Prólogo
En memoria de
TERRENCE HERKEN
Amado hijo y hermano
Ceremonia: Mayo 11, 2022. 11AM
Iglesia de Santa Fe, Georgia.
Dominic cerró los dedos sobre la imagen de su viejo amigo. Sintió la opresión en el pecho crecer y hundirse junto a sus propios demonios cuando los ojos avellana de Terrence le devolvieron la mirada a través de la fotografía.
La noticia le había llegado semanas tarde, aunque tampoco le sorprendía, él había cortado el contacto con sus amigos años atrás y no había tenido intención de retomarlo. De no ser porque sus padres, al contrario que él, sí lo hicieron, la esquela nunca hubiera llegado a él.
Una parte de Dominic deseó no haberla recibido. Así habría sido más fácil seguir mezclándose con la fiereza con la que las grandes ciudades le acompañaban durante las pesadas noches. Él sabía que la suya no era la mejor forma de vivir, pero ese desenfreno y las temerarias carreras eran lo único que le permitía conseguir lo que necesitaba para seguir: Dinero y distracciones.
Aunque no de la forma más legal.
Dominic cerró la mano con tanta fuerza por culpa de la rabia e impotencia que el llavero de su nuevo coche ardió contra su mano. Empezó a mover la pierna con un tic nervioso que había crecido a lo largo de los años y, pronto, la apagada iluminación de su habitación no fue suficiente para dejar de imaginar los soleados días en su ciudad natal y los años que pasó allí. Su corazón se agitó ante recuerdos, secretos y rabia.
Sobre todo lo último.
Quizás, si la noticia no hubiera llegado a él de forma tan formal, o puede que si no hubiera tenido una mala noche, él no le habría dado mayor importancia. Dominic habría hecho una bola con el papel para luego seguir con su vida. Pero los ojos de su amigo seguían ahí, olvidados a la temprana edad diecisiete años con una de las últimas fotografías que le tomaron y, Dominic, no podía apartar la mirada.
Habían pasado tres años desde la última vez que le vio, tres años desde que se tomó esa fotografía, y tres desde que Dominic se fue de casa sin explicaciones ni despedidas. Los secretos de la pintoresca ciudad en la que se crió eran más amargos de lo que él hubiera llegado a imaginar y le ataron de manos cuando todavía era demasiado joven como para poder enfrentarlo.
Ahora, Terrence estaba muerto, sus secretos y vida inmersos en el más ruidoso silencio.
Quizás, de haber llegado en otro momento, Dominic no le habría dado importancia.
Pero, esa noche, decidió que era hora de volver a casa.