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Dos es compañía, ¡tres es multitud! (Hananene/Amanene/Hanamane/HanakoxNenexAmane)

Sinopsis

Colaboración <3 Plot? Cuál plot? NOPOR! HanaNene AmaNene HanaMane

Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Hanako-kun

¿Cuánto tiempo había pasado desde que esa confesión hizo colorear sus mejillas en distintas tonalidades de carmín y logró que su corazón latiera a una velocidad desmedida?

Cierto...

Ya tenía un año desde que lo de ambos se había hecho formal para sorpresa de todos en la escuela; aun cuando a ojos de sus amistades más cercanas esto ya se hubiera visto venir.

Era así que la peliplata se encontraba en un dilema sobre qué podría obsequiarle para festejar una fecha tan importante.

Sabía que Amane tenía algo entre manos; después de todo, hacía ya unas semanas desde que no la acompañaba a casa como de costumbre. Y eso era justamente lo que la ponía más nerviosa.

Aquel joven castaño se había vuelto un misterio andante, no quería soltar ni un pío sobre lo que sus actividades vespertinas le llevaban a tomarse casi todo su tiempo libre.

Nene no desconfiaba de su novio, pues no solamente el zaino se estaba ocupando de los arreglos de aquello que él había descrito como la mayor sorpresa que jamás se hubiera imaginado; sino también el resto de sus amigos varones, desde el engreído pelirrosado hasta el indiferente Akane. Todos y cada uno de ellos habían ayudado de alguna manera a su novio con lo que fuera que tramara.

Soltó un bufido y procedió a dejar caer su cara contra la paleta de su asiento mientras su mejor amiga la veía. La pelimorada nunca había visto a Nene tan preocupada por algo; ni siquiera cuando los profesores la amenazaban con reprobarla por estar pintando corazones en sus libretas en lugar de tomar notas. Su pensar fue interrumpido cuando de la nada el hermano menor de Amane Yugi irrumpió en la tranquilidad del salón de la clase 2-1. Con lo que parecían ser globos en mano, corría presurosamente para tratar de encontrar un lugar donde esconderse.

Los gritos de su hermano mayor hacían eco por los pasillos mientras le daba caza.

El par de féminas miraban atentas como Tsukasa Yugi intentaba esconderse detrás del escritorio del profesor.

—¡Tsukasa! —exclamó el mayor una vez entró al salón.

Aoi y Nene veían como el gemelo más centrado, quien parecía ni siquiera haberse percatado de su presencia, escaneaba cada centímetro del aula; de repente, el sonido de una risa apenas audible devolvió su atención hacía el escritorio del profesor ubicado al frente de las butacas. Su avance era silencioso, como si de un espectro se tratara. Sabía que para atrapar a su hermano debía ser cauteloso, mucho más de lo que había tratado de ser durante esos últimos días.

Tsukasa se tapaba la boca y contenía la risa lo mejor que podía; sin embargo, sin previo aviso, dos manos lo tomaron por los hombros obligándolo a salir de su escondite.

—¡Devuélvelo ahora, Tsu! —ordenó el mayor mientras tendía la palma de su mano frente al menor.

—¡No sé a qué te refieres, Amane! —Fingió inocencia.

—Sabes a qué me refiero, así que devuélvelos.

—Sólo trataba de ver si era cierto lo que decían en los comerciales que salen a medianoche —respondió cabizbajo. Su hermano sí que era un aguafiestas.

—¿Amane-kun?

Diablos.

La voz de Nene le había provocado casi un infarto. De entre todas las personas que esperaba que escucharan ese tipo de conversación, tenía que ser justamente su novia.

—¡Nene-nee!

—¿Pasa algo con Tsukasa-kun?

—Eh... no.... nada, no pasa nada —Las mejillas del castaño mayor se sonrojaron levemente.

—Amane no quiere que verifique si es cierto lo que dicen en los comerciales.

—¿Comerciales, sobre qué? —ahondó Nene.

—¡Sobre nada! —exclamó el mayor mientras colocaba una mano sobre la boca de su gemelo, quien no dudó ni un segundo en utilizar viejas tácticas aprendidas y dominadas desde su infancia.

Algo resbaloso y húmedo acarició la palma de Amane quien de inmediato supo que su hermano estaba lengüeteando, cual gato, su mano. Lo soltó para limpiarse con el pantalón de su uniforme y en cuanto el menor fue liberado procedió a revelar, a una velocidad casi sobrehumana, sus hallazgos sobre la calidad del par de objetos que sostenía.

—¡Amane, estos condones no saben a limón, deberías pedir tu dinero de vuelta! —se quejó frustrado mientras veía enojado a su hermano mayor, se sentía traicionado por la estrategia de marketing de los comerciales nocturnos. —Y este otro no aguantó que lo inflara con la bomba de helio que estaba en el almacén... ¡Si planeas imitar esas escenas de películas porno, como las que normalmente ves en la madrugada, con Nene-nee, deberías al menos buscar unos de mejor calidad! —concluyó mientras mostraba un condón roto y otro de un color lima fosforescente que parecía haber sido masticado.

—Amane-kun, ¿a que se refiere Tsukasa-kun?, ¿puedes explicarme? —Nene no entendía mucho, y la verdad era mejor que no lo captara. Aunque Aoi, desde luego, sí se había dado cuenta y sabía de primera mano sobre los planes de Amane. Después de todo, Akane era quien le había prestado un cuarto al mayor de los Yugi para poner en marcha su sorpresa con relación a su primer año de noviazgo, y esto evidentemente llegó a oídos de la pelimorada.

El Yugi mayor miraba al piso avergonzado, quería que la tierra se lo tragara. No sabía que decirle a la joven peliplata. Así que hizo lo que todo hombre haría en ese tipo de situación; salir corriendo de la escena llevándose a Tsukasa con él.

Nene se quedó mirando por donde el par se había esfumado sin comprender del todo qué había ocurrido y pensando en pedirle una explicación una vez se reunieran.

—¿Y bien Nene-chan, ya sabes que harás para festejar tu primer aniversario como novia de Amane-kun? —La interrumpió su mejor amiga.

—¡No y estoy nerviosa Aoi!, siempre que pienso en algo... siento que no es suficiente y que tal vez no le vaya a gustar... ¡Tengo miedo de que no le guste nada de lo que he pensado y me abandone!

—¡Ow Nene-chan!, ¿de dónde sacas eso?, ¡Amane-kun está maravillado contigo, estoy segura de que lo que sea que vayas a darle le encantará!

—¡Ese es el problema, Aoi!, por pensar de más no he comprado nada, ni tampoco he preparado algo y me molesta que mientras él está organizando una sorpresa yo no sepa ni qué regalarle. ¡Soy una mala novia!

—¿Por qué no intentas con unas donas caseras?, él adora las donas que le haces y para hacerlas más especiales podrías ponerles chispas en forma de corazón y estrellas, ¡incluso podrías moldearlas con distintas figuras!

La idea no parecía mala, y tampoco era como si Nene tuviera más tiempo para pensar considerando que la hora de su cita se acercaba.

Apenas y le daría tiempo ir a casa, preparar las donas, ducharse y alistarse para ir al parque en el que Amane se le había confesado hacía ya un año, y que ahora sería su punto de reunión para celebrar juntos ese primer aniversario como pareja.


Luego de que las clases terminaran, Nene se dirigió a casa para cumplir con su lista de quehaceres.

Preparar donas glaseadas con temática del espacio para su lindo novio. Listo.

Ducharse y ponerse bonita para su cita. Listo

Adornar el contenedor de donas como si fuera un regalo. Listo.

Encaminarse al parque. Listo.

Cuando llegó al lugar de encuentro, vio a Amane sentado sobre una bonita manta rosa. Miraba al cielo, probablemente admirando a la luna que, aun cuando el cielo todavía no terminaba de oscurecer, resultaba fácil de localizar. Había bebidas para ambos y algunos dulces por lo que podía distinguir desde donde se encontraba, lo demás al parecer estaba guardado en una canasta cerca suyo. En cuanto llegó a su lado se dieron un beso corto como saludo y él no dudó ni un momento en elogiar lo hermosa que se veía, causando que la joven se sonrojara. En verdad que el zaino adoraba teñir sus mejillas de tonos escarlata.

Para cambiar el ambiente, Nene sacó de su bolso las donas recién hechas para mostrárselas al chico amante del espacio, quien al destapar el contenedor se puso más que feliz de ver que tenían forma de estrellas y corazones, y otras más tenían en su cubierta las chispas de sabores que Aoi había recomendado.

Tomaron asiento y procedieron a servirse un poco de la comida que el gemelo mayor había llevado.

Mientras comían empezaron a charlar animadamente sobre el espacio, las plantas que cultivaba Nene en el club de jardinería, de como Kou y Mitsuba eran demasiado obvios sobre sus sentimientos y como era que deberían ponerse de novios de una buena vez y dejar de pelear tanto entre ellos.

Recordaron su primera cita en el cine, sobre como Amane salió huyendo después de haberle dado esos boletos para ver “Guerra Galáctica de Hámsters” y sobre la primera fallida confesión de Amane, pues en esa ocasión ella estaba segura de que él sólo bromeaba.

Rememoraron su primer beso, los nervios que habían sentido en esa primera ocasión y como su parte favorita en cada roce de labios era la calidez y ternura de las caricias labiales, así como su sabor.

Para Nene, Amane sabía a donas y para Amane, Nene sabía a fresa.

El joven acarició suavemente la mejilla de la romántica empedernida mientras ella continuaba hablando sobre lo romántico que le resultaba todo en ese momento. El simple gesto de su amado atrajo la mirada de rubí contra la de ámbar, se miraban fijamente y poco a poco fueron cerrando sus ojos para darse un dulce y tierno beso.

Se sentían tan bien cuando se besaban.

Para Nene era mejor de lo que alguna vez había pensado que sentiría cada que imaginaba cómo sería ese tipo de interacción con aquel que hiciera latir fervientemente su corazón.

Para Amane, sin embargo, ya no era suficiente ese tipo de contacto. Desde hacía ya algún tiempo que en sus noches de desvelo sólo podía pensar en cómo sería estar en otro tipo de situación con la dueña de sus sueños. Podía imaginar la pronunciación de su nombre dicho entre suspiros, como se vería su cara sonrojada por la adrenalina del momento, como se sentiría la nívea piel desnuda pegada contra la suya, cómo sabría el resto de epidermis que aún no exploraba, la forma en que ella lo atraparía entre sus paredes, ambos sudando, ella sucumbiendo al placer y pidiendo por más, él acatando cada una de sus peticiones; más rápido, más lento, más profundo...

“¡Amane, céntrate, estamos en medio del parque como para que quieras invocar a la bestia!”, le regañó su conciencia.

Lamentablemente para cuando había recobrado sus cinco sentidos pudo notar como se encontraba sobre ella y como la fémina no oponía resistencia.

Lo único que quedaba era hacer la pregunta. Lo había estado ensayando con Kou mientras le ayudaba a preparar la comida para su cita. Sí... por más estúpido que le pareciera haberlo practicado con uno de sus mejores amigos, creía también que era algo importante hacerlo para no causar malos entendidos.

—Nene...

—Amane-kun...

Los dos hablaron al mismo tiempo, rieron y justo cuando ella estaba por continuar con la frase que había sido cortada, el cielo se oscureció de momento.

