EL PETALO CAIDO ES MAS BELLO QUE LA FLOR
CAP 1
Alonso, un hombre de 37 años de edad, vivía confundido y atormentado por lo que debería ser y por lo que no es, hacía una mañana cruda y fría, incluso parecía que la naturaleza lo acompañaba en su tormento.
Ese día como todos tenía que cumplir con su jornada laboral de ocho a cinco de la tarde, sonó el despertador y de mala gana lo apago volteándose de un lado a otro, enfrentándose al debate de su mente preguntándose si debería ir o no y como diariamente pasa, solo se paró y tomo su chamarra, cambio sus pantalones holgados por unos de mezclilla los ajusto con un cinturón y pazo a hacer su rutina mañanera.
Se sentó sobre la silla del comedor y empezó a tomar su café amargo, mientras por su cabeza se aproximaba el pensamiento de todos los días...
Hacía ya tiempo se preguntaba, ¿qué hago? Y entonces pasaba por su mente un análisis sobre como va transcurriendo su vida desde que tiene memoria. Cuando era pequeño realmente disfrutaba de estar solo y comer chuches mientras veía jugar a los demás niños, cuando paso al grado de primaria no era sobresaliente ni mucho menos un niño alegre, ya que siempre le atormentaba los problemas que tenía en casa, cuando paso a grado de secundaria a las chicas les parecía guapo, pero él siempre las rechazaba, pues había tenido una mala experiencia sobre lo que era el amor, ya que nunca lo comprendió y le parecía desagradable no saber como sobrellevar situaciones “románticas”, durante grado de preparatoria solo se enfocó en estudiar y trabajar para pagarse la universidad desafortunadamente sus esfuerzos no fueron suficientes y por falta de dinero tuvo que salirse de la universidad, trabajar e independizarse.
Actualmente, había vivido una vida rutinaria desde los 19 en adelante, trabajando con dinero suficiente para sus comidas y la renta para un pequeño departamento de una habitación individual, una cocina compartida con una pequeña sala y un baño. Antes de terminar su café, su mente construyo las preguntas que nunca faltaban en su pensar, ¿qué hacía en esta vida? ¿Por qué parecía que fue abandonado? ¿Por qué sentía que su vida era el jodido ejemplo de cómo no debería ser la vida a los 30s?, realmente ver a sus compañeros de trabajo y otros hombres de su edad hablar sobre sus esposas, su posición laborar, la gran casa de sus sueños y sus futuras vacaciones le estaba afectando lo admitiera o no.
Antes de llegar a formular otra pregunta y seguir con este hilo de pensamientos, sonó su reloj, dejo la taza en el fregadero, se colocó su bufanda, tomo las llaves, la billetera y salió del pequeño departamento.
Durante esa misma mañana caminaba sobre la acera un chico de 19 años, se esforzaba por no dejar caer una lágrima, era invierno y la nevada ya estaba en su máximo alcance. Hace unos días lo sacaron de la vivienda compartida por falta de pago y por el momento trabajar es un supermercado ya no era suficiente, comía lo que le alcanzará a pagar lo cual normalmente era una sopa instantánea y agua embotellada mientras dormía en un refugio, realmente llevaba así mésese queriendo ver más posibilidades, pero realmente no tenía nada por que seguir, pues hace mucho tiempo dejo de verlas.
Ese día por la madrugada unos hombres de entre treinta y cuarenta años, refugiados del mismo alberge que ya llevaban molestándolo anteriormente le dijeron que si volvía sin traer comida para al menos ellos cinco no lo dejarían entrar y se tendría que enfrentar a una paliza sin reproche alguno, Volker estaba realmente cansado de esta situación, se repetía una y otra vez por su cabeza todo en lo que él creía que había fallado, su madre murió por su culpa al momento de que naciera, su padre falleció a los 40 por un infarto y su abuela había decidido vivir una buena vida sin pagarle los estudios a su nieto, Volker decidió trabajar para pagar la universidad, pero no solamente no le alcanzaba ni para vivir, sino que se sentía cero capas de ser como los jóvenes de su edad, cada día se repetía esto como un bucle en su mente y realmente estaba muy cansado.
Pasando por la acera del puente que estaba sobre el mar a una gran altura, él se quedó quieto expectante al mar, al color casi negro de las olas, mientras la nieve caía sobre su rostro y sobre sus mechones negros que revoloteaban en el aire, la brisa lo consumía al igual que sus pensamientos, las ganas de acercarse y ahogar sus problemas crecían mientras su corazón lo incitaba, de pronto él ya se encontraba sobre el barandal exponiéndose a una ráfaga de aire que en cualquier momento lo tiraría al mismísimo abismo, miraba hacia abajo junto a lágrimas que caían sobre su piel, cada vez estaba más y más dispuesto a caer y cuando por fin decidió balancearse hacia el frente, una presión sobre su abdomen apareció.
Cargándolo como si fuera solo aire recorriendo sus ásperas manos, Alonso lo bajo de aquel barandal, lo sujeto de los hombros dejando a la vista un rostro realmente aterrado, lleno de preocupación y desesperación.
Volker aún tenía el corazón palpitando a todo lo que daba, sus lágrimas salían y salían casi inundando la situación mientras sirenas se oían venir, al instante sintió que podía estar seguro al caer sobre su propio sufrimiento y poco a poco esa cara frente a él, llena de miedo con facciones marcadas y con ojos de color totalmente café oscuro fueron desapareciendo hasta quedar en negro dejando descansar al chico.
“Ambos habían visto su tormento en el ojo ajeno”
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