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Jungkook estaba en último año de preparatoria, un chico apuesto, popular y bastante habilidoso para los deportes, pero tenía la fama de ser un completo casanova, por lo que nadie se tomaba en serio una relación con él.
En un principio eso le molestó mucho, pero se terminó acostumbrando y decidió aprovechar mejor lo que la vida le daba, que era chicas y chicos por montón, solo para su diversión.
Pero aún así Jungkook se sentía incompleto, pues sabía que la única persona que realmente le interesaba nunca se fijaría en él por la fama que se cargaba. Él soñaba con tener a ese hermoso ser entre sus brazos, para cuidarlo, amarlo de todas las maneras posibles y demostrarle que podía ser una persona diferente a lo que los demás pensaban.
Soñar no costaba nada, pero eso era todo, un simple sueño.
Jungkook estaba cansado de su situación, es por eso que en el último mes había logrado establecer una relación con una chica de cabello oscuro, piel clara y ojos color miel. Jungkook la eligió cuidadosamente, pues era la persona que tenía más parecido a su hermoso chico.
Su relación no estaba ni cerca de ser algo sana, ambos sabían que no había amor de por medio, solo discutían, tenían sexo, volvían a discutir y al final de la semana se terminaban poniendo el cuerno.
El día de San Valentín estaba cerca, tan solo a un día para confesarle tu amor a esa persona especial, pero aunque Jungkook quisiera confesarle sus sentimientos al hermoso pelinegro, sabía que él no sería bueno para alguien tan noble como este.
Resignado, decidió escribir una carta como si realmente se la fuera a entregar, el sabía perfectamente que no lo haría, solamente era para plasmar su corazón en ella y dejar de sentir un poco de la tristeza que en él albergaba.
Cuando finalmente terminó de escribir, puso en mayúsculas el nombre del pelinegro “PARK JIMIN”
Luego pensó que todo era una estupidez, así que dejó la carta, sacó otra hoja y comenzó a escribir ahora para su novia, en la que solamente puso unas cuantas líneas.
“Tus ojos cada día me vuelven más loco. Quiero darte un regalo de San Valentín, así que búscame en el aula 213 después de la hora del almuerzo.”
Jungkook sabía que no estaba mintiendo, le gustaban los ojos de su novia porque le recordaban a los del pelinegro. Tenía que conformarse con eso, era cruel, si, pero ambos estaban con el otro por razones similares.
–Muy bien, es hora de que entreguen sus cartitas de amor– Gritó Ji-eun entrando al aula con una caja decorada como buzón.
Todos se levantaron y con varias risitas introdujeron sus cartas, mientras tanto Jungkook seguía divagando con el hermoso rostro del chico que amaba.
–Bien, creo que son todas. Mañana se entregan las cartas, así que si se les olvidó, lástima– Jungkook volvió a la tierra y lo primero que vio fue a Ji-eun salir del aula.
Bajó su vista a la carta y notó que aún no le ponía el nombre, apenas logró escribir solo el apellido y corrió para alcanzar a la castaña.
–¡Espera!– Gritó Jungkook y Ji-eun se detuvo. –Falta mi carta.
–Siempre tan distraído, Jeon. ¿Tanto te urgía entregarme mi carta?– Dijo con una sonrisa coqueta, mientras con la punta de su dedo trazaba pequeños círculos en el pecho contrario.
–¿También querías una?– Preguntó con un toque de burla.
Ji-eun rodó los ojos, extendió la caja y una vez que Jeon metió la carta, ella se dio media vuelta y se fue.
Jungkook regresó al aula y buscó la carta que le hizo al pelinegro, pero no la encontró. Se comenzó a alterar imaginando que por las prisas haya metido también esa carta al buzón. Fue a buscar a Ji-eun al final del día, pero ella le dijo que no podían abrir el buzón, así que Jungkook rogaba que la carta haya desparecido por arte de magia, de todas formas no puso su nombre en ella, así que simplemente la dio por perdida.
