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Dulce Problema [KOOKMIN ]

Sinopsis

Park Jimin soñaba con encontrar a su destinado. No soñaba con ser secuestrado y torturado por él. Tras rescatar a un niño en peligro, Jimin termina en las manos de Jeon Jungkook, un alfa temido que está convencido de que el omega es el culpable del estado de su hermano. Lo que comienza como un malentendido pronto se transforma en una pesadilla. Sin embargo, el destino interviene de la forma más cruel posible. El aroma a miel de Jimin despierta algo salvaje en Jungkook y, en un instante de locura, una marca los une para siempre. Ahora están atrapados en un vínculo que ninguno estaba preparado para enfrentar. Después de todo, encontrar a tu alma gemela debería ser un sueño. No una condena. Un dulce problema. *** 🚫 no adaptaciones 🐾 omegaverse 👶 M-preg ⚠️ violencia Publicado : Febrero 2024 Editado: Junio 2026

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
MimiGD3
Estado:
En proceso
Capítulos:
49
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

01

El sonido metálico de unas pisadas descendiendo por las escaleras anunció la llegada del jefe.

De inmediato, los supervisores interrumpieron sus actividades y los obreros enderezaron la espalda. Una tensión palpable recorrió el laboratorio mientras todas las miradas se dirigían hacia la entrada.

Vestido con un impecable traje negro, Park Jimin avanzó con paso tranquilo entre las filas de trabajadores. Su expresión era serena, casi elegante, pero aquella calma parecía inquietar más que cualquier grito.

Los rumores sobre él corrían por toda la organización. Decían que era un omega y eso bastaba para incomodar a muchos de los alfas que ahora trabajaban bajo sus órdenes.

—No percibo nada... seguro es un beta. —susurró uno de los obreros.

—Te dije que el rumor era falso.

—Pues a mí no me importa lo que sea. Míralo nada más... yo sí me cogería a esa preciosura. Ese trasero vale cualquier problema. —rió Jang por lo bajo.

—Señor Jang, si yo fuera usted, me preocuparía más por terminar su turno que por mi trasero.

El laboratorio entero quedó en silencio. Jang sintió que la sangre abandonaba su rostro.

—P-perdón, señor. No quise faltarle al respeto.

—¿Cómo demonios escuchó eso? —murmuró otro trabajador.

Jimin sonrió.

No era una sonrisa amable. Era la clase de sonrisa que hacía que la gente imaginara cosas horribles.

—Porque, a diferencia de ustedes, yo sí presto atención a lo que ocurre a mi alrededor.

Se detuvo frente a Jang.

—Y usted debería hacer lo mismo. Después de todo, las facturas del hospital no se pagan solas.

El alfa se congeló.

Sus pupilas se contrajeron.

—¿Cómo...?

Jimin inclinó apenas la cabeza.

—Lo sé todo.

La frase fue pronunciada con tanta naturalidad que resultó mucho más aterradora.

—Sé quiénes son. Sé dónde viven. Sé quiénes los esperan en casa. Sé quién trabaja para alimentar a sus hijos y quién lo hace para costear tratamientos médicos.

El silencio se volvió sofocante.

—Por eso detesto perder el tiempo con estupideces.

Jimin observó a Jang de arriba abajo.

—Tengo entendido que eres bueno en tu trabajo. Sería una lástima perder a un empleado competente por culpa de una lengua demasiado larga.

Luego suspiró teatralmente.

—Imagínate el dolor de tu hija si algo te ocurriera. Solo pensarlo me rompe el corazón.

Jang sintió que las piernas dejaban de responderle.

Terminó de rodillas antes siquiera de darse cuenta.

—Lo siento, señor. No volverá a suceder.

—Eso espero.

A un lado, Sehun avanzó un paso.

—Señor Park, ¿deberíamos darle una lección?

La navaja apareció en su mano con un chasquido.

Jang palideció.

Pero antes de que pudiera reaccionar, Sehun le hizo apenas un corte superficial en la mejilla. La sangre descendió lentamente.

Nada grave.

Suficiente para que el resto comprendiera el mensaje. El aroma del miedo comenzó a propagarse por el laboratorio.

Jimin soltó un suspiro de fastidio.

—¿Van a seguir perdiendo el tiempo?

Todos se sobresaltaron.

—Les pago para trabajar, no para comportarse como adolescentes en celo.

Nadie respondió.

—Entonces muévanse.

El laboratorio entero volvió a la actividad como si sus vidas dependieran de ello.

Porque probablemente dependían de ello.

