ring [drarry]

Sinopsis

Todo comenzó por un anillo. Harry es el sirviente de Draco, el heredero de la corona. Al momento de la muerte de James (quién era el herrero del pueblo), Harry decide entregarle su última pieza al príncipe, ya que esta había sido hecha en su honor. El entregarle un simple anillo terminó desencadenando cambios en su futuro que ni siquiera él se atrevio a imaginar. historia corta llena de drama por el cumpleaños (atrasado) de mi bebito Harry <3

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Sam
Estado:
Completado
Capítulos:
4
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

—¿Realmente crees que él aceptaría esta mierda? —Se burló Zacharias, uno de los caballeros del castillo.

—Debería darte vergüenza pensar en darle esa basura al príncipe —agregó con desdén William, el hermano menor, antes de marcharse. Zacharias lo siguió, lanzando otra burla antes de irse. Harry observó el anillo en sus manos y sintió un nudo en el estómago. La duda lo invadió, sin embargo, donde su padre lo llegara a ver de esa manera lo mas probable era que se ganara un golpe. Por lo que suspiró, esbozando una sonrisa.

—¿Acaso se lo van a entregar ustedes o qué? No tienen nada que ver como para meterse en mis asuntos.

—¿Cómo te atreves a hablarme así? —Amenazó William, acercándose peligrosamente a Harry, que solo atinó a retroceder unos pasos, aun sin borrar su sonrisa.

—¿Que? ¿Me vas a golpear en mitad del castillo, idiota?

—William, déjalo. Si te ven te meterás en problemas.

—Estúpido sirviente de mierda —siseó el menor.

Harry rio.

—¿Crees que tus insultos de nenita me van a afectar, ridículo? Me han dicho cosas peores.

—¿Por qué mejor no te vas a hacer tu trabajo en vez de joderle la vida a los demás? —Intervino Draco, haciendo que la espalda de los caballeros se tensara e inmediatamente se tragaran lo que tenían para decir.

—Si, señor —respondió Zacharias tomando por el hombro a su hermano, alejándolo de ahí.

—Escuché que querías entregarme algo, ¿verdad? —Preguntó acercándose al azabache, quién asintió, enseñando la joya.

—Fue la ultima pieza de papá y la hizo en honor al príncipe, así que... pensé en dártela.

—Supongo que eso hubiera querido tu padre —dijo sonriente, acortando la distancia entre los dos, tomando el anillo— después de todo yo soy el príncipe, ¿verdad?

—Está en lo correcto, su majestad —replicó Harry mirando fijamente los labios del rubio.

—¡Dragón, ahí estas! —gritó Narcissa al otro lado del corredor, haciendo saltar en su lugar a los dos chicos, que se alejaron con rapidez—. Tu padre dijo que necesitaba hablar contigo.

—Enseguida iré.

—Claro —respondió la mujer sonriente— no tardes. —Y dicho eso, se marchó, dejándolos solos nuevamente.

—Bien. —Sin esperar mucho, extendió la mano esperando a que Harry colocara el anillo, una vez la joya estaba ubicada en el dedo anular de su mano izquierda—. Gracias. —Seguido, abrazó al menor. Se separó luego de unos momentos, despidiéndose de él, antes de correr en dirección al comedor; dejando a un embobado Harry de pie en la mitad del corredor, sonriendo como idiota.


—Hasta que te dignas a aparecer.

Su padre, tan amable como siempre.

—Tardé menos —fue su única respuesta mientras se sentaba frente a él.

—¿Y ese anillo? —preguntó sin despegar la mirada de los pergaminos. Draco frunció el ceño.

—¿Cómo lo viste?

—¿Quién te lo dio?

—Fue la última pieza del señor Potter, la hizo en mi honor.

—A ver —dijo extendiendo su mano, esperando a que su hijo se la entregara para analizarla mas de cerca. Una vez la tuvo en su poder, noto que tenía bordado en oro, la inscripción D.M por dentro—. Que bien. Bueno, a lo que venías. Mañana se hará la fiesta y vendrán princesas de todos los reinos cercanos.

