Dear my love | Jikook O.S.

Sinopsis

En donde Jungkook pierde algo preciado para él y al recuperarlo viene acompañado del chico por el que ha estado suspirando por meses. ☆ One-shot ☆ Soft ☆ Fluff · Inicio: 17.11.2022 · Terminada: 17.11.2022

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Completado
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1
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13+

Dear my Love

La tenue y cálida luz que alumbraba todo Jamais Vu era lo más acogedor que una cafetería en la gran ciudad de Seúl podía ofrecer. Los clientes iban y venían por el sentimiento cálido que les generaba la ambientación, el personal y los alimentos, resaltando la cafetería como un soplo hogareño para aquellos que no tenían la oportunidad de tenerlo cerca. Sin embargo, Jungkook no podía sentirlo. Su mejilla recostada contra la mesa de madera mientras pequeñas lágrimas recorrían su rostro hasta llegar a la superficie, a la par que sollozos desamparados rompían el cómodo silencio de la noche.

—Guk, por favor háblanos. —pidió nuevamente Kim Seokjin, colocando una de sus manos suavemente en el hombro contrario, dándole un pequeño apretón que pretendía dar consuelo.

—Ha estado así las últimas dos horas Jin, creo que lo mejor es darle un poco de espacio. —razonó Namjoon, revolviendo su cabello recientemente teñido de azul en un gesto ansioso.

Si había algo que tanto Seokjin como Namjoon detestaban, era ver a Jungkook llorar de aquella manera, odiando más que nada el sentimiento de impotencia que los invadía cuando pasaba.

—Calla Namjoon, debió ser algo serio. —amonestó Jin observando reprobatoriamente a su amigo. —Debemos estar con él aunque no quiera hablarlo.

Namjoon dejó salir un suspiro cansado. Levantándose, se dirigió a la barra de la cafetería dispuesto a tomar uno de los panecillos que habían sobrado del día. Sin decir una palabra se acercó al pequeño horno que tenían para calentarlos y lo metió. Se recargó contra una encimera, tamborileando sus dedos mientras esperaba que estuviera listo.

Seokjin lo observó unos momentos sin comentar nada, desviando su mirada nuevamente hacia Jungkook cuando este dejó salir un nuevo sollozo.

—Vamos Guk, cuéntanos, por favor. —suplicó nuevamente Jin.

Esa vez Jungkook levantó levemente su cabeza de la mesa, encontrando sus ojos rojos e hinchados por su llanto con los preocupados de su amigo. Lágrimas aún se deslizaban por sus mejillas, recorriendo su cuello hasta perderse en el borde de su sudadera negra. Un plato con un panecillo fue colocado frente a él, llamando su atención. Namjoon se sentó en la otra silla disponible a su lado, soltando otro suspiro que en otros momentos habría sido imperceptible.

—No te obligáremos a hablar, respetaremos completamente tu silencio. —soltó Namjoon obsequiando al menor una de sus sonrisas tranquilas, de aquellos gestos que hacían denotar levemente sus hoyuelos.

Jungkook asintió casi imperceptiblemente, tomando tímidamente entre sus manos el panecillo recién calentado. Dió un par de mordiscos ante la atenta mirada de sus amigos, saboreó el dulzor de los frutos rojos que contenía agradeciendo internamente que aquellas dos personas que ahora lo acompañaban lo conocieran tan bien. Tomó una gran bocanada de aire después de pasar su bocado y aclaró su garganta un par de veces.

—Lo perdí. —susurró perdiendo la fuerza que había adquirido en la última palabra, sintiendo su corazón romperse aún más.

Namjoon y Seokjin compartieron miradas, intentando descifrar la poca información que les había sido compartida. Ambos maldijeron para sus adentros al no poder descubrir nada de lo que estaba dañando a Jungkook, de lo que había perdido.

—Lo perdí. —intentó nuevamente, saliendo en otro susurro, acompañado de un sollozo doloroso. —Lo perdí, lo perdí, lo perdí.

Seokjin no pudo resistirlo más, empujó su silla hacia atrás y se inclinó hacia Jungkook para poder jalarlo y envolverlo entre sus brazos, permitiendo que el menor se refugie en su hombro. Jungkook sollozó un poco más, sacando todo lo que estaba estrujando su alma. Jin acarició los suaves rizos azabaches del menor en un ritmo que pretendía consolarlo.

