Komorebi | kookmin

All Rights Reserved ©

Summary

|Komorebi: Luz del sol filtrada a través de los árboles.| . •Jeon Jungkook/Park Jimin. •original de Lucius Smith. •si no te agrada el ship, la temática de este fic, o la autora en si, eres libre de irte. •prohibida toda adaptación o copia de este fic.

Genre
Fantasy/Other
Author
.
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
13+

Komorebi

Narrado desde el punto de vista de Jimin.

Un día como hoy, 10 de mayo de 1890, la primavera está absurdamente preciosa, las personas más felices, los niños más inquietos, las parejas más enamoradas, las flores más coloridas y abrillantadas, los árboles moviéndose al compás del viento fresco y sonoro, el sol iluminando y para nada caluroso, sin embargo, apesar de eso, no quita que este día es inquietante y parecido a los demás días de mi "vida".

Por más que Kamisama haga del momento precioso, yo tengo que hacer lo que me dicen.

Por eso estoy escondido en mi bosque, esperando que aquellos forajidos ciegos se presenten ante mis ojos para hacerlos pagar, para que admiren la oscuridad y admitan sus pecados.

En lo más recóndito estoy, oculto por una tela de plumas negras escondo mi frágil cuerpo blanco, mis verdaderas intenciones. También puedo estar en la calle, adornado de una preciosa yukata negra, la cuál no es muy bien vista, caminando mientras observo a los transeúntes pasar, suspirando y mirando al cielo o al piso.

¿Mi nombre? Aidāh; mi nombre territorial, Jimin.

Soy un Datenshi territorial encargado de la maldad en el pueblo de Hiroshima, que pasa por todas partes buscando de aquella alma pecadora.

Antes de llegar hasta donde estoy, era un Tenshi, un ángel hermoso y admirado en el paraíso, tenía unas preciosas alas blancas terciopeladas, un aura angelical encantadora, y un don maravilloso, sin embargo, un día de desasosiego cometí un error que me convertiría en lo que soy ahora.

Al salir de la tierra sagrada, mis alas se rompieron en tres partes, mi alma se marchito y mi aura se volvió oscura; llegando al inframundo, mis alas fueron cubiertas de petróleo y reconstruidas, sin embargo, mi corazón endureció, mi piel palideció y mis intenciones cambiaron.

El tiempo pasaba a medida que mi hambre empeoraba, se hacía de noche y mi energía se debilitaba, hasta que vi un transeúnte hasta la corona de la cabeza llena de licor, tambaleándose por aquí y por allá, llamando en llanto a su amante pérdida.

Mi aura se oscureció a medida que me fui acercando a el señor; agarrándolo del hombro, asustandolo y haciendo que volteara.

Mi actuación empezaba.

–Disculpe, estoy algo perdido por ese sendero...

–Oohhj, que...rido joven*cito –hablaba arrastrando sus palabras, con hipo de por medio.

–Esta muy mareado señor, lo puedo acompañar a llegar a su morada.

–Gg...racias jooven, cuál essssu nom*bre –trato de hablar conmigo.

–Me llamo Jimin señor, venga, ¿Dónde queda su casa?

–Esss porrr ahí –señalo al sur.

Perfecto, habría que pasar el bosque.

Encaminando al señor por el bosque oscuro, me ocupe de sacarle información, cada palabra que expulsaba su asquerosa boca hacía que mi odio aumentarán.

Maldito el hombre que abuse de una mujer para su propia satisfacción.

Desvíe sus pasos más al norte sin que se diera en cuenta, su borrachera se estaba dispersando y así su preocupación se hacía más evidente, al sentir que su camino se alargaba con el paso del tiempo.

–Emm joven, ¿a donde nos estamos dirigiendo? –pregunto aquél hombre, ya no había alguna luz del exterior, yo no se sentía alguna otra presencia humana, ya solo habían hojas, árboles y niebla cantando a todo pulmón en el bosque –Siento que estamos caminando en círculos, ¿En dónde estamos?

Era el lugar perfecto, me conozco este bosque de pies a cabeza.