Parecía como si una gran tormenta fuera a caer y el suelo comenzó a moverse bruscamente.

¿Qué tipo de pesadilla era esa?

Nene gritaba asustada mientras se abrazaba al cuerpo de su novio quien trataba de tranquilizarla correspondiendo al abrazo y susurrando palabras de cariño y consuelo a su oído. Una risa escandalosa y algo tenebrosa resonó por todo el parque, tanto Nene como Amane se sobresaltaron bruscamente al escucharla. La joven sentía como un escalofrío subía y bajaba por todo su cuerpo cada que escuchaba aquellas carcajadas, pues a pesar del miedo que le producía, su mente le decía que le resultaba familiar... de algún lado... de algún momento... de tal vez... otra realidad.

—¿Amane-kun, qué está ocurriendo? —cuestionó al joven que seguía abrazándola protectoramente.

Nene correspondía fuertemente al gesto de su novio, mientras aquella risotada continuaba resonando por todo el lugar.

El zaino trataba de mantenerse firme, aunque sabía que esa risa no podía significar nada bueno. Tomando el aire necesario y armándose de valor, miró a su alrededor y vociferó.

—¡Ya es suficiente, muéstrate Hanako!... ¡Estás estropeando MI CITA con MI NOVIA!—La risa se detuvo tan pronto como el valiente joven terminó de pronunciar aquellas palabras.

Era la primera vez que escuchaba a Amane tan serio y también era la primera vez que lo escuchaba enfatizar de esa manera el hecho de que ella fuera su novia.

—Como desees, Amane.

Esa voz... de no ser porque todavía se encontraba bastante temerosa y confundida, se hubiera dejado cortar una mano si no era el mismo tono que el de su novio.

Ambos divisaron hacia el lugar de origen de aquellas palabras y retrocedieron al ver como una figura humanoide se acercaba. De alguna manera parecía flotar en vez de caminar y eso sólo hacía que la joven se aterrorizara aún más.

¿Qué tipo de espeluznante ser se encontraba a escasos metros de ellos y por qué sabía el nombre de su novio?

En cuanto aquella cosa se encontraba a una distancia prudente, pudo darse cuenta de que se trataba de un muchacho idéntico a Amane; sin embargo no era Tsukasa, quien era la única persona que ella sabía que albergaba un parecido casi idéntico al del Yugi mayor. La sonrisa ladina que no abandonaba su rostro dejaba al descubierto una dentadura sin afilados caninos y la semejanza de sus iris con una luna menguante no dejaban cabida a dudas; en definitiva se trataba de una copia idéntica de aquel que la sostenía entre brazos; no obstante, unas cuantas diferencias les separaban; aquel joven vestía un uniforme escolar bastante antiguo, considerando que desde hacía ya unas décadas que nadie usaba gakuran, tenía una especie de sello de color blanco en la mejilla izquierda y por si fuera poco su piel era pálida, casi al grado de parecer enfermo... ¿o tal vez muerto?

Amane al ver como se acercaba cada vez más a ellos, colocó a Nene detrás suyo. Parecía como si quisiera protegerla de alguna manera, aún cuando estaba consciente que toda confrontación sólo le llevaría a terminar mal herido o eliminado.

Pero no por ello se rendiría fácilmente, no mientras su novia se encontrara ahí.

—¿Qué haces aquí Hanako?, ¡tú ya no tendrías que venir a este mundo, dijiste que lo odiabas y que...!

—Sí, sí, sí, sé lo que dije; pero, si vine aquí es porqué vi lo que tu mente pervertida quería hacerle a Yashiro. ¿En verdad creíste que no me enteraría?, ¿se te olvidó que tus pensamientos y recuerdos están ligados a mi mente?, ¿no es suficiente con que se tomen de las manos y de vez en cuando se den besos?

—¿En verdad te crees lo que dices?, ¿te recuerdo quién es el causante de que tenga una mente sucia?

—No sé de qué hablas. ¡Yo soy la aparición más inocente y pura que alguna vez ha existido! En cambio tú... ¡En verdad que eres atrevido!, ¿planear una linda cena sólo para tratar de convencer a mi querida asistente de...? —Jugar a la falsa inocencia era una de las habilidades mejor desarrolladas de este ser, y Amane lo sabía.

—¡Lo que yo decida hacer con Nene sólo nos concierne a nosotros dos! Después de todo ella esMI NOVIA. Así que ¿por qué no te largas y nos dejas en paz?, estábamos muy ocupados con asuntos que un niño como tú no entendería nunca... —Interrumpió presurosamente el adolescente.

—¿Niño?, ¡te recuerdo que soy mucho mayor que tú!

—En dado caso eres un anciano virgen.

—¡No lo soy!

—¡Ni siquiera has dado tu primer beso!

—¡Claro que sí!, Yashiro me lo dio.

Nene miraba sin entender nada, no comprendía cómo era que esos dos; su novio y aquel a quien ella podía catalogar como un dopplegänger de su amado, se conocían. Estaba llena de dudas, no podía recordar de donde se habían visto o tan siquiera el nombre del intruso. Aunque parecía como si él sí la conociera.

—¿Amane quién es él?, ¿de dónde lo conoces?, ¿cómo es que me conoce?

Sus preguntas fueron lanzadas; sin embargo ninguno le puso atención, seguían peleando sin sentido alguno, bramando insultos dignos de un niño de tres o cuatro años.

—¡Los besos en la mejilla no cuentan!

—¡Al menos no me la paso pensando en ella por las noches! —El hecho de que su amado novio pensara en ella por las noches le parecía algo romántico, pensaba Nene. ¡Si tan sólo alguien le dijera a qué se refería el impuro espectro!

—No tiene nada de raro que piense en ella, ¡es mía!, además... Tú no eres mejor que yo, entre los recuerdos que usaron para crearme pude ver como era que te la jalabas pensando en Nene también.

—¿A que se refiere con asistente?, ¿por qué le dices anciano si se ve de nuestra edad?, ¿jalar el qué? y... ¿A qué se refiere con que lo besé? —Y nuevamente cada interrogante fue pasada por alto, así que, cansada de esa situación, optó por gritar para llamar su atención—. ¿¡Pueden dejar de pelear y escucharme!? —exclamó enojada, pero ninguno de los dos se veía dispuesto a terminar con esa ridícula pelea.

—¡Eso no es cierto!, ¿acaso no te enseñaron a que no hay que mentir?, además con tu diminuto tamaño Nene nunca va disfrutar nada contigo.

—Ambos la tenemos de mismo tamaño, somos iguales.

—Yo no estaría tan seguro. ¿Se te olvida que fui yo quién pidió al Número Cuatro que te creara?, es obvio que yo estuviera a cargo de moldearte a mi gusto, eso incluye “aquello”, que por cierto es mucho más pequeño que el original —dijo mientras señalaba a su entrepierna de manera casi orgullosa.

—Aún si eso fuera cierto estoy seguro de que haría sentir mejor a Nene de lo que un viejo verde como tú podrá en toda su existencia. No sin mencionar que sigues siendo un virgen y enano.

—¡No soy un enano, me faltaba crecer! Y... no sé de qué hablas cuando tú también eres virgen, ¿has visto cómo se hace tan siquiera?, y no cuenta el porno que se puede ver en internet, si no algo en la vida real. ¡Claro que no!, en cambio yo... —Cambió su tono a uno más serio—. No sabes todas las cosas que alguien puede ver cuando se está atado a un baño de escuela pública. Como esa vez en que un chico de tercero y una maestra suplente...

—¡Queda claro, no tienes porque hablar de eso frente a ella! —Lo interrumpió—. Y no es necesario que tenga experiencia, yo quiero ir aprendiendo con Nene, nos amamos. En cambio a ti no te dejaba ni que la tocaras y ni siquiera eres su tipo, pero a mí sí me da la hora.

—¡No creas que por ser un poco más alto ya eres su tipo!, Yashiro estará mucho mejor en los brazos de alguien que no sólo quiera acostarse con ella para dejar de tocarse por las noches. Si ella estuviera conmigo lo haríamos por amor, ¡no sólo por las urgencias de un adolescente con hormonas alocadas!

—Nunca la besaste ni tampoco le contaste sobre tus sentimientos por ella. ¡La encerraste en este lugar porqué sabes que aunque la salves no vas a poder estar a su lado!, y desde que ella llegó a este lugar yo me he ocupado de amarla genuinamente, ¡no es solo un acostón, lo haríamos por amor también!; además, cuando ella sepa toda la verdad va estar enojada contigo y va venir a buscar consuelo conmigo.

—¡No si primero te convierto en sushi, me pregunto si te seguirá amando si te meto en alga nori!

—¡Dale viejo pervertido, atrévete, no te tengo miedo!

—¡Eres demasiado imbécil para alguien que ni siquiera existe!

—¡Aún sin ser real he hecho más cosas con Nene de las que tú algunas vez harás con ella en tu miserable vida como fantasma!

Nene, ya cansada de que ninguno de los dos le hiciera caso recurrió a su arma secreta. Se acercó a ambos sigilosamente y les pegó un zape a cada uno en la cabeza para que dejaran de discutir.

—¿¡Nene, por qué me golpeas!?

—¡Yashiro, ese golpe fue innecesario!

—¡Ustedes dos, par de idiotas, se callan y van a contestar mis preguntas! ¡Me ignoraron completamente y ahora que tengo su atención quiero que me digan qué diablos está pasando!

—Yashiro, yo te voy a contar todo; pero tienes que venir conmigo —dijo el chico de gakuran acercando su mano a la de ella, sin embargo; otra mano intervino y lo alejó de un manotazo.

—¡Nene no va a ir a ninguna parte contigo, idiota!

—¡No te metas, ella quiere saber la verdad así que se va ir conmigo, estúpido!

—¿Ah sí?, ¡como si yo fuera a dejar a Nene en tus sucias manos!, ¡aléjate de ella, es mía!

Nene puso los ojos en blanco cansada de sentirse ignorada.

Aburrida y harta de esa pelea sin sentido decidió sentarse en una banca cercana, esperando a que en algún momento recordaran que seguía ahí.

El hecho de que aquel muchacho llamado Hanako dijera qué le diría todo le hacía pensar sobre las posibilidades.

Aunque siendo honesta debía de admitir que se sentía inquieta cada que sus miradas chocaban. ¡Se suponía que ella amaba a Amane!, pero este individuo le parecía algo lindo y hacía que su corazón se acelerara con cada palabra que salía de su boca, ¿era normal?, ¿se podría tomar como infidelidad? Mientras ella seguía con su debate interno sobre los límites entre la infidelidad y un simple sentimiento de “admiración”, empezó a sentirse cansada, todo le dio vueltas de momento y cuando menos se lo esperó, su cuerpo cayó al piso inconsciente.


Despertó de a poco; se sentía mareada, su cabeza daba vueltas y trataba de recordar qué había pasado.

En cuanto abrió los ojos completamente se dio cuenta que estaba en un lugar que claramente no era su habitación, y por consiguiente, la cama donde estaba acostada tampoco era la suya. Ni mucho menos el escandaloso camisón de seda color blanco y las medias negras con liguero que llevaba puestas.

¿¡Dónde diablos había quedado su ropa!?

Y aún más importante.