—Te ayudaremos Guk. —respondió Jin en un susurro, aún brindando caricias al contrario. —Te ayudaremos a encontrarlo.

—No, no. —chilló Jungkook, alejándose de Jin. —No lo entienden, no sé dónde lo perdí, no sé dónde se cayó. No sé nada.

—Guk, respira, calma. —pidió Namjoon con suavidad, acercándose más a su amigo. —Lo encontraremos, somos tres, podremos hacerlo.

Jin asintió varias veces, convencido por las palabras de Namjoon, ambos habían logrado adivinar qué era lo que Jungkook había perdido. Namjoon se levantó de su asiento para acercarse al menor y abrazarlo por la espalda, recargando su cabeza sobre la ajena.

Jungkook cerró sus ojos, sintiéndose un poco reconfortado por sus amigos. Recordando como ambos siempre procuran su bienestar. Se permitió unos segundos más de paz entre sus brazos, aún cuando todavía podía sentir aquel doloroso vacío y ligereza en su brazo derecho. Parecía una pesadilla de la que no podía despertar, había perdido el brazalete que sus padres le habían dejado, la única parte de ellos que había podido mantener cerca de él por años.

—Todo estará bien. —murmuró Seokjin y Jungkook se permitió engañar por sus palabras, sabiendo que jamás volvería a sentirse completo.

***

—¡Kim Taehyung! ¡Basta! —chilló el rubio acomodándose de nuevo su rebelde cabello, soltando un resoplido frustrado.

—Debe ser el destino. —mencionó Taehyung sosteniendo un brazalete dorado entre sus dedos inspeccionando contra la luz como si fuese un joyero experto, con un ojo entrecerrado y su ceño fruncido en concentración.

—Tengo que devolverlo. —intervino Jimin nuevamente, extendiendo su mano para intentar nuevamente arrebatarlo de las manos de su mejor amigo. —Alguien debe estar extrañándolo.

—Creo que es la forma del destino de decirte que por fin te dará suerte. —insistió Tae evitando magistralmente los intentos de Jimin por quitarle el brillante brazalete con una ‘J’ estilizada como dije. —Hasta tiene tu inicial, debe ser para tí.

—Taehyung, ¿sabes cuántas personas en Corea del Sur tienen un nombre cuya inicial es una ‘J’? ¡Muchísimas!

—Yo solo digo que deberías conservarlo. —intentó nuevamente el contrario, cediendo ante la mirada de advertencia que le lanzaba Jimin.

Jimin negó varias veces, tomando el brazalete para abrocharlo en su muñeca, sabiendo que ahí estaría más seguro que en cualquier lugar que pudiera colocarlo.

—Deberías ayudarme a realizar un plan para encontrar a la persona que lo perdió. —se quejó el rubio, acercándose al refrigerador de su departamento compartido para ver que podía cenar. —Y también debes avisarme cuando ya no tenemos comida decente.

—He estado casi tan ocupado como tú. —se quejó Taehyung sacudiendo su cabello rojo para quitar el restante de agua que aún tenía por la ducha que se había dado.

—Existen las toallas para eso. —reprochó el contrario mirando a su amigo con frustración.

—Queda mejor al natural.

Jimin soltó un suspiro derrotado, sabiendo de antemano que aquella batalla estaba completamente perdida. Observó nuevamente el brazalete en su muñeca, sintiéndolo familiar, dándole aquella sensación de haberlo visto antes.

—¿Ya le hablaste? —cuestionó Taehyung con una sonrisa malévola sacando a Jimin de sus pensamientos.

El rubio observó unos momentos a su mejor amigo, sus mejillas adquiriendo un color rojo intenso con cada segundo que pasaba.

—N-no he podido.

—¡Minie por favor! —reprochó el pelirrojo dejándose caer en el sillón y dejando caer sus manos sobre su frente en un gesto dramático. —¡Llevas años, AÑOS detrás de él! ¡Hablalé por favor! Te lo suplico, no creo poder soportar otra semana viéndote babear por él sin hacer nada.

—No es tan fácil como crees. —masculló el rubio dejando de lado la idea de cenar para ir al lado de su amigo y sentarse sobre el respaldo del sofá, sintiéndose derrotado.

—Claro que lo es. —contrarió Taehyung, reincorporándose rápidamente. —Solo debes acercarte y decirle ‘¿Qué hay Jungkook? Ya tienes planes para el viernes porque vas a salir conmigo, de nada’.