—Por favor, compórtate —susurró Narcissa ingresando a la habitación.

Lucius rio brevemente antes de dejar de lado el pergamino.

—A ver si consigues esposa —dijo, levantandose de su silla.

Draco se tensó, Narcissa se dio cuenta de lo interesante que era la madera de roble de la mesa y Lucius, bueno... supo que tenía que cerrar la boca por la penetrante mirada de su mujer.

—Es verdad, Draco. No falta mucho para que nos tengamos que-

—No llegan ni a los cincuenta años, por favor —interrumpió Draco y Narcissa suspiró sabiendo que esos dos empezarían a discutir. Contrario a lo que ella pensaba, la habitación se sumió en un profundo silencio en el que solo se escuchaban los cantos de los pájaros y el bullicio de la gente afuera.

La cuestión de encontrarle esposa era un asunto complicado, no solo porque Draco parecía no sentir atracción por ninguna doncella de ningún reino, sino también debido a la «inusual» relación que mantenía con el hijo de los Potter, una situación bien conocida por los reyes. A pesar de esto, tanto Narcissa como Lucius estaban decididos a persuadirlo para que considerara casarse con alguna joven y así preservar el legado Malfoy, aunque en su interior sabían que esto sería imposible.

Aunque Lucius podría parecer, en primera instancia, uno de esos gobernantes dispuestos a forzar a su hijo a un matrimonio por conveniencia, en realidad no era así. Además, incluso si Lucius hubiera tenido esa intención, no habría tenido éxito, ya que Narcissa no lo habría permitido bajo ninguna circunstancia. La dinámica entre los reyes y su hijo era más compleja de lo que podría parecer en la superficie, y aunque intentaran guiarlo en la dirección que consideraban adecuada para la corona y el linaje, también respetaban la individualidad y los sentimientos de Draco, después de todo, era su único hijo. Si la cagaban, no había vuelta atrás. Ya estaban demasiado viejos como para ponerse a hacer otro.

Cada uno se marchó a su habitación en silencio, y la noche se pasó en un dos por tres para Draco. Antes de que el sol saliera, ya todos estaban corriendo de un lado para otro dándole los últimos retoques al palacio para cuando llegaran los invitados. La tarde llegó rápidamente y antes de que el sol se pusiera, el salón principal ya estaba lleno.

—¿Y dónde está Draco? —preguntó la reina vecina, Aquila Greengrass. Quería verlo, hace mucho no lo hacía. ¿Estaría más alto que ella? ¿Aceptaría casarse con su hija?

—Debería haber llegado hace bastante, dame un minuto —respondió Narcissa, buscando con la mirada a su hijo entre el montón de invitados. Aquila rio y asintió. Seguía llegando tarde como siempre.

—Tomate el tiempo que necesites, cielo. Iré a averiguar donde demonios se metió mi marido.

—¡William, Zacharias! —Los hermanos acudieron al llamado de la reina.

—A sus órdenes, majestad.

—Traigan a Draco y rápido.

En su habitación, ajenos a la fiesta en el salón principal, se encontraba Harry medio acostado en la gran cama del príncipe gimiendo suavemente con este besando su cuello. William le hizo una seña a su hermano, indicándole que se detuviera e hiciera silencio.

—¿Qué ocurre? —susurró Zacharias, extrañado.

—¿Puedes callarte? Intento oír —masculló William hastiado.

—¡Ah! ¡Ahí, sigue así!

Sus ojos se abrieron de par en par, Zacharias revelando sorpresa absoluta, mientras que su hermano reflejaba no solo celos intensos sino también una clara y creciente molestia.

—¿Preparado? —preguntó sacando sus dedos.

—Estuviste como dos horas ahí, más vale que sí.

Draco rio ante la desvergüenza del chico. Se preparo para entrar, sin embargo, fueron interrumpidos por unos golpes en la puerta seguido de la seria voz de uno de los caballeros.

—Majestad, la reina solicita su presencia en el salón.

