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La chica que el fantasma no debía conocer

Summary

«Él era un fantasma… hasta que ella lo vio». Mindy tiene veintiún años, es rubia, bonita, consentida y una auténtica niña de casa. Su vida consiste en ir a la universidad, salir de compras y disfrutar de sus comodidades. Jamás imaginó que conocería a un hombre capaz de cambiarlo todo. Simon «Ghost» Riley es un soldado de las fuerzas especiales británicas: frío, misterioso y peligroso. No cree en el amor, hasta que conoce a Mindy y descubre que incluso un fantasma puede enamorarse. Ella es dulzura; él, oscuridad. Ella vive tranquilamente; él sobrevive entre armas, misiones secretas y enemigos. Pero cuando una peligrosa red de trata de personas convierte a Mindy en uno de sus objetivos, Simon tendrá que arriesgarlo todo para protegerla. Entre secretos, celos, romance y peligros inesperados, ambos descubrirán que enamorarse puede ser la misión más arriesgada de sus vidas. Ella es la chica que el Fantasma no debía conocer. Él es el hombre que jamás debió enamorarse de ella. 🖤 Fanfic de Simon «Ghost» Riley.

Genre
Fantasy
Author
Odalys
Status
17d ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

La chica de ojos azules

POV: MINDY MILLER

Mi papá siempre decía que el mundo era un lugar horrible.

Yo siempre le respondía que exageraba.

Después de todo, ¿qué tan malo podía ser el mundo cuando tenías una cama enorme, un vestidor lleno de ropa, una tarjeta de crédito que jamás había visto el fondo y un papá que habría comprado la luna si yo se la hubiera pedido?

Me llamaba Mindy Miller. Tenía veintiún años, estudiaba en la universidad y era, según mis amigas, una niña de casa.

Rubia natural, ojos azules, uñas siempre arregladas y una colección de bolsos que probablemente costaba más que el primer automóvil de muchas personas. Me gustaban los vestidos bonitos, los cafés caros, las flores frescas y que me abrieran la puerta del coche.

¿Consentida? Un poquito.

¿Inocente? Bastante.

¿Capaz de defenderme sola en una situación peligrosa? Bueno… esa era otra historia.

—¡Mindy! —gritó mi papá desde el piso de abajo—. ¡El conductor está esperando!

Miré mi reflejo por última vez.

Llevaba una falda blanca, una blusa rosa pálido y unas bailarinas que combinaban perfectamente con mi bolso. Mi cabello rubio caía en ondas sobre mis hombros y un pequeño collar con un corazón descansaba sobre mi clavícula.

Sonreí satisfecha.

Perfecta.

—¡Ya voy, papi!

Tomé mi teléfono y bajé las escaleras prácticamente saltando.

Mi padre me esperaba junto a la puerta, vestido con un traje oscuro y esa expresión que utilizaba cada vez que yo salía de casa sin él.

—¿Vas a regresar directamente después de clases?

—Sí.

—¿Sin ir al centro comercial?

—Papá…

—Mindy.

—Tal vez pase por una tienda.

Suspiró.

—Tu madre estaría de acuerdo conmigo.

Mi sonrisa desapareció un poquito.

Mi mamá había muerto cuando me dio a luz. No tenía recuerdos de ella, solamente fotografías, algunas joyas y las historias que mi papá me contaba cuando creía que yo estaba triste.

Él nunca se había vuelto a casar.

Decía que había tenido suerte una sola vez en su vida y que no pensaba tentar al destino.

A veces me sentía culpable por eso.

—Mamá también habría querido que me divirtiera —respondí suavemente.

Su expresión se ablandó.

Me acomodó un mechón detrás de la oreja y besó mi frente.

—Lo sé, princesa. Solamente quiero que estés segura.

—Voy a estarlo.

Le di un abrazo y salí de casa.

No tenía idea de que aquella sería la última mañana en la que pensaría que mi mayor problema era llegar tarde a clases.

POV: SIMON “GHOST” RILEY

—Tenemos un problema.

Levanté la mirada del informe.

Johnny Soap MacTavish estaba apoyado contra la pared del cuartel, sosteniendo una taza de café y mirándome con esa expresión que siempre significaba que iba a decir alguna estupidez.

—Si es sobre tu último entrenamiento, no me interesa.

—Qué poca confianza, teniente.

—Habla, Johnny.

Su sonrisa desapareció un poco.

—Price quiere vernos. Hay novedades sobre la investigación de la red de trata.

Dejé el informe sobre la mesa.

Eso sí merecía mi atención.

