Capítulo 01
Jimin levantó el skate de sus pies y se adentró a aquella tienda, una pequeña campana aviso un nuevo cliente, un chico de sonrisa amplia se asomo por la puerta.
— ¡Hola! Buenos días — salió de detrás del mostrador rápido — ¿Buscabas algo en especial?
— E-Emm y-yo...— el rubio señaló la puerta
— ¿Necesitas un arreglo? ¿Una corona? Puedo ponerme a hacerlo enseguida — el castaño sonrió entusiasmado
Si que no habían clientes en ese lugar.
— Vine por el puesto...del cartel— Jimin volvió a señalar la ventana, sonrió y sostuvo su skate.
— ¡Oh, claro! — el chico saltó en su lugar y fue a despegar el cartel — ¡Estas contratado!
— ¿Disculpa? ¿No debo tener una prueba?
— No hay mas empleados más que yo, así que estás contratado. Me llamo Hoseok, aunque puedes llamarme Hobi, no tengo problema con eso — rió — Soy el "gerente" mi hermano es el dueño
— Claro, encantado, me llamo Jimin — el chico rubio subió su suéter y limpiando su mano se la entregó
— Bienvenido Jimin. No necesitas mucho para este trabajo, solo un par de preguntas y listo — el castaño fue por una libreta y un bolígrafo al mostrador — ¿Eres mayor?
— S-Sí — el rubio carraspeó y bajó la cabeza. Mentía — ¡Bueno no! Pronto cumpliré los dieciocho
— Está bien, no te preocupes, ser mucho mejor tener un adolescente ¡mucha energía!
El menor sonrió levemente
— ¿T-Tú cuántos tienes?
— Veinticuatro — el castaño contestó con normalidad, el joven abrió los ojos sorprendido — ¿E-Estudias?
— No...— musitó.
Hobi lo miró de soslayo, parecía alguien cansado y deprimido, no quería hacer preguntas, debía estar pasándola mal. Cuando su hermano abrió la tienda había dicho que quería hacer a todo el mundo feliz con sus flores, ese era su propósito, no quería mortificarlo con requisitos.
— Bien y...¿Has tenido un empleo antes?
— N- No — el rubio se puso rojo hasta las orejas, se sentía inservible
— Entonces voy a enseñarte, tengo que salir esta tarde pero tomaremos el día para aprender ¿okey?
Jimin asintió tímido y levantó los hombros de suéter, esos que caían hasta sus codos, lo siguió.
.
— ¿Estas listo Jimin? Necesito irme — el castaño reviso otra vez el reloj y arreglo su cabello
El adolescente salió del baño con su uniforme.
Sonreía viéndose, se le hacía emocionante su trabajo, su nuevo trabajo.
Con el salario podría comprar ese pastel para el cumpleaños de su padre y por fin hacerle un poco de feliz.
— ¿No es algo grande?
— Nuestra última empleada era más grande que tú, conseguiré uno a tu medida, deberé llamar a Namjoonnie e ir a la tienda de bordado, comprar un par de camisas y...— Hoseok susurró preocupado y mordiendo su labio, al ver la gran sonrisa del joven sonrió también — ¿Estás bien?
— ¡Me encanta el uniforme gerente! No necesito uno a mi medida, es perfecto — sonrió enternecido y volvió a ver su camisa.
Era algo cursi como la temática de la tienda. Tenía una pequeña abeja a un costado del pecho, una muy feliz.
¿Las abejas sonreían?
Ojalá que si. Pensó
— Me alegro que te guste Jimin — el mayor le dedico una cálida sonrisa y su teléfono empezó a sonar — ¡Nos vemos mañana a las seis! ¡Las llaves están detrás de el cuadro!
El castaño corrió a la puerta y subió en un lindo carro. Besó a el conductor y el auto avanzó.
— ¿Eres gay, eh? — sonrió divertido y se dio la vuelta — ¿Un cuadro? ¿dónde hay un cuadro? ¿tendré que buscarlo como en Escape Room?
El adolescente hizo un puchero y empezó a buscarlo.
Al entrar en un almacén lo encontró por fin. Era una habitación con las cámaras de seguridad y cientos de arreglos para diferentes ramos. Hoseok no le había explicado cómo usarlos, nunca vendían arreglos.
Y ahí estaba el cuadro.
Estaba Hoseok, riendo con su perfecta y brillante dentadura, lo envidiaba. Su sonrisa sería linda sin ese diente desviado y sonriera si sus ojos no desaparecieran de su lugar al hacerlo.
