CAPÍTULO 1
¿G? Él ha vuelto.
El camarero levantó la mirada de la botella de vino que estaba descorchando.
—¿Él?
Mali Taylor le miró de forma muy elocuente e hizo una inclinación con la cabeza, dejando que su coleta rubia quedara a un lado de sus hombros.
—Sí. Él. Ya sabes, alto, moreno, demoledoramente atractivo, el mismo que viene cada martes por la noche y que se pasa todo el tiempo escribiendo en una libretita...
—Siempre pide el especial sin postre. Sí, lo recuerdo —contestó Gulf Kanawut apresuradamente, regresando con la botella en un esfuerzo por esconder el pequeño sobresalto a causa de sus nervios.
—Vaya, el Señor Pirapat lo colocó en tu sección de nuevo. —Mali le informó con una ligera sonrisa—. ¿Es que pide sentarse ahí? ¡Es la sexta vez!
—¿Ah sí, la sexta? —preguntó Gulf despreocupadamente, a pesar que desde hacía mes y medio esperaba con ansia la noche de los martes más por eso que por cualquier otra razón—. Ni me había dado cuenta —mintió—. Trabajo sesenta horas a la semana —le recordó—, no puedo acordarme de todo el mundo.
—Sí lo haces —contradijo Mali.
Gulf la miró de soslayo y trató de no sonreír.
—Bueno, será mejor que vayas —dijo ella de pronto mientras miraba a través de las persianas de madera que la separaban del resto del restaurante—. ¡Qué hombre tan elegante! —murmuró para sí misma.
Golfo contuvo una carcajada. Terminó de abrir la botella y respiró profundamente para calmar sus nervios.
—¿La dejas de nuevo en la cubitera? —preguntó mientras le daba la botella a Mali y se dirigía al salón comedor.
Elegantes luces empotradas, velas en las mesas y pequeñas luces parpadeantes reflejaban el elevado techo del comedor. Ventanales grandes y claros ofrecían una vista del cielo estrellado de Chicago, las mesas estaban cubiertas por finos manteles de lino, con cristal y vajilla china, distribuidas en el amplio espacio de niveles. Suave música de Jazz amenizaba el ambiente, los utensilios en los platos, y las sillas raspando el suelo al moverse. Keri, la camarera encargada de la puerta, escoltaba a una pareja desde el área de espera hacia una mesa libre, muchos clientes esperaban pacientemente disfrutando del champagne y entremeses ligeros.
A pesar de ser un restaurante de cuatro estrellas llamado “Martes”, la comida y el servicio eran impecables.
Gulf se movía sigilosamente a través de las mesas, vestía un uniforme negro que cubría por completo su delgado cuerpo. Él no era el tipo de hombre que destacara, era alto, pero delgado, bastante ordinario, su pelo era corto.
Su personalidad, tranquila y con tendencia a ser introvertido, hacía que a él le resultara natural ser discreto mientras trabajaba, le complacía que su ordinaria apariencia lo hiciera perfecto para deslizarse entre las sillas y llevar los platos, sin llamar la atención o interrumpir la comida de los clientes.
Era perfecto para eso y lo disfrutaba. Y noches como ésa mucho más.
Deteniéndose cerca de la fuente, Gulf buscó en el cuarto a su objetivo. En una tranquila mesa para dos, estaba un hombre sentado solo.
Había estado viniendo al restaurante esporádicamente desde que abrió hace ocho años, pero en el pasado año, él había comenzado a ir con más regularidad. Se reunía en las puertas del “Martes” con el propietario del restaurante cada vez que venía a comer, siempre se sentaba en la misma mesa. Venía una vez a la semana siempre en martes, y se sentaba. Gulf no sabía por qué. Siempre ordenaba el especial, sin ver lo que se ofrecía ese día y el vino de la casa; No tomaba postre.
Gulf conocía esos detalles al igual que conocía cientos de otras delicadezas de sus clientes regulares: La gente que frecuentaba el elegante restaurante, valoraba su buen servicio. Era uno de los muchos rasgos que lo hacían excelente en su trabajo. Su capacidad le daba la confianza que de otra forma no tendría. Aquí en el “Martes” se sentía capaz de manejar esos repetidos encuentros con el hombre misterioso.
Gulf llegó en silencio a la mesa y habló suavemente.
—Buenas noches, señor. ¿El especial de hoy y el vino de la casa? —ofreció agudamente. Era lo mismo que le preguntaba cada semana. Él se había detenido a presentarse hace meses.
El hombre moreno, que había levantado la vista al ver a Gulf acercarse, asintió sin palabras. Gulf inclinó la cabeza y recogió el menú. El cliente era siempre de esa manera. La primera noche que Gulf le sirvió, un largo dedo había señalado el especial en la carta y el vino de la casa. Nunca había dicho una palabra en todo ese tiempo, al menos no a Gulf, solamente asentía o negaba con la cabeza. Gulf nunca lo presionó, y se esforzaba en hacer preguntas que pudiera contestar sin mucho problema. Se preguntó más de una vez si el hombre podía hablar.
—Trae un vaso extra, por favor, ¿vale? —dijo el hombre abruptamente cuando Gulf se alejaba. Su voz apenas se oía, era mucho más grave de lo que su oscura apariencia sugería. Era como si se hubiera marchitado por falta de uso.
Gulf se volvió hacia él con los ojos muy abiertos.
—Claro —le respondió, esperando que no se mostrara la sorpresa en su voz—.
¿Algo más? —preguntó maldiciéndose por dentro por oírse como un idiota mientras le hablaba al cliente.
El hombre negó bruscamente.
—Sí, señor —murmuró Gulf antes de alejarse.
La voz dura y rasposa del hombre aún resonaba en la cabeza de Gulf, y estaba seguro de que nunca olvidaría su sonido. ¿Y otro vaso? El enigmático cliente era uno de los misterios favoritos del personal y por lo tanto una interminable fuente de rumores e intrigas. Cada persona tenía una teoría, fantasía o historia acerca de él. Al parecer nadie lo había oído hablar, esto podría aumentar el interés de todo el personal. Cada pequeño detalle que ellos podían vislumbrar aumentaba su interés.
El corazón de Gulf se aceleró cuando pensó acerca del vaso extra, y no estaba seguro de la razón. Cogió el vino y los vasos del bar, asegurándose de que el cristal no tuviera marcas y regresó a la mesa mientras se repetía a sí mismo que no estaba nervioso. No había nada excitante en eso, se repetía en silencio mientras colocaba los vasos y descorchaba el vino.
Los ojos del cliente seguían fijamente cada uno de sus movimientos.
—Yo haré eso esta noche —dijo en un tono bajo, aunque un poco más extraño que antes—. Gracias —añadió, levantando la cabeza y mirando a Gulf con sus oscuros y sombríos ojos. Éstos reflejaban la luz de las velas como una brillante obsidiana.
Gulf detuvo las manos y después de un momento su mirada se cruzó con la del hombre, ofreciéndole la botella envuelta en lino.
El hombre la tomó y asintió.
—Gracias, Gulf —dijo suavemente. Había un tinte de cortesía en esas palabras. Gulf lo miró fijamente un momento antes de alejar la mirada.
—De nada —dijo, dejando el sacacorchos en la mesa y alejándose. Oír su nombre en sus labios le hizo temblar. Era tan… seductor. Gulf incluso estaba seguro de que sin pretenderlo, eso parecía.
El hombre esperó a que Gulf se alejara para descorchar la botella y servirse a sí mismo, llenando el vaso. Levantó la mirada y miró el vaso vacío al otro lado de la mesa por un largo instante, permaneciendo inmóvil, entonces se inclinó y sirvió el vaso de la persona ausente del otro lado de la mesa.
—¿Gulf, qué está haciendo? —preguntó Mali con mucha curiosidad tan pronto como Gulf regresó al área de servicio.
Gulf deliberadamente observaba el área del comedor, en lugar de regresar al trabajo y llenar la cesta de pan.
—¿Qué quieres decir? —preguntó fingiendo ignorancia y esperando que su propia curiosidad no se notara.
—Él tiene dos vasos esta noche. ¿Se va a reunir con alguien? ¿Habló contigo? ¿Qué te dijo? —volvió a preguntar Mali extasiada.
—¿No tienes trabajo que hacer? —contestó Gulf. No quería que ella supiera que tan pronto como había oído la voz del misterioso hombre, se había estado enamorando un poco de él. Había pasado mucho tiempo, sabía que era vergonzoso enamorarse de un cliente. Era aún peor enamorarse de alguien con quien realmente nunca habías hablado antes.
Mali bufó y se cruzó de brazos.
—Bueno, esta será una noche muy larga. ¿No puedes animarte y contarme algún chisme? ¡Ese tipo es un misterio muy grande para la mayoría de nosotros! Permitiéndonos vivir de la imaginación.