–Tu borrachera borra todo sentido común de ti, nubla el odio y lo hace inhumano –por cada palabra que pronunciaba el hombre temblaba más y más –Tus manos llenas de sangre ajena cuentan lo que ha pasado, tu rostro delata tus pecados, y tu alma sucia dicta tu sentencia.

Mis alas negras se dieron a mostrar, mis ojos se tornaron negros cómo el lugar que me rodea, mis colmillos se habían más grandes y mi fuerza se multiplicaba.

El grito del hombre retumbó mis oídos, haciendo daño omiso, me dirijo hacia él mientras que el hombre con miedo retrocede y corre, sin embargo es muy tarde; mi ala derecha lo alcanza y lo tira contra un árbol, tal fuerza usada que rompió sus costillas y el árbol se movió, casi rompiéndose, en eso me acerco y tomó su cuello y lo levanto.

–Tu vida está en juego, tu cuerpo está en mis manos y tú alma será mía, todo pecador tiene su castigo.

Mis colmillos se clavan en su cuello y absorbo su sangre como jugo, una vez vació e inerte, arranco su alma con mis manos y la guardo en mis adentros. Otra alma castigada por el pecado a entrado en mi.

Me iba retirando de aquel escenario hasta que siento la niebla intencificando su volumen, el viento volviéndose más frío, y el bosque más claro.

Había alguien aquí.

Y no era un humano.

Rápidamente oculte mis alas y colmillos, mis ojos volvieron a la normalidad y limpié mi boca con mi dorso.

–No te necesitas ocultar, he visto lo que has hecho con ese hombre –hablo una voz detrás de mí, era profunda y aterciopelada, inhumana –No vengo a recriminarte tu crimen, tendrás tu razón, sin embargo, me has faltado el respeto y me abstengo a dejarte ir sin antes hacerte pagar.

Solté una risa leve y di la vuelta, sin embargo, la criatura estaba lo suficientemente lejos para no distinguirla con claridad.

–Tienes la osadía de decir que falte tú respeto, sin embargo no sé que he hecho para faltarlo, y quisiera que me lo aclares –sonreí con la intención de molestar aquel que me molestaba a mi.

–Pues si fueras más observador, te hubieras dado cuenta que quebraste mi árbol por la mitad al lanzar a tu víctima por los aires, y por si no lo sabías, es muy díficil conseguir un árbol cómodo para aposento en este bosque, por lo cuál para mí, es una falta de respeto –la criatura se iba acercando a mi, revelando me poco a poco su identidad, sin embargo todavía no podía ver su cara, pero por lo que mi aura puede sentir, en verdad está enojado.

Cosa que no me da miedo en lo absoluto.

–Te puedo ayudar a buscar un buen árbol si eso deseas, pero no creas poder intimidarme para obtener algo.

–Oh, no~ querido angél, no estoy pensando en intimidarte –estuvo en silencio por un momento, lo suficiente para inquietarme un poco –Pienso asesinarte por destruir mi morada, y llevarte por segunda vez al inframundo si no has tenido bastante de él ya.

Avanzó tres pasos y pude contemplar algo que por primera vez en mi vida cómo ángel, me hizo temblar de miedo.

Tenía una altura de al menos un metro ochenta, un cabello negro, opaco como el carbón y espeso, ojos brillantes color púrpura y con un toque de blanco en ellos, piel blanca, casi albina y venas negras por todo su alrededor y un aro de oro puro en su nariz digno de un toro líder.

Un yōkai.

–¿Ahora si tienes miedo querido angél? –susurro junto con una risa malévola, un escalofrío recorrió mi espalda y mi aura se sentía apresada.

Nunca había tenido un encuentro con un yōkai, y a pesar de que no les tengo miedo, les tengo respeto.

Ahora que le falte el respeto a este tengo miedo. Mi primer encuentro con una bestia molesta.

Mis alas se hicieron presentes y me impulse del suelo, despegue vuelo y logré escapar de ahí, sin tiempo de escuchar sus últimas palabras dirigidas a mi.

Tenía que evitar ese bosque como de lugar.