Jimin dejó salir un chillido frustrado, dejándose caer suavemente sobre Taehyung, quien casi no pudo atraparlo a tiempo, quedando ambos en una posición incómoda sobre el sofá.

—No puedo hacerlo. —se negó el rubio. —Jungkook es…él es…sus sonrisa es tan…tú entiendes.

—Lo único que entiendo es que no puedes hablar de él sin que se te acaben las palabras y el resto de personas tengamos que intentar adivinarlas para tratar de entender lo que quieres decir.

—Solo digo que él tiene este…

Jimin dejó salir un suspiro cansado, dándole la razón a Taehyung sobre lo que acababa de decir. El rubio no había podido describir a su Jungkook incluso desde el primer día que lo vió. Una sonrisa tierna robando toda la luz de las estrellas, su cabello azabache partido a la mitad con unos mechones cayendo sobre sus ojos grandes y brillantes conteniendo millones de galaxias dentro de ellos. Para él, Jungkook era la definición completa de lo etéreo, la belleza y la perfección. El chico había entrado a su clase de danza contemporánea para aprender un nuevo estilo y ampliar sus conocimientos, ganándose a todo el grupo -profesora incluida- en un santiamén. Era popular por ser una persona excepcional y dulce, pero Jimin, él era popular por exáctamente lo contrario.

—No dejes que tus horribles compañeros de clase te detengan de lo que quieres hacer. —reprochó Taehyung intentando rodear por los hombros a Jimin, logrando únicamente golpearlo en la cabeza con torpeza.

—Taehyung. —regañó con un gesto fingido de enojo, ganándose una mirada de disculpa.

—Solo piénsalo Jiminie.

Después de aquella plática, ambos se reincorporaron como pudieron, cayendo catastróficamente al suelo. Carcajearon hasta que sus estómagos dolieron y con sonrisas de oreja a oreja plasmadas en sus rostros, se dirigieron a sus respectivas habitaciones, dispuestos a dormir para recibir un nuevo día. Sin embargo, Jimin rodó unas cinco veces por su cama, sintiendo su corazón latir con nerviosismo, sabiendo que al día siguiente vería a Jungkook y que posiblemente, por primera vez en meses podría hablar con él.

***

Jungkook observó su reflejo en los grandes espejos del salón de baile, revisó ansiosamente su postura una y otra vez. Había llegado con horas de antelación a la academia de baile con la firme intención de buscar su brazalete por cada pasillo que la institución poseía. Lastimosamente, había terminado con las manos vacías y sus esperanzas minimizadas. En la mañana, les había explicado a Nam y Jin todo el camino que había tomado la noche anterior para llegar a la cafetería, incluso les había detallado dónde se había detenido y qué cosas habían llamado su atención en el camino. Nam y Jin habían trazado una ruta que les conviniera y no los desviara mucho en sus actividades, prometiéndole que en cuanto lo encontraran le mandarían inmediatamente un mensaje.

El azabache volvió a revisar su postura, alineando sus hombros con sus rodillas, como le habían indicado en su primera clase. Tomó otro gran respiro, sintiéndose morir al ver en su reflejo su muñeca vacía, desprovista del brillo reconfortante de su brazalete.

—Buen día. —saludó bruscamente el chico rubio que tanto hacía su corazón revolotear.

Seokjin le había insistido por meses que le hablara, pero sus compañeros de salón habían insistido que a Jimin le gustaba más que lo dejarán tranquilo. Jungkook había optado por seguir el consejo de aquellos que lo conocían por más tiempo, esperando a que el contrario diera el primer paso.

—B-buen día. —susurró con una tímida sonrisa formándose en su rostro.

—Deberías alinear primero tus rodillas, para que tus hombros queden en la posición adecuada y no te lastimes. —masculló el rubio observando la postura de Jungkook por el espejo.

—S-sí, sí. —afirmó el azabache, sintiendo la punta de sus orejas calentarse.

Jimin no despegó sus ojos del espejo, vigilando como Jungkook componía su postura. Claramente al rubio no le gustó lo que veía, pues soltó un suspiro y avanzó rápidamente hacia el menor. Se colocó detrás de él y sin previo aviso deslizó sus manos sobre la cadera de Jungkook, tensándolo al instante.

—Así. —indicó Jimin corrigiendo correctamente la posición de Jungkook.