Gulf no podía admitir que él se sentía de la misma manera. Se enorgullecía de su profesionalidad, y rumorear acerca de los clientes no era algo que quería comenzar a hacer.
—No hay ningún chisme —insistió—. Me pidió un vaso extra, eso es todo.
Mali hizo un puchero y miró vanidosamente hacia el comedor. La mayor parte de la mesa estaba escondida, el misterioso hombre levantó el vaso, haciendo un brindis frente a él y entonces le dio un trago al costoso vino.
—Eso es realmente extraño —murmuró Mali cuando lo vio.
—Vuelvo al trabajo —dijo Gulf rápidamente antes de que se quedara clavado viéndolo. Tomó una jarra de cristal con agua en una mano y en la otra una cesta de pan y recorrió el salón, llenando vasos de agua y haciendo preguntas, mientras lentamente se acercaba hacia el hombre que estaba sentado solo con dos vasos de vino.
Cuando llegó, Gulf dejó la canasta de pan y llenó los dos vasos de agua.
No importaba cuánto lo deseara, Gulf no podía preguntar, ni esperaba que el hombre le hablara de nuevo. Él había visto a otros camareros intentar forzar una conversación con el misterioso hombre moreno para oírle decir algo, y eso solo hacía que éste se viera molesto y frustrado. Quizás por eso ahora permanecía en la sección de Gulf, porque él nunca lo presionaba.
Gulf se giró para alejarse y dejar tranquilo al hombre una vez más.
—¿Cuánto hace que trabajas aquí? —preguntó el hombre repentinamente. Deteniéndose, Gulf se giró hacia él, tratando de no mostrar su sorpresa.
—Desde que abrió, hace ahora ocho años —contestó cautelosamente, preguntándose por qué el hombre le había preguntado eso.
El hombre moreno lo observaba fijamente con rostro inexpresivo y sombrío, sin embargo, su humor parecía haberse aligerado.
—¿Y te gusta? —preguntó.
Gulf se sentía incapaz de escapar, hipnotizado por esos oscuros ojos. Trató de evitar su mirada, para en su lugar, estudiar la cara del hombre, algo que nunca se había permitido hacer cuando se acercaba. Todo eran líneas duras: frente elevada, mandíbula triangular, pómulos afilados. De cerca era incluso más hermoso de lo que Gulf había pensado. Su pelo negro y muy corto era casi gris en las sienes, y su bigote y barba estaban impecables. Siempre usaba ropa negra, o gris oscuro que disimulaba muy poco su altura y su musculoso cuerpo una vez que se quitaba su abrigo de invierno. El color, o la falta de color en sus trajes, era la manera en que Gulf podía identificarlo fácilmente.
En la mente de Gulf era un ángel oscuro.
Después de un momento, Gulf se centró en contestar la pregunta.
—Sí —dijo—. Me gusta. ¿Por qué si no permanecería tanto tiempo aquí? La mirada del hombre se alejó y volvió al vaso de vino aun sin tocar.
—Muy cierto —admitió, las palabras claramente marcaban el final de la conversación.
Gulf echó un vistazo al segundo vaso de vino y volvió a mirar al hombre.
Cuando cenaba aquí, siempre había sido silencioso y cortés, pero sorpresivamente accesible a su propia manera, Gulf se había acostumbrado a él. Y hoy él parecía distinto… como deprimido. El hecho de que él hubiera hablado esa noche era algo inusual. Y ese cambio en la rutina del hombre le preocupaba.
—¿Está usted… está todo bien? —se aventuró a preguntar Gulf con voz serena.
El hombre volvió a mirarle, parecía sorprendido de que Gulf continuara allí. Contestó negando con un breve movimiento de cabeza de nuevo y alejó la mirada una vez más. Esta vez el despido era claro.
Decepcionado, aunque no ofendido, Gulf se alejó, mirándolo todavía por encima del hombro cuando estaba a varias mesas de distancia llenando vasos de agua. No se perdía ningún movimiento del hombre de la mesa; él seguía con la mirada perdida en el vaso de vino. El único movimiento que hizo, fue llevar su propio vaso de vino a los labios y dejarlo en la mesa de nuevo. Sus ojos raramente se alejaban del vaso que estaba frente a él, mientras esperaba su cena.
Gulf no podía evitar preguntarse acerca de eso. «¿Qué estaba haciendo?».Y más importante, «¿por qué hacía eso? ¿Qué era diferente esta noche?». Era más que obvio que nadie se le uniría, así que ¿por qué el vaso? Con un suave suspiro, Gulf se encogió de hombros ante las preguntas y se dirigió a la cocina a tomar el especial.
Cerca de diez minutos después, Gulf volvió a la mesa con la bandeja; colocándola, comenzó a servirle, tratando de no mirar al hombre a pesar de la urgencia por estudiarlo de nuevo más de cerca.
Mientras Gulf colocaba el plato frente a él, del abrigo del hombre escapó un discreto timbre. Éste sacó el teléfono móvil de su bolsillo, vio la pantalla brevemente, y entonces levantó la vista hacia Gulf.
—¿Puedes traerme la cuenta, por favor? —preguntó con un suspiro que podía ser considerado de molestia. Esa era quizás la primera emoción que había mostrado ante Gulf.
Gulf arqueó una ceja y asintió.
—Puedo preparárselo para llevar —ofreció.
—No, gracias —le respondió dejando su teléfono—. Solo la cuenta. Rápido, por favor.
—Sí, señor —dijo Gulf, y llevándose la bandeja vacía, salió del comedor a hacer lo que le pedía. Volvió en pocos minutos y le entregó una carpeta de piel negra en silencio.
El vaso enfrente del hombre estaba intacto, lleno hasta un tercio. El suyo estaba vació, y su comida apenas tocada, aunque era obvio que había estado comiendo todo lo que pudo mientras esperaba. Tomó la cuenta y asintió.
Gulf se retiró un poco esperando a completar la transacción lo más pronto posible. Observó en silencio al hombre sacar su cartera de piel del bolsillo de su traje. Sacó tres billetes, los deslizó dentro de la carpeta y se la entregó a Gulf.
—No necesito el cambio —le dijo. Gulf apenas podía oír su voz a pesar de que el ruido de fondo era mínimo—. Gracias por el consejo —le dijo mientras se ponía en pie y tomaba su abrigo.
Gulf nunca lo había visto tan cerca cuando se ponía de pie. Se preguntaba si el hombre era más alto que él por unos diez centímetros, quizás más. Mientras se colocaba el enorme abrigo de lana negra, parecía incluso más grande de lo que era; El conjunto era más impresionante que el simple hecho de que fuera más alto que Gulf.
Confundido y ligeramente distraído por su presencia física, Gulf solo asintió. No tenía idea de qué consejo le había dado al hombre, pero no pensaba preguntárselo. Levantó la cabeza un poco para verlo.
—Que tenga buenas noches —ofreció. Su voz temblaba.
El hombre cogió sus pertenencias. Asintió hacia Gulf mientras se abotonaba su abrigo.
—Las noches de los martes son siempre buenas —murmuró.
Gulf inclinó la cabeza a un lado, aún más confundido, pero no sabía qué más decir. La verdad era que no estaba seguro de que su lengua pudiera realmente articular alguna palabra.
Asintiendo por última vez, el hombre se alejó de la mesa y Gulf lo observó hasta que salió por la puerta.
Desanimado, Gulf sacudió la cabeza para aclararla y limpió la mesa, la carpeta en una pequeña bolsa. Una vez que terminó con los platos, revisó la carpeta y encontró tres billetes de cien dólares. Un billete de cien dólares hubiera cubierto la cena, el vino y una buena propina.
Gulf se quedó mirando el dinero, preguntándose qué había sucedido esa noche.
Gulf hablaba tranquilamente con una pareja mayor que venía a cenar al “Martes” dos veces al mes, antes de girar la cabeza fuera del comedor. Eran las nueve de la noche y el lugar estaba casi vacío. A pesar de que el restaurante permanecía abierto hasta la media noche, Gulf sabía que no vendría nadie nuevo. Era tiempo de trabajar con sus recibos. Pero eso significaba que tendría tiempo para pensar.
Era martes por la noche, pero él estaba pensando en otro martes. El de hace dos semanas, cuando su mundo se sacudió. Él había entrado en su mente, cerrando los ojos aun podía oír la ronca voz del hombre. Y cuando él no apareció el martes de la semana pasada, rompiendo así una racha de casi dos meses, Gulf estaba terriblemente decepcionado.
Todavía se preguntaba qué le había sucedido a su misterioso cliente y si lo volvería a ver de nuevo. De lo que Gulf estaba seguro, era que le gustaría oír esa voz una vez más.
