Un cielo sin estrellas.

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Sinopsis

"Un Cielo sin Estrellas" te sumerge en el turbulento mundo del primer amor a través de los ojos de Neferet. Lo que comienza como un cuento de hadas adolescente se convierte en una montaña rusa emocional cuando conoce a Oliver Medina en una fiesta de graduación. En medio de la pasión y la desesperación, esta historia aborda temas como relaciones tóxicas, problemas familiares, enfermedades mentales y los desafíos de la adolescencia. ¿Pueden dos almas opuestas encontrar su camino en el abismo del amor? "Mi cerebro es el caos, mis ojos la destrucción, mi esencia la nada", .-Gustavo Adolfo Bécquer Aparte de que es como una autobiografía, así que CHISMESITO JAJA

Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Prefacio.

No puedo dormir. No es solo el calor de la noche ni el insomnio habitual; es esa sensación punzante en el pecho, esa inquietud que me hace estar alerta sin razón aparente. O quizás sí la hay. Mi papá aún no llega.

Vuelvo a mirar la hora en el celular.1:42 a. m.

Respiro hondo y trato de convencerme de que todo está bien. Pero no lo está. El silencio de la casa es espeso, pesado, como si todos estuvieran conteniendo la respiración.

Entonces, el sonido del motor afuera me pone rígida.

Me siento en la cama, sin encender la luz, esperando los siguientes sonidos. Las llaves tintinean demasiado tiempo, los perros olfatean algo, inquietos; el forcejeo con la puerta se alarga más de lo normal. Y entonces lo sé, antes de verlo, antes de confirmarlo.

Pero igual bajo las escaleras, con la absurda esperanza de estar equivocada.

La puerta se abre con dificultad, apenas un par de centímetros, y entonces mi papá tropieza con el escalón.

—Pinche escalón, ¿vieron que casi me tira?

Me detengo a mitad de las escaleras. Su voz es arrastrada, pastosa. Habla solo, o quizá con los perros que se acercan moviendo la cola, ajenos al hedor a alcohol que impregna el aire.

Busca a tientas el apagador, pero yo ya puedo verlo.

—Hola, pa —digo, y alza su rostro, apenas puede mantener la vista fija, a pesar de que la sala está completamente iluminada.

Avanza tambaleándose y, antes de que caiga, lo sujeto del brazo.

—Hola, mi niña preciosa —su voz suena más dulce de lo usual. De un tirón me envuelve en un abrazo torpe, su peso desequilibra mis pasos, y tengo que aferrarme a él para no caer.

—Pa’, no... —musito, con la voz ronca, mientras sus ojos rojos se tornan sombríos. Mi garganta pica, y mis ojos arden. Intento apartarme, pero su agarre es insistente. Su brazo cuelga de mi hombro y su tambaleo me pone tensa. Su aliento a alcohol es tan fuerte que revuelve mi estómago.

—Neferet —anuncia con un extraño gesto, y un ligero hipo le sigue a su advertencia— Si casi no te abrazo,mija—eleva ligeramente su voz, pero apenas le entiendo. Arrastra tanto las palabras que de su boca casi sale únicamente su nauseabundo aliento. ¿Cuánto debes tomar para oler así?

Sin más lo aparto y doy un paso atrás.

—¿Qué te pasa,mija? Chingao, solo porque tomé poquito y yo solo pido un abrazo y te pones así. ¡ah, pero no fuera para pedirme dinero, ahí si están bienpuestotes! —su voz retumba en la casa. Aprieto mis puños mientras un hormigueo sube por mis brazos

—Ya me voy a dormir —mi garganta se seca así que trago saliva. El crujido de una puerta me interrumpe, y entonces, mi mamá se asoma por las escaleras, sus ojos están hinchados y su cabello enmarañado.

—Nef, ¿qué pasa? —pregunta, achinando los ojos debido a la luz proveniente de la sala. Cuando baja un par de escalones más ve a mi papá y suspira. Lento y pesado. Niega con la cabeza y toca mi hombro— Vete a dormir, calma —intenta sonar tranquila, pero no puede esconder ese ligero quiebre en su voz.

—¿Tú también te vas a poner así,Alita? —mi papá se hunde en el sillón, con un ademán molesto. Mi mamá se limita a negar con la cabeza.

—No, Teo, lo que quiero es irme a dormir en paz.

—Pues lárguense, yo me duermo aquí, con mis perros que si me quieren —dice mi papá, aventando sus cosas a la mesa de la sala y tomando una cobija.

Mi mamá rueda los ojos.

—Como quieras —apaga la luz.

Mi mamá no dice nada, pero su mirada me lo pide. “Vete a dormir”.

Así que subo las escaleras y me encierro en mi cuarto.

Me zambullo en las cobijas intentando sentir algo de contención. La lámpara de mi mesa de noche proyecta sombras largas en la pared. Estiro el brazo para apagarla. Pero me detengo.

El cajón está ahí, pidiendo que lo abra, y lo hago. Entre papeles arrugados y libretas viejas, un pedazo de metal afilado reluce en la penumbra. La tentación me sube como un cosquilleo hasta la nuca, y la rasco para intentar calmar la comezón.

Pero mi celular vibra. La pantalla ilumina la habitación con un resplandor frío.

"No puedo, dormir, linda ¿sigues despierta? Te extrañoooo“.

Me quedo inmóvil.

Mis dedos tamborilean sobre el teclado. No debería responder. No quiero responder. Pero el vacío en mi pecho es ruidoso, insoportable.

"¿Cómo sabes mandarme mensaje en el momento adecuado?“.

Casi de inmediato aparece su respuesta.

"Vamos, Nef, te conozco, siempre estaré cuando me necesites. Soy tuyo y tu mía. Solo somos tú y yo”.

Leo esas palabras una y otra vez, como si fueran unmantra. Como si fueran reales. La navaja se siente más fría en mi mano.

El nudo en mi pecho se afloja. Y cierro el cajón.

Suspiro y me entierro más en la cama, aferrándome al eco de sus palabras en mi mente.

«Solo somos tú y yo».

Y por ahora, eso es suficiente.