【Trick or Treat】
La familia Na se mudó de casa poco después de que Jaemin cumpliera sus 10 años por una sola razón: su mamá estaba embarazada. Al contrario de cómo muchos podrían imaginar, la reacción del pequeño ante el embarazo de su progenitora fue de pura felicidad. El cachorro estaba tan emocionado que constantemente se la pasaba pegado al lado de su madre hablándole a su pancita con euforia y entusiasmo. Además, no tardó en contarle a sus amigos que tendría un hermanito o hermanita. La verdad no le importaba demasiado si era chico o chica, él le querría muchísimo de todas formas.
Era la tarde de un martes en la nueva casa cuando el castaño se encontraba realizando su tarea en la mesita ratona de la sala. Su mamá se encontraba sentada en el único sillón vigilandolo y ayudándole en sus deberes mientras comía rodajas de manzana sin muchas ganas. Su otra madre le había pedido a Jaemin cuidar de mami Jisu mientras ella estaba en el trabajo por lo que se veía en la obligación de procurar que su mamá comiera saludablemente y no se la pasará alimentándose a base de antojos que la mayoría de las veces consistía en combinar cosas dulces con picante.
ㅡ Mami, no entiendo está pregunta ㅡdijo el castaño parándose para mostrarle su libreta de matemáticas.
ㅡ Veamos, pequeño.
Jisu tomó el cuaderno de su hijo y este se acomodó a un lado de ella recargando suavemente su cabezita en el medianamente grande vientre de su madre. Sin embargo, una patadita lo hizo apartarse dejándolo completamente confundido. Su mamá rió ante la escena y acarició suavemente las orejitas de su cachorro.
ㅡ ¿Qué fue eso, ma? ㅡindagó el de ojos esmeralda analizando la pancita de la mayor con curiosidad.
ㅡ El bebé pateó, cielo, ¿y sabes por qué?
Jaemin negó.
ㅡ Porque tiene ganas de un poco de helado de vainilla con chispas de chocolate bañado en chamoy. Deberíamos alimentarlo, ¿no crees?
El castaño asintió de inmediato sin notar que era el antojo de su madre y corrió hacia la cocina para sacar el pote de helado de la nevera. La castaña llegó un rato después a la cocina con una gran sonrisa en el rostro y así ambos, madre e hijo, comenzaron a preparar la comida.
Desde entonces su mamá le decía que cada vez que pateaba era porque deseaba helado de chispas con chamoy y fue así que a Jaemin se le ocurrió la gran idea de llamar al bebé chispita. Cómo no sabía si era niño o niña optaría por llamarle así.
El crecimiento de chispita iba de maravilla día a día al igual que para su mami ya que al ser una gamma tendía a cansarse y tener un mayor riesgo de complicaciones con el embarazo. Todo parecía estar yendo increíblemente bien para la familia Na. Sin embargo, una noche cambiaría de manera radical el futuro del pequeño cachorro de 10 años.
ㅡ Minnie ㅡle llamó dulcemente mamá Jisu haciendo que el castaño dejara de cortar su fileteㅡ . Tu madre y yo tenemos una noticia que darte.
Las orbes esmeralda del menor voltearon a ver a mamá Ryujin la cuál tomó su mano dándole suaves caricias con el pulgar en el dorso de la misma.
ㅡ Sabemos lo mucho que te gusta tu escuela y que la pasas muy bien con Sungie y Hyuck, cariño ㅡJaemin asintió con una gran sonrisaㅡ . Verás, me han ascendido de puesto en mi trabajo y ahora trabajaré en una sucursal más cerca de casa.
ㅡ ¡Eso es genial, ma!
ㅡ Si, cielo, es solo que... ya no podré llevarte a tu escuela. Queda muy lejos y no me alcanzaría el tiempo a llegar a mi trabajo y sin alguien que te pueda llevar... hemos decidido que lo mejor sería cambiarte de escuela.
El silencio se hizo en la mesa. El rostro del castaño se mantuvo en un gesto inexpresivo que solo lograba poner a sus dos progenitoras más nerviosas. Fue cuestión de segundos para que los ojitos del niño se cristalizaran y lágrimas comenzarán a descender por sus mejillas. Sus orejitas se doblegaron y dejó soltar algunos chillidos de su lobo interior.
Ambas se levantaron de sus asientos y abrazaron al pequeño brindándole todo su amor y calidez. Jisu besó su cabezita repetidas veces mientras que Ryujin acarició su espalda y desprendió una gran cantidad de feromonas para calmar a su cachorro.
Sabían que Jaemin no era un niño demasiado sociable, desde sus primeros días en la escuela tuvo problemas para relacionarse con los demás. Los únicos dos amigos que tenía eran su todo para él, los quería tanto y los apreciaba como a su propia familia. Que de repente le dijeran que no volvería a verlos todos los días era como arrancarle un pedacito de su corazón.
ㅡ Tranquilo, cariño. Ya verás que todo estará bien.
El castaño asintió no muy convencido, pero aquellas palabras de buena suerte era lo único a lo que podía aferrarse en ese momento para mantenerse tranquilo.
ㅡ Tu mami tiene razón. Además, el hijo de los vecinos va a la misma escuela, pueden hacerse amigos ㅡfinalizó Ryujin sintiendo que el olor a tristeza comenzaba a disiparse.
