Señorita Hombrecito

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

¿Cómo debería empezar esta corta historia? ¿Valdrá la pena plasmarla, pese a que es probable que pase desapercibida? ¿De verdad querría alguien leer acerca de una chica común y corriente? Bueno, de todas formas, lo intentaré…

Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1

Ella es una jovencita de unos veintitantos años, poseedora de una cabellera rojiza y lacia, quizás demasiado para el gusto de los demás. Muy opuesto a lo que se espera de las hermosas y tiernas pelirrojas, ella no tiene pecas que la hagan ver encantadora, como tampoco lleva el cabello peinado de forma especial ni usa vestidos coloridos.

Sus gestos no son delicados ni sus pasos gráciles, por el contrario, ella camina sin elegancia. Esta pelirroja no se muestra coqueta ni tierna y sus pasos son bruscos y arrastrados. Ella no es el típico cliché, o tal vez, sí lo es.

—¡Oye, hombrecito! —Sus puños se cierran al escuchar la burla de aquellos jóvenes, que se encuentran recostados de una pared—. Si quieres te presento a uno de mis bombones y así dejas de ser tan amargada.

Los chicos ríen como si aquello fuese gracioso, entendiendo ella que el chiste consiste en lastimarla, en hacerla sentir mal.

Muy a pesar de lo mucho que las burlas de aquellos chicos la afectan, ella sigue su camino y los ignora como los tontos que son. La chica con actitud desdeñosa transita por el vecindario con la mirada baja y pasos desganados.

¿Para qué seguir negándolo?

Años atrás no le importaba aquel acoso, por lo que esas palabras caían al suelo vacías, pero desde un tiempo que ni siquiera recuerda el principio, sí ha empezado a afectarle. Sí, le molesta que le digan hombrecito, que no la vean como a una mujer.

¿Plural? Bueno, todo lo asocia a él.

Llega a su casa cabizbaja y esa voz ronca y melodiosa la saca de sus pensamientos negativos y tristes.

—¡Hola, chiquilla! —Se encuentra con esa hermosa mirada de color avellana que la hipnotiza. Él siempre luce sonriente y calmado, más maduro que los chicos de su edad.

—Hola, Tom... —arrastra el nombre del pelinegro. Sin poder disimular su disgusto, mira en dirección a la chica que se encuentra al lado de él, quien reposa el brazo sobre el hombro del mismo. Baja la mirada, disimulando su tristeza.

—Pronto la cena estará lista —anuncia su madre muy feliz, puesto que le encanta tener invitados a cenar para poder presumir sus más exquisitos y elaborados platillos.

La chica resopla y le da una última mirada a la castaña, quien coquetea con su crush de forma abierta.

¿Está mal desear ser como ella? Es que esa mujer es tan femenina y hermosa; tan grácil y coqueta.

La pelirroja se dirige a su habitación y resopla cuando cierra la puerta tras ella.

Después de largos minutos de rebuscar en el armario, la cama se llena de ropa, donde la chica se sienta frustrada. No tiene un vestuario que la haga lucir bonita y femenina, dado que la mayoría de su ropa es casual porque le gusta andar cómoda. Pero siempre se ha sentido a gusto así, ¿por qué ahora le avergüenza?

Rendida y molesta, sale a la sala con sus vaqueros anchos y su remera negra, el cabello recogido de forma descuidada y con la mirada baja.

—¡Vamos a la mesa! —anuncia su madre con marcada emoción, por lo que todos los presentes la siguen.

Su padre se sienta junto a su esposa, su hermano junto a ella y la castaña junto a su crush, quien le queda en frente. Sus miradas se encuentran de repente, razón por la que la chica se atraganta con el sorbo de agua que había tomado. Oculta el rostro apenada, pero luego observa a su hermano, quien, a su vez, se encuentra embelesado mientras contempla a la castaña frente a él con una sonrisa de fascinación que lo hace lucir muy enamorado.

Le parece irónico que ella esté interesada en Tom, quien es acosado por la chica castaña, quien es admirada por su hermano. Eso la lleva a preguntarse: De tener algún interés similar, ¿a quién miraría Tom con ese sentimiento.