Sweet Creatura // Larry Stylinson

Sinopsis

Donde Louis sufre de personalidad múltiple y olvida a Harry de un día para otro, fundiéndose en tristeza porque es consciente de todo lo que Harry arriesga por hacerlo feliz.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Levi
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Única Parte

—No va a la escuela, nunca ha ido a una —contó su madre y él hizo una mueca de asombro—, la única vez que pisó un lugar así fue en jardín de niños. Lloró por dos horas hasta que llamaron a sus padres y lo retiraron. Estudia desde pequeño en casa.

—No —negó lentamente y soltó una risa por la oferta de su madre—, mil veces no, mamá. No voy a cuidar a una persona así. Está mal psicológicamente, ¿qué si intenta lastimarme?

—Él no lo hará —rodó los ojos y tomó la mano de su hijo por encima de la mesa. Soltó un suspiro y lo miró en suplica—. He visto cómo es Louis, no habla con nadie que no sea sus padres o su psicóloga. Necesita un amigo de verdad y sé lo sociable que eres con todos.

Él lo era. Es decir, con su rostro podría dominar el instituto entero. Tenía varios grupos de amigos y ellos solían llamarlo ‘el popular’ porque todos, absolutamente, sabían de la existencia de Harry Styles.

—Lo sé —dijo con orgullo y sonrió de lado. Se inclinó hacia su madre y volvió a negar—. No voy a enseñar a un loco, ni aunque me pagaran un millón de dólares.

Le pagaron ochenta dólares.

Su cara de fastidio y odio hacia todos demostraba lo mal que estaba con la situación. Anne a su lado sonreía mientras conducía hasta la casa de los Tomlinson. Harry no le habló en todo el camino pero ella sabía que se lo terminaría agradeciendo.

—¡Hola! —Jay besó la mejilla de su mejor amiga para después mirar al rizado—. ¡Por Dios! Mira lo grande que estás, ¿hace cuando no nos vemos?

—Desde que era un bebé —Anne dijo con nostalgia y Harry de regañó cuando estuvo apunto de rodar los ojos. Sonrió y estiró su mano hacia Jay, que sonrió demasiado y lo tiró para darle un abrazo y un beso en su mejilla.

—¡Pasen, por favor! Louis está en la sala, Harry, puedes ir a verlo.

El problema era que él no conocía la casa. No pudo renegar cuando las dos amigas se sentaron a conversar de lo que sea que ellas conversen todos los días.

Caminó por un largo pasillo en busca del tal Louis pero lo único que encontraba era oscuridad. Sentía su piel erizarse de solo pensar en aquel chico, ¿qué si él está deforme y esa es la razón por la cual nunca ha asistido a clases? Aunque Anne fuera muy amiga de Jay, nunca ha permitido que Louis salga a la calle. O tal vez es él quien no quiere salir.

Harry dio un salto cuando abrió una puerta y esta chilló demasiado. Frunció su ceño por como latía su estúpido corazón y sin esperarlo más, entró. Él estaba ahí, de pie y totalmente blanco. Y con un cuchillo.

—¡No, no, no! —exclamó y negó con sus manos—. ¡Soy el hijo de Anne!

Él no cambió su expresión. Seguía totalmente blanco y el cuchillo en sus manos temblaba. Harry debía admitir que él era hermoso.

—¿Louis, cierto? —el castaño no respondió—, soy Harry, solo estoy aquí para enseñarte algunas cosas, ¿está bien? —Louis parpadeó y Harry vio la duda en sus ojos—. Puedes bajar el cuchillo, no te haré daño.

Él lo hizo, sin embargo.

Louis tragó en seco. El sonido se escuchó en toda la habitación y Harry sintió como su cuerpo se erizó. Ahora su corazón no solo latía por el susto.

—Me acercaré para que no te lastimes con el cuchillo, ¿si? —dio un paso mientras que el castaño bajaba el cuchillo lentamente. Estaba sudando, el rizado lo notaba por la forma en que su frente brillaba.

—Estoy cerca —susurró y Louis se agarró con fuerza del mango del cuchillo, aunque este estuviera en una posición que no parecía amenazante.

Harry logró acercarse. Él también tenía miedo pero Louis no lucía como alguien que quisiera lastimarlo. Lo miró de arriba a bajo, su ropa de seguro era el triple de su talla por como se le caía. No podía diferenciar su cuerpo entre esos trapos pero su piel se erizó otra vez cuando estuvo lo suficientemente cerca para mirar el color de sus ojos.

Así fue como conoció el azul.

—No te haré daño —le susurró quitando el cuchillo de sus manos y apartándolo de entre ellos. Louis tembló totalmente pero eso no evitó que Harry tomara sus manos frías entre las suyas, como si quisiera darle calor involuntariamente. Como si quisiera protegerlo aunque recién lo haya conocido—. Te lo prometo.


~3 años después~

—¿Estás cómodo? —Louis asintió y se aferró más a su cuello—. ¿Seguro que estás cómodo?

—Estoy cómodo —susurró y sonrió de lado, su mejilla aplastándose más en el hombro de Harry.

—Está bien —él dijo complacido y lo tiró hacia arriba para sostener mejor sus piernas—. ¿Quieres helado?

Louis rió y negó con su cabeza. Sus mejillas estaban sonrojadas y aunque él estuviera en la espalda del ojiverde, él juraría que así lo estaba.

—¿Por qué? —se quejó e hizo un puchero. Louis se encogió de hombros mientras soltaba una risita—. ¿Qué si es de chocolate, eh? ¿No querrías?

—No —rió mientras negaba. Sus mejillas siempre dolían cuando estaba con Harry.

—Está bien —bufó—, más para mi.

Lo hizo bajarse de su espalda y lo tiró hacia su pecho para abrazarlo. Louis se dejó mientras bajaba las mangas de su enorme abrigo. De hecho, el abrigo era de Harry.

—Vamos por mi helado —Harry lo hizo caminar aunque todavía lo tuviera debajo de sus brazos.

Louis nunca decía nada, se dejaba llevar por Harry. La mayoría de las veces era así; él controlándolo para reír o para que se sonrojara.

—Un helado de chocolate —el señor de la tienda lo miró fijamente. Louis se apretó más a Harry cuando lo miró a él—. ¿Y bien?

El hombre pestañeó pero caminó hasta la heladera y sacó uno de los helados de chocolate. Harry lo pagó con una sonrisa y lo abrió con el castaño aferrado a su antebrazo.

—¿Estás segurísimo que no quieres? —Louis sacudió su flequillo y negó.

Harry se encogió de hombros y llevó el helado a su boca para chuparlo.

—Te va a dar algo —le susurró su novio con su ceño fruncido—.

—No me va a dar nada —rodó los ojos y mordió la punta de la paleta.

Louis también rodó los ojos (lo aprendió del rizado) y se giró para mirar hacia el parque, donde las personas jugaban en la nieve. Alguna de ellas los miraban de reojo.

—Nos están mirando —susurró. Harry se detuvo y miró a su alrededor con la frente arrugada.

—Ven aquí —le respondió de forma melosa y Louis caminó sus brazos para dejarse abrazar.

—Es por mi —dijo con angustia.

—No es por ti —Harry arrugó más su frente. El helado cayó al suelo pero no le pudo importar menos cuando sus manos abrazaron la cintura del pequeño—. Tal vez lo sea... —le susurró y sonrió de lado—, ¿has visto tu ropa? Ellos deben pensar que eres un armario vivo.

Louis sonrió desde su pecho y le pellizcó levemente.

—Por lo menos no me estoy muriendo de frío —objetó. Harry se separó de él y entornó sus ojos.

—¿Quién se está muriendo de frío, eh? ¿Yo? —Louis asintió mordiendo su labio—. ¡Nadie se está muriendo de frío aquí! —gritó. Louis rió con fuerza y cubrió su boca con su pequeño y helada mano.

—¡Estás comiendo helado cuando puedo ver literalmente tu respiración! —Harry chasqueó su helado.

—Eso no es cierto —Louis enmarcó una ceja—. Lo es pero no tengo frío, ¿tú tienes frío, bebé?

Louis asintió con un puchero. El rizado se inclinó y lo besó.

—Vamos a casa entonces —lo ayudó a subirse a uno de los asientos del parque para que volviera a estar en su espalda donde el frío no lo consumía ni nada de eso.

Louis recostó su mejilla en su hombro una vez más y frunció el ceño cuando su mente se revolvió de repente. No dijo nada mientras Harry le contaba sobre lo que sea que estuviera hablando. Él seguía sosteniendo sus muslos y reía de vez en cuando.

—¿Louis? —llamó y el castaño pestañeó varias veces.

—¿Uhm? —respondió.

—¿Estás bien? —el podía diferenciar su tono aunque no viera su rostro.

Louis rodó los ojos con fastidio.

—Estoy bien —dijo bruscamente—. Quiero bajarme.

Harry lo hizo en silencio porque había aprendido que tratar de evitar a Louis enojón. Él solía ser violento cuando no obtenía lo que quería o cuando las cosas no salían como él quería.