Jaemin llevó sus manos a su rostro fregando sus ojos para quitar los restos de lágrimas que habían empapado sus pestañas. La castaña tomó una servilleta y le sonó la nariz suavemente al pequeño. Por otra parte, la peliazul secó sus mejillas y acomodó su cabello. Sonrió al ver las orejitas de su cachorro volver a levantarse.
ㅡ ¿Chispita irá a la misma escuela cuando crezca?
Sus mamás sonrieron ante la pregunta y asintieron.
ㅡ Le va a encantar que su hermanito le lleve a la escuela ㅡafirmó la castaña acariciando levemente su vientre.
Esa noche Jaemin apenas y pudo conciliar el sueño, todo había cambiado tan de repente y se preguntaba si sería capaz de hacer amigos o adaptarse a las clases considerando que estaban a mitad de ciclo. Al final, decidió no pensar más en ello y se envolvió en sus sábanas azules de cohetes espaciales.
La buena parte de haber cambiado de escuela era que ahora podía levantarse un poco más tarde y tomar el desayuno con más calma.
Después de una semana sin haber asistido a clases en lo que sus mamás transfería sus papeles a la otra escuela, al fin había llegado el momento.
ㅡ ¿Cómo te sientes, cielo? ㅡle preguntó Jisu mientras acomodaba su corbata y revisaba que su cabello estuviera bien peinado y sus zapatos lustrados.
ㅡ Algo nervioso... ¿Mamá no puede llevarme en el auto?
ㅡ A mamá Ryujin le encantaría llevarte a la escuela cariño, pero el hijo de los vecinos ya se ofreció a hacerte compañía de camino al instituto. Sería de mala educación dejarlo plantado.
El castaño bufó.
ㅡ Entiendo.
Jaemin se ajustó las correas de la mochila mientras la mayor metía su almuerzo dentro de la misma.
ㅡ Estás listo ㅡdijo entusiasmada Jisu y acunó el rostro del pequeño para darle un besito en cada una de sus mejillasㅡ Que tengas un buen día, cariño.
ㅡ ¡Suerte, cachorrito! ㅡgritó Ryujin desde la planta de arriba sacándole una sonrisa a ambos.
Su madre abrió la puerta y en cuanto dió el primer paso fuera de casa pudo divisar un pequeño cuerpo parado de espaldas a él sobre la acera.
El castaño volteó a ver a su mamá con gesto confundido, pero ella solo le devolvió una sonrisa enternecida y un asentimiento de cabeza que él no pudo descifrar. Se aferró con fuerza a las correas de su mochila sintiendo su pulso acelerarse conforme se acercaba hacia aquel niño.
En cuanto abrió la reja para salir a la acera, el desconocido volteó a verlo.
Era el niño más lindo que había visto en toda su corta vida. El cabello lucía sedoso y brillante bajo los apenas visibles rayos del sol, y era de un color rosa suave y pálido que lo hacía ver como un apetitoso algodón de azúcar. Las cejas finitas y rectas junto con unas delicadas y cortitas pestañas rizadas enmarcaban un par de ojos color caramelo. Jaemin podía jurar que allí mismo habitaban mil galaxias que le daban un brillo y vivacidad especial en la que el pequeño cachorro deseaba perderse para siempre.
ㅡ Hola ㅡsaludó tímidamente el de cabellos rosadosㅡ Soy Renjun.
El corazón del castaño explotó en mil pedazos por el repentino flechazo de amor que ocasionó aquella aterciopelada voz. Las mejillas se le colorearon al notar la pequeña sonrisa con un dientecito torcido que le daba un aspecto sumamente adorable.
ㅡ Y-yo Jaemin ㅡrespondió anonadado sin poder quitar la mirada de los labios redondos que soltaron una risita ante su respuesta.
Renjun no supo en dónde fijar su mirada ante los ojos esmeraldas que recorrían con un brillo indescifrable sus facciones. Las mejillas y la punta de la nariz se le colorearon de un ligero tono rojizo y tuvo que voltear su rostro para esconder sus nervios. Fue ahí que Jaemin se dió cuenta de cómo estaba incomodando al más bajo con su mirada y se acomodó los redondos lentes apenado y con manos temblorosas.
ㅡ ¿Nos vamos? ㅡmusitó Huang rozando ligeramente su mano con la del contrario.
El corazón se les iba a salir a ambos del pecho en cualquier momento. El castaño se vió en la necesidad de tomar un gran respiro para calmar los acelerados latidos de su corazón y tragó duro al ver la blanquecina mano que dudaba tomar la suya. Solo esperaba que sus manos no estuvieran sudorosas por los nervios.
Na asintió y Huang no esperó más para entrelazar sus manos y arrastrarlo consigo hacia la escuela.
Jisu vió la escena a través de la ventana enternecida y rió cuando vió como se alejaban caminando con el pelirrosa hablando con ojitos brillosos y su cachorro cohíbido con las mejillas sonrojadas.
ㅡ Lo sabía ㅡdijo para sí misma con orgullo y cerrando las cortinas para ir a dónde su esposa que estaba a punto de partir para el trabajo.
Ni Jaemin ni Renjun sabían aún a qué casta pertenecerían, pero estaban más que seguros de que se querían el uno al lado del otro para toda la vida. Sin embargo, aquella fantasía se le vió arruinada al castaño conforme los días en su nueva escuela pasaban.
