Capítulo 1
Dos años después.
El cielo estaba totalmente despejado, de acuerdo a la época. El sol en la isla era agradable, era reconfortante, engañoso.
Reforcé el nudo de las botas militares antes de continuar por el camino que atravesaba el bosque que pertenecía al refugio. Bajar la guardia era algo imposible aún, internarme entre los árboles me hacía sentir parte de este mundo y no de una mentira. Era lo qué acostumbraba hacer desde que llegamos, casi como una necesidad.
Todo lo que habíamos pasado había quedado atrás, o al menos, eso queríamos pensar. Todo era tranquilo ahora, tan ajeno, que era aterrador.
¿Cómo podíamos tener paz sabiendo lo que había del otro lado de las rejas?
Después de toda aquella pesadilla qué vivimos, era difícil iniciar de nuevo y acostumbrarse a vivir, a veces todo parecía una verdadera broma pesada, un sueño donde tarde o temprano vas a despertar.
Ya dos años habían pasado y habíamos sido capaces de pensar en pequeños aspectos de la vida que no eran necesarios para sobrevivir.
El refugio brindaba todo lo que necesitábamos, desde protección, hasta un techo donde dormir y llamar tuyo. Así fue como las personas dentro empezaron a olvidar.
Pero sabía a que nos enfrentábamos, no podía cerrar los ojos a lo que habíamos sufrido. Esos seres no tenían control, no seguían normas, no había un patrón de ataque. No eran ajenos a nosotros.
En cualquier momento, instante, todo podría volver a ocurrir.
Levanté la guardia al escuchar otros pasos detrás, no era difícil de prestar atención cuando el único ruido que había era el sonido de las hojas moverse a causa del viento. Pero justo antes de poder girar, la voz de esa persona me detuvo y caló en lo más profundo de mí.
— ¡Hyung! —
Escucharlo hacía que todo mi entorno se revolviera, no necesitaba que mis ojos le vieran para poder reconocerlo.
Jamás la olvidaría.
— Jihoon…— sonreí.
Verlo era como un deseo que persistía en medio del dolor, a pesar de todo lo que sufrimos, tenerlo frente a mi era lo que más me había costado sobrellevar.
Se acercó y se colocó a mi lado, con una actitud indecisa, inseguro de si estaba bien hacerlo o no.
Mis manos picaron, y aún en medio de la incredulidad, y el sentimiento de felicidad, no pude evitar despeinar un poco su cabello, la única muestra de cariño que fui capaz de dar por muchos años.
— Hyung, no hagas eso. — se quejó, pero su inseguridad fue remplazada por una leve sonrisa.
Debería de sentir dolor pero no lo sentía, no por ahora.
Ambos retomamos el camino, a pasos tranquilos, uno al lado del otro. Lo observaba de reojo, después de todo era mi hermano, quien ahora era un adolescente de diecinueve años.
— Quería caminar contigo. — me dijo, pasando su mirada hacia sus pasos.
Solo caminar a su lado y poder verlo, era suficiente para mi, me daba fuerzas. Las cosas eran tan distintas ahora y él parecía saberlo.
Lo acerqué más y dejé caer mi brazo por encima de sus hombros — Gracias. — y un “yo también” se atoró en mi garganta.
Era como una maldición, igual que aquella vez, en aquella tienda de campaña rodeada de nieve.
No podía decirle más a Jihoon, era desconsolador sentir las palabras en mi garganta, palabras que nunca llegaban a los oídos de él.
Pero como siempre, Jihoon volvía a verme y de una manera silenciosa me hacía saber que no era necesario, que él lo sabía.
A veces tenía que aceptar solo el hecho de poder verlo.
Poco a poco los árboles eran menos densos y bastos.
— Jihoon... Lo siento. — aquello salió casi como un murmullo de mi boca. Había cometido tantos errores, pero su vida era el que más pesaba sobre mis hombros.
— No fue tu culpa, hyung... Ni de Jungkook... — sus ojos cerraron con pesar al pronunciar aquel nombre, y de pronto, me detuvo, para quedar cara a cara. — Estoy bien. Ya no tienes que preocuparte, vuélvete más fuerte, pero no para mí. —
Lo miré con dolor, era cruel, sus palabras eras difíciles de aceptar aún.
Noté aquel brillo en sus ojos, ese brillo por el que luché durante toda mi vida, muy diferentes a los ojos sin vida de aquella última vez.
Lo extrañaba.
— También te extraño, hyung. —
Lo extrañaba
,
lo necesitaba pero también era capaz de entender. Él siguió caminando, sin esperarme.
— Jihoon... — lo llamé torpemente. Sabía que solo podía verlo irse, ni siquiera me pregunté porque no podía seguirlo.
Respiré profundo. Estaba bien, mi pequeño hermano menor estaba bien.
— ¡Suga! ¡Vamos hombre, despierta! —
Abrí los ojos con pereza, sin ánimo, y al mismo tiempo, tratando de acostumbrarme a la luz del día. Confundido y aún adormilado, levanté la mirada hacia el causante de que despertara, muy consciente de que solo era un sueño.
