𝐃𝐎𝐍'𝐓 𝐆𝐎 ♥︎ᵎ Kookmin

Summary

❝We loved with a love that was more than love.❞ -Edgar Allan Poe. «Nos amábamos con un amor que era más que amor. » : »Extensión: 1 capítulo »Kookmin/Jikook »Angst

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1
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n/a
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16+

Don’t go

La suave y fina tela blanca rozaba con cosquilleo la desnuda piel blanca de su espalda, la brisa de aquella ventana medianamente abierta erizaba su piel ya gélida, haciéndolo estirar su brazo hacia el cuerpo más grande a su lado, igual de desnudo que él.


Sonrió aún en su adormecimiento y se levantó solo unos centímetros para dejar caer su cuerpo más cerca de aquel torso que desprendía un calor natural, aquel calor que por años lo ha refugiado y protegido.


Se aferró a su amado, ocultando su cabeza en su pecho y soltando un suspiro al sentir sus fuertes brazos envolviéndolo, protegiéndolo una vez más. La simple compañía de su amado lo llenaba de una seguridad exquisita, su pecho inflando en paz y sus ojos volviendo a descansar como siempre hacían cuando esos grandes y fuertes brazos lo envolvían como si fuese lo más frágil del mundo, algo que proteger de todo mal.


— ¿Qué hora es?


Preguntó con voz ronca el más grande de ambos, abrazando con más fuerza al delgado en sus brazos al sentir la ventisca rozar su espalda.


—No lo sé, pero no me quiero levantar aún. —susurró, provocándole cosquillas en el pecho a su amado.


Pero este de igual forma abrió sus grandes y saltones ojos, parpadeando hasta acostumbrar su vista para bajarla hacia el chico que yacía aún dormido en sus brazos. Sonrió al sentir su cercanía, como siempre hacia cuando abría sus ojos y veía a su precioso ángel durmiendo a su lado.


—Bebé, debemos levantarnos. —susurró en su oído, marcando besos desde su mejilla hasta su clavícula, donde mordió y mofó al escuchar el quejido. — Vamos, JiMinie, abre los ojos para mí.


JiMin, dejando escapar una sonrisa, abrió lentamente sus ojos, encontrándose con aquella mirada que tanto amaba, y esa sonrisa tan especial que le llenaba el corazón de ternura.


—Buenos días, mi amor. —saludó JiMin, acercándose hacia el chico de cabellos negros y besándolo cortamente en los labios antes de incorporarse, sobando su ojo derecho y mirando a la ventana entreabierta. — No cerramos la ventana ayer, JungKook.


JungKook miró en su dirección y asintió, llevando su mano hacia la espalda de JiMin y acariciándola con sus nudillos.


—Buenos días, bebé. —le saludó de vuelta, incorporando de igual forma y envolviendo la cintura de JiMin con sus brazos, besando extensamente su hombro. — Creo que ayer por la noche estábamos muy ocupados para preocuparnos por la ventana. —ronroneó en su oído, viendo cómo el cuerpo de JiMin se estremecía por su cercanía y un sonrojo adornaba sus mejillas.


JungKook sonrió grande cuando JiMin le golpeó el brazo, — ¿Debemos ir a trabajar?


Preguntó JiMin con pesar, demostrándose aún cansino, acariciando con su mano izquierda el mismo brazo de JungKook, este mirando con admiración sus manos unidas.


Las argollas adornando sus anulares.


Jeon, acariciando el hombro de su esposo con su mentón, soltó un pequeño suspiro.


—Sabes que no puedo faltar, mi amor. —le recordó con amargura. — Dentro de dos semanas tendré mis vacaciones y viajaremos a Japón, como lo planeamos.


Park asintió con entusiasmo, girando su cuerpo y abrazando a JungKook, dejando una hilera de besos desde su mandíbula hasta sus labios, donde besó una y otra vez mientras ambos reían.


— ¿A Disney? —Cuestionó JiMin, recibiendo un asentimiento y un beso de parte de su esposo. — ¿A las tazas?