¿¡Quién había cambiado sus prendas!?

En cuanto se sintió un poco más estable, se levantó y comenzó a caminar por la amplia recamara hasta llegar a una hermosa y gran ventana con vista al estrellado cielo nocturno.

Su mirada bajó y se percató de que aquel lugar estaba rodeado de bellísimas camelias rojas. A pesar de la poca luz que la luna llena dejaba caer sobre los pétalos de dichas flores, estaba segura de que la intensidad de su color era casi comparable al de la sangre. Ciertamente aquel sitio sólo era equiparable en cuanto a belleza con aquellos que veía en internet y revistas de moda.

Se alejó de la ventana y continuó caminando hasta toparse con una puerta de cristal. Estaba cubierta por un par de cortinas que en un primer momento no la habían dejado identificar aquel acceso.

Se asomó una vez estuvo lo suficientemente cerca y le vio; aquel muchacho que se identificaba con el nombre de Hanako, observaba plácidamente el cielo. Sin querer interrumpir, salió lentamente hasta encontrarse a una distancia prudente el uno del otro; después de todo, para ella, él seguía siendo un extraño.

—¿Sabías que Espiga es la estrella más brillante de la constelación de Virgo y se encuentra a 260 años luz del sistema solar?

Su pregunta le había caído de sorpresa al igual que el rotundo frío que envolvió su cuerpo en cuanto una ráfaga de aire sopló. Antes de que pudiera tratar de protegerse con los brazos, un pedazo de tela, que posteriormente identificó como una capa, la cubrió. Era de tela oscura y algunos detalles en patrones rojos y dorados. A pesar de no ser pesada, el material era bastante resistente por lo que su cuerpo pudo conservar fácilmente el calor.

—Gracias.

—No hay de que.

—¿Te gustan las estrellas? —De alguna manera eso le hacía recordar a su novio y su casi enfermiza obsesión con el espacio.

—Sí, pero ahora tengo otro tipo de interés —La mirada color ámbar descendió a sus piernas, haciendo que la peliplata de inmediato se sonrojara y mirara a otro lado.

—¿Por qué te pareces tanto a Amane-kun?, ¿de dónde nos conocemos?, ¿dónde estoy? —Regresó su mirada al chico a su lado y pudo darse cuenta de que su mano se extendía lentamente a su rostro.

Por un momento llegó a pensar que le daría un leve golpe como venganza por el zape que le había propinado en el parque; pero, en cuanto sus gélidos dedos tocaron su frente, su mente se sintió liberada.

Imágenes, sonidos, olores, sabores y emociones; todo aquello que sabía que faltaba estaba nuevamente ahí. Lo miró, tenía la misma sonrisa de imbécil que siempre ponía cuando la veía.

—¿Ya me rec...? ¡AH! —Un cabezazo no se hizo esperar—. ¿¡Ya-Yashiro, qué te pasa!?

—¿¡Qué me pasa, en serio me lo estas preguntando tú, idiota!?, ¿¡cómo te atreviste a hacer todo lo que hiciste; mentirme, encerrarme y dejarme sola en ese lugar fuera del mundo real, quien te crees que eres!?, ¡nada justifica todo lo que me hiciste pasar! ¿solo porque estás muerto piensas que sabes todo y que tienes la certeza de todo?, ¡pues no, estás muy equivocado Hanako-kun!, ¡eres un mal amigo!... Yo... confíe en ti y tú hiciste todas esas cosas. Y encima me borraste la memoria porqué no querías que te confrontara, ¿verdad?, ¡eres un grandísimo idiota, ésta no te la voy a perdonar tan fácil, mentiroso! —La velocidad de las palabras de la peliplata era sólo comparable a la velocidad de una ametralladora; sin embargo, en cuanto a grado de destrucción, ciertamente una bala le hubiera hecho un daño mucho menor. Todo su discurso le había perforado el inexistente corazón—. ¡Y toma tu asquerosa capa, no la quiero! —culminó mientras le tiraba el pedazo de tela al rostro.

Salió corriendo de regreso a la habitación, no sin antes cerrar la puerta de un portazo. Estaba tan furiosa con Hanako, que la fuerza del impacto hizo que los vidrios terminaran estrellándose.

Se quedó parada en la esquina de la habitación refunfuñando maldiciones e insultos dedicados especialmente para aquel espectro. De repente, sintió como aquel a quien tanto había insultado la sujetó de las muñecas con fuerza suficiente para dirigirla a la cama y tirarla encima. Sus manos seguían inertes bajo el poderoso agarre de aquella maldita aparición. Se negaba a dirigirle la mirada, sabía que si lo hacía terminaría cediendo a su naturaleza manipuladora. No obstante, de poco sirvió pues una vez que su fantasmagórico acompañante se hartó de esperar que ella lo viera, decidió tomar el rumbo de las cosas por su cuenta. Después de todo, no sería la primera vez que cambiaba el orden natural de los acontecimientos.

Un beso a la fuerza.

Un torpe y bastante resbaloso beso, lleno de emociones, palabras silenciadas y deseo. Así era como Nene Yashiro podía describir su primer beso con Hanako.

—Este es el motivo por el que hice todo eso —confesó mientras la volvía a besar de forma apasionada. Nene forcejeaba y trataba de resistirse al impulso de corresponder y en eso, logró separarse de él.

—¡Yo no te amo, no me beses!, ¡déjame ir, yo quiero regresar con Amane-kun al único que amo es a él!

—¿Segura que quieres regresar con Amane?, yo te voy hacer cosas que él y tú nunca hicieron, cosas que ni en tus libros de romance más apasionado has leído. —La volvió a besar, esta vez de forma desesperada y brusca, no lo había demostrado a simple vista; pero, el hecho de que su querida asistente prefiriera a su versión viva lo ponía en un estado de evidente furia. Con su diestra rodeó el cuello de Nene mientras lo apretaba suavemente y lentamente la fría zurda iba descendiendo hasta llegar a sus muslos para apretarlos con fuerza, haciendo que gimiera sonoramente—. Además, el único lugar donde tienes que estar es conmigo... Sentada sobre mí.

Las pupilas de la chica se achicaron, ¿desde cuando Hanako era tan directo en cuanto a sus deseos?

—¡Ha-Hanako-kun! ¿qué demonios estás dicien...? —La interrogante fue interrumpida ya que el espectro volvió a besarla de forma intensa, más apasionada y mucho más imperiosa. Súbitamente sintió un tirón de cabello brusco, el objetivo de aquel fantasma era evidente; buscaba la manera de hacerla abrir más la boca y así tener acceso ilimitado a su cavidad oral.

Nene estaba totalmente perdida en el mundo de emociones transmitidas a través de ese beso, sentía como si fuera su manera más radical de hacerle entender cada una de las cosas que pasaban por su mente.

El sabor de tantos “te amo” callados, de los “te extraño” enmudecidos y de los “te deseo” apaciguados, era una mezcla que probablemente nunca olvidaría y es que, aunque estuviera enojada con Hanako por todo lo que había hecho hasta ese momento, realmente no podía negar lo mucho que disfrutaba todas aquellas nuevas sensaciones que habían despertado en su cuerpo.

El tacto impaciente del espectro bajó hasta su cadera para apretarla contra su más que vivo miembro. Algo irónico considerando la condición del poseedor de aquello que se ocultaba detrás de la tela del pantalón.

A pesar de lo enojada y asombrada que se encontraba por el movimiento brusco e inexperto de sus manos, no podía negar que se estaba un poco impaciente por descubrir a dónde llegaría toda esa situación. Sin embargo, el recuerdo de su novio sonriendo inocentemente hizo que le mordiera el labio inferior a aquel espectro necesitado de atención en búsqueda de su libertad; acto que resultó, pues el dolor provocado lo hizo separarse inmediatamente.

—¿¡Yashiro, por qué hiciste eso!? —exclamó molesto mientras limpiaba la sangre que había salido de su labio—. ¿Huh?, no sabía que un rábano pudiera morder así de fuerte... Sabes, has sido una muy mala asistente por lo que no me dejas más opción que hacer que vuelvas a respetarme como tu dueño y jefe. A ver si así dejas de rebelarte —dijo mientras se levantaba de encima de ella y procedía a sentarse a su lado, permitiendo que la chica de tobillos anchos ocupara un lugar a su diestra—. Muy bien Yashiro, vas a tener que aprender algunas reglas. En primera; me vas a respetar y a llamar como yo te pida, ¿entendiste?

—¿Y si no quiero?

—Sólo lo vas a hacer peor; pero, si haces caso a todo lo que te diga serás recompensada y si me desobedeces serás castigada, simple, ¿no?

Hanako recobró su posición sobre Nene para empezar a besar y dar leves mordidas a lo largo de su cuello mientras acariciaba suavemente sus caderas. Como si fuera una muñeca de cristal a punto de romperse bajo su tacto. Las caricias hicieron que la peliplata se olvidara de lo que había pasado. Su mente estaba tan fundida en el placer que sentía que sin querer gimió un suave “Amane-kun”, lo que provocó que Hanako parara de repente y mirara muy enojado a su asistente. La de tobillos anchos se paralizó al darse cuenta de su error.

—¿Cómo me llamaste?, ese no es mi nombre. —Sonrió travieso, separándose de ella y sentándose nuevamente en la orilla de la cama. La acercó a él tomándola de uno de sus tobillos y, una vez estuvo a una distancia razonable, la agarró del pelo bruscamente empujándola sobre sus piernas y quedando boca abajo, mientras Hakujoudai sostenía las manos femeninas para que no opusiera resistencia.

—¡Déjame, suéltame; esto no me gusta! —gritó molesta.

—Sabes Nene, tu tono y el hecho de que dijeras otro nombre que no es el mío no es de mi agrado y creo que sabes lo que eso significa, ¿no? —La peliplata sintió un escalofrío recorrer su espalda. Un sentido de alarma se adueñó de cada poro de su piel en cuanto el espectral tacto hizo contacto con su nívea epidermis, eso y el hecho de que la hubiera llamado por primera vez por su nombre causaron un remolino de emociones en su cabeza—.Te toca castigo—dijo divertido, parecía disfrutar el temblor de su cuerpo. Tal vez la sensación de tener el dominio de la situación lo excitaba.

Hanako levantó el camisón de seda blanco y procedió a estirar las ligas que sostenían las oscuras medias que cubrían las piernas femeninas, haciéndolas chocar contra su piel.

El impacto de la liga fue sólo el inicio. De repente, la mano masculina impactó contra el trasero expuesto de la peliplata de forma suave.

—¿Cuál es mi nombre, Ya-shi-ro? —preguntó mientras volvía a azotarla un poco más fuerte. Nene mordía su labio, no pensaba darle el gusto de que escuchara salir de su boca algo tan obsceno—. ¿Qué pasa, Nene?, ¿el fantasma te comió la lengua? —Volvió a propinarle una y otra y otra nalgada por cada vez que ella se negaba a obedecer. En verdad que su asistente era bastante problemática.

Al ver que su estrategia no funcionaba se detuvo. Las posaderas de la joven estaban teñidas por un tono carmesí que fácilmente hubiera competido contra la tonalidad de las camelias que adornaban su territorio. Aunque, probablemente lo que más le gustaba de todo esto era ver la marca casi perfecta de su mano estampada sobre su piel; sin embargo, por más que eso le emocionara de sobremanera no podía mostrarse suave con ella. No cuando sabía que de no haber sido por su intervención en ese momento ella estaría entregándose a aquella versión suya de una vida que nunca podría tener. ¡Maldita la hora en que había pensado que tener un doble de él en ese mundo sería buena idea!

