Mi Primer Sexo Oral (OneShot)

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Summary

El sexo oral es la práctica sexual en la que se estimulan los órganos genitales con la boca, labios y lengua. Cuando se realiza a las mujeres se llama cunnilingus y cuando se realiza a un hombre se denomina felación. En diversas culturas se refieren a esta práctica de muchas maneras como: mamar, chupar, etc. Gulf es un gay poco experimentado. Nunca ha deseado hacer felaciones a sus parejas, pero puede que con su inquilino Mew ese deseo despierte. Esta es una corta narrativa sobre la primera vez que Gulf se sintió listo para hacer aquello de lo que siempre hablaban sus amigas: sexo oral. Leer bajo su responsabilidad.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Mi primer Sexo Oral (+18)

Mi primer sexo oral: por Gulf.

Yo acababa de llegar de una salida con mis amigas. Estuvimos bebiendo vino y hablando banalidades. Pero al final, con un poco de alcohol en la cabeza, empezamos a hablar de sexo. Comenzamos a contarnos cosas que nos encendían. Hablamos de penes, hombres y semen. Entonces me dieron ganas enormes de irme a casa, me sentía muy caliente. Mis amigas hablaron de cosas que yo nunca había hecho, como por ejemplo chupar un miembro y probar esa esencia varonil entre dulce y amarga. Hablaban de cómo se perdía por sus gargantas y yo solo tenía eso en mi mente. Quería hacerlo, probarlo...

Cuando llegué al apartamento, que compartía con Mew un inquilino muy caliente, me percaté de que este estaba alistándose para salir. Serían cerca de las 2 de la mañana y, al parecer, él tenía pensado irse de fiesta. Cuando nos encontramos en la sala no pasaron para mi desapercibido sus cabellos húmedos y su perfume. Respiré hondo para que aquel aroma inundara mis fosas nasales, mis pulmones y mi cuerpo caliente. Me refrescó, pero a la vez me hizo sentir llamas. Desde que alquilamos el lugar, entre nosotros se instaló una tensión sexual única. Cuando nos encontrábamos durante el desayuno cada mañana, yo me tomaba el tiempo y miraba la forma de sus hombros, siempre tan masculina. Yo sabía que también me miraba, nunca llevo camiseta en casa, así que es obvio que mi cuerpo muchas veces lo ha desconcentrado de la conversación que intentamos tener, para no ceder al deseo animal de devorarnos.

Esa madrugada él noto que yo estaba caliente y asumió que estaba ebrio porque me hizo algún comentario en ese sentido. Pero yo no lo estaba, o a lo mejor sí, pero no de alcohol. Estaba ebrio de lujuria y eso le transmití con la mirada. Él se sacudió porque sabía que no mentía. Se quedó un rato pensando si irse o quedarse, sopesando si valdría la pena dar el siguiente paso conmigo. No le permití pensar demasiado, empecé a desnudarme. Tenía en mi mente todas las imágenes que mis amigas habían dibujado en aquella conversación sobre pollas y eyaculación. Yo me lamí los labios con la anticipación vibrando por mi cuerpo. Yo ya le había visto su miembro, no negaré que algunas veces lo espié mientras se tocaba en las noches, mi deseo era real, me lo quería comer.

Mew no se movió mientras yo, con mis propios dedos temblorosos me quité la ropa. Toda. Suspiraba cada vez más pesado, me miraba de arriba a abajo. Me dijo- “me vas a matar”- en su susurro antes de rendirse, sacar las llaves y la billetera de su pantalón y lanzarlas al sofá. Yo sonreí de lado, le di la espalda y me di una nalgada antes de empezar a caminar hacia el baño. Miré hacia abajo y allí estaba mi objetivo endurecido, notándose en su pantalón.

Me siguió, no fue necesario que se lo pidiera. Cuando empezó a sonar el agua de la ducha apareció detrás mío suspirándome sobre la piel. Estábamos piel con piel, no supe cuándo se había desnudado y tampoco supe cuándo me había empezado yo mismo a tocar. Sentía la humedad de la ducha invadir mi cuerpo caliente, pero también sentía humedad saliendo de mi hacia mi estómago, hacia donde apuntaba mi propia erección. Joder, se empezaba a sentir como decían mis amigas.

