Kat
— Repasando los hechos nuevamente...— Comenzó a decir una chica de cabellos largos y un poco ondulados, esta se acomodaba un poco mejor el armazón de sus lentes que hasta ahora descansaban despreocupadamente sobre la punta de su nariz y frunciendo un poco el ceño intentaba entender por completo lo que la otra le explicaba.
— Alejandra, concéntrate— reprendió la otra remarcando un poco mejor las flechas color rosa y otras azules, producto de los plumones que había tomado prestado de otra de las jóvenes presentes — Dijimos que le gusta ir de compras y que además se cuida mucho el cabello— señaló a la nube donde había escrito eso
— Y que viste más a la moda que yo... ¡Ah! también se saca la ceja, se le ven muy bien a decir verdad— divagó un poco algo embobada en aquello, lo que la hizo rodar los ojos e intentar volver a traerla a la realidad con un pequeño golpe en el brazo — Kat...— se quejó de manera un tanto infantil observando con reproche a la que era su mejor amiga
— Es que esto es importante, ¿Cuánto te dieron en total las flechas rosas?— bajó la vista hasta la hoja de papel llena de garabatos, contando ella las de color azul
— Son como veintitantas...— le miró un poco curiosa, Katherine le había dicho hace apenas unos quince minutos que con ese increíble estudio que estaban haciendo llegarían a una increíble respuesta después.
— Entonces ahí lo tienes...—
— No puede haber duda...—
— ¡Alonso es gay!— medio dijeron, medio gritaron ambas chicas bastante anonadadas con su descubrimiento, llamando la atención de las otras tres.
Aquel grupo de amigas era conformado por 5 integrantes principales (o así solían denominarse entre ellos mismos) todas féminas y bastante diferentes una de la otra. Fue entonces que una más bajita que las otras dos y de cabellos perfectamente alisados les miro con algo de terror, además habían hecho que soltara su botella de agua de la cual estaba viviendo, provocando que se mojara un poco, aunque eso parecía ser lo que menos le importaba
— ¿Mi Alonso? ¡Pero eso no puede ser! ¡Yo lo amo!— hizo pucheros y parecía como si pronto quisiera hasta a empezar a llorar, por lo que una de ellas actuó rápido al respecto
—Katya tranquila, hablamos del otro Alonso... tampoco del que es novio de Kelly. El otro, otro— Alejandra se acercó lo suficiente como para abrazarla, lo cual Katya no rechazó
—Entonces es del mejor amigo de Katherine ¿No? hablan de Pancho— Dijo Idhania quitándose uno de sus audífonos morados en forma de agujeta y acomodándose un mechón blanco en su negro, corto y ondulado cabello, la mencionada asintió
— Ay, pues yo no entiendo nada— por último Cristina tomó la hoja con la que habían estado escribiendo las dos más altas — Además... ¿Qué no ya sabíamos eso? Hasta tiene novio— Y esa aclaración solo hizo que Kat la mirara con obviedad.
— Es solo por amor al arte— concluyó esta misma al final
— ¿Qué es por amor al arte, licenciada?— preguntó esta vez uno de los chicos que se acercó a ese pequeño grupo acompañado de uno más. Ambos eran como polos opuestos, yendo desde algo tan simple como uno tener el pelo rizado y el otro completamente lacio. Fue esta vez André el que preguntó. Ella solo hizo un ademán restándole importancia a modo de respuesta para el chico italiano
— Quizás es un plan del gobierno junto con la CIA sobre como eliminarme, ya que soy inmortal, además de increíblemente guapo y estar mamadísimo— por supuesto los comentarios de Ian no se hicieron esperar, haciendo reír a todos los presentes, sobre todo a Katherine
— Ash... Cállate André...— la chica dijo refiriéndose al más alto, cabe resaltar que Ian era su segundo nombre y era fácil molestarlo si se le decía por el primero, por lo que comenzaron una ridícula discusión como era ya su costumbre
— En fin, los licenciados siempre pelean— el verdadero André solo se encogió de hombros mientras se acercaba a Katya, ella era algo así como su mejor amiga, razón por la que solía acompañarles en los almuerzos
Todo parecía estar perfectamente en su lugar, todos los amigos de la señorita Katherine eran ruidosos, por lo que rápidamente el sonido de sus risas y platicas se intensificó y de seguro era entendible para los que estaban en las aulas vecinas. Cosa que no le pareció demasiado agradable a Dinorah R. la profesora en turno, que con su sola presencia dentro de la habitación logró ponerlos rápidamente en orden... probablemente ya que al hablar les lastimaba un poco los oídos con su aguda voz, aun así le agradaba mucho a nuestra chica protagonista.
