Capítulo 1: No te dejaré ir.
Taehyung:
Ya son casi las 9 de la noche.
En todo el día no ha parado de llover; el cristal de la ventana está ligeramente roto, así que el agua no ha parado de entrar y mojarlo todo. Sinceramente ya me resigné a seguir secando, ya no me importa estar inundado, muriéndome de frío. Ya da igual.
De pronto un trueno retumbó fuertemente en el cielo, haciendo que mi bebé volviera a llorar.
Dios, me siento tan cansado.
—Oh no, no, mi vida no llores, no llores— Él se despertó, se despertó luego de que me costó demasiado hacerlo dormir para que se olvidara del hambre aunque sea por un momento— Shh, no pasa nada, bebito, no pasa nada.
Empecé a mecerlo suavemente en mis brazos, haciéndole cosquillas con mi cabello en su frente. También le comencé a tararear las canciones que recuerdo de mamá, a veces son efectivas en él, solo a veces.
Pero es tan difícil cantarle si mi voz tiembla desde mi garganta, porque deseo tanto llorar, porque mi cuerpo no para de temblar de frío, y todo esto es una mierda.
—Mi amor...ya, por favor no llores.
Me pregunto...¿qué habría pasado si no la hubiera conocido? Si no me hubiera acostado con ella, si ella no hubiera quedado embarazada, si ella no me hubiera prometido que seríamos felices con nuestro hijo...
Hoy yo ya no puedo más.
—Perdóname...p-pero no puedo seguir con esto, perdóname— Mordí mi labio inferior con fuerza, buscando ahogar mis sollozos para no aturdir más a mi niño, pero es imposible— Llegó el momento, mi bebé.
Me levanté del suelo con mi angelito en brazos y fui a la puerta para salir del departamento.
Debo hacer esto cuanto antes, antes de arrepentirme para siempre.
—Hermosura, qué bueno que te veo, estaba pensando en visitarte esta noche— Me crucé justo con ese idiota de siempre, pero pasé de largo y lo ignoré.
Hoy ya no más, ya no seguiré acostándome con cualquiera para sobrevivir, estoy cansado de hacerlo, estoy harto de sentirme mal, sucio, usado, miserable. Hoy acaba todo eso.
Bajé muy apresurado al primer piso del edificio y salí casi corriendo del lugar. Mi bebé empezó a llorar de nuevo, haciéndome resonar mis tímpanos.
Comencé a caminar por las veredas llenas de agua, mirando a mis alrededores, mirando a las personas. Entonces recordé que a unas cuadradas de aquí hay una zona de restaurantes costosos, donde suelen celebrarse eventos privados y charlas importantes.
No lo pensé ni dos veces y me apresuré en ir hacia allá.
Jungkook:
—Un brindis...— Levanté mi copa, llevando mis ojos vagamente hacia ella. Enseguida una sonrisa apenada se estiró en sus labios— Un brindis por la mujer más hermosa del mundo— Dije. Me sentí un poco avergonzado luego de aquello, pero los aplausos no se hicieron esperar, y ella empezó a reírse de forma tímida.
Luego de eso, los brindis continuaron, el vino, las copas, todo continuó fluyendo alegremente hasta que se hicieron las diez y en medio de la conversación recordé el viaje de mañana con Ruby. Dios, ni siquiera he hecho el equipaje.
Enseguida me levanté a despedirme de todos y al final fui donde Ruby. Ella me miró sonriente.
—Mi amor, en serio hoy te ves muy guapo con ese terno conchevino. Nos vemos, conduce con cuidado ¿de acuerdo?— Me besó despacio, tomándome de las mejillas para despedirse.
—Pensé que siempre me veía guapo— Bromeé mirándola indignado, y le di un beso también. Ella sonrió.
—Cielo, siempre te ves guapo, pero casi nunca usas terno porque te incomoda. Me entiendes ¿verdad, cariño?— Acomodó mi corbata y pasó cuidadosamente sus manos por mi pecho.
—Te entiendo, pero ahora recuérdame muy bien con este terno porque no volveré a ponerme esto en mucho tiempo. Adiós, hermosa. Nos vemos mañana— Le di un último beso, y ella me regaló una última sonrisa. Sin más, salí del restaurante y abrí mi sombrilla para avanzar hasta mi auto.
Sorprendentemente me la pasé muy bien hoy. Me siento animado, con energía, lo cual es bastante raro porque no acostumbro a asistir a reuniones, solo cuando es por obligación. Sí, normalmente me agobia la gente. Pero hoy fue por una linda excepción que tiene nombre y apellido.
Saqué las llaves de mi bolsillo, caminé y quité el seguro ya estando cerca del auto.
—Qué extraño— De pronto tuve una corazonada, una sensación extraña y desconocida en mi pecho, que me hizo levantar la mirada hacia delante, en dirección a la salida del establecimiento.
Fue cuando de repente, vi a un chico caminando con prisa debajo de la lluvia, sin una sombrilla, y con un bebé en brazos. Él parecía estar buscando a alguien desesperadamente. Lucía afligido.
—¿Cómo puede estar en la calle a estas horas con un bebé en brazos, y en esta lluvia torrencial? qué irresponsable— Murmuré.
Él miraba a su alrededor sin parar, y yo lo estaba observando a lo lejos, sintiéndome confundido con su comportamiento, hasta que él me vio, y nuestras miradas se entrelazaron bajo la lluvia.
Aún debajo de la torrencial lluvia...pude notar el dolor en sus ojos.