—Íbamos a casa —le susurró cuando miró hacia la calle por donde estaban caminando.

Él frunció su frente mirando un punto fijo en el suelo y se giró hacia Harry con confusión.

—¡Sé que íbamos a casa! —chilló de repente y sus ojos se llenaron de lágrimas—. ¡Deja de tratarme como un enfermo! ¡No estoy enfermo!

Harry asintió lentamente y suspiró mientras bajaba la mirada.

Louis sollozó y comenzó a caminar recto sin detenerse a mirar si Harry iba detrás de él. Una parte del ojiazul sabía que él estaría siempre cuidando su espalda.

Él se alejó cuando una persona pasó por su lado. Harry notó la forma en como sus manos temblaron y como estaba apunto de lanzarse a llorar.

Lo sabía... Lo supo cuando Louis se lo había dicho. No sería una buena idea sacarlo de casa, pero él había insistido tanto en salir, había incluso llorado para hacerlo y Harry terminó aceptando aunque sabía que terminarían en la misma escena que las veces anteriores.

—Hey, amor —le susurró y tomó su rostro entre sus manos. Louis trató de alejarse pero terminó dejándose—. Estábamos en el parque, tú querías ir al parque, ¿te acuerdas? Fuimos por un helado de chocolate.

—Pero hace frío —él se quejó y se acurrucó en sus manos.

—Sí, hace frío —Harry rió y lo abrazó desde sus hombros para besar su frente—, hace mucho frío así que vamos a ir a casa para que tomemos una ducha caliente, ¿qué te parece esa idea?

—Quiero una ducha caliente —respondió y miró a Harry a los ojos. El rizado notó su azul—. Íbamos a casa.

Él asintió y le sonrió de lado.

Louis se dejó llevar una vez más, esta vez mientras Harry tomaba su mano y lo miraba de reojo. Aquello era lo malo siempre. Nunca sabía cuándo Louis se rompería, cuando él tendría que reunir sus piezas para unirlas.

Pero Louis se giró y le sonrió. Había luchado demasiado para tener esa sonrisa todo para él. El Louis de antes nunca, jamás le hubiera dado ese simple gesto.

—¡Mamá! —él había gritado. Harry podía sentir su cuerpo volviendo a sentir la tristeza de ese día—. ¡Mamá, mamá! —Louis se mantenía gritando con lágrimas en sus ojos.

Harry no lo soltó aunque sus manos estuvieran llenas de sangre. La navaja había caído en algún lugar.

Jay apareció rápidamente y ayudó a Harry para que se separase de Louis, él siguió murmurando su nombre aunque ella lo estuviera abrazando con todas sus fuerzas. Ignoraba las marcas en sus manos pero Harry permaneció mirándolas fijamente.

Fue él —Louis sollozó en su pecho apretando su camisa con fuerza—, él me lastimó, mamá. ¡Quiero que se vaya!

Jay siseó y le asintió mientras le acariciaba el cabello. El ojiverde miraba con pánico a los dos.

Louis cayó dormido unos minutos después. Y Jay se levantó con un suspiro, con sangre en sus manos.

No hice nada —él comenzó a llorar. Jay se acercó a él con una sonrisa de tristeza y negó—. Le juro que no le hice nada. Pidió permiso para venir al baño y demoró, entonces yo...

Te creo, Harry —ella le asintió y miró a su hijo dormido en su cama—. Él a veces hace este tipo de cosas.

Podía sentir todavía el nudo en su cuello.

Él no me reconoció —dijo en voz alta para creerselo. La mujer asintió.

Él también se olvida de todo.

Louis frunció su frente y pellizcó el brazo de Harry cuando él no respondió a su pregunta.

—¡Te estoy hablando, tonto! —el rizado asintió y volvió en si sonriendo automáticamente.

—Lo siento, bebé —Louis bufó y se abrazó más a su brazo.

Llegaron a casa. Jay saltó en el sillón todavía manteniendo su labio entre sus dientes. Louis también solía hacer eso, solo que siempre terminaba con la boca llena de heridas.

—¡Hola, mami! —Louis se lanzó a su mamá y besó su mejilla—. Tomaré una ducha caliente con Harry.

—Eso es estupendo, bebé —sonrió y acarició su mejilla—. Ve a alistar la ducha pero ten cuidado, ¿está bien? Harry irá enseguida.

Él asintió y corrió hacia las escaleras a la vez que Harry botaba todo el aire en sus pulmones.

—¿Cómo estuvo? —se encogió de hombros y tiró de su cabello.

—No estuvimos tanto tiempo, ¿o sí?

—Un poco más de lo normal.

—Tuvimos una pelea —rodó los ojos—, no fue nada. Dejé que se perdiera por unos segundos y pasó. Estaba enojado y pensé que se iría corriendo pero se asustó.

Jay asintió sin sorprenderse.

—Hablé con sus psicólogos —suspiró—. Hablaremos cuando esté dormido.

Harry asintió y tragó en seco. Pasó por un lado de la mujer y comenzó a subir las escaleras. Louis no demoró en tardarse en lanzarse encima de él en cuento estuvo en su habitación.

—¡Hay una araña! —gritó y se abrazó al torso de Harry mientras chillaba—. ¡Me va a comer, Harry!

Él lo presionó a su pecho, lo cargó hasta su cama y lo dejó sentado allí.

—Iré a matarla —frunció su frente—, nadie se mete con mi bebé.

El ojiazul sonrió y asintió frenéticamente.

Caminó hasta el baño y cerró la puerta. No se molestó en matar la maldita araña porque ya lo había hecho tres días atrás cuando Louis estaba cepillando sus dientes pero él seguramente no lo recordaba.

Se miró al espejo. Las ojeras debajo de sus ojos cada día se marcaban más y sus mejillas ya no estaban rellenas como antes, ¿a quién debía culpar? A sí mismo por enamorarse.

—¿Harry?

—¡Ya voy, amor! —exclamó y antes de abrir la puerta, le gruñó a su reflejo—. ¿Estamos listos para esa ducha?

Asintió y comenzó a retirar su ropa sin ayuda. Harry también hizo lo mismo. Louis ganó y rodó los ojos cuando él seguía sacando su ropa.

—¡Eres muy lento! —sonrió y lo empujó de sus hombros. Harry no se movió pero lo miró mal en forma de broma.

Ellos terminaron sentados en el agua caliente. Louis no temblaba, se aferraba a sus hombros con su helada nariz hundía en el cuello de Harry.

—¿Helado de chocolate? —susurró con voz adormilada. Harry asintió y siguió acariciando su espalda, de arriba a bajo para que permaneciera con él.

Él no lo hizo.

Harry creyó que había quedado dormido en sus brazos, como él usualmente solía hacer. Estaba apunto de levantarse cuando él gritó con todas sus fuerzas.

El rizado tomó sus muñecas cuando vio sus intensiones. Ya había resultado herido otras veces por los delicados dedos de Louis. Tiró de sus manos hacia su espalda pero el castaño se seguía moviendo con brusquedad. Estaba furioso.

Pasó sus piernas por encima de las de Louis y lo mantuvo a pesar de que se siguiera moviendo de un lado a otro solo para desquitar su enojo inexplicable con Harry.

Se calmó lentamente terminando en un gemido lastimero. Él volvió a caer dormido en su pecho.

Lo levantó en peso sin problemas. Lo recostó en sus esponjadas sábanas, tiró varias de ellas encima de él antes de encender la calefacción y comenzar a vestirse.

Bajó las escaleras con rapidez cuando y Jay ya estaba sentada en la sala.

—¿Qué dijeron? —preguntó. La mujer miró al rizado e hizo una mueca.

—Dijeron que estaba mejorando —sonrió de lado y miró sus manos entrelazadas—, que están sorprendidos de que ahora dure más tiempo consiente y de que haga el intento de salir.

—Eso no es malo —frunció el ceño y cruzó sus manos en su pecho.

—No lo es —respondió en un susurro— para Louis no pero para ti sí.

—No —dijo antes de que dijera algo más. La mujer abrió boca pero Harry no se lo permitió—. ¿Se está dejando llevar por las ideas de mi madre otra vez?

—Tiene razón —se excusó. Harry rió sin gracia.

—Lo amo —dijo y sintió su cuerpo doler—. No lo voy a dejar.

Jay se levantó del sillón, limpió sus manos en su vestido y miró a Harry en suplica.

—Creo que sería bueno si te tomas un tiempo —él negó limpiando sus lágrimas—, en unos meses más podrías entrar a la universidad. Ya ha pasado un año, Harry...

—¡No quiero ir a la universidad! —exclamó frustrado—. ¡Es mi decisión, no solamente es por Louis!

—Es por él —la mujer levantó la voz—. Ya has dejado muchas cosas por él, Harry. No puedes seguir así. Encontraré la forma, te lo prometo, haré que se olvide que tú...

—¡No! —él gritó y miró a la mujer con odio—. ¡No lo va a hacer!

—Pero...

