🌸Capítulo Único🌸
“Me haces sentir tan bien, que parece una farsa, te vuelves como una droga, baby”
- Mami, por favor, d-duele-Chifuyu terminó la frase con un gemido lastimero mientras los temblores le sacudían todo el cuerpo y sus dedos se doblaban cuando el dolor y el calor insoportable no parecía terminar.
- Sé que puedes aguantar mas gatita, aguanta por mami.
Chifuyu sollozo lastimeramente, aunque tenía los ojos vendados en su mente podía ver la sonrisa complaciente de Kazutora, al ver que ella no se había negado. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la vibración pareció aumentar pero justamente cuando su orgasmo estaba en la cima, el consolador se apagó. La pelinegra dio un grito frustrada solo para después ahogarse con su propia saliva cuando la vibración volvió.
Así durante por lo menos diez minutos, la vibración aumentaba para luego parar en seco, dejando a las más baja a segundos de su orgasmo. Matsuno no sabía qué hacer, si suplicar, llorar, golpear a su amante o hacer las dos primeras cosas a la vez. Tampoco es que tuviera mucho margen de movimiento, estar atada por las manos y los pies a la estructura de la cama no lo ponía fácil.
La vibración volvió a parar pero esta vez, el consolador se alejó de su clítoris, para ser cambiado por una caliente y húmeda lengua. Chifuyu arqueo su espalda y gritó sonoramente mientras que la cruel lengua de Kazutora bebía los jugos de su coño cómo si no hubiera probado gota de agua en ciclos.
- T-Tora, n-no seas mala.-Esas palabras solo aumentaron el ego de la de mechas, siguió jugando con ese dulce botón rosado, podía sentir las piernas de la de ojos verdes temblar sobre sus hombros.
Parece ser que Chifuyu no había aprendido que lo mas amaba Kazutora, eran sus gemidos y voz, así que esa tortura no se detendría pronto.
Gélidos dedos rodearon sus duros pezones, otras de las aficiones Hanemiya era burlarse de estos, tan pequeños y rosados, que combinaban con su poco pecho, era perfecto para que cogiera entre sus manos y poder estrujarlo como si quisiera sacar leche de estas. Amaba como la más joven se doblegaba debajo de ella, cómo le daba todo el poder a su persona, aunque Chifuyu era la que parecía llevar la batuta en su relación Kazutora sabía que quién mandaba en el fondo era ella y que con su simple aliento caliente de su boca en el cuello sensible de la contraria podía hacerla gemir necesitada como una jodida puta. Tora amaba esa sensación de poder y sabía que a Chifuyu le gustaba tanto como a ella.
- ¡Nhg! -El quejido retumbó en la habitación un largo dedo se había introducido en el agujero necesitado de la pelinegra.
- Mírate gatita todo húmeda simplemente porque te toque un poco, toda una baby sucia para tu mami, eres tan buena para mí.-El sonido de chapoteo y la humedad en la cavidad pareció aumentar tras sus palabras, sabía que Chifuyu era una necesitada, que sus palabras pudieran ponerla tan cachonda, lo amaba.
Sus expertos dedos se doblaron encontrando el punto G de su gatita rápidamente, atacándola sin esperas, Chifuyu solo podía gemir y sollozar su mente estaba totalmente en blanco ante el placer que profanaba todo su cuerpo, haciéndola una simple marioneta tumbada en la cama que solo podía anhelar más de los toques de su mami.
Tora sonrío orgullosa, orgullosa de ver a la siempre perfecta Matsuno Chifuyu doblegarse con solo unas pocas embestidas en su punto dulce. Una corriente de calor presionó en su vientre, puede que ya fuera hora de darle a Chifuyu su anhelado orgasmo y tener el suyo propio. Sacó sus dedos mojados, que no dudo en secar en la adorable carne de los muslos de su novia.
Desató para mayor comodidad las piernas de la de ojos verdes, está solo dejaba que Hanemiya la moviera a su merced. Kazutora con fingida tranquilidad colocó su propia pierna sobre la cadera de la contraria, chocando sus pelvis cómo ella deseaba.
- ¡Ahhm!-Las dos gimieron ante el contacto anhelante de piel contra piel.
La de mechas comenzó con movimientos lentos y controlados pero el control se fue de sus manos al sentir el orgasmo tan cerca, sus movimientos empezaron a ser salvajes y descontrolados, sus gemidos y jadeos se sincronizan, todo en una hermosa sinfonía.
Kazutora agarró a la más baja por su redondeado culo, para poder aumentar la velocidad de sus movimientos. Las piernas de Chifuyu no paraban de temblar, solo quería tener su jodido y necesitado orgasmo.
Kazutora sabía que la otra se estaba desesperando por la forma en la que movía sus caderas, era jodidamente sexi verla hacer esos movimientos pero ahora mismo Kazutora estaba más pendiente de mantener el control de la situación. Así que no dudo en rodear el blanquecino cuello de su pareja con sus manos para dejar bonitos moretones de tonalidad morada.
- ¿Quién dijo que podías moverte pequeña sucia zorra? -Ante sus palabras en el oído derecho de la más joven esta se detuvo inmediatamente esperando sus órdenes.
Una sonrisa orgullosa recorrió el rostro de Kazutora, había entrenado bien a su bebe. Decidió que ante la obediencia de su gatita, podía darle un pequeño premio, procedió a retirar la venda de sus ojos dejando ver sus cristalinos ojos, estos estaban nublados por el placer. Luego con su lengua saboreo sus labios, y sintió cómo la más joven abría su boca obedientemente, convirtiendo todo en una pequeña batalla que Kazutora ganó por diferencia.
Sus movimientos volvieron a ser retomados, buscando tanto su propio placer cómo el de su pareja, sus hinchados y necesitados clítoris chocaban entre sí aumentando el placer de ambas partes.
Cuando Kazutora sintió que el orgasmo de la contraria se acercaba no dudó en cortar su suministro de oxígeno, haciendo esta echara la cabeza hacia atrás mientras ponía los ojos en blanco mientras su orgasmo golpeaba su sensible cuerpo a la vez que la falta de aire era como una especie de segundo orgasmo. Kazutora no dudó en mantener los movimientos con su cadera alargando tanto el orgasmo de la contraria como el suyo propio.
Finalmente las dos quedaron rendidas sobre la cama, pero Kazutora debía de preocuparse del cuidado posterior de la contraria. No dudo en desatar las manos de las ataduras de la cama, masajeando sus muñecas suavemente para aliviar los futuros moretones. Con suavidad ródeo la cintura de su amada para que ésta quedará contra su pecho, mientras Chifuyu infantilmente no dudo en sujetar la mano de la contraria mientras jugueteaba con el anillo a juego con el suyo.
Tanto Kazutora y Chifuyu estaban somnolientas pero extremadamente felices después de ese buen polvo con su esposa, cómo escucháis una pareja felizmente casada.
- Te amo, Tora.-Fueron las palabras susurradas por parte de la pelinegra antes de caer en un merecido sueño.
- Yo también Yuyu baby.
La otra solo pudo sonreír ante el infantil apodo.