—A las tazas, y a todos los lugares que mi bebé deseé. —susurró el azabache besando la punta de la nariz de JiMin.


El castaño sonrió como un niño pequeño, lleno de un amor cálido y único. Amor que solo le pertenecía a Jeon JungKook.


—Te amo, Kookie.


Jeon sonrió arrugando su nariz, llevó sus manos hacia los gorditos mofletes de JiMin y se inclinó hasta unir nuevamente sus labios, esta vez más profundo, sus delgados labios succionando los gruesos y ardientes labios del castaño, oyendo sus placenteros quejidos cuando mordió su belfo inferior y lo tiró antes de soltar sus labios.


—Te amo más, JiMinie.


Ambos sonrieron y se besaron una vez más, las grandes y cálidas manos de JungKook acariciando con tranquilidad la cintura de su esposo, mientras las manos de JiMin viajaban por sus pectorales, donde apretó como siempre acostumbraba hacer, hasta llegar a la nuca del azabache, enredando sus dedos entre las hebras cortas de su esposo.


Una vez separados, por fin lograron levantarse de la comodidad de su espaciosa cama, la que compraron luego de seis años de matrimonio, hace ya cuatro felices años.


Su relación siempre fue excepcionalmente feliz, con apenas veinte años Jeon JungKook conoció a Park JiMin, quien mantenía un año menos, y luego de cinco años de relación, el pelinegro se arrodilló frente a su novio para pedir su mano. Diez años después seguían siendo los mismos jóvenes enamorados.


Llevaban quince hermosos años juntos, y ambos ya se encontraban ansiosos por los que llegarían.


JungKook se acercó a la ventana y la cerró, desviando su mirada hacia el desnudo cuerpo de su esposo, quien caminaba hacia el baño, dándole un perfecto espectáculo a JungKook de sus muslos trabajados y sus glúteos prominentes.


Jeon mordió su labio inferior y siguió a JiMin hasta el baño, donde ambos decidieron bañarse juntos –lastimosamente sin pasar a mayores–, JiMin saliendo primero y arreglándose más rápido que JungKook, quien generalmente recurría de más tiempo para ello.


Mientras el azabache terminaba de abotonar su bien planchada y blanca camisa, JiMin se mantenía ocupado cocinando el desayuno para ambos, una sonrisa invadiendo su rostro al sentir los brazos de JungKook envolver su cintura, dándole un sonoro beso en la mejilla antes de recargar su barbilla en el hombro de JiMin.


—Huele delicioso. —halagó el pelinegro, hipnotizado por el bello sonido de la sonrisa de su esposo resonar por la cocina.


JiMin terminó de cocinar y dejó todo servido en dos platos, girándose hacia la encimera donde los dejó antes de acercarse a JungKook y ayudarlo con la corbata, como siempre hacía.


Jeon lo miraba en silencio, admirando la cara concentrada del castaño mientras le daba forma a la corbata azul marino.


— ¿Deberás trabajar hasta tarde hoy? —rompió el silencio JiMin, terminando de ajustar el agarre de la tela antes de subir su mirada hacia los bellos y oscuros orbes de su esposo.


Jeon asintió, —Hoy Kim pidió si podía cubrirlo en el área de urgencias, así que llegaré en la madrugada, bebé.


JiMin asintió y besó sus labios antes de ambos girarse y sentarse a comer el rico desayuno, ambos hablando de banalidades y riendo por su simple presencia, sintiendo tanta comodidad como solo podían sentirla cuando estaban con el otro a su lado.



—Detesto que ocupes esa cosa. —se quejó JiMin nuevamente, viendo como JungKook tomaba el casco de su motocicleta y cubría su cabeza con él.


—Si tengo un accidente al menos voy de camino al hospital. —bromeó JungKook, recibiendo un golpe en el brazo izquierdo de parte de su esposo, quien mantenía el ceño fruncido y sus labios abultados.


—No juegues con eso. —regañó el castaño, JungKook quitó el casco de su cabeza y lo dejó sobre la moto, llevando sus manos hacia la cintura de JiMin y tirándolo hasta pegarlo a su cuerpo.