–En tres años, te encontraré, te enamorare, y te romperé tu corazón hasta que desaparezcas, querido angél.






*Tres años después*

Tres años han pasado desde que salí de ese bosque, tres años sin ver a esa bestia que intimidó lo más profundo de mi.

Ahora que estoy devuelta, pienso que fue una estupidez huir.

Pensé que aquel yōkai iba a perseguirme hasta encontrarme y arrancarme mis alas pluma por pluma, más nunca me lo volví a cruzar, y, apesar de que tuve miedo, no creo volver a encontrarlo, o eso espero.

Ya era de noche y yo estaba caminando por aquel sendero que me sabía de memoria, esperando por aquel transeúnte que alimentará mi aura, aunque hayan pasado años, este sendero sigue siendo igual de bello cómo recordaba.

Pero algo no sé sentía bien hoy.

No sé si era mi intuición, o si mi lado "humano" estaba loco, pero algo se sentía fuera de lo común. Este sendero es muy alegre por las noches, por las diversas celebraciones de los aldeanos, era iluminada hasta por el brillo de las prendas de las mujeres, ruidosa por la música y el zapateo de las personas al bailar al compás, y el olor a Sake era fuerte.

Pero hoy no había música, no había luz alguna, y extrañamente mi olfato no se deleitaba del olor a Sake, ya que no había olor.

Algo está pasando.

Y supe que era cuando me di la vuelta para regresar a caminar hasta la aldea donde vivía.

No había ningún tipo de luz que me guiara el camino, ni que me diera una pista de la persona frente mío, pero aquel objeto dorado brillando en las penumbras me dejaba más que claro quien era, y aquellos ojos que iluminaban la oscuridad me decían exactamente lo que no quería saber. Sus palabras encendieron toda alarma en mi cuerpo, advirtiendo peligro pero no me movía, no podía.

–Bienvenido de nuevo querido angél.

Di un paso atrás, tambaleante, mis manos atrás en mi espalda y mis ojos abiertos a más no poder.

–¿Creíste que me había olvidado de ti? Estuve esperándote tres años, hasta que por fin apareces –hablo seductor, por cada paso que el daba hacia delante, yo daba uno hacía atrás.

–¿Que quieres de mí? –pregunte asustado.

–Tu sabes perfectamente lo que quiero.

Si, matarme.

–S-si me vas a hacer algo hazlo ya, solo acabemos con esto –hable rendido, no soy de rendirme tal fácilmente, pero odiaba la idea de huir todo el tiempo, había que enfrentar los hechos, y soy alguien que cumple con ellos.

–Tu mirada sigue siendo intimidante –él seguía caminando hacia mi, pero yo ya no caminaba hacia atrás –Tus facciones son más claras para mí, tú aura sigue siendo oscura y tenebrosa –paso su mano por mis clavículas cubiertas, causándome escalofrío, bajo hasta mi brazo y trazo una silueta invisible de arriba hacia abajo –Sabía que volverías, sin embargo no esperaba que fuera tan pronto, ¿Que te hizo regresar? O debería decir ¿Quien te hizo regresar?

¿Que o quién me hizo volver?

–No se, sentía que tenía que volver, al final en este pueblo yo siembro el terror, y si no estoy aquí ¿Quien más lo hace? –le pregunte cínicamente, de por si sabía que el hacía algo en este pueblo, más nunca escuche de la boca de ningún aldeano sobre una bestia rondando por aquí.

Hizo un sonido como risa, sin abrir la boca.

–Yo siembro el terror –susurro cerca de mi oído –Pero en secreto –empezo a reír escandalosamente.

–Di lo que quieras, solo estoy esperando lo que vas a hacer conmigo yōkai indecente.

Se alejó de mi, y alzó su mano derecha.

–Puedes llamarme Jungkook, querido angél, es mi nombre territorial –se presentó

¿Que quería de mi? Hace tres años se le notaba a leguas su ira y ganas de asesinarme, ahora está actuando seductor y queriendo presentarse, es muy confuso.

–No entiendo –hable.

–Que me digas tu nombre pequeño tonto.

–Jimin –conteste seco.