Recordar cada uno de los momentos que Amane y Nene habían pasado juntos sólo aumentaba su molestia.

¿¡Por qué diablos no podía ser él quien tuviera calor que brindarle a quien fuese su primer amor!?

¿Por qué Nene había escogido a Amane de entre todos los chicos de ese mundo falso?

¿A caso si él estuviera vivo, ella le abriría un lugar en su corazón?

Probablemente nunca lo sabría; pero, al menos algo en lo que sí tendría poder de decisión sería en hacerla suya. Nene Yashiro le pertenecería de una u otra manera. Y ni Teru Minamoto, el niño, su compañero de clase Fuji-kun o el estúpido de Amane, podrían hacer algo para evitarlo.

Ella sería suya.

Suya solamente.

Bajándola de su regazo la dejó de rodillas sobre el piso, justo frente a él, mientras Hakujoudai liberaba las muñecas de la joven.

—¿¡Qué vas a hacer ahora!? —interrogó molesta nuevamente.

—Sólo cierra los ojos y abre la boca, si no lo haces volveremos a las nalgadas.

No tenía muchas opciones a decir verdad, por lo que seguir tan sencilla orden no debía ser tan malo, ¿cierto?

Bajó sus párpados y abrió lentamente la boca. Su sentido del oído se agudizó en cuanto escuchó un tintineo frente a ella seguido del sonido de algo al caer al piso.

De repente y sin previo aviso, una mano la tomó del cabello y la obligó a ir hacia adelante. Su rostro se topó entonces con algo que de no haber sido por sus manos probablemente nunca se hubiera imaginado que estaba ahí.

Era de forma cilíndrica con una punta levemente más angosta que el resto del cuerpo, su textura era suave, firme y resbalosa.

Antes de que pudiera decir algo, Hanako aprovechó su boca abierta y procedió a introducir de manera brusca su miembro dentro de aquel tibio y húmedo lugar en la anatomía femenina. Si así se sentía ese agujero, no podía esperar a introducirse dentro de su parte más íntima.

La contraria al sentir la fuerza de las estocadas, trató de separarse pero fue en vano pues la aparición tomó fuertemente su cabellera y la hizo atragantarse con el trozo de carne que asaltaba violentamente su cavidad oral.

—Si no planeas decir mi nombre, entonces espero que al menos recuerdes por siempre el sabor de quien es tu jefe y dueño.

La regañó mientras aumentaba la fuerza de su vaivén. Podía sentirse chocar contra la campanilla, rozar contra los dientes, ser envuelto por la humedad de su lengua. Estaba seguro de que si continuaba así pronto se correría en su boca pues verla tan concentrada en lamer su miembro lo sorprendía. No podía creer que no hubiera puesto más resistencia.

Había esperado tener que abrir sus labios por la fuerza, tal vez incluso temer porque lo mordiera; pero, el simple hecho de que tuviera los ojos cerrados y las mejillas rojas lo excitaba más de lo que ya se encontraba. Era una escena con la que ningún tipo de fotografía o dibujo de sus revistas eróticas podía compararse. Eso, y escuchar sus leves gemidos ahogados lo hacía calentarse de sobremanera.

No había duda alguna, Nene siempre sería la mujer más bella que había conocido. No sólo era hermosa, tierna, dulce y encantadora; sino también, sexy y provocativa.

Las estocadas fueron en aumento, podía sentirse llegar al clímax mucho más rápido de lo que hubiera llegado con sus antiguos métodos. Saber que ella se volvería suya totalmente y que ya no solamente estarían unidos por la escama de un pez feo, le traía paz, felicidad e incluso tal vez un poco de descanso a su torturada alma.

Con esos pensamientos en mente terminó corriéndose en la boca de su linda asistente. El impacto de aquel líquido de consistencia viscosa contra su garganta así como el movimiento del espectral miembro en su boca y su inexperiencia le hacían difícil saber cómo proceder en una situación así, provocando que tragara un poco y el resto cayera en el piso.

La fémina trataba de limpiar lo mejor que podía las comisuras de sus labios en cuanto el gélido miembro salió entre saliva y semen.

—Sabes Nene, lo hiciste tan bien que creo que es hora de una recompensa —elogió el fantasma de sonrisa juguetona.

La cargó como de costumbre para dejarla sobre la cama y repartir besos por su rostro y hombros. Se detuvo súbitamente para verla fijamente por unos segundos y romper el incómodo silencio que había entre los dos.

—Te ves hermosa, Nene —declaró mientras analizaba cada detalle de su rostro. Desde el rubor que teñía sus mejillas, pasando por sus largas pestañas que al momento de parpadear semejaban el batir de las alas de una mariposa, hasta la más que evidente hinchazón en sus labios haciéndolos ver aún más tentadores, como si le suplicaran por más besos—. No sabes cuanto te extrañe. No me gusta verte tan feliz con alguien que no sea yo... —añadió para después lamer de la parte baja de su barbilla un poco del semen que había quedado en su rostro.

No le había desagradado, como esperaba que lo hiciera, el sabor de su propia esencia. Probablemente el dulce de la piel de su asistente era lo que le había hecho degustarlo casi como si se tratara del más delicioso glaseado que alguna vez hubiera probado. Y es que, todo lo que incluía a Nene no podía ser considerado, a sus ojos, como otra cosa que no fuera una exquisitez.

La tomó de la barbilla y junto sus labios. Todo se detuvo en ese breve, pero intenso, momento. Solo eran ellos dos y un dulce beso, sin segundas intenciones ni tampoco manoseos descarados, era su manera de confesar sinceramente su amor. Un amor que no había sido olvidado desde hacía ya poco más de cincuenta años.

Ambos se besaban de manera lenta, suave y tranquila disfrutando de sus respiraciones acompasadas y del dulce sabor de la boca de su amante.

Hanako comenzó a descender, dejando un rastro de besos húmedos por su cuello y hombros, haciendo que largara suaves suspiros de placer. El calor y el erotismo del momento le estaban haciendo aún más difícil contenerse, sabía que faltaba poco para que llegara a su límite si ella continuaba emitiendo semejantes sonidos. Empezó a quitarle el camisón para dejarla en ropa interior.

Un corpiño y bragas de encaje blanco a juego era la nueva vista que lo había dejado mudo. Si haberla visto con en camisón le había provocado cierto cosquilleo en la entrepierna, ahora este juego de lencería, tan inocente como seductor, lo tentaba a ir más allá de lo previsto. Era como si cada detalle en aquellos trozos de tela le rogaran por ser arrancados, rotos y desgarrados para por fin develar aquello que tanto deseaba.

Comenzó a masajear los pechos por encima de la casi transparente tela, pellizcando los pezones y deleitándose con la suavidad de su piel por debajo de sus yemas. Realmente los atributos de Nene habían crecido bastante mientras había estado atrapada en el cuadro de una vida de ensueño.

Podía sentir su cuerpo estremecerse con cada toque; temblaba y se relajaba, gemía y suspiraba, el sonido del latir de su corazón retumbaba en sus oídos, era casi imposible no escucharlo y eso sólo le hacía querer más. Más gemidos, más suspiros, más latidos, más, más y más de ella. Lo quería todo y estaba listo para tomarlo.

Fue bajando lentamente, dejando tras de sí un camino de besos hasta la altura de su cintura, para después morder levemente sus costados, luego volver a subir hasta posicionar sus labios en el medio de sus pechos, y así descender nuevamente para marcar un sendero de chupones que llegaría a escasos centímetros de su monte de Venus. La parte inferior de su ropa interior no le concedía acceso a las demás partes de su anatomía inferior y tampoco era como si quisiera remover aquel trozo de tela aún.

Separó lentamente las piernas femeninas para dejar una marca a las caras internas de sus muslos. Con sus dedos comenzó a jugar por encima de la tela con el pequeño botón de placer, provocando que sus caderas se movieran rítmicamente. Lo pellizcaba, tiraba de él, lo aplastaba y de vez en cuando lo retorcía haciéndola soltar gemidos cada vez más fuertes.

Hizo de lado su ya empapada ropa interior y fue metiendo cautelosamente un dedo en su vagina. Cuidadoso de no dañarla, pues era consciente de que era la primera vez que Nene experimentaba algo así. Sus movimientos eran lentos, podía sentir la suavidad de sus paredes, la humedad y calidez de su ser atraparlo de manera casi posesiva. Aumentando la velocidad de las embestidas de a poco y agregando otro dedo más, el declive de la cordura de la joven peliplata era cada vez más notorio.

Las manos femeninas se aferraban fuertemente a las sábanas, los sonidos de su boca salían naturalmente. Ya no ponía resistencia alguna, sólo dejaba que el placer se apoderase cada vez más de su ser, de su mente y de todo pensamiento ajeno a la situación en la que se encontraba. Pronto, los dedos espectrales comenzaron a salir y entrar erráticamente, la humedad de su intimidad se los permitía. Con su otra mano acariciaba y jugaba con su clítoris haciéndola perderse más rápido, toda razón se desvaneció en cuanto llegó a la cúspide del clímax.

La joven se recuperaba del orgasmo provocado, el ritmo de su respiración era agitado, su mente daba vueltas y cada centímetro de su cuerpo se hallaba sumido en el más placentero sentir; de repente su vista se dirigió a la aparición frente a ella. Hanako aprovechó que el par de irises rojizos le veían fijamente para llevarse los dedos manchados por sus fluidos a la boca, lamiéndolos seductoramente y dedicándole una sonrisa burlona.

—Esta vez sí me pagaste con tu cuerpo, Yashiro —dijo a la par que reía y la miraba divertido.

Nene pensaba en todo lo que había pasado hasta el momento.

Recordó cómo la había dejado encerrada en aquel mundo ficticio, había arruinado su cita con Amane y, sexualmente hablando, había hecho todo lo que quería con ella. Y aún así, a pesar del coraje, de la ira, de la vergüenza y de la confusión, no había forma en que ella lo odiara. También lo había extrañado, ahora entendía el motivo por el cual a veces despertaba de madrugada sintiendo un vacío en el corazón, con lágrimas que cruzaban a lo largo de su semblante y el sentimiento de haber perdido algo importante.

Una parte de ella sabía que anhelaba más que nada en el mundo estar siempre con aquella molesta aparición; pero, en ese mismo momento lo que realmente quería era dejar de ver su típica sonrisita de suficiencia, le molestaba que mientras ella estaba toda roja y apenada, él se mostrara como el ganador de algo que no alcanzaba a comprender.

¡Quería igualdad de condiciones con su jefe!.

—No es justo, Hanako-kun. Todavía estás vestido y yo estoy así —reclamó haciendo un puchero y señalando su más que evidente desnudez. Algo que ella sabía que a aquel espectro le resultaba adorable. Debía ser ilegal que alguien fuera tan lindo.

—Así que Nene quiere verme sin ropa... ¡Que daikon más pervertido! —insinuó escandalizado a la par que estiraba los cachetes de su amada asistente.

