Único
Park Jimin era el líder de las porristas, siendo uno de los mejores en su categoría. Aún cuando era normal que los chicos usaran pantalones como parte del uniforme, Jimin nunca seguia el reglamento, por lo mismo siempre llevaba la falda que normalmente usarían las demás chicas.
No negaría que al principio estaba inseguro de vestirse con ropa "femenina" y mas aún cuando en su vida cotidiana él no usaba faldas. Pero con el tiempo logró aprender que las prendas de vestir no tenian que pertencer a un genero especifico y no se volveria menos hombre por esa simple accion.
Cuando entró al equipo de porristas no pudo evitar querer usar el uniforme femenino, se veía tan bonito en las presentaciones que ni siquiera pensó en la posibilidad de recibir burlas de parte de sus compañeros más ignorantes, sin embargo, al contrario de lo que se pensaría Jimin nunca recibió un mal trato o comentarios para dañarlo.
Además que sentía más cómodo para su parte íntima el usar faldas al momento de entrenar.
Desde el primer día que el pequeño pelirrosa se colocó ese uniforme, todos los alumnos voltean a verlo de manera indebida y claro que a él no le interesaba en lo mas mínimo, porque por más que miraran, no podían tocar nada.
Jimin se sentía como toda una diva, era como si su cuerpo estuviera hecho para ese uniforme y sus facciones andróginas, solo le ayudaban a lucir perfecto con él, si no fuera por el simple hecho de no tener busto, muchos habrían pensado que era una chica.
Pero no por eso quería decir que Park era coqueto, si llamaba la atención se debía a la innegable belleza que poseía, a la voz suave que derretía y a su personalidad que añadia muchos puntos a su persona.
Pero había algo por lo que Jimin era capaz de sacar su lado más atrevido, deseando poder llamar la atención del sexy profesor de deportes.
Ese hombre era ardiente a un nivel supremo, Jimin no podía apartar sus ojos de él. Claro que el pelirrosa notaba que el profesor Jeon lo miraba de reojo, intentando disimularlo, pero fracasando en su intento, al menos para Jimin que siempre había sido un gran observador.
—Jimin, si sigues viendo al profesor de esa forma, abrirás un agujero en su cabeza —Jimin frunció el ceño y miró hacia Taemin.
—Déjame apreciar la belleza que la naturaleza me ofrece, ten compasión de mí.
—Mira, te entiendo, pero estamos en práctica y tú eres el líder, necesitamos de tu completa atención —Jimin suspiró y asintió, su mejor amigo tenía razón, debía poner atención.
Había pasado un poco más de un año desde que el profesor Jeon Jungkook ingresó como docente a la universidad. Un hombre alto, pelinegro y con un cuerpo bien formado que sacó más de un suspiro entre estudiantes.
Pero el hombre se miraba tan serio, que nadie se atrevía a coquetear con él de ninguna manera posible. Nadie, excepto Jimin.
El pelirrosa no coqueteaba tan activamente, pero sí hacía cosas muy provocativas, solo para ver las reacciones de su profesor.
Muchas veces al estar en las duchas, Jimin esperaba a que todos se fueran para entrar y arreglar su bolso frente al entrenador Jeon, se inclinaba lo suficiente para mostrar su lindo coñito enfundado en la fina tela de la ropa interior que usaba bajo la falda del uniforme mientras que con un pequeño espejo observaba disimuladamente la reacción del mayor.
Claro que al darse vuelta, el pelinegro hacía como si no pasara nada. Jimin sonreía en señal de victoria cada vez que con esos pequeños detalles, el serio entrenador sucumbía ante sus encantos.
Cuando el entrenamiento de esa tarde terminó, Jimin vió a los chicos de fútbol americano dirigirse a las duchas. Se tardó lo más que pudo en recoger el equipo de sonido que les prestaban en la coordinación mientras las chicas se iban, sabía que ninguna de ellas era capaz de bañarse en las duchas después de la práctica, de alguna manera a todos les resultaba incómodo hacer algo tan íntimo en la escuela.
