Nunca Imagine Que Todo Fuera a Terminar Asi

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Summary

Éste testimonio es del punto de vista de mi amiga, Mía. Lo que leeras aquí es por lo que mi amiga paso durante el huracan María. El huracan María dejo a muchos devastados, sin hogar o familia. Tengan en cuenta que no todos pasaron por lo mismo, otros la pasaron peor y estuvieron mucho tiempo sin agua y luz. Aunque esto fue un trabajo para la escuela, pienso que sería buena idea compartirlo con otras personas. A mi amiga le hice una serie de preguntas y con sus respuestas logre escribir esto...

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Complete
Chapters
1
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n/a
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13+

Testimonio

Pudo haber sido un día como cualquier otro, un día normal como muchos lo llamarían, pero no fue así. El huracán María ocurrió el 20 de septiembre de 2017. Un nombre y una fecha que jamás será olvidado por las personas en la isla. Este fenómeno fue uno de los más desastrosos en la historia de Puerto Rico. Destrozó no sólo edificios, sinó también muchos hogares y familias. Gracias a esta desgracia las personas se encontraban con pocos recursos y nada de comunicación en la mayoría de los pueblos. Ésto no fue un proceso de adaptación rápida, tomó tiempo y cooperación. El huracán María duró unas doce horas aproximadamente, pero eso fue suficiente para dejar a todo Puerto Rico en ruinas.

Veía las noticias con mís padres en la sala de mi casa cuando anunciaron sobre el huracán. Recuerdo lo que mi madre había dicho al escuchar las noticias: —Vas a ver que la gente va a estar como locos en los supermercados, comprando comida y gastando dinero, para que después pase lo mismo de siempre—. Todos habíamos pensado igual, que no iba a suceder nada grave ya que otras veces anunciaban un huracán, y solo pasaba un poco de lluvia y viento. Veía cómo las personas empezaban a prepararse, a diferencia de nosotros que no tomamos muchas precauciones. Había empacado un bulto con ropa, medicina y otros artículos personales, al igual que mis padres y mi hermana. Ésto lo habíamos hecho en caso de que tuviéramos que salír de nuestra casa de emergencia. El día antes del huracán para mí y mi familia había sido un día normal. No habíamos entrado en histeria como otros lo hacían, y tampoco nos desviamos de nuestras rutinas diarias. Me había acostado en la cama de mi habitación esperando vientos de baja intensidad y poca cantidad de lluvia, pero lo que me levantó durante la noche fue todo lo opuesto.

El ruido del viento y el horrendo sonido que las gotas de agua hacían al golpear el suelo me despertaron. Las lágrimas habían empezado a caer sobre mis mejillas al escuchar el desastroso huracán que rodeaba mi casa. La luz se había ido, al igual que mis ilusiones de un huracán rápido y nada preocupante. Mis padres me habían dicho que se habían despertado desde temprano y esperaban hasta que todo acabara. No había nada más que hacer, solo esperar a que el huracán pasara, así que me había vuelto a acostar. A las dos de la tarde me había despertado. El viento ya había parado, al igual que la lluvia, y el sol empezaba a asomarse de detrás de las nubes. Afuera de mi casa se encontraban los desastres que el huracán había dejado a su paso. Aunque me había imaginado ya como todo iba a estar, nada me podía haber preparado para lo que se encontraba frente a mis ojos. El verde de los árboles había desaparecido y las casas estaban decoradas por las ramas y hojas de los árboles que el viento había tumbado. La expresión de horror en mi rostro y en la de mi familia era muy evidente. Los vecinos habían salido de sus hogares a limpiar lo que el huracán dejó atrás y a reconstruir lo que había destruido. Sacamos hojas y ramas que el viento había dejado a su paso y se habían quedado atrapadas en las ventanas, y un grupo de personas habían destapado los desagües que se encontraban cerca. Todos se ayudaban, nadie le daba la espalda a nadie. Nos necesitábamos unos a los otros y todos lo sabíamos. Días después del huracán muchas personas habían empezado a compartir sus recursos con los demás, incluyendonos a nosotros. Tuvimos que botar una gran cantidad de comida que se encontraba en el refrigerador ya que no había luz y muy poco hielo. Mi rutina había cambiado drásticamente, pero aún así logré adaptarme con facilidad. Mi hermana y yo nos habíamos pasado la mayor parte del tiempo jugando algún juego de mesa junto a mis padres. Para pasar el tiempo también me dedicaba a leer libros o ayudar un poco en casa. Cuando me había enterado de que teníamos que volver a la escuela recuerdo que me había sentido enojada. No veía la necesidad de volver bajo las circunstancias en la que todos nos encontrábamos. Me había preguntado cómo nos íbamos a concentrar en algo tan trivial cuando teníamos familiares de los que todavía no sabíamos nada. En la escuela los grupos de amigos se habían unido nuevamente para compartir sus historias y experiencias sobre el huracán. Cada día me sentía aun mas preocupada, no sólo por los familiares con los que no me había podido comunicar, sino también por mi madre. Todo empezó a empeorar. Tuvimos que llevarla a un hospital en el que no había luz y donde las condiciones del edificio no eran las mejores. Ésto a causa de haber tenido una reacción alérgica a una pastilla. En Octubre 10 mi padre fue a los Estados Unidos junto a mi madre. Allí la había llevado a un hospital en el que podían darle el tratamiento que necesitaba. Mi abuelo se quedaba conmigo en las noches y por el día me pasaba con mi madrina y su hija.

Ya habían pasado varios meses desde que mis padres se habían ido a los Estado Unidos. El día en el que volvió la luz yo me encontraba llegando de la escuela. Recuerdo ver la lámpara de la sala encendida cuando entré a mi casa. Después de estar cuatro meses sin luz, vela tras vela, la luz por fin había llegado. Está vez mis lágrimas eran de felicidad, no de miedo o tristeza. No solo era yo la que se encontraba feliz, sino que todo el mundo en mi residencia gritaba de alegría. Podía escuchar desde mi pequeña sala a las personas decir a gritos: —Por fin, llegó la luz!—. Todo fue cayendo en su lugar después de ese día. Nuestras rutinas volvían a hacer las mismas de antes y los horarios escolares volvían a la normalidad. Poco a poco todos volvimos a comportarnos como lo hacíamos meses atrás, pero yo sabía que algo había cambiado. Este evento natural había marcado nuestras vidas para siempre. Sabía que aunque las personas no se ayudaban como lo hacían durante aquellos meses sin luz y poca agua, todos recordábamos lo que habíamos pasado juntos. El huracán María me había recordado el gran poder que tiene la naturaleza. Que no importa cuánto control el hombre tenga o cuantas cosas tenga bajo su control, la naturaleza jamás será una de ellas.