Y ahora parecía que sería otro martes sin él. «El extraordinario hombre de sus sueños». Gulf suspiró. Un hombre como ese ciertamente sólo podía ser una fantasía para Gulf, ya que alguien así estaba muy por encima de su nivel de muchas maneras.
Mientras cavilaba, oyó a Keri saludar a un nuevo cliente, seguido instantáneamente por la distintiva voz de Earth Pirapat, el propietario del “Martes,” saludando a la misma persona afectuosamente. Cuando Gulf se movió para ver a través de la gran planta a su lado, vio a Earth estrechando la mano del cliente y Keri lo dirigió a su mesa.
Le tomó a Gulf un momento darse cuenta de a quién veía realmente. Era él.
Paralizado, Gulf lo miró durante una eternidad sintiendo cómo se le aceleraba el pulso. Después de un momento, se sacudió a sí mismo y tomó una botella del vino de la casa y un vaso limpio antes de dirigirse a la mesa.
Mientras se acercaba, se dio cuenta de que el hombre no parecía él mismo esta noche. Tenía una línea de puntos de sutura sobre su ojo izquierdo y su brazo derecho estaba en un cabestrillo. Estaba tratando de sacar su brazo de éste, cuando Gulf se aproximó a la mesa, donde rápidamente, dejó la botella y el vaso.
—Déjeme ayudarle —se ofreció antes de pensarlo. Levantó la correa que cerraba el cabestrillo del hombre. Éste tomó una profunda respiración para tranquilizar sus nervios sobre las libertades que se estaba tomando, y olió brevemente la sutil colonia del hombre. Se estremeció y trató de no reaccionar al intoxicante aroma.
El hombre se congeló cuando Gulf lo tocó, pero se relajó rápidamente y bajó su cabeza, permitiendo a Gulf ayudarle a quitarse el cabestrillo. Gulf quitó las correas con mucho cuidado; simultáneamente reanimado por el contacto y aliviado, se movió alejándose. Dobló el cabestrillo y lo dejó en la silla opuesta de donde se sentaba el hombre.
El gran hombre giró su hombro cuidadosamente y levantó la vista hacia Gulf con su oscura e inexpresiva mirada.
—Gracias —su voz era un susurro apenas audible.
La cortés replica de Gulf quedó totalmente olvidada cuando le miró el rostro más de cerca. Observó la herida y los hematomas antes de encontrarse con sus ojos.
—¿Está bien? —preguntó insistentemente.
El hombre asintió como de costumbre en respuesta sin retirar la mirada de Gulf. Entonces lentamente sonrió, un lado de su boca se curvo hacia arriba en una ligera sonrisa. Su cara era menos severa y sombría, y si eso era posible aún más hermosa.
—Estoy bien —la respuesta sonó aturdida—. Gracias —repitió.
Gulf asintió lentamente, en trance, debido a esa pequeña curva en los labios del hombre.
—De nada —parpadeó varias veces y finalmente se recuperó—. ¿El especial del día y el vino de la casa? —preguntó torpemente, señalando la botella en la mesa.
—¿Qué me recomiendas de postre? —preguntó el hombre en respuesta.
Gulf arqueó las cejas, y trató de encontrar algo qué decir. No estaba acostumbrado a que lo sacaran de control cuando alguien le pedía su orden. El proceso estaba generalmente bien establecido de antemano.
—Ah. El pastel de queso almendrado es el más popular esta noche—logró decir. El hombre siguió mirándole fijamente.
—¿Qué me recomiendas? —repitió lentamente.
Gulf tragó saliva, sintiendo un poco de calidez en la mirada del hombre que seguía atenta y enfocada sólo en él.
—La crème brûlée de pistachos.
No sabía por qué estaba tan nervioso. Había dado recomendaciones toda la noche. Pero que ese hombre le preguntara por su favorito le había causado que todo su cuerpo se calentara.
—Entonces ese es el que quiero —respondió el hombre con una ligera mueca en los labios que pretendía ser otra sonrisa.
Gulf se preguntaba si el hombre se había dado cuenta que su camarero lo estaba mirando. Probablemente. Él parecía el tipo de hombre al que no se le escapaba nada.
Las mejillas de Gulf ardían y se lamió los labios nerviosamente.
—¿Después de la cena? —preguntó.
—De cena, por favor —contestó el hombre con esa maliciosa sonrisa que le dio un ligero toque alegre a su mirada. Obviamente disfrutaba de cómo estaba desconcertando a Gulf.
—Ah. Está bien —dijo Gulf. Suspiró cuando se dio cuenta de que el hombre sabía que estaba avergonzado—. ¿Quiere el vino? —preguntó torpemente.
La mirada del hombre fue a la botella y de nuevo lentamente a Gulf.
—Sí —contestó suavemente.
El tono tranquilo ayudó a Gulf a recuperar la compostura y con sus familiares movimientos sacó el sacacorchos del bolsillo trasero, levantó la botella y la abrió. Y durante todo el tiempo, estuvo bajo la intensa y sombría mirada del hombre que seguía sus movimientos. Gulf retiró el corcho y se lo ofreció, la otra mano sosteniendo la botella. Aunque se sentía inusualmente nervioso, fue capaz de enderezar los hombros y recuperar su acostumbrada postura, mientras sentía esos oscuros ojos seguir sus movimientos.
El hombre asintió ante el corcho y miró a Gulf a los ojos.
—¿Aún te gusta hacer esto? —le preguntó de repente, su voz ronca y algo íntima por la manera en que murmuraba.
Gulf tragó saliva ante el tono de la pregunta. Como la primera vez, Gulf asintió.
—Sí —pero esta vez preguntó—: ¿Por qué?
—Porque pareces feliz —contestó el hombre inmediatamente. Gulf parpadeó y le ofreció al hombre una abierta y honesta sonrisa.
—Sí. Supongo que lo soy —dejó el corcho en la mesa y sirvió un poco de vino en el vaso para que él lo aprobara—. Soy bueno en esto —afirmó con una sonrisa.
—Sí —murmuró el hombre mientras levantaba el vaso. Probó el vino y asintió su aprobación—. Ser bueno en lo que haces ayuda. Gracias, Gulf —dijo suavemente.
—De nada —dijo Gulf—. Su postre estará en breve.
Dejó la botella en la mesa y se fue, llevándose el sacacorchos con él y luchando con las palpitaciones en su pecho.
—Sabes, creo que le gustas —aseguró Mali con una ligera sonrisa, tan pronto como Gulf llegó al área de servicio.
—Por el amor de Dios, Mali, ¿qué estás diciendo? —murmuró Gulf ruborizándose profundamente.
—Te gusta y estás totalmente perdido. ¿Sabes al menos qué hacer con eso? —lo desafió pícaramente.
Gulf hizo un sonido de exasperación, ignorando la pregunta.
—¿Por qué esto sería relevante o remotamente apropiado? Estás hablando de un cliente habitual, uno que Earth siempre saluda personalmente —le recordó intencionadamente.
No importaba que Gulf pensara en él con bastante frecuencia.
Preguntándose acerca de él. Incluso fantaseando acerca de él y de cómo él tenía esa ronca y suave voz.
La camarera sacudió la cabeza.
—¡Guau!, Gulf —dijo—. Apuesto a que si tú haces un movimiento él responde —siguió ella.
—No voy a hacer ningún movimiento —repitió Gulf testarudamente.
—¿Y por qué no? —preguntó impactada—. Yo lo haría si pensara que él lo aceptaría —añadió riéndose—. Aunque ningún hombre que viste tan bien puede ser hetero —murmuró, mirando a través de las persianas y suspirando exageradamente.
—Si no te importa, estoy seguro que puedes encontrar otras cosas que hacer —Gulf la observaba amenazadoramente.
Ella se giró y le guiñó un ojo, palmeando su espalda.
—Bien, Señor supervisor de camareros. Llevaré su postre entonces —le provocó apurándose a tomar el plato con el postre justo cuando apareció en el mostrador, y se dirigió al comedor.
Gulf captó su intención en el último segundo y vio como ella se iba antes de mirar fijamente a un par de camareras que estaban al final de la barra. Ellas seguramente habían estado oyéndolo todo, porque empezaron a reírse. Gulf gruñó. Eso era todo lo que necesitaba. Mali y las otras chicas estarían molestándolo para siempre; sin importar qué, técnicamente, él era su supervisor. No sabía lo que Mali pretendía con ese numerito del postre, pero al menos esperaba que se quedara satisfecha con eso. A regañadientes, Gulf se quedó observando la escena con curiosidad.
Mali se enderezó y se aproximó a la mesa del hombre.
—Su postre, señor —ofreció ella cuando le presentó el plato.
El hombre miró el plato frente a él y levantó la mirada lentamente para ver a la camarera, con una expresión en blanco durante un gran momento antes de simplemente asentir en agradecimiento.