Su mano estirada en ningún momento tuvo un contacto conmigo, por miedo a que me hiciera algo.

En eso su mano se acercó a mí cabello blanco, y pasó un mechón de pelos por sus dedos, seguido de sostener mi nuca con su mano, muy cerca de mi, casi aspirando el mismo aire de mis pulmones.

–No te haré nada, desistí de la idea de asesinarte hace dos años –comento, eso, aparte de aliviarme, hizo que sacará el aire retenido que tenía y que no me había dado cuenta que había aguantado –En realidad, vengo a proponerte un trato.

¿Un trato? Si no fuera un yōkai, diría que está siendo muy imbecil, pero la verdad, no sé si el imbecil soy yo por haberle contestado.

–¿Que clase de trato Jungkook-san?

Se tomó su tiempo para responder, el cual me estaba estresando mucho, al igual que su mano en mi cabello, sin embargo esperé a que hablara, si me dejaba vivir aceptaría de todas las maneras posibles.

–Trabajemos juntos...




*Un año después*

–Querida joven, está tomada ¿Quiere que la acompañe hasta su casa? –hable cortésmente a la joven que se tambaleaba.

–Oh Senpai, ess usted muy amable.

Caminamos por aquel bosque cubierto de niebla, hasta llegar a punto de siempre.

–S-senpai, ¿P-porque estamos en e-el bosque? –su voz temblaba de miedo, lo cual en cierta parte me disgustaba, pero al pensar en todas las cosas que reveló en el camino, como el cómo engaño a su esposo y asesinato a su hijo no deseado, me volvía el gusto por su miedo –P-por aquí n-no es mi casa, ¿Q-que estás t-tratando de hacer?

–Oh no querida joven, él no te va a hacer nada –hablo por fin la voz que estaba esperando –El que te va a hacer algo... Soy yo.

Empuje a la chica al piso lejos de mi y di varios pasos hacia atrás, contemplando como aquella bestia salía de los arbustos y atacaba sin piedad a la persona en el piso, devorando cada extremidad y lamiendo cada gota de sangre que salía de ella.

Un acto digno de una bestia.

Una vez terminada la masacre, se limpio su boca con la yukata que tenía puesta, y me miró.

–Estuvo buena, pero tenía mucho alcohol en su sistema –se quejó, yo solo rode los ojos –me siento algo mareado incluso.

–Solo atraigo gente borracha, no soy tan guapo para atraer jóvenes – le respondí, sentándome en un tronco seco.

En eso él se acerca y se sienta al lado mío.

–Claro que lo eres Jimin-san, tienes un lado persuasivo que cautiva a mucha gente –alago, ya para estás alturas estaba acostumbrado a sus halagos, pero no comprendía porque los hacía.

–Dime ¿Que persona se vería atraída por un joven con yukata negra y vieja, y su cabello más blanco que el de una anciana? No me hagas reír Jungkook-san –le respondí, y aunque me duela decirlo, es la verdad.

–Yo lo estoy.

Ahí va otra vez.

Ha hecho este tipo de cosas desde que hicimos aquel trato.



*Flashback*

–¿Terminaste de succionar su alma? –hablo Jungkook impaciente.

–Si maldita bestia, ¿Cuál es tu apuro? –conteste irritado –me vienes hostinando desde que comenzamos el trato hace un mes.

–Es que quiero verte un poco más ¿O no puedo? –contesto seductoramente, acercándose peligroso hacia mi.

–En serio ¿Que te pasa por la cabeza Jungkook-san?

–Tú me pasas por la cabeza todo el tiempo querido angél.

Me abstuve a reír.

–Antes tenías unas ganas irremediables de matarme y ahora, quieres seducirme, de verdad que no te entiendo.

En eso, al pasar de la luz estaba tirado en el suelo lleno de grama con el yōkai indecente encima mío.

–Dejame decirlo así no te confundo más –decia al momento de juntar su nariz con la mía –Planeo seducirte hasta que te enamores de mi, hasta que sientas lo mismo que yo.

Ahora si me reí, en toda su cara, con cinismo, una carcajada seca.

