El mejor amigo de mi hermano y sus compañeros de equipo (College RH)

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Sinopsis

Mejor amigo del hermano, romance RH erótico de universidad/equipo de natación/deportes. Cuando el mejor amigo de Trevor le pide que proteja a su inocente hermana tras una ruptura que le destrozó el alma, él no tiene idea de que la única forma de evitar que Lindsey se entregue a todo el campus es poner al equipo de natación de la universidad a cumplir las fantasías sexuales de ella... y las de ellos mismos.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
SmashDoms
Estado:
Completado
Capítulos:
44
Rating
4.8 19 reseñas
Clasificación por edades:
18+

TREVOR: Los hermanos protectores son un grano en el culo

—Vale, de acuerdo. Soy un idiota, ¿pero puedes dejar de mirarlo? —Nathan se subió la manta hasta la barbilla. No servía de nada para ocultar que tenía el brazo en cabestrillo. Se le veía el ala estropeada perfectamente bajo la tela.

—Tío, te dejo solo dos semanas y ¿con qué me encuentro al volver? Estás fuera este semestre y encima me mientes descaradamente.

—Te digo la verdad, Trev. —Evitó mirarme—. Me rompí el manguito rotador. Son cosas que pasan.

—Ya. Te lo rompiste, luego te desmayaste en el vestuario y también te torciste el tobillo. Ajá. Qué mala suerte. —Habría puesto los ojos en blanco si no fuera porque estaba fascinado por el moretón negro y azul que casi le tapaba el ojo izquierdo—. Solo se te olvidó mencionar el puñetazo con el que te diste al caerte.

Él hizo una mueca de dolor. —Te digo que...

—Somos un equipo, Nathan. —De natación, para ser exactos, pero da igual. Éramos mejores amigos—. Se supone que nos cuidamos las espaldas. Así que... ¿quién te pegó?

Él volvió a hacer un gesto de dolor. —¡Vale! Tuve unas palabras con Greg.

—¿Greg, el compañero de saltos de Lindsey? ¿Ese Greg?

—Sí, ese Greg. El imbécil del compañero de equipo de mi hermanita.

Grité de pura frustración. Nathan era un tío genial, el mejor, con una excepción: se tomaba demasiado en serio eso de ser un hermano protector.

Adoraba a Lindsey y la trataba como si fuera una mariposa exótica, preciosa y frágil.

Ese rollo de hermano mayor empeoró cuando ella empezó su primer año en la universidad hace una semana. Quizás era porque sus padres viajaban mucho. O a lo mejor porque su padre era un déspota familiar a la antigua, frío y distante. No lo sé. El caso es que se volvía loco cuando se trataba de Lindsey.

—Greg es un capullo, ¿vale? —Nathan se puso tan nervioso que intentó incorporarse en el sofá, pero se desplomó hacia atrás. Probablemente estaba mareado por los analgésicos—. La tuvo engañada para que no se distrajera con otros chicos y así pudieran llegar a las nacionales esta temporada. ¡Ese desgraciado!

—¿Y por qué te molesta a ti? ¡Si tú serías el más feliz del mundo si Lindsey llegara virgen a los cuarenta de todas formas!

Nathan miró de reojo hacia la escalera del segundo piso. Seguramente Lindsey estaba allí, llorando en su almohada e hinchándose a helado. Bajó la voz hasta dejarla en un susurro.

—Lindsey ella... —se lamió los labios—. Cambió después de la tormenta de mierda con Greg. ¡Se ha vuelto loca, tío, loquísima! Nunca se había comportado así.

—¿Loca en qué sentido?

Desvió la mirada. —Cuando Greg soltó esa chorrada de que las novatas se vuelven locas por los chicos en la universidad, ella explotó. Dijo que puede tener a todos los chicos que quiera y llegar al equipo nacional como saltadora individual. Sin él.

—A mí me parece bien. Los saltos sincronizados mixtos son un poco cutres, sobre todo con un imbécil como Greg. Pero tú decidiste hacerte el hermano mayor y ahora nosotros no vamos a llegar a las clasificaciones. Nuestro equipo. Nuestro equipo de natación. ¡Bravo!

—Podéis lograrlo sin mí —dijo Nathan con una confianza que yo no sentía.

Quizá le salía natural por ser un australiano rubio, bronceado, alto y asquerosamente rico como él y su hermana. Yo solo era un británico de clase baja. Tenía el pelo negro y la piel morena de mi abuelo portugués, sin necesidad de rayos UVA, y dos tatuajes de banda que aún no podía permitirme borrar. —Eres nuestro capitán. Si la universidad se entera de la pelea, ni el ejército de abogados de tu padre evitará que te expulsen.