Tomó la caja dónde ponía el material que les prestaban y se dirigió a los casilleros cercanos a las duchas de hombres. Sacó sus cosas y acomodó lo necesario, vio a varios de los chicos de americano salir; mordió su labio con ansiedad y se despidió de Taemin para luego caminar con rumbo a las duchas, volteó un poco hacia atrás asegurándose de que su amigo se había ido.
Entonces cambió su rumbo con dirección a la oficina del señor Jeon, sabía que el entrenador siempre se quedaba unos minutos extra en su cubículo.
Tomó una larga respiración, para después expulsar todo ese aire e intentar que los nervios se fueran de su cuerpo.
Levantó su mano en un puño y con sus nudillos, tocó suavemente la puerta de la oficina del profesor.
—Adelante —se escuchó desde el interior.
Jimin giró la perilla y abrió la puerta mirando al entrenador de pie mientras arreglaba algunas cosas de la mesa, al verlo, el mayor frunció el ceño.
—¿Qué hace aún aquí joven Park?
Jimin sonrió suavemente y comenzó a caminar como si tuviera lesionada una pierna.
—Entrenador, he escuchado que usted ayuda a los del equipo de fútbol con sus lesiones, ¿podría ayudarme a mí en esta ocasión?
Jungkook levantó una ceja y se miraba como si no estuviera seguro de lo que debía responder.
—Bueno, creo que usted debería ir a un doctor, puedo recomendarle uno si lo desea...
—Pero —Jimin interrumpió al pelinegro— Ya estoy aquí ¿no? Y usted también está aquí, creo que nos ahorraríamos mucho si me ayudara en este momento.
Jungkook suspiró y movió su cuello un poco.
—Está bien, súbete a la camilla y dime dónde te duele.
Jimin sonrió de oreja a oreja, emocionado y por un momento casi salta de la emoción, pero recordó que no podía hacerlo si quería fingir bien.
Jimin se acostó en la camilla, boca abajo y levantó un poco su falda dejándola a la mitad de sus glúteos. Jungkook seguía buscando algo y al encontrarlo se dio la vuelta, dejando caer el bote de crema al colocar su vista en Jimin.
Rápidamente recogió el bote, sonrojándose y aclarando su garganta para intentar hablar.
—¿P-Por qué estás así?
Jimin lo miró inocentemente.
—Para que pueda tocar bien dónde está mi lesión.
Jungkook pasó lentamente su mano por su rostro y caminó lentamente hacia Jimin.
—Está bien, dime dónde te duele.
Jimin tomó la mano de Jungkook y la llevó hasta su muslo, centímetros antes de donde empezaba su glúteo derecho.
Jungkook tragó grueso, pero asintió.
Colocó un poco de crema en esa área y comenzó a mover su mano haciendo pequeños círculos suaves sin moverse mucho del lugar. Luego puso toda su palma, amasando el muslo de Jimin entre sus manos y escuchando los suaves sonidos que el menor dejaba salir.
—¿Más o menos hacia dónde está su dolor, Park?
Jimin mordió su labio para evitar que un gemido saliera de sus labios.
—Justo donde usted está tocando, pero también un poco más arriba.
Jungkook esta vez colocó ambas manos, haciendo movimientos verticales, llegando hasta la mitad del glúteo de Jimin.
—Disculpe mi atrevimiento, pero es para hacer un mejor trabajo, ¿podría levantar completamente su falda?
Jimin sonrió.
—Claro entrenador, haga lo que sea necesario.
Jungkook tomó el final de la falda de Jimin y comenzó a subirla lentamente, dejando al descubierto el gran trasero de Jimin, cubierto solamente bajo una pequeña pieza de lencería color negro que marcaba de forma deliciosa su pequeño y gordito coño.
Jungkook sentía que sus pantalones comenzaban a ajustarse más en la sección de la entrepierna, por lo que con un suave movimiento intentó acomodarlo.
Cerró sus ojos y dio un largo suspiro antes de comenzar nuevamente con el masaje.
La blanca y tersa piel del menor, contrastaba con la fina tela oscura de la pieza de lencería que llevaba, la suave piel bajo su tacto lo hacía estremecer. Era como estar tocando la más grande tentación que nunca había tenido frente a él por casi un año.