Soltó un suspiró viéndolo en la foto.
Y a un lado del gerente había un azabache alto, con una sonrisa más discreta. Él era muy atractivo, llevaba unas gafas de pasta negra que se le veían muy bien. Su torso era grande, mucho más que el de Hobi, sus hombros grandes, cubiertos por una camisa y corbata.
— Si tú eres Namjoonnie será un honor trabajar para ti— Jimin corrió un dedo por la fotografía.
Reviso detrás del marco, y si, ahí estaban las llaves del local, las dejó ahí para no extraviarlas.
Hoseok le había explicado que las flores debían regarse para mantenerse húmedas y así no echarse a perder tan pronto.
Así se acercó a la ventana y empezó a rociarlas con agua.
Sus ojos recorrieron todas tiendas del frente mientras lo había y con una mano iba acariciando las flores. Hace unos años su abuela le había explicado que las flores debían de tener amor, así crecían mejor y vivían más tiempo.
Sus ojos se toparon con una tienda de caramelos, era tan linda, tenía colores rosados y amarillos por fuera. Notó a un azabache que limpiaba la ventana, con su ceño fruncido, se veía muy enfadado mientras trabajaba, esperaba que no terminara así. Él siempre veía a su padre llegar enojado después de salir a "trabajar", no quería terminar fastidiado como los demás, por lo menos amaba las flores.
Paso su mirada por otro local, esta vez una librería y cafetería, un anciano leía afuera, a simple vista se veía muy cómoda. Como para pasar todo un día ahí, hasta que alguno de los empleados te corriera a patadas.
Se mantuvo así, curioso viendo por las ventanas más allá, hasta que la puerta se abrió.
Un chico alto y de piel clara le habló a el hombre. El anciano se aferró a el libro, tal vez no quería entregárselo.
Jimin se entretuvo más con ellos y sonrió divertido.
El hombre se enfureció pero no hizo nada que lo comprometiera, señalando a el hombre le gruño algo que no pudo escuchar pero se quedó ahí sonriendo divertido.
El de cabellos negros viró los ojos enojado y antes de entrar a su tienda vio también a la florería, notando a ese rubio de mejillas rosadas. Le sonrió también y lo saludó inclinando su cabeza.
Jimin juró enrojecerse hasta las manos.
¿Acaso todas las tiendas tendrían hombres atractivos? Ojalá que si.
Y vaya que si.
Paso a otra tienda, ahora algo rudo y nada de llamativo, si no fuera por ese hombre, vaya hombre.
Su cuerpo estaba muy ejercitado, no mucho para verse como esos hombres con esteroides de la televisión, sino algo más natural. No dejaba de ser sexy por cierto.
Tenía el cabello largo como un rockstar pero en una pequeña coleta.
Lo que podía ver por esa camisa de tirantes eran tatuajes, garabatos oscuros desde su cuello hasta sus dedos, suponía que también su torso estaba lleno de ellos.
Su camisa, su mejilla y sus manos estaban llenas de aceite de autos.
Hablaba con un hombre seguro explicando la situación de su carro, hablaba con normalidad mientras que el hombre se mordía las uñas.
Seguía embobado con él, si tan solo no fuera porque él tatuado vio la tienda.
Se congeló en su lugar y aflojó el agarre del rociador, este cayó a el suelo y toda el agua se esparció en toda la superficie.
El hombre se mantuvo viéndolo por unos segundos y volvió de nuevo la vista a ese cliente.
Su mirada parecía como la de un puma cazando, algo cansada y violenta. Le gustaba verse así, entonces tenía unas zanjadas en su ceja, quería verse más malo.
Con el corazón agitado se tiró al suelo y empezó a limpiar su desastre.
.
Jimin leía un libro a una hora de cerrar el local, al igual Hoseok le había contado que el chico de la biblioteca llegaba por las últimas flores siempre y le ayudaría a cerrar.
Concentrado en las letras la campanilla le interrumpió, se incorporó despacio incapaz de alejarse de las letras que tanto le habían envuelto. Debía ser un milagro que tuviera un cliente, el tercero de todo el día.
— Buenas tardes — se levantó de la silla y continuó viendo el libro. Unas pisadas fuertes le obligaron a levantar la cabeza. El hombre de el mecánico de enfrente estaba en su tienda, vestía más limpió que antes y veía entre las flores unas que llamarán su atención. Otra vez su corazón se agitó
— Un ramo de margaritas. Por favor — musitó, con una voz suave y profunda que le hizo temblar
— S-Sí, ahora mismo — el rubio se levantó de su silla y fue hasta las flores frente a el hombre.
