CAPÍTULO 1 Una noche fuera de casa
Una noche fuera de casa
Siento el viento alborotar mi cabellera mientras que Diamons suena a todo volumen, las personas que pasan a mi lado en su vehículo se me quedan viendo, seguro piensan; “Esta niña esta loca”
Bueno en caso de que ellos no lo pensarán, el chico que tengo como copiloto y maestro de conducción si que lo piensa.
Mi hermano, Drake esta matándome literalmente con la mirada.
—¡Estas loca!—Grita, pero la música es mucho más alta que su intento de regaño.
Me giro a él y le saco la lengua como niña pequeña.
—Que infantil eres—rueda los ojos.
—No soy ninguna infantil—vuelvo a mirarlo.
—¡Mantén la vista al frente!
Si, bueno, Drake tiene un alma vieja, a veces siento que estoy escuchando a un señor de noventa años.
—Soy una máster en conducir de que hablas Draky—le molesta que lo llamen así, pero como buena hermana menor, tengo que hacerlo enojar. Esa es mi labor de vida.
—No me digas así…
—Tu me dijiste infantil, así que estamos a mano, querido hermanito.
La calle esta prácticamente desolada, conduzco mientras que mi hermanito sigue refunfuñando enojado. Acelero la marcha en el momento que veo mi casa a cuatro cuadras, la clase de hoy había terminado, además que por la noche me habían invitado a una fiesta.
—No aceleres tanto…—iba a responderle pero en ese momento un maldito auto se me atravesó en el camino, haciendo que girara el volante bruscamente, cuando me volví para ver quien había sido el idiota que se me había atravesado… vaya que si era un idiota.
Mire al frente, mi hermano se paso una mano por el pelo.
—Estas loca Abby—veo que se desabrocha en cinturón de seguridad—bajate, yo voy a conducir.
—¡¿Qué?!—no puede ser, salio del auto en el momento en que Víctor estaba acercándose, rodé los ojos, para empeorar las cosas vi que mi hermano lo saludo como si fuera un amigo…
Mire a través del espejo retrovisor, estaban hablando. Me cruzo de brazos mientras observo por la ventana, hecho unas cuantas miradas por el espejo. No tardaron más de unos pocos minutos en terminar su conversación.
—Qué mal educada Abby, debiste bajarte para ofrecerle una disculpa a Víctor…
—Bla, bla, bla…—paso las manos por el volante —yo porque tendría que disculparme cono ese idiota, el fue el que se atravesó.
—Como sea, andate al asiento del copiloto, que conduzco yo.
—¡Ni loca!
—Abby te estoy dando una orden, debes desobedecerme.
Me exaspero, se vuelve odioso cuando hace este tipo de escenas en las que recalca que es mi hermano mayor.
—Te estoy esperando. —me mantengo firme en mi acción, pero claro eso no le gusto a mi hermano. Me desabrocha en cinturón y me saca del auto.
—¡Auch! Me pellizcaste…
—Pues no obedeces…
Se sube de nuevo al auto, pero que ni se le ocurra pensar que voy a dejar que me humille de esta forma, me mantengo de pie.
—Qué estas esperando, sube ya…
—¡No! — me cruzo de brazos, estoy molesta — No pienso volver a poner un pie dentro de ese auto, querías que me bajara no, pues ve y andate a casa, pero si mi papá me pregunta le voy a decir lo mucho que me maltrataste y me gritaste.
Camino a la orilla de la calle, podía regresar a pie sin ningún problema.
—Sube ya y deja de hacer berrinches…
—No son berrinches, así ya puedes irte en tu auto bonito.
No espero a que me responda y comienzo a caminar. Sabe que si me deja tirada mi papá lo va a matar… así sea por unos metros.
Camino durante algunos minutos, mi hermano me ha estado siguiendo de cerca, cuando llego a casa por fin, trato de entrar antes que él, pero apresura el paso, hasta quedar a la misma velocidad que yo.
Apenas entramos esta mi mamá en la sala.
—¿Qué pasa?—nos pregunta apenas nos ve.
—Qué tu hija casi choca mi auto.
—Ay callate. ¡Por dios!
—¡Basta! Ya los dos,—mira a mi hermano y después a mi—tú—me habla—vete a tu habitación, estas castigada.
—¿Como que castigada?
