Real Psycho

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Summary

Luego de varias semanas investigando una serie de macabros asesinatos, la policía de Londres decide recurrir al detective Adam Coil por ayuda. Sin embargo, lo que ninguno sabe, es que el autor de esos crímenes es mucho más inteligente de lo que aparenta, y peor aún: cuando las voces hablan, él solo obedece.

Status
Complete
Chapters
13
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1-. Real Psycho

—Hazlo, deja de dudar y hazlo —le susurraron varias voces a la vez.

—¡Cállense! —gruñó el hombre, cubriéndose los oídos con desespero—. ¡Déjenme en paz!

—¡Mutílate, mutílate! —las voces se hicieron más potentes en su cabeza—. Sangre, sangre, queremos sangre.

—No, por favor, no me obliguen —lágrimas de angustia corrieron por sus mejillas.

—Tú o ellos, decide ahora.

Un escalofrío bajó por su espinazo, la jaqueca se intensificó; sus pupilas se encogieron del miedo, y sintió la boca completamente seca. El hombre subió la mirada hacia el espejo del lavabo, y observó cómo su reflejo se mofaba de él, para luego cortarse el cuello y salpicarlo todo de sangre.

—¡Lárguense de una maldita vez! —rugió, dándole un fuerte puñetazo al cristal.

—Tú o ellos.

—Lo haré, lo haré —masculló, cabizbajo—. Serán ellos.

—Buen chico, tus herramientas están en el piso de abajo. No nos decepciones.

El hombre miró las cicatrices en sus brazos, e inmediatamente recordó las consecuencias de desobedecer. Bajó las escaleras con rapidez y entró al depósito de la casa. En su interior había cientos de herramientas para todos los usos. Entre ellas, las tijeras que utilizó para cortarle el cuello a un tal Christian, para luego embalsamarlo y colgar su cráneo en aquel cuarto, junto a las de sus compañeras de fechorías, quienes fueron desmembradas vivas por Rin, la motosierra que yacía apagada en medio de la estancia.

—Eras una maldita en vida —el sujeto soltó una sonora carcajada, y se giró hacia la cabeza que colgaba del techo.

Se trataba de una pelirroja muy atractiva que había intentado lastimar a su prometida unos meses antes. Sus ojos cafés permanecían abiertos con incredulidad, sus labios estaban torcidos en una mueca de horror, y aún tenía algunos dientes rotos en su interior. El cabello le caía hacia la izquierda y faltaban algunos mechones, que habían sido arrancados durante el forcejeo. Un corte irregular y rodeado de hematomas le recorría el medio del cuello, y a través de este, se podía distinguir algo de hueso. En cuanto a su nombre, empezaba por la letra Y, pero él ni siquiera se había molestado en memorizarlo. No era relevante.

—¿Quién lo diría, guapa? —negó con la cabeza—. Si hubieras continuado tu camino seguirías con vida —posó la vista en otra de sus víctimas—. ¿No lo crees, Christian? —tomó el objeto contundente más cercano y se lo arrojó.

Era un sujeto de piel negra, facciones rústicas y un ridículo peinado moderno, donde acostumbraban rapar a los lados y dejar la parte superior, que se había teñido parcialmente de amarillo, completamente intacta. Una de sus orejas había sido cortada por tijeras, dejando un muñón sanguinolento en su lugar. Los ojos fueron extraídos mientras aún vivía, y su boca, despojada de lengua, había sido suturada con brusquedad.

Al fondo, colgando de forma casi imperceptible, se hallaba la cabeza de su otra compañera. No obstante, de este solo quedaba un amasijo de piel y huesos astillados, aunado a un cartel que rezaba: “Envidiosa hija de puta”.

Generalmente las voces escogían a las víctimas y él se limitaba a seguir instrucciones, pero en esa ocasión lo habían recompensado permitiendo que se divirtiera y los hiciera pagar por las cosas que osaron hacer en vida. Incluyendo un intento de asesinato contra él y su chica. Eso era imperdonable, absolutamente...

—Lleva el hacha, será perfecta para hoy —dijo una voz, sacándolo de sus pensamientos—. Recuerda deshacerte de la evidencia.

El hombre asintió, tomó el arma y salió a la calle para cumplir su misión. De lo contrario, tendría que derramar su propia sangre...

Despierto desorientado y en el centro de una construcción abandonada. A mi alrededor hay montones de cadáveres, y junto a mi cabeza yace un hacha ensangrentada. Mi cuerpo da un respingo involuntario, e inmediatamente se me forma un nudo en la garganta. ¿Qué está pasando?

Algunos de los cuerpos parecen ser recientes, aunque otros dan la impresión de llevar bastante tiempo de descomposición. Signos extraños dibujados con sangre cubren gran parte del lugar, que en su tiempo estaba pintado de blanco. Las ventanas tienen los vidrios rotos, no hay puerta, y falta una parte del techo.

De repente, una silueta pasa con rapidez y se pierde de vista. Me levanto con dificultad, y un fuerte escalofrío baja por mi columna. ¿Será el causante de todo esto? En seguida, me doy cuenta de que es la opción más probable y el miedo se apodera de mí.

Echo a correr hacia la salida más cercana, sin embargo, en el trayecto me tropiezo con un cadáver y caigo de bruces. Mientras aún estoy luchando por levantarme, veo a la silueta de pie al otro lado de la ventana, observándome con detenimiento.

Sin pensarlo dos veces, salgo disparado hacia el exterior, y caigo en cuenta de que me encuentro en un bosque desconocido para mí. Una tenue luz acompañada de neblina pasa a través de los árboles, dándole un ambiente aún más lúgubre a la escena, y un silencio casi absoluto amenaza con hacerme perder la razón.

Entonces, la silueta se desliza en mi dirección, y corro a tanta velocidad como me lo permiten las piernas.

—¡Auxilio! —grita alguien a mis espaldas.

Decido no volverme, y mantengo la velocidad mientras busco algún escondite con la mirada. En ese momento, diviso a la distancia lo que parece ser una cabaña, y con el corazón latiendo al máximo, me dirijo hacia allá. Montones de hojas secas crujen bajo mis pies, y el sudor me baja por la frente, amenazando con caer en mis ojos.

Finalmente, logro dar con la entrada del lugar. La madera está enmohecida, y parece estar a punto de venirse abajo, pero esa es mi menor preocupación. Pongo la mano en el pomo, y estando a punto de girarlo, la puerta se abre de golpe. Un torrente de adrenalina invade mi cuerpo, y la respiración me abandona por unos segundos. Parado a centrímetros de mí, se encuentra el causante de aquella carnicería.

Es de estatura mediana, espalda ancha y pecho prominente. Solo viste un raído jean azul y zapatos negros deportivos, su largo cabello negro le cae sobre los hombros, y aquel par de ojos oscuros transmite una sensación de terror y desasosiego. Algunas manchas de sangre fresca adornan su cuerpo, y cuando trato de verle el rostro, reparo en que trae puesto un enorme bozal de cuero.

—¿Qué se supone que eres? —retrocedo, jadeando por el cansancio—. ¿Por qué me persigues?

—Me pusiste esto para callar mi boca —responde con voz gutural—. Pero cada vez que mato, estoy un paso más cerca de ser libre.

Trago saliva, y el sujeto posa una de sus manos sobre el bozal.

—Serás el único que pueda conocer cara sin morir en el intento.

Antes de que pueda hacer o decir algo al respecto, se arranca el bozal de un tirón y veo que ese monstruo... Ese monstruo soy yo.