—Me lo llevaré —la interrumpió—, si usted vuelve a tocar este tema me llevaré a Louis lejos. Él es mayor de edad —no lo quería hacer. Nunca separaría a Louis de su madre pero era su única carta—. Le juro que me lo llevaré lejos.

Ella no dijo nada más.

Volvió a subir las escaleras a grandes pasos. Llegó a la habitación de Louis y se lo encontró todavía durmiendo y abrazando una almohada.

Harry sonrió de lado y se agachó para besar su frente.

Tomó su maleta, salió de la casa dando un puertazo y encendió su auto hasta llegar a su propia casa.

(...)

Pateó la nieve en la entrada de la casa y llevó sus nudillos a la puerta. Era de mañana pero Harry sabía que Jay estaría despierta.

—Buenos días —saludó evitando mirarla a los ojos. Ella se hizo a un lado y permitió que pasara a su lado, directo a la habitación de Louis.

Él estaba sentado en su cama. Sus uñas estaban siendo mordidas por sus dientes mientras su miraba estaba en un punto fijo en la pared. Estaba pensando en algo cuando de repente su mente se puso en blanco y la puerta sonó.

—Hola —Harry sonrió y entró a la habitación con duda, sin saber a quién estaba por visitar. Pero Louis sonrió y supo que ahí estaba su novio.

—Te estaba esperando —él estiró sus manos hacia su novio con un puchero. El rizado no demoró en enseñar sus hoyuelos ya dejarse abrazar por Louis—. Te extrañé demasiado.

Harry hundió su nariz entre el cuello de Louis y su mejilla.

—También te extrañé, amor —suspiró sintiéndose de lo mejor en los brazos de su bebé. Se sentía... Agusto y en casa, como debía ser.

—¿Puedes acostarte conmigo? —Harry asintió a la vez que se acostaba a su lado—. ¡No, no! ¡No de esa forma!

—¿No de esta forma? —Louis se sonrojó y Harry frunció su frente.

—La ropa, Harry —susurró más rojo que un tomate.

El rizado sonrió y soltó un suspiro. Louis lo observaba atento mientras mordía su labio.

—¿Estás seguro, amor? —asintió y tiró de un extremo de la camisa de Harry.

—Estoy muy seguro —y Harry posiblemente esté cada día más enamorado de él.

—Está bien —él dice antes de arrodillarse en la cama. Se sienta en sus piernas y Louis está sonriendo de esa forma, tan tierno aún cuando él quiere ser follado.

Abraza a Harry todavía con esa sonrisa, solo se desvanece cuando su novio lo besa, cuando la lengua del rizado está dentro de él y lo hace meterse en un trance. Él está con ojos cerrados y respiración agitada cuando se separan. Harry piensa que lo ha perdido cuando no reacciona.

—¿Estás bien, bebé? —preguntó. Louis asintió y reposó su cabeza en su hombro.

—Sí —susurró—, es solo que... Es solo que te amo demasiado.

Harry tiró de él más a sus brazos. Bajó su cabeza y volvió a besar sus labios. Louis se dejó mientras sus manos tomaban lugar dentro de su camisa. Estaba explorando su cuerpo para nunca olvidar. Él nunca lo haría si tuviera opción, él no la tiene.

El mayor retira su camisa todavía con sus labios pegados a los de Louis, quien tiembla pero se deja. Harry supo en ese instante que él volvió a dormir desnudo con su camisa favorita, la que cubre todo su cuerpo y que es de Harry.

—Eres tan perfecto —le susurró, sus labios bajando a su cuello y succionando. Harry es quien baña a Louis siempre, desde que le confesó su amor así que no tiene problema en dejar esa marca que Jay nunca verá.

Hay más por todo su cuello, todas son de Harry y así será por el resto de sus días porque nunca pensará dejar a Louis. El pensamiento nunca aparecerá en su cabeza.

Tomó su redondo trasero en sus manos cuando Louis tironeó de sus cabellos. Gimió cuando los dedos de Harry abrieron sus mejillas.

—Harry —susurró, su nariz acariciando el cuello del mencionado y él besando toda la piel que la ropa de Louis suele esconder.

—Soy yo —respondió—, soy yo, amor. Estoy aquí —Louis asintió con el nudo en su garganta.

Harry se sentó en la cama de mejor forma, tiró de Louis a su regazo ayudándolo a abrir sus piernas en su cintura. Louis llora mientras vuelve a atraer los labios de Harry a los suyos. No hay una explicación para sus lágrimas, Harry aprendió a no obtener respuestas.

—También te amo.

Sonrió y besó su mejilla.

Louis sigue llorando mientras se balancea en el regazo de Harry. Él besa sus lágrimas y le susurra lo que quiere escuchar.

(...)

—¿Entonces? —Louis le arrugó la nariz a Harry y rodó sus ojos.

—¡Déjame terminar! —exclamó y siguió dibujando. Harry rió y se inclinó para besar sus muslos.

—¿Soy difícil de dibujar, amor?

—¡Lo eres porque te mueves demasiado! —gruñó y tiró más de la sábana para que cubriera su desnudes—. Tienes bichos —él concluyó mordiendo su labio y dándole los últimos toques a su dibujo.

Se lo mostró y aunque no fuera el mejor dibujo de todos, él hizo el intento. En el dibujo, Harry estaba con Louis en su espalda y un niño a su costado.

—¿Quién es él? —Harry señaló el dibujo con su pecho latiendo a mil. Louis se inclinó hacia el dibujo y arrugó su frente tratando de recordar.

—Es un niño —susurró y miró a Harry para confirmarlo—, yo lo hice.

—Sí —su garganta picó en ese segundo—, tú nos dibujaste con un niño, ¿por qué?

Louis mordió su labio con su frente todavía fruncida. Él se había perdido en la laguna que eran sus pensamientos, estaba cazando recuerdos.

—¿Tenemos un hijo? —Louis abrió los ojos en grande y miró a Harry con asombro.

Él sonrió marcando sus hoyuelos y negó. Lo abrazó y besó su frente con todo el amor que podría darle.

—No tenemos un hijo —respondió bajito, Louis se acurrucó más en su pecho—. Si lo tuviéramos estoy seguro que no lo olvidarías.

—Así como a ti —él respondió—, ¿cierto? Nunca te olvidaré, ¿verdad?

Él miró con pánico a Harry, quien lo abrazó más fuerte y besó su mejilla. Ignoró cuando Louis comenzó a llorar en su pecho, cuando se dejó llevar por su mente.

Louis paró unos segundos después. Duró tan poco pero Harry ya tenía sus mejillas húmedas y su mirada estaba perdida en la pared de la habitación.

—Harry —él llamó y miró a su novio en busca de atención. Harry movió su quijada todavía aturdido—, ¿podemos ir al parque?

—No —negó y Louis hizo un puchero.

—¿Por favor?

¿Qué él haría para que Louis estuviera bien? ¿Qué no daría para ver siempre sonreír a Louis? Podría venderse en bandeja de plata con tal de tener una respuesta a todo; cómo hacer feliz a Louis, cómo nunca verlo con la mirada perdida. Cómo tenerlo a salvo de los demás, de todo.

Harry acarició de arriba a bajo las manos de Louis, sus dedos rozando las marcas que nunca se borrarían, las marcas que significaban la lucha que Louis tenía día a día con él mismo. Sus piernas... Sus manos también pasearon por aquellas piernas tan perfectas. Louis solo miraba en blanco como Harry tocaba sus heridas, las que sangraron alguna vez. Harry quiere sanarlas todos los días de su vida, él nunca antes a estado seguro de algo antes. Él quiere estar con Louis por toda una eternidad, sin importar lo perdido que siempre esté, sin que importe los días en donde él se levanta gritando y no reconociéndolo.

—Louis —él alza la mirada y lo ve fijamente—, ¿quieres casarte conmigo?

Sus ojos están grandes. Harry puede sentir como su estómago reacciona ante el color de sus ojos. Es azul, sus ojos son azules y nunca antes ese color había lucido tan bien junto al verde.

—¿Casarnos? —preguntó y Harry asintió con una sonrisa tímida—. Pero no estoy enfermo.

—No estás enfermo —Harry arruga su frente y besa la cara llena de confusión de Louis—, y aunque lo estuvieras, ¿qué importa? Quiero cuidarte para siempre.

Louis sonríe como él mejor lo sabe hacer.

—Está bien —asintió.

Harry arrancó una hoja del cuaderno de dibujo de Louis. Con algo de complicación, logró hacer un anillo de papel, que hizo reír a Louis.

—Ahora sí... —Harry suspira—. Amor... Mi vida, bebé, ¿aceptas casarte conmigo?

Louis frunce su frente. Vuelve a haber sorpresa en su mirada pero él asiente con sus ojos llenándose de lágrimas.

—¡Sí! —asiente frenéticamente y estira su mano para que Harry coloque el anillo de papel.

Harry besó a Louis, él se dejó mientras hundía sus dedos en el cabello del rizado.

—También te amo —respondió Harry con una enorme sonrisa.

