Little Black Dress - l.s.

Sinopsis

Louis es un chico dulce y comprensivo, pero también competitivo cuando de apuestas se trata. No es un apostador compulsivo, claro que no. Solo ha hecho un par de apuestas tontas con Harry que siempre ha ganado. Bueno, hasta ahora. Aunque poder montar a su mejor amigo, de quien ha estado enamorado cerca de cinco años, no es precisamente un castigo. O Louis y Harry hacen una apuesta mientras juegan Mario kart; quien pierda dos de tres partidas deberá usar y desfilar una prenda que el ganador decida. Louis deberá usar un vestido negro diminuto que muestra más de lo que oculta pero él no considera que ha perdido.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Louis se encontraba recostado sobre su espalda baja, con piernas abiertas y su parte superior apoyada en sus codos, sobre las sábanas de la cama del rizado. Este último entre sus piernas y de rodillas mientras se deleitaba con los suspiros que el castaño le regalaba manteniendo sus ojos cerrados y cabeza levemente inclinada hacia atrás.

Harry tocaba su piel como si fuera de porcelana, con delicadeza y admiración, acariciando sus piernas mientras apretaba sus muslos de tramo en tramo - como si estuviera comprobando que Louis era real - y subía por su torso hasta llegar al tatuaje que rezaba "It is what it is". La respiración del más bajo aumentando con cada toque.

Sosteniendo su peso con sus manos a los costados del ojiazul, descendió su rostro y comenzó a besar su pecho sin dejar de ver sus expresiones, como si no deseara perderse ninguna. Posó sus labios sandía suavemente en cada letra, cada beso estaba lleno de ternura y devoción hacia el joven de ojos añil que con la cabeza aún inclinada hacia atrás dejaba salir pequeños gemidos de placer. ¿Era así cómo se sentía ser amado y adorado?

Harry estaba amando la manera tan sexy en la que Louis levantaba la pelvis en busca de una leve fricción que aliviara su dolor, mientras que él no paraba de adorar su cuerpo, su piel caramelizada y besada por el sol.

Con una tortuosa lentitud bajó su cabeza hasta la parte inferior del más bajo y comenzó un camino de besos desde su ombligo hasta su pelvis. El ojiazul lo miraba ansioso y necesitado. No demores, solo hazlo. ¿Por qué tardaba tanto? Solo un poco más y sentiría la calidez de su boca en su dolorosa erección que brotaba pre semen con anticipación.

El más alto sonrió y con ojos llenos de lujuria abrió sus labios para saborear al castaño, sacó su lengua y...

Despertó. Sudado, agitado y con una dolorosa erección que se marcaba bajo las sábanas que cubrían su cuerpo semidesnudo. Dormía con shorts de algodón que llegaban a la mitad de sus gruesos muslos. Alguna vez pensó en usar pijamas de satín o con estampados lindos. Desechó la idea creyendo que era suficiente con ser gay y pasivo. No tenía que vestir ropa femenina. Ya había decepcionado lo suficiente a su padre.

Jugar fútbol seguido había tenido un gran beneficio a lo largo de los años, le debía a la práctica sus hermosas piernas y abdomen definido. Sus otras curvas habían sido un regalo de la genética de su familia materna. Había veces en las que sentía que era un desperdicio tener esa silueta si no podía lucir ciertas prendas que añoraba vestir pero que no admitiría en voz alta.

Con pesar abrió los ojos y murmuró. "No otra vez, por favor." Levantó las sábanas con cansancio y se dirigió al baño. Ni siquiera se molestó en ver la hora, ese día era domingo así que no tenía que trabajar. Sus semanas laborales se basaban en cuidar niños en las tardes, de vez en cuando hasta los sábados. El domingo era su día libre.

Otro sueño subido de tono y una mañana dolorosa. Por supuesto que no era la primera vez que despertaba agitado y adolorido luego de un sueño húmedo, lo que era completamente normal. Tampoco era la primera vez que soñaba que era adorado y jodido por el rizado. Su mejor amigo. Eso sí que no era normal. ¡Por Dios, no! Pero no podía evitarlo.

Cinco años enamorado de su mejor amigo. Qué pecado. Pero cómo no amarlo si tenía los ojos más hermosos que había visto en su vida. Una sonrisa de ensueño a juego con ese par de hoyuelos que habían sido su perdición desde el día que lo conoció: atendiendo en la panadería de su mami Ana - como llamaba a su abuela - y le recordaba no dejar su cambio el primer día que lo mandaron a comprar panes para el desayuno cuando se mudaron a Cheshire.