—¡No soy una pervertida! —exclamó, liberándose del agarre y dándose la vuelta para no verlo.

—Aunque, sabes Nene... Como has sido muy buena últimamente, y si quieres verme igual que tú, eso se puede solucionar fácilmente.

Hanako comenzó a desabrochar los botones de la parte de arriba de su uniforme. Nene por su parte cubrió sus ojos con las manos, no quería que su sentido de la vista se corrompiese más de lo que ya su mente y cuerpo habían sido corrompidos.

De repente, el sonido de algo caer al suelo atrajo su atención. Se giró presurosa por saber que se traía entre manos aquel pervertido fantasma; sin embargo, al hacerlo sólo logró encontrarse con el torso desnudo de Hanako. No supo en que momento pasó; pero, sin darse cuenta se quedó mirándolo embobada. Debía de admitirlo, realmente se veía muy bien. No necesitaba tener una musculatura marcada, una espalda ancha, o brazos enormes; tampoco era como si fuera un esqueleto, irónico considerando que estaba muerto. Su piel era muy blanca y podía ver algunos lunares, parecían estrellas regadas en el firmamento. Estaba segura de que de haber tenido tiempo hubiera podido encontrar alguna constelación, después de todo, Amane le había enseñado mucho sobre astronomía.

Amane...

—¿Te gusta lo que ves? —cuestionó el ser de orbes ambarinos.

—¡En absoluto!, sabes que no eres mi tipo.

—¿Ah sí?, ¿entonces por qué estabas con Amane?

—Amane y tú son distintos. Él es un caballero, siempre me trata bien y nunca me ha hecho burla por mis tobillos.

—¿Él?, ¿un caballero?, ¿sabes todo lo que ese “caballero” hace por las noches mientras está pensando en ti? —cuestionó burlonamente mientras agitaba su mano de arriba a abajo.

Nene, sin embargo, no terminaba de comprender.

¿Podría alguien en verdad explicarle el significado detrás de semejante acción?

Ciertamente Hanako no estaba dispuesto a hacerlo, sabía que a pesar de haber corrompido hasta cierto grado a su asistente, ella seguiría siendo la misma criatura inocente y pura. No importaba cuantas veces le hiciera el amor, cuantas veces le hiciera un oral o se corriera.

Ella simplemente no cambiaría.

—Olvídalo, mejor sigamos con lo que estábamos haciendo.

—Primero quiero saber, ¿por qué?

—¿Por qué?, ¿a qué te refieres?

—¿Por qué me dejaste en esa pintura?, ¿acaso no eras mi amigo?, ¿hice algo mal? —Los ojos rubí se cristalizaron. Le había dolido de sobremanera la ausencia de aquel estúpido y necio ser sobrenatural.

—Te lo dije hace unos momentos, ¿no recuerdas? Además, ¿desde cuándo los amigos se besan?

—Sólo me besaste... ¡Y no!, ¡claro que los amigos no se besan!

—Yashiro, no hagas esto más complicado. Entonces tú y yo somos más que amigos ahora ¿no crees?

—Pero quiero saber, necesito saberlo, ¡merezco una explicación a tus egoístas acciones! —exclamó la peliplata ignorando la última interrogante.

—Yashiro, yo... yo te necesito conmigo. Me gustas... mucho.

—Esa no es razón suficiente para que yo te perdone... Además, estoy saliendo con Amane-kun, y estas cosas solo quiero hacerlas con él porqué es mi novio y lo amo —dijo en una respuesta con verdades a medias.

Hanako sintió como la inexistente sangre que corría por sus venas empezaba a hervir. Probablemente, de haber estado vivo, sus arterias hubieran estallado debido a la presión de la temperatura.

Un vacío se hizo presente en su estómago, parecido a la sensación que tal vez le causaría el tener un agujero negro dentro de sus fantasmales vísceras; devorando todo a su paso, consumiéndolo en la más profunda oscuridad para finalmente dejarlo solo con nada más y nada menos que un montón de sueños frustrados, ilusiones tontas e imágenes mentales que nunca se volverían realidad. Y todo porqué él nunca podría volver a la vida.

Pero... al menos ahí, en ese momento, en ese sitio que era su propio territorio, un lugar donde solamente él tenía total control, quería sentirse vivo. Anhelaba sentirse correspondido, deseaba escuchar palabras de amor dirigidas a él por parte de la joven que lo miraba atenta.

No quería pena, lástima o tristeza. Lo que él verdaderamente buscaba era sentirse amado.

¡Así que al diablo!

Si ella no se lo daría por voluntad propia, tendría que arrancar aquellas palabras de su pecho, devoraría sus labios hasta que no pudieran exclamar más que su nombre y promesas de amor y deseo, forzaría sus sentidos a no anhelar nada más que no fuera su tacto, su aroma, su voz y su sabor, grabaría en ella cada parte de su cuerpo y la reclamaría como suya.

El sentido de alerta de la joven peliplata se activó en cuanto notó la mirada de aquel ser de ultratumba recorrer su anatomía de una manera voraz.

Ella era la presa y él su depredador.

Antes de que pudiera siquiera moverse o emitir sonido alguno, pudo sentir una gélida mano tomarla por la cintura para darle un beso y posteriormente sostener sus muñecas con la fuerza suficiente para inmovilizarla pero sin lastimarla. La miraba y ella a él.

Una visión extraña, pues hacía mucho que no lo veía así. Para ser exactos no lo veía así desde la primera vez que se toparon con Tsukasa.

Tan desolado, triste, furioso, frustrado...

La lista podría seguir y seguir, llenándose de adjetivos; pero, tal vez la palabra que más se acomodaba a describirlo en ese momento era; humano.

—Dime Yashiro, ¿por qué a pesar de estar solo conmigo en este momento te empeñas en recordar a Amane?, ¿por qué siempre hablabas de otros, suspirabas por otros y deseabas que otros te amaran?, ¿para qué si ya me tienes a mí?, ¿por qué jamás te fijaste en mi? ¿qué es lo que ellos tienen para ofrecerte que yo no? —cuestionó con evidente dolor—. ¡Ellos nunca te van a amar ni la mitad de lo que yo lo hago!... Y si tengo que forzarte a que solo me mires a mi, me beses a mi y solo me ames a mi, lo voy hacer. ¡Porqué tú solo eres mía!

Hanako volvió a besar a Nene de forma desesperada, separándose lentamente para dejarla respirar y recobrar el aliento en cuanto lo consideró prudente. Con ayuda de Hakujoudai las manos femeninas fueron sujetadas de la misma manera en que él la tenía agarrada mientras tapaba la boca de la joven con una mano. Al menos en ese momento no quería escuchar lo mucho que le disgustaba

La espectral boca bajó hasta su cuello trazando un sendero de besos, lamidas y mordidas para complementar al juego de marcas que había dejado previamente en su abdomen.

Con su otra mano recorría el suave y curvilíneo cuerpo femenino de forma lasciva y presurosa. Acariciando sus pechos, apretando sus muslos, atrayendo su cintura hacía su cuerpo, transitando cada centímetro de su piel.

Nene por instinto trató de cerrar sus piernas para que Hanako no tuviera acceso a ella; pero, en vez de lograr su cometido, provocó el roce del miembro semidespierto de la condenada aparición contra su parte íntima, causando que el varón soltara un jadeo.

Sin ser totalmente consciente, Yashiro comenzó a excitarse gracias a las caricias y roces del séptimo misterio; sin embargo, la sensación de que se trataba de algo indebido era cada vez más constante. No importaba que el Amane del mundo donde había sido encerrada no fuera real; igual era su novio y no podía engañarlo de esa manera.

Luchaba contra la ganas de gemir, batallaba contra su deseo por sentirlo más cerca, se negaba a aceptar que semejante trato la hiciera mojarse y no fue hasta que él presionó fuertemente su cada vez más avivada virilidad contra su entrada que terminó por perder la batalla soltando un más que audible gemido contra su mano.

Hanako aprovechó para clavar su mirada en Nene y admirarla. Aún con ojos llorosos le parecía la joven más hermosa que alguna vez había visto en sus 50 años de muerto. No obstante, cayó en cuenta de que la estaba obligando a reaccionar de maneras en que tal vez ella no hubiera hecho de haber estado en otra situación. Sintiéndose mal, se separó de ella mientras que Hakujoudai liberaba sus extremidades superiores. Volteó a otro lado, no podía mirarla, no después de lo que había hecho hasta el momento.

¿En qué pensaba?

Se había dejado cegar por los celos, por la frustración y la ira. Y Nene no era culpable de nada como para pagar por algo que sólo a él le molestaba.

A final de cuentas los dos eran nada más y nada menos que jefe y asistente, unidos por una escama de sirena y si bien le iba, ella aceptaría seguir siendo su amiga. Aunque después de todo lo ocurrido, él lo dudaba.

Se merecía su desprecio, su asco, su odio inclusive. Esperaba que le gritara, que huyera, que lo abandonara y lo dejara entre esas cuatro paredes con el pensamiento siendo carcomido por teorías y fantasías sobre tiempos mejores y una vida a su lado.

Tal vez cuando su crimen fuera perdonado podría pedirle a Dios nacer en la misma época que ella y hacer las cosas bien.

Entonces podría llevarla a citas, la cortejaría de la misma manera en que ella soñaba ser cortejada, le dedicaría las más hermosas palabras de amor, tomaría su mano y nunca la dejaría ir.

Pero, incluso con todo eso en mente, ¿qué le hacía pensar que ella aceptaría estar con él? Era evidente que nunca sería su tipo, le faltaba estatura, gallardía, porte y un rostro como el de los chicos en las revistas que ella siempre compraba.

El sonido de un sollozo escapar de los labios masculinos hizo que Nene dirigiera su mirada hacia él.

De repente no era Hanako, ni el séptimo misterio o la copia casi exacta del original. Sino aquel indefenso pequeño que conoció en el festival de Tanabata. Aquel niño lleno de sueños, amable, dulce y que con una sonrisa ocultaba su soledad.

Nene se le acercó lentamente mientras posaba una mano en su oscuro cabello y lo acariciaba suavemente para consolarlo. No le gustaba verlo así por más que las cosas entre ellos estuvieran tensas. Sabía que Hanako no la lastimaría jamás a propósito.

—Hanako-kun, ¿qué sucede?

¿Por qué lo acariciaba de esa forma y se preocupaba por él cuando la había tratado tan mal?

¿Por qué siempre era tan indulgente con una aparición como él?

Su preocupación lo hizo sentirse peor. Esperaba su rechazo, que le gritara cualquier cosa, que lo golpeara o echara en cara todo el daño que le había hecho. Podía esperar de todo, menos este gesto compasivo. Pero Nene siempre lograba sorprenderlo.

Pronto sucumbió a las caricias, a la suavidad y calor de su tacto entre las hebras oscuras de su melena y se permitió permanecer por un momento ahí, disfrutando de nada más que no fuera el roce de sus dedos por encima de su cuero cabelludo.

—Sabes Hanako-kun, no me molesta lo que hemos hecho hasta ahora... Pero me gustaría que fuéramos un poco más lento. Es la primera vez que hago cosas como estás y la idea de que sea contigo no me desagrada, me haces sentir muy bien, es sólo que tengo miedo y un poco de nervios...