(...)

—¿Hola? —preguntó Anne en cuanto su hijo pisó la casa—. Estas no son horas para llegar, Harry.

—Lo sé —rodó los ojos y caminó hasta ella—, estuve con Louis.

—¿Cuándo no estás con él? —ella preguntó. Harry tragó la saliva que se acumuló en su boca.

—Mamá —reprendió—, no comencemos.

Anne lanzó un suspiro y miró a su hijo de forma suplicante.

—Llamó tu amigo Nick —susurró—, él dice que no te ha visto desde que salieron de clases.

Harry metió sus dedos en su cabello y suspiró mientras se sentaba frente a su madre.

—No quiero verlos —respondió—, no tengo tiempo para salir de fiesta como ellos quieren.

—Hazza —ella miró a su hijo con pena, Harry siempre odió esa mirada porque era la que siempre le tiraban a Louis—. Ya no eres él de antes...

—No —él negó y la señaló—, no quiero comenzar la misma disfunción otra vez.

—¡Pero no me dejas continuar! —chilló y se inclinó hacia su hijo para tomar sus manos—. No tienes que hacer esto, Harry. Louis tiene a Jay, siempre ha sido así. No trates de tirarte todo el trabajo en el hombro.

—Mamá, estoy con Louis porque lo amo, ¿es tan difícil entender eso? —Anne negó y Harry la miró con desesperación—. ¡¿Entonces?! ¿Por qué siempre estás tratando de convencerme de que lo deje?

—Porque él está consumiendo tu vida —negó y llevó su mano a su pecho con preocupación—, estás tan enamorado de él que te estás transformando en él.

—¡Mamá! —él gritó y se levantó del sillón hecho una furia—. ¿Qué mierda estás diciendo?

—¡Ya no eres mi Harry de antes! —lloró—. Ya no sales a otra parte que no sea su casa, ni siquiera has aceptado la beca para la universidad que siempre quisiere ir. ¡Él te está transformando en un enfermo!

—¡Es tu culpa! —gritó de respuesta—. ¡Tú me llevaste con él! ¡¿Y sabes qué?! ¡Estoy feliz con eso así que gracias!

Anne sollozó, se levantó del sillón y tiró de la mano de Harry, quien intentó separarse totalmente indignado y enojado. No tiene palabras para describir la frustración que siente, porque él es capaz de muchas cosas con tal de estar junto a Louis pero los demás no parecen entenderlo. No parecen haberse enamorado.

—No sabes cuánto me arrepiento —limpió su mejilla con su mano libre y miró a su hijo con total arrepentimiento. Harry bajó la mirada.

—Yo no lo hago —susurró y quitó su mano de junto a la de su madre. Alzó la mirada y la miró fijamente—. Louis y yo nos casaremos, mamá, y si no tengo tu apoyo deberías irte olvidando de mi para siempre.

Él lo decía en serio cuando caminó hasta las escaleras y subió hasta llegar a su cama, lanzarse en ella y llamar a Nick.

(...)

—Te queda muy bien —susurró Jay y soltó un suspiro—, ¿lo sientes bien?

Louis asintió y se miró al espejo. Frunció su frente a la vez que ladeaba su cabeza.

—No me gusta —susurró, se giró y miró a su madre—. Quiero otro.

—El blanco es tradicional en las bodas —ella dijo y miró a su hijo de arriba a bajo con una pequeña sonrisa.

—Me voy a casar —susurró con una sonrisa y se volvió a mirar al espejo con ilusión.

Había sido difícil pero Jay había encontrado la forma de que aceptaran llevar los trajes de matrimonio a su casa junto con un enorme espejo de cuerpo completo. Louis gritó de emoción y comenzó a ojear los trajes sin borrar la enorme sonrisa en sus labios.

Había dicho que le gustaba el traje que llevaba puesto.

—¿Puedo llevar uno azul marino o algo así, mamá? —Jay se lo pensó y se encogió de hombros—. No quiero uno blanco.

—También hay azules —señaló al ropero de ropa en medio de la sala—, pero pensé que Harry llevaría uno azul.

Louis jadeó y se giró hacia su madre con sorpresa.

—¡Harry no me tiene ver con el traje, mamá! —chilló—. ¡Tienes que ir a cerrar la puerta!

Jay rió y negó.

—Lo hiciste tú, Louis —respondió y su hijo la miró con confusión—, tú cerraste la puerta en cuanto comenzaste a ver la ropa.

—Oh —susurró y frunció su frente—, ¿y si Harry está muriéndose de frío afuera, mamá?

—Él no está afuera —de hecho, él no había llegado en todo el día—. Debe de estar en su casa todavía descansando.

Louis asintió y su vista volvió a su traje. Gruñó y comenzó a sacarse la ropa con odio. Jay lo dejó mientras un suspiro cansado salía de sus labios.

—¡No me voy a casar! —gritó y se colocó su abrigo con odio—. ¡Harry se puede ir al infierno, si quiere!

Jay recogió el traje del suelo y comenzó a doblarlo.

—¡Mamá! —él chilló cuando ella no lo veía—. ¡No quiero volver a verlo nunca más, mamá! ¡No quiero que entre a esta casa!

—Está bien —sonrió y asintió. El Louis enojón solía odiar a Harry la mayoría de las veces, ya estaba acostumbrada y sabía lo que vendría: Louis llorando y llamado a Harry para que lo abrazara.

—¡Estoy hablando en serio! —gritó y tiró de sus cabellos. Jay se acercó en ese instante y alejó los dedos de Louis de sus cabellos.

—Te creo —le susurró—. No lo dejaré entrar, ¿está bien? —Louis asintió y se dejó abrazar por su madre.

—No lo vuelvas a dejar entrar nunca más —suplicó. Jay posiblemente amaba más esa fase de Louis, solía ser quien más razón tenía, y ahí estaba la razón por odiar a Harry—. Él no se merece todo esto, mamá.

Lo entendía, era él único que se había planteado que Harry no era feliz. No estaba viviendo los planes que tenía para su futuro, lo estaba tirando todo por la borda.

—Lo sé —acarició su espalda y suspiró—, ¿quieres tomar algo?

Louis asintió y siguió a su madre hasta la cocina.

—Mami —llamó y se abrazó a sí mismo—, ¿dónde está Harry?

Jay frunció sus labios pero fue buena en fingir una sonrisa.

—Harry vendrá después, amor —Louis asintió y se sentó en el suelo.

Jay lo dejó mientras iba por un vaso de agua. Ayudó a su hijo a levantarse y lo llevó hasta la sala donde le hizo beber el contenido del vaso.

—Tengo que elegir el traje de Harry, ¿cierto? —miró a los percheros con curiosidad—. Harry y yo nos vamos a casar, mami.

Él la miró con alegría y la mujer sintió su pecho oprimirse.

—Sí —asintió—, se van a casar. ¿Por qué no vas ahí y eliges el traje para Harry?

Asintió y se levantó con entusiasmo hacia los trajes. Ojeó cada traje hasta que sacó uno azul marino.

—¡Quiero este! —exclamó—. ¡Es muy hermoso!

Jay asintió pestañeando varias veces.

—¡Es él! —había gritado su hijo—. ¡Es muy hermoso!

Harry rió y abrazó más a Louis.

Sí que lo es —respondió. Harry se sonrojó pero lo había disimulado besando la mejilla de Louis.

Esos eran los recuerdos que más dolían. Cuando ella pensaba que todo volvería a la normalidad pero esta nunca había existido, ni ella sabía cómo era vivir sin Louis actuando como actuaba.

¡Es mi novio! —volvió a gritar y abrazó con fuerza el cuello del rizado—. Es muy lindo, ¿cierto, mami?

Jay le sonrió a Harry con agradecimiento, por ser el único que pudo pasar todas las barreras que Louis había colocado sin darse cuenta para que todos se alejaran de él.

—¡Mamá! —gritó Louis con fuerza y con su frente arrugada—. ¡Te estaba hablando!

—Lo siento —sacudió su cabeza y miró a su hijo con atención—, ¿qué sucede, cariño?

—¿Te gusta? —enseñó el traje con duda—, ¿no está muy azul?

—Está perfecto.

—Lo está —Louis sonrió.

Louis subió a su habitación más tarde, cuando sus pies comenzaron a doler por saltar en todas partes, incluso había salido cuando al patio en busca de Harry. No lo había encontrado pero sus pies ardieron por la nieve regada en todas partes.

Había llorado por Harry durante media hora, se detuvo de golpe cuando su caricatura favorita pasó por la televisión. Luego se enojó con su madre, acusándola de secuestradora.

Fue un día intenso.

Sollozaba mientras subía a su habitación porque había recordado que no había tomado una ducha ese día.

Jay seguía llamado al celular de Harry aunque ya fuera hora de que él se vaya si hubiera estado en casa. Incluso llamó a Anne aunque ya no fueran las amigas de antes. Ella se había negado en decir donde estaba el ojiverde.