Jimin giró sobre sus talones y abandonó el lugar sin volver la vista atrás.

—Escucharon al jefe. —gruñó Siwon mientras caminaba tras él. — Y tú, Jang, agradece que hoy está de buen humor.

Los presentes tragaron saliva.

—Si el jefe realmente quisiera castigarte, esa herida estaría en tu cuello.

Nadie se atrevió a responder.

—Y escuchen bien todos.

Siwon recorrió el laboratorio con una mirada helada.

—Dejen de pensar que porque es omega pueden tratarlo como a cualquier otro. Ese error ya lo cometieron otros antes.

Su sonrisa fue escalofriante.

—Y ninguno sigue respirando para contarlo.

Cuando finalmente abandonó el laboratorio, el silencio reinó durante varios segundos.

Lejos de allí, Jimin soltó una carcajada.

—Ahora sí te excediste.

—¿Yo? —Siwon se señaló a sí mismo. — Tú eres el que acaba de convencer a cincuenta alfas de que puedes leer sus pensamientos.

—Solo mencioné el hospital.

—Exactamente.

Ambos comenzaron a reír.

—Prefiero que te tengan miedo —dijo Siwon mientras acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja de Jimin. — Las ratas son más obedientes cuando creen que el gato puede comérselas.

Jimin sonrió.

—Por eso eres mi hermano favorito.

—Y tú sigues siendo el bebé de la familia.

Sin perder la oportunidad, Siwon besó su frente.

El temible líder que acababa de aterrorizar a un laboratorio entero respondió arrugando la nariz con evidente molestia.

La familia Park estaba lejos de ser una familia convencional.

Park Seo Joon, el patriarca, había construido un imperio con sus propias manos. Siwon supervisaba la producción. Taeyang controlaba el transporte de mercancías.

Y Jimin...

Jimin era quien había heredado el liderazgo. No porque fuera el más fuerte, ni porque fuera el más cruel. Sino porque había sido el único dispuesto a desafiar las reglas cuando su familia estuvo a punto de perderlo todo.

Cuando Seo Joon enfermó y muchos intentaron aprovecharse de ellos, fue Jimin quien se interpuso.

Fue Jimin quien tomó decisiones que nadie más se atrevió a tomar, fue Jimin quien sostuvo a la familia cuando el resto comenzaba a caer. Por eso todos lo siguieron, por eso todos aceptaron que ocupara el puesto de líder.

Los enemigos lo llamaban tirano, sus subordinados lo llamaban monstruo. Algunos incluso juraban que disfrutaba matando.

La verdad era mucho más simple. Jimin nunca había buscado convertirse en alguien temido.

Pero descubrió muy pronto que, en un mundo lleno de depredadores, era más seguro dejar que todos creyeran que él era el más peligroso de todos.

Casa Park.

—Sí, señor Jeon. Nos reuniremos como estaba planeado. —dijo Seo Joon mientras observaba por la ventana de su oficina.

—Estoy deseando cerrar este trato con usted. Tengo la impresión de que haremos grandes negocios juntos. —respondió Jungkook desde el otro lado de la línea, dando una lenta calada a su cigarrillo.

—Así será, señor Jeon.

La llamada terminó.

Seo Joon dejó el teléfono sobre el escritorio y se masajeó el pecho con discreción. Últimamente el dolor aparecía con demasiada frecuencia.

La puerta se abrió.

—Señor Park, es hora de tomar su medicina. —anunció la señora Choi con una pequeña bandeja entre las manos.

Seo Joon soltó un bufido.

—Estoy perfectamente bien. No sé por qué todos hacen tanto escándalo.

—Eso mismo dijo la semana pasada antes de terminar en urgencias.

—Exageraciones.

La mujer suspiró.

Era imposible discutir con él.

Los ojos de Seo Joon se desviaron hacia una caja elegante sobre la mesa. Los postres que Jimin había llevado la noche anterior.

Su hijo menor seguía tratándolo como si fuera de cristal.

Una sonrisa apenas perceptible apareció en su rostro.

—Al menos déjeme probar uno antes de que intenten envenenarme con esas pastillas.

La señora Choi abrió la boca para responder, pero las palabras murieron antes de salir; el rostro de Seo Joon palideció repentinamente, una mano se aferró al escritorio en un intento desesperado por mantenerse en pie mientras el dolor le oprimía el pecho, y al instante siguiente sus piernas dejaron de sostenerlo, desplomándose frente a la aterrada servidumbre.

—¡Señor Park!

La bandeja cayó al suelo.