Se sentó en el escritorio y con su típica sonrisa que irradiaba felicidad e irritación a partes iguales comenzó a nombrar la lista de asistencia, ella les daba clases de literatura desde hace más de un año y era hora que no podía pronunciar sus nombres o dejar de cambiarlos un poco, comenzaban a creer que era a propósito, era como si la letra K se confundiera dentro de su cabeza o que en esa sala hubiera casi un 40% de estudiantes que compartían aquella inicial.
Se aclaró la voz antes de comenzar a recitar aquellos nombres en voz alta.
—André Gu...— la profesora fue interrumpida con un "presente" por parte del chico italiano, al que fulminó con la mirada pero siguió con su labor de contabilizar a los presentes, hasta otros 8 chicos más
— Are...— La chica delgada y de lentes fue incluso más rápida, tanto que su primer nombre no fue escuchado — Alejandra, listo —
—Entonces, Ian Andr... — esta vez fue el André de segundo nombre quien se apresuró a contestar y sí que pareció molestarle que no le dejaran terminar, era como si tuvieran cosas que esconderles a todos los demás, cosa que confundía de sobremanera a la profesora — Última vez... — sentenció mirando de reojo a todos sin que ninguno le contestara en realidad, tomándose muy enserio eso de no hablar.
— Katya… Me equivoqué, ¡Katherine! Sar— el desconcierto por ser desobedecida no se hizo esperar, luciendo algo exasperada cuando esta levantó la mano antes de que pudiera continuar, suspirando pesadamente y rodando los ojos.
La siguiente hora y media ya no le importó demasiado a Kat
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Habían terminado por fin con su bendito horario de aquel día y afortunadamente no tenían actividades extras que hacer, por lo que después de estar hablando por un rato cada quien tomó su camino y solo Alejandra e Idhania se quedaron en compañía de Katherine, pues aun no querían irse.
— Bueno... ¿Y qué tal Ian...?— Alejandra intentó que aquello sonara lo más natural posible, pero no fue tan sencillo ya que la mayor le leyó como si fuera transparente
— Yo creo que desde que le tocaste allí abajo te haces ilusiones con él...— Su sonrisa indicaba total malicia, pero el rostro de desconcierto por parte de la del cabello con un mechón blanco y después el color rojo que invadió todo el rostro de la que había preguntado fueron suficiente para hacerla reír
— Pero... que... en qué momento... Alejandra...— fue algo parecido al terror lo que había en el semblante de Idhania cuando giró para ver a la mencionada, la que casi grita mientras negaba con la cabeza
— Fue un accidente, además también era un secreto— esta vez miró mal a la más alta, entrecerrando los ojos con desconfianza y de una manera algo graciosa
—Pero aun así lo disfrutaste...—
— ¡Claro que no!—
—Apuesto a que si—
Esta vez fueron las tres las que comenzaron a reírse a carcajadas mientras seguían avanzando, aunque en algún momento Alejandra pareció tensarse un poco y a Kat no le dio tiempo a preguntar
— No voltees— ordenó en un tono serio, observando a alguien un poco más lejos que ellos — Iván número uno está como a dos metros...— Las otras dos lucieron más cautelosas ante esa información, intentando lucir naturales de una manera bastante exagerada
—Espera, le dije que hoy saldría temprano y que podíamos irnos juntos—explicó y casi como si le hubiera llamado el joven de unos semestres mayores que ellas les miró y se acercó a donde estaban
Vivían muy cerca uno del otro y aun cuando la idea de recorrer el largo trayecto hasta sus hogares no le parecía del todo cómodo no le molestaba tampoco, nunca podría sentirse mal a su alrededor, aun cuando se sintiera algo agobiada cuando se encontraba tan cerca de ella
Lo demás pasó rápido por lo que después de las despedidas siguieron su camino primero en silencio, pero no engañaban a nadie, se conocían lo suficiente como para charlar sobre cualquier cosa durante todo el recorrido y eso fue lo que pasó.