La mujer se rindió con un suspiro. Ayudó a Louis a acostarse en la cama ignorando las lágrimas que están derramando.

—No vendrá, ¿cierto? —Jay le sonrió de lado, retiró el cabello de su rostro y negó—. ¿Por qué?

—Seguramente estaba muy cansado para venir. Tal vez se enfermó, ya sabes que él es muy débil en estas épocas.

Louis rodó en su cama y le dio la espalda a su madre.

—Yo no lo sé —respondió y se encogió de hombros.

—¿Quieres que deje el teléfono aquí? —preguntó resignada. Louis asintió pero siguió dándole la espalda.

Colocó el teléfono a un lado del cuerpo de su hijo y salió de la habitación dejando la puerta apegada.

Louis se giró enseguida y presionó la tecla que recordó cuando Harry le dijo que podía llamarlo sin necesidad de que recuerde su número.

Él no contestó, y aunque tuviera ganas de llorar, siguió llamando.

—¿Harry? —preguntó cuando en la otra línea se escucharon muchas voces. Louis no estaba seguro de si era su cabeza la que le estaba jugando una mala broma.

Ya había pasado antes.

—¿Quién eres? —preguntó una voz ronca. Louis se sentó en la cama y sonrió.

—¡Harry! —exclamó—. ¿Dónde estás? ¡No me he bañado hoy!

Frunció su frente e hizo un puchero.

—Louis —susurró la misma voz.

—Soy yo —él respondió y mordió su labio con angustia—, ¿dónde estás, Harry?

—Muy lejos de ti —respondió y rió. Louis pestañeó varias veces—, ¿no es genial? Por fin pude tener un respiro de ti.

—Pero te extraño —el labio de Louis había comenzado a temblar—, ¿tú no me extrañas?

—Estoy cansado —ignoró la pregunta y gruñó—, ¿acaso no lo entiendes, Louis? Hoy pude estar sin tus malditas personalidades. ¿Con quién estoy hablando?

—Con Louis —sus lágrimas caían por sus mejillas y él las secaba sin ganas—, soy Louis.

—Sí —susurró—, eres Louis pero estás loco, eres un enfermo mental —Harry también estaba llorando—, y no puedo estar con alguien así. Pensé que sí pero no voy a soportarlo un día y no quiero verte a la cara cuando decida irme, no quiero, Louis, porque te amo, pero ni siquiera sé si tú lo haces o solo todo lo que sientes está en tu cabeza. No sé si me recordarás el día de mañana, si me amarás, si recordarás todo lo que hemos vivido. Incluso si tenemos una familia. ¿Qué le diré a nuestros hijos cuando no los reconozcas? ¿Qué les diré cuando intentes apartarlos o incluso golpearlos? ¿Qué haré cuando no aguante el dolor de mi alma? No creo poder seguir ignorándolo. Me daña más, Louis —él lloró, se escuchaba como trataba de tener aire en sus pulmones. Louis había dejado de llorar, jugaba con la tela de su abrigo, del abrigo de Harry—. Ni siquiera lo puedo explicar. Me estás consumiendo y me gusta pero, Louis, algún día dejará de haber algo que consumir y no sé cómo seguiré, cómo seguirás tú cuando explote. Tengo mucho miedo, porque todos me lo dicen, que me haces daño pero me gusta y eso me aterra. Tengo miedo de convertirme en alguien como tú, estoy cansado...

—También te amo —Louis colgó el teléfono y lo lanzó lo más fuerte que pudo. Lejos de él cuando volvió a sonar.

(...)

Louis se vistió con pantalones holgados y un pantalón de él, el más viejo que tenía. Así bajó a la sala y miró a su madre revisando entre los trajes.

—Hola —ella saludó con una enorme sonrisa. Louis se la devolvió—, hoy vendrán por los trajes.

Louis asintió y fingió confusión.

—¿Para qué son? —preguntó.

Jay abrió la boca y la volvió a cerrar cuando no supo que decir.

—Eh —susurró y miró a Louis con preocupación—, ¿te sientes bien?

Louis asintió y rió.

—¿Por qué? —preguntó. Jay negó y lo miró con curiosidad.

—Son para Harry, y para ti —susurró.

El ojiazul arrugó su frente. Caminó hasta los trajes y tocó uno de ellos con sus manos.

—No sé quién es Harry —respondió y siguió mirando el traje azul en sus manos—. ¿Puedo quedarme con este?

Jay asintió con desconfianza.

El timbre sonó en ese preciso momento. Louis saltó en su lugar con un chillido escapando de sus labios, corrió hacia su madre para abrazarla.

—Tengo que ir a abrir la puerta, cielo —Louis negó y se apegó más a ella.

—No quiero —sacudió su cabeza y dejó caer el traje al suelo—. Quédate conmigo, por favor.

Jay se separó de él, besó su frente y le sonrió con tranquilidad.

—Solo iré a ver quien es —respondió y Louis se dejó sentar en el sillón.

Jay abrió la puerta y suspiró de alivio cuando Harry entró a la casa. Ella no sabía qué debía decir.

—¿Qué pasó? —Jay preguntó rápidamente—. Estábamos preocupados por ti.

Harry rascó su nuca y miró hacia donde Louis estaba sentado.

—Fui con unos amigos —hizo una mueca—, lo siento.

La mujer asintió y también miró hacia donde su hijo estaba jugando con sus dedos.

—Tenemos un problema —dijo y Harry la miró enseguida.

—¿Qué pasa?

Jay tragó en seco. No le dio tiempo de hablar cuando él ya estaba caminando hacia Louis.

—Bebé —llamó y Louis lo miró con ojos en grande—, estoy aquí.

—¡Mamá! —él gritó con fuerza, con sus ojos llenándose de lágrimas.

Jay corrió a abrazarlo mientras que Harry permaneció en su lugar totalmente congelado.

—Está bien —susurró en su hombro—, es un amigo, Louis. Tú lo conoces.

—Yo no lo conozco —negó y sollozó. Harry quiso hacer lo mismo—, dile que se vaya, por favor.

Miró a Harry en busca de ayuda pero él seguía en el mismo lugar, miraba a Louis con confusión.

—Se lo diré —Louis asintió frenéticamente—, ve a la cocina, ¿si? Tu desayuno está servido.

Louis volvió a asentir, se separó de su madre y corrió hasta la cocina.

—¿Qué hiciste? —preguntó Harry, su odio comenzando a crecer—. ¿Qué le dijiste?

—¡No le dije nada! —exclamó la mujer y miró a Harry con desesperación—. ¡Se levantó así! ¡No sé qué pasó!

Harry se sentó en el sillón, sostuvo su cabeza mientras negaba y dejaba las lágrimas.

—¿Por qué no me recuerda? —miró a Jay aunque su vista sea nublada por las lágrimas—, ¡no puede olvidarme! ¡no a mi!

Louis metió una cucharada de su cereal a su boca mientras sus hombros se sacudían con violencia. Tapaba de vez en cuando su boca cuando algún sollozo quería ser escuchado.

Estaba sentado debajo del mesón de la cocina con sus piernas recogidas, su cereal encima de sus rodillas y con ganas de correr a abrazar a Harry.

Él permaneció en el mismo lugar aunque su cereal se haya regado encima de él. Aunque su mirada estuviera perdida y tratara de estar en sí.

—Hola —Harry tenía los ojos rojos—, ¿puedo sentarme conmigo?

Louis no sintió remordimiento cuando le lanzó el tazón. Él supo esquivarlo y sonrió de lado a pesar de que todo su rostro reflejara tristeza.

—Voy a tomar eso como un sí.

Entró debajo del mesón con dificultad y aceptó las dagas que los ojos de Louis le lanzaba.

—Así que —suspiró y sonrió—, ¿Louis, verdad?

Él negó y bajó la mirada hacia sus dedos.

—¿No te llamas Louis? —volvió a negar—. ¿Cómo te llamas, entonces?

—William —susurró y miró a Harry con fingida confusión—, ¿cómo te llamas tú?

—Me llamo Harry —susurró y apretó sus labios por un instante—. Soy Harry, ¿no te suena?

Louis negó.

—No sé quién eres —susurró y frunció su frente—, pero quiero que te vayas de mi casa.

Harry sonrió aunque doliera.

—Voy a cuidarte —respondió—, aunque no me recuerdes, te cuidaré.

—¡No quiero que me cuides! —gritó y pateó—. ¡No quiero que hagas nada por mi!

Harry trató de acercarse aunque Louis le siguiera lanzando golpes.

—¡Mamá! —él gritó otra vez—. ¡Mami, ayúdame!

Salió corriendo y se lanzó a los brazos de su madre. Harry también salió con lágrimas en sus mejillas.

—Harry —la mujer negó cuando él quiso acercarse—, no lo hagas.

—Louis —él suplicó rompiéndose—, soy yo, bebé, por favor.

—Quiero que se vaya, mami, por favor —susurró con voz temblorosa—, me asusta demasiado.

Jay asintió y acarició la espalda de su hijo mientras le siseaba. Lo ayudó a subir las escaleras dejando a Harry en la cocina. A Harry solo con sus lágrimas.