-“¿Estás seguro de esto?“- preguntó antes de que yo me diera cuenta de que me estaba frotando contra él. Por un momento me despegué de su piel y lo miré. Asentí y empecé a descender por su cuerpo. Sus ruiditos me encantaban. El agua se detuvo a mis espaldas. Sus manos tomaron mi cabeza guiándola hacia abajo, yo saqué mi lengua para probar todo a mi paso. Traté de ubicarme mejor mientras lo miraba a los ojos y le dedicaba todo mi deseo. No quería que pensara que lo estaba haciendo porque no estaba en mis cabales. Lo estaba haciendo porque me sentía maravilloso al pensar en dar y recibir placer de esa forma. Tomé su pene con mi mano y antes de empezar a mover esperé su señal, asintió y el movimiento Comenzó.

Primero fueron mis manos inexpertas las que se movían arriba a abajo de aquel falo. Empezó a humedecerse y lo acerqué a mi cara, lo froté por mis mejillas, por mi mandíbula y finalmente rozó mis labios. Sentí su sabor y todo se nubló. El deseo se intensificó, saqué mi lengua y probé. No tuve cuidado de lamer toda la cabeza y llenar mis papilas gustativas. Si, mis amigas tenían razón, era como ver estrellas. Sin saber cómo lo hice me lo llevé todo adentro, hasta la garganta, sentí un pequeño reflejo de mi estómago, pero me acostumbré pronto. Mis amigas me habían advertido, sin quererlo, sobre eso. Me dejé llevar de sus jadeos. Decía mi nombre –“Gulf, oh, Gulf”- y respiraba cansado. Me lo saqué de la boca y sonreí al encontrarme con sus ojos. Una de sus manos me apretó suavemente un pezón. Había corriente eléctrica entre nosotros. yo gemí sobre su miembro y sentí como este brincaba por entrar en mi boca. Me alejé de él mientras me ocupaba de sus testículos. Los lamí suavemente, los mojé exageradamente, se sentía maravilloso. Regresé a mi objetivo de esta noche, la erección roja, caliente y con presemen.

La chupé de nuevo, pero esta vez con movimientos rápidos. Había mucha saliva, mucha humedad, se me escurría por las comisuras de la boca, él sonreía desde arriba con placer y yo movía mi lengua de un lado al otro añorando sentir su orgasmo en mi garganta. Los movimientos tenían sonido propio que retumbaba en la ducha y era la más preciosa música de fondo. Cada vez iba más adentro y los ojos me lagrimeaban. La quijada me dolía un poco, pero nada había sido igual que esto. Se encorvó un poco y me pidió que parara, yo negué con la cabeza y le di a entender lo que quería. Él se dejó ir con un precioso gemido que casi parecía un rugido. Entonces lo sentí, las contracciones de su miembro en mi boca y posteriormente su sabor para nada amargo, más bien dulce, adictivo y placentero. Seguí chupando, limpiando e intentando obtener más. Él me separó de su miembro un poco y me dio una sonrisa lobuna, yo sabía qué quería.

Me erguí y encendí la ducha, todavía me hacía falta quitarme de encima el olor a cigarrillo, cerveza y otras mierdas. Él me ayudó enjabonándome y después quitándome el jabón. Se enfocó en mi pecho acariciándolo con dedicación, pude haberme quedado en la ducha toda la noche, pero nada habría quitado el calor en mi cuerpo. Solamente él podía. Después de estar totalmente enjuagado lo miré fijamente y me acerqué como un lobo a su presa. Le di un beso casto antes de voltearme y frotar mi culo contra su medio endurecido falo. No hizo falta nada más para sentirlo duro como una piedra. Me llevó contra la pared fría y fue como si el calor que se expandía por mi cuerpo hubiera hecho ese sonido típico del agua cayendo en un recipiente caliente. No quería queme soltara, acomodó su pene entre mis piernas, todavía sin entrar, el maldito solo jugaba y yo ya me sentía ido. Me acarició la cadera con una mano y con la otra me apretó el cabello. Él sabía que me encantaba estar sometido, lo hablamos alguna vez cuando me preguntó por mis ex. Moví mis manos hacia atrás de mi cuerpo y lo acaricié. Me decía cosas, pero yo no entendía y no las quería entender, yo simplemente estaba tan caliente que necesitaba que hiciera algo al respecto y lo hizo, ahí contra la pared del baño hizo que me acomodara y empezó a penetrarme, pero no con su miembro, empezó con sus dedos.