—Ya me has escuchado. Vete a tu habitación y ni creas que te va a salvar de esta tu padre.
Mi hermano se ríe y lo empujo en el momento que paso a su lado. Cierro de un portazo cuando entro a mi habitación, me arrojo a mi cama y muerdo uno de mis cojines para ahogar mi grito.
Necesito que mi papá llegué ya, mi hermano ha sido el favorito de mamá siempre; Mailo mi pastor alemán comienza a menear la cola cuando se sube a mi cama, aun recuerdo el día que fuimos a adoptarlo.
Me quedo recostada en mi cama, mi movil comienza a convulsionar de los mensajes que están llegando.
Genial, solo a mi se me ocurre tener un grupo de mensajes con mis amigas. Katia y Yess son mis amigas desde la infancia.
Yess: ¿Quieres que pasemos por ti?
Katy: Amigas, no encuentro nada que ponerme, creo que no ire…
Stiker de grito
Yess: ¿Como que no vas a ir Katia?
Yess: No, debes de ir, en eso quedamos, vístete con cualquier cosa.
Katy: Noo, no puede ser cualquier cosa por que ahí estará Víctor y debo de verme muy bien para él.
Nada más leer ese nombre me pongo de malas.
Yo: Pues gracias a tu Víctor, me castigaron y soy yo la que no va a poder ir a la fiesta.
Ese siempre termina arruinandomelo todo, siempre ha sido así.
Yess: ¡¡QUEEÉ!!
Katy: Sticker de sorpresa
Yess: ¿Y tu papá no dijo nada?
Yo: No esta en casa.
Yo: Pero voy a tratar de convencerlo para que me de permiso y si no, pues me tocara aplicar el plan B
Katy: ¿Cual plan?
Yess: ¡Ay no!
Yo: Si no me dan permiso, me voy a escapar de la casa…
Envío el mensaje, en ese momento escucho que el auto de papá se aparca en la entrada principal.
Salgo de mi habitación seguida por Mailo, para mi suerte el pesado de mi hermano esta en su habitación y mamá esta en la cocina. Así que si hablo con el y le doy mi versión tal vez lo logre convencer de que no fue mi culpa nada de lo que sucedió por la tarde. Él siempre me ha entendido.
—¡Papiií! —le rodeo el cuello para saludarlo—que bueno que llegaste.
—¿Ahora que fue lo que hiciste Abby?
Me separo de él indignada.
—¿Ese es el concepto que tienes de mi?— deja su portafolio y me da un beso en la frente.
—Tu madre ya me dio todos los detalles de la discusión que tuvieron hoy. Y me amenazo así que, lo siento mucho mi niña, pero esta vez no puedo darte permiso.
—Es que no es justo papá…
—Es tu madre y debes de obedecerla— me acaricio la mejilla— de verdad que lo lamento.
Asentí, me dí media vuelta y vi que mi mamá estaba escuchando todo, mi hermano estaba bajando las escaleras.
Pero si el chismoso.
—Vamos a cenar Abby—dice mamá.
—No, muchas gracias —comienzo a caminar rumbo a mi habitación— ya no tengo hambre.
Cerre de un portazo y le coloque el seguro, nadie va a evitar que me divierta.
Deslice las sabanas de la cama y acomode mis almohadas para que simularan que era yo durmiendo. Escuche que golpearon la puerta.
Tal vez es papá que convenció a mi mamá de levantarme el castigo, abrí la puerta ilusionada, pero la ilusión se esfumo cuando mi hermano apareció frente a mi.
—Ah, eres tú— dije desilusionada.
—Si que me odias hee. ¿Ya no soy tu hermano supere-roe?
—Pues…—dudo— solo te odio cuando haces lo que hiciste hoy por la tarde, sabias que era importante para mi, siempre arruinas todo.
—¿Ibas a ver a tu galán? — levanta las cejas divertido, cosa que me hace enojarme aun más.
—No, —Pongo cara de asco— no estoy interesada en soportar a otro puberto como tu comprenderás.
—Yo no soy ningún puberto, te recuerdo que tengo casi los veintiuno.
—Sigues siendo un niño… que aparenta ser adulto.
—Y tu pareces una anciana.
—Pero si hola.
Trata de abrir la puerta y lo detengo.
—¿Qué estas haciendo? — pregunta curioso, oh no, no vas a arruinar mi plan hermanito... — ¿A quien has metido de infiltrado a tu habitación?