Al día siguiente, Jeon se encontraba en el aula 213, era la última del pasillo y la luz era escasa, le gustaba ese salón porque era muy silencioso y podía relajarse cuando se saltaba las clases.
El sonido de la chicharra anunció que el almuerzo había terminado, así que Jungkook esperó a que su novia llegara para darle su gran regalo. ¿Y cuál era ese regalo? Nada más y nada menos que una ronda de sexo en la escuela.
Tenía días que no tenían nada de nada y pensaba que podía ser una oportunidad para calmar el mal genio de ambos.
Los minutos pasaron y no había señal de la pelinegra, tal vez había averiguado sus planes y ahora lo dejaría plantado. Jungkook soltó un suspiro y supo que era hora de volver a clase, pero el sonido de unos lentos pasos lo hicieron detenerse y sonreír en grande.
Se colocó detrás de la puerta para tomar por sorpresa a su novia, vió como la manija se movió lentamente y finalmente la puerta se abrió. No le dio tiempo ni de acostumbrarse a la poca luz, cuando tomó el delgado cuerpo y lo estampó contra la pared. Escuchó un pequeño quejido, el cual ignoró y se dispuso a apoderarse de sus labios.
El beso era demandante y por un momento Jeon se sintió mareado por lo bien que sabían esos labios, los cuales sintió mucho más abultados y cálidos. Delineó esos carnosos labios con su lengua y sin poder controlar sus manos, ingresó estas por debajo de la ropa, sintiendo la tersa piel que ante su tacto se erizó, provocando un tibio jadeo. Jungkook sonrió y aprovechó para ingresar finalmente su lengua a la boca contraria, degustando el dulce sabor de esta.
Era el mejor beso de toda su jodida vida, tanto que comenzó a imaginar que a quien tenía frente a él, comiéndole la boca, era a su pequeño pelinegro.
Sus manos apretaron la pequeña cintura y luego comenzó a subir, esperando sentir el bulto de unos pechos femeninos, pero lo único que encontró fue un pecho plano, con unos pezones suaves.
Eso lo desconcertó demasiado y finalmente abrió los ojos, separándose de golpe, sin poder creer lo que sus ojos veían.
Su hermoso pelinegro estaba justo frente a él, con la boca entreabierta, labios rojos y brillosos por la saliva del violento beso, mejillas rojas y con algunas lágrimas mojándolas, la respiración agitada, la ropa desaliñada y una mirada inocente y confundida, pero al mismo tiempo con un ligero toque de deseo.
Era simplemente perfecto.
¿Acaso estaba alucinando?
Ambos se quedaron estáticos y en silencio por largos segundos, hasta que Jungkook decidió hacer algo para romper esa tensión. Dio un paso hacia adelante y al ver que el pelinegro no retrocedió fue su luz verde para continuar, así que con mucha cautela subió su mano al rostro contrario, y en efecto, ahí estaba el hermoso pelinegro. Detuvo el recorrido de una lágrima y sin poder evitarlo acarició con su dedo esos esponjosos labios, sintiendo un cosquilleo que se esparció por todo su cuerpo.
Y al parecer no era el único que lo sintió, pues el pelinegro soltó un pequeño jadeo mientras lo miraba fijamente con esos brillosos ojos color miel.
–Jimin– Fue el turno de Jungkook para jadear. Estaba luchando consigo mismo, debía controlarse, tenia a su crush a centímetros de distancia y lo último que quería era asustarlo.
Después de todo Park Jimin era único, con una belleza irreal y desbordaba pureza por todos lados.
Siguió acariciando el rostro ajeno, detallando cada rasgo, desde sus cejas, sus ojos que lo volvían loco, su nariz de botón, esas pequeñas pecas que solo se podían apreciar a esa corta distancia, y regresó a sus labios. Los delineó y luego colocó la punta de su dedo en el centro.