Harry reconoció la molesta voz de William y apenas tuvo tiempo de rodar los ojos antes de que Draco se separara de él.

—Estoy ocupado en este momento, ya salgo. Tendremos que dejarlo para más tarde —susurró contra sus labios, dejó un casto beso sobre estos separándose antes de que Harry pudiera profundizarlo. Palmeó suavemente las piernas de su amante antes de que el mismo empezara a ajustar sus ropas nuevamente—. ¿Vendrás a dormir? —Preguntó acariciando su mejilla. Harry asintió.

—Y no solo eso —respondió levantándose de la cama—. ¿Salimos juntos?

—¿Qué tiene? —inquirió arreglándose la camisa, luchando porque esta llegara a tapar los chupetones alrededor de su cuello, cosa que no ocurrió. Masculló algo en voz baja segundos antes de tomar la capa roja que se encontraba tirada sobre el respaldo de una de las sillas y abrocharla, notando que esta cubría en su mayoría las marcas—. Con eso bastará. ¿Me acompañas? —Ladeó la cabeza en dirección a la puerta y extendió su mano, esperando a que el chico la tomara. Harry mordió su labio algo nervioso, sin embargo no rechazó la oferta.

—¿A dónde voy después de eso?

—Donde quieras. Hazle compañía a Pans, escuché que peleó con Hermione.

—¿Eso fue una orden o una sugerencia?

—Tómala como quieras, te espero acá luego de que la fiesta termine. —Se acercó y tomó a Harry de la cintura, besándolo lentamente. El beso se intensificó con rapidez y Draco se separó agitado del chico—. Tengo que ir a ver a gente importante, no puedo ir con una erección —susurró acomodándose el pantalón.

—Ciérrate la capa y listo.

Los golpes en la puerta volvieron a hacerse presentes seguidos de la voz de Zacharias:

—Señor, con todo respeto, la reina lo quer-

—Sí, ya sé —respondió, el fastidio evidente en su voz hizo que Zacharias bajara la cabeza aunque no lo estuviera viendo.

Tan pronto como la puerta se abrió la mirada de William se dirigió al príncipe y al sirviente, pero enfocándose más en las marcas descubiertas en el cuello de este último. Harry le devolvió la mirada con una tenue sonrisa, que claramente no fue correspondida. Con un mohín disimulado, se volteó hacia el príncipe, que observaba en silencio a Harry.

—¿Vamos, señor? —carraspeó William, desviando la atención de Draco.

—Ah, sí. Ya sabes, Potter.

—Seguro, majestad —respondió este sonriendo, viendo como lentamente se iban alejando.

Luego de unos minutos el príncipe estaba siendo escoltado a la fiesta.

—Will, pst. —Le llamó la atención el mayor, William lo miró esperando a que hablara. Zacharias señaló la mano izquierda de Draco al menor de los hermanos le hirvió la sangre al ver la joya adornando la mano del príncipe.

«Hijo de puta, aun así se lo dio.»

—Su majestad, ¿y ese anillo? —preguntó William saliendo de sus pensamientos.

Draco lo miró por encima de su hombro antes de voltearse hacia las puertas del salón frunciendo el ceño.

—¿A ti que te importa?

Zacharias sofocó una risa y William suspiró frustrado intentando calmarse, cualquier cosa que dijera podría mandarlo de patitas a la calle, o matarlo, depende de cómo el príncipe deseara.

—Oww, ¡Mira que grande estás! —exclamó enternecida Aquila, a su lado, sus hijas rieron al ver como apachurraba las mejillas de Draco, quién simplemente sonrió y se dejó hacer. Aquila era una amiga cercana de sus padres y Draco la consideraba como su tía. Minutos de charla después, llegó la pregunta que Astoria y Draco más odiaban—. ¿Y no han pensado en casarse?

