naruto y que él quería escapar de su responsabilidad como padre. La manipuló una y otra vez hasta llenarle la cabeza de dudas y culpa.
Y Otome, estúpidamente, le creyó.
Terminó alejando con sus propias manos a la única persona que realmente la había amado con todo su corazón.
Cuando finalmente descubrió la verdad, ya era demasiado tarde.
Naruto se había ido lejos, desapareciendo de su vida sin dejar rastro alguno. Y ella jamás encontró una forma de contactarlo otra vez.
—¿Por qué fui tan tonta...? - murmuró mientras se abrazaba a sí misma temblorosamente, el nunca le hubiera sido infiel, era horrible mintiendo. —¿Por qué fui tan fácil de manipular...?
Se odiaba.
Se odiaba con toda su alma por haber permitido que una víbora envidiosa destruyera su relación. Ahora podía verlo con claridad: Ella nunca quiso proteger a nadie. Solo quería apartarla para quedarse con Naruto para ella sola.
Y ella cayó en la trampa como una idiota.
La lluvia siguió cayendo violentamente sobre el parque mientras Otome lloraba desconsoladamente, sintiendo cómo el peso de sus errores y su sufrimiento amenazaban con aplastarla por completo.
.....................
Otome ya había tomado una decisión. No quería seguir viviendo en aquel infierno.
Estaba cansada de sufrir. Cansada de sentir miedo cada día de su vida. Cansada de despertar solo para seguir siendo utilizada, humillada y destruida por personas que jamás la vieron como un ser humano.
Rinka había conseguido exactamente lo que quería. La había roto por completo.
Mentalmente, físicamente y emocionalmente.
Entonces... ¿qué sentido tenía seguir viviendo?
¿Por qué debía continuar soportando aquello? ¿Por qué tenía que seguir siendo el juguete sexual de un grupo de degenerados que solo encontraban placer en verla sufrir?
No tenía fuerzas para continuar.
Y lo peor era que tampoco tenía a nadie.
Por haber sido tan ingenua, tan fácil de manipular, terminó alejándose de las únicas personas que alguna vez se preocuparon sinceramente por ella. Personas que intentaron amarla y protegerla cuando todavía quedaba algo de luz en su vida.
Y entre todas ellas... la más importante siempre fue Naruto.
Su querido Naruto.
El único hombre que jamás intentó usarla.
El único cuyos abrazos la hacían sentir segura.
El único que la miraba como si realmente fuera alguien valioso.
Pero ella lo dejó ir.
Lo apartó creyendo mentiras absurdas, y ahora ese error la perseguía como una maldición imposible de escapar. Porque mientras más recordaba a Naruto, más entendía la diferencia entre el amor verdadero que él le ofreció... y la monstruosa obsesión de Kazuki y Rinka.
Naruto quería darle una vida feliz.
Ellos solo querían destruirla.
Otome bajó la mirada mientras la lluvia seguía cayendo violentamente sobre ella. Sus manos temblaban ligeramente y su pecho dolía tanto que incluso respirar se había vuelto difícil.
Por un instante imaginó cómo habría sido su vida si hubiera aceptado la mano de Naruto aquel día. Se hubiera ido con su querido tontito con problemas para socializar.
Quizás estaría viviendo en un pequeño apartamento junto a él. Quizás estaría sonriendo. Quizás tendría paz.
Pero esa vida ya no existía.
Solo quedaba dolor.
Y en ese momento bajo la tormenta, Otome sintió que ya no tenía motivos para seguir adelante.
Y por eso ahora estaba allí.
Parada al borde de un edificio, observando el vacío bajo sus pies mientras la lluvia caía violentamente sobre la ciudad. El agua empapaba completamente su cuerpo, haciendo que su ropa se pegara a su piel y que su cabello rosado se agitara con fuerza por el viento nocturno.
Pero Otome ya no sentía frío.
Tampoco miedo.
En sus ojos no quedaba rastro de duda.