Llevábamos semanas investigando una organización criminal que operaba en diferentes ciudades. Al principio, parecía una red dedicada al tráfico de documentos y al contrabando. Después encontramos conexiones con desapariciones de mujeres jóvenes.

Universitarias.

Chicas que salían de sus casas por la mañana y jamás regresaban.

Algunas eran captadas mediante ofertas de trabajo falsas. A otras las seguían durante días antes de interceptarlas en lugares poco concurridos.

El asunto se había vuelto personal para todo el equipo.

—¿Qué encontraron? —pregunté.

—Un vehículo relacionado con dos desapariciones fue visto cerca de una zona universitaria. Price cree que podrían estar buscando otra víctima.

Me puse de pie.

—¿Policía local?

—Ya está informada. Nosotros ayudaremos con la vigilancia y el análisis de los movimientos de la banda.

Asentí.

No me gustaban los criminales que elegían como víctimas a personas incapaces de defenderse. Había muchas cosas que podía soportar, pero aquella clase de cobardía despertaba una parte de mí que prefería mantener bajo control.

—Vamos.

Soap dejó su café sobre la mesa y me siguió.

—Por cierto, ¿cómo está Eleanor?

Me detuve apenas un segundo.

—Bien.

—¿Eso es todo? ¿Bien?

—¿Quieres que te escriba un informe médico?

—Solamente pregunto, hombre.

Continué caminando.

Eleanor era mi esposa. Llevábamos años juntos y, aunque nuestro matrimonio atravesaba una etapa complicada, seguía siendo una parte importante de mi vida.

No hablábamos demasiado de nuestros problemas. Yo pasaba demasiado tiempo trabajando; ella estaba cansada de esperarme.

Y yo no sabía cómo explicarle que, algunas noches, el trabajo era lo único que me impedía pensar en cosas que prefería olvidar.

—Ocúpate de la misión, Soap.

—Sí, señor.

Su tono burlón me confirmó que no pensaba dejarme en paz.

Por suerte, llegamos a la oficina de Price antes de que pudiera seguir hablando.

Ninguno de nosotros sabía que, en unas pocas horas, mi vida personal dejaría de parecer tan sencilla.

POV: MINDY MILLER

La universidad terminó más tarde de lo esperado.

Una de mis profesoras había decidido que explicar el mismo tema durante cuarenta minutos adicionales era una excelente forma de prepararnos para los exámenes.

Yo lo consideraba una forma de tortura.

Cuando finalmente salí del edificio, suspiré aliviada y revisé mi teléfono.

Tenía tres mensajes de mi papá.

Papá: ¿Ya saliste?

Papá: El conductor está esperándote.

Papá: Mindy, contesta el teléfono.

Puse los ojos en blanco.

Yo: Sí, papi. Ya voy. Te quiero. 💗

Guardé el teléfono y me dirigí al estacionamiento.

Sin embargo, recordé que necesitaba comprar unas cosas para un trabajo de la universidad. La papelería estaba a unas calles y decidí que podía caminar hasta allí.

No era como si fuera a cruzar el mundo.

Le mandé un mensaje al conductor explicándole que tardaría un poco y comencé a caminar.

La tarde era agradable. Había estudiantes por todas partes, cafeterías llenas y automóviles avanzando lentamente por las avenidas.

Me detuve frente a una vitrina para mirar un vestido precioso.

Era rosa.

Tenía un pequeño lazo en la cintura.

Lo necesitaba.

Absolutamente.

Estaba considerando si debía llamar a mi papá para convencerlo de que era una compra necesaria cuando noté que un automóvil oscuro llevaba varios minutos estacionado al otro lado de la calle.

No le presté demasiada atención.

Hasta que vi a un hombre dentro del vehículo observándome.

Fruncí el ceño.

Aparté la mirada y continué caminando.

El automóvil arrancó.

Me dije que estaba siendo paranoica.

Entonces escuché pasos detrás de mí.

Aceleré un poco.

Los pasos también.

Mi corazón comenzó a latir más deprisa.

Miré por encima del hombro y vi a un hombre con una gorra oscura. No podía distinguir bien su rostro, pero tenía las manos metidas en los bolsillos y caminaba demasiado cerca.

Crucé la calle.

Él también.

Saqué mi teléfono.

No alcancé a marcar.

Una camioneta se detuvo bruscamente junto a la acera.

La puerta lateral se abrió.

Todo ocurrió tan rápido que mi cerebro tardó unos segundos en comprenderlo.

Una mano me sujetó del brazo.

—¡Suélteme!

