Cuando las estrellas se apaguen
Alexis...
Cierro los ojos al sentir que Abigaíl sostiene mi mano y pega su cabeza en mi hombro. Nuestras manos están entrelazadas, mientras seguimos recostados en el parque frente a nuestras casas.
Mi corazón se acelera y su aroma de fresas me hace sonreír, me transporta a un momento feliz y cálido. Se siente extraño que un niño de mi edad sienta tantas cosas por alguien, pero ella es lo más valioso que tengo. Al menos en mis ocho años así lo siento.
Me siento en calma, el temor no existe cuando Abi está cerca.
—¿Listos para escuchar la historia de hoy? —Asentimos abriendo los ojos y nos sentamos en el césped, aun sin separar nuestras manos ni dejar de observarlo, con la luna y el brillo de las estrellas, amenizando este anochecer.
—Claro que sí, amamos escucharte abuelo—Afirma mi mejor amiga, asiento, mientras que él se sienta en el césped frente a nosotros y sonríe señalando las estrellas.
—En el oriente hay una antigua leyenda de amor que tiene como protagonistas a dos constelaciones—Ambos abrimos los ojos ante la sorpresa y lo observamos con atención—La princesa Vega y el pastor de estrellas Altair— Abi y yo cruzamos miradas y con solo eso estoy seguro de que ambos nos sumergimos en la imaginación mientras escuchamos el relato de ese cuento.
—Vega era una jovial princesa de belleza excepcional que habitaba en la constelación Lira, esta disfrutaba tejiendo todo tipo de telas, la cual vivía en la orilla de la Vía Láctea formada por millones de estrellas, polvo y gas. —Giro la mirada al sentir que Abi sostiene con fuerza mi mano, ella observa a su abuelo y sus ojos brillan de una forma única.
—Su padre, el rey celestial, deseaba casarla con un buen pretendiente, entre ellos resaltaba un joven pastor de estrellas de nombre Altair, que pertenecía a la constelación Alida, tan pronto ambos jóvenes se vieron y se enamoraron al instante.—Continuo el abuelo.
Sigo observándola, sus mejillas tienen un ligero color rojizo y el viento pasa por su cabello desordenándolo ligeramente, mi mente vuela y nos imaginó a ambos en el firmamento sin dejar de escuchar el cuento.
—Al poco tiempo se casaron, una boda a la que todas las estrellas en el cielo asistieron, pero aunque ambos eran felices, no podían continuar juntos, ya que descuidaban sus tareas creando un caos en el firmamento, el rey al contemplar lo que ocurría decidió castigarlos separándolos a cada uno a un lado de la vía láctea, a pesar de la distancia y el sufrimiento de ambos jóvenes su amor no disminuía, únicamente aumentaba con el tiempo. El rey conmovido por su dolor, decide ayudarlos, pero como la sentencia se había cumplido, solo pudo darles la gracia de que se reunieran anualmente, que sería el séptimo día del séptimo mes del año.
Bajo la mirada cuando Abigaíl me observa y siento mi rostro muy caliente. Trago saliva y ambos continuamos en silencio.
—¿El séptimo día del mes del séptimo año? —Pregunto confundido, el abuelo asiente mientras Abi cuenta quien sabe que con sus dedos, trato de recordar la fecha de hoy.
El abuelo sonríe sin dejar de observarnos.
—¡Hoy! —Ambos reímos al apreciar lo sincronizadas que son nuestras respuestas
—Si, siete de julio, recuéstense y observen el firmamento—Ambos hacemos lo que el abuelo nos dice, nuestras manos siguen entrelazadas y eso me hace tragar saliva intentando disimular mis nervios. —Tenemos un cielo estrellado, saben que aquellas de ahí son las estrellas de verano, Altaír y Vega unen ese triángulo con el Rey Deneb que forman esa constelación. —Alzo mi brazo y Abi sigue mis movimientos.
—La leyenda cuenta que siempre en este día ellos le cumplen deseos a las personas que se enamoran con el tiempo, su brillo en el firmamento se intensifica cuando sus corazones son sinceros. Me encantaría seguir con ustedes, mis niños, pero tu madre me está llamando Abi, no ingresen tarde.