–Los datenshis no sentimos amor, no podemos, así como las bestias como tú –lo mire de arriba hacia abajo lo que pude –No creo que sientas algo más que hambre.

–No Jimin –me calló –Ustedes no sienten amor, porque no quieren, pero vas a ver, te haré sentir amor.

Y con eso, se levantó y trepó un árbol hasta desaparecer de mi vista.

*Fin de flashback*




–Jungkook-san –volteo a verme, mientras yo miraba el piso –¿Cuál es tu verdadero nombre?

Sentí que dudaba en responder, lo cuál hacía que mi corazón reaccionara. Tenía que ver qué tramaba en realidad.

–Es Luvāh.

Un latido.

–¿Que hiciste para convertirte en yōkai Luvāh?

Otra vez estaba dudando.

–Asesine a mi familia y luego me suicide –hizo una pausa para luego reír de manera cínica –Ellos no querían un hijo holgazán, que quería estar solo y hacer nada, me despreciaban, me aislaban, me maltrataban, y con más razón al haber sido producto de un engaño –trago saliva, podía sentir como odiaba hablar de esto –Un día de lluvia escuché como planeaban deshacerse de mi lanzandome al lago, sin embargo me les adelante y los mate –sonrio en medio del relato, una sonrisa que le pondría los pelo de punta a cualquiera –uno por uno me deshice de ellos, pude ver cómo pedían por su vida y yo solo se las quitaba, luego de mi cometido salte al río –bajo la mirada –Por más que me sentía bien sabía que si permanecía vivo no duraría mucho, ya que solo era un adolescente, así que me quite la vida, y de repente aparecí en este bosque, con un anillo de oro de toro en mi nariz y un hambre insaciable por la carne humana, y esa es mi historia.

Otro latido.

–¿Por qué estás tan interesado en mi de repente? –me preguntó, sacándome de mi trance.

Latido.

–Me quieres enamorar para luego romper mi corazón ¿Cierto? –pregunte por fin, y me atreví a mirarlo.

Sus ojos estaban abiertos de par en par, su corazón aceleró su paso, sus venas se hicieron más oscuras y sus ojos manchaban más al blanco que al púrpura.

–Ese ha sido tu verdadero plan todo este tiempo, enamorarme y tenerme en tus brazos para luego romper mi corazón hasta morir, porque sabes que los datenshis son castigados por amar ¿Cierto?

Jungkook no hablaba, no se movía, pero seguía escuchando los latidos de su corazón.

–Pues déjame confesarte que lo conseguiste Jungkook-san, mi corazón ahora está enamorado de ti y no se que hacer, ya que una vez que Akuma se entere, me arrancará mi alas y desaparecere, pero esa era tu idea ¿No?

Una lágrima roja de sangre bajo por mi rostro, y mi vista se volvió rojiza y nublada.

Caí en su trampa.

–J-jimin-san...

–Aidāh, mi nombre es Aidāh.

–Yo... Si es cierto que quería enamorarte por eso, pero...

Lo callé, de una manera que haría mis días contados.

Un beso.

Un beso que sabía a sangre, a hierro, un beso que hacía mi corazón latir más rápido de lo normal, que hacía que mis alas sintieran cosquillas, que hacía que mi cabeza diera vueltas y vueltas, que hacía que mis piernas temblaran y mis manos sudaran.

Un beso muy doloroso.

Me separé de él rápido y me levanté del tronco, empece a caminar hacia cualquier dirección sin prestar atención a los llamados de Jungkook.

–Jimin en serio, escúchame, desistí de esa idea hace mucho.

Me detuve, más no me volteé y deje que hablara.

–Si, es cierto, mi idea era enamorarte y abandonarte, romper tú corazón en pedazos, pero me di cuenta que no podía completar mi misión ¿Sabes por qué?

Me pregunto, no sabía que me iba a decir, pero sea lo que me dijera, ya mi corazón estaba roto, y no se iba a arreglar fácilmente.

–¿Por qué? –pregunte bajo.

–Porque también me enamoré.

Latido.