El contrario sintió su corazón latir desbocado, estando casi seguro que podría salirse de su pecho si no intentaba tranquilizarse aunque fuera un poco. Inconscientemente llevó sus manos a su muñeca derecha, como siempre hace cuando está nervioso, solo para recordar la causa de su amargura. Bajó su mirada apenado, encontrándose con algo brillante decorando la muñeca de Jimin.

La sorpresa marcó sus facciones y sin detenerse a pensar en nada, tomó la mano de Jimin y la alejó de su cadera para acercarla a sus ojos e inspeccionarla. Obligando al contrario a acercarse hasta el pecho ajeno estuvo rozando su espalda. Jungkook no se permitió distraer, girando el brazalete con cuidado, encontrándose con el dije que conocía tan bien.

—Tú…¿cómo…?

—¿Es tuyo? —cuestionó Jimin en un susurro su respiración rozando con la base del cuello de Jungkook, sacándole unos pequeños escalofríos.

El azabache asintió, sintiendo un nuevo nudo formarse en su garganta. Las lágrimas amenazando con salir. Jimin se soltó suavemente de su agarre para rodearlo y quedar frente a Jungkook. Desabrochó el brazalete de su muñeca y tomó la mano que antes lo había sostenido con firmeza.

—Lo encontré de camino a casa. Intentaba descifrar cómo devolverlo a la persona que lo había perdido. —comentó Jimin con franqueza, extendiendo la mano contraria para colocar el brazalete en ella y cerrar los finos dedos de Jungkook sobre él. —Es un alivio que sea tuyo.

—Gracias. —susurró con un sollozo atorado. —Gracias, gracias.

Jimin lo observó extrañado y enternecido a partes iguales, preguntándose por el significado de lo que había estado llevando en su persona desde el día anterior.

—No sabes cuánto significa esto para mí. —insistió Jungkook con las lágrimas recorriendo su rostro. Sin pensarlo mucho, se acercó al rostro de Jimin y colocó un tímido beso en su mejilla, ruborizándose al instante.

—¿Puedo…?

Intentó preguntar, pero fue abruptamente interrumpido por el resto de compañeros de clase que habían llegado en grupo. Indicando que no faltaba mucho para que iniciara. Volvió hacia Jungkook, solo para notar que el azabache se había refugiado en una de las puntas del salón, Jimin dedujo que era para que no le preguntaran la razón de sus lágrimas.

La profesora llegó más rápido de lo que el rubio había anticipado y en cuanto se dió cuenta, ya estaban realizando en calentamiento previo a la clase extenuante que tenían por delante. Entre pasos complicados, caídas de novatos y regaños por la postura, lograron llegar al final sin que nadie perdiese una extremidad o se rompiese un hueso. En todo el tiempo, Jimin no había podido alejar su mirada de Jungkook, quien disimuló muy bien la radiante felicidad que lo embargaba en cuanto el brazalete volvió a su muñeca. Cuando la profesora se despidió, Jimin no dudó en acercarse al azabache, ignorando olímpicamente las miradas sorprendidas y reprobatorias del resto de personas que aún quedaban en el salón.

—¿Un café? Yo invito. —preguntó con falsa seguridad, sintiendo que cada segundo que pasaba sin una respuesta era más lento que el anterior.

Jungkook asintió con timidez, sus mejillas encendiéndose como árbol de navidad al notar que eran el centro de atención. Jimin, en un arrebato de valentía, tomó la mano de Jungkook y tiró de él rumbo a la salida, sintiéndose orgulloso de si mismo de haber podido dar el primer paso.

El azabache siguió al rubio con pasos lentos, intentando adivinar hacia dónde se dirigirían para tomar café. En cuanto cruzaron la primera calle, supo casi de inmediato cuál era su lugar destino. Detuvo sus pasos para llamar la atención de Jimin, sintiendo que aclarar toda la situación antes de llegar Jamais Vu era de las mejores ideas que ha tenido, sobretodo para evitar el oído curioso de Kim Seokjin.

—¿Pasa algo? —preguntó Jimin sorprendido, notando como Jungkook llevaba su mano hacia el brazalete, la imagen haciendo clic en su cabeza. Había visto ese gesto millones de veces, solo que nunca había podido ver de cerca qué era lo que Jungkook encerraba en su otra mano y que parecía darle calma.

—El brazalete me lo dieron mis padres. —confesó Jungkook en un murmullo, acercándose a una de las bancas que bordeaban el parque por el que estaban pasando. —Es muy especial para mi porque-

Jimin lo observó preocupado, notando como sus ojos se nublaban por la tristeza que estaba sintiendo. Se sentó rápidamente a su lado, colocando una de sus manos sobre las contrarias en una señal de apoyo.