Mali le ofreció una cortés y encantadora sonrisa.
—¿Puedo ofrecerle algo más?
El hombre negó con la cabeza como solía hacer usualmente y se colocó la servilleta en el regazo, con su mano buena.
—Siéntase libre para llamarnos si necesita cualquier cosa —le dijo alegremente; pasó un momento antes de que ella saliera del comedor.
Una vez detrás de las puertas oscuras, ella fue con Gulf y movió sus manos ante sus ojos.
—¿Viste? —preguntó triunfalmente.
—No, no lo vi —respondió Gulf, observando el servicio de café que estaba preparado. Sí, él había cedido a la tentación de espiar a Mali hablando con él, pero ella no necesitaba saberlo.
—Se decepcionó mucho cuando me vio a mí —le informó ella con una sonrisa—.
Él solo te quiere a ti, Romeo —bromeó satisfecha antes de irse de nuevo.
Gulf la vio irse antes de revisar el comedor de nuevo. Observó al hombre por un momento, examinando los hombros en busca de signos de molestia antes de fruncir el ceño y sacudir la cabeza. ¿Cómo un hombre como ese podría estar interesado en alguien como él?
Antes que nada, le tendrían que gustar los hombres, e incluso si así fuera —eso era una remota posibilidad en la opinión de Gulf—. «¿Por qué le interesaría un simple camarero?». El tipo parecía rico, con éxito y poderoso. Nada que ver con lo que Gulf era.
Mientras le miraba, Earth Pirapat apareció y se aproximó a la mesa. El propietario del restaurante se quedó parado mientras hablaban y luego tomó la silla frente al hombre, conversando con lo que parecía obvia preocupación. La expresión del cliente no cambiaba, pero Gulf sentía que él estaba hablando con Earth de algo apasionante, si el movimiento de su lastimada mano indicaba algo.
Ambos hombres que veía eran opuestos. El desconocido era alto, de constitución firme, con fuertes músculos bajo la bien cuidada ropa, cabello negro azabache con esos tintes de gris en las sienes, y sus siempre presentes y bien cuidados barba y bigote. Earth Pirapat, por otro lado, estaba bien afeitado, con suave cabello rubio que casi se veía como si se hubiera arrastrado en la alfombra. Elegantemente desordenado. No era tan alto ni corpulento, pero aun delgado se mantenía en muy buena forma.
Otra diferencia entre ambos hombres: Earth no era tímido para expresarse verbalmente cuando su suave y refinada presencia era requerida en el comedor. Gulf estaba extremadamente familiarizado con eso. Earth era cálido, amistoso y con tendencia a distraerse fácilmente. Según la experiencia de Gulf, el cliente era lo opuesto a Earth, frío como el hielo y calmado. Pero ahora que Gulf estaba viéndole mostrar emociones auténticas, parecía que el hombre de cabello negro se animaba, e incluso parecía algo frustrado. Y estaba magnifico. Gulf se maldijo por lo bajo. Ahora él nunca sería capaz de desprenderse del maldito enamoramiento.
Demasiado pronto, Earth se puso de pie y colocó su mano en el hombro lesionado del hombre antes de dejarlo con su postre. Gulf contemplaba al hombre sentado en tranquilo silencio por un momento, antes de sacar su libreta de piel de su bolsillo y dejarla cuidadosamente junto al plato. Entonces sacó una costosa pluma y abrió la libreta.
Comía su crème brûlée cuidadosamente con su mano derecha lastimada mientras escribía en la libreta con la izquierda. Eso era algo que hacía a menudo, escribir en la pequeña libreta mientras comía su cena. Gulf había notado que acostumbraba a usar cualquier mano mientras escribía, y a menudo se preguntaba qué hacía. De cualquier manera eso no era asunto de Gulf, y se dio cuenta de que estaba descuidando sus responsabilidades. Sólo que no pudo evitarlo.
Gulf se frotó la cara con sus manos y presionó sus labios juntos con resignación antes de tomar la bandeja y regresar al trabajo. Le sirvió café a dos mesas que se lo habían terminado, y tomó una taza extra, sólo por si acaso. Después de mirar hacia la mesa, tomó una profunda respiración para recuperar su confianza y decidió ir con él.
—¿Le gustaría algo de café? —preguntó, de manera casual. Esperaba sonar calmado y seguro.
El hombre no levantó la mirada de lo que estaba escribiendo. Negó con la cabeza como respuesta.
A pesar de ser su manera habitual de reaccionar, Gulf no la sintió de esa manera. Se había permitido distraerse por su anterior interacción personal cuando lo mejor sería que olvidara su tonta fantasía e hiciera su trabajo; eso era todo.
Satisfecho recuperó el control, y terminó de revisar las mesas.
Earth llegó a la mesa del hombre en su habitual ronda entre los clientes. El hombre sin levantar la mirada tomó el brazo de Earth, deteniéndolo sin decir una palabra. Ni siquiera dejó de escribir mientras sostenía la muñeca de este. Earth se quedó un momento mirando al hombre escribir. Entonces soltó su brazo con suavidad y se sentó en la silla frente a él.
Gulf se preguntaba cómo era que Earth lo conocía. Además lo saludaba personalmente en la puerta, un privilegio que reservaba para muy pocos; incluso se sentó a hablar con él. Gulf nunca había visto a Earth hacer eso con nadie más.
Earth dijo algo más y el hombre levantó ligeramente su cabeza, pasó dos dedos por su labio inferior, pensativo, y miró su libreta con el ceño fruncido. Earth asintió y se puso de pie de nuevo, alejándose de la mesa con una pequeña sonrisa, y una mano casualmente en su bolsillo, obviamente complacido. Lo que fuera que hubiera dicho, hizo que el hombre moreno pensara.
Frunciendo el ceño, Gulf se preguntó qué estaba haciendo, sacudió la cabeza y se dijo a sí mismo que no eran sus asuntos, sin importar lo hermoso que el tipo fuera. Se dirigió a limpiar una mesa vacía, manteniéndose deliberadamente donde pudiera observarle. Estaba ya sobre la mesa, cuando sus miradas se cruzaron. El hombre le miraba con sus oscuros ojos e inclinó ligeramente la cabeza. Gulf se estaba acostumbrando a eso.
—¿Eres de aquí, de la ciudad? —preguntó el hombre cuando Gulf llegó a la mesa.
La pregunta pilló a Gulf totalmente desprevenido, de nuevo. Había esperado que le pidiera la cuenta o quizás más vino.
—Sí —contestó cuidadosamente.
—¿La conoces bien? —preguntó el hombre, sin ni siquiera notar la incomodidad de Gulf.
—Sí, eso creo —contestó Gulf, ligeramente más confiado.
—¿Conoces un lugar llamado El Zenith? —preguntó el hombre, su voz con un ligero toque de frustración—. ¿O algo que se llame así? ¿Un comercio, lugar, letrero o lo que sea?
Las mejillas de Gulf rápidamente se oscurecieron y abrió más los ojos mientras el hombre hablaba. Justo cuando pensaba que el hombre no podría sorprenderlo más, él va y le pregunta sobre el Zenith. Genial. ¿Habría sido eso sobre lo que él y Earth habían hablado? Quizás el hombre le preguntó a Earth sobre eso y éste no conociera el club Zenith, ¿sería eso? Gulf se ruborizó aun más y carraspeó.
El hombre notó su reacción ésta vez, e inclinó la cabeza inquisitivamente. Gulf carraspeó de nuevo, sacudiéndose la incomodidad que la pequeña pregunta le había causado.
—Es el nombre de un club exclusivo —contestó con una nerviosa sonrisa—. Los clientes son principalmente gay, o eso creo —dijo con cuidado.
El hombre sacudía la cabeza, parecía ensimismado en sus pensamientos. Frunció los labios y regresó a su libreta.
—Interesante —murmuró para sí mismo—. Puedes decirle a la mujer que me traiga la cuenta ahora —ordenó sin levantar la mirada de nuevo.
Gulf tragó saliva con fuerza.
—Sí, señor —prácticamente lo murmuró.
De regreso, dejó la bandeja y apoyó la cabeza contra la pared. Ese hombre le había hecho una pregunta y él había respondido. ¿Por qué lo había descartado, reemplazándolo por otro camarero?
Gulf se frotó los ojos. ¿Qué tenía ese hombre que lo descontrolaba con tanta facilidad? Con un suspiro, se dirigió a la cocina a buscar a Mali.
La siguiente vez que miró hacia el comedor, ella se dirigía a la mesa del hombre.
Ella habló, se dio media vuelta y se alejó.
El hombre levantó rápidamente la vista, mirando alrededor del restaurante, buscando a alguien. Sus ojos fueron hacia la puerta de la cocina por donde Gulf había desaparecido y entrecerró los ojos.