Y esos rizos que decoraban su rostro atractivo y lo hacían ver salvaje en ocasiones y en otras lo mostraba tierno como un niño que no podía dejar de hacer travesuras inofensivas. Tan hermoso. Dios, estaba jodido.

Los sueños empezaron hace un año, cuando Harry cumplió 19 y cambió su corte de cabello. Maldición. El rizado siempre había sido guapo, pero de una manera más juvenil e inocente. Después de todo era dos años menor que él así que no podía concebir la idea de Harry jodiéndolo contra cualquier superficie. ¡Dios no, se sentía ilegal! Bueno, hasta antes de sus 18 lo era y una parte de Louis lo hacía sentir enfermo por haberse enamorado de un chico menor que él.

Pero su amor jamás se basó en un deseo sexual. No. Nació de un cariño fraternal - con un toque de atracción - que se convirtió en un amor inocente y soñador. Hasta que se volvió una constante lucha entre declarar su amor - esperando a que Harry le correspondiera y fueran felices para siempre - o pedirle que lo joda una vez para reforzar su vínculo y quitarse las ganas - ignorando a su corazón y rogando que esa única vez le sirviera de consuelo por no ser amado de vuelta.

Pero el amor es solo para valientes y Louis era muy cobarde.

Tenía 16 años cuando su padre decidió mudarse de Doncaster a Cheshire a mediados del año porque fue transferido a Cheshire high school como profesor de matemáticas. Lo que resultaba gracioso porque Louis era muy malo en esa materia, pero no importaba porque él era lindo y eso lo compensaba.

Sólo eran ellos dos, perdió a su madre en un accidente de tránsito mientras regresaba de visitar a los abuelos maternos del castaño en Manchester. Dios, los extrañaba tanto. Vincent no volvió a ser el mismo y Louis tampoco. Se decía que los hijos únicos tienden a ser consentidos por sus padres, pero este no era el caso del castaño. Al menos no lo era desde que Sarah falleció. Le hacía tanta falta.

Había pasado dos semanas escondido en su casa, no se sentía cómodo en ese lugar. No es que fuera uno horrible o peligroso, pero era desconocido para él. Sus amigos se habían quedado en Donny y, aunque sabía que seguiría en contacto con ellos, no estaba listo para hacer otros.

Sin embargo, el sábado de esa semana terminó yendo a la panadería del barrio, a tres cuadras de su casa, por pan, huevos y leche para el desayuno. Una señora de avanzada edad y sonrisa amable lo atendió, él hizo su pedido - no sin antes darle los buenos días - y ella fue por él. Mientras miraba el local con curiosidad no se fijó en el apuesto niño que ingresó al lugar y pasó por su lado para colocarse detrás de la vitrina de exhibición, listo para cobrar por los productos que el ojiazul encargó.

Cuando su pedido estuvo listo la señora Ana, como se había presentado anteriormente, le hizo saber que podía pagar por él en caja. Louis sintió sus pies pegados al suelo, no podía moverse, de pronto olvidó cómo se respiraba. Un hermoso niño de ojos verdes - que probablemente no pasaba de los 15 años - lo miraba expectante con una ligera sonrisa en su aniñado rostro, apenas marcando un hoyuelo en su mejilla izquierda. ¡Jesús, reacciona Louis! Se reprendió mentalmente mientras conseguía avanzar hacia la caja y buscaba el dinero en sus bolsillos traseros - llevaba un short de mezclilla que llegaba hasta arriba de sus rodillas y una camisa blanca holgada - y sonreía nervioso ante el joven rizado que lo observaba coqueto, sabiendo el efecto que había causado en él. Jodido niño lindo.

En cuanto obtuvo su pedido agradeció y giró su cuerpo buscando la salida, pero el niño lo detuvo diciendo "Hey, bonito, no olvides tu cambio". Con las mejillas rojas por la vergüenza volteó y extendió su mano para recibir su vuelto, levantó la mirada y se maldijo mentalmente por hacerlo. El joven rizado sonrió mostrando sus dientes y un hermoso par de hoyuelos que le hizo temblar las piernas y el corazón. Estaba jodido.

Después de lavar su rostro y dientes se despojó de la única prenda que portaba y se metió a la ducha, necesitaba un baño relajante y darle atención a esa olvidada erección que no había bajado. Luego de masturbarse y lavar su cuerpo salió del baño y se dirigió a su armario. Ya no sentía culpa por tocarse pensando en su mejor amigo, es decir, si no se enteraba no había pecado. ¿No?

Una vez vestido, con su pantalón de chándal gris, su camisa azul marino y sus vans negras, salió de su habitación para encontrar al rizado preparando el desayuno para ambos. Porque sí, hace dos años se mudaron juntos a un departamento para tener más independencia. Para la abuelita del rizado fue duro ver a su bebé - de apenas 18 años - salir del cascarón pero confiaba en el castaño y en que lo guiaría por buen camino. Perdón, mami Ana, por desear que tu bebé me joda contra cualquier superficie. Pensó.