Era de esperarse que Renjun fuera popular entre el alumnado. Bastante a decir verdad. Con aquel aspecto digno de un ángel, la voz más dulce del mundo y una personalidad afable y naturalmente carismática, tenía a la mayoría de estudiantes de su salón babeando por él. Jeno, el niño que se sentaba a su lado, incluso le había dicho que algunos de grado mayor o menores se le habían confesado y le regalaban cosas con frecuencia.
A Jaemin se le fueron las esperanzas al suelo y pronto se dió cuenta de que no era más que uno del montón. No iba a negar que en un principio llegó a pensar que el de ojos acaramelados tal vez sintió aquella extraña conexión cuándo sus miradas se encontraron por primera vez o el flechazo en el corazón que le puso el pulso al mil. Que tonto había sido. Era obvio que él solo había intentado ser amable. Además, ¿cómo es que iba a fijarse en alguien como él, con lentes y miedoso? Tenía mejores pretendientes, muchísimo mejores y no debía ser un genio para deducir que él no se encontraba en aquella categoría.
Cada día tenía la esperanza de volver a hablar con Renjun. Aún seguían yéndose juntos a la escuela y en secreto agradecía por ello pues podía oler el suave aroma a tutti frutti que el más bajo comenzaba a desprender debido a que su anunciación se acercaba. Habían hablado de ello una vez (bueno, Renjun habló y el más bien escuchó), Huang estaba seguro de que sería un omega y hablaba de ello con mucha emoción. Le preguntó a Jaemin que creía que sería él, pero antes de que pudiera responderle fue rodeado por admiradores y sus amigos llevándoselo como cada día lejos de él, dejándolo solo y con las palabras atoradas en la garganta.
Cuánto le gustaría poder mantener una conversación con Renjun sin que los nervios le traicionaran haciéndolo tartamudear, sacarle risas contándole anécdotas graciosas que desafortunadamente no tenía, provocarle sonrojos con lindos cumplidos sobre su persona los cuáles no lograban salir de su garganta. Jaemin quería entregarle el mundo entero y más, pero sus pequeñas manos no podían sostenerlo.
ㅡ Tierra llamando a Nana ㅡhabló el pelinegro agitando su mano frente al rostro de su amigo.
El castaño parpadeó y volteó a ver a Jeno, limpiándose disimuladamente el hilillo de baba que había comenzado a recorrer su barbilla. Lee rió haciendo sus ojos dos medias lunas.
ㅡ Perdón ㅡmusitó apenado volteando a ver su bandeja con el almuerzo intacto.
ㅡ Descuida.
Jeno se llevó un bocado de kimchi a la boca y Jaemin lo imitó.
ㅡ ¿Por qué no lo invitas a una cita? ㅡdijo despreocupadamente Chenle.
Jaemin casi se ahoga con su comida y sus orejitas se crisparon. El rubio rió escandalosamente haciendo que sus orejas se bambolearan al ritmo de su risa mientras que Lee mantuvo su característica eye smile con la tranquilidad que nunca parecía perder.
ㅡ ¿¡Estás loco!? ㅡgritó en un susurro el castaño.
ㅡ ¿Qué? Mi hermana dijo que cuando dos personas se gustan tienen citas ㅡrespondió Zhong sin entender muy bien cómo funcionaba exactamente eso.
ㅡ Pero yo no le gusto.
Jaemin volteó a ver a su enamorado a unas cuántas mesas el cual reía de cómo Minhyung se metía unos palitos de zanahoria a la nariz.
Ese era otro problema: Lee Minhyung. Ese niño siempre se la pasaba pegado a Renjun, era peor que un chicle en el zapato. De cierta manera le tenía envidia porque a pesar de que fuera medio tonto lograba hacer feliz al pelirrosa con sus bromas y pequeños regalitos como lo eran darle dulces o el ave de origami que hizo a mitad de clase.
Chenle se encogió de hombros como respuesta final y la conversación se centró en el capítulo de Pokémon favorito de cada uno.
Jaemin decidió no volver a mirar a Renjun y mejor intentó despejar su mente sumándose a la plática lo mejor que pudo. Si tan solo el castaño supiera que justo en ese momento el pelirrosa lo estaba observando con tanto anhelo.
Lo que restaba de la niñez de Jaemin pasó volando. De un momento a otro ya tenía 11 años y su chispita había nacido resultando ser una niña que recibió el nombre de Sumin. La familia Na la recibió con entusiasmo, en especial él que siempre estaba al pendiente y jugando con sus cachetitos (aunque mamá Jisu le reprochara por ello). Renjun dejó de acompañarlo de camino a la escuela, pues un tal Hyunjin decidió plantarse en frente de su casa cada mañana con una flor para llevarlo a la escuela y cómo él no tenía la valentía suficiente para hacer lo mismo dejó que le arrebataran lo único que compartían juntos.
Con sus 12 años llegó su presentación. Pensaba que sería un beta ya que jamás presentó un ligero olor cómo sus demás compañeros. Pero grande fue su sorpresa cuando la luna lo nombró alfa. Incluso pensó que era una equivocación puesto que no presentaba ninguna característica de aquella casta fuerte y valiente, de hecho, era todo lo contrario. Por la escuela corrió con rapidez la noticia de que Renjun resultó ser el tan deseado omega que siempre quiso ser. Solo pudo pensar en lo feliz que debió haber estado. Lo que no se esperaba es que el más bajo lo esperara después de la escuela para contarle la noticia y saber en qué casta había sido designado él. Fue así que empezaron a irse juntos después de clase.