Daphne se atragantó con la bebida. Astoria la fulminó con la mirada y Draco quiso huir. Astoria era una de las pocas personas que sabía que Draco estaba enamorado de Harry. Por un lado, Astoria tenía un novio, que, por supuesto, no pertenecía a la realeza. Por otro lado, Aquila y Gareth eran reyes apegados a la nobleza y cualquier persona que no perteneciera a la realeza, era inferior a ellos. Así que, si se llegaban a enterar del noviecito de Astoria, pobre del campesino y pobre de Astoria.

—Por dios, no. Somos como primos —chilló Astoria.

—Pero no comparten lazos sanguíneos, así que técnicamente no sería incesto —argumentó Daphne.

—Daphne, cierra la boca. Y no, no he pensado y tampoco quiero casarme con él.

—No peleen. Simplemente preguntaba, hay más príncipes.

Astoria viró los ojos y se marchó, no estaba dispuesta a soportar esa charla.

—Lo siento, pero Astoria no es mi tipo —fue lo último que dijo el príncipe antes de seguir el camino de la menor de los Greengrass.

—Caray, que amargados, yo simplemente preguntaba —le susurró la matriarca a su hija mayor que asintió, dándole la razón.

—Totalmente, madre.


Mientras que todos disfrutaban de la fiesta, en los establos Harry la estaba pasando mal.

—¿No lo entiendes, Potter? El príncipe te aceptó esa basura por lástima —murmuró William con un tono venenoso, sus ojos fijos en Harry quién no pudo evitar soltar una risa irónica ante el comentario.

—¿En serio crees eso? ¿Acaso no escuchaste lo que sucedió en la habitación? —contraatacó, desafiante. Sin embargo, su respuesta solo trajo más hostilidad.

Un golpe repentino hizo que su mandíbula vibrara con dolor, cortando sus palabras. Zacharias, con el ceño fruncido, lo miraba con una expresión de desprecio.

—No te atrevas a hablar de lo que hicieron como si eso te diera algún derecho. Eres un simple campesino, no importa lo que hayas compartido con el príncipe.

Harry se masajeó la mandíbula adolorida, resistiéndose a ceder ante el desprecio que le mostraban los hermanos. Pero sabía que tenía que mantener la calma, no quería que la situación empeorara aún más.

—Miren, no estoy aquí para causar problemas ni para discutir. Solo quiero estar tranquilo. Así que, si me disculpan...

Antes de que pudiera dar un paso para alejarse, sintió una mano en su hombro, deteniéndolo. Giró la cabeza para encontrarse con la feroz mirada de William.

—No te muevas, Potter. No tan rápido.

Harry suspiró, sabiendo que la conversación estaba lejos de terminar.

—¿Por qué mejor no se buscan una vida y nos dejan a Draco y a mí en paz?

William soltó una risa sarcástica.

—¿Crees que podemos olvidar lo que eres? Un campesino jugando en el mundo de la realeza. No te equivoques, Potter, no importa lo que hayas compartido con el príncipe, eso no cambiará nada.

Harry levantó la mirada, encontrándose con la desafiante de Zacharias. Sus ojos brillaban con un fuego inquebrantable. Y de repente, las piezas conectaron en la mente del chico.

—Ouh... ya entendí. ¿Están celosos de que me coja a Draco, verdad? Claro que sí, si has estado enamorado de él toda tu vida, Will.

William frunció el ceño, claramente molesto por la actitud desafiante de Harry.

—Voy a hacer que te tragues todas y cada una de tus palabras, malnacido.

Y entonces, otro golpe por parte del menor aterrizó en su abdomen, dejándolo sin aire momentáneamente. No se iba a dejar golpear, sin embargo, para cuando se intentó defender del siguiente puñetazo, Zacharias se posó tras él, tomando sus brazos, ejerciendo un agarre de hierro en ellos. Harry no tuvo más remedio que aguantar las lágrimas y soportar los golpes.

Luego de lo que parecieron horas de sufrimiento, William dio por terminado su cometido.

—No quiero que te vuelvas a acercar al príncipe, la próxima vez, lo lamentarás. —Y solo para asegurarse, lo golpeó una vez más en el rostro, luego, se marchó. Dejando a un adolorido Harry escupiendo sangre en el suelo, luchando por respirar.