Jihoon estaba muerto.
Echándole un vistazo a nuestro alrededor, me estiré, bostezando, aún apoyado en un árbol.
— No sé porqué te pido que me acompañes, siempre haces lo mismo. —
— También me lo pregunto. — sonreí sin ánimo.
— Empezaré hacer lo mismo. — replicó sonriente, siempre decía lo mismo, pero nunca lo intentaba.
Aún sentado, limpié mi ropa de la tierra — ¿Todo bien con las rejas? —
—Todo en orden. — informó, extendiendo una mano hacia mi. Sin dudarlo, la tomé y me puse de pie. — Estuve a punto de dejarte aquí dormido. — rio.
— Tienes un corazón muy bueno para algo así. — lo molesté.
— Bien, la próxima vez lo haré — aseguró, acomodando el cinturón donde llevaba un par de cuchillos militares.
Caminamos de regresó a las residencias, todo a nuestro alrededor estaba tranquilo, era el mismo ambiente que en el sueño, incluso era igual de desolado. Ningún refugiado ponía un pie en el bosque por lo que implicaba, era estar más cerca de lo que no querían ver.
— Jonghyun... —
— Dime.—
— Hoy se cumple un mes sin tener ningún trabajo a mi cargo.—
Realmente solo estaba acompañándolo, nadie me lo había ordenado.
Ambos éramos de los pocos refugiados que nos ofrecimos a formar parte del ejército. No hacíamos mucho, nuestro entrenamiento militar iba terminar este año, pero teníamos experiencia contra los infectados y no tardaron en incluirnos en algunas responsabilidades.
Le enseñábamos a los refugiados a defenderse, había temporadas en que patrullábamos, pero lo más común era ser los encargados de las rejas, incluyendo una de las tres puertas que rodeaba el refugio.
Pero aquello último, se había vuelto una responsabilidad únicamente de Jonghyun. Lentamente pasamos de tener varios trabajos dentro del refugio, a solo vigilar las rejas. Luego no hubo ninguna responsabilidad para mi desde hace un mes.
Había llegado a la conclusión de que Jonghyun aun seguía a cargó porque mantenía con él una de las llaves que abría una de las rejas hacia el exterior.
Guardó silencio, sabía que él también se había dado cuenta de que algo estaba pasando. — No tiene que ser algo malo, hemos trabajado mucho desde el primer día. ¿Por qué lo dices? —
— No sé, es extraño, realmente no me importa mucho. — fruncí el ceño, no muy seguro. — Pero no creo que solo sea un “descanso” por ser los mejores trabajadores del mes. — hice una mueca imaginando el trabajo extra atribuido por todos esos días sin responsabilidades.
Simplemente, el gobierno no trabaja así de fácil.
— Por esta vez, intenta no pensar de más y descansa. —
No me quitaba el sueño, pero quería una razón.
Nadie quería tener ninguna cercanía con los infectados y muy pocos parecían tener una mente fría a la hora de enfrentarlos. Habían refugiados que llegaron hasta aquí sin saber como acabar con un infectado. Inteligentes o absurdamente suertudos.
El viento empezó a soplar para cuando entramos al valle, donde se encontraban todas las residencias de los sobrevivientes.
Eran pequeñas estructuras idénticas, un mismo tamaño y diseño básico. Un techo sobre cemento, lo suficiente para llamarlo casa.
Seguimos caminando en silencio, nos llevábamos bien, lo suficiente para convivir sin palabras de por medio.
Los niños correteaban entre los caminos a esa hora, siendo vigilados por algunos ancianos, eran pocos y aquella era su única función. No podían ayudar de la misma manera que el resto de refugiados y cuidaban gustosos a los mas pequeños, en especial aquellos que se encontraban solos.
Aunque se respiraba un aire pacífico, eran muchas mascaras que cubrían el miedo y la tristeza. La gran mayoría había perdido al menos a una persona intentando sobrevivir o habían experimentado algo que los perseguirá para siempre. No era fácil olvidar un hijo, un padre, una pareja o incluso un amigo, y de una manera tan cruel.
Ni siquiera nosotros estábamos abstennos.
Nos detuvimos al llegar a mi residencia, Jonghyun puso su mano en mi hombro en forma de despedida.
— ¿Van a venir a cenar está noche? —
— Le diré a Jimin... —
— Lo tomaré como un sí. — rio.
Asentí, entendiendo a lo que se refería — Nos vemos en la noche. — confirmé.
— No lleguen muy tarde. —
Entré a nuestra residencia, dentro no habían habitaciones, solo un cuarto de baño, no existían lujos, ni cosas valiosas, todos teníamos lo justo y lo necesario.
Noté de inmediato que Jimin no se encontraba dentro. Pero la brisa fresca disipó cualquier intento de preocupación, provenía de la puerta al lado contrario de la habitación.
— ¿Jimin? —