Primera Parte
Ya había pasado casi una hora desde que Iosef atravesó el umbral de la caverna. Con cada paso que daba, el suelo de consistencia terrosa daba lugar a los cada vez más predominantes mosaicos de mármol, característicos de las antiguas construcciones de Edhellendor. Las paredes mostraban una transición casi idéntica, la diferencia estaba en las inscripciones de color azul metálico que adornaban ambos lados del corredor. Iosef reconoció las runas arcanas inmediatamente, contenían un hechizo que detectaba la presencia de cualquier ser vivo que se encuentre a una distancia determinada. Era una abjuración bastante simple, pero el efecto que podía desencadenar le era desconocido y, por lo tanto, peligroso. De modo que avanzó con cautela.
Una por una las inscripciones empezaron a brillar tenuemente dejándole saber al hechicero que la cámara era consciente de su presencia, sin embargo, el lugar no mostraba señales de hostilidad alguna, al contrario, el inofensivo efecto mágico de las runas se parecía más a una señal de bienvenida que a una medida de seguridad.
La última inscripción iluminó un anillo de piedra que sobresalía del muro que ponía fin a la extensión del inmenso corredor.
Iosef se detuvo ante el imponente círculo que ocupaba casi la totalidad de la pared de mármol y lo observó por unos segundos. Casi tres mil años de edad y cientos de miles de tomos leídos pesaban en su cabeza. Le pareció extraña la ausencia de una trampa mágica o de un poderoso guardián que evite que cualquier individuo descubra el secreto mejor guardado de los sabios de Edhellendor. También le pareció inusual que el Templo de Faenya esté ubicado en una cueva apenas a unos cientos de kilómetros de Caer Ludein (o Londres, como lo llaman los despistados hombres modernos). En su experiencia, los caminos fáciles siempre llevaban a resultados decepcionantes.
Sin embargo, el círculo de piedra se ajustaba perfectamente a la descripción que proporcionaba el Vanwa Nome, el libro de los cinco planos perdidos. No había duda de que se encontraba frente al Annon Munta, el portal hacia la nada.