A partir de los 13, Na comenzó a crecer desmesuradamente y a ganar un poco más de musculatura adaptándose así su cuerpo a su designación de alfa. Su voz se engrosó gradualmente y la característica voz de mando empezó a desarrollarse. Por otro lado, Renjun adquirió una cintura estrecha, su musculatura no aumentó demasiado y su voz siguió conservando ese tinte suave a pesar del ligero engrosamiento de la misma.
Para eso de los 14 empezaron a alocarse las hormonas. Jaemin y Renjun se distanciaron debido a ello puesto que ambos sabían que no podrían controlar los deseos de sus lobos interiores desesperados por contacto físico y afecto. Para el castaño era vergonzoso despertarse a la mitad de la noche con erecciones que tendría que bajar con una ducha fría puesto que no se atrevía a tocarse. Para Huang era incómodo tener que lidiar con repentinas lubricaciones tanto por enfrente como por atrás que lo hacían sentir sucio.
El primero en tener su celo fue Renjun a los 15 y había sido la experiencia más dolorosa, bochornosa e incómoda de toda su vida, en especial cuando su madre le regaló un vibrador y un dildo para que pudiera calmar sus necesidades cuando no pudiera aguantar la urgencia ni con supresores. Por suerte no lo tuvo que usar en su primer celo. Pero si en su segundo. Todo a causa de una visita inesperada de Jaemin. Cómo había faltado a clase y se le olvidó avisar que era debido a su celo, la profesora le encargó a Na enviarle los deberes del día al saber que él vivía a su lado. En cuanto abrió la puerta le golpeó con fuerza el aroma a café del alfa y no pudo evitar doblegarse y dejar que su lobo interior dejara escapar chillidos desesperados dirigidos al lobo del contrario para que lo empotrará allí mismo contra la pared. Al castaño se le pintó la cara de mil colores al notar el concentrado aroma dulzón y sintió que le salía humo de la cabeza cuando escuchó los chillidos de Huang que le pedían a gritos a su lobo que se aparearan.
ㅡ ¡L-lo siento! ㅡfue lo único que alcanzó a decir antes de dejar en el suelo los papeles y huir de allí con una erección entre las piernas.
Renjun lloró como magdalena después de lo sucedido mientras montaba con desespero el dildo. Se sentía tan frustrado. Jamás le salían bien las cosas cuando de Jaemin se trataba. Llevaba años enamorado de él, deseando su atención, haciendo lo posible por hacer que lo mirara y parecía que lo lograba con todos a su alrededor, pero no con él. Y justo cuando progresaba un paso, algo malo pasaba y retrocedía tres. ¿Qué acaso no lo consideraba lindo, ni aunque sea un poquito? Incluso comenzó a usar brillo de labios y una sombra de ojos ligera para resaltar su mirada.
Poco a poco se estaba dando por vencido y se estaba resignando a que Jaemin no pasaría jamás de ser un amor platónico. Pero era tan difícil dejarlo ir cuando sentía ese magnetismo estando a su lado y una corriente de algo inexplicable que le recorría de pies a cabeza. Llegaba a preguntarse si él tambien lo podría sentir. Cuánto deseaba que así fuera. No le importaba ir a pasitos de tortuga si del castaño se trataba, él solo quería poder estar más cerca de él.
En cuanto al alfa, tuvo su celo dos meses antes de cumplir los 16. Al contrario de Renjun, a él no le fue tan mal, solo un poco de malestar general y pensamientos un poco subidos de tono.
La preparatoria fue una completa montaña rusa para ambos. Jaemin se conservó con un perfil bajo, siempre tan servicial y tranquilo. Claro que el alfa tenía su atractivo (a pesar de que él lo negara) siendo el crush de algunos cuantos omegas que habían tenido el gusto de tratarlo. Renjun siguió siendo bastante popular, siempre rodeado por grandes masas de personas, todos queriendo ser sus amigos o deseando cosas tan pequeñas como lo eran una mirada del etéreo omega. Claro que tenía pretendientes hasta por debajo de las piedras y entre los más nombrados destacaban el capitán del equipo de fútbol, la capitana de taekwondo y el inconfundible Minhyung, el chico perfecto de toda la preparatoria.
Na intentó con todo su ser superar al precioso omega con olor a tutti frutti, pero no pudo. Siempre terminaba mirando con ojitos brillosos a Renjun, admirando los esponjosos labios cada que hablaba, los suaves mechones rosados balancearse al dar piruetas en sus clases de ballet, los hombros estrechos que lo hacían lucir más pequeño de lo que era y hacían que le naciera una necesidad de protegerlo, y cuando su mirada se desviaba a sus caderas y un poco más abajo se obligaba a dejar de verlo antes de que sus hormonas se alocaran.
Justo como ahora.
ㅡ ¿Y tú, Jaemin?
ㅡ ¿Qué?
Chenle rodó los ojos.
ㅡ Tu disfraz, tonto.
Cierto, Halloween sería ese viernes y chispita estaba súper emocionada por ello. Su hermana estuvo desde principio de mes busque y busque que disfraz sería el adecuado y hace pocos días había quedado en que se vestiría de Ladybug. Él no tenía nada en contra de ello, pero el problema radicaba en qué su hermanita no solo quería vestirse de la mujer catarina, sino que también quería tener a su amigo que la acompañara: Cat Noir. ¿Y adivinen a quién le habían suplicado hasta el cansancio por disfrazarse de este?
ㅡ Creo que... Cat Noir ㅡ musitó bajando la mirada avergonzado para enfocarse en su ensalada.