Gulf, veía desde el área de servicio, luchando por no sonreír cuando la mirada lo taladraba. Podría jurar que el hombre sabía que estaba escondido tras las persianas.
El hombre sacó un billete de su cartera y colocó el dinero en el borde de la mesa sin alejar la mirada de las persianas. Entonces se alejó con su abrigo en el brazo, no se molestó en colgarlo en su espalda a pesar del frío de la calle. Justo antes de llegar a la puerta, Earth salió del pasillo desde sus oficinas privadas e intercambiaron unas cuantas palabras.
El hombre era más alto que Earth, pero la sola presencia de Earth Pirapat podía iluminar un cuarto. Había sido médico en las fuerzas especiales, aunque Gulf nunca había tenido valor para preguntarle en que división ni por cuánto tiempo. Earth era tanto un soldado capaz, como un acaudalado comerciante. Era un hombre duro, que eclipsaba a los que estaban a su alrededor.
Gulf les observaba nerviosamente, sabiendo que su jefe le preguntaría al oscuro hombre sobre el servicio y lo que había sucedido. El hombre señaló a las persianas con su mano buena y hablaba acaloradamente. Para horror de Gulf, Earth realmente se carcajeó en respuesta. Gulf dio un paso atrás y casi golpea a otro camarero. «Jesús,
¿qué le habrá dicho a Earth para que se riera de esa manera?».
Con cuidado, movió las persianas y trató de ver qué estaba sucediendo. El hombre dijo algo más, y Earth se carcajeó más fuerte. Tomó el brazo del gran hombre y lo guió hacia la puerta, ayudándole a colocarse su abrigo. Sorpresivamente Earth se veía divertido,
«eso no es malo, ¿verdad?». Gulf tragó saliva con fuerza, repitiendo los eventos de la noche en su cabeza. No podía ver que hubiera hecho algo mal aparte de contestar las preguntas del hombre. Y Earth sabía que Gulf era gay, así que eso no podría sorprenderle a él ni a nadie que le conociera aunque fuera remotamente.
Earth salió del restaurante con el hombre; ellos estaban en el piso superior de un edificio con elevadores. Gulf contuvo la respiración un momento y la dejó salir lentamente calmándose a sí mismo, repitiéndose que todo estaba bien. Tenía trabajo que hacer antes de regresar a su casa y tratar de dejar a un lado las fantasías.
Varios minutos después, Gulf estaba limpiando una mesa cuando levantó la mirada y se congeló. Se quedó inmóvil, igual que un conejo ante la mirada de un puma, cuando vio a Earth dirigirse hacia él. Después de todo no tenía sentido huir.
Earth se dirigió hacia él, y extendió un mantel con sus manos mientras llegaba a la mesa donde se encontraba.
—¿Puedo hablar contigo un momento? —pregunto cortésmente a Gulf levantando un dedo y señalando que lo siguiera.
Gulf se recordaba a sí mismo que era solo Earth. Era el propietario del restaurante y jefe de Gulf, sí, pero también habían llegado a ser buenos amigos con el paso de los años. Asintió y colocó los vasos en la mesa antes de seguirlo. Se dirigieron al frente del restaurante y a un pasillo frente al vestíbulo, desde donde Earth guió a Gulf a su oficina privada. Escoltó a Gulf al interior.
—Él no está enfadado contigo, chico —le explicó a Gulf tan pronto cerró la puerta.
Gulf parpadeó.
—¿Perdona?
—Que él no está enfadado contigo —repitió Earth lentamente mientras metía su mano en el bolsillo. Le dio a Gulf un billete de cien dólares y asintió—. Tú propina.
—¿Qué…? —Gulf observaba el billete doblado en la mano—. No entiendo. El me dijo…
Earth sonrió, obviamente tratando de no mostrarse divertido.
—Está tratando de agradecer tu atención, no le gusta que Mali lo atienda —le confesó a Gulf con dificultad, debido a que claramente estaba tratando de no reírse.
Gulf observaba a Earth sin habla. —…no entiendo —dijo finalmente—. ¿Qué hay que agradecer? Earth se permitió reír suavemente.
—A él no le gusta Mali —le explicó a Gulf animadamente—. Dice que es demasiado curiosa. No dejes que le vuelva a llevar la comida.
Gulf se encogió de hombros, impotente.
—Bueno —miró el dinero de nuevo—. Podría haberse limitado a decirlo. Hay muchos que trabajamos en el comedor. Él puede estar en su sección en alguna ocasión.
—No. —Earth se rió mientras abría la puerta para que Gulf saliera—. No, él no lo hará.
Gulf regresó al comedor más confundido que antes. Todavía sosteniendo el dinero entre sus dedos. Después de un momento lo deslizó en su bolsillo. Sacudió la cabeza para aclararla, regresaría al trabajo. Tenía mucho tiempo para pensar en el misterioso hombre oscuro que seguiría viniendo cada martes como hasta ahora.
—¡FELIZ ANIVERSARIO! —los felicitó Gulf con una enorme sonrisa, colocando el postre especial en la mesa frente a los ojos bien abiertos de la esposa. El marido sonrió y asintió, Gulf los dejó disfrutar de su romántica cena.
Era un sábado por la noche muy atareado, y finalmente comenzaría a vaciarse el lugar cerca de las once de la noche. El restaurante había estado funcionando perfectamente y Gulf estaba en su elemento, revisando al personal y cerciorándose de que los clientes disfrutaran sus cenas. Un sábado por la noche, todo el personal estaba trabajando y no había gente esperando mesa. Otra de sus obligaciones que requería su atención en las concurridas noches, y le agradaba la variedad.
Se asomó al área de servicio y atrapó a varios camareros mirando el televisor que se encontraba en una esquina.
—¿Qué están haciendo? —preguntó a nadie en particular. Se suponía que la televisión nunca se encendía durante las horas de servicio a menos que el clima fuera malo o hubiera un gran juego por el que los clientes de esa noche preguntarían.
Ellos se desorganizaron cuando el locutor empezó a hablar sobre sus predicciones para el juego de la NFL del día siguiente. Gulf sacudió la cabeza y buscó el mando a distancia.
—Y en las noticias locales —comentaba el locutor—. El cuerpo de un hombre fue encontrado en el lago Michigan esta mañana, fue identificado como: Zee Pruk. Pruk desapareció hace tres semanas después de salir del club Zenith en el centro de Chicago. Las autoridades inicialmente pensaban que Pruk dejó la ciudad para evitar el proceso judicial en su contra, por tener tratos con sindicatos del crimen organizado, la policía califica su muerte como homicidio. Fuentes internas especulan que el asesinato fue realizado por un profesional.
Gulf apagó la televisión y sacudió la cabeza. Cuando mencionaron al club Zenith inmediatamente recordó su obsesión. El misterioso hombre al que no había visto en casi un mes y del cual, Gulf, no estaba seguro de si regresaría. Casi había logrado sacar al hermoso hombre de su mente… hasta ahora. Gulf suspiró, tomó dos botellas de vino y las llevó al salón privado de los del aniversario.
Varios minutos después, Keri se asomó al salón de la fiesta, llamando la atención de Gulf, y señalándole hacia un punto de la pared de vidrio. Había una hermosa vista de la ciudad cubierta de nieve y en el salón comedor había un hombre sentado en una mesa solo.
Era él. Él.
Gulf se quedó estudiándolo un momento. No estaba en su mesa habitual. Ni siquiera en una de la sección habitual de Gulf. Pero él sabía sin preguntar que Earth le había dicho que esperara en esa mesa y tenía una muy buena idea de por qué.
Gulf caminó a través del comedor lentamente mientras trataba de suprimir los burbujeantes nervios en su interior.
—Buenas noches —dijo cuando llegó a la mesa.
El hombre levantó la vista del paisaje de la ciudad y miró a Gulf, sus ojos registraron una breve expresión de sorpresa. Cuando se giró, la luz del área iluminó los desvanecidos hematomas en sus mejillas y cuello. Eran muy diferentes de cualquiera que hubiera visto antes y Gulf podría jurar que los hematomas en su garganta eran las huellas de dedos. El corte sobre su ojo ya no tenía los puntos de la última vez que había acudido al “Martes”, ahora era una ligera cicatriz, apenas visible. Quien fuera el que lo hubiera suturado, lo hizo muy bien.
Inclinando la cabeza a un lado, Gulf miró al hombre solo un momento. Quizás él, era un luchador profesional o algo por el estilo. Tenía el tamaño adecuado para ello.
—¿El especial de la noche y el vino de la casa? —preguntó Gulf en lugar de permitirse seguir reflexionando. El tiempo que había pasado desde que había visto al hombre la última vez en “Martes” y la desagradable manera en la que se había ido, había ayudado para aliviar la fijación que Gulf había desarrollado, así que mantuvo la compostura más fácilmente. Al menos de momento.