Sus dedos quemaban con cada roce y ansiaba poder tocar más, no solo su rostro, quería tocar cada parte de ese hermoso cuerpo. Sentía un fuerte calor envolverlo por completo, mientras su corazón iba a mil por hora. Jungkook tenía que ser fuerte y no caer ante sus instintos, pero lo que hizo Jimin a continuación solamente provocó que su corazón se detuviera.
Jimin cerró los ojos y abrió la boca, rodeando con sus labios el dedo de Jeon. Los ojos de Jeon se abrieron con sorpresa y sintió un cosquilleo en su entrepierna.
–Jeon– Jadeó Jimin, aún con el dedo en su boca.
Mierda…
Jungkook había perdido.
Se había acabado el poco autocontrol que aún le quedaba.
Tomó a Jimin del cuello y lo atrajo hacia él para volver a unir sus labios. Succionó y mordió, provocándole jadeos entrecortados.
Llevó sus manos a los muslos del pelinegro, donde dio un fuerte apretón y luego lo impulsó hacia arriba. Jimin reaccionó al instante, sujetándose de los anchos hombros de Jungkook y envolviendo sus piernas en su cadera.
Se escuchó un suave sonido cuando algo cayó al suelo, pero ambos lo ignoraron, lo único que les importaba era todas las sensaciones que el contrario les provocaba.
Jungkook masajeaba con fuerza el trasero de Jimin, para luego colocarlo en el escritorio que se encontraba hasta el fondo del aula. Separó sus piernas y atrajo más el pequeño cuerpo del pelinegro, hasta que sus entrepiernas se tocaron, y ambos jadearon por el roce.
Estaban disfrutando del momento; algo precipitado, sin embargo ninguno quería detenerse, por lo que Jungkook comenzó a mover su cadera, ejerciendo más presión en sus miembros.
–Mhg~
Jimin jadeó más fuerte y se aferró más al cuerpo de Jungkook al sentir las succiones en su cuello y las caricias en su torso.
Jungkook amaba la sensación en su manos causada por la tersa piel del pelinegro. Acariciaba el vientre de Jimin, apretaba su pequeña cintura y luego rodeaba para pasar a su espalda, hasta que recordó los suaves pezones que había tocado por un breve momento y sin dudarlo un solo segundo, detuvo sus movimientos, se separó del cuello del pelinegro y tomando la orilla de su suéter, deslizó la prenda hacia arriba junto con la camisa, dejando a la vista sus pequeños pezones, y un poco más arriba las marcas provocadas por sus besos.
Jimin tembló cuando el aire hizo contacto con lo cálido de su cuerpo, provocando que sus pezones se endurecieran, Jungkook sonrió y dirigió su boca a uno, lo lamió y luego de deleitarse con los dulces jadeos del pelinegro, mordió el pequeño botón y tiró suavemente de él.
–No~ ahh Jeon~
Jungkook se detuvo y alzó la mirada, observando con inseguridad a Jimin.
–¿Quieres que me detenga?
Jimin desvió la mirada y con las mejillas ruborizadas negó. Jungkook entendió perfectamente a lo que se refería, así que antes de seguir en lo que estaba, volvió a apoderarse de los labios de Jimin. Ahora en un beso lento, pero más profundo, en donde hicieron aparición ambas lenguas.
En medio del beso Jimin movió sus caderas, pidiendo más del placentero roce entre sus miembros, pero ya no era suficiente, quería sentirlo más cerca, sin ninguna barrera de por medio, así que llevó sus pequeñas manos a la cremallera del pantalón de Jungkook, sorprendiéndolo por el acto.
–¿Estás seguro, pequeño?– Le preguntó con una mirada intensa, pero comprensiva.
Después de todo, para Jungkook, Jimin era un ser tan tímido, delicado y puro, que consideraba que el hecho de haber llegado hasta ese punto sería demasiado para el pelinegro, realmente lo tomó por sorpresa, pero no le molestaba en lo absoluto. Quería seguir disfrutando de ese momento con su precioso pelinegro, y si él quería, obviamente él no se negaría.
