poison; kaisoo

Sinopsis

Kyungsoo se iba otra vez, y Jongin le seguía esperando con el corazón medio roto. © tokyoblues

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
𓇢𓆸
Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

O1: sueños

Le siente lo rasposo de los labios secos junto a su cuerpo tibio y algo sudoroso, mientras escucha su nombre vestido en esa voz profunda. Se gira sobre la cama y las pestañas se le despegan. Entonces puede sentir las sabanas heladas debajo suyo, ver las paredes blancas -que de repente le parecieron apercancadas-, y al cabo de unos segundos anonadado, el pecho le duele un poco.

Al ser consciente de su entorno, su primer pensamiento es «esto siempre sucede». Un intento vago y desganado de buscar consuelo consigo mismo, uno que claramente no encontró entre las palabras vacías que solia repetirse como un monólogo cada vez que se encontraba en la misma situación.

Toma asiento sobre el borde de la cama, pone los pies sobre la cerámica y la piel desnuda de su torso se eriza al hacer contacto con el frío. De pronto le dan ganas de llorar. Jongin siempre fue llorón, de corazón sensible, como el de un adolescente que recién experimenta lo que es verdaderamente crecer. Un par de gotas de agua salina se le acumulan en el lagrimal y con el centro de los dedos se presiona y restriega los ojos hasta solo dejar un vestigio borroso de penurias sobre los párpados.

Se levanta y aunque —por la poca vergüenza que le queda— no lo admitiría, busca con la mirada alguna nota en su cuarto, o en la cocina, tal vez en el baño, en el menor de los casos busca alguna prenda o un algo que le diga "volveré". No hay nada; los platos, las toallas y las cortinas cerradas, todo sigue igual tal como si nada hubiese sucedido, entonces no puede evitar sentirse algo idiota por su propia decepción. Así como tampoco puede evitar creer que quizás todo fue un sueño. Todo. Bueno, solo el todo que engloba la noche anterior.

Jongin tiende a divagar en silencio, y es justamente lo que hace mientras se prepara el desayuno y tiembla por el desabrigo, a pesar de que está acostumbrado.

Permite juzgar si es que quizás no está siendo algo delirante, pues con un mínimo de esperanza sigue buscando algún rastro de él por el apartamento, incluso alguna partícula de su perfume en el aire o un "deberíamos comenzar de cero" que le haga llorar nuevamente. Kyungsoo siempre le dice eso, y le convence pese que no haga mucho esfuerzo por hacerlo. Aquello sucede cada cierto tiempo, a veces dura tan solo un día, otras semanas, pueden pasar meses hasta que todo se derrumbe y le diga lo mismo. Esto ya ha pasado doce veces, Jongin lleva la cuenta, a pesar de que no sabe por que lo hace. O sí.

¿Cuántas veces se puede trizar un corazón y sobrevivir?

Va hasta el baño para tomarse una ducha, mira su cuerpo en el espejo y algunas marcas le dicen a ciencia cierta que lo de anoche no fue solamente un sueño. Se baña con agua tibia, se queda más tiempo del que debería refregándose el cuerpo con fiereza, dejando zonas de su piel irritadas y enrojecidas. Cuando termina se medio arregla antes de salir de su pequeño apartamento alquilado y se encamina hasta el café del que su hermana es dueña, aprovechando su día libre para ayudarle y de paso, despejar su pobre mente presa de la autodestrucción.

El medio día se basa en estar detrás del mostrador con delantal beige, tomando órdenes, recibiendo dinero, entregando boletas y fabricando distintos tipos de café a máquina los cuales odia con todo su ser. Observa a mucha gente pasar por esa puerta transparente, a las familias prematuras, las parejas, los amigos y los solitarios. Piensa que mas tarde debería llamar a Sehun para salir a comer y si se da, beber un poquitito.