El hombre asintió e inclinó la cabeza hacia un lado discretamente, como si fuera consciente de la luz que iluminaba sus hematomas.
Gulf reconoció el silencio y deliberadamente bajó la vista; no quería hacer sentir incómodo al hombre. Por lo visto, volvían a la danza del silencio.
Gulf regresó cinco minutos después con una botella de vino y un vaso de cristal, y dejó el vaso junto a la cesta de pan que había llevado otro camarero. Empezó a descorchar la botella, hizo una pausa para ver hacia fuera cómo caía la nieve, y sonrió complacido antes de regresar su atención a lo que estaba haciendo.
El hombre lo miraba curioso, su expresión alegre era más de lo que Gulf podía esperar. Para colmo, estaba tarareando en voz baja; Gulf levantó la vista cuando dejó el corcho a un lado. El hombre nunca lo había examinado antes, y Gulf no imaginó que lo haría ahora, así es que sirvió un poco en el vaso.
—Necesitaré otro vaso —dijo el hombre mientras servía, su voz apenas un murmullo, como siempre.
Gulf lo movió en su mano y dejó la botella de vino.
—Claro, señor —dijo. Él se preguntó si el extraño ritual de esa noche de semanas atrás se repetiría. No estaba seguro de si quería verlo; eso fue cuando su fascinación se disparó. Pero si el hombre no iba a repetir esa situación, eso quería decir que realmente conocía a alguien.
El oscuro hombre tomó el vaso suavemente, su gran mano acunó el cristal y se lo llevó a los labios sin siquiera mover el líquido en su interior. Lo probó lentamente y asintió, aprobándolo, y dejó el vaso en la mesa.
El labio de Gulf se curvó hacia arriba de un lado. Nunca se cansaría de verlo probar el vino. Él sabía mucho de eso. Dejó al hombre un momento antes de regresar con otro vaso de cristal. Lo dejó cuidadosamente en el otro lugar y se alejó sin ningún comentario.
El gran hombre repentinamente se puso de pie cuando Gulf se alejaba de la mesa. Sus ojos examinaban la entrada, y sus dedos hábilmente abotonaban el saco mientras se enderezaba en toda su altura. El movimiento casi hace que Gulf regresara de nuevo, pero logró girarse y mirar hacia la entrada.
Keri escoltaba a una mujer a la mesa. Ella era alta, rubia y delgada, y de un tipo bastante falso, sus largas piernas estaban acentuadas por sus altos tacones de aguja y la alta abertura en su traje negro. El hombre la saludó con unas pocas palabras murmuradas y un beso en la mejilla mientras retiraba la silla para ella.
Tan pronto como llegó al área de servicio, Gulf se estaba conteniendo para ir a las persianas a ver qué era lo que estaban haciendo. Se repetía a sí mismo que tenía que actuar apropiadamente y ser respetuoso con la privacidad del cliente, y entonces suspiró, sabiendo que era una batalla perdida.
—Ésta es la primera vez que trae a alguien —dijo Mali mientras se asomaba a través de las persianas.
—Deja de espiar —la reprendió Gulf, incluso a pesar de que él quería hacer exactamente lo mismo. Mali le miró arqueando una ceja, y Gulf se mordió el labio mientras la veía.
—¿Qué están haciendo? —preguntó casi contra su voluntad.
—Está hablando con ella —contestó Mali con una traviesa sonrisa, y luego se giró para seguir espiándoles.
Gulf suspiró y tomó una jarra de agua. Si había alguien sentado en la mesa con él, entonces definitivamente necesitaba ir a revisarlos. Eso nunca había sucedido antes y al parecer estaba ligeramente celoso. Gulf pensaba que el hombre de los martes era suyo sin importar lo poco realista que eso fuera. Y si él tenía una cita, eso desbarataba todas las teorías de Mali.
Discretamente se aproximó a la mesa, en silencio tomó el vaso de ella y llenó el vaso con agua, entonces el de él.
—Recibí tu oferta esta mañana —decía la mujer en voz baja y ronca como la de alguien que fuma, mientras Gulf llenaba sus vasos—. Ése no es el precio que acordamos, Mew.
—No obstante, ése es el precio —murmuró el hombre mientras miraba a Gulf y asentía en agradecimiento.
Gulf se tragó el nudo de la garganta a causa de los nervios. Mew.
Ese era el nombre del hombre. Finalmente, después de todos esos meses, sabía su nombre. Eso le alivió. ¿Cómo nunca se le ocurrió preguntarle a Earth?
—¿Qué hay de bueno aquí? —preguntó la mujer mientras levantaba el menú.
¿Asumo que tú vas a pagar?
Mew simplemente asintió.
—El especial de esta noche es cerdo asado a fuego lento con puré de patatas y chicharos —informó Gulf después de limpiarse la garganta—. El favorito de la casa es pasta de vegetales con salsa de limón, camarones marinados en champagne y beurre blanc —algo en su interior le hacía repetir el nombre. Mew. Mew. El hombre oscuro se veía como un Mew.
—Los camarones suenan maravillosos —contestó la mujer con una sonrisa que mostró sus perfectos dientes.
Ella cerró el menú y se lo dio a Gulf.
—Y también un cosmo —agregó ella, mirando a Mew y sonriendo traviesamente—. No te molesta si bebo mientras trabajo, ¿verdad? —bromeó.
Mew entrecerró los ojos y sacudió ligeramente la cabeza.
—Si puedes improvisar tu actuación —le respondió con toda seriedad.
Gulf presionó sus labios y frunció el ceño. Cogió el menú con un suave murmullo de reconocimiento y se giró hacia el bar. Un cosmo, un clic sonó en su cabeza: Seguramente no… Dios, la mujer no podía haber insinuado lo que…. Ella parecía tener demasiada clase para eso, y el hombre, Mew, ciertamente él nunca necesitaría pagar por compañía.
Gulf tomó la orden de la mujer y no pudo dejar de observSaints. Ellos obviamente hablaban, el hombre aún estoico mientras la mujer hacía gestos con la mano.
Los ojos de Gulf se abrieron más cuando el pie de la mujer rozó deliberadamente la pantorrilla del hombre. Mew inclinó la cabeza y dijo algo en respuesta.
Tosiendo ligeramente, Gulf levantó la bebida. Se dirigió de regreso a la mesa, deliberadamente silencioso, tratando de no interrumpir su conversación.
—¿Me veo como una puta? —le preguntó la mujer a Gulf antes de que pudiera alejarse de la mesa. Gulf la miró atónito.
Mew se rió y sacudió la cabeza. El sonido envió un sobresalto directo al estómago de Gulf, y se descubrió de nuevo nervioso a pesar de que se había dicho que no lo estaría. Gulf echó un rápido vistazo a Mew, quien estaba mirando por la ventana, probablemente para esconder su sonrisa. Eso lo hacía increíblemente hermoso. Sus ojos oscuros vieron la reacción de Gulf a través del reflejo del vidrio.
A pesar de su sorpresa y del repentino calor que subió a su cuello, Gulf alejó la atención de la transformada cara del hombre, e inclinando su cabeza, contestó lo primero que se le pasó por la mente.
—Si usted lo es, señora, no hay forma de que yo pueda admitirlo. —Gulf bajó ligeramente la cabeza y se alejó, esperando que su prisa no fuera tomada como huida de la mesa. Su corazón golpeaba duro y se sentía mareado. Se detuvo en una mesa para contestar a algunas preguntas de varias personas.
—Al menos una puta muy cara en lugar de una esposa caza-fortunas —dijo Mew a la mujer con una sonrisa mientras Gulf todavía estaba en el rango de oírlo.
La mujer suspiró audiblemente y sacudió la cabeza.
—Creía que ellos eran profesionales en estas cosas —gruñó. Mew permaneció en silencio, simplemente levantó una ceja en respuesta. Ella suspiró fuerte y empezó a tamborilear su anillo de bodas contra el vidrio nerviosamente—. Entonces. ¿Cómo vamos a hacer esto? —dijo ella.
—Déjame eso a mí —respondió Mew en voz baja y calmada—. Ya hiciste tu parte simplemente con venir aquí. Tan pronto como yo reciba el pago, continuaremos.
—¿Y si cambio de opinión en el último momento? —preguntó ella con incertidumbre en la voz.
—¿Lo harías? —preguntó Mew con su extraña, calmada y suave voz.
Ella lo miró un momento antes de bajar la vista a su bebida con el ceño fruncido.
Suspiró profundamente y sacudió la cabeza.
—No —contestó—. Quiero hacer esto. Mew asintió sin palabras.
—Entonces disfruta tu cena —sugirió—, y deja de preocuparte acerca de lo que sigue.