Jimin asintió tímidamente y continuó desabrochando el pantalón de Jungkook, lo deslizó hasta donde pudo y se quedó estático al mirar el gran bulto que seguía cubierto por el bóxer.
Jungkook sonrió orgulloso al mirar la reacción de su pequeño, se deshizo rápidamente de su camisa y notó cómo los ojitos color miel se abrían con asombro mientras recorrían su torso. Jungkook se acercó, lo tomó del mentón y siguió con el beso, descendiendo por su cuello, hombros y pecho, mientras iba recostándolo en el escritorio.
Ahora fue su turno de deshacerse del pantalón de Jimin, pero a diferencia de él, él deslizó la prenda junto con su ropa interior, dejándolo completamente desnudo. Jungkook retrocedió para poder admirar tremenda obra de arte, cosa que hizo que Jimin se cohibiera, intentando cubrirse con sus manos.
–No lo hagas– Gruñó Jungkook en desaprobación, haciendo a un lado sus manos. –Eres realmente hermoso– Dijo, paseando sus manos por su vientre, su cadera, por su miembro ya erecto, provocando que se estremeciera, siguió bajando a sus muslos y se detuvo ahí para jalarlo repentinamente hacia abajo, abriendo y doblando sus piernas en el proceso.
Se inclinó y volvió a repartir besos por todo su pecho, dejando leves mordidas y chupetones. Jimin no dejaba de gemir por la deliciosa sensación, no quería que se detuviera, pues ahora Jungkook simulaba embestidas y lo único que se interponía en sentirse piel con piel era el bóxer de Jungkook.
Estaba tan sumergido en el placer, que en cuanto percibió el cálido roce en su entrada no pudo evitar tensarse, y Jungkook lo notó.
–¿Es tu primera vez haciendo algo así?– Preguntó mientras llevaba dos de sus dedos a la boca de Jimin.
Jimin le dió pase a los dedos de Jungkook, mientras pensaba su respuesta por unos segundos, para después responder en un suspiro entrecortado “creo que si”
–¿Crees?– Preguntó con una pequeña risa aireada.
Jimin volvió a guardar silencio, pero esta vez como si estuviera reuniendo valor para hablar.
–Yo tengo un…
–¿Un qué, pequeño?– Dijo sin dejar de acariciar la entrada del pelinegro.
–U-un juguete– Pronunció apenas en un susurro, el cual Jungkook no logró entender.
–No te escuché, cariño.
–Un jugue… Ahhh– Gimió en cuanto sintió el dedo de Jungkook profanar su entrada.
Jungkook gruñó excitado al entender lo que había dicho el pelinegro.
–Me volverás loco, bebé. Creo que me equivoqué y resultaste más travieso de lo que pensaba– Dijo y depositó un húmedo beso en su muslo. –Entonces supongo que ya sabes cómo se siente esto, ¿cierto?
–Ahhh~. –Comenzó a mover su dedo, tocando directamente en su próstata, provocándole un largo gemido al pelinegro.
–Y dime, ¿solo has metido aquí tu juguete?– Su dedo entraba y salía lentamente.
–Mgh, s-si~
–Me alegra saberlo– Sonrió y metió otros dos dedos de golpe, Jimin gritó en una mezcla entre dolor y placer.
Jungkook continuó moviendo sus dedos, sintiendo las húmedas paredes apresarlo, mientras su boca silenciaba los gemidos de Jimin.
Cuando por fin sintió que Jimin se había relajado, retiró sus dedos, dejando a Jimin sintiendo un vacío. Se bajó la única prenda que le quedaba, alineándose en la pequeña y húmeda entrada.
–Ahora olvidarás ese tonto juguete– Dijo con un tono celoso e infantil.