—Ellos fallecieron cuando yo era muy pequeño. —soltó sintiéndose extrañamente más ligero al estar contándoselo a Jimin. —Esto es lo único que me dejaron, es un pedacito de ellos que dejaron atrás para acompañarme. Perderlo fue-

—Fue como perderlos otra vez. —concluyó Jimin notando como Jungkook asentía, sin poder soltar la afirmación.

—Es por ello que estaba tan desesperado por encontrarlo y que tu lo hayas tenido todo este tiempo es-

Jungkook volvió su vista a los ojos avellana de Jimin, perdiéndose en ellos por unos momentos, permitiéndose sentir aquellas traviesas mariposas en el estómago que tanto le habían mencionado.

—Es como si el destino intentara decirme algo.—retomó sintiéndose apenado por sus palabras, preguntándose dónde había quedado aquel filtro que le había impedido hablarle al rubio por meses.

—Déjame llevarte a una cita. —pidió Jimin con una mirada suplicante.

—No. —soltó Jungkook, afianzando el agarre de las manos contrarias con las suyas. —Quiero más de una cita.

—Puedo trabajar en ello. —afirmó el rubio con una sonrisa coqueta formándose en su rostro.

Jungkook lo imitó sintiéndose nuevamente completo y ansiando con todo su ser conocer lo que el destino le tenía preparado con el rubio de ojos brillantes y sonrisa que derrite hasta los corazones más helados.

***

1 año después

—Aún no puedo creerlo. —repitió el peligris mientras colocaba una de sus manos sobre su frente en un fingido gesto dramático.

—¿Es tan difícil de creer? —cuestionó con recelo Jungkook, acomodándose en la incómoda silla en la que estaba sentado.

—En verdad lo es. —afirmó el contrario, revolviendo la mezcla que estaba preparando para decolorar el cabello de Jungkook. —Hace un año me habrías lanzado fuera de tu departamento si me quedaba a centímetros de tu cabello con un tinte y ahora me estas dejando hacerlo porque tu novio casualmente comentó que te verías increíble con el cabello rosa.

Jungkook se encogió de hombros, jugando nerviosamente con su labio inferior. Seokjin lanzó un suspiro derrotado.

—Lo que hace el amor.

El azabache soltó una leve risa, concordando con su amigo. Después de aquella plática que habían tenido y haber acordado su primera cita, Jimin le había comentado sobre la verdadera razón por la que no se había acercado a hablarle. Confesando que tenía una pésima reputación entre sus compañeros por el simple hecho de que detestaba que se acercaran a él con intenciones de obtener fama o beneficios a su costa, revelando que aquella estrategia contenía sus consecuencias, como lo era que absolutamente nadie se acercara a él ni con la intensión de una amistad. El rubio le había comentado que había comenzado a implementar aquello a raíz de varias situaciones dolorosas en las que él había sido la parte perdedora y lastimada. Habían llorado un poco más y se habían consolado mutuamente. Horas después Jamais Vu era su nuevo escenario y Seokjin cruzaba miradas nada discretas a su mesa, deteniéndose cerca de ellos con el objetivo de escuchar aunque fuera un fragmento de su conversación.

A partir de aquel día tanto Jungkook como Jimin se volvieron casi inseparables, pasando noches en el apartamento del otro, conociendo a sus amigos y presentándolos entre sí. La relación aportó nuevos amigos para sus amigos, convirtiéndolos a todos en un grupo inseparable.

—Es hora. —anunció Seokjin con una sonrisa malvada, comenzando a repartir el producto por el cabello de Jungkook.

El azabache había cedido a teñirse el cabello como una sorpresa de aniversario para su novio, siendo que él lo había impulsado a superar sus miedos y su timidez, ayudándolo a crecer como persona y como bailarín. Cambiar su color de cabello a uno llamativo era su forma de demostrarle a su novio que había logrado grandes cosas con él a su lado.

—Me pregunto qué hubiera pasado si aquel día Jimin no hubiese llevado puesto el brazalete. Si lo hubiera dejado en su casa. —comentó Seokjin en voz alta, tomando pequeños mechones de cabello para envolverlos en aluminio.