Jeno abrió los ojos a más no poder y Zhong soltó una carcajada que llamó la atención de más de uno en la cafetería. El de ojos verdes volteó con disimuló a su alrededor y enfoco su vista en Huang que había volteado a ver su mesa por la risa escandalosa del chino. Si antes estaba avergonzado, ahora era el triple y de verdad deseó con todo su ser que el dicho de que se lo tragara la tierra fuera verdad.
ㅡ ¿Sumin, cierto?
El alfa asintió sintiendo la mirada del pelirrosa sobre él haciendo que se encogiera más en su asiento. Muchos otros alfas hubieran aprovechado que el omega más codiciado de la escuela los estuviera viendo para lucir sus encantos e inflar el pecho con orgullo, sin embargo, el castaño se volvía una bolita nerviosa y torpe cuando de Renjun se trataba, obligándolo a esconderse de sus ojos de caramelo. Por otro lado, a Huang le dolía el corazoncito cada que el alfa le evitaba de aquella manera y sus orejitas se doblegaban pensando en que Na jamás lo llegaría a querer.
ㅡ Bueno, si tu hermanita te lo pidió es comprensible. Yo tampoco podría negarle nada a esa tierna bolita de arroz ㅡdijo Chenle haciendo ademán de apretar las mejillas de la menor de los Na.
Jeno concordó como siempre con una sonrisa.
Jaemin bufó y continuó comiendo mientras pensaba en cómo le haría para que Renjun no lo viera con su disfraz o de lo contrario moriría de la vergüenza.
ㅡ ¿No me quedaré ciego con esto? ㅡ dijo el castaño viendo con suspicacia los lentes de contacto en su buró.
ㅡ Tranquilo, cielo, no te va a pasar nada ㅡle calmó mamá Jisu mientras terminaba de estilizar su ahora rubio cabello.
El ojiverde jamás le había tenido confianza a los lentes de contacto, le daba escalofríos la sola idea de meterse algo a los ojos. Tampoco le agradaba tanto la idea de usar lentes, pero los preferiría mil veces antes que las lentillas.
Lo que hago por mi chispita.
ㅡ Listo ㅡanunció su madre una vez terminó con su peinadoㅡ Momento de ponerte las lentillas.
El menor asintió y tragó duro observando con atención cada uno de los movimientos de la gamma. Ella le pasó uno de los tantos peluches de Sumin para que lo apretara y así lo hizo al instante. Su respiración se volvía más errática conforme observaba que el lente se acercaba a su ojo. Respiró fuertemente y su madre aprovechó parra insertarle el lente. De inmediato cerró los ojos con fuerza y se acurrucó contra el peluche. La mayor le indicó que fuera moviendo el ojo para acomodar la lentillas y que se acostumbrara mientras le acariciaba las orejitas.
Fue doloroso e incómodo, pero pronto se fue acostumbrando y cuando al fin pudo ver su reflejo sin lentes claramente en el espejo se quedó anonadado. Se veía bastante bien, mejor de lo que se imaginó. Su mamá le sonreía y lucía orgullosa de cómo había quedado.
ㅡ ¡Te ves increíble, cielo! ㅡchilló Jisu mientras le ponía el antifaz.
ㅡ Gracias, ma ㅡcontestó con una sonrisita nerviosa.
ㅡ Apuesto a que a tu omega se le va a caer la baba cuando te vea.
ㅡ ¡Mamá!
Jisu rió y a Jaemin se le pusó la cara como tomate.
ㅡ R-ren no es mi omega...
La castaña se acercó a su hijo y le dió un besito en su cabello. Sabía lo mucho que Nana quería a Renjun, no hicieron falta palabras para que sus madres lo notarán, sus feromonas se volvían más dulces e inundaban todo el ambiente cuando hablaban del omega. A ambas de sus progenitoras también les dolía ver cómo a su cachorro, a pesar de que ya tuviera 17 años, sufría por el amor de Huang. Más de una vez, Jisu quiso darle un empujoncito, pero su esposa la detenía diciéndole que todo era a su debido tiempo.
La conversación murió allí pues Sumin entró euforicamente a la habitación de su hermano con Ryujin detrás que trataba de acomodarle la peluca. La menor pronto escaló por el cuerpo del rubio hasta sentarse en sus hombros y agarrarrse de las orejas del mayor. Jaemin le sostuvo las piernitas para que no se cayera.
ㅡ ¡Nana es Cat Noir, mami! ㅡchilló con emoción sacándole una sonrisa a todos.
ㅡ Claro, cariño, solo no le jales tanto las orejas a tu hermano ㅡdijo Ryujin y la menor asintió.
Después de acomodarle bien la peluca a Sumin y recibir las indicaciones de sus madres, más de Jisu, los hermanos salieron a pedir dulces. La colonia estaba plagada de niños y adolescentes disfrazados pidiendo calaverita, jugando y correteando por doquier. Aquello le hizo sentir un poco más calmado al mayor.
Sumin y Jaemin llamaron la atención de muchos mientras recorrían las calles. Varias omegas pequeñas se quedaban viendo embobadas al ojiverde pues lucía como todo un superhéroe de verdad. Jaemin no iba a negar que le era un poco incómodo usar aquel traje ajustado y no porque pensará que se viera mal, pero no estaba acostumbrado a ser el centro de atención.