Percatándose de las evidentes dudas en la faz del contrario, Nene decidió tomar las riendas de la situación, besándolo lentamente mientras acariciaba su rostro; sin embargo, seguía tenso. Podía percibir el miedo y asombro por debajo de ella gracias a las vibraciones de su traslucido ser.

En un nuevo intento por hacerle recuperar la confianza perdida, colocó las manos de este sobre su cintura, acto que el varón no pudo continuar resistiendo y terminó por acariciar suavemente cada centímetro de su abdomen. El recorrido de las frías yemas arrancaban el aire de los pulmones de la chica de tobillos anchos por lo que ambos se separaron un poco para recobrar aire.

—¿Estás segura de que quieres continuar con esto? Si no es así... detenme cuando algo no te guste. Quiero hacer bien las cosas, que ambos disfrutemos; ¡te amo Nene!, perdón por tardar tanto en decirlo

—Yo también te amo Hanako-kun... Y claro que quiero hacer esto. Prometo decirte si algo no me gusta. Así que sigamos adelante.

Volvieron a besarse de forma lenta y dulce.

Cariño, devoción, melancolía, el deseo de no volver a estar solos y un amor que había permanecido oculto en sus corazones desde hacía ya bastante tiempo, eran los ingredientes principales de aquella receta que indicaba los pasos a seguir para llegar al principal objetivo del momento.

Poco a poco la danza bucal fue en aumento, convirtiéndose en una batalla para ver quien dominaba en la boca del otro. Aunque era un hecho que Hanako iba ganando la dulce guerra.

El fantasma dejó de besarla y procedió a concentrarse en su cuello mientras acariciaba suavemente su cadera. Sentía que algo faltaba pero no lograba entender el que, hasta que claro, sus manos se toparon con las medias que la joven llevaba puestas.

Una idea sucia pasó por su mente, en definitiva aquella prenda debía desaparecer.

—Yashiro, ¿podrías levantarte?, quiero verte.

Algo sonrojada, Nene se paró mostrando la linda lencería que todavía llevaba encima. Sin embargo, las prendas restantes estaban acompañadas por esas condenadas medias que le impedían a Hanako ver y sentir sus maravillosas piernas.

A él le gustaban y ella las detestaba.

Fue entonces que pudo admirar todo lo que había hecho con su cuerpo. Cada marca ya fuera de sus dedos o su boca sobre la delicada y blanca piel de su primer y único amor. De alguna manera su orgullo, al igual que otras cosas, se hinchaba con sólo ver el fruto de su arduo trabajo.

Pero no era suficiente, necesitaba más y más de ella. Necesitaba consumirla totalmente y dejarse consumir por ella. No pondría resistencia alguna.

Llevó una mano a sus medias y empezó a deslizarla suavemente por sus piernas, de arriba a abajo, sintiendo la textura de la tela, percibiendo el leve temblor de su cuerpo con cada acción de sus dedos. Trazaba círculos y espirales, escribía su nombre, dibujaba corazones y estrellas. El calor que su cuerpo emanaba se iba convirtiendo en su adicción, se preguntaba que tan cálido podía ser su interior. Tenía ganas de saberlo de una vez por todas.

Acercó su boca al elástico de las medias para morderlo y retirarlo, necesitaba liberar a sus extremidades inferiores de aquella cárcel.

Una vez ya no hubo mayor barrera entre su ansioso tacto y las piernas que tanto amaba, se dispuso a hacer lo que ya llevaba un rato queriendo hacer.

Lamer y morder al par de lindos tobillos gruesos.

Nene lo miraba encantada. El que se detuviera en sus horribles tobillos y los mimara de una forma tan erótica, de una manera que prácticamente la tenía en el séptimo cielo...

Curioso considerando que él también era el séptimo.

—Yashiro en verdad amo tus tobillos. Son tan lindos y sensuales... Además de ser únicos porqué, al igual que ellos, tú también eres realmente única.

Los mimos la habían dejado sin habla, toda palabra que pretendía salir de sus labios era callada por el recuerdo de sus dedos y del repentino roce de sus labios, yendo de arriba a abajo, lamiendo desde sus rodillas hasta la punta de sus pies.

¿En verdad a alguien podían llegar a gustarle tanto aquel par de tobillos exageradamente anchos? Al parecer sí, y ese alguien era nadie más y nadie menos que el fantasma que había conocido dentro del baño del tercer piso de su escuela.

Ambos se miraron de manera tan intensa que podían sentir sus almas arder en la más pura pasión, cada sentimiento de amor y deseos reprimidos brotaba de sus ojos como una cascada sin final.

Volvieron a besarse de forma desesperada mientras las manos de ambos recorrían el cuerpo del contrario en dulces y necesitadas caricias, que de a poco fueron volviéndose más agresivas; Hanako le apretaba los pechos y tiraba de sus pezones, expectante a los gemidos de placer que ella no tardaba en largar, sonreía de forma traviesa con cada sonido que salía de su garganta. Podía acostumbrarse a eso, a verla así, tan delicada, indefensa y necesitada de su tacto, realmente le encantaba verla retorcerse de placer.

Nene, algo molesta por la sonrisa de suficiencia que Hanako le dedicaba, fue moviendo su mano por su cuerpo, buscaba un punto estratégico que le diera la ventaja. Lo admiraba mientras recorría incesante su anatomía. Era la primera vez que lo veía sin uniforme. Bueno, a decir verdad era la primera vez que disfrutaba de la vista de un cuerpo masculino desnudo “en vivo” y a todo color. Su piel era suave, fría y bella, no sabía si se debía a su espectral brillo o a la luz de la luna, que se asomaba tímida entre las ventanas, lo que le daba ese tipo de resplandor único.

Siguiendo con el recorrido de sus manos a través del cuerpo contrario, bajó hasta toparse con su miembro. Estaba duro y de una u otra forma incluso le parecía como si emanara calor. Motivada por la curiosidad, lo acarició de forma lenta, ganándose suaves gemidos de placer por parte del fantasma que se encontraba bastante sorprendido por su iniciativa.

Las manos de Nene rodearon el eje de su pene mientras aumentaba la velocidad y de la nada paraba volviéndola lenta de nuevo. El cambio en su ritmo le hacía difícil aguantar, largaba gemidos roncos a causa de todas y cada una de las nuevas y deliciosas sensaciones que su suave tacto le otorgaban. ¡Jamás sería capaz de recurrir a sus propias manos de nuevo! Siempre esperaría por aquellas manos que lo acariciaban y recorrían con picardía y ternura.

Pero no podía terminar aún. No quería, todavía faltaba llegar verdaderamente a la cereza de su pastel.

—Basta, es suficiente... Si sigues haciendo eso no vamos a poder llegar a la mejor parte —dijo entre gemidos. Hanako separó las piernas de Nene y se acomodó encima de ella mientras frotaba su miembro en su ya más que dilatada y mojada entrada—. Puede que te duela un poco, pero vamos despacio hasta que te vayas acostumbrando. Si sientes que es demasiado dilo y me detendré, no quisiera dañarte; lo sabes, ¿cierto?

Nene afirmó con la cabeza, se encontraba demasiado nerviosa como para hablar. Se sentía insegura y ansiosa, era como todas aquellas veces en el doctor cuando la vacunaban. Sabía lo que pasaría, y aún así no podía dejar de imaginar todas y cada una de las posibilidades.

Hanako, al darse cuenta de su nerviosismo, la besó suavemente mientras tomaba una de su manos y la enlazaba con la de él para después besar cada uno de sus nudillos. Trataba de relajarla y hacerla sentir segura, tal y como él se sentía entre sus brazos.

Con su otra mano hizo de lado la ropa interior femenina y sostuvo su miembro para abrirse camino, y, una vez estuvo a tan sólo unos milímetros de la entrada al paraíso la miró. Quería estar seguro de que ella siguiera segura de tomar esa decisión a sabiendas que se trataba de él.

Para su alivio, la joven de mirada rubí le sonrió, indicándole que podía proceder.

Entró lentamente, su interior era húmedo y caliente. Podía sentir sus paredes acostumbrarse a la presencia de su pene en aquel lugar que hasta ese momento se había mantenido casto. Lo apretaban, resbalaban contra si, le abrazaban y consumían. No podía dejar de pensar en lo afortunado que era por poder disfrutar de ella de esta manera. Necesitaba más, mucho más, quería llegar hasta lo más profundo de aquel misterioso sitio, así que, de una estocada algo fuerte terminó de entrar completamente en Yashiro.

Nene por su lado soltó un grito que fue silenciado por un tierno beso, una sensación de presión en su vientre la hacía sentirse incómoda, pero no lo suficiente como para considerarlo un problema. La había tomado por sorpresa, aun cuando lo esperaba totalmente; y aún así, al mismo tiempo de estar sumida en el placer físico, una ola de satisfacción emocional la inundó. Se sentía finalmente unida a aquella entidad con la que ahora no sólo compartía un vínculo gracias a la escama de una sirena, si no uno que iba más allá de lo que los sobrenaturales y humanos pudieran comprender.

Pasaron unos segundos en los que permanecieron quietos. Nene lloraba, no sólo por las sensaciones, si no también por la felicidad que le causaba saberse suya. Hanako besaba su rostro, le susurraba palabras de amor y cariño en búsqueda del consuelo para detener aquellos riachuelos que bajaban presurosamente por sus sonrojadas mejillas, limpiaba todo rastro dejado por la solución salina que seguía brotando cada vez menos de aquellos ojos que tanto adoraba.

De repente, la joven movió su cadera, atrayendo el cuerpo fantasmal más hacía ella, indicándole que podía continuar.

Y él, ni lento ni perezoso comenzó con un suave vaivén, saliendo no del todo para después, y casi de inmediato, volverse a meter. Siguió moviéndose de dentro hacia afuera, marcando un ritmo que con el paso del tiempo sólo logró convertirse en algo muy lento, por no decir demasiado tortuoso, pero no era que lo hiciera adrede, necesitaba recorrer y grabar en su memoria la sensación de aquel húmedo lugar.

El agarre de la joven bajo él por sobre sus hombros se hizo más fuerte y su rostro denotaba una más que evidente ansiedad, estaba claro que ella le demandaba, entre gemidos y arañazos, que se moviera más rápido. Y siendo honestos, tampoco era como si quisiera ir contra los deseos de su amada, al menos no por ahora.

Así que empezó a ir más rápido, obteniendo suspiros mucho más fuertes por parte de la boca que tanto lo incitaba a besarla y apaciguar todo el calor que se desbordaba dentro suyo. Se sentía tan bien, sus paredes lo apretaban de una forma casi agobiante, el continuo rebote de sus pechos cada vez que la penetraba se le estaba volviendo una adicción, el sonido de sus gemidos eran música para sus oídos y la humedad de su entrepierna era sin lugar a dudas lo que lo estaba terminando por enloquecer.

Nene estaba más que encantada con todo lo que Hanako la hacía disfrutar, aunque de alguna manera le daban ganas de también marcar su propio ritmo, de saber cómo se sentiría si era ella la que descendía y ascendía a lo largo de su miembro. Sentía la necesidad de tener un poco de control sobre el fantasma al que tanto amaba.

—¡Ah!, Hanako-kun... déjame ir arriba tuyo— pidió entre gemidos mientras el espectro no paraba de penetrarla.