Intenté retroceder, pero otro hombre apareció detrás de mí.

Me taparon la boca.

Mi bolso cayó al suelo.

Pateé, arañé e intenté gritar, pero me levantaron del suelo y me arrastraron hacia la camioneta.

El miedo me paralizó por un instante.

Un instante que casi me costó todo.

—¡Quietecita, muñeca! —gruñó uno de ellos.

Sentí algo presionándome contra la boca y después un brazo alrededor de mi cintura.

Me estaban metiendo en la camioneta.

¡Me estaban secuestrando!

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas.

No quería morir.

No quería que mi papá recibiera una llamada diciendo que su hija había desaparecido.

No quería…

Un estruendo interrumpió mis pensamientos.

—¡POLICÍA! ¡AL SUELO!

Los hombres se sobresaltaron.

Uno me soltó.

El otro intentó empujarme hacia el interior del vehículo.

Entonces una figura enorme apareció a mi lado.

Vi unos guantes negros, un chaleco táctico y una máscara que cubría el rostro de un hombre alto.

Sus ojos eran claros, fríos y terriblemente concentrados.

Me miró durante una fracción de segundo.

Después, todo se convirtió en caos.

El hombre que me sujetaba fue arrancado de la camioneta y derribado contra el pavimento. El otro intentó escapar por la puerta del conductor, pero alguien le cerró el paso.

Yo caí de rodillas.

No podía respirar.

No podía pensar.

Solamente podía temblar.

El hombre enmascarado se volvió hacia mí.

—Mírame.

Su voz era grave, firme.

Me encogí instintivamente.

Él se detuvo.

—Tranquila. No voy a hacerte daño.

Me tendió una mano enguantada.

La observé como si no entendiera qué quería de mí.

—Vamos, pequeña. Necesito sacarte de aquí.

Pequeña.

Nadie me había llamado así con aquella voz.

Tomé su mano.

Y cuando me ayudó a levantarme, mis ojos se encontraron de nuevo con los suyos.

No sabía su nombre.

No sabía quién era.

Pero, por primera vez desde que aquellos hombres me habían sujetado, sentí que podía volver a respirar.

POV: SIMON “GHOST” RILEY

Había visto muchas cosas durante mi carrera.

Hombres armados.

Víctimas aterrorizadas.

Familias destruidas.

Pero nunca había experimentado aquella sensación absurda, casi violenta, al mirar a una desconocida.

La chica temblaba frente a mí.

Era rubia, de ojos azules y rostro delicado. Tenía una pequeña marca roja en la muñeca y lágrimas pegadas a las pestañas.

Parecía demasiado dulce para estar en un lugar como aquel.

Demasiado joven.

Demasiado asustada.

Y cuando levantó la mirada hacia mí, algo dentro de mi pecho se detuvo.

Mierda.

No.

Aquello no podía estar pasando.

—Ghost —llamó Gaz desde detrás de mí—. La zona está asegurada.

No respondí inmediatamente.

La chica seguía sujetando mi mano.

Sus dedos eran pequeños y estaban helados.

—¿Estás herida? —pregunté.

Ella negó con la cabeza, aunque no parecía convencida.

—No… no lo sé.

Su voz se quebró.

Y entonces comenzó a llorar de verdad.

No eran lágrimas discretas. Estaba aterrorizada, intentando mantenerse de pie mientras su cuerpo temblaba sin control.

Me quité uno de los guantes.

No sabía por qué lo hice.

Quizá porque quería que viera que había una persona debajo del equipo táctico. Quizá porque aquellos ojos me estaban haciendo perder la concentración de una manera que jamás habría permitido durante una operación.

—Escúchame. Estás a salvo.

Ella apretó los labios.

—¿Me van a llevar otra vez?

Sentí que algo oscuro se movía en mi interior.

—No.

Mi respuesta salió más dura de lo que pretendía.

Su expresión cambió y suavicé la voz.

—No voy a dejar que se acerquen a ti.

No tenía derecho a prometerle aquello.

Ni siquiera sabía quién era.

Pero lo dije de todas formas.

Gaz se acercó para comprobar si necesitaba asistencia médica. La chica, en cuanto vio que otro hombre se aproximaba, se aferró a mi brazo.

Me quedé inmóvil.

Aquella reacción debería haber sido una simple respuesta al miedo. Lo sabía. Había estudiado suficientes situaciones de crisis para comprenderlo.

Sin embargo, cuando sus dedos se cerraron alrededor de mi manga, tuve un pensamiento que no debería haber tenido.