—Te amo, ve con cuidado porque pareciera que va llover. —JiMin asintió ante las palabras de su esposo, rodeando su cuello con sus brazos.


Un puchero adorable se formó en los labios del castaño, —El día está perfecto para que nos quedemos acostados mientras vemos The Office y comemos una rica pizza.


JungKook carcajeó, aplastando con su dedo medio e índice la pequeña nariz de JiMin, quien la arrugó antes de sonreír con sus mejillas color durazno.


—Mañana llegaré más temprano, lo prometo. —Mencionó Jeon, alzando una de sus manos hacia la mejilla de su esposo y acariciándola con su pulgar. — Y veremos y comeremos todo lo que quieras.


Esta vez JiMin asintió, apretando la nuca de JungKook y acariciando sus narices como siempre hacía, robándole una enamorada sonrisa al azabache.


—Ve a enseñarles a esos niños, bebé. Te amo.


Park asintió con una sonrisa, sus ojos en finas medialunas. JungKook lo admiró unos segundos antes de acercarse y besarlo una última vez.


—Que te vaya bien en el hospital, mi amor. Te amo más. —Soltó su agarre del cuello de JungKook y se alejó de la moto. — Ve a salvar muchas vidas.


JungKook le dio una última mirada, sonriéndole y guiñándole un ojo antes de ponerse el casco y arrancar su moto, alejándose hacia el hospital nacional de Chonnam, viendo por el espejo de su moto el ya pequeño cuerpo de JiMin entrando a su vehículo.


(...)


El día de Jeon JungKook había estado muy agitado, al igual que la mayoría de los días, las salas de urgencias se llenaban con accidentes, personas llorando y gritando, gente aún en shock, personas rezando.


JungKook no acostumbraba a trabajar en la zona de urgencias, esa le pertenecía a Kim SeokJin, otro cirujano de gran renombre, pero este tuvo que pedir un reemplazo de turno por esta noche debido a que mantenía un compromiso con su prometido, algo sobre su cercana boda o eso oyó Jeon cuando le explicaron sobre sus horas extras.


Ahora se hallaba sentado en la sala de descanso, mirando la fuerte llovizna que golpeaba los ventanales del hospital.


Podía oír las sirenas de las ambulancias llegando y yendo, una nueva se oyó desde la lejanía, cada vez más cerca hasta notar que había llegado a su destino.


Soltó un suspiro quejumbroso antes de sacar el móvil de su bolsillo del delantal y revisar la hora, notando que ya eran pasada las ocho de la noche, horario al que rara vez acostumbraba salir JiMin de la escuela en la que trabajaba, ya que hoy –como le había dicho en un mensaje hace algunas horas–, debería quedarse unas horas más tarde por una reunión de maestros.


JungKook miró a la puerta antes de desbloquear su celular y marcar el número de JiMin, esperó pacientemente todos los pitidos hasta que lo pasó a buzón de voz. Extrañado volvió a marcar, teniendo el mismo resultado.


—Vamos, amor, no tengo mucho tiempo. —murmuró Jeon mirando hacia la ventana empapada.


La puerta de la sala de descanso se abrió y el cuerpo de uno de los compañeros y amigo de Jeon JungKook apareció. El azabache lo miró sabiendo que debía volver al trabajo.


—Hubo un accidente. —murmuró el tostado, luciendo tan pálido que por un segundo preocupó a JungKook, aunque no quiso preguntar, con sus años trabajando como cirujano había visto tantas cosas que poco le sorprendía, en cambio, su compañero no era tan viejo en el área.


Jeon asintió, —En un segundo, Tae, estoy intentando llamar a mi esposo pero no me responde. —dijo rápidamente, volviendo a marcarle una última vez para obtener el mismo resultado.


Miró a TaeHyung, quien lo miraba abatido, sus cejas arrugadas y su mentón temblando le hicieron saber a Jeon que al parecer el accidente fue grave.