Solo agotamiento.
Una pequeña parte de ella, quizás la última chispa de esperanza que aún sobrevivía en el fondo de su corazón, intentaba suplicarle que se detuviera. Que todavía podía existir una salida. Que quizás algún día las cosas podrían mejorar.
Pero esa voz era demasiado débil.
Demasiados años de dolor, humillación y traición habían terminado por aplastarla. Solo tenía 22 años, y tenía que pasar por eso.
Rinka destruyó su confianza.
Kazuki destruyó lo que quedaba de su corazón.
Y el mundo terminó por arrebatarle cualquier motivo para seguir viviendo.
Otome cerró lentamente los ojos mientras la lluvia resbalaba por sus mejillas mezclándose con sus lágrimas.
Entonces pensó en él una última vez.
En aquel chico intimidate pero tierno que alguna vez le prometió una vida feliz lejos de todo aquel sufrimiento.
Naruto.
—Naruto-kun... quizás podamos encontrarnos del otro lado... - susurró con una sonrisa rota y llena de tristeza.
Y entonces dio el paso al vacío.
Su cuerpo cayó rápidamente entre la tormenta mientras el viento golpeaba con fuerza su rostro y sacudía su cabello húmedo. Las luces de la ciudad se convirtieron en manchas borrosas frente a sus ojos, y por un breve instante sintió una extraña sensación de paz.
Como si finalmente todo el dolor estuviera terminando.
Una última lágrima abandonó sus ojos antes de que la oscuridad comenzara a envolver lentamente su conciencia.
Los gritos de los transeúntes resonaron por las calles mojadas cuando el cuerpo de Otome impactó contra el pavimento húmedo.
Varias personas corrieron horrorizadas intentando ayudarla, algunos sacaron sus teléfonos para llamar a emergencias mientras otros apartaban la mirada incapaces de soportar la escena.
Pero ya era demasiado tarde.
Otome murió al instante.
Sin sufrimiento.
Sin tiempo siquiera para sentir dolor.
Como si el destino, cruel por primera vez en mucho tiempo, hubiera decidido concederle al menos una despedida rápida tras una vida llena de tormento.
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Lugar y tiempo desconocidos
Otome no sentía nada.
No había dolor.
No había frío.
Ni siquiera podía percibir su propio cuerpo.
Solo existía un vacío absoluto, interminable y silencioso, como si hubiera sido tragada por la nada misma. Tal vez así se sentía morir. Tal vez, al final de todo, lo único que quedaba era dejarse arrastrar por aquella oscuridad eterna.
Pero entonces algo cambió.
De repente, una avalancha de sensaciones golpeó su conciencia.
Dolor.
Tristeza.
Calor.
El sonido distante de algo cayendo.
Y entonces abrió los ojos de golpe.
Otome jadeó sobresaltada al sentir la extraña sensación de haber sido soltada desde un lugar alto. Su respiración era errática mientras miraba alrededor confundida, intentando entender dónde estaba.
La habitación le resultaba familiar.
Demasiado familiar.
Sus ojos recorrieron lentamente las paredes, los muebles y las pequeñas decoraciones que no veía desde hacía años.
Y entonces algo hizo clic en su mente.
Era su habitación de infancia.
La habitación donde dormía cuando todavía vivía con sus padres.
—¿Qué...? - murmuró atónita.
Se incorporó rápidamente en la cama mientras observaba sus propias manos temblorosas. Luego tocó su rostro, sintiendo la suavidad de una piel mucho más joven.
La respiración comenzó a acelerársele.
Sin perder tiempo, bajó de la cama casi tropezando con las sábanas y corrió hacia el espejo de su cuarto.
Y allí se vio.
Su cuerpo adolescente.
Su cabello rosado, algo despeinado por haber despertado abruptamente. Su rostro libre de las marcas del sufrimiento que había acumulado con los años.
Había rejuvenecido.
No... había vuelto atrás.