Quería que siguiera sujetándome.

Quería que dejara de temblar.

Quería verla sonreír.

Y quería saber absolutamente todo sobre ella.

—¿Cómo te llamas? —pregunté.

Ella tragó saliva.

—Mindy.

El nombre se quedó conmigo.

Mindy.

—Simon —respondí, después de una pausa—. Puedes llamarme Simon.

No le dije mi apellido.

No le dije mi indicativo.

Tampoco le expliqué que era un soldado acostumbrado a trabajar en situaciones donde el miedo podía costarte la vida.

Por alguna razón, delante de ella, no quería ser Ghost.

Quería ser solamente Simon.

POV: JOHN PRICE

Observé la escena desde unos metros de distancia.

Los sospechosos estaban detenidos. Gaz coordinaba el traslado y Soap hablaba con los agentes locales.

La operación había sido un éxito.

La chica seguía viva.

Eso era lo importante.

Sin embargo, había algo que me preocupaba.

Simon Riley no apartaba la mirada de la muchacha.

Conocía a ese hombre desde hacía suficiente tiempo para distinguir entre su concentración habitual y aquello.

Ghost era disciplinado. Reservado. No permitía que las emociones interfirieran en sus decisiones.

Pero aquella joven acababa de desarmarlo sin siquiera intentarlo.

—¿Qué demonios le pasa? —murmuró Soap, apareciendo a mi lado.

—No empieces.

—Capitán, mírelo. Parece que acaba de descubrir el significado de la vida.

Le lancé una mirada.

—MacTavish.

—Sí, señor.

Guardó silencio durante aproximadamente tres segundos.

—¿Cree que es amor a primera vista?

—Creo que necesitas aprender a mantener la boca cerrada.

—Eso no es un no.

Suspiré.

Ghost estaba ayudando a la muchacha a sentarse en el interior de un vehículo. Ella no soltaba su brazo.

Y él, para sorpresa de todos, parecía perfectamente dispuesto a dejar que lo sujetara.

Aquello podía convertirse en un problema.

Simon tenía una vida fuera del trabajo. Una esposa. Responsabilidades. Un historial que no le permitía cometer errores emocionales durante una operación.

Una víctima no era una misión personal.

Y mucho menos debía convertirse en una obsesión.

—Que alguien consiga los datos de la chica —ordené—. Quiero saber si existe alguna conexión entre ella y la organización.

Soap asintió.

—¿Y Ghost?

Miré a mi teniente.

—A Ghost déjamelo a mí.

POV: MINDY MILLER

Me sentaron dentro de un vehículo y me ofrecieron una manta.

No dejaba de mirar hacia la puerta.

Simon estaba hablando con otro hombre, pero de vez en cuando volvía la cabeza para comprobar que yo seguía allí.

Cada vez que nuestros ojos se encontraban, sentía una extraña tranquilidad.

Era ridículo.

Acababa de conocerlo.

Ni siquiera sabía su apellido.

Y aun así, cuando un agente se acercó para hacerme algunas preguntas, busqué a Simon con la mirada.

Él lo notó.

Se aproximó inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

—Yo… ¿puedes quedarte?

La pregunta salió tan bajita que tuve que repetirla.

Simon me observó durante unos segundos.

Después se sentó a mi lado.

—Claro.

El agente comenzó a preguntarme qué había ocurrido. Intenté explicarlo, pero mi voz temblaba tanto que las palabras se mezclaban.

Simon no me interrumpió.

Simplemente permaneció allí, cerca de mí, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Cuando terminé, me ofreció una botella de agua.

—Bebe despacio.

Obedecí.

Tenía las manos tan frías que apenas podía sostenerla.

—Gracias —susurré.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

—No tienes que agradecerme por hacer mi trabajo.

Lo miré.

—Aun así, gracias.

Por primera vez, noté algo distinto en sus ojos.

No era exactamente una sonrisa, porque su rostro seguía parcialmente cubierto, pero su mirada pareció suavizarse.

—¿Siempre eres así? —preguntó.

Fruncí el ceño.

—¿Así cómo?

—Educada.

Me quedé pensando.

—Mi papá dice que tengo que ser amable con la gente.

—Tu papá parece un hombre sensato.

Aquello me hizo sonreír un poquito.

Y entonces, sin saber por qué, me descubrí observándolo con atención.

Era enorme. Sus hombros parecían ocupar la mitad del asiento y su voz tenía una profundidad que me hacía sentir pequeña.

Pero no me daba miedo.

No como los otros hombres.

—Simon…

—¿Sí?