— ¿Eres un nuevo empleado?
Jimin levantó la mirada tímida, no pudo mantenerla mucho tiempo, llevó sus ojos a las flores otra vez
— S-Si
— Que tengas buena suerte
El rubio recogió las flores que correspondían y volvió a el mostrador. Con las manos temblorosas envolvió una liga alrededor de las puntas.
Era difícil trabajar con ese hombre cerca de él.
— A-Aquí...— Jimin musitó y le extendió el ramo.
Se sentía algo decepcionado de saber que le regalaría flores a alguien.
El tatuado sonrió muy leve al ver el nudo raro que le hizo. Sin duda era un principiante.
— ¿Cuánto es?
El rubio se agachó buscando su libreta, debía de ser una broma que la perdió, ahí tenía anotados los precios.
— ¿S-Se sabe el precio? — susurró tímido
— Dos dólares — el hombre musitó completamente serio
— P-Por favor — el rubio susurró y miró sus manos, el tatuado le entregó un billete y sonrió levemente
— Ten linda noche
Sin decir más se dio la vuelta y volvió a salir.
Jimin pudo verlo por la ventana, como prendía un cigarro y empezaba a caminar.
No pudo sentirse más tonto.
Unos segundos después la puerta se volvió a abrir, esta vez con el chico de la biblioteca. Podía verse más alto desde cerca.
— Buenas noches. Tu debes ser...¡Jimin! — el habló primero, sonriendo amplio
— ¿Cómo lo sabes? — el rubio musitó y le dedicó una pequeña sonrisa
— Hoseok es mi amigo, me llamo y me pidió que te ayude a cerrar — el chico acarició una flor y después le tendió su mano — Me llamo Kim Seokjin pero puedes decirme tuyo
El rubio rió bajando su mirada
— Gracias por ayudarme, Seokjin — le susurró y tomó su mano en un saludo — Soy Jimin, y llámame Jimin
.
Jimin llegó a casa sonriente, mientras caminaba cerca evitaba las líneas marcadas en el suelo.
Había sido un buen día. Consiguió un trabajo, dos amigos y conoció a un hombre jodidamente atractivo, fantástico.
Si tan solo su padre no le hubiera abofeteado esa mañana sería perfecto.
Esperaba que al llegar lo hubiese perdonado.
Pero a unas casas se escuchó su música alta, y muchas personas entrando y saliendo de su hogar.
Corrió hacia la puerta, intentando sacar a todos de ahí, algunos eran más grandes y fuertes que él, a otros no les interesaba lo que dijera aquel mocoso.
Dejó de intentarlo para buscar a su papá y pedirle que sacara a todos de ahí, con la esperanza que él le hiciera caso.
Pero al llegar a la sala de estar se congeló.
Su padre con otros hombres más se inyectaban heroina en las venas. Unos estaban ya muy perdidos, el aún no lo estaba.
— ¡Papá! — el rubio le empujó su mano haciendo a la jeringa caerse a el suelo y la aguja romperse, sabía que lo había arruinado así que retrocedió —N-No lo haga otra vez
El hombre no dijo nada y quitándose la liga le tomó el cabello y jaló a su cocina.
— ¡¿Has visto lo que hiciste?! ¡¿Donde estuviste?!
— ¡S-Salí a trabajar! — Jimin intentó soltarse de su agarre cuando fue lanzado en el suelo — ¡C-Conseguiré dinero y te ayudare!
— ¡Tu no sabes hacer nada! ¡Eres un inservible insecto! ¡ENTIÉNDELO! — el hombre se inclinó gritando a su oreja, golpeó su cabeza con un dedo — "No sirvo para nada" ¡dilo!
— A-Acabó de conseguir un...
Desaparece de este mundo.
Esa frase que siempre sonaba en su cabeza, siempre que su padre lo hacía sangrar.
Su labio se corto con un puñetazo de su papá haciéndolo encogerse en su sitio
— "Soy una basura" ¡DILO!
— S-So-Soy u-u...una basura — el rubio sollozó y se escondió en sus manos para no recibir más golpes
— Muérete Jimin, muérete — su padre le escupió antes de abandonar otra vez la cocina.
El rubio se abrazó de sus piernas y rompió en llanto.
Al final del día eso era, un insecto odiado y de los suelos.