—¿Qué fue lo que pasó...? - susurró completamente consternada mientras se observaba en el espejo.
Pero antes de que pudiera seguir pensando, escuchó el sonido de la puerta principal abriéndose en la planta baja.
Y entonces su corazón se detuvo por un instante.
Porque recordó algo importante.
Sin importarle que todavía estuviera en pijama y luciera completamente desarreglada, salió corriendo de su habitación y bajó las escaleras tan rápido que casi tropezó varias veces.
Su corazón latía con fuerza dentro de su pecho, mezclando miedo, esperanza y una ansiedad casi insoportable.
Y cuando finalmente llegó a la entrada de la casa...
Lo vio.
Su madre estaba allí, mirándola con evidente sorpresa.
Pero Otome apenas pudo prestarle atención.
Porque detrás de ella estaba él.
Cabello oscuro.
Ojos azul grisáceos tan hermosos como la luna detrás de sus lentes.
Y aquel cuerpo enorme he inconfundible
Naruto...
—Otome-chan, ¿qué haces despierta? Según tu mamá estabas resfriada - dijo Naruto con una expresión confundida y claramente preocupado por verla en ese estado. Algo que contrastaba con su intimidante apariencia.
Los ojos de Otome se inundaron instantáneamente de lágrimas.
Antes de que Naruto pudiera reaccionar, ella corrió hacia él y se lanzó a abrazarlo con todas sus fuerzas, aferrándose a su cuerpo como si temiera que desapareciera si lo soltaba.
Un llanto lleno de alivio escapó de sus labios.
Naruto abrió los ojos sorprendido mientras intentaba sostenerla para que no cayera, completamente desconcertado por aquella reacción tan repentina.
—O-Otome-chan... ¿qué pasó? - preguntó preocupado mientras acariciaba suavemente su espalda intentando calmarla.
Incluso la madre de Otome observaba la escena con preocupación, sin entender qué estaba ocurriendo.
Pero Naruto no sabía la verdad.
No sabía que Otome acababa de morir.
No sabía que ella había vivido años de sufrimiento, traiciones y dolor antes de terminar lanzándose desde un edificio.
Y mucho menos sabía que, para ella, volver perdido para siempre.
Otome seguía llorando aferrada a él, temblando ligeramente mientras sentía aquel calor tan familiar envolviéndola una vez más.
Los fuertes brazos de Naruto.
Ese lugar donde siempre se sintió segura.
No sabía cómo había ocurrido aquello.
No entendía por qué había regresado a su adolescencia.
Pero en ese instante no le importaba.
Porque si aquello era un sueño... entonces no quería despertar jamás.
Y si era una cruel ilusión antes de desaparecer para siempre...
Entonces prefería quedarse allí, abrazando una vez más al hombre que realmente la amó con todo su corazón.
Fin de cap
Que opinan
Si, sinceramente porque está una historia que ocurre 100% en el mundo hentai. Está historia será tipo Lookism, aunque no sé si fumarme un porro para poner poderes.
Otra cosa es que la historia es harem, cuáles les gustaría que estuvieran.
Si, para este Naruto me base en muchos personajes, entre ellos y principalmente el Yakuza más fuerte Kaoru Hanayama, más que nada en su diseño, ya que me base en las imágenes de Hanayama con uniforme escolar.
Que otros personajes o hentai's les gustaría que aparecieron.
Otra cosa es que se que la comunidad anti-ntr es algo extremista, y aunque estoy de acuerdo con ellos, yo no puedo empatizar con Kazuki, de hecho en ese anime la única por quién siento pena es Otome, es que Kazuki literal no hace nada aún teniendo las putas pruebas, mira los viejos compraron a la policía pero puedes publicar los vídeos en internet y prácticamente funar a los viejos, pero el tipo no hace nada, por eso es que no lo soporto y lo considero de los peores protagonistas existentes.
En fin que les gustaría agregar y bueno sin nada más que decir me despido bay.