Las madres y padres de familia quedaban encantados con su chispita y se derretían al ver sus trajes a conjunto, dándoles muchísimos dulces a la pequeña y cumplidos al mayor. Una señora incluso lo invitó a cenar algún día para presentarle a sus cuatro hijas, gammas y omegas. Obviamente tuvo que rechazar la oferta diciendo que él ya tenía a alguien especial. De todas formas, la señora le dijo que la cena seguía en pie por si algo ocurría.
Jaemin tuvo la esperanza de ver al pelirrosa por las calles pues sabía que tenía dos hermanos menores, no obstante, no lo encontró y eso le dolió un poquito.
ㅡ Nana ㅡle llamó la niña que estaba sentada sobre sus hombros, él sostenía su bolsa de calabaza llena de dulcesㅡ ¿Al último podemos pasar a la casa de los vecinos?
El rubio casi se va de boca.
ㅡ Cla-claro, ¿puedo saber por qué? ㅡdijo tratando de disimular los crecientes nervios.
ㅡ Es la casa de Yoonie, mi mejor amiga. Dijo que si tenía tiempo podía pasar a su casa para jugar.
Na asintió.
ㅡ Claro, yo le aviso a nuestra mamás.
La niña chilló de emoción y le jaló de las orejas y los mechones de cabello a su hermano para que se apurara.
Una vez estuvieron frente a la casa de los Huang, Sumin le pidió a su hermano que la bajara y una vez lo hizo corrió hasta la puerta y tocó el timbre dando un salto. Jaemin sentía las extremidades sumamente pesadas, el corazón se le estaba saliendo del pecho y podía sentir el sudor empezar a formarse en las palmas de sus manos. Las famosas mariposas en el estómago se hicieron presentes, pero el rubio juró que se trataban de polillas que le estaban carcomiendo por dentro de la ansiedad.
El mayor esperaba que Renjun no se encontrara en casa, o que no notara que era él quien estaba en su puerta junto a su hermana. No lo malinterpreten, claro que quería ver al de ojos caramelo, pero no quería que él lo viera. Se avergonzaba de si mismo y sentía que sus sentimientos eran patéticos. Simplemente no se sentía digno de amar al omega de la manera en la que lo hacía, de alguna manera lo hacía sentir culpable.
El seguro de la puerta fue abierto y sacó a Jaemin de sus pensamientos.
Una preciosa cabellera de algodón de azúcar se coló en su vista y el aroma frutal lo inundó de sopetón.
Mierda.
ㅡ ¡Dulce o truco! ㅡdijo Sumin con euforia mientras extendía la bolsa con dulces.
Renjun no pudo evitar darle una tierna sonrisa a la pequeña y acariciarle su cabezita.
Na veía la escena perplejo, reteniendo la respiración al ver al omega tan de cerca. Era simplemente perfecto, la octava maravilla del mundo.
El pelirrosa vestía un disfraz simple de Mickey Mouse y fue ahí que se dió cuenta que la pequeña que estaba cargando llevaba uno de Minnie.
Renjun le dió muchos dulces a la menor la cuál mostraba ojitos brillosos al precioso omega en forma de agradecimiento.
ㅡ ¡Susu! ㅡ gritó una niña desde adentro de la casa de los Huang llevándose la atención de todos.
La pequeña corrió y se estampó contra Sumin envolviendola en un fuerte y desordenado abrazo.
ㅡ Ren, ella es Sumin, mi mejor amiga ㅡdijo la niña mientras sus orejitas se movían inquietas.
El omega volvió a saludar a la cachorra y se presentó con ella. Jaemin veía todo con una gran sonrisa en el rostro, un pensamiento travieso se coló en su visión imaginando a Renjun con una enorme y linda pancita rodeado de cachorros, sus cachorros... De inmediato se dió una paliza mental y se alivió al ver que no le habían prestado atención.
Renjun bajó a la niña que traía en brazos y le dijo a la otra que se la llevara adentro. La pelinegra asintió y de igual manera se llevó a su hermana consigo.
Los pasitos de las menores fueron desapareciendo hasta que quedaron ellos dos solos sumidos en el silencio de la noche. Los ojos acaramelados se posaron con anhelo sobre los verdes de Jaemin el cual no logró sostenerle la mirada y la bajó haciendo que Huang volviera a sentir una punzada en su pecho por el rechazo del alfa.
ㅡ Perdón p-por la intromisión... ㅡdijo Na rompiendo el silencio incómodo.
ㅡ Descuida ㅡrespondió mirando de reojo al rubio.
Renjun no sabía de dónde había sacado tan inhumano esfuerzo para no ponerse a gritar como loco por lo bien que se veía Jaemin. Juraba que en cualquier momento le empezaría a sangrar la nariz a chorros de los miles de escenarios que se crearon en su cabeza teniendo a aquel alfa disfrazado como protagonista.
Ni hablar del exquisito aroma a café y chocolate que desprendía y ponía a su lobo a saltar con euforia pidiéndole que se refugiara en los brazos del contrario y se impregnara del delirante aroma del alfa... su alfa.
ㅡ ¿No gustas pasar? ㅡdijo Renjun sin pensar tratando de no sonar tan ansioso.
Jaemin volteó a verlo notando las mejillas ligeramente sonrojadas del muchacho provocando que las suyas se encendieran de igual manera.
ㅡ ¿No te... molesta?
ㅡ Claro que no ㅡcontestó con su mejor sonrisaㅡ . De hecho... me encantaría.