—Duerme —Jay le susurró a Louis y lo cubrió con sus sábanas. Louis asintió y abrazó a su almohada con fuerza.

—Mami —llamó a la mujer, ella se giró a él enseguida—, ¿puedes traerme más cereal?

Le sonrió y asintió.

Cuando bajó, Harry estaba sentado en el sillón con el traje azul en sus manos.

—Dale tiempo —dijo con calma—, tal vez es solo por hoy.

No solo fue ese día, de hecho.

Pasó durante una semana hasta que Louis se acostumbró a ver a Harry rondando por la casa con mirada triste, algunas veces llorando. Se había acostumbrado a verlo sufrir con tal de verlo feliz algún día.

—¿Necesitas ayuda? —Louis negó mientras tiraba la leche dentro de un vaso.

Harry suspiró y se acercó a él con lentitud.

—¿Cómo te sientes hoy? —Louis notó la esperanza en su voz.

—Bien —se giró hacia él y sonrió—, ¿cómo estás tú?

—Estoy bien —sonrió de lado y con duda tomó la mano de Louis entre las suyas—. ¿Sabes quién soy, verdad?

—Eres el amigo de mamá —respondió y ladeó la cabeza—, ¿cierto?

Harry tosió y dejó ir la mano de Louis, pero asintió después y sonrió.

—Sí, también soy tu amigo —explicó—, somos muy buenos amigos.

Louis se encogió de hombros y llevó el vaso de leche a su boca. Él salió de la cocina sin mirar atrás.

Se había acostumbrado a muchas cosas. A los brazos de su madre en vez de los de Harry cuando lloraba, se acostumbró a que su mamá le diera una ducha con Harry mirando de lejos. Se acostumbró a no abrazarlo y no besarlo, pronto se acostumbraría a no amarlo. Louis pensaba que Harry ya se había acostumbrado, pero él no notaba las miradas que le daba el rizado cada vez que pasaba por su lado sin prestarle atención.

Nadie tenía una respuesta para Harry, y sentía que desaparecería un día. No podría seguir sin Louis, su dulce bebé, que lo había olvidado de un día para otro.

Él caminó en puntitas, sus dedos evitando pisar las rayas del suelo y algunas risas saliendo de sus labios. El vaso de leche en sus pequeñas manos permaneció en su lugar mientras él seguía jugando, así fue hasta que la punzada en su pecho lo hizo parar.

Tocó su pecho con rapidez​. Su frente se arrugó y su nariz se arrugó sin comprenderlo. ¿Por qué el vaso caía al suelo?

Gimió de dolor cuando no lo soportó más. De repente, no estaba pensando, su mente estaba en blanco, él ya estaba perdido en un profundo agujero. Una laguna de la que él estaba seguro había escapado, donde nunca volvería.

—¿Louis? ¿Estás bien? —Harry corrió a su lado, lo tomó de los hombros y lo abrazó mirando con preocupación la leche derramada en el suelo—. Bebé háblame, ¿estás bien? ¿te cortaste?

Louis negó pestañeando varias veces hacia la imagen de Harry frente a él.

—El vaso se cayó —susurró en respuesta. Miró hacia el lugar donde el vidrio estaba derramado, roto en trozos.

Harry suspiró y besó la frente de Louis antes de separarse y comenzar a recoger los vidrios rotos. Él lo admiró por unos instantes con su cabeza inclinada hacia un lado. ¿Qué había pasado?

—Iré a dormir —susurró. Harry lo miró con varios vidrios en sus manos.

—¿Te sientes bien? —él asintió y comenzó a subir las escaleras sin girarse a mirar a Harry. Siguió lentamente hasta que llegó a su habitación y cerró la puerta con suma delicadeza.

Tomó asiento en la cama y miró con demasiada concentración a la pared. En su mente, en aquella pared habían millones de imágenes que lo perturbaban. Lo hacían sentirse enojado por no recordarlas y fuerte por saber que él había pasado por esas cosas, pero ¿Cuándo? ¿Por qué su mente parecía vacía?

Estaba Harry aquel día. Estaba todo lo que alguna vez había vivido y había borrado, su mente había bloqueado aquellos recuerdos pero él en especial, los analizaba cuando regresaba. Estaba siempre encerrado, luchando con los demás para salir y lo había conseguido. Era el más fuerte, no lloraba. Se hacía miles de preguntas antes de realizar alguna acción y siempre llegaba a la misma conclusión; él no puede vivir una vida así. Pero los demás siempre lo detenían cuando trataba de acabar con la lucha interna de Louis, matarlo para salvarlo. Los psicólogos lo llamaban personalidad, él se llamaba salvación. El final de la tortura.

Sabía por experiencia que no podía volver a intentarlo, no dentro de esas paredes donde todos entrarían en pánico al ver a él intentado ser libre.

Se paró de la cama y caminó hacia el ropero, donde la misma ropa de siempre le daba la bienvenida. La ropa holgada de Harry, quien no merecía tal tortura. Tenía razón, una vida con un enfermo mental no era una vida. ¿Otra razón? No quería condenar a más personas. A Jay, quien ya estaba destrozada y aferrada. Desde el inicio.

Ella siempre lo detenía.

Pero cuando comenzó a cambiarse de ropa ella no estaba. No estaba cuando salió de la habitación. No había nada cuando llegó a la sala y analizó el suelo donde la leche debería de estar. Pero no estaba, había sido recogida porque era un problema.

Harry tarareaba desde la cocina. Una canción que no lo describía, una canción de amor con un gran final feliz. No pasaría si él seguía en la misma situación, ¿Por qué había regresado, de todas formas? ¿Por qué estaba ahí cuando ya se había fijado en su espantoso futuro? Él tendría que dejar de amar a Louis, no lo hizo por las buenas, ahora tocaba por las malas.

No había nada que lo detuviera cuando abrió la puerta y miró atrás, al dolor que dejaba. Lo abandonaba para no provocarlo, dejar que las personas sufran junto a él. Los estaba liberando y a la vez se liberaba a él, ¿por qué detenerlo? ¿Es que acaso ellos aman sufrir? ¿Aman verlo sufrir día a día? No había nadie que respondiera.

La nieve se aplastó debajo de sus pies. Le había tomado tanto tiempo llegar para simplemente convertirse en nada. Así era la vida de todos, siempre. Sin importar que logro hubieran tenido. El logro de Louis era haber tenido a Harry, y él de Harry era haber tenido una carga en su espalda. Una pequeña carga que dolía cada vez que avanzaba un paso, las marcas en su espalda lo demostraba. Así que ese pequeño decidió bajarse cuando notó el dolor del contrario. Quiso acabar con su dolor pero él insistía que volviera a su lugar. Decidió convertirse en nada. Estaba apunto de serlo.

Tiró de su corto abrigo, haciendo el esfuerzo de alejar el frío de su cuerpo pero nada lo conseguía. Caminó alejándose cada vez más, y a la par de cada paso, alguien aparecía pero ya no tenía miedo. Él, el más fuerte, no tenía miedo de nada. Ni de la muerte.

Miró a su alrededor, a todas las personas que no lo miraban porque no era importante. Era uno más de ellos, consumido por sus pensamientos.

Ni una sonrisa. Las personas no sonreían a los extraños porque no tenían la intención de mejorarles el día. Él tampoco lo hizo, solo los analizó uno a uno. Cada quien con facciones más tristes, ¿cuál de ellos terminaría con su miseria antes de que llegara la hora? Louis, se respondía bajito. Pero estaba seguro que nadie, aparte de él, se hacía ese tipo de preguntas. Nadie estaba tan jodido como él. Nadie estaba tan ansioso con acabar con todo como él. Los pensamientos de los demás sólo eran leves ideas, pensar qué pasaría si lo hicieran. A dónde irían si llegaran a hacerlo.

Él no tenía miedo a las respuestas.

—¿Estás perdido? —una voz llegó a sus oído. Un niño.

—No —respondió enseguida—, ¿por qué?

El niño se encogió de hombros.

—Estabas mirando a todos, ¿seguro que no estás perdido?

—No —arrugó su frente y miró a su alrededor—, ¿tú estás perdido?

El pequeño negó y sonrió de lado.

—¡Yo vivo aquí! —exclamó—. ¿Dónde vives tú?

—¿Vives aquí? ¿En la calle? —él ignoró su pregunta y se colocó a su nivel.

—No tengo donde ir —se encogió de hombros. Él se alejó cuando el niño intentó apartarle un cabello de su rostro.

—¿No tienes a alguien? —el pequeño parpadeó haciendo memoria pero terminó negando—. ¿Cómo es que sigues con vida?

El otro se encogió de hombros y sonrió.

—Las personas son muy buenas —respondió con simpleza. Él bufó y negó.

—Las personas solo son buenas cuando te quieren —objetó.

—Son buenas cuando les nace ser buenas —el niño sonrió de lado. Una sonrisa ganadora que tenía inocencia, lo que lo mantenía con pensamientos optimistas.