—Jimin, voy a masajear tu otra pierna, así te relajas un poco más. —Jungkook comenzó a aplicar crema en el otro muslo del menor.
—Haz lo que quieras conmigo profesor Jeon —soltó Jimin con voz seductora.
Jungkook gruñó ante tales palabras, los labios de Jimin se veían tan apetecibles que sentía que en cualquier momento perdería el poco autocontrol que le quedaba.
El pelinegro comenzó a dar movimientos circulares con sus palmas abiertas en el muslo de Jimin, subiendo lentamente y haciendo lo mismo pero en el glúteo del menor.
Jimin soltó un suspiró, sentir al profesor Jeon tocar su trasero, lo estaba calentando tanto como lo esperaba.
Jungkook sin poder evitarlo, comenzó a mover su pulgar dentro de la ropa interior del menor, tocando con la punta de su dedo el inicio del suave y abultado coño de Jimin. Este se removió en su lugar logrando mostrar más piel que Jungkook solo había podido imaginar antes.
Los movimientos circulares continuaban, siempre manteniendo sus pulgares acariciando tan delicado lugar de forma casi disimulada. Jimin sentía que solo esos pequeños toques lograban humedecerlo tanto, llegando a pensar que se correría ahí mismo, pero antes quería ver hasta dónde llegaba su profesor.
Una vez más con sus pulgares, Jeon comenzó a abrir suavemente los pliegues del menor, ganando mucho debido a que la tela que cubría su coñito era traslúcida y era fácil ver su rosada intimidad.
Jungkook estaba muriendo por ver ese bonito lugar sin tela de por medio, pero no podía, él era un profesor, debía comportarse como uno.
—Todo este tiempo has estado provocándome ¿verdad pequeño? —Jungkook hablaba sin dejar los movimientos en el coño de Jimin, cada vez adentrando más sus dedos a donde tanto añoraba llegar.
—N-No sé de qué habla, profesor Jeon.
—¿Enserio no sabes?
—Mgh~ —Jungkook había comenzado a mover uno de sus pulgares justo sobre el clítoris del menor, creando pequeños círculos y sintiendo lo mojada que estaba la tela que lo cubría— Y-Yo no ah~
—Me tienes duro como una roca, pero sabías la reacción que provocabas en mí ¿Cierto? —Jungkook mordió su labio y sonrió para luego mover hacia un lado la tela que cubría el coño de Jimin, mirándolo esta vez en todo su esplendor y soltando un gruñido bajo antes de frotar su pequeño agujero, mirando como no paraba de soltar lubricante. Sin aviso previo ingresó su dedo en una sola estocada— ¡contéstame!
—Sí ¡Ah! Si profesor, y-yo sabía Mgh…
Jungkook sonrió, observando cómo su dedo lentamente desaparecía en el interior del menor y volvía a salir para repetir el mismo proceso.
—Dime que quieres.
—Yo... ¡Demonios! —Jungkook había ingresado otro dedo dentro de Jimin y este último no pudo evitar comenzar a mover sus caderas en busca de más contacto, estaba ansiando una estimulación más fuerte.
—Solo una vez y prometo dejarlo en paz.
—¿Una vez que? Necesito que seas más claro.
—Necesito que folles mi coñito, entrenador Jeon.
Jungkook sonrió de lado y sacó sus dedos del interior del menor, lo tomó de la cintura y lo dio vuelta, sentándolo frente a él con las piernas abiertas. El pelinegro tomó la cinturilla de la lencería y la bajó lentamente.
—¿Te gusta lo que ves, profesor Jeon?
Jungkook regresó su vista hacía la mirada de Jimin y con un susurro respondió:
—Me encanta.
Sin pensarlo más, lo tomó de la cintura y tomó sus labios en una apasionada guerra que el pelinegro estaba dispuesto a ganar. Sus lenguas se encontraron desesperadamente y succionaron los labios del contrario sin vergüenza alguna.
Ambos coincidían en que era el beso más húmedo que habían dado en sus vidas, pero también era el que más deseó albergaba en tan sólo segundos.
