Interés🔞 by Toda Ficción at Inkitt
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Interés🔞

Summary

Entre choques de cuchillos, risas nerviosas y una buena dosis de enredos familiares, Riku descubre que la línea entre el caos y la diversión puede ser más delgada de lo que parece. ¿Será capaz de sobrevivir al torbellino llamado Anko Koshi y, al mismo tiempo, entender las complejas relaciones que los rodean? Una historia llena de acción, humor y emociones inesperadas en un instituto donde nada es lo que parece. (Objetivo del Autor: Aprender a escribir Lemon. Eso es todo.)

Status
10h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Prólogo

La brisa matutina acariciaba suavemente el cabello negro y corto de Riku Arata mientras caminaba hacia la Secundaria Hino Minami. Con 172 cm de altura, su figura destacaba entre la multitud, pero lo que realmente llamaba la atención eran sus ojos rojos, vibrantes y llenos de un extraño magnetismo. Había algo en ellos que parecía desafiar al mundo, un destello de calma traviesa que solo unos pocos lograban comprender.

Esa mañana, como muchas otras durante la última semana, Riku sabía que no llegaría tranquilo a clases. Al doblar una esquina, una figura familiar apareció frente a él, con un brillo de odio en sus ojos.

“¡Así que aquí estás, maldito!” gritó Anko Koshi, levantando un cuchillo que reflejó el sol de la mañana. Su voz era un crisol de furia y determinación. “¿Cómo te atreves a ganarte el interés de mi hermana? ¡Tú, un tipo cualquiera!”

Riku sonrió con esa expresión que tanto sacaba de quicio a Anko.

“Buenos días para ti también, Anko. ¿Listos para nuestra “rutina matutina”?”

El cuchillo de Anko cortó el aire al lanzarse contra él, pero Riku ya había desviado el ataque con un movimiento fluido. Sacó su propio cuchillo, un objeto que había comenzado a llevar después de la primera emboscada.

Los metales chocaron, llenando el callejón con un sonido agudo, casi musical. Cada golpe era un destello de chispas, como si la tensión entre ellos electrificara el ambiente.

“¿Sabes que esto no va a cambiar nada, verdad?” comentó Riku con una risita. “Tu hermana es libre de interesarse por quien quiera.”

“¡Cállate!” rugía Anko mientras lanzaba una estocada tras otra. “Mi hermana no necesita estar cerca de alguien como tú. Eres un problema que voy a resolver.”

Riku, lejos de tomarse la situación en serio, parecía disfrutar cada momento. Para él, estas peleas habían pasado de ser ataques sorpresivos a un curioso entretenimiento matutino. No había adrenalina ni miedo, solo un extraño sentido de relajación y diversión en cada movimiento.

“Eres tenaz, lo admito. Pero ¿alguna vez te has preguntado por qué sigo viniendo por esta ruta sabiendo que me atacarás?” preguntó, desviando otro ataque con una facilidad que exasperó más a Anko.

“¡Porque eres un idiota arrogante!” respondió ella, intensificando sus movimientos. Su cabello morado oscuro, se movía al ritmo de sus golpes.

Riku sonrió más ampliamente.

“Quizás, pero también porque es divertido. Y tal vez porque hay algo en tí que también me intriga.”

Esa última frase detuvo brevemente a Anko, quien frunció el ceño y retrocedió un paso. Pero su confusión duró poco antes de que volviera a cargar contra él, con más fuerza que nunca.

¡Clang! El sonido de los cuchillos resonó una vez más en el callejón. Para Riku, esta pelea era solo otra forma de empezar el día con energía. Para Anko, era una batalla para proteger la castidad de su hermana (¡Soy la única que puede estar con mi hermana!). Ninguno de los dos pareció darse cuenta de que, en el fondo, esta peculiar rutina estaba creando un vínculo que podría cambiar sus vidas.

Y así, bajo el cielo matutino de la ciudad, los cuchillos continuaron trazando sus destellos de acero, dando inicio a otro día lleno de chispas y secretos por descubrir.

Cuando Riku finalmente llegó a clase, las miradas de algunos de sus compañeros se volvieron hacia él. No era extraño, considerando su apariencia llamativa y su personalidad tranquila pero enigmática. Sin embargo, había una mirada en particular que no podía ignorar. Sentada junto a él estaba Torako Koshi, la hermana mayor de Anko.

Torako tenía un cabello largo y rubio que se desvanecía en un degradado rosa claro en las puntas. Dos mechones en forma de cuernos enmarcaban su rostro, mientras un ahoge rebelde coronaba su cabeza. Sus ojos, un hipnotizante degradado entre rosa y púrpura, brillaban con una curiosidad que parecía no tener fin. Llevaba el uniforme escolar tradicional tipo marinero, acompañado de una bufanda azul claro y una falda azul marino que caía hasta sus rodillas. Sus medias largas negras grisáceas y mocasines marrones completaban su impecable apariencia.

“Llegas tarde.” murmuró Torako, sin apartar la vista del cuaderno que tenía frente a ella.