—¡Llamen una ambulancia! ¡Ahora!

Los sirvientes corrieron en todas direcciones.

—¡Su corazón! ¡Debe ser su corazón otra vez!

Minutos después.

La sala de espera del hospital estaba sumida en un silencio insoportable. Siwon caminaba de un lado a otro, Taeyang mantenía la cabeza agachada y Jimin permanecía sentado entre ambos.

Tranquilo, sereno, inquebrantable. Al menos por fuera.

El aroma de los dos alfas comenzaba a alterarse debido al estrés. Sin decir nada, Jimin liberó una suave oleada de sus feromonas con aroma a miel.

La tensión disminuyó poco a poco.

—Papá es demasiado terco para morir. —intentó bromear mientras rodeaba a sus hermanos con los brazos. — Es más probable que yo termine muerto en una pelea antes de que un infarto consiga llevárselo.

Ninguno de los dos se rio, eso solo aumentó el nudo en su pecho.

Entonces apareció un médico.

—¿Familiares de Park Seo Joon?

Los tres se pusieron de pie inmediatamente.

—Somos nosotros.

—¿Cómo está nuestro padre?

El médico guardó silencio unos segundos antes de responder.

—El señor Park necesita una intervención inmediata. Su corazón ya no está respondiendo adecuadamente al tratamiento.

El rostro de Taeyang se descompuso.

—¿Qué significa eso?

—Necesita un marcapasos.

El silencio cayó como una sentencia.

—Debemos operarlo cuanto antes.

El médico extendió unos documentos.

—Necesito una autorización.

Siwon observó los papeles, Taeyang tampoco reaccionó. Ninguno podía hacerlo.

Como siempre, la responsabilidad terminó cayendo sobre los mismos hombros.

Jimin tomó la carpeta.

Firmó.

Su mano no tembló.

—Por favor, sálvelo.

El médico asintió.

—Haremos todo lo posible.

Poco después, sus hermanos descansaban en una sala VIP. Por primera vez en horas habían dejado de pensar en negocios, cargamentos y reuniones, solo eran hijos preocupados por su padre.

Jimin los observó desde la puerta, luego salió. Alguien tenía que seguir sosteniendo el mundo mientras ellos se derrumbaban y ese alguien siempre terminaba siendo él.

Condujo durante varios minutos sin rumbo fijo, hasta que ya no pudo más. Detuvo el vehículo en una calle solitaria.

Apoyó ambas manos sobre el volante. Intentó respirar, intentó mantenerse fuerte, intentó ser el líder, pero por unos instantes solo fue un hijo asustado. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

—Por favor...

Su voz se quebró.

—Por favor, no me lo quites.

Cerró los ojos, toda aquella carga, toda aquella responsabilidad, todos aquellos problemas habían sido soportables porque Seo Joon seguía allí. Porque, aunque estuviera enfermo, seguía siendo su padre, su refugio.

—Diosa Luna... por favor...

Los sollozos llenaron el interior del vehículo.

—No puedo hacerlo sin él.

Pasaron varios minutos antes de que lograra recomponerse. Secó sus lágrimas, enderezó los hombros y volvió a ponerse la máscara.

La del líder.

La del monstruo.

La del hombre que jamás mostraba debilidad.

Entonces arrancó el vehículo.

El deber lo estaba esperando.

Al llegar al edificio principal de la organización, algo no estaba bien. Demasiado silencio, demasiada calma. Jimin frunció el ceño y entonces los vio.

Los cuerpos.

Sus nuevos guardias yacían inmóviles en el vestíbulo. La sangre cubría el mármol, el corazón le dio un vuelco.

—¿Qué demonios...?

Un aplauso resonó en el lugar.

Lento.

Burlesco.

—Jimin, cariño... llegas justo a tiempo.

Jackson Wang apareció acompañado por varios hombres armados.

—¿Se puede saber qué significa esto, Jackson?

—Significa que tu padre está fuera de juego.

Una sonrisa arrogante apareció en el rostro del alfa.

—Y alguien debe ocupar su lugar.

Los hombres rodearon a Jimin.

—Voy a tomar el control de todo.

Jackson se acercó lentamente.

—Y tú vas a venir conmigo.

Su mano se deslizó hacia la cintura del omega.

—No tienes que agradecerme. Sé que esta carga ha sido demasiado pesada para ti.

Jimin permaneció inmóvil, escuchando, observando.

Memorizando.

—Para eso estamos los alfas.

Jackson sonrió.

—Para proteger a omegas como tú.