Dirigiéndose al área de servicio, Gulf no sabía qué pensar acerca de lo que había oído por casualidad. La mujer obviamente había bromeado con lo de ser una prostituta. Entonces ¿por qué se comportaba tan notoriamente como una si realmente no lo era? Atravesó la puerta y se dirigió al mostrador, pensando que él realmente esperaba que fuera una broma. Mew era demasiado hermoso para ser un hombre que pagara por sexo. Entonces algo lo detuvo, viendo hacia la pared. ¿Y si Mew no era el que pagaba? En la última parte de la conversación él había oído claramente la palabra incriminación.
—¿Qué está mal contigo? —preguntó Mali mientras se dirigía hacia él. Gulf se sacudió.—Uh. Solo pensaba —dijo débilmente—. Estoy bien.
Mali lo examinó dubitativa. Gulf movió la mano alejándola.
—Sólo es demasiado trabajo, déjalo —dijo—. Vamos.
—De acuerdo —respondió ella frunciendo el ceño y cogiendo su bandeja de comida para dirigirse al comedor.
Quince minutos después, Gulf salió con ambos platos de comida en una bandeja, expertamente la bajó antes de mover sus platos a su mesa y esperó a que le prestaran atención.
Mew lo observaba mientras trabajaba, sus ojos lo seguían infaliblemente mientras su compañera miraba por la ventana y se quejaba de lo mucho que odiaba los inviernos en Chicago. Mientras Gulf arreglaba los platos, se dio cuenta de que le estaba mirando muy de cerca, arqueó una ceja, cuestionando.
—Gracias —le dijo Mew, la suave palabra y la intensa mirada hicieron que Gulf sintiera que a la única persona a la que veía en ese momento fuera a él.
Gulf se enderezó, sonrió nerviosamente, y asintió, tratando de decirse a sí mismo que estaba imaginando todo eso y que se calmara.
—De nada —murmuró.
—¿Eres siempre tan agradable? —preguntó la mujer distraídamente a Mew.
—No muy a menudo —contestó Mew sin quitar los ojos de Gulf. Gulf retiró la bandeja mirando a la mujer antes de mirar hacia Mew.
—Disfrute su comida —dijo exclusivamente al hombre oscuro, sintiendo un salto en su pulso ante su atrevimiento. Inició su retirada de la mesa.
Mew y su inexpresiva mirada seguía sus movimientos, y Gulf se detuvo un momento, sintiendo una extraña agitación; entonces la mujer habló, su voz quebró el momento, y él se giró dejándolos.
—Trae la cuenta cuando regreses —pidió Mew con suavidad.
Gulf volvió a mirar a Mew, asintiendo obedientemente, y se retiró; No se había dado cuenta que estaba sonriendo hasta que se encontró a uno de sus compañeros camareros mirándolo con extrañeza.
—¿Qué? —preguntó sospechosamente.
Charles sacudió la cabeza y sonrió traviesamente.
—Estás completamente ido —dijo con una sonrisa antes de llevarse su propia charola con alimentos.
Gulf suspiró y puso los ojos en blanco. Mali obviamente había hecho correr la voz. Preparó la cuenta que se le había pedido, a pesar de que varios camareros estaban tomando ventaja de la poca concurrencia ese sábado en la noche. Él no estaba nervioso, quizás solo… fascinado, ¿verdad? Sí.
Suspiró, forzándose a ser honesto al menos consigo mismo.
Estaba enamoradísimo. Quizás era la voz; era siempre baja y grave, algunas veces prácticamente inexistente. Y esa risa que oyó…
Su mente vagabundeaba de regreso a pensar que su Mew podría ser guardaespaldas, era una locura, seguro. Pero por lo que podía interpretar, Gulf no podía imaginar que el hombre pudiera aceptar órdenes por dinero. Eso podría explicar por qué había saltado y corrido cuando sonó su teléfono móvil. Arrugando la nariz, Gulf se dijo a sí mismo que eso era una estupidez. Colocó la cuenta en la carpeta y se dirigió a la mesa, estaba a varias mesas de la mesa de la ventana.
Ambos, Mew y la mujer estaban de pie; él le ayudaba con su abrigo. Ella cerró su cuello y le dio un inapropiado beso de despedida, entonces él murmuró algo al oído de ella, y ella metió su mano en el bolsillo de su abrigo deslizando algo en el interior del de él. Ella prácticamente revisó a Gulf mientras se dirigía hacia la puerta. La cabeza de varios hombres en el restaurante se giraron para verla irse.
La exhibición no hacía mucho para dispersar las teorías de Gulf, aunque si la mujer le pagara por sexo, Mew probablemente se hubiera ido con ella.
Mew esperó hasta que ella salió del restaurante antes de regresar a su asiento, discretamente se limpió el lápiz labial de sus labios y mejillas con su servilleta. Buscó en su bolsillo y extrajo una hoja de papel. Inclinó la cabeza mientras la leía, sacudió la cabeza y la lanzó descuidadamente en la mesa.
Gulf esperó hasta que él hizo eso para aproximarse con la cuenta. Dejó la carpeta cerca del codo de Mew antes de levantar silenciosamente el plato de la mujer. Resistiendo la urgencia —solo apenas— de hacer contacto visual de nuevo. O de ver el papel.
—¿Podrías hacerme un favor si te lo pidiera? —preguntó Mew tranquilamente.
Ahora Gulf no pudo resistirse, y cualquier infundado pensamiento acerca de su profesión, se derritió en el fondo, dominado por el hombre. Giró su mentón para ver a Mew mientras se enderezaba despacio. Su respuesta no fue la que normalmente hubiera dado. Así que simplemente después de estudiar un momento a Mew dijo:
—Quizás.
Mew sacó un pequeño dispositivo electrónico, aparentemente de ninguna parte, lo deslizó por la mesa bajo su palma y levantó la vista para ver a Gulf.
—¿Puedes darle esto al señor Pirapat después de que me vaya? —preguntó—. Sin que nadie te vea hacerlo —agregó.
Eso no era lo que Gulf esperaba oír. Sus ojos iban de los ojos de Mew a su mano en la mesa. Sin decir una palabra, tomó el plato de Mew, lo dejó sobre el de la mujer que sostenía y levantó las servilletas de lino, pasando la tela por la mano de Mew.
—Déjeme solo retirar esto.
Mew miró cómo sus manos se tocaban y asintió, sus ojos más inexpresivos que nunca.
—Gracias —murmuró sinceramente.
Gulf tomó el objeto con la servilleta asegurándolo firmemente.
—De nada —contestó, mirando a Mew directamente y disfrutando la manera que lo hacía sentir con sólo mirarlo a los ojos.
Mew sacó su cartera de la chaqueta y extrajo varios billetes y, sin dejar en ningún momento de mirarle, los deslizó en la carpeta de piel para dársela a Gulf antes de que pudiera alejarse.
Gulf guardó la servilleta en el bolsillo y tomó la carpeta. Finalmente alejó la mirada de Mew y miró hacia la ventana, seguía nevando.
—Ten cuidado ahí afuera —dijo sabiendo que eso significaba más de una cosa cuando se alejara.
Ya era tarde antes de que Gulf tuviera un momento para ir a ver a Earth Pirapat a su oficina. La pequeña grabadora había estado en su bolsillo toda la noche, y a pesar de haberla sacado y revisado, preguntándose qué significaba, no había tenido valor para encenderla. Giró en la esquina y se detuvo frente a la puerta de la oficina, llamando suavemente.
—Entre —gritó Earth desde el interior de su oficina. Gulf abrió la puerta y entró.
—Buenas noches, Earth —saludó. Earth había insistido en que no le llamaran
Señor Pirapat durante casi seis años.
Earth levantó la vista de los papeles de su escritorio y sonrió débilmente.
—Buenas noches, Gulf —saludó tan amigable como siempre—. ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Cómo van las cosas esta noche?
—Realmente bien —dijo Gulf con una sonrisa—. Creo que las tres fiestas estuvieron geniales, la gente se fue satisfecha… y todos bebieron mucho vino —añadió con una sonrisa cómplice.
—Maravilloso —comentó Earth divertido—. ¿Mejores propinas verdad? —bromeó tamborileando la pluma en los papeles del escritorio—. ¿Eso es todo? —preguntó, todavía amigablemente pero obviamente distraído.
Vacilando, Gulf deslizó su mano en el bolsillo y dio los tres pasos que le separaban del escritorio de Earth.
—Él me pidió que le diera esto —sacó la grabadora y la colocó sobre el escritorio.
Earth vio la grabadora, y su cuerpo se tensó inesperadamente cuando volvió a mirar a Gulf.
—¿Él? —preguntó suavemente sin tocar la grabadora. Gulf se tensó incómodo.
—Él. Mew.