No sabía si esos gemidos lejanos eran los míos, yo no escuchaba nada, solo sentía y qué genial que era eso. No se detuvo. Uso sus dos manos para tocarme ahí ahora. Mientras con una mano me penetraba con la otra me acariciaba la polla. -“necesitamos un preservativo”- me dijo y yo quise negarme, pero no pude, sus manos con demasiada maestría me llevaron y me trajeron en mi orgasmo. Vi luces de colores antes de sentir que me caía en el piso frío de esa ducha. Él me sonrió con superioridad, era obvio que con ninguno de mis compañeros anteriores había gritado de esa manera. Él lo sabía, porque yo no soy muy silencioso. Vive conmigo desde hace años. Mientras intentaba recomponerme de mi clímax, él hizo el trató de salir a buscar el preservativo, yo lo detuve y me acerqué con decisión a su miembro, lo tomé en boca y lo volví a chupar. La gloria. Él se quejó por un momento, pero después me folló la boca sosteniéndome de la cara. Me miraba con tanta lujuria que me atravesaba la piel. Alcanzó su orgasmo de nuevo, me lo dejó en la boca, en la cara y en mi pecho. Me frotó su pene untado por la boca y yo lamí con gusto. Nos bañamos de nuevo y decidimos ir a la cama de alguno a descansar. Pero él no me dejó dormir hasta que quedamos en empate de orgasmos. Al llegar a mi cama se apresuró a pasarme la lengua por las piernas hasta llegar a mis muslos y finalmente darme un lametón en cerca de mi miembro. Fue mi turno de follarme su boca una y otra vez.

No supe a qué hora me quedé dormido pero lo que vi cuando abrí mis ojos fue lo que siempre soñé desde que lo conocí. Estaba desnudo, acostado boca abajo y con una pequeña sábana tapándole su hermoso trasero. Me tomé el tiempo de observarlo y detallarlo, pero no pude evitar recordar lo que había pasado en la madrugada. Sonreí de satisfacción porque siempre quise hacer todo esto con él. Sentí la boca seca de la sed que se generó en mí de probar de nuevo su boca, sus fluidos, sus sabores. Mientras lo veo se mueve un poco para acomodar una de sus manos por debajo de su almohada. Me encanta ver cosas tan cotidianas y simples que me parecen únicas y especiales. No se despierta, está muy cómodo. Me muevo un poco hacia su lado y poso mi cabeza en uno de sus hombros –“tienes una cama muy cómoda”- me dice suave. Me hizo sonreír ese comentario, me hizo feliz porque justo quería pedirle que durmiera todas las noches en mi cama. Dejé besos en su hombro, después me fui levantando lentamente para hacer un camino de besos hasta su espalda. Saqué mi lengua y lamí más. Se removió y gimió. Quité la sábana y le dije que se volteara. Quería encontrarme de nuevo con aquel falo de sabores. Si, estaba erecto. Me acomodé entre sus piernas, besé y succioné su piel cerca de su entrepierna. Dejé caminos de saliva por todas partes hasta llegar a la cabeza endurecida de la que empezaba a salir presemen. Lo tomé en mi boca una y otra vez, de nuevo. Se removió en la cama dejando salir sonidos eróticos que iban directamente a mi polla. Succioné con más fuerza y de un gruñido me apartó. – “Hoy quiero probar algo nuevo” – me dijo con voz suplicante. Yo sonreí comprendiendo lo que quería. Quería lograr lo que no pudo en la madrugada, quería tomarme de todas las maneras posibles. Quería que me montara sobre él y sacara mi mejor arsenal gimnasta para moverme sobre él y hacernos llegar a la gloria. Sin duda lo haré, será la primera vez que me entregue a él. Un tema que relataré después. Sin embargo, hay que decir que desde ese día no dormimos separados. Pusimos en alquiler su habitación y ambos acomodamos nuestras cosas en la mía. Cada fin de semana repetimos lo mismo y para mi siempre es como la primera vez. Lo nuestro no es solo sexo, queremos compartirlo todo. Por eso, hemos dado un paso más allá. El mes que viene nos entregaremos el uno al otro en matrimonio. Se vienen maravillosas celebraciones para nosotros.