Me volteé hacia él, y me di cuenta, de buena y mala manera, que era verdad. Sus ojos se tornaron de un hermoso color lila, sus venas negras desaparecieron por completo, dándole un aspecto normal, y su corazón, latía desenfrenado y preocupado.

–Y ahora me siento que destrui lo más hermoso que he visto, lo más hermoso que conocí –sus pasos se acercaban más y más –Se que no me vas a creer y que te vas a marchar, solo te voy a decir esto –tomo mis manos con delicadeza, y yo, listo para cualquier movimiento que haga, quede perplejo el momento en el que las beso –si amarte significa ser castigado y llevado al inframundo lo tomare sin duda, siempre y cuando tú estés bien.

Mis manos quemaban por su tacto, así que las alejé, continúe mi camino para así perderme en el bosque, sin embargo solté esas palabras que tenía atrapadas en mi garganta.

–Te amo Jungkook.

Seguí caminando hasta ver cómo comenzaba a aparecer la niebla; en lo mínimo, logré escuchar aquellas palabras que hicieron que mi corazón terminara de quebrarse.

–Te amo Jimin.






*Tres años después*

Caminaba por aquel sendero brillante a la luz del día, el sol estaba sorprendentemente espléndido, y mi espalda ardía por ello, aún teniendo puesto mi yukata negra, seguía doliendo, mis pies cansados se movían automáticamente, mis ánimos por seguir aquel sendero eran nulos, pero debía seguir, ya que en algún momento, tenía que conseguir lo que quería.

Tres años más pasaron desde que Luvāh me confesó su plan en el bosque, tres años en los cuales me enfrente a muchas cosas, y a muchas entidades; ahora estoy devuelta en Hiroshima, buscando aquello que le daría una cura a mi espalda herida, que me daría un momento de felicidad.

El lago.

Luego de tal vez una hora caminando aquel sendero, conseguí un amplio lago a mi izquierda, y admire, por primera vez, mi reflejo en su agua cristalina, mi rostro joven y blanco, cómo nunca lo había visto.

El pueblo estaba en absoluto silencio y era la oportunidad perfecta para adueñarme por un momento de ello, asi que procedí a retirarme mi yukata negra despacio, seguido de mis pantalones y ropa interior, una vez desnudo me adentre al lago, estaba potente el frío, enviando un fuerte escalofrío por mi espalda, y a la vez calmando aquel dolor que cargaba por mucho, aquellos recuerdos llegando a mi cabeza de a montones, martillando mi paz, poniendo imágenes en mi mente que me hacían botar lágrimas, pero que me sacaron sonrisas.





*Flashback*

Corri lo más que pude, riéndome a carcajadas seguido de Jungkook en mi espalda, queriendo casarme.

–¡Jimin-san! Te atrapare –gritaba Jungkook descontroladamente, agitado mientras me perseguía.

En un momento de distracción, no vi aquella rama tirada en el piso que disturbio mi carrera, haciendo que me tropezara, pero unos brazos fuertes agarraron mi cintura evitando una caída vergonzosa.

–¡Jimin-san! ¿Estás bien? –su voz preocupada retumbó en mis oídos, volteé mi cabeza hasta verlo, con una expresión entre asustada y preocupada; no pude evitar reírme, haciendo que Jungkook riera conmigo –De verdad que eres torpe ¿Eh?

–Perdón Jungkook-san, mis ojos estaban puestos en otro lugar –respondi gracioso.

Con cuidado levantó mi cuerpo hasta dejarme de pie, pero sin soltar mi cintura, me miraba fijo a los ojos tratando de expresar algo, y fallando en el intento.

–Ya puedes soltar mi cintura Jungkook-san.

–Mis manos se sienten bien en dónde están –hablo vacilante –O ¿Prefieres que las baje un poco más? –bajo sus manos hasta mi cadera, lo cuál me hizo temblar de nervios.

–C-creo que no deberíamos jugar estos juegos –explique nervioso, tratando de alejar sus manos de mi, más no podía, él tenía mucha más fuerza que yo.

–¿Por qué? ¿Me tienes miedo? –dijo acercándose a mi.

No respondí, estaba cegado admirando su belleza y su cercanía distraía toda idea racional de mi cabeza.