Ambos asentimos sin dejar de observar el cielo.
—¿Alex pedirás un deseo? —Giro la mirada observando a Abi, asiento y ella sonríe sin dejar de observarme, sus ojos color miel tienen un brillo hermoso.
—¿Tú pedirás un deseo? —Pregunto curioso.
—Ya lo hice—Susurra, sonrió al escuchar su voz. —Alex—Vuelvo a observarla y se mantiene en silencio.
—¿Ocurre algo? —La oscuridad de la noche a nuestro alrededor hace que este momento sea mágico de alguna manera.
—No sé cuánto tiempo podremos seguir conversando de esta manera, Vega, espero mucho para reencontrarse a Altaír ¿Verdad? —Asiento recordando el cuento—¿Si nos distanciamos con los años, esperarías por mí? —Desvía la mirada y juega con sus manos, no entiendo el porqué de sus palabras, pero decido dejarlo pasar.
—Sí, incluso si las estrellas se llegaran a apagar, siempre te esperaría porque estoy seguro de que ellas brillaran con la misma intensidad que tus ojos brillan cuando estás feliz—Me avergüenzo de mis palabras, suele sucederme cuando se trata de ella. —Abi tienes un cielo lleno de constelaciones en tus ojos—Abigaíl sonríe sin dejar de observarme.
—Yo esperaría todo lo que fuera necesario, si eso significa que volveré a verte algún día, las estrellas jamás se apagaran, incluso si dejamos de vernos por mucho tiempo. —Baja la mirada separando nuestras manos.
—¿Por qué dices eso? —Pregunto confundido y me coloco de cuclillas delante de ella.
—No lo sé—La escucho sollozar ocultando su rostro—De verdad no lo sé, pero por alguna razón siento que no podremos estar mucho tiempo como ahora—Siento un dolor en el corazón, jamás había pensado que podría existir la posibilidad que Abi no estuviera en mi vida.
—Eso no pasará, sé que siempre dices que lo sientes se hace real, pero no será así —Trato de convencerme a mí mismo, a mis ocho años me agrada tener su compañía.—Hagamos algo, cada año nos reuniremos aquí para contemplar las estrellas, quizás en algún momento nos distanciamos o dejamos de vernos, a pesar de eso jamás dejaré de quererte y nos reencontraremos en este lugar sin importar cuanto tiempo transcurra, habrá una noche de luna como esta y volveremos a dibujar constelaciones.
—¿Puedes prometerlo? —Me quedo en silencio mientras seco sus lágrimas con las yemas de mis dedos.
—Si puedo hacerlo, así que todo está bien, sabes a partir de hoy te contaré más sobre las estrellas, cada día escribiremos una en nuestros diarios y si en algún momento no estoy contigo sigamos haciendo eso para que cuando volvamos a vernos veamos que tanto nos hemos extrañado.
—¿Con canciones sobre estrellas?—pregunta sonriendo, asiento y correspondo a su gesto anterior y aunque el temor no me deja tranquilo, disfruto de su compañía y de la calidez de su mirada, dulce y genuina.
También siento que no podremos sonreír por mucho tiempo, pero a pesar de eso, estoy seguro de que volveré a verte y tú sonreirás como siempre mientras las estrellas nos iluminaran con su brillo una y otra vez.
Porque al igual que ellas, tu brillo jamás se apagará, yo cuidare tu sonrisa y siempre tu recuerdo.
Abigaíl me abraza y correspondo su gesto, sé que soy muy niño para entender lo que siento, pero de algo estoy seguro, quiero que estés conmigo. Así como ahora y si en algún momento no logramos a vernos, yo volveré y te encontraré las veces que sean.
Eso me hubiera gustado decirte en aquel momento, pero estoy seguro de que no necesitaba palabras para transmitirte mis sentimientos.
La misma noche que sonreímos avergonzados mientras depositabas otro beso en mi mejilla y nuestros ojos demostraban tanta inocencia mientras me escuchabas cantar aquella canción que a ambos nos encantaba.