—Debo salir durante un rato, ¿puedes quedarte, Jongin? —dice su hermana a su lado. Es una mujer amable, un poco más alta que el promedio, de voz dulce igual que la suya y un carácter por ratos demasiado formidable. Muchas veces suele preguntarse si es que sus hermanas mayores no robaron del vientre de su madre la poca fortaleza que debió corresponderle a él en algún momento.

—Estaré bien, ve tranquila —le sonríe y ella le imita. Son aterradoramente parecidos si de fisionomía se hablaba.

Al rato en reemplazo de su hermana llega esa muchacha escuálida que viene únicamente esas veces que alguien más hace falta, trabaja poco y gana poco. Cuándo lo ve no trata de disimular la felicidad que siente y se apresura hasta él, le saluda y Jongin por simple educación le corresponde. Había olvidado su nombre hace mucho, de hecho fue el día después de verla por primera vez, mas ella no perdía la ocasión de llamarle por su nombre y sacarle algún tema de conversación aleatorio. Jongin no lo diría porque jamás sería capaz de herir a alguien a proposito, pero realmente estaba cansado de verla y escucharla. Desde el primer instante el interés de ella por él fue obvio, pero prefería hacer oídos sordos y fingir que no se daba cuenta, pues no tenía ni un poco, de interés en ella. Era hostigosa, no de un tipo parlanchina, sino uno más sutil que le hacía ponerse nervioso de una mala manera. Era linda lo admitía, tenía el pelo oscuro y la piel clara de aspecto suave, pero no estaba ni cerca de su tipo. Y para ser sinceros, Jongin no desea conocer a alguien más en este momento de su vida.

Las horas pasan entre el aroma agrio del café, suspiros y las preguntas o frases que rodean a Do Kyungsoo. ¿Vendrá hoy de nuevo? ¿Debería llamarlo? Lo extraño ¿Cuánto durará esto? ¿Me extraña él también? Ah, recuerdo cuándo nos conocimos... y así.

Finalmente la tarde comienza a caer, entonces cerca de las ocho de la noche se da cuenta de que no estará bien. Le es imposible estarlo cuando ve como Kyungsoo entra sonriente con una chaqueta de cuero y rozando su hombros con el de otro muchacho, para él, desconocido. De un momento al otro escucha con nitidez el ruido de los autos a las afueras, las charlas alegres, el sonido de los pasos y la corriente de aire vespertino que entra y le estremece, es un sentimiento algo semejante al de esa misma mañana al despertar en una cama vacía. Nota como su sonrisa decae y parece convertirse en algo más parecido a una mueca de incomodidad cuándo ambos cruzan miradas a la distancia. Intenta pasar desapercibido y se acerca al mostrador a la par de su acompañante.

—Oh, Jongin... Ha pasado un tiempo —Menos de 24 horas, le corrige con el pensamiento.

Jongin asiente y con mucho esfuerzo intenta (realmente intenta) forzar una sonrisa. Fija sus ojos en los suyos con la intención de ver a través de él, de esos grandes y oscuros orbes que no puede leer, anda re buscando una respuesta, queriendo descifrar su expresión, y fracasa. El tiempo se le hizo eterno e insoportable, sin embargo no transcurren más que un par de segundos en los que nadie además de ellos podría darse cuenta de lo que pasaba. No consigue nada, pero por lo menos le bastan para confirmar que Kyungsoo no lo hizo a propósito. Se le cruzó la maníaca idea de que tal vez lo hizo para que los vea, e inseguro deja a la deriva la pregunta de si sería tan importante para él como para hacer tal cosa.

Kyungsoo le presenta al muchacho, se llama Kim Junmyeon. Reconocía que era bonito, le rodeaba un aura angelical y vestía de una forma casual, ni demasiado ostentosa, ni demasiado elegante, era una estatura pareja a la de su cita. O lo que supone él que debe ser. Kyungsoo le cuenta que la hermana de su amigo es el dueño del lugar y el contrarió parece fascinado con la idea. Comenta con pura honestidad lo bello y acogedor que le parece el lugar, y Jongin por más que lo quiera no puede odiarlo. Junmyeon pide un Machiatto, y ni siquiera le pregunta a Kyungsoo pues ya sabe, y sin que le diga nada ya tiene su café simple y amargo preparado.