De repente me encuentro con los ojos cerrados mientras nuestros labios se besan una y otra vez mientras la luz del sol filtrada a través de los árboles golpeaba nuestros rostros.

Un beso digno de una novela.

*Fin del flashback*




Una lágrima amarga baja por mi rostro al recordar mi primer beso con él.

Un olor a Sake muy fuerte invade mis cosas nasales y sonrío, más recuerdos se venían a mi cabeza.



*Flashback*

Escuche varios pasos acercándose a mi escondite, tres golpes a la madera del árbol enfrente mío me dijeron quien era aquel intruso, así que salgo de mi escondite.

–¿Por qué tardaste tanto Jungkook-san? –pregunte mientras salía del arbusto, cuando lo vi frente a mi, note como traía una jarrita de porcelana guindando en su mano derecha, sabiendo perfectamente que era –¿De donde sacaste eso Kook?

–Puedes estar tranquilo minmin, lo compré ¿Si? –levantó la jarrita de porcelana con orgullo, pero yo sabía que clase de orgullo.

–Aja, lo compraste, ¿Con que oro? –le pregunté, levantando una ceja.

Y vi cómo bajaba la jarrita y reía nervioso.

–Mira, el punto no es de dónde saque el oro, ¡Solo tomemos Sake y ya!

Saltaba con entusiasmo mientras ponía el Sake encima de un tocón y sacaba unos cuencos para tomar y servía licor en los dos.

Solo me reí y me acerque para tomar con él.

*Fin del flashback*




Mi sonrisa desapareció una vez que el olor a Sake se desvaneció, mi espalda ya se sentía mejor así que apresure mi pasó y tome mi ropa.

Caminé hasta un lugar en el bosque donde pudiera vestirme y después de secarme me puse mis prendas lentamente, sin ponerme mi yukata de manera correcta para que la herida en mi espalda secara por completo.

–¿Que le pasó a tu espalda?

Abri mis ojos en demasía al escuchar esa voz, mis piernas empezaron a temblar y mi pulso bajaba, volteé mi cabeza hacia donde escuché la pregunta, y vi aquello que rondaba en mi cabeza.

Seguía igual que hace tres años.

Cabello negro, piel casi albina, y ese anillo de oro en su nariz brillaba mas que otro día.

–¿Por qué te hicieron eso? –se acerco dos pasos hacía mí, yo, rendido de todo, dejé que acercara –¿Fue por mí? ¿Fue por mí culpa?

–Fue mi castigo por enamorarme de un yōkai.

–Fue por mí culpa.

Baje mi mirada, no quería que viera como las lágrimas manchaban mi cara, pero su dedo índice hizo que la levantará y mirara a su cara preocupada.

–Tus alas... Tus hermosas alas...

–Ya no están Luvāh, ya no soy un ángel, ni de Dios, ni del diablo, ya no.

Otra lágrima cayó de mi rostro así como otra lágrima corría por el suyo.

–¿Qué...

Tomé su mano y lo dirigí hacia el lago, procedí a quitarme mi ropa medio puesta, dejando mi ropa interior puesta y a entrar en el lago, invitándolo a entrar también. Vi cómo se quitaba su yukata apresurado y se adentraba al agua quedando frente a mi.

–Cuando me fui del bosque unas entidades me atraparon y me mandaron al inframundo, cuando llegué ahi Akuma me estaba esperando, sabía que me iba a hacer algo cuando me dijo que se enteró de lo que hice –decía mientras veía mis manos debajo del agua –Me ato a una pared de espaldas y descubrió mi alas y...

De solo recordar ese momento mi espalda ardía del dolor y mi corazón se hundía en depresión y desesperación.

–Me las arrancó.

Escuche un fuerte rugido animal salir de lo más profundo de la garganta de Jungkook, asustandome, retrocedí unos pasos, temeroso de que me hiciera algo, sin embargo al ver cómo se calmaba y se acercaba a mí con delicadeza agarrándome de mi cintura supe que no lo haría.

–¿Que va a suceder ahora? –pregunto temeroso –No te quiero perder otra vez.