—¡Oye!— Él gritó en mi dirección, y comenzó a acercarse con desespero, como si fuera a mí a quién buscaba. Yo no pude reaccionar de inmediato, porque el miedo y los nervios me invadieron con cada paso que él daba— Por f-favor, escúchame...
—¿Quién eres? ¿q-qué estás haciendo?— Entré en pánico cuando se detuvo muy cerca de mí, y me entregó al bebé que cargaba en sus brazos. Por instinto tuve que sostener al niño, y mis manos empezaron a temblar de desconfianza y confusión. Mi sombrilla cayó al suelo.
—P-por favor, c-cuida de él, te lo suplico, yo ya n-no puedo cuidarlo más. Por f-favor— Se limpió su rostro bruscamente, temblando en medio de continuos y erráticos sollozos. Sentí su dolor, era demasiado intenso— Por favor...no lo abandones, no te deshagas de él, es solo un bebé q-que no tiene la culpa de nada.
—Oye no te conozco, ¿qué significa esto? no entiendo qué carajos sucede— Exclamé agitado. Él miró a su bebé en mis brazos, le sonrió con tristeza, y pronto comenzó a alejarse con rapidez—¡Oye, espera! ¿qué carajos? ¡espera!
Me apresuré yendo hacia mi auto. Abrí la puerta trasera y acomodé al bebé en el asiento. Busqué en mi bolsa un abrigo y lo usé para secar y cubrir al pequeño.
—No llores, ya vamos a ver a ese chico. No llores, pequeñito. Tranquilo— Corrí hacia el volante, me subí y conduje por donde vi a ese chico irse. Siento mi corazón latiendo como si fuera a estallar—No puedo creer que esto me esté pasando, no lo entiendo. Dios...
Pude sentir un poco de alivio cuando logré ver al chico corriendo por la vereda, pasándose los semáforos sin ningún tipo de precaución. Mi corazón se exaltó de angustia con tan solo verlo, mientras los carros le pitaban bruscamente. Él parecía estar en su mundo, sin detenerse, sin importar el peligro a su alrededor.
—¡Oye! ¡espera!— Asomé mi cabeza por la ventana para llamarlo, pero justo en ese momento el semáforo se puso en rojo, y él continuó avanzando. Empuñé el volante con fuerza, sintiendo mis manos temblar de nervios, impotencia, desesperación, confusión, de toda esta mierda— Mierda...maldita sea. ¡Espera!
¿Cómo diablos terminé persiguiendo a un chico debajo esta tormenta infernal? y con un bebé llorando en los asientos traseros de mi carro.
La espera de la luz roja me estaba matando lentamente, se sintieron como los minutos más tortuosos y eternos de toda mi vida. Pero en cuanto la luz cambió a verde, conduje nuevamente, por donde había visto al chico irse.
—No llores, por favor, no llores— Volteé a ver al bebé un segundo, y luego miré a mis alrededores.
No había rastro del chico por ningún lado, y pensé ¿qué haré con este bebé si no lo encuentro?, no puedo hacerme cargo de un niño, no quiero encargarme de un niño en estos momentos de mi vida, pero tampoco me gustaría dejarlo a su suerte en un orfanato, donde los niños crecen con un futuro incierto y solitario. No sé qué hacer...
—Dios mío, me voy a volver loco, ¿por qué me tuvo que pasar esto?— Continué recorriendo las calles con prisa, pero con mucho cuidado, porque hay demasiadas probabilidades de tener un accidente en una lluvia tan torrencial como esta— Ahí está...¡ahí está! ¡oye!
Divisé al chico en el suelo de una vereda, al parecer se había caído fuertemente, porque le costó ponerse de pie, pero lo logró y continuó corriendo hacia el puente.
¿Está corriendo hacia el puente...?
—No, no puede ser, no— Aceleré sin pensar en un posible accidente o multa, ni siquiera lo pensé, solo lo hice. Conduje hasta el punto, me estacioné a un costado y me bajé del carro para seguirlo a pie— ¡Oye! ¡espera!
Lo vi traspasar la baranda del puente. Mi corazón se sacudió del susto.
—¡No! ¡¿qué estás haciendo?! ¡no te atrevas a lanzarte!— Le grité exaltado, agitado. Él volteó a verme. Me miró con miedo, sus ojos lucían devastados, vacíos.
—Ya no q-quiero estar aquí. Me siento mal...— Su voz tambaleó con dolor. Algunos carros empezaron a detenerse cerca de nosotros.
—Oye...todo está bien ¿sí? yo te prometo que te voy a ayudar, estoy aquí para ayudarte. No estás solo— Me acerqué a él con mucha cautela, pero él lo notó y se alejó por instinto, quedando con sus pies casi al borde del puente— Yo te voy a ayudar. No...no hagas esto.
—No q-quiero, no quiero ayuda. Solo quiero d-dejar de sentir dolor.
—Por favor, puedes confiar en mí, te prometo que te voy a ayudar, a ti y al bebé— Mi voz se quebró. Sé que no lo conozco, pero me da tanta tristeza mirarlo a los ojos y ver la situación en la que está. ¿Qué lo orilló a esto? querer acabar con su vida, siendo un chico tan joven...— Por favor...ya no estarás solo.
—Ya lo decidí— Soltó sus manos de la baranda, dejándose caer del puente, hacia las aguas turbulentas del río.
Corrí hacia él, mis piernas actuaron por sí solas, mi cuerpo se lanzó detrás de él sin dudarlo ni un segundo. Realmente nada pasó por mi mente en ese momento, fue mi corazón quién tomó el control de la situación y me hizo actuar así, con la sola idea de salvarlo...sin importar nada más.
No voy a dejarte ir.