Con amabilidad le pide a la muchacha que les llevé las bebidas hasta su mesa y esta acepta gustosa. De lejos los observa, sentados juntos al lado de uno de los ventanales hablando de quién sabrá qué cosa. Ve a Kyungsoo con la cara radiante y sonriendo abiertamente mientras habla. Se detiene un momento, pues Kyungsoo jamás le sonríe. O por lo menos no lo ha hecho durante ya un largo tiempo. Muchos menos le habla tan animadamente; con él es más de monosílabos y frases cortas sin sentido. La verdad es que ahora mismo esta tan concentrado en el otro que no le regala ni una lastimera mirada a Jongin, que a la distancia le ruega por una.

Se sume tanto en contemplar una interacción de la que no es parte, que por error termina tomando una orden de manera errónea, se disculpa enseguida y busca distraerse en algo más, cosa que le cuesta un poco ya que a estas horas no suele venir tanta gente como durante el día.


Ya anocheció y no pasa mucho hasta que ambos se levanten de la mesa, Junmyeon se despide de él con gentileza y Kyungsoo parece forzado hacerlo. Una vez que cruzan la puerta siente el repentino impulso de salir y detenerlos con alguna excusa. Prefiere mil veces tenerlos coqueteando frente a sus narices que pasar su noche imaginando en dónde están o qué harán. Apoya los codos sobre la larga mesa, la zapatilla derecha golpea incesantemente el suelo, se muerde las uñas ya carcomidas y rodeadas de piel muerta mientras les da rápidos vistazos a la hora en el celular. Espera impaciente que su hermana llegué para largarse, pero los minutos se le estiran todavía más teniendo a la chica esa rondando a su alrededor como un ave carroñera queriendo comer un cadáver descompuesto.

Ve un familiar rostro entrar y en santiamén se deshace del dental que trae puesto. Acepta los agradecimientos de su hermana, le pregunta qué tal le fue, le da un corto resumen de la tarde -no dice nada personal, claro esta-, se despide y tras ponerse una chaqueta delgada sale para llamar a Sehun. Le marca y del lado le contesta una voz perezosa, al escuchar que está desocupado le propone ir a cenar algo, y Sehun acepta sin pensarlo mucho. Tras acordar un lugar, Jongin se tranquiliza un poco y da pasos rápidos por la acera, se siente algo acelerado y frustrado, se reconforta en pensar en desahogarse con alguien. Sehun es el único amigo de suficiente confianza como para saber la historia que lo envuelve a él y a Kyungsoo, por consecuencia el único al que acudir en estos instantes. Tiene más o menos una idea de lo que le dirá, la mayoría de la veces suele decir cosas similares, puede ser porque ya no sabe que mas argumentar ante el mismo relato que ya escuchó durante varios encuentros, mensajes de texto y llamadas telefónicas a las dos de la mañana.

Tras subir una calle empinada se toma un momento para recuperar el aliento, al levantar la cabeza puede divisar a unos metros a Sehun quien le espera sentado en una silla plastica de color rojo, tiene la cabeza gacha y observa la pantalla de su celular con el ceño fruncido. Se aproxima hasta él y le saluda con un gesto antes de tomar asiento frente suyo. Al darse cuenta que Sehun ya pidió la comida no espera antes de arremangarse las mangas y llevarse los palillos a la boca como si no hubiese un mañana. Ambos estan solos en esa esquina, a las afueras de un pequeño local que queda en el mismo vecindario en donde reside su amigo y a una distancia justa y necesaria de su edificio. Solo hay cuatro pequeñas mesas igualmente plásticas de un blanco sucio, se escucha el sonido de la televisión proveniente del interior y la luz del poste se le refleja en el cabello. Jongin sigue comiendo, tiene la boca manchada y la espalda encorvada mientras se inclina sobre la mesa. Ninguno dice nada, los platos, la comida baboseada entre sus dientes y la carretera a la distancia es lo único que interrumpe el silencio, percibe la mirada expectante y seria de Sehun sobre él y siente que no puede aguantarlo, que se va a atorar con la comida hasta asfixiarse.