—No quiero dejarte ir arriba, este es tu castigo por hacer cosas sucias con Amane —respondió algo molesto. Lo ponía mal recordar que aquel clon había disfrutado del cuerpo y labios de su adorada asistente durante tanto tiempo.

—¡No es justo, yo no hice nada sucio con Amane-kun!, ¡déjame ir arriba!

—¿Ah no?, ¿y la vez en que fingió estar enfermo para que fueras a verlo a la enfermería y terminaron sudando bajo las sábanas de la cama?, ¿o en esa salida al cine donde no hacía más que acariciar tu pierna?... Aunque creo que la gota que derramó el vaso fue cuando tuvieron que quedarse en tu casa para “estudiar por el examen de ciencias”, estabas a punto de entregarte a él... —Su ritmo nuevamente se hizo lento, casi como si sus acciones reflejaran su sentir—. ¡Dejaste que besara tu cuello, que jugara con tus pechos, que metiera sus dedos aquí, justo donde yo estoy ahora mismo metido, dejó marcas en todo tu cuerpo y de no haber sido porque tus padres llegaron hubieras hecho cosas mucho más sucias! —estalló en un arranque de ira contenida, a cada reclamo le seguía una estocada más fuerte que la anterior, era casi como si quisiera fundirse en su cuerpo, como si buscara recordarle quien era el que estaba entre sus piernas en ese momento.

—¡Ah!, ¡Hanako-kun! —Eso era lo que el espectro deseaba escuchar.

—Si tanto quieres ir arriba, vas a tener que hacer y decir lo que yo te ordene —dijo mientras sonreía de forma maliciosa—. ¿Trato?— preguntó antes de hacer sonar su piel más fuerte.

—¡Sí, sí Hanako-kun!

—Buena chica.

El espectral ser la tomó por la cintura y se hundió aún más en ella, para después dar una vuelta y terminar en posiciones invertidas.

—Comienza por masturbarte mientras te sigo penetrando.

—Pe-pero... ¡eso es muy vergonzoso, Hanako-kun!

—¿Quieres regresar abajo?

—No...

—Entonces ya sabes que hacer.

Cumpliendo con sus órdenes y sin demorar bastante, empezó a marcar un ritmo que si bien era ligero y algo torpe, le dio los primeros indicios sobre como tenía que actuar.

Poco a poco ascendía y descendía a lo largo de aquella extensión que la mantenía unida al fantasmal cuerpo. Sin duda alguna el que en esos momentos la diferencia de temperatura fuera abismal le servía para no sucumbir al calor de su organismo, la refrescaba y proveía de paulatinos escalofríos a lo largo y ancho de su cuerpo. Era como si salpicaran su espalda con agua fría en un caluroso día de verano, o como si se metiera a una tina de líquido gélido después de un día completo bajo el sol. Era delicioso, pero también le recordaba que al menos en la vida real, jamás podrían estar juntos.

—Yashiro, no estás haciendo lo que te dije.— Le recordó aquel bajo de ella—. ¿Quieres volver abajo?

—N-no, sólo estaba acostumbrándome a ir arriba.

—Bien, entonces comienza por tocar tu clítoris y masajear tus pechos.

La peliplata estaba atónita ante las demandas del exigente fantasma, no le conocía un lado tan directo; pero de alguna manera le gustaba y excitaba.

Con algo de timidez, bajó su diestra hasta llegar al cúmulo de nervios que se encontraba hinchado entre sus muslos, le bastaba con apenas rozarlo para sentir como una oleada de calor inundaba su bajo vientre. Mientras tanto, con la otra mano acariciaba uno de sus pechos, tratando de imitar la manera en que Hanako había hecho con ella previamente.

Lo palpaba, tomaba el erecto pezón entre sus dedos y jugaba torpemente con él, no sabía bien cómo encontrar el placer carnal a través de medios propios y ciertamente en ese momento hubiera deseado hacerlo. Le parecía injusto de su parte que el espectral ser supiera cómo estimular cada parte de su cuerpo mientras ella probablemente no lograba ofrecerle el erótico espectáculo que merecía.

—Me gusta que seas tan inocente, Ya-shi-ro—comentó el fantasma—. Así podrás perder toda inocencia conmigo; después de todo, eres mía.

Tomó sus manos entre las de él y le mostró la manera en que debía de hacer las cosas.

Dirigiendo sus dedos hasta aquel húmedo lugar donde ambas intimidades se unían, inició por acariciar el monte de Venus, sin importar cuan erizada se tornara la sensible piel de Nene, un poco más abajo se encontraba escondido aquel botón de placer que sabía que bastaba con que presionara para sacar de sus carnosos labios el canto de amor más hipnotizante que sus oídos pudieran registrar.

Así que, con la mano de la joven entrelazada con la suya decidió hacerlo.

Mimándolo en círculos suaves primero mientras escuchaba las súplicas por hacerlo más rápido ahogadas en su garganta, se detuvo para casi de inmediato presionar y aprisionar aquel pimpollo entre los gráciles dedos femeninos, lo retorció un poco de un lado a otro haciendo que los gritos de locura carnal emergieran de sus incitantes labios. Sin darse cuenta, Nene había empezado a masturbarse casi de manera automática, jugaba con el nivel de presión y con la dirección a la cual dirigir su sensible campanita.

Con su otra mano, se dirigió hacia sus pechos. Aprisionó al que tenía más cerca y lo apretó con las delicadas manos entre las de él. Podía sentir la tersa piel bajo su tacto erizarse, sus pezones se endurecían con cada movimiento, con cada pellizco una mezcla entre placer y dolor se fundía y liberaba sobre su epidermis; su hipnotizante canto gutural le indicaba lo mucho que disfrutaba con el trato que le daba a sus senos. Se sentía orgulloso de su obra, de como en su piel se reflejaba cada momento de pasión que habían vivido hasta el momento, de sentir como sus paredes lo apretaban más y más en cada alarido, de como su entrepierna se mojaba y deslizaba con mayor facilidad conforme pasaban los segundos.

Al final lo había logrado, no de la manera en como decía su libro de vida; pero, se había convertido en el maestro personal de la única estudiante que le interesaba en Kamome. Y estaba más que dispuesto a seguir enseñándole como disfrutar del manoseo descarado y de todo lo correspondiente a la materia del amor.

Hanako observaba maravillado el espectáculo que el cuerpo femenino le ofrecía. Se veía tan linda, tan plena y tan sensual. Con sus preciosas mejillas sonrojadas, sus finos cabellos pegados por el sudor a su rostro, teniéndola encima suyo mientras frotaba incesantemente su clítoris y masajeaba sus pechos con aquel movimiento casi desesperado de arriba abajo que le hacía gemir y soltar suspiros en un más que seductor tono. No había duda alguna, Nene Yashiro realmente era la encarnación de la diosa de todo aquello prohibido y cautivador. Y ahora, era toda suya.

No podía con más espera, deseaba tanto terminar de una buena vez, de liberar todo aquello que llevaba guardado desde hacía más de cincuenta años, desde la primera vez que la conoció en aquel festival de Tanabata; así que, agarrándola fuerte de las caderas marcó un ritmo más violento que a ambos le pareció mucho más placentero. Sus pieles chocaban y el sonido retumbaba a lo largo y ancho de aquel lugar, el sentir de su redondo y firme trasero contra su pelvis era algo que en definitiva nunca olvidaría, necesitaba más de ello, mucho más. Afianzándose de sus glúteos podía sentir el rebotar de los mismos en cada estocada; sin embargo, una idea cruzó por su mente y de la nada detuvo su movimiento, haciendo que Nene largara un suspiro molesto por el repentino cese.

—¡Hanako-kun!, ¿¡por qué paras!? ¡Realmente me gustaba!

—Si quieres que siga, di que eres mía... Convénceme de continuar —dijo mientras pasaba un mechón de cabello por detrás de su oreja, deteniendo su mano sobre la sonrojada mejilla para acariciarla.

Nene no entendía mucho sobre los motivos del fantasma para pedirle algo que era más que evidente en ese punto del momento. ¿Tal vez le gustaba que le dijera y reafirmara que era suya? A lo mejor su lado más celoso lo obligaba a marcar la posesión sobre ella en forma de afirmaciones orales.

Sea como fuera, ella estaba encantada con la idea. El sentirse reclamada por nadie más y nadie menos que él, hacía que en su interior algo más allá de unas simples mariposas explotara.

—¡Soy tuya Hanako-kun, te deseo y te amo! —exclamó.

Hanako, motivado por aquellas palabras volvió a tomarla de las caderas para penetrarla con un ritmo mucho más fuerte y errático. Cuanto deseaba llegar hasta lo más profundo de su ser, marcar cada centímetro de su interior como suyo y sobre todo recordarle constantemente a quien le pertenecía.

Nene sentía que su cuerpo poco a poco se elevaba; entre gemidos confesaba cuanto le gustaba, cuánto adoraba y deseaba cada movimiento dentro suyo. Pedía y rogaba por más, necesitaba más, mucho más de aquella condenada aparición que poco a poco la estaba enloqueciendo. De repente, en un momento de placer casi bestial su cerebro se desconectó de la parte más lógica y racional de todo ser humano, haciendo que exclamara en evidente éxtasis algo que heló y dejó totalmente atónito al séptimo misterio.

—¡Hanako-kun, deseo quedar embarazada de ti y tener muchos hijos contigo!

Hanako paró dos segundos para mirarla fijamente. Esa dulce frase que había añorado con escuchar por tanto tiempo casi le hacía acabar antes de lo previsto. ¿En qué momento una simple declaración de amor se había vuelto el mensaje más erótico que hubiera escuchado en toda su existencia? Estaba en problemas, podía sentirse llegar cada vez más cerca del orgasmo por lo que antes de que ocurriera cambió de posiciones con ella, dejándola boca abajo mientras se acomodaba entre sus piernas por detrás. Agarró su trasero y separando ambas mejillas con fuerza volvió a internarse entre sus más que húmedas paredes y la joven gritó sorprendida. La brusquedad con la que la trataba era algo que no sólo le causaba enorme placer, si no también la emocionaba de sobremanera. A lo mejor nunca había sido consciente de lo mucho que le excitaba ese tipo de trato. Uno en el que él tuviera completo dominio sobre ella.

Tenerla en cuatro era lo mejor, podía observar desde donde se encontraba la forma en como las curvas de su cuerpo se evidenciaban mucho más, la manera en que su trasero se asemejaba a un corazón pegado contra su pelvis. Era una vista que quedaría grabada en su memoria al menos por otros cincuenta años. Se acercó hasta su oreja izquierda y le susurró de forma lenta y con voz ronca.

—Nene, me temo que no puedo cumplir tu deseo por ahora; pero, mientras tanto puedo terminar todas las veces que quieras dentro tuyo y llenarte con mi esencia.

La fantasmal declaración le había dejado congelada, era cierto que la idea de sentir su corrida dentro la hacía temblar en evidente ansiedad, lo deseaba más que nada. Además, él ya estaba muerto, era imposible que algo naciera de entre la unión de su esperma y su óvulo.

¡Así que al diablo!

Lo que ella quería en ese momento era sentirse llena de él, en todos y cada uno de los sentidos.