“Digamos que tuve un pequeño contratiempo matutino,” respondió Riku con una sonrisa que no logró ocultar del todo el rastro de adrenalina en sus ojos.

“¿De nuevo mi hermana?” preguntó Torako, cerrando su cuaderno y girándose ligeramente hacia él. Había una mezcla de fastidio y diversión en su voz.

Riku asintió, sin perder su habitual expresión relajada.

“Es persistente, lo admito. Aunque diría que es casi entrañable a estas alturas.”

Torako suspiró, apoyando su mentón en una mano.

“Deberías tomar esto más en serio. Anko no es alguien que se dé por vencida fácilmente. Además, no puedo decir que esté encantada con el hecho de que esté tan obsesionada contigo.”

“¿Obsesionada? Eso suena... un poco intenso.” Riku se rascó la nuca, fingiendo incomodidad, aunque había un destello de diversión en su mirada.

“Más de lo que crees.” Torako lo observó detenidamente, sus ojos pareciendo analizar cada uno de sus movimientos. “Y no creas que eso significa que tienes mi aprobación. Si algo le pasa a Anko por tus juegos, me encargaré personalmente de que lo pagues.”

Riku inclinó la cabeza, sonriendo levemente.

“Entendido, Torako. Aunque dudo que haya algo de qué preocuparse. Anko es bastante fuerte, al igual que tú, ¿verdad?”

Torako no respondió de inmediato. En lugar de eso, desvió la mirada, ocultando un leve rubor que se asomó en sus mejillas.

“Solo asegúrate de no causar problemas.” Fue todo lo que dijo antes de volver a concentrarse en su cuaderno.

Mientras la clase comenzaba, Riku no pudo evitar notar la extraña dinámica entre las hermanas Koshi. Torako, con su elegancia y actitud firme, parecía un contraste total con la intensidad explosiva de Anko. Y, sin embargo, había algo en ambas que le resultaba fascinante, algo que lo hacía preguntarse cómo habían llegado a cruzarse sus caminos de esta manera.

El sol estaba en lo alto del cielo cuando llegó el momento del descanso. Riku se había acomodado en un rincón tranquilo del patio de la escuela, disfrutando de una comida ligera que consistía en un sándwich y una bebida energética. El sonido de los estudiantes conversando llenaba el ambiente, pero él estaba absorto en sus pensamientos, repasando las clases de la mañana.

Justo cuando iba a darle otro mordisco al sándwich, un objeto veloz pasó zumbando junto a su rostro, clavándose en la pared cercana con un “clink” agudo. Un kunai.

Riku suspiró profundamente, dejando su comida a un lado con cuidado y poniéndose de pie. Frente a él, Anko Koshi emergió de entre la multitud, sosteniendo otro kunai en la mano y mirándolo con una mezcla de odio y determinación.

“¿Otra vez tú?” preguntó Riku con un tono aburrido, aunque sus labios se curvaron en una sonrisa divertida. “¿Ni siquiera me dejas terminar mi almuerzo?”

“¡Esto no es un juego, Riku!” exclamó Anko, alzando el kunai en posición de ataque. “¡Voy a terminar lo que empecé esta mañana!”

Riku se encogió de hombros, recogiendo el sándwich y terminándolo de un bocado antes de limpiarse las manos.

“De acuerdo, si tanto insistes. Pero me debes un almuerzo tranquilo después de esto, ¿entendido?”

Sin darle tiempo a responder, Riku esquivó el primer lanzamiento de Anko, moviéndose con una agilidad que dejó a algunos estudiantes boquiabiertos. El sonido metálico del kunai chocando contra una baranda resonó en el aire, y la multitud comenzó a dispersarse, dejando espacio para el enfrentamiento.

“¿Nunca te cansas?” preguntó Riku, girando para evitar otro ataque. “Porque yo podría hacer esto todo el día.”

“¡Cállate y pelea de verdad!” gruñó Anko, lanzándose hacia él con una ferocidad que parecía crecer con cada encuentro.

Riku sonrió ampliamente, adoptando una postura relajada mientras desviaba cada ataque con movimientos precisos. Para él, esto no era más que una extensión de la “rutina matutina” que ahora se había trasladado al almuerzo.

La batalla continuó con una intensidad que parecía aumentar con cada segundo. Mientras tanto, algunos estudiantes observaban desde la distancia, murmurando entre ellos sobre la inusual escena.

Aun así, ninguno de los dos podía negar que, en el fondo, estos combates comenzaban a convertirse en algo más que simples enfrentamientos.

El sonido de pasos apresurados rompió el ambiente cuando un profesor apareció en escena, poniendo fin a la pelea.

“¡Ustedes dos, a la oficina del director ahora mismo!” ordenó con un tono severo.

Riku suspiró, encogiéndose de hombros mientras recogía sus cosas.

“Parece que nuestra diversión terminó por ahora, Anko. Espero que tengas algo mejor planeado para mañana.”

Anko lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada mientras ambos comenzaban a caminar hacia la oficina, dejando atrás a los curiosos y las murmuraciones de los estudiantes.