Jimin estaba disfrutando de los dedos de Jungkook en su interior, jamás imaginó que esos dedos le estuvieran dando más placer que el pequeño dildo que tenía en casa. Pero lo que ahora estaba sintiendo lo hizo volver a la realidad de lo que estaban a punto de hacer. Alzó la cabeza al sentir una gran presión en su entrada y negó en cuanto vió a Jungkook en medio de sus piernas y a punto de ingresar en él.
–Espera, eso no va a entrar– Dijo con temor.
–Tranquilo bebé, lo hará, ¿confías en mí?– Sonrió y acarició con dulzura la mejilla de su precioso pelinegro. Jimin lo miró a los ojos y luego asintió con la cabeza.
Jungkook se acercó a besar de nuevo a Jimin, al mismo tiempo en que lo penetraba lentamente. Llevaba aproximadamente la mitad, cuando sintió que Jimin se volvió a tensar, así que optó por atender de nuevo esos sensibles pezones, mordió con un poco más de fuerza el pequeño botón y Jimin arqueó la espalda, y él aprovechó para entrar por completo.
–Es mucho~. Jadeó el pelinegro, sintiéndose completamente lleno.
Ambos respiraban pesadamente, Jungkook repartía caricias por todo su cuerpo y luego de unos segundos Jimin se movió, comenzando así las lentas embestidas.
Embestidas que se volvieron rápidas y rudas en un abrir y cerrar de ojos.
El sonido de sus pieles chocando, los dulces gemidos de Jimin y los gruñidos de Jungkook era lo que sonaba en el aula 213. Jungkook admiraba los gestos que hacía el pelinegro con cada embestida, mientras sujetaba ambos muslos, y Jimin a su vez se sujetaba a como podía del escritorio. Las embestidas eran certeras y golpeaban una y otra vez la próstata de Jimin, volviéndolo un manojo de placer.
–Kook~ no puedo~
El calor se centró en el vientre bajo del pelinegro, anunciando su orgasmo. Jungkook manteniendo el ritmo de las embestidas, soltó una pierna de su pequeño y llevó su mano al miembro desatendido.
–Hazlo, pequeño~. Jadeó bombeando rápidamente.
Y Jimin no lo soportó, sintió sus piernas temblar y una corriente recorrer todo su cuerpo, y con un agudo gemido se corrió en su vientre y en la mano de Jungkook, el cual no se detuvo y siguió embistiendo con fuerza el sensible interior del pelinegro, hasta que finalmente se corrió dentro de él, sintiendo como su miembro era presionado.
Al cabo de unos minutos, cuando ambos habían regulado su respiración y la dulce sensación de su clímax había desparecido, dejándolos con una paz y tranquilidad, Jungkook abandonó el cuerpo del pelinegro, luego lo tomó entre sus brazos y lo atrajo hacia su pecho para envolverlo en un abrazo.
–¿Te duele algo?– Habló con voz suave, mientras acariciaba su espalda.
Jimin solo negó en silencio, desconcertando a Jungkook.
–¿Sucede algo? Puedes decírmelo.
–Creo que esto fue un error– Dijo después de un rato. –Tú tienes novia y yo soy un completo fracasado– Agachó la cabeza y en sus labios se formó un puchero. –Solo olvida todo esto, por favor.
Jimin se bajó del escritorio y comenzó a recoger su uniforme, mientras Jungkook copiaba cada uno de sus movimientos, pero lo detuvo cuando estaba por ponerse su suéter, sujetó su cintura y lo atrajo de nuevo hacia él.
–¿Olvidarme de esto? ¿Qué te hace creer que puedo olvidar lo que acaba de pasar entre nosotros?
–Sería lo mejor, se que jamás te fijarías en alguien como yo– Su voz sonaba quebrada y evitaba mirar a Jungkook directo a los ojos.
Jungkook comenzó a reír y solo así Jimin lo miró, sintiéndose humillado.
–¿Te estás riendo de mi?– Soltó molesto.
