Prologo
La impaciencia de Valentín cada vez era más fuerte la ansiedad que sentía en aquel momento no lograba calmarla, a cada rato observaba el reloj de su brazo su mayor temor era que aquel hombre que le prometió amor eterno lo fuera a dejar plantado en el día más importante de su vida, los invitados empezaban a sospechar que el novio jamás llegaría por eso entre algunos se decían a voces bajas que eso sería lo que pudiera ocurrir. El notario notaba los nervios en los ojos del pobre hombre, quería comunicarle que ya debía marcharse porque tenía que estar en otra boda y no podía retrasarse era lo que pensaba.
Nuevamente vio su reloj este marcaba las cuatro y media de la tarde, su tía Alondra buscaba animarlo para que tuviera al menos un poco de esperanza de que Alexander llegaría pronto. Lo extraño de aquello era que su primo Matías no estaba presente en el lugar, solo dijo que no iría a una boda tan aburrida y que no le gustaba ese hombre para su primo.
—Señor Valentín, debido a la situación que se está presentando debo irme. Tengo otra boda que asistir y llevo diez minutos de retraso y sería de mal gusto llegar tarde para la otra pareja que debo casar.
—Por favor notario, espere un poco más mi novio debe estar por llegar. Quizás se le presentó un inconveniente, solo déjeme llamarlo y escuchara su respuesta—Hablo Valentín con lágrimas en los ojos.
—Solo esta vez, si no atiende, lamentablemente me marcharé.
Sacó su celular del bolsillo y comenzó a llamarle su única respuesta fue la contestadora, su miedo se intensificó más porque el amor de su vida lo abandonó en el momento más importante para todo aquel que tiene la ilusión de casarse por amor. Hasta que llegó su mejor amigo llamándolo por su nombre, noto que traía algo en su mano era como un estuche de reloj. Era el mismo estuche que le había regalado con el reloj de su padre, enseguida lo tomó y lo abrió dentro de este estaba una nota de Alexander en ella decía lo siguiente: —“Valentín esta nota no pretende ser una justificación porque mi conducta es injustificable, solo quiero decirte que una serie de acontecimientos me obligan de tomar la decisión de renunciar a ti, adiós para siempre”.
El llanto de Valentín se hizo notorio cayendo al suelo por tan pesada noticia, la voz se le quebraba por tanto dolor que sentía podía sentir como su corazón se fue partiendo parte por parte. Sus invitados lo observaban con tristeza mientras que otros solo se burlaban por tan dramática escena, su nana buscaba la manera de tranquilizarlo, pero no había quien pudiera hacerlo de un momento a otro su llanto cesó y una mirada fría se formó en su rostro. Huyó del lugar, su tía gritaba su nombre y nunca se devolvió, estaba desesperado en llegar a su casa tomó el primer taxi que se le atravesó en su camino.
Finalmente llegó a su destino seguía sollozando y se le venía a la mente cada uno de los recuerdos que tuvo con Alexander, era como una película que se repetía una y otra vez en su mente. Se quitó el esmoquin que tenía puesto, sacó una tijera de su gaveta para rasgar la chamarra y gritar con más fuerza se jalaba el cabello para luego verse el espejo y gritar lo siguiente: —¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Cerró el puño y rompió su espejo causando algunas pequeñas heridas.
La noche ya había llegado el silencio era pacifico, noto que en el jardín estaba decorado para la fiesta al ver un arreglo de flores lo destruyó volcando la mesa con esta, acabo con todos los arreglos sin importarle que tenía una mano herida. Mientras observaba la alberca llena de flores, su primo Matías se acercaba silenciosamente para ver como sufría en silencio su primo.
—No sabía que estabas aquí—declaró un tanto sorprendido.
Valentín no respondía solo estaba parado sin parpadear, solo estaba aquella mirada llena de odio en sus ojos. Matías se fue acercando más para intentar buscar alguna respuesta de él, le divertía verlo así por eso fingía estar preocupado.
—Cuanto silencio ¿verdad? Valentín, yo sé cómo te sientes. El amor es algo que duele, y lastima. Yo lo descubrí desde que era niño, me duele mucho lo que pasó. Ese hombre no merece tu dolor, nunca valió la pena. Esta bien, veo que prefieres estar solo. Yo también.
A la mañana siguiente Valentín salió muy temprano de su casa sin informarle nada a nadie, se trasladaba al lugar más montañoso de la ciudad. Tras una hora de camino se detuvo en el risco de una montaña, llevaba en el asiento del copiloto el traje que traía puesto ayer. Se quitó el cinturón de seguridad y agarró el traje con su otra mano, salió del auto con esmoquin en mano arrastrando un poco el pantalón dañando la bota con una rama que sobresalía del subsuelo. Su zapato hizo contacto con una piedra empujándola al vacío resonando al final de este, el viento jugaba con algunos mechones de su oscuro cabello. Con fuerza nuevamente empuño su traje, se dio la vuelta para dirigirse nuevamente al auto busco el botón para abrir la cajuela y allí metió su antiguo esmoquin azul.
Cerró la cajuela y encendió el auto le quitó el freno de mano y ejercicio fuerza para hacerlo avanzar solo, lentamente se acercaba al acantilado donde le esperaría una explosión segura. Y fue así, escuchó un gran estruendo entendió que ya el carro se destruyó ya que una gran columna de humo negra sobresalía, se prometió así mismo que el amor nunca existió y que se encargaría de matarlo en donde estuviese presente.