¿Algún pequeño? Los niños siempre dejaban marcas permanentes en la mente y corazón de los trabajadores del área de la salud.


—Bien, vamos.


Rápidamente le mandó un «Amor, llámame cuando puedas. Te amo» a JiMin y salió de la sala de descanso, pasando junto a TaeHyung quien aún parecía estar en completo shock.


—Lo siento. —murmuraba el tostado, aún sin moverse de su lugar.


JungKook se giró con las cejas fruncidas, viendo sus ojos húmedos y su mentón aun temblando.


—Fue un camión, la lluvia desvió las ruedas y se fue contra su auto... Hay que operarlo ya, JungKook. —seguía murmurando.


Por algún motivo, el corazón de Jeon se aceleró, — ¿Estás bien, Tae?


Este negó, —Lo siento tanto... —sollozó. — Hay que operarlo... Hay que operar a JiMin.


El corazón de JungKook se detuvo al oír ese nombre, rápidamente caminó hasta tomar los hombros de TaeHyung.


— ¿Qué dijiste? —su voz tembló.


—JiMin tuvo un accidente... No creo que le quede mucho tiempo.


El cuerpo entero de JungKook comenzó a temblar, sus oídos zumbaban mientras giraba su adormecido cuerpo y corría hacia la sala de urgencias, donde gente lloraba, enfermeros entraban y salían, heridos llegaban.


Miró a todos lados, viendo las caras de las recepcionistas en él, la misma mirada afligida de TaeHyung en ellas.


Supo que no mentía, TaeHyung no mentía.


Corrió hacia ellas, — ¿Dónde está? —preguntó con un hilo de voz, su garganta ardiendo y su pecho con un dolor inmenso.


La mujer que temblaba ligeramente apuntó hacia el pasillo izquierdo.


—Fue llevado a la sala de cirugías de urgencia.


Antes de oír más corrió hacia su destino, su corazón retumbando a cada paso, como un martillo golpeando en su interior y destruyéndolo a cada pisada.


Abrió con desesperación la puerta, una decena de enfermeros al rededor del inmóvil cuerpo mientras conectaban lo necesario y mantenían con vida el casi inerte cuerpo delgado y ensangrentado.


Jeon lloró.


Park JiMin yacía en esa camilla, su cuerpo magullado, su cara hinchada, irreconocible. Pero JungKook sabía que era él, lo sabría incluso en las peores circunstancias.


Se acercó lentamente hacia el cuerpo, los enfermeros en silencio mirando al Doctor Jeon sollozar mientras agarraba la mano de su esposo, la hermosa argolla en su dedo anular.


—JungKook, llamaré a SeokJin... Tú no puedes hacer esto.


Escuchó a sus espaldas la voz de TaeHyung, tan temblorosa y rota.


Todos se hallaban tan rotos al ver la imagen de JiMin luchando por vivir, al hermoso esposo del Doctor Jeon que siempre iba al hospital y conversaba con las recepcionistas, jugueteaba con TaeHyung y felicitaba a los demás trabajadores por su arduo trabajo.


JungKook secó su cara y negó, caminando hacia sus implementos necesarios comenzó a vestirse.


—Nadie más salvará la vida de mi esposo, TaeHyung, solo yo. Por algo soy el mejor cirujano de este hospital.


Dijo, su voz rota sonando con convicción. Su cabeza a punto de explotar y el temblor en sus rodillas fue algo que decidió ignorar, ahora debía hacer algo más importante.


Salvarle la vida a su amado.


Terminó de poner sus guantes y se acercó al cuerpo herido, los enfermeros siguieron haciendo su trabajo, cada uno de esa sala aguantando el dolor de sus pechos.


—Jeon...


—Yo puedo. —murmuró, sus mejillas humedeciéndose nuevamente. Se inclinó al cuerpo de JiMin y juntó sus frentes. — Por favor, vive.


Se enderezó una vez uno de los enfermeros mencionó que ya estaba todo listo para iniciar la operación.