—Tarde o temprano habríamos hablado y en algún momento él hubiera llevado el brazalete, una vez me dijo que tenía planeado comenzar a buscar al dueño en el estudio de baile, ya que lo había encontrado cerca de ahí. —explicó Jungkook con seguridad, cerrando sus ojos para no ver el cambio que estaba a punto de suceder, principalmente porque no confiaba que Seokjin no se quedara con uno de sus mechones en la mano, dejándole un espacio poco estético en la cabeza.

—Pudiste haberle dicho a tu novio que hiciera esto. —se quejó Seokjin, adivinando los pensamientos de Jungkook.

—Prefiero enojarme contigo que molestarme con mi novio por algo como esto.

—Claro que me dirías algo así.

Ambos rieron a carcajadas después de eso. Comentando otras cosas, como la sospechosa relación entre Hoseok; un amigo de Jimin y Namjoon. También acordaron compartir auto para poder ir a ver la exposición fotográfica de Taehyung. Incluso confabularon para crear un plan para obligar a Yoongi; otro amigo de Jimin, a dejarlos cantar en una de sus producciones, ansiando sacarlo de su usual estado de ánimo tranquilo para enloquecerlo con sus desafinadas voces. Para cuando llegaron a la parte de perfeccionar el plan, el color estaba siendo lavado del cabello de Jungkook, Seokjin le colocaba producto tras producto para rehidratar y recuperar la textura de su cabello, explicándole lo que debía o no hacer en los próximos días.

—Si tu novio no se hace responsable de esto Jungkook, déjalo. —recomendó Seokjin con una cara que insinuaba muchas cosas que Jungkook prefería ignorar. El peligris soltó una carcajada ante la mirada sucia que le estaba regalando el menor y después de recoger sus cosas, se retiró con otro par de insinuaciones menos disimuladas.

Jungkook se dirigió a la cocina de su departamento, buscando algo de comer en el refrigerador con la esperanza de encontrar una sana distracción en su interior. No pudo tomar ni una manzana cuando la puerta de entrada fue nuevamente abierta, esta vez con una llave. Una sonrisa involuntaria se formó en su rostro al saber quién era.

—Koo, ya llegué amor. —anunció Jimin desde la entrada, quitándose sus zapatos.

—Bienvenido a casa amor. —recibió Jungkook con una sonrisa que se hacia cada vez más grande al presenciar en vivo y a todo color como las facciones de Jimin se expandían para mostrar la sorpresa que estaba sintiendo.—Sorpresa.

No pudo decir más ya que unos labios pronto se aplastaron contra los suyos en un beso que demandaba atención. La danza entre sus bocas se hacia cada vez más irregular y ruidosa, sacándoles suspiros. Sus manos comenzaron a pasearse por el cuerpo del otro, buscando aquellas zonas sensibles que sabían perfectamente les sacarían sonidos placenteros.

—Me- alegra- tanto- que- te- guste- como- me- veo-.—dijo Jungkook entre beso y beso, desabrochando como pudo el abrigo que aún cubría a Jimin.

—¿Gustarme? —cuestionó Jimin trazando un camino de besos por la comisura del labio de Jungkook para después bajar a su mandíbula y llegar a su cuello, arrancándole un gemido involuntario desde el fondo de su garganta sintiéndolo entre sus labios. —Me encanta, lo amo. Te amo.

Jungkook detuvo el beso abruptamente, alejándose de Jimin para verlo directamente a los ojos.

—¿Lo haces?

—Te amo Jungkook. —repitió Jimin con firmeza, la sinceridad de su corazón filtrándose en su tono.

—Te amo Jimin. —respondió Jungkook con una sonrisa mucho más que radiante, sintiéndose la persona más afortunada del mundo. —En verdad agradezco que hayas sido tú el que encontró mi brazalete.

—No lo habría querido de otra forma Koo.

Ambos se observaron con ojos brillantes, el amor saliendo por cada poro de su piel. Reanudaron con más delicadeza el beso, dedicando aquella noche a amarse con cada toque, suspiro y caricia. Después de todo, el destino los había juntado de una forma mágica y nada los separaría.




¡Hola!

Esta es la primera historia que subo por aquí para probar como es la plataforma. Tengo mi cuenta en Wattpad con el mismo nombre, pero he decidido probar otras opciones especialmente por algunos problemillas que he tenido en la otra página. Espero les guste este pequeño o.s. que he escrito con mucho entusiasmo para ustedes. Por favor no olviden dejar sus hermosos comentarios los estaré leyendo.

Sin más que decir nos leemos en la próxima historia.....

Ara🐾🐥🐰