Jungkook no contestó y siguió riendo, Jimin se molestó aún más y no estaba dispuesto a seguir siendo la burla de Jungkook, así que se soltó del agarre y se dirigió hacia la puerta. Jungkook al ver que su amado pelinegro se iba, dejó de reír y no dudó en correr hacia él. Alcanzó la mano de Jimin que estaba sobre la manija, lo giró y lo acorraló contra la puerta.
–Yo soy quien debería decir eso– Habló y Jimin lo vio sin comprender. Jungkook soltó un suspiro pesado y agachó la mirada buscando las palabras adecuadas.
Y fue solo ahí que se dió cuenta de las hojas tiradas en el suelo. Abrió en grande los ojos y se agachó a recogerlas.
–¿D-de dónde s-sacaste esto?– Preguntó nervioso.
Jimin se mordió el labio y comenzó a jugar con sus manos.
–Me las dieron esta mañana, pensé que se trababa de alguna broma, así que me armé de valor y vine para ponerle un alto al responsable, pero en cuanto entré me… besaste.
Jungkook no podía creer que fuera tan idiota para no darse cuenta que efectivamente metió ambas cartas al buzón. Ahora no sabía que decirle al pelinegro, quería que la tierra se abriera y se lo tragara. Jimin había leído todo lo que pensaba de él, y ahora sabía que estaba locamente enamorado. Estaba buscando urgentemente una solución, pero la suave voz del pelinegro lo regresó a la realidad.
–Por tu expresión me doy cuenta de que no soy al que esperabas aquí– El tono triste en voz se notaba a kilómetros. –No te preocupes, no le diré a nadie– Volvió a darse vuelta para finalmente marcharse de ahí, pero jamás imaginó que su amor imposible lo tomara del rostro y lo besara como si fuera la persona más valiosa en su vida.
El beso demostraba todo lo que ambos sentían por el otro, pero que no se atrevían a decir.
Cuando se separaron, Jungkook lo miraba con una sonrisa en su rostro.
–Eres un tonto.
Jimin frunció el ceño indignado, pero cuando estaba por replicar, Jungkook volvió a hablar.
–¿Por qué piensas que no eres el de la carta?
Jimin bajó la mirada y no contestó.
–Tú nombre está escrito en ella ¿y aún así te niegas a aceptar que traes a esa persona loca por ti? Porque si, estoy loco por ti, Park Jimin.
Jimin abrió su boquita, pero las palabras simplemente no le salían. ¿Jungkook era el dueño de esa carta?
–¿Tú escribiste la carta? ¿Yo t-te gusto?
Jungkook sonrió por lo tierno que se veía el pequeño pelinegro, y algo tímido respondió. –Si, Jimin, me gustas, y se que no soy el mejor partido, que mi reputación es un asco y que mereces a alguien mejor porque tú eres único, pero en verdad me gustaría…
No terminó de hablar, cuando los suaves labios de Jimin impactaron con los suyos en un corto y dulce beso.
–Tú también me gustas, Kook– Respondió tímido y sonrió ocultando sus ojitos.
–¿Cómo me llamaste?
–¿Kook?
Jungkook sonrió en grande y recordó que justo hace unos minutos atrás Jimin lo había llamado de esa manera.
–Entonces ¿tú fuiste el que envió las dos cartas?
Jungkook observó las hojas en sus manos y notó que la segunda carta que hizo, sin darse cuenta puso el apellido de Jimin. Se dió un golpe mental por ser tan distraído, pero también estaba agradecido por haberse equivocado, porque de otra forma no se hubiera dado cuenta de que sus sentimientos eran correspondidos.
–Yo escribí ambas cartas, pero qué te parece si ignoramos esta…– Dijo sujetando la segunda carta. –…Y mejor te invito a comer. Será nuestra primera cita– Sonrió emocionado.
Jimin no sabía a lo que se refería con olvidar esa carta, pero confiaba en Jungkook, así que solo asintió. Se miraron fijamente a los ojos y no dudaron en darse un último beso antes de salir del aula que fue su guarida por los últimos 45 minutos y que lo seguiría siendo por el resto del año.