—Cuando crezcas —susurró el castaño—, te darás cuenta de que las personas muchas veces no son buenas. Hay personas malas, incluso hay personas buenas que son malas la mayoría de las veces, y sin darse cuenta. Como yo.

—Tú no tienes cara de ser malo —arrugó su diminuta frente y negó—, pareces estar triste. No malo.

El ojiazul rió y tiró de sus labios hacia un costado. Pero no respondió. No valía la pena explicar por qué él merecía la muerte.

—¿Sabes donde podría encontrar un puente? —preguntó en su lugar.

El niño giró hacia un lado e hizo una mueca de concentración. Parecía tan adorable, lleno de vida y sin tormentos en su vida.

—¡En el parque! —exclamó—. Hay uno muy grande pero nunca me acerco porque he escuchado que es peligroso.

Él hizo un puchero mientras que el castaño sonrió en grande.

—Gracias —le susurró—, y cuando no haya salida es mejor crear una.

El niño lleno de inocencia asintió y sonrió. Sin entenderlo, sin analizarlo, guardando la inocencia donde alguien muy pronto la encontraría y la destruiría y lo convertiría en un esclavo del mundo. Una persona con tristezas, estrés, y demasiadas cosas en su cabeza. Terminaría en lo mismo, como todos. Ninguno siendo cobarde, solo creando una salida simple. No estaban huyendo, estaban cansados. Un descanso eterno bien merecido.

El castaño rebuscó en sus bolsillos cuando se levantó. Encontró algunos billetes inservibles para él y se los tendió al pequeño, que lo miraba con ojos en grande.

—¡Gracias, gracias! —chilló y se abrazó a su pierna.

Luego corrió y él sintió que conoció mejor el mundo desde ese niño. El inicio de todo. Él era el final.

Siguió su camino recordando las veces que Harry lo llevaba. Como solía tenerlo pegado a su cadera para que se sintiera seguro. Recuerda el helado que siempre rechazó por miedo de tener una gripe. Ahora quería uno. Quería la espalda de Harry por última vez, pero ya era tarde.

Su reflejo le demostraba la verdad. Una tienda vieja reflejando la verdad de cada persona.

Se veía miserable. Decaído y sí, se veía triste. Pero nada lo detendría, se iría y acabaría con todo. Ya no quería gritar, no quería hablar, no quería hacer nada más que descansar. Dejar que los demás descansen.

No tenía miedo de arriesgarlo todo. Lo había intentado varias veces, sin miedo pero siendo detenido. Ahora, mirando a su alrededor, nadie lo pararía. Todos sumidos en su propia desgracia, pensando en quiénes han dañado y en que no han hecho nada para solucionarlo. O pensando en quiénes los han dañado y por qué ellos, por qué justamente ellos. Nadie decide si va a sufrir en el mundo, Louis no lo eligió. Pero en que si puede elegir es en acabar su sufrimiento.

No tiene miedo de caer. Ya ha estado en las sombras muchas veces, siendo apartado por ser el único consiente del daño. Del dolor que dejará.

Cuánto no desea regresar el tiempo y evitar todo, decir que no quiere a nadie a su alrededor. O acabar con su vida en ese instante, cuando el cuchillo estaba en su mano y un rizado lo miraba con tranquilidad fingía. Un rizado que le sonrió y le prometió nunca hacerle daño, y lo cumplió, a pesar de todo lo que dijo, que no fueron más que verdades dolorosas.

Caminó y caminó, arrastrando nieve inservible para todos.

No sintió frío, no sintió la presión en su pecho cuando sus pies pisaron el borde del puente, donde el agua parecía ser una pista de hielo, donde su cabeza estrellaría por la larga distancia a la que estaba. ¿Dolería? ¿Qué pasaría cuando no lo soporte más? Simplemente esperar al final.

Era una mala época para hacerlo pero era su única oportunidad, ¿qué importaba el dolor y todo lo demás? Estaría libre para siempre, y nadie haría que regresara a su condena de olvidar las cosas, las personas y los mejores momentos. Nadie lo volvería a condenar a querer acabar con todo a su alrededor.

Así que lo hizo. Un pie seguido del otro, una mirada hacia atrás donde esperaba ver a Harry con su enorme sonrisa, ocultando sus sentimientos. Jay abrazándole y trayandolo como un bebé. Su pequeño hogar roto, que no volvería a ser el mismo si él permanecía a su lado.

El aire frío se sintió como cuchillas cuando decidió caer. El dolor fue helado, fue un golpe en seco que pudo escuchar. Y pudo ver, pudo sentirse libre, lo sintió realmente. Valió la pena cuando cada recuerdo, cada palabra que había dicho, cada persona que había conocido aparecieron en su mente. Fue su último mejor regalo. Y estaba Harry sonriendo, diciéndole que lo ama y que estaba bien. Él solo escuchaba a Harry. A nadie más. Él susurrando mientras lo atraída a su pecho y le cantaba para que durmiera, y así lo hizo. Lo complació, y nunca antes se había sentido de esa forma. Nunca antes había sentido como lo malo abandonada su cuerpo, como solamente era Louis y nadie más. Como solo estaba Harry siendo feliz.

Estaba libre por primera y última vez. Ya no habría nadie más en su mente. Solamente él y el recuerdo eterno de Harry.

(...)

Harry abrió la puerta de la casa con un suspiro. Quitó el gorro de su cabeza y casi corrió a tirarse al sillón para descansar sus pies.

—Hey —Anne sonrió y caminó hasta él sin borrar su sonrisa—. ¿Qué tal te fue hoy?

Él se encogió de hombros y tiró de su cabello para apartarlo de su rostro.

—Si hubiera ido bien no estaría aquí —respondió en un susurro.

Anne asintió ignorando el sonido tosco de la voz de su hijo.

—Jay llamó hace media hora —comentó—, estuvimos hablando por un largo rato. Dijo que podrías ir a su casa cuando quisieras.

Harry tiró los folletos a su lado e ignoró la picazón en su garganta. Miró a su madre con interrogación cuando analizó sus palabras.

—¿Hablaste con ella? —Anne asintió con un suspiro abandonando su cuerpo—. ¿De qué?

—De muchas cosas —sonrió y se sentó frente a su hijo, tomando sus manos entre las suyas y dándole calor—. Hablamos de Louis, de ti. De demás cosas.

—¿Por qué nosotros? —las palabras saliendo de su boca no debrkeron doler. Ya no, no después de todo el tiempo que había pasado.

—Bueno —Anne carraspeó y miró a Harry con vergüenza—. Jay dijo que quería tu ayuda pasa algo.

—¿Qué es? —Harry se enderezó en su asiento y miró a su madre con curiosidad.

—Dijo que... —apretó los labios—. Lo siento mucho, cariño, pero ella quiere que la ayudes a guardar las cosas de Louis en el ático.

Él permaneció helado hasta que reaccionó quitando las manos de su madre.

—Está bien —ignoró cualquier punzada que sintiera en su pecho, cualquier sentimiento que lo llevara al llanto—. La ayudaré pero eso no significa que me daré por vencido, mamá.

Anne hizo una mueca y trató de acercarse a su hijo, fallando cuando él se alejó.

—Harry, ya ha pasado mucho tiempo —susurró con pena—, tienes que dejarlo ir. Él no va a regresar.

—Mamá —él reclamó y cerró los ojos con fuerza—, no importa cuando tiempo pase. Lo seguiré buscando.

La mujer miró automáticamente a los folletos, donde una bella foto ocupaba la mayoría de espacio. Era Louis sonriendo sobre el regazo de Harry en una Navidad muy lejana.

Harry se levantó enseguida y tomó los folletos en sus manos. Se alejó con rapidez hacia su habitación, no tomándose el tiempo necesario para elegir su vestuario. Cuando bajó, su madre no estaba en los alrededores y lo agradeció mentalmente cuando secó las lágrimas en sus mejillas.

Sí, ya lo había hecho pero volvió a pegar algunos folletos mientras caminaba a la casa de Jay, donde Louis ya no lo recibía desde hace años.

Tocó la puerta cuando llegó, sin perder las esperanzas de escuchar las pisadas de Louis corriendo a recibirlo. Pero era Jay sonriendo con tranquilidad.

—¡Harry! —ella exclamó y lo envolvió en un gran abrazo, uno que hizo sentir a Harry muy miserable—. ¡Qué grande estás, cielo!

—Jay —él sonrió cuando ella se alejó.

Le hizo un gesto para que entrara y Harry lo hizo a pesar de sentir que podría caerse en cualquier momento. Lo hizo a pesar de la esperanza casi marchita de su pecho. Lo hizo luego de no haberlo hecho durante varios años.

Todo lucía tan diferente. La sala lucía más llena con cosas que hubieran sido peligrosas para Louis si él estuviera ahí.

—¡Me alegra mucho que hayas venido! —Jay se sentó en un sillón e invitó a Harry a hacerlo. Él lo hizo sintiéndose intimidado—. Dios, mírate. Ya eres todo un hombre, Harry.