El lobo del rubio aulló de regocijo en su interior y sus latidos se dispararon de sobremanera.
Renjun quería pasar tiempo con él.
ㅡ E-está bien.
El pelirrosa de inmediato se hizo a un lado dejándolo pasar. Discretamente aspiró el aroma del alfa cuando pasó junto a él e inevitablemente desprendió feromonas de felicidad que hicieron su aroma frutal más intenso para que se mezclara con el del más alto.
Esta era la oportunidad que tanto había estado esperando.
Fue algo difícil iniciar una conversación puesto que las habilidades sociales de Jaemin no eran las mejores y peor cuando se trataba del chico del cual había estado enamorado desde los 10 años.
Tuvo suerte de que Huang fuera muy paciente con él y mantuviera la plática a flote, de hecho, parecía muy entusiasmado de escucharlo, siempre atento a sus respuestas. Aquello hizo sentir importante al alfa.
ㅡ Es lindo que llames así a tu hermana ㅡdijo el pelirrosa después de escuchar la historia de por qué Na le decía chispita a Sumin.
Definitivamente, Jaemin era su chico ideal. Atento, carismático, amable, lindo, alto, sonrisa de comercial de pasta dental y ojos expresivos que le derretían con tan solo una mirada.
ㅡ No es nada ㅡrespondió con una pequeña sonrisa y después se relamió los labiosㅡ . Es mi hermanita, yo... la quiero.
El pelirrosa casi suelta un suspiro, totalmente embelesado con el ojiverde.
ㅡ Yo también te quiero ㅡsoltó el omega sin pensar.
Jaemin lo volteó a ver con los ojos muy abiertos de la sorpresa, tanto que sintió que se le salían de sus cuencas. El rostro pronto se le coloreo y los labios le temblaron sin saber qué decir o hacer. Fue entonces que Renjun se dió cuenta de lo que había dicho.
ㅡ ¡Quiero decir... eh... y-yo, tú, es que, ay Madre Luna! ㅡchilló desesperado el más bajo temiendo haber metido la pata. Respiró profundo tratando de calmarse lo más rápido posible mientras pensaba a toda velocidad qué decirle al alfa hecho una bola de nervios y sonrojo a su ladoㅡ Yo... solo, lo siento, no quería hacerte sentir incómodo, solo... solo olvídalo.
El rubio volteó a ver el perfil del contrario. Su pecho dolió al escuchar lo último y no pudo evitar que sus orejas se doblaran. Claro, solo debería olvidarlo...
ㅡ Creo que mejor me voy... ㅡmusitó Jaemin intentando ocultar su repentina tristeza pues sentía como si el omega le hubiera rechazado indirectamente. No es como si tuviera mucha esperanza en ser notado por Huang, pero que el contrario hubiera tenido esa reacción solo le volvía a asegurar que no tenía oportunidad ni en sus mejores sueños.
Al ver que Renjun no respondía, decidió levantarse para ir a casa. Deseó fugazmente que aquel tiempo junto a su enamorado hubiera durado más.
El pelirrosa se quedó congelado en su lugar con sus pensamientos debatiendo entre que hacer o decir. Solo salió de su ensoñación cuando el contrario comenzaba a alejarse de su lado. Volteó rápidamente a verlo y su figura le trajo tantos recuerdos, recuerdos de cómo siempre había tenido que observar al alfa desde la lejanía, sin la oportunidad de acercarse a él como le gustaría.
¿En verdad lo iba a dejar ir, justo cuando al fin pudieron estar ellos dos solos?
No, no podía permitirselo. Así que dejó que su lobo tomará el control, corrió hacia la entrada de la casa y antes de que Jaemin abriera la puerta lo jaló del hombro haciendo que el más alto volteara a verlo con confusión. El ojiverde se sorprendió al ver los hermosos y destelleantes ojos rosados del omega.
ㅡ Ren-
Y antes de que pudiera decir algo, el más bajo acunó su rostro y estampó sus labios contra los suyos.
El tiempo se detuvo a su alrededor y le costó caer en cuenta que tenía al chico que le gustaba desde los 10 años besándole con inexperiencia y pasión en la entrada de la casa del mismo. Su vista de inmediato se enfocó en el rostro sonrojado de Renjun, las pestañas descansando en sus suaves pómulos, el ceño levemente fruncido y las orejitas crispadas. Aquella imagen fue suficiente para que su alfa saliera a la luz y le hiciera tomar con fuerza y posesividad al omega de la cintura, pegándolo a su cuerpo con brusquedad y moviendo al fin su boca al compás novato del más bajo.
Se sintió tan aliviador para ambos y no reprimieron los jadeos y suspiros que escaparon de sus bocas. Muchos dirían que estaban yendo muy rápido, pero ellos llevaban una vida amando al otro en secreto, deseando cada pequeño toque o palabra que les hiciera sentir que lo suyo era mutuo, que estaban destinados.
El beso que compartían era desordenado, inexperto y desbordante, empujandolos cada vez más hacía los límites de la cordura, tanto que por un momento temieron no ser capaces de vivir sin la cercanía del otro después de ese momento.
Tuvieron que separarse por falta de aire, ambos respirando pesadamente sobre la boca del otro. Jaemin pudo volver a deleitarse con los ojos de cuarzo rosa del omega de Renjun y este hizo lo mismo con los ojos rojizos y flamantes del alfa. Ninguno de los dos se separó y mantuvieron sus frentes juntas, no sin antes Huang quitarle la máscara al rubio para apreciar de mejor manera su rostro.