—¡Trev! Tú, Axel, Soju y los demás estaréis bien, pero Lindsey no. ¡Tío, es frágil! Está dolida. No está pensando con claridad. —Nathan se pasó la mano sana por sus rizos. Rubio platino. Angelical—. Nuestros padres se han ido de viaje otra vez. Si se dedica a zorrear por todo el campus, será culpa mía. No puedo aguantarlo, ¿vale? Algún desconocido borracho follándose a mi hermana en una fiesta de fraternidad... mientras yo estoy encadenado a este estúpido sofá...

Nathan golpeó el sofá, que no tenía nada de estúpido. Nada que cueste diez mil dólares puede ser estúpido.

Suspiré. ¿De verdad estábamos teniendo esta conversación? ¿En serio? —Si ella quiere ampliar su lista de conquistas, no puedes detenerla. Es mayor de edad. Deja que se le pase la tontería y todo saldrá bien.

—¡No hay ninguna lista que ampliar, idiota! ¡Es virgen! —Mi colega me agarró la mano—. Trev, es esto. Te pido un favor... ¿vale? ¿Puedes vigilar a Lindsey por mí hasta que yo pueda caminar y mantenerla... ya sabes... intacta?

Le debía una, era verdad. Una muy grande. Si quería malgastarla en esta mierda, ¿quién era yo para decir que no? —Vale, está bien. Seré el guardián de la virginidad australiana por ti, pero es una estupidez.

—¡Lo es! —gritó la voz familiar desde arriba. Miré hacia arriba.

¡Me cago en todo! Mientras discutía con Nathan, Lindsey se había acercado sigilosamente al pasillo que conectaba el estudio de su madre con los dormitorios. Oh, joder.

Conocía a Lindsey casi desde que conocía a Nathan. Durante años, siempre andaba por ahí con camisetas anchas y sudaderas. Si alguna vez me quedé mirando sus tetas, fue solo porque tenía un sentido del humor retorcido y sus camisetas siempre decían algo como: Zorra, yo le enseñé a nadar a Ariel.

Y en la espalda ponía: ¿Pero lo de cantar? Eso no fue cosa mía.

Quizá no tenga mucha gracia, pero si te van los deportes acuáticos... en fin. Me fui dos semanas y Lindsey... ya no era Lindsey.

Su top era de color magenta, que por casualidad es mi color favorito. Su falda era corta, blanca y con volantes o algo así. Como todos los atletas, se cuidaba los pies y no llevaba tacones, pero no los necesitaba. Tenía unas piernas kilométricas y se había puesto medias de encaje hasta la mitad del muslo. Eso dejaba una franja de piel rosada que me dejó hipnotizado.

Y babeando. Sí, babeando, aunque crecí en la piscina de una universidad porque mi madre trabajaba allí. No era fácil impresionarme con un buen par de tetas y un culo. Era como vivir en un país diferente donde todo el mundo estaba bronceado, depilado, entrenado y se veía genial desnudo... ¿pero Lindsey? ¡Ella superaba todo eso, y de repente!

Hace dos minutos juré proteger la virginidad de la hermana pequeña de mi amigo. Fue un mal trato porque, en ese momento, pensaba que no era follable.

Pero ver a esta nueva Lindsey me daba ganas de meterle el dedo en el escote y bajarle los adornos lo justo para que asomaran sus pezones. Luego —con toda sinceridad, tíos— chuparlos como un cordero manso hasta que se pusieran duros. Y que ella gimiera y me suplicara que la liberara de eso mismo que prometí proteger, y que lo hiciera duro.

En resumen, quería follarme a la infollable.

Quería follarme a Lindsey hasta que se volviera muy, muy, muy follable. Del tipo de follar tres veces por noche y un polvazo rápido mientras se cepilla los dientes.

Era un idiota, ¿vale? Un completo idiota. Un puto idiota con una erección tremenda y la boca abierta.

Antes de que volviera en mí, Lindsey dio media vuelta y corrió por el pasillo hacia los dormitorios. Dio un portazo tan fuerte que fue un milagro que las ventanas no estallaran.

—Iré a hablar con ella —dije, levantándome con torpeza. Necesitaba urgentemente unos pantalones dos tallas más grandes, un rincón tranquilo o una vagina suave y dispuesta.

Nathan me miró con cara de dopado, como si los medicamentos por fin hubieran hecho efecto. Bostezó. —Por favor... hazlo. Ya no puedo con ella.

Como si yo pudiera...