JungKook asintió, sus manos temblando por completo y su respiración trabajosa unida a su mirada borrosa.


Estiró su trémula mano hacia TaeHyung, —Bisturí. —susurró apenas.


El rubio agarró la herramienta y la dejó en la movediza mano de JungKook, y le dio un fuerte apretón a esta, depositándole todas las fuerzas que el cirujano necesitaría para esta dura operación.


La cirugía dio inicio, y no hubo conversación como siempre había, no hubo música de fondo ni risas entre ellos. Esta vez hubo miedo, terror y angustia.


Hubo llantos lejanos, gritos desesperados y más miedo.


Ni siquiera había contado las horas, no sabía con exactitud cuánto tiempo se encontraba de pie intentando traer de vuelta al amor de su vida. Se encontraba en un estado de conmoción, como si no estuviese dentro de su propio cuerpo, sintiendo este mismo tan entumecido.


No se sentía él, una parte de JungKook moría a cada segundo que pasaba.


Pero cuando el lóbrego silbido del monitor de signos vitales siendo agrio sonó largamente y una fina línea se hizo presente, JungKook volvió a sí mismo.


Miró rápidamente el aparato, los enfermeros abriendo sus ojos en completo terror.


JungKook negó, —No... No, ¡No! ¡Reanimación, joder! —Gritó desesperadamente. — ¡El desfibrilador!


TaeHyung y otro enfermero acercaron con rapidez la máquina, la conectaron al cuerpo y JungKook tomó ambas planchas.


— ¡Ahora!


JungKook reanimó una y otra vez, su llanto intensificándose con cada reanimación fallida, cada vez que el cuerpo de JiMin era sacudido bruscamente y su pulso seguía inactivo.


Volvió a hacerlo una vez más, — ¡Vamos, mi amor! ¡No puedes dejarme! —El cuerpo inerte se sacudió, el mismo pitido presente. — ¡Bebé, viajaremos a Japón! ¡Nuestras vacaciones corazón, por favor no me dejes!


Otro más, y otro, y otro.


Sus manos temblaban mientras sacudía su espalda con los bruscos sollozos que no temía ocultar.


— ¡JiMin, despierta, por favor!


Abrazó el cuerpo de su esposo, gritando y gimoteando con cada fibra de su tembloroso cuerpo.


Los enfermeros lloraban en silencio, mientras iban abandonando la habitación.


Ya no había nada más que hacer.


TaeHyung miraba en silencio, despacio se acercó y apretó el hombro de JungKook.


—Ya se murió... Lo siento, JungKook. —Susurró, viendo cómo Jeon negaba una y otra vez sin dejar de lloriquear. — Hay que declararlo.


El azabache tomó las manos de su difunto esposo y las apretó, besándolas con sus rojos e hinchados labios antes de enderezarse sobre sus pies.


—H-hora de muerte... —como pudo miró su reloj de mano. — Veintidós con trece.


TaeHyung lo anotó y le dio un fuerte abrazo a JungKook antes de dejar la sala en soledad.


Jeon miró el inerte cuerpo de su esposo en la mesa, sin poder asumirlo aún. Tomó una de las sillas y se sentó, volviendo a juntar su frente a la aún cálida frente de JiMin.


—Nos hubiéramos quedado en casa, mi amor. Hubiésemos visto nuestra serie mientras nos abrazábamos con fuerza, y entonces en dos semanas nos hubiéramos ido a Disneyland, a Japón. —sollozó con fuerza, un terrible dolor invadiendo cada célula de su débil cuerpo. — Querías subir a las tazas, ¿No? Mi amor... Tenemos que subir a las tazas...


Se aferró con fuerza al ensangrentado cuerpo, soltando hipidos y desgarradores sollozos que quemaban en su interior y le cortaban la garganta, los pulmones, el hígado, las costillas y el corazón.


Unos golpeteos en la puerta llamaron su atención, se giró a ver al cirujano Kim en ella, quien tenía los ojos hinchados, pues lloró apenas se enteró de la noticia.


El esposo del Doctor Jeon murió por un accidente de auto.