—Pidamos algo de soju —habla finalmente después de tragar. Sehun asiente y al rato regresa con dos botellas verdosas en la mano y un par de vasos.

—¿Por qué no terminas con él de una vez por todas? —sirve un poco para cada uno mientras Jongin termina de comer y se desparrama sobre su asiento.

Se esperaba esa pregunta, pues cuando dejó de darle soluciones, comenzó a cuestionarlo. Estaba tan agradecido de que aun no le dejará, sabia que tratar con él no debía ser una tarea fácil al fin y al cabo.

—... Me acuerdo que las cosas iban tan bien cuando solo eran mejores amigos.

—Seguimos siendo mejores amigos —murmura mirando fijamente un algún punto de la mesa que está raspada y con migajas y salpicaduras pequeñas. Toma el vaso y con el pulgar traza garabatos invisibles sin atreverse a enfrentar la mirada crítica de Sehun que le atraviesa la cabeza.

—¿En serio? —Levanta una ceja con ironía. Jongin no le contesta.

Sehun come con calma, su comida ya está tibia, y escucha como Jongin le cuenta su última aventura, o desventura. Habla lento entre medio de largas pausas, quiere evitar que se le cierre la garganta, golpea la superficie con la punta de sus dedos y nubes de vapor se le escapan de la boca cada vez que suelta alguna oración. Termina de hablar, Sehun no le dice nada al respecto, y a este punto él tampoco espera que lo haga.

Se sirve un par de vasos más, y cuando esta a punto de beber escucha una voz femenina llamar su nombre desde atrás. Es la misma que se vio obligado a escuchar durante toda la tarde y jura que podría echarse a llorar ahí mismo. Le escucha acercarse y le da una ojeada a Sehun en busca de ayuda. Él se presenta como el caballero que es, y ella le dice a Jongin algo como "que sorpresa, ¿qué haces por acá?". La ignora y ella suelta una risita nerviosa, Sehun responde por él e intercambia palabras con ella al verse afectado por la incomodidad que los rodea. Jongin no presta atención a lo que hablan, tampoco le interesa.

—Jongin no es muy bueno conversando —dice Sehun, y el nombrado recién espabila al escuchar que es mencionado.

Eso le hace rememorar de golpe los pequeños debates que tenían, cuándo Sehun decía que Kyungsoo al igual que él era malo para hablar, pero él defendía a capa y espada que no era así. Le argumentaba que Kyungsoo solía hablar de cosas irracionales sin correlación alguna con la situación, que podía seguir por horas una charla animadamente y se reía por tonterías.

¿Cuánto ha pasado desde aquello? Se acuerda de casi todo a la perfección, y tanto su cerebro como su corazón perciben los recuerdos como algo demasiado lejano. Una vez más se vuelve a hundir en la nostalgia.

—Si, lo he notado... —dice ella mientras lo mira. Ahora ninguno de los tres continúa hablando por alrededor de unos treinta segundos. La muchacha estira su cuello hacia atrás y observa los mosquitos que revolotean alrededor del foco sobre sus cabezas, Sehun mira a Jongin, y Jongin mira sus manos. Están algo secas y cuarteadas, sus nudillos parecen que van a romper su piel como cuchillas.

—Quiero irme a casa —suelta al azar, para nadie en específico. Apenas lo dice se levanta de la silla. No se despide de la muchacha y se va caminando en bajada por la colina, no muy rápido, pues Sehun aún debe pagar la cuenta.