—¿Vas a irte?

La pregunta lo tomó desprevenido.

Lo noté en la forma en que sus hombros se tensaron.

—Tengo que terminar algunas cosas.

Bajé la mirada.

—Ah.

No quería que se fuera.

Me daba vergüenza admitirlo, incluso ante mí misma.

Él guardó silencio un momento.

—Voy a asegurarme de que llegues a casa.

Levanté la cabeza.

—¿De verdad?

—De verdad.

Sonreí.

Una sonrisa pequeña, cansada y todavía temblorosa.

Pero sonreí.

Y Simon Riley me miró como si acabara de hacer algo extraordinario.

POV: SIMON “GHOST” RILEY

Cuando recibí la llamada de mi esposa aquella tarde, todavía estaba pensando en la chica de ojos azules.

—¿Vas a llegar a cenar? —preguntó Eleanor.

Miré hacia el vehículo donde Mindy esperaba mientras los agentes terminaban el informe.

—No lo sé. Estoy trabajando.

Hubo una pausa.

—Siempre estás trabajando, Simon.

Cerré los ojos un instante.

—Lo sé.

—Olvídalo. Hablamos después.

La llamada terminó.

Me quedé mirando el teléfono.

Debería haber sentido culpa por estar distraído. Por pensar en una desconocida cuando mi matrimonio ya tenía suficientes problemas.

Y, sin embargo, lo único que podía recordar era la forma en que Mindy había sujetado mi brazo.

La manera en que había pronunciado mi nombre.

Aquella sonrisa.

—¿Todo bien, teniente?

Soap apareció junto a mí.

Guardé el teléfono.

—Perfectamente.

Miró hacia Mindy y después volvió a mirarme.

—Claro. Y yo soy el rey de Inglaterra.

—Soap.

—No he dicho nada.

—Sigue así.

Se rio por lo bajo.

No le presté atención.

Caminé hacia el vehículo y encontré a Mindy mirando por la ventana. Cuando me vio, se enderezó inmediatamente.

—¿Ya nos vamos?

Nos.

La palabra me golpeó de una manera absurda.

—Voy a acompañarte hasta que llegue tu familia.

Su sonrisa regresó.

—Mi papá va a querer agradecerte personalmente.

—No es necesario.

—Créeme. Mi papá es muy insistente.

Por primera vez en toda la tarde, estuve a punto de reírme.

—Eso ya lo veremos.

Ella soltó una risita.

Una risa suave, preciosa y completamente fuera de lugar después de lo que acababa de vivir.

Me quedé observándola un segundo más de lo debido.

Mindy Miller.

Veintiún años.

Universitaria.

Hija de una familia acomodada.

Una desconocida.

Eso era todo lo que sabía de ella.

Y, sin embargo, mientras la veía sonreír, tuve la aterradora certeza de que acababa de comenzar algo que no sabría cómo detener.

No podía enamorarme de ella.

No podía permitírmelo.

Era un soldado. Tenía una esposa. Una vida complicada y demasiados fantasmas que me perseguían incluso cuando cerraba los ojos.

Mindy pertenecía a un mundo distinto.

Uno lleno de vestidos bonitos, cafés caros y padres que todavía esperaban a sus hijas en casa.

Yo pertenecía a uno donde las personas desaparecían, las promesas se rompían y las cosas buenas rara vez duraban demasiado.

No debíamos volver a encontrarnos.

Era lo más sensato.

Lo más lógico.

Lo correcto.

Entonces ella extendió una mano y tocó suavemente mi antebrazo.

—Simon, ¿puedo pedirte algo?

Bajé la mirada hacia ella.

—Dime.

Sus ojos azules brillaron con lágrimas nuevas.

—¿Puedes quedarte conmigo hasta que llegue mi papá?

La miré durante varios segundos.

Después me senté a su lado.

—Sí, pequeña.

Y mientras ella apoyaba la cabeza contra el asiento, sin dejar de mirarme de vez en cuando para asegurarse de que seguía allí, comprendí que estaba en problemas.

Porque el Fantasma podía enfrentarse a hombres armados.

Podía entrar en lugares de los que nadie regresaba.

Podía vivir con sus propios demonios.

Pero jamás había aprendido a defenderse de una chica que sonreía como si el mundo todavía fuera un lugar hermoso.

Y Mindy Miller acababa de convertirse en su debilidad.

Lo que ninguno de los dos sabía era que aquella no sería la última vez que sus caminos se cruzarían.

Y la próxima vez, Simon Riley ya no podría fingir que solamente quería protegerla.

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