Capítulo 1
Capítulo 1
La señora Carmen Iznaga escuchó un disparo y sin necesidad de sacar muchas cuentas, supo con exactitud de dónde provenía. Tantos años trabajando en la misma biblioteca la habían familiarizado de tal modo con su entorno, que era capaz de percatarse de cualquier suceso inusual por muy imperceptible que este fuera. Así que... ¡Cómo no iba a identificar algo que nunca había ocurrido desde que comenzó a trabajar en la biblioteca, hacía ya 25 años!
Acto seguido, llamó a la policía y les dio la dirección exacta: el segundo piso del edificio que, aunque formaba parte de la biblioteca, funcionaba como apartamento en el que vivían los Mejías hacía más de 20 años.
Impulsada por la aterradora novedad, la impetuosa mujer subió las escaleras llegando a la puerta del apartamento tres minutos antes de que lo hiciera la policía.
El apartamento estaba abierto de par en par. Sobre una silla yacía el cadáver de Susana y, a su lado, el enmudecido esposo con la pistola en la mano todavía.
Según los informes preliminares la bala había penetrado por la parte lateral del hombro derecho, por donde la sangre aun no estaba seca.
Ante circunstancias tan claras, lo único que había que esperar era por un experto forense para los informes de rigor.
Viendo que este trámite podría tomar más de una hora, Carmen decidió volver a su trabajo. Por una parte, para controlar la falta de aire que el fuerte olor de la habitación le había producido y, por la otra, por la necesidad de contarle a Aurelio su hazaña de haber sido tan precisa y oportuna que permitió capturar al homicida con las manos en la masa, pero el jefe de la policía la detuvo, ya que ella era la única testigo y debía contestar algunas preguntas:
—No se preocupe, el interrogatorio será breve y rutinario. Es solo firmar el informe de la hora y lugar de la tragedia, el tiempo transcurrido entre el disparo y la llegada de las autoridades y cualquier otro detalle que ayude al esclarecimiento de los hechos. Usted sabe que la estación de policía está a menos de 15 minutos. Nos ofrecemos para llevarla en uno de nuestros automóviles y, si lo necesita, la traeremos de regreso.
El cuerpo policial de Pueblo Nuevo estaba conformado por ciudadanos residentes en el propio pueblo. Eran amables con la población, la cual nunca le daba problemas. Era lo que se llama una comunidad autodisciplinada. Los conflictos más graves que se habían producido allí habían sido alguna discusión entre vecinos por motivos irrelevantes.
Carmen empezaba a arrepentirse de haber actuado por impulso, pero debía obedecer la petición de las autoridades.
Una de las virtudes que más se destacaba en esta señora de 49 años, era que cuando explicaba algo lo hacía de manera concisa pero íntegra. Trataba de adelantarse a cualquier potencial duda de su interlocutor, fuese quien fuese. Esto lo había adquirido a fuerza de tratar con todas las personas que visitaban la biblioteca y la necesidad de optimizar el tiempo. El jefe de la policía agradeció infinitamente esta cualidad comunicativa:
—He trabajado en la biblioteca durante casi veinticinco años y, durante todo ese tiempo, he aprendido a notar cualquier movimiento inusual, al menos durante las horas de trabajo. Respecto al terrible hecho de hoy, no es mucho lo que puedo decir porque la discreción es un elemento esencial en las relaciones de respeto entre vecinos. Lo único que sé es que la señora Susana estaba en proceso de divorcio y había iniciado una nueva relación con un hombre muy buen mozo, aunque no es tan joven que digamos. A él no lo he visto en persona porque la visita por la noche, o sea, cuando ya yo terminé mi jornada laboral. Desde el punto de vista personal, me atrevo a asegurar que ella estaba muy satisfecha con él y me baso en que había dejado de ser una mujer taciturna y apagada para convertirse en una Susana rejuvenecida y rozagante.Como si de pronto hubiera comenzado a renacer. También sé que este hombre la llena de regalos porque la he visto arrojar en la basura dos o tres ramos de rosas marchitas, a veces hasta frescas todavía, así como estuches de regalos y este tipo de cosas, pero jamás he hecho preguntas de su vida privada. Del doctor, puedo decir que era una excelente persona y que me niego a creer que haya asesinado a su ex exposa.
—Por ahora, no. Muchas gracias por su colaboración —respondió el comisario realmente satisfecho con la información aportada por la bibliotecaria.
El timbre del teléfono sonó y el joven funcionario le hizo una seña con la mano para que lo dejase a solas. Hizo una rápida reverencia, lo aceptó y se marchó.
No aceptó que la policía la llevara de regreso porque uno de sus hobbies favoritos era caminar por su tranquila ciudad.
Un agente le comunicó al comisario:
—Jefe, ya tenemos listo el informe preliminar con todos los datos, excepto la declaración de sospechoso, debido a que se encuentra en un estado de shock que le impide pronunciar una sílaba.
—Eso es muy frecuente en personas que cometen este tipo de monstruosidad. Hay que reforzar la vigilancia porque el individuo podría atentar contra sí mismo. , Debe ser mantenido en custodia con toda la atención que requiere una situación de alto riesgo.