Mira la hora en el celular, son las 23:47. Se le revuelve el estomago al pensar en que ayer a esta misma hora se encontraba con Kyungsoo, pero se le revuelve todavía más en pensar que ahora debe estar con Junmyeon, y probablemente estén haciendo lo mismo que ellos, quizás lo esta besando, lo esta abrazando y acariciando. Se lo imagina, puede verlo pasar sus manos por entre sus hebras, sus labios chocar, sus manos rozar. Se siente algo mareado, pero no quiere llorar; quiere vomitar.

De pronto una oleada de calor le sube por el cuerpo, los pies le fallan un momento y una de sus manos va a parar hasta la reja de alguna de alguna casa que afortunadamente tiene las luces apagadas. La comida se le devuelve directo desde el estómago y le sale por la boca con fuerza. En contra de su voluntad se le caen un par de lágrimas que se revuelven con su vómito sobre el pavimento. Cuando siente que ya no le queda nada más escupe queriendo quitarse el mal sabor de lengua, se incorpora apoyando su espalda contra la reja, los barrotes se le clavan en la espalda y ni siquiera se da cuenta de en qué momento Sehun llega a su lado. Por un instante creyó que se había marchado ya que su casa queda hacia el otro lado, y se conmueve un poco al verlo ahí.

—¿Quieres que vaya por el auto? —Junta un poco las cejas con expresión entre preocupada y curiosa, debido a que sabe que Jongin no bebió lo suficiente como para estar borracho.

Jongin negó con la cabeza a duras penas, no quiere hablar, le duele la garganta como si hubiese tragado una llama de fuego, aun asi se las arregla para dar a entender que quiere estar solo.

Emprende su marcha hasta la parada de autobuses, se siente terriblemente cansado, debilitado y patético, le duele la planta de los pies y tiene punzadas en la parte frontal de la cabeza. Arrastra los pies y se deja caer sobre la banca, pone el dorso de una mano sobre su boca y la otra suavemente sobre su cuello; tiene el cabello desordenado y seguramente algún rastro de vómito en la ropa. No hay gente cerca, y es una suerte que nadie más pueda ver lo miserable que luce, aunque realmente no es algo que le preocupe ahora mismo. Tiene la percepción del tiempo un poco distorsionada, se aburre de esperar y se va caminando. Solo por inercia sabe que dirección tomar, pero no se siente consciente del todo. Los pensamientos sobre Kyungsoo le torturan durante todo el camino, recuerda, se lamenta, se pregunta y todo lo con que colisionó en su camino parece relacionarlo de alguna u otra manera a él. Las risotadas de grupos de amigos, la comida callejera y los jóvenes en salidas nocturnas en las que no se atreven a confesarse.



Llega al edificio dónde vive y toma el ascensor, sabe que no le queda la suficiente energía como para usar la escalera. Se acerca hasta su puerta y apoya la frente sobre ella mientras busca con desesperación las llaves en los bolsillos de su chaqueta con los ojos cerrados, los cabellos que le caen por la frente están húmedos con la transpiración después de caminar tanto, siente que va a vomitar otra vez en cualquier momento. Maldice de mil maneras distintas ese edificio de poca monta que no tiene cerradura con clave justamente en su piso. Abre el cerrojo y trastabilla con sus propios pies, se toma un momento para recuperar el equilibrio con el costado de su cuerpo lánguido reposando sobre la pared. Toma aire al notar que las luces ya están prendidas, y con una revoltijo de miedo y sorpresa se encuentra con él.

Kyungsoo está sentado en la mesa de la cocina, la tenue iluminación cálida le acaricia el rostro y una de sus manos juguetea con las copias de las llaves que él le dio mientras que la otra arrastra una taza de café hasta sí para darle un sorbo. Lo mira con preocupación y algo de incredulidad, y por su aspecto no merece menos. Jura también ver algo de lástima mezclada con culpa en el brillo de sus ojos. Jongin siente demasiadas cosas cuándo ve como Kyungsoo mueve los labios para hablar. Le invade el temor, no se quiere mover, ni tampoco respirar.

—Hablemos, por favor —dice. Y Jongin murió un poco.