Jimin gemía en los labios de Jungkook, jadeando en sorpresa cuando sintió el glande de este alinearse con su lubricado agujero. Los besos del pelinegro comenzaron a bajar por su cuello y levantó la camisa del más bajo, para finalmente atrapar en su boca uno de los rosados pezones de Jimin.
Todo eso vino junto a la primera estocada que Jungkook dio en el interior del menor, sacando un gemido de ambos.
El interior de Jimin era magnífico, más de lo que alguna vez pudo haber imaginado.
—¡J-Jungkook! —Jimin cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás, muchas veces se imaginó siendo follado por el entrenador Jeon, pero realmente nada se comparaba con la hermosa realidad.
—Estás tan apretado mgh… —Jungkook dio un suave beso en los labios de Jimin, dando otro y comenzando a succionar su labio inferior. Los labios del menor eran el cielo.
Jungkook sacó su miembro y volvió a entrar con fuerza, sintiendo como cada espacio dentro de Jimin lo apretaba deliciosamente, haciéndolo jadear por las sensaciones tan placenteras.
Los movimientos se habían vuelto rápidos pero profundo, Jungkook no había parado de tocar el punto G del menor, haciendo a este gemir sin control. Con una de sus manos comenzó a frotar el clítoris de Jimin, sintiendo que este poco a poco llegaba al límite.
El sonido de sus pieles chocando no podía ser más placentero. Las gotas de sudor bajaban por el rostro de Jimin, llegando hasta su cuello y haciéndolo ver más sexy de lo que ya se miraba.
Jimin mantenía sus manos enrolladas alrededor del cuello de Jungkook, así que lo atrajo para una vez más, unir sus labios en un nuevo beso, siendo errático debido a los fuertes movimientos que estaban provocando sus cuerpos. Sus dientes chocaban de vez en cuando, pero esos pequeños detalles solo los calentaba más.
—J-Jungkook, Y-yo ¡mgh! —Jimin atrapó su labio inferior entre sus dientes, el suave cosquilleo en su bajo abdomen y la sensación que hacía los dedos de sus pies encorvarse, comenzaba a manifestarse.
—Sé que quieres correrte Jimin, hazlo bebé.
Jimin llevó sus labios al hombro de Jungkook y lo mordió con fuerza mientras sentía como su orgasmo llegaba y de esa forma liberaba todos sus fluidos sobre el miembro de su querido profesor.
Gracias a eso, el interior del menor comenzó a apretarse, llevando a Jungkook a gemir ante la sensación que le estaba dificultando moverse, era una sensación que estaba en otro nivel.
La sobreestimulación que estaba siendo impuesto sobre Jimin lo hicieron derramar lagrimas, las embestidas seguían sin parar y el movimiento sobre su clítoris cada vez se volvían más rápidos y fuertes.
Jimin en menos de lo que imaginó había vuelto a correrse, siendo ese un orgasmo más húmedo que el anterior y todo debido a la estimulación en exceso que había recibido su sensible coño. Jungkook tampoco había durado por más tiempo, se liberó por completo en el interior de Jimin, bombeando unas cuantas veces más hasta que la última gota fuera succionada.
Finalmente había hecho suyo a Park Jimin.
—E-Esto fue increíble, Jungkook —Soltó Jimin un poco mareado luego de tanto, su cuerpo estaba extremadamente sensible.— Fue mejor de lo que algún día pude imaginar.
—Pienso lo mismo, pero ahora hay un problema.
Jimin levantó su vista y su expresión se tornó preocupada.
—¿Cuál?
—No creo poder soportar que esto sea algo de una sola ocasión, la próxima vez quiero probar con mis labios este lugar tan bonito aquí abajo.
Jimin levantó sus cejas en sorpresa y un jadeo abandonó sus labios cuando sintió la mano de Jungkook acariciar su coño cubierto en fluidos. Una suave sonrisa comenzó a formarse en su rostro y atrajo a Jungkook en un suave beso, muy diferente a los anteriores que habían compartido.
—Entonces procuraremos que existan muchos más de estos momentos, profesor Jeon.