Lo atrajo hacia sí. Convencido de que ya había ganado.

—Mi omega.

Los hombres alrededor comenzaron a reír. Algunos incluso parecían relajados, como si la captura del temido Park Jimin hubiera resultado absurdamente sencilla.

—¿Lo ven? —dijo Jackson acariciando su mejilla. — No tienen por qué temerle.

Jimin bajó la mirada ocultando la expresión de sus ojos.

—Es igual que cualquier otro omega.

Un error.

El último error.

Porque justo cuando Jackson creyó sentir al omega aferrarse a su cuello buscando apoyo... Sintió algo caliente correr por su espalda.

Una gota.

Luego otra.

Y otra más.

Las risas desaparecieron, el alfa parpadeó confundido. Bajó la vista y encontró sangre.

Mucha sangre.

Su propia sangre.

Los ojos de Jimin se elevaron lentamente hacia él. Ya no había miedo, ya no había tristeza, ya no quedaba rastro del hijo que había llorado dentro de un automóvil.

Solo estaba el hombre al que llamaban monstruo y por primera vez aquella tarde... Jackson comprendió por qué.

—Espero que disfrutes tu estadía en el infierno, alfa. Y, por cierto, las feromonas de los alfas no me afectan... mucho menos las tuyas. Lamento decepcionarte...mi alfa. —dijo Jimin con una sonrisa cargada de burla.

La última frase fue una humillación deliberada. Jackson abrió la boca para responder, pero no llegó a pronunciar una sola palabra.

Su cuerpo se tensó.

La sangre comenzó a brotar con mayor intensidad por la profunda herida que Jimin había abierto mientras fingía aferrarse a él en busca de apoyo.

Los ojos del alfa se llenaron de incredulidad, nunca había visto venir el ataque, nunca imaginó que aquel omega aparentemente indefenso le estaba sonriendo mientras lo condenaba a muerte.

Un instante después, sus rodillas golpearon el suelo y luego cayó de bruces a los pies de Jimin.

Muerto.

El silencio se apoderó del vestíbulo.

Los hombres de Jackson observaron el cadáver sin poder reaccionar, comprendieron que los rumores eran ciertos. El Omega Park no era un líder porque hubiera heredado el puesto.

Era un líder porque nadie había conseguido arrebatárselo.

Un sonido metálico resonó de repente por todo el edificio.

Clang.

Las puertas blindadas descendieron sobre cada salida.

Clang.

Los accesos quedaron sellados.

Clang.

Las rutas de escape desaparecieron, el pánico comenzó a extenderse entre los invasores.

—¿Qué demonios está pasando?

—¡Las puertas están bloqueadas!

—¡Sáquennos de aquí!

Jimin ni siquiera se molestó en mirarlos. Se limitó a acomodar con elegancia un mechón de cabello detrás de su oreja.

Entonces, como si hubieran surgido de las sombras, decenas de hombres armados aparecieron en los distintos niveles del edificio.

Todos pertenecían a la familia Park.

Todos esperaban una sola orden.

—Tuvieron la mala suerte de elegir al omega equivocado. —La voz de Jimin resonó tranquila, casi amable. — Ustedes ya están muertos.

Los hombres tragaron saliva.

—Y sus familias también pagarán el precio de esta traición.

El miedo inundó el ambiente, Jimin observó los rostros aterrados frente a él. No había satisfacción en su mirada, solo una fría determinación.

—Ya saben qué hacer.

Los hombres de la familia Park asintieron.

—Y no cometan errores.

Sin añadir nada más, Jimin se dirigió hacia el ascensor. Las puertas se cerraron frente a él.

Segundos después, los primeros gritos comenzaron a escucharse a través del edificio, gritos de pánico, gritos de desesperación. Gritos de hombres que acababan de comprender demasiado tarde el error que habían cometido.

Dentro del ascensor, lejos de todas las miradas, Jimin apoyó una mano sobre la barra de seguridad.

Su respiración era ligeramente irregular.

Las feromonas de Jackson habían logrado provocarle un leve malestar, nada grave, nada que no pudiera soportar.

Cerró los ojos durante unos segundos.

No era la primera vez que un alfa intentaba aprovecharse de él por ser omega y probablemente tampoco sería la última.

La diferencia era que la mayoría de aquellos hombres cometían siempre el mismo error. Confundían su condición con debilidad y casi siempre descubrían la verdad cuando ya era demasiado tarde.

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Bien escrito

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

4

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author

mr está gustando mucho éste Jimin 😍

un mes

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