JungKook no soportó su mirada, no soportó ver el cuerpo de su amado muerto a su lado. No soportó el dolor que habitó en su pecho de manera abrupta.


Salió de la sala y huyó, SeokJin siguiendo sus pasos e intentando alcanzarlo.


— ¡JungKook! —le llamaba mientras el azabache lloraba intentando buscar la salida que ahora le dificultaba tanto hacerlo.


Sus piernas colapsaron y cayó al suelo, su cuerpo entero sacudiéndose en el más desgarrador y doloroso lloriqueo que alguien alguna vez había oído.


Los sollozos de un hombre que perdió al amor de su vida.


Los acogedores brazos del Doctor Kim lo envolvieron, apretándolo en su pecho mientras siseaba y sobaba su espalda.


—Se murió... —gimoteó, mordiendo su labio con fuerza. — Se murió, Jin. ¡No pude salvarlo! ¡Lo maté!


SeokJin rápidamente tomó sus hombros y lo obligó a mirarlo.


— ¡No digas eso! Si tú no pudiste salvarlo, nadie hubiera podido. —consoló con su dulce voz, soltando lágrimas al ver la mirada apagada y destrozada de JungKook.


Su alma fue vilmente violentada, su corazón arrancado de un tirón y su cuerpo sumido a un dolor inalterable.


Murió JiMin, y se llevó una parte de JungKook con él.


—Se murió... —siguió balbuceando una y otra vez. — Me dijo que salvara vidas hoy, pero no salvé la suya.


Y rompió en llanto, gritos atroces y devastadores inundando todos los pasillos del hospital, los trabajadores cubriendo sus bocas al ver tan lacerante escena de Jeon desplomado en el gélido suelo llorando con y sin fuerzas.


Los mismos familiares de pacientes sintiendo una angustia abrumadora al ver al Doctor sufrir de una manera inigualable, inimaginable.


Cuando sus gritos cesaron, su débil cuerpo fue levantado del suelo por ambos Kim que trabajaban con él. Fue llevado a su hogar, hogar donde habitaban dos hermosas personas que se amaban.


Hogar donde uno de ellos ya no volverá.


—Descansa, debes dormir. —susurró TaeHyung mientras le daba un espeso beso en la frente, SeokJin le dio un fuerte abrazo y salieron del solitario departamento.


JungKook miró a su alrededor, la encimera que en la mañana habían usado para desayunar, la misma donde tantas veces habían hecho el amor.


El sillón donde se tiraban a ver películas o series, donde JiMin siempre se dormía primero y luego JungKook lo cargaba hacia su habitación.


Su cama... aquella cama que había guardado cada momento de la pareja, cada beso, abrazo, toque, gemido. Cada demostración de amor.


Demostraciones que ya no podrían existir.


El entumecido cuerpo de JungKook caminó hacia la ventana que yacía cerrada, con pesar y dolor en cada uno de sus músculos, la abrió.


Caminó hacia la cama y se arropó con las sábanas blancas aún deshechas desde la mañana, abrazó sus piernas y hundió su cara en la almohada de su amado, aun teniendo impregnado su aroma.


En silencio lloró, sus ojos perdidos mientras salían ácidas lágrimas y rodaban por su nariz hasta perderse en la suave almohada.


Cerró sus ojos aun lagrimeando, y deseó dormir, deseó poder despertar con la brisa fría del ventanal y el pequeño cuerpo de su esposo acurrucándose en su cuerpo mientras se quejaba y arrugaba su nariz.


Deseó aquello que no volvería jamás.


Abrió la ventana y durmió, despertando en su completa soledad.


Sin un cuerpo al que abrazar.








***


| Gracias por leer, comentar y votar <3



| Dato – Ambos si están casados, más no tienen el mismo apellido. En Corea no existe la cultura de cambiarse el apellido cuando contraen matrimonio, así que quise mantener a ambos con sus respectivos apellidos.


De todas formas, son esposos y ya, un apellido no lo define.


Ahora si, muchas gracias nuevamente.