–No se, tengo que esperar a que mi transformación se complete.

–¿Que transformación? –pregunto asustado, fijando su mirada en una parte de mi cara y relajando sus facciones.

Suponiendo que lo vió.

–Un anillo de plata –susurro sorprendido, a lo cual asentí.

Un anillo de plata había aparecido en mi labio inferior cuando fui expulsado del inframundo, una fuerza sobrehumana viajaba desde mis pies hasta mis manos y mis ojos negros habían tomado un color celeste y verde.

–T-tus ojos ya no son negros –señalo acariciando mi cara con su mano fría, cerré los ojos al tacto y me deje acariciar –Tu piel es más suave pero a la vez más fría, y tienes un anillo de plata en tu labio, ¿Qué... Tú espalda, cuando tiempo lleva herida?

–Tres años.

–¿Por qué no ha sanado?

Baje la mirada.

–Fueron arrancadas y ensuciadas, tendrían que sanar en dos años más.

El suspiro que sacó Jungkook hizo que levantará la mirada, sus facciones eran cada vez más duras, sus ojos, bailando entre el color púrpura y blanco, su nariz respingada, brillando por la luz del sol, sus labios, cerezos en hinchados, que me impulsaban a comerlos de la manera más sucia que en algún momento de mi "vida" pude haber pensado.

–Un yōkai.

¿Cómo?

–Te estás convirtiendo en un yōkai –solto su boca, yo reí al ver lo sorprendido que estaba, el agarre en mi cintura se hizo más fuerte y me apego más a su cuerpo y deje de reír –Me lastima que te hayan quitado tus alas, eran tan hermosas.

–A mí no –conteste sarcástico –En cierta forma me alivia está transformación, no debo temer a nada y a nadie ahora, sin embargo mi herida tendrá que esperar dos años más para cerrar, eso es lo que lamento, pero ahora soy libre de todo, de las cadenas, de Akuma, de las almas que me torturaban...

–¿De mi?

Levante mi mirada para encontrarme la de él y vi en sus ojos un brillo que nunca había visto, los yōkai nunca guardan sentimientos, pero en sus ojos había algo que me decía que era un sentimiento bello.

–Volví –hable bajito, acercando mi rostro al suyo hasta quedar nuestras narices juntas, cerré mis ojos y dejé que mi amor por aquella bestia loca hablara –No porque haya extrañado Hiroshima, o porque quería seguir espantado gente... Volví por ti.

Jungkook sonrió, sus manos viajaron de mi cintura a mis caderas y las apretó más si es posible hacía él, sus dedos pulgares acariciando mi piel debajo del agua me daba una sensación de paz inalcanzable.

–Sabia que no tenía que irme de aquí, algo en mi decía que volverías –canto feliz –Perdoname, en serio perdoname por haberte hecho sufrir Aidāh, por hacer te hicieran una herida tan profunda, y perdoname por no hacer nada para detenerte.

Callé aquel discurso, que me iba a hacer llorar por segunda vez en el día con un beso, no tenía que decir nada, no le tenía que perdonar nada, solo necesitaba sentir sus labios bailando con los míos, sus manos acariciando mi espalda herida para sanar mi dolor, su calor extraño pero acogedor.

Solo lo necesitaba a él junto a mí para saber que todo estaba bien.

–¿Sabes? –hablo Jungkook después del beso –te quiero confesar algo.

–Dime.

Me he enamorado Jimin, y te quiero, te quiero como no tienes idea, solo deseo en esta vida y en todas las que tenga, estar a tu lado, soñar con tus ojos, besarte los labios, y sentirme en tus brazos, que soy muy feliz.

Me besó con una dulzura que jamás había expresado, sellando un pacto de amor entre dos bestias.

No sabíamos nada acerca del amor, pues somos el producto de las abominaciones humanas, sin embargo, no éramos restringidos de sentirlo, de vivirlo, de hacerlo, de demostrarlo.

–Te amo Jungkook.

–Te amo Jimin.





“Aidāh wo aishite imasu”

“Luvāh wo aishite imasu”

Fin.