Tras salir del despacho del director, Riku y Anko caminaban juntos por los pasillos del edificio escolar. El ambiente estaba cargado de una mezcla de incomodidad y alivio; ambos habían recibido una reprimenda, pero ninguno parecía tomárselo demasiado en serio.

“¿Por qué sigues insistiendo en atacarme?” preguntó Riku con un tono despreocupado, rompiendo el silencio. “Podrías simplemente ignorarme, ¿sabes?”

Anko lo fulminó con la mirada, aunque su expresión era menos agresiva que de costumbre.

“Porque tú...” Anko vaciló, pero su habitual furia se encendió de nuevo. “¡Porque mi hermana merece algo mejor que un idiota como tú!”

Riku soltó una risita nerviosa y se rascó la nuca.

“Esa lógica sigue sin tener sentido para mí, pero, eh, ¿quién soy yo para discutir?” Se encogió de hombros. “De todos modos, me alegra que al menos la charla con el director no terminara con una suspensión.”

Anko frunció el ceño y desvió la mirada. Parecía querer responder algo más, pero en lugar de eso aceleró el paso.

Cuando llegaron al final del pasillo, frente a las escaleras que llevaban al patio principal, Torako Koshi apareció, esperando junto a una ventana con su elegante postura habitual. Su cabello rubio con puntas rosadas brillaba bajo la luz del sol que se filtraba a través del vidrio, y sus ojos rosa-púrpura se iluminaron al ver a su hermana menor.

“Anko, ahí estás.” Torako le sonrió suavemente, lo que pareció relajar de inmediato la expresión de Anko.

“¡Onee-chan!” exclamó Anko con una energía inusual mientras corría hacia ella. Sin siquiera dudarlo, Anko se aferró al brazo de su hermana, con una mezcla de devoción y algo más difícil de identificar. “Te estaba buscando. ¿Qué tal si vamos juntas al club hoy?”

Torako le revolvió el cabello con ternura.

“Claro, Anko. Podemos pasar el rato juntas un rato.”

Riku observaba la interacción desde una distancia prudente, intentando no reírse abiertamente al notar el contraste entre la actitud violenta de Anko hacia él y su evidente adoración por su hermana mayor.

“Bueno, creo que este es mi momento para desaparecer.” Riku levantó una mano en un gesto de despedida, empezando a caminar en dirección opuesta.

Antes de que pudiera alejarse demasiado, Anko se giró para lanzarle una última mirada fulminante.

“¡Ni se te ocurra acercarte a Onee-chan otra vez! ¡O lo lamentarás!”

Riku solo pudo reír nerviosamente mientras levantaba ambas manos en señal de paz.

“Sí, claro, lo que tú digas. Nos vemos mañana, supongo.”

Mientras caminaba por los pasillos vacíos, no pudo evitar reflexionar sobre lo peculiar que era todo el asunto.

“Esa chica tiene un serio problema de prioridades,” pensó, sonriendo para sí mismo. Pero había algo en la dinámica que, de alguna manera, hacía que los días en la Secundaria Hino Minami fueran mucho más interesantes de lo que él esperaba.

El sol comenzaba a teñir el cielo de tonos anaranjados mientras los estudiantes de la Secundaria Hino Minami se dispersaban para regresar a casa. Riku caminaba tranquilamente por el patio principal, con las manos en los bolsillos y la mochila colgada despreocupadamente sobre un hombro. Mientras avanzaba, varias voces animadas captaron su atención.

Curioso, giró la cabeza hacia la dirección del ruido y vio a un grupo de chicas saliendo de un salón decorado con pancartas coloridas y dibujos. No tardó en reconocer el club al que pertenecía Torako Koshi. Las chicas reían y charlaban entre sí, intercambiando bromas mientras se despedían justo antes de cruzar la puerta del recinto escolar.

Riku dejó escapar un leve suspiro y se quedó observando la escena desde lejos, sin ser notado. Entre las estudiantes, Torako destacaba como siempre, con su presencia carismática y su elegante forma de interactuar con todos a su alrededor. Era imposible no notar cómo el ambiente parecía iluminarse a su paso.

Casi como una extensión de esa luz, Anko estaba a su lado, aferrándose con devoción al brazo de su hermana mayor. Su expresión severa se suavizaba por completo en presencia de Torako, mostrándole a Riku una faceta de la combativa Anko que rara vez había visto.

“Si... es un poco rara,” pensó Riku con una pequeña sonrisa, al notar cómo Anko caminaba abrazada del brazo de Torako con la intensidad de alguien que protegía un tesoro.

El contraste era casi cómico: la misma Anko que por la mañana lo había atacado con furia ahora se comportaba como una hermana menor enamorada de la admiración y afecto que sentía por Torako. Riku negó con la cabeza ligeramente mientras continuaba su camino hacia la salida.

A medida que avanzaba por las calles de regreso a casa, las risas y murmullos de los estudiantes quedaron atrás, pero en su mente seguían resonando las escenas del día. No podía evitar preguntarse qué lo esperaba al día siguiente, aunque estaba seguro de que, mientras Anko estuviera cerca, la monotonía nunca sería un problema.

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