Una de las cejas de Earth se arqueó y volvió a mirar la grabadora.
—¿Y oíste la grabación? —preguntó al final.
Gulf negó con la cabeza, mirando fijamente a Earth.
Earth se quedó pensativo, cogió la grabadora y la examinó antes de presionar el botón de rebobinar brevemente y después el de encendido. La suave y profunda voz de Mew se filtró de la pequeña grabadora casi inmediatamente:
»—Realmente sabes que nunca regresarás aquí.
»—Claro. En veinticuatro horas estaré en las islas Caimán, después del duelo de mi marido, no tengo razón para regresar.
»—Bien. Termina tu comida.
Earth apagó la grabadora con un clic y levantó la mirada hacia Gulf con una pequeña sonrisa.
—Gracias, Gulf —dijo complacido—. Y oye, tú no has oído nada —indicó con una sonrisa.
Gulf se encogió de hombros.
—No he oído un montón de cosas —dijo con una pequeña sonrisa aunque sin dejar de pensar en el extraño intercambio. Mucha gente habla en los restaurantes temas delicados, olvidando a los camareros que se mueven entre ellos en silencio. No sabía lo que era y no creía que quisiera saber.
—Bueno, de cualquier forma hiciste tu buena obra de la semana —dijo Earth tomando el teléfono y empezando a marcar—. ¿Qué piensas de la mujer? —preguntó distraídamente mientras esperaba a que contestara.
Gulf torció los labios.
—Ella me preguntó si se veía como una puta —dijo intrigado.
—Bien puede serlo —gruñó Earth con naturalidad—. Bueno, veremos cómo le sientan unas agradables vacaciones de ocho o diez años en una celda —agregó saboreándolo—. ¡No me dejes en espera! —gritó al teléfono y entonces maldijo por lo bajo y regresó la vista hacia Gulf—. Mew, ¿eh? —preguntó con una pequeña y conocedora sonrisa.
—Así es como ella le llamó —informó Gulf débilmente—. ¿Acaso no...
—Ese es su nombre —aseguró Earth—. ¿Qué piensas de él? —preguntó, la sonrisa convirtiéndose en a una de sus clásicas sonrisas traviesas.
—¿Que qué pienso de él? —repitió Gulf con voz temblorosa. Su mente corría a toda velocidad tratando de decir algo apropiado—. Uh. Realmente deja buenas propinas y no pide cosas estrafalarias. Es un buen cliente —finalizó, no estando seguro de qué más decir sin revelar cómo se sentía.
—Ciertamente lo es —coincidió Earth con un asentimiento, aunque su sonrisa no se debilitó—. ¿Te dijo algo de esto? —preguntó señalando el escritorio—. ¿O él sólo confió en ti y gruñó como siempre?
Gulf pensó en eso y apartó la mirada.
—Me preguntó si podría hacerle un favor. Le contesté que quizás —se encogió de hombros de nuevo.
—Algo temerario de tu parte, considerando que el hombre te pedía un favor—Earth mordía la pluma impacientemente, todavía con el teléfono en la oreja.
Gulf se animó y preguntó sin pensar.
—¿Qué pasa con ese hombre? Quiero decir, ¿si una hermosa mujer te pide un favor, no dirías sí?
—Probablemente —se rió Earth suavemente—. ¡Ah! —exclamó de repente.
—No, no, no; no en espera —gruñó al teléfono. Miró a Gulf y sonrió débilmente—. Puedes irte, Gulf —le informó sacudiendo la cabeza—. Deja que otros limpien esta noche.
—Bien —respondió Gulf con divertida confusión. Earth obviamente estaba haciendo algo que lo divertía inmensamente, y cuando Earth estaba divertido, era difícil no contagiarse de su entusiasmo.
Él miró a Earth por última vez cuando el hombre empezaba a hablar. Al menos Earth no había bromeado después de esa hermosa línea. Mientras caminaba por el pasillo, dirigiéndose hacia la cocina a por su abrigo, Gulf se decía a sí mismo que dejara de pensar en el hombre llamado Mew. Puso los ojos en blanco. Como si él pudiera hacer algo ahora.
El hombre conocido como Mew Suppasit paseaba impaciente mientras esperaba que llegara la medianoche. Sostenía el teléfono en su mano, lo había sostenido tanto tiempo que de hecho ya estaba caliente, miraba la hora en la pantalla cada pocos segundos mientras se acercaba el momento. Finalmente se permitió marcar el número de Earth Pirapat.
—Me preguntaba cuánto tiempo esperarías —dijo Earth como saludo.
—Cállate —gruñó Mew forzándose a dejar de pasear—. ¿Lo tienes? —preguntó preocupado. Él había dudado de usar al camarero, pero Earth más de una vez le había asegurado que el hombre era confiable y discreto, y su propio ligero enamoramiento lo había empujado a hacer algo irreflexivo. Había estado nervioso desde entonces... algo que no le ocurría a menudo.
—Está seguro, justo en mis manos —contestó Earth. Hizo una pausa—.
¿Realmente pensabas que Gulf no lo traería?
—Hey —gruñó Mew molesto—. Cuando salió de mis manos me preocupé. ¿De acuerdo? Soy así. No confió en ti o en tus alocadas ideas más allá de que pueda arreglarlo.
Earth se rió.
—Bueno, deja de preocuparte. Gulf me lo entregó como dijo que haría. Él ni siquiera lo escuchó antes —se detuvo de nuevo—. ¿Por qué se lo pediste? ¿Por qué no lo trajiste directamente? Sabías que estaba en mi oficina.
Mew frunció los labios pensativamente. Había pensado que siempre existía la posibilidad de que lo estuvieran siguiendo y lo vieran dirigirse a las oficinas privadas de Earth, por lo que probablemente no era buena idea ir. Pero Earth ya sabía eso. Simplemente estaba provocándole con sus bromas. Earth sabía que Mew estaba interesado en Gulf, y no podía evitar pincharle sin misericordia por eso.
—Él es más encantador que tú —contestó finalmente en lugar de darle una respuesta seria. Earth se reía.
—Eres un idiota —le respondió divertido—. Oh, por cierto. ¿Sabes que eres hermoso?
—Sí, soy consciente de eso —contestó Mew sin perder tiempo. Esperó un momento antes de preguntar—. ¿Por qué?
Se oyó una risa de nuevo.
—No importa. Hice la llamada, y ellos tienen a la gente correcta. Buen trabajo, por cierto. Ella no fue tan inteligente al darte su tarjeta de crédito, ¿huh?
—Ni de cerca —gruñó Mew —. Estoy casi avergonzado. Me esforcé tanto con ella.
¿Sabes que incluso me escribió un jodido cheque? Hablando de rastros en papel.
— ¿Qué piensas hacer con eso? —preguntó Earth divertido.
—Quemarlo en cuanto llegue a casa.
—Bueno, aprendiste la lección —contestó Earth fácilmente—. ¿Volverás la semana que viene? Es navidad, ya lo sabes, no estaré en la ciudad.
—Si tú no vas a estar en la ciudad, ¿por qué te preocupa dónde pueda estar yo? —quiso saber Mew .
—Porque no quiero pensar que te quedes solo en esa enorme mansión para navidad —contestó Earth con sinceridad.
—Que tierno —chasqueó Mew . Suspiró suavemente mirando hacia fuera a la nieve caer—. Pero como no vas a estar aquí te pregunto de nuevo: ¿qué más te da?
—Imbécil —contestó Earth cariñosamente.
—Sí. Siempre está la misa de gallo en navidad —murmuró Mew .
—Eso no cuenta como compañía —puntualizó Earth.
—Sí bueno, ya veré qué hacer —le aseguró Mew , pensando para sí mismo que si tuviera valor, probablemente encontraría a alguien del negocio de Earth. Su mente se fue inmediatamente hacia un camarero de cabello negro y ojos castaños.
—Cuídate, Mew —pidió Earth—. A menos que algo lo interrumpa, estarás libre hasta después de las navidades. Buenas noches.
—Dulces sueños, bastardo —añadió Mew sonriendo.
—Claro que los tendré. Emily regresa de Paris —dijo Earth entre risas, y colgó. Mew sonrió y sacudió la cabeza. Cerró su teléfono y lo dejó en un mueble cercano, preguntándose qué diablos iba a hacer durante varios días sin trabajo ni investigaciones. Miraba la nieve, tratando de recordar la manera en que los labios del camarero se curvaron en una sonrisa cuando veía la nieve caer fuera del “Martes.”
Gruñó ligeramente, sacudiendo la cabeza derrotado. Pensar demasiado en ese hombre no era saludable, aunque si Gulf pudiera contestarle favorablemente, si él hiciera un movimiento...
Mew sacudió la cabeza y miró hacia fuera, pensando en un hombre que realmente no conocía.