Y bueno, tampoco vivían muy lejos. El departamento estaba a 15 minutos de la casa de la abuela del más alto y solían visitarla los fines de semana así ella no sentía que la habían abandonado. Tampoco vivía sola, Ally - la hermana de Harry - se quedó con ella. Después de todo aún tenía 16 años cuando el rizado decidió mudarse junto al castaño.

"Buenos días, encanto." El rizado lo recibió con una sonrisa de labios cerrados y una cálida mirada. Louis contuvo el suspiro que quiso salir de sus labios. Amaba empezar sus días con esa sonrisa y esos maravillosos ojos dándole la bienvenida.

"Buen día, ricitos." Tomó asiento en uno de los banquillos acolchados junto a la pequeña isla de su cocina, tranquilo como si no hubiese estado tocándose mientras pensaba en su roomie. ¿Qué? Era su culpa por ser una tentación andante. Hoy vestía unos vaqueros negros, una camisa verde de mangas cortas y una bandana sostenía sus rizos salvajes. Orgasmo visual, dirían las adolescentes que leían novelas juveniles.

"¿Qué tal dormiste?" El castaño pegó un salto sintiéndose atrapado. ¿Lo habrá escuchado? ¿Acaso gimió dormido? Dios, por favor no. Lo miró entrando en pánico pero trató de disimularlo fingiendo desconcierto.

"Bien, supongo. ¿Por qué preguntas?" Cuestionó a la defensiva.

"No sueles bañarte en las mañanas los fines de semana, a menos que vayas a salir o necesites relajarte. ¿Tuviste pesadillas?" Interrogó con preocupación en sus varoniles facciones. Louis suspiró de alivio sintiendo su pecho cálido. Lo amaba tanto.

"Oh, no. Para nada." Negó suavemente con la cabeza. "Solo tuve calor y se me antojó una ducha fresca." Agregó con una sonrisa de labios apretados. Harry asintió relajando su expresión. "¿Necesitas ayuda con el desayuno?"

"No te preocupes, ya está todo listo. Debo ir a la panadería. ¿Quieres acompañarme?" Consultó sabiendo la respuesta, el castaño siempre lo acompañaba y ayudaba atendiendo con una sonrisa en su bonito rostro. No importaba lo cansado que estuviera por trabajar y estudiar de lunes a viernes, los fines de semana estaban reservados para pasarlos con los Styles.

Aunque nunca estaba de más preguntar, podría haber algún compromiso que le impidiese ir con él - o simplemente el ojiazul no tuviera ganas de ir con él - y no quería que Louis se sintiera obligado a acompañarlo. Jamás comprometería al castaño a hacer algo que no quisiera.

"Sabes que sí" Respondió mientras le sonreía de lado. "Mami Ana me necesita y yo debo ganarme el pan de chocolate que sé que me dará al final del día." Dios, si no fuera porque ama jugar y correr, ya habría subido de peso. Pero estaba dispuesto a correr el riesgo con tal de no dejar los dulces que le regalaba la nana de Harry.

El rizado rió dándole la razón. Su abuela adoraba consentir a Louis, incluso más que a él o a su hermana. Él la entendía. Nadie podía resistirse a consentir al castaño. Harry adoraba consentirlo. "Entonces andando, cariño, tenemos trabajo que hacer." Con dos platos de sándwiches mixtos cada uno y dos vasos de jugo de naranja servidos dieron inicio a su productivo día.

Después de desayunar y lavar los platos salieron del departamento camino a la panadería en la moto del más alto. Harry la obtuvo con mucho esfuerzo después de ahorrar de sus sueldos de algunos trabajos temporales. Ahora le servía para las entregas que debía hacer, puesto que trabajaba en una pizzería, y para movilizarse.

Louis se agarró fuertemente de la cintura de Harry, abrazándolo desde atrás mientras reía de los sonidos que este hacía - imitando a un auto de carreras - y esquivaba el tráfico. Adoraba sentir el viento en la cara, como los perritos que se asomaban en las ventanas de los autos de sus amos. Lo hacía sentir libre. Con Harry siempre se sentía libre. Incluso si este no correspondía al amor que le tenía.

"¡Corre como el viento, Tiro al blanco!" Lo escuchó gritar y él no pudo hacer más que apoyar con un: YEE-HAW! Ambos rieron sintiendo el estrés de la semana dejar sus cuerpos. Louis percibía que sería un maravilloso día.