Él sonrió y bajó la vista, sin saber qué responder. Jay lo notó por el suspiro que dejó escapar.

—Me alegra que hayas venido —le susurró—, no sabía que vendrías ahora pero estoy muy feliz de verte, Harry.

—También lo estoy —respondió y la miró.

Era Jay mirando los folletos donde su número había desaparecido.

—Harry —ella le había susurrado aquel día nevado—, hay que hablar.

El rizado había negado mientras seguía imprimiendo más y más folletos.

—Estoy ocupado —recuerda que había respondido, sus ojos llorosos por la imagen de Louis que colocaba siempre en cada hoja.

—¡Basta, Harry! —Jay gritó y solo así Harry paró y la miró. Ella lloraba con su rostro totalmente rojo—. ¡Estoy cansada, Harry! ¡Estoy cansada de recibir llamadas que me ilusionan!

Harry había suspirado cuando terminó de hablar. Había tomado el punte de su nariz para tranquilizarse.

—Jay —susurró ese día, con el humo saliendo de su boca por el frío—, tenemos que seguir.

—No, Harry —ella se abrazó a sí misma y negó—. No podemos seguir cuando sabemos la verdad. Ya ha pasado un año, no va a regresar.

—Basta —él gruñó ese triste día.

—Ya no quiero seguir con ilusiones, Harry. Lo he aceptado —susurró y secó sus lágrimas—, sé que él ya no regresará.

Ella se había rendido aquel día, y así, solamente quedó Harry luchando por algo inalcanzable.

—Así que —ella alzó su mirada rápidamente hacia Harry, que se había fundido en sus recuerdos—, Anne me contó sobre el examen que decidiste tomar para terminar tu carrera.

Harry asintió con una sonrisa que podría pasarse por una mueca.

—Solo tengo que esperar la aceptación, si es que deciden aceptarme —la emoción nunca se hizo notar.

—Eso es muy bueno, nunca es tarde para un inicio —pestañeó más de lo necesario—. Verás, Harry... Matt se ha ido por unos días y necesito de tu ayuda.

Matt era su novio. Harry se había enterado cuando los había visto hace ya un tiempo.

—¿En qué? —preguntó, ya sabiendo la respuesta.

Jay tragó la saliva en su boca y jugó con sus dedos.

—Nos vamos a mudar de ciudad —respondió tan baja que Harry casi no la escuchó—, y necesito desechar algunas cosas. Del cuarto de Louis.

Harry ni siquiera se movió de su lugar. Asintió no mirando a Jay, porque sabía que ella notaría el dolor en sus ojos.

—Ya tengo unas cosas guardadas —siguió hablando, colocándose de pie para que Harry la imitara. Él lo hizo solo para complacerla—. También encontré algunas cosas que son tuyas y pensé que te gustaría llevarte.

Harry siguió asintiendo y Jay calló cuando supo que no lograría nada fingiendo que no dolía.

Ella se paró frente a la puerta cuando llegó a la habitación de Louis. Suspiró y se giró hacia él con la tristeza en su rostro.

—¿Quieres hacerlo? —preguntó en un susurro—. Puedes no hacerlo, Harry. No te obligues.

Él asintió pero no respondió. No confiaba en su voz, ella parecía débil cuando hablaban de Louis.

Ella no respondió. Abrió la puerta y el olor que desprendía Louis se hizo presente, como si él siguiera en ese lugar.

Sin embargo, él no estaba. No había nadie ahí más que cajas y mucho espacio.

Harry dio un paso con sus pulmones llenándose del olor de quien una vez había sido su prometido. Su novio, y su primer amor.

—¿Quieres estar solo?

—Por favor —susurró.

Jay dejó la habitación, cerrando la puerta detrás de ella para más privacidad. Y estaba bien porque Harry se tiró al suelo a llorar. Fue algo que no pudo evitar, nunca lo haría. El dolor permanecía en su cuerpo cada vez que lo recordaba. Louis nunca dejaría de afectar a Harry.

Se arrastró con dolor hasta las cajas, donde el pasado estaba y permanecería para siempre, dejando leves recuerdos que solo causarían malestar. Ganas de quebrarse, ganas de llorar y tratar de hacer algo para cambiar el pasado. Nada funcionaría.

Olía a Louis... Era como volver a tenerlo entre sus brazos. Lo sintió así cuando llevó una de sus chaquetas a su pecho, sollozando y manchando la tela con sus lágrimas.

—Louis —se quejó en un gemido doloroso. Quemaba, lo sentía muy profundo en su pecho, y lo único que quería hacer en ese momento era introducir su mano en su pecho y arrancar su corazón para que el dolor desaparezca. Para que Louis deje de estar en su corazón, para siempre. No podía, nada era fácil.

Louis no regresaría.

Repasó en su mente las miles de noches donde se durmió abrazado a una almohada que fingía reemplazar a Louis, mas no lograba sentirse igual. ¿Dónde estaba su calor y su olor? ¿Dónde estaba su Lou, para cuidarlo y protegerlo del mundo exterior?

Nunca obtendría una respuesta.

Limpió su nariz con asco, no solo por la humedad de su nariz, también por como se sentía. Un idiota que había dejado al amor de su vida irse. Tan inocente que seguramente no sabía dónde iba.

Había muchas cajas, miles de recuerdos en cosas que se mantendrían más tiempo que la vida humana. Estaba la libreta de Louis brillando frente a Harry, cuando pensó que no podría volver a llorar. Pero ahí permanecía, no había nada que hacer. No hay nada qué hacer contra el dolor, es fuerte y no se deja eliminar.

—Oh, mi Lou —susurró. Sus manos estirándose hacia la libreta de muchos colores, porque Louis no podía mantener un color como favorito. No quería ser egoísta y apartar a los demás colores. Habían sido sus palabras, y Harry se sintió afortunado de tenerlo aquel día.

Estaban cada uno de los dibujos que él se había dedicado a realizar. Algunos pintados con lápices de colores, algunos sin terminar porque a veces se olvidaba que debía seguir. Lloraba y no lo entendía, Harry estaba ahí y lo guiaba entre la oscuridad, le indicaba con delicadeza dónde pintar, cómo agarrar el lápiz y cómo sonreír a la vida.

Dibujos y más dibujos. Garabatos que para Louis seguramente significaban mucho.

En las primeras hojas estaban plasmadas cada una de las personalidades de Louis, y Harry las repasó con sus dedos, la pintura sobresaliente de las líneas. Cada dibujo mantenía la firma de Louis, y de los otros. Cada una siendo diferente y dolorosa.

Recuerda las noches, las madrugadas donde eran ellos tres con la luna de testigo. Ella veía lo mucho que se amaban y la forma en que se lo demostraban. Estaba Louis sonriendo, siendo él mismo mientras dibujaba a un Harry movedizo.

Eran ellos dos en los días buenos. Nadie se imaginaría, nadie nunca acerta adivinando el futuro. Ni Harry ni Louis.

Siguió observando cada dibujo, y sonriendo entre lágrimas porque así se sentía mejor. Las mejores sonrisas que podría dar.

Entonces, algo cayó.

—Mi dulce bebé —sollozó a la vez que tomaba el anillo de papel del piso—, mi dulce criatura.

Una promesa.

Ellos deberían estar juntos, nadie debería de haberlos separado nunca. Ni siquiera el propio Louis, que estaba condenado a tener otras personas en su interior, otros pensamientos de los cuales Harry había aprendido a también enamorarse.

Buscó el traje por instinto y no demoró en encontrarlo. Todo estaba en la habitación. Cada objeto guardado con maniobra para que Harry lo pudiera ver incluso de lejos. Un reojo bastaba para tener miles de imágenes de momentos vividos junto al ojiazul, momentos que él no recordaba.

El traje... Su traje y el de Louis, nuevos y sin usar porque el destino confabula en contra del amor por envidia, porque nadie lo ama. El destino estaba siendo un envidioso, y nadie podía pararlo. Avanzaba sin piedad y arruinaba cosas en su camino, ni siquiera giraba a ver los daños. Por eso, recibía odio, que lograba empeorar todo.

Ahora Harry lo sabía. Mientras miraba cada objeto desde lejos, mientras tocaba los trajes con sus dedos y el anillo colocado con maniobra en su dedo, lo sabía. Él no volvería.

Increíble... Él suspiró y con sarcasmo pensó que usaría su traje de boda para un funeral. Lo sentía.

Las esperanzas ya habían huido, como las cobardes que suelen ser siempre.

—¡Harry! —era Jay gritando—. ¡Harry!

Él permaneció en su lugar, ahogado en llanto y humedad. Tristeza y muchos más sentimientos que nunca había sentido. Los estaba experimentado por primera vez y no le gustaba.

La puerta se abrió y era Jay llorando, su rostro pálido en desesperación.

—Harry —llamó en un susurro pero el muchacho no se giró—. La policía acaba de llamar... Es Louis, Harry. Lo han encontrado.

Sí, definitivamente lo habían encontrado. Demasiado tarde