—Me voy a dormir o que acaso no puedo o ahora te han mandado a que me vigiles.
—No, no puedes. —Lo miro mal, trata de hacerse el gracioso pero no lo es, lo peor es que lo sabe y así sigue… en fin mi hermano.
Comienzo a buscar mi pijama en los cajones de mi armario, Drake se queda de pie, como si estuviera analizando cada uno de mis movimientos.
—Necesito privacidad para cambiarme…
—Tranquila hermanita, —dice recargado en el marco de la puerta— yo estaba cuando eras bebe y te cambiaban el pañal.
Comienza a reírse, pero cuando estoy por lanzarle mi zapato se va.
— ¡Baboso!
Apenas cierra su puerta me aseguro que no venga nadie para el segundo piso. Coloco el seguro de la puerta me visto con unos jeans negros y una blusa de ese mismo color, cuando termino me paso la pijama por encima, en un bolso pequeño coloco un poco de maquillaje y dinero para un taxi. Necesito que mis padres se duerman y entonces yo podre salir por la puerta.
Mailo me observa desde su cama, moviendo la cola.
—Y tu no me vas a delatar ¿verdad?—le acaricio por detrás de las orejas—sabes que eres mi consentido, el dueño de mi corazón por lo tanto Mailo me debes fidelidad así que no te vayas a poner a ladrar en mi ausencia.
El perro me lame la mano.
Puede que me vea como una loca hablando con mi perro, pero se que él me entiende muy bien.
Me paso casi dos horas esperando a que decidan ya irse a dormir, estoy recostada en mi cama, tuve que decirle a mis amigas que yo llegaría por mi propia cuenta. Escucho pasos en las escaleras y en el pasillo, son mis padres, escucho que mi papá esta hablando con mi mamá;
—Debiste darle permiso de ir a esa fiesta…
—Y dejar que haga lo que quiera por que no le ponemos limites, no Erick.
Escucho que su puerta se cierra, rápidamente me quito la pijama y me coloco los converse negros, así o mas camuflada.
Puedo perderme fácilmente entre la oscura noche.
Frente al espejo me pongo un poco de polvo y mascara de pestañas. Le dejo su juguete a Mailo y de puntas camino hasta la puerta, tomo el pomo y lo giro lentamente, apenas se abre un par de centímetros me doy cuenta que mi hermano esta sentado en el paso de las escaleras.
¡Maldito cabezota!
Vuelvo a cerrar la puerta, coloco el pestillo.
Necesito distraerlo para que se quite de ahí, una probabilidad puede ser que Mailo salga y lo distraiga, otra puede ser que…
Miro la ventana, Mailo, como si supiera la idea loca que se me acababa de ocurrir. ¿Estará muy alto de mi ventana al jardín trasero de la casa? ¿Cuanto tiempo durara un brazo roto?
No, con el brazo malo no puedo audicionar, pero tampoco poco permitir que me quiten mi derecho a divertirme, como tampoco puedo permitir que mi hermano se salga con la suya, así que…
Abro la ventana y el mirar al suelo no me ayuda demasiado. Respiro profundo.
Tienes que hacerlo, mi papá no crio a una niña miedosa ni cobarde.
Saco una pierna, después la otra y antes de cerrar la ventana observo al perro que me esta mirando cara de; “No entiendo como fue que el universo extinguió a los dinosaurios, para que apareciera esta especie, espero que no todos sean así”
Ideas de mi cabeza o no, niego y cierro la ventana, no quiero mirar al suelo, pero me es inevitable y por breves segundos lo hago.
Cierro los ojos y me dejo caer.
El golpe en mis costillas provoca que por un breve segundo me quede en el piso. Me pongo de pie y comienzo a rodear la casa hasta llegar a la parte principal, esta vez me aseguro de avanzar más de prisa para que nadie me vea. Salgo del sendero y comienzo a caminar a la primera esquina para coger un taxi. Meto mis manos en los bolsillos de mi chaqueta.
No puedo creer lo que acabo de hacer, nunca me imagine que iba a saltar del segundo piso de la casa de mis padres.
Me detengo abruptamente cuando veo una motocicleta que conozco muy bien.
—¿Qué estas haciendo aquí?—pregunto.
Él solo sonríe.