ㅡ Me gustas ㅡsusurró el pelirrosa viéndolo a los ojosㅡ , no, me encantasㅡ pausó para darle un besito al alfaㅡ . Siempre lo hecho desde que te ví por primera vez.
Na estaba completamente perdido, todo lucía tan irreal. Le llevó tiempo procesar lo que estaba pasando, desde el hormigueo en sus labios por el reciente beso hasta la repentina confesión del omega de sus sueños.
ㅡ También me encantas ㅡrespondió ganandose una sonrisa de Renjun.
No hubo más palabras y volvieron a juntar sus labios, sintiendo como sus lobos aullaban al unísono por la felicidad de al fin estar juntos.
Estuvieron un rato más dándose besitos y mimos hasta que el gritó de la hermana menor de Renjun diciendo que Sumin se había quedado dormida los interrumpió.
ㅡ Voy por ella.
ㅡ No te preocupes ㅡcontestó de inmediatoㅡ , quiero decir, puede quedarse a dormir.
Jaemin lo miró sorprendido y sus nervios volvieron.
ㅡ ¿N-no es mucha moles-
El más bajo lo calló con un breve beso que logró desestabilizar su cuerpo por completo haciéndolo sonrojar como adolescente de película. Renjun sonrió por su aspecto y su corazón se removió con regocijo al saber que ese sonrojo y ojitos brillosos eran provocados por él.
ㅡ No es ninguna molestia, Jaemin. Tu hermana es un amor al igual que tú, así que no creas que tu presencia o la de Susu me incomoda.
El alfa asintió sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho por las palabras tan dulces y sinceras.
ㅡ Es más ㅡagregóㅡ puedes venir mañana a desayunar con ella y mi familia.
ㅡ ¿Fa-familia?
ㅡ Jaemin, me gustas y de verdad quiero tener algo serio contigo ㅡdijo sosteniendo las manos del contrario.
Al rubio todo esto aún le seguía pareciendo irreal y temió por un segundo que todo esto fuera una mentira.
ㅡ Renjun, yo... ㅡrelamió sus labios pensando bien en lo que iba a decirㅡ yo no soy como los alfas que te cortejan ㅡ empezó decidido a hablar claramente ㅡ. No tengo unos enormes músculos, no soy popular y mucho menos soy valiente. Hay muchísimos mejores alfas que yo que estarían encantados de tener una sola mirada tuya ㅡcontinuó, perdiéndose en las profundidad de los ojos acaramelados que lo veían con devociónㅡ y saber eso solo... me aterra. Me aterra no ser lo que esperas.
ㅡ Jaemin...
Na apartó la mirada sin querer saber la reacción de Renjun. Sin embargo, fue recibido en un cálido abrazo.
ㅡ No me importan los demás alfas, jamás lo han hecho ㅡhabló suavemente contra su pechoㅡ . Me encantas tal y cómo eres, amo todo de ti; tus ojos detrás de tus redondos lentes, tus cabellos revueltos y rebeldes, la emoción con la que explicas los experimentos de química que no logro entender, maldición, incluso la forma en la que te concentras tanto en las clases de informática ㅡcomentó rápidamente sintiendo sus mejillas arder por las repentinas confesionesㅡ . Podría nombrar mil y un cosas más que me gustan de ti y no serían suficientes para expresarte lo enamorado que me traes.
Hubo un silencio en el cual ambos se miraban notablemente cohibidos y ansiosos, justo como en una película romántica cliché para adolescentes.
ㅡ No me importa ir a pasitos de tortuga si es contigo ni si piensas que no eres suficiente para mí porque me aseguraré de enlistarte cada una de las cosas que me hicieron enamorarme de ti las veces que sean necesarias.
Ambos muchachos se miraron con los ojos llorosos. Jaemin no tardó en dejar que la primera lágrima cayera por su mejilla, luego otra y otra más. No se paró ni a pensar en lo patético que debería estarse viendo porque el aroma dulzón y reconfortante del omega lo cubrió, y los menudos brazos del omega lo rodearon poniéndose este a llorar de igual manera.
Esa noche Jaemin se fue a su casa con el corazón alterado, la felicidad hasta los cielos, una cita con el omega de sus sueños y el número del mismo en su celular. Poco le importó el regaño de sus madres por no avisar que estaban en la casa los vecinos pues llegó muy sonriente diciendo algo avergonzado que mañana saldría con Huang Renjun, el bonito omega con olor a tutti frutti. Pronto Jisu y Ryujin se pusieron a celebrar, el rubio incluso pensó que ellas estaban hasta más emocionadas que él por la cita.
Jisu se comprometió a ayudarle mañana con su atuendo y su peinado, y aunque le dijo que podría usar las lentillas, Jaemin se negó diciendo que los lentes eran mejores. Por otra parte, Ryujin le dió una larga letanía sobre que no debía de aprovecharse de su casta de alfa con el omega.
Cuando estaba por irse a dormir, un mensaje le llegó.
Renjun 💗
Descansa y sueña conmigo 😚
Te amo ❤️
Jaemin le sonrió como un tonto enamorado a la pantalla del celular y luego se dió cuenta de que en verdad lo era.
Jaeminnie 💕
Igual, descansa
También te amo ❤️
Quién diría que acompañar a su chispita a pedir dulce o truco sería la mejor decisión de su vida.
FIN
Publicada originalmente en Wattpad