Mientras tanto, su vaivén se volvía cada vez más constante y violento, recorría incesantemente cada recoveco de su interior, podía sentirlo chocar contra su cérvix, desplazarse a lo largo de su vagina, la manera en cómo los músculos que envolvían su miembro se tensaban en cada movimiento y la frialdad del mismo que le ayudaba a controlar la hinchazón de su intimidad.

En esta pose podía sentirse más adentro de Nene, lograba golpear partes a las cuales no llegaba antes y esto no sólo él lo percibía, los gritos ahogados entre besos de la fémina eran la prueba fehaciente.

La fricción ejercida entre sus pezones y el material de la colcha, añadía un extra en cuanto a su nivel de excitación, era capaz de sentir como algo dentro de ella se iba formando con cada estocada. Era cálido, algo que la obligaba a gemir más fuerte, una sensación que la hacía abrir más las piernas en busca de un contacto aún más profundo de lo que ya era.

Entre tanto, Hanako escuchaba los sonoros gemidos que soltaba su linda daikon. Se deleitaba con la vista de la hermosa espalda de tonalidad lechosa. Irónico que en poco tiempo no sólo su piel fuera de ese color, si no también su interior.

Ensimismado por la ola de sensaciones que recorrían su cuerpo, decidió tirarle del cabello, obligando a la joven a separarse de la cómoda superficie y terminar lo suficientemente elevada como para que el espectro fuera capaz de pasar su lengua por su espalda, deteniéndose cerca de sus hombros para morderla y dejar aún más marcas sobre su epidermis. Sin duda alguna tendría que buscar la manera de ocultar cada señal de su amor.

Siguió moviéndose de forma desenfrenada, apretaba fuertemente sus dedos sobre las caderas femeninas, dejando evidencia de su tacto en forma de huellas rojizas. La atraía más hacia su pelvis, tanto como sus glúteos se lo permitieran, la forma en cómo chocaban contra si era adictiva por no mencionar que el sonido lo excitaba mucho más.

Una de sus manos alcanzó uno de los bamboleantes pechos de la peliplata, pellizcó el pezón y tiró de el, un suspiro escapó los labios de la joven, estaba tan centrada en todo lo que ocurría en su parte baja que el contacto repentino sobre sus pechos la había traído de vuelta a la realidad por unos segundos, antes de volver a sumirse en el mayor de los placeres.

—Di que eres mía —susurró aquel detrás suyo.

—¡Soy tuya!

—¿A quién le perteneces?

—¡A Hanako-kun!

—Sólo yo puedo estar entre tus piernas, ¿entendido?

—¡Sí, sí, Hanako-kun!

—¿Me amas?

—¡Te amo, Hanako-kun!

—¿Estás segura?

—¡S-sí, Hanako-kun!

—Muy bien. Es hora de que terminemos, ya quiero sentir como te corres.

No necesitó respuesta vocal. Sólo percibir la forma en que las paredes vaginales apretaban su miembro. Una húmeda calidez casi ardiente lo cubría, todo en ella parecía estar temblando, sabía que había llegado totalmente al clímax en cuanto la escuchó aclamar su nombre pues esa fue la señal que necesitaba para dejar salir un último gemido de placer, a la par que todo aquello que había sido retenido fuese expulsado dentro de la joven. Le parecía increíble la manera en que era capaz de percibir cada instante de su propio orgasmo. El momento en que la presión sanguínea se acumulaba desde la base hasta la punta, llegando al punto más alto, donde su esencia corría presurosamente a través de la uretra y al final salir en una explosión de sensaciones.

Finalmente sintió el cuerpo de Nene relajarse mientras él perdía fuerza.

Hanako salió con cuidado de ella, ambos estaban demasiado sensibles y en ese punto lo único que querían era descansar, aun cuando era una aparición, su espectral ser requería un breve momento para recomponerse. El par se acostó, el ambiente se había vuelto algo tenso, los nervios de la primera vez los inundaban.

¿Qué decir, cómo actuar, qué sentir?

Probablemente ninguno de los dos había pensado en eso mientras se encontraban sumidos en pleno himeneo.

¿Era normal que Nene se sintiera mal, que quisiera llorar?

No era que no hubiera disfrutado de aquel encuentro; por el contrario, muy dentro de sus más perversos pensamientos había contemplado la posibilidad de sostener un encuentro con Hanako de ese tipo. Y, a decir verdad, no podía imaginarse con nadie más que no fuera el molesto espectro en ese tipo de situación. Sabía que lo deseaba, que lo amaba, que de no ser con él, no hubiera sido con nadie más.

Pero entonces, ¿por qué sentirse así?

De repente, un brazo la jaló hacia el fantasmal cuerpo al lado suyo, podía sentir el rostro de la aparición que más amaba pegarse contra su espalda y llenarla de besos, como sus manos se deslizaban serpenteantes para envolver su cintura y a sus piernas enredarse con las suyas.

No había nada malo, ambos debían de descansar pues estaban agotados, luego sería el momento para preocuparse por lo demás.

Sin pensar más, los ojos rubí se cerraron mientras los de color ámbar permanecían abiertos. Estaba cansado, aunque tampoco era como si fuera capaz de dormir. Aparte, tenía muchas cosas en que pensar. Cosas que, para su mala o buena suerte tenían que ver con la joven dormida entre sus brazos y su más que condenada manía de pedir deseos sin pensar en las consecuencias.


Ya habían pasado más de dos horas desde que Nene había cerrado los ojos. Él lo sabía bien, estar muerto por tantos años le había dado el don, o tal vez maldición, de saber a ciencia cierta cuanto tiempo pasaba de manera tan natural como le resultaba flotar.

Aprovechó cada segundo para apreciarla como si fuese una pieza de arte, observaba cada facción de su rostro, grababa en su mente los sonidos que salían de su boca y nariz entre los sutiles ronquidos que aparecían esporádicamente, fotografiaba mentalmente cada movimiento involuntario por parte de su cuerpo, detalles como los poros de su piel, sus lunares, pecas e incluso algunas cicatrices derivado de su esfuerzo continuo en el club de jardinería eran repasados por su mirada una y otra vez.

Pocas veces en el tiempo que había pasado con ella le había visto dormir, no era lo mismo espantarla mientras trataba de no ceder ante el cansancio durante clases, a verla así; con los ojos cerrados, su cabellera esparcida sobre la almohada y escuchar y sentir la leve respiración que le indicaba que estaba teniendo un sueño agradable.

No necesitaba nada más en ese momento, podía pasar lo que le quedaba de condena ahí, con ella entre sus brazos, viéndola dormitar y con el alivio de sus egoístas necesidades. De sólo recordar lo que había acontecido entre esas cuatro paredes le daban ganas de despertarla solo para volver a estar dentro de ella, pero debía contenerse. Tenía que hacerlo, no quería asustarla como lo había hecho.

De repente, la joven empezó a moverse un poco, parecía que estaba despertando. Sus extremidades se estiraron, sus ojos se apretaron antes de abrirse totalmente sólo para toparse con una sonrisa traviesa y una linda y pícara mirada de color atardecer.

—Buenos días bella durmiente. En verdad te cansaste, Yashiro. ¿Acaso nuestro juego de hace un rato te agotó de más?

—Hanako-kun, ¿cuánto tiempo dormí? —Ignorando lo dicho por el espectro, prefirió desviar el tema de la conversación a algo un tanto más urgente, pues realmente tenía hambre, y le dolía la parte baja de su anatomía.

—Alrededor de dos horas o tal vez un poco más... Debes tener hambre, ¿cierto? —No fue necesaria respuesta alguna, pues el sonido de las entrañas de la humana le hizo percatarse de que en verdad debía alimentarla—. Vamos a la cocina a comer algo.

Hanako se vistió a medias, optando por dejar que su amante usara su camisa y gakuran. Sabía que ese lugar era demasiado frío para cualquier humano, y lo que menos quería era que enfermara.

Nene admiraba cada pasillo, cuarto y demás divisiones del límite, todo le parecía sacado de alguna de las muchas revistas que solía ver junto con Aoi, hasta que llegaron a su destino

Paredes blancas, un horno al lado de la encimera donde estaba el lavatorio, en el medio de dicha habitación había una linda mesa de madera color caoba con dos sillas a juego y un florero en medio que se encargaba de darle vida a unos bellos claveles rojos.

Hanako se acercó a la alacena y de ahí sacó una caja con donas glaseadas para él, por ese día haría una excepción y guardaría sus donas simples para comer otras, y para Nene un plato con frutillas y crema, era su favorito sólo por detrás del mocchi de fresa.

Se sentaron y empezaron a comer en un silencio algo incómodo.

La joven peliplata estaba muy callada mientras degustaba el dulce platillo. Aun cuando se veía contenta disfrutando de los sabores en su boca, podía notar que su mirada le esquivaba. Bueno, tal vez la mera situación en la que se encontraban era motivo más que suficiente para que ambos tuvieran caras de póquer; pero... ¿En verdad era necesario que liberara sonidos de satisfacción después de cada bocado? Verla comer era todo un espectáculo, la forma en cómo cubría cada una de las frutas con crema batida para después chuparla y finalmente morderla le hacía recordar la suave y cálida sensación con la que fervientemente le había engullido. Por si fuera poco, el hecho de que el jugo de la fruta escurriera desde las comisuras de su boca lo hacían sentirse nuevamente ansioso. Deseaba ver como otro tipo de sustancia rodaba por sus labios hasta perderse en su barbilla.

Dios... Era una imagen tan sensual y provocativa.

Nene, al notar la insistente mirada no pudo evitar sentirse nerviosa.

¿Tenía algo en la cara?

—¿Qué pasa?, ¿por qué me miras así Hanako-kun?, ¿tengo algo en la cara? —preguntó, no aguantaría quedarse con la duda.

—Sólo estaba pensando en que te veías mejor con otra cosa en la boca.

—¿Otra cosa?, ¿cómo qué tipo de cosa? Solo tengo esto para comer en mi plato... —respondió mostrándole una de las frutas mordidas.

La inocente respuesta de Yashiro lo sorprendía en más de un sentido, hacía sólo unas horas que había perdido la castidad e incluso había hecho su primer oral y aún así era incapaz de detectar el doble sentido de sus palabras. Se percató entonces de que por más cosas sucias que hiciera con la joven, ella seguiría siendo inocente. Riéndose a carcajadas se acercó hasta Nene, quién lo miraba sin entender el porqué de su risa.

—Eres tan linda, dulce e inocente... —dijo mientras la abrazaba, era demasiado tierna como para resistirse a tenerla entre sus brazos—. La verdad es que es y seguirá siendo un verdadero placer mancharte poco a poco de pecado. —Terminó por susurrar a su oído, para después separarse de ella.

Tomó un poco de la crema y la fue esparciendo por la suave mejilla derecha femenina, descendiendo por su cuello hasta llegar a sus hombros y así proceder a lamer el dulce de su cuerpo.

Nene se quedó quieta, las acciones del fantasma le hacían sonrojar furiosamente. Lo único que podía hacer era mirar lo que sucedía, sentir y perderse en cada movimiento de su boca contra su piel. Se sentía bien, se sentía correcto. Era lo que más anhelaba en ese momento, tenerlo siempre con ella, sentirlo así de cerca y sobre todo saberse amada. De repente, toda magia se esfumó en cuanto el ente se separó para agarrar una frutilla y ponerla entre sus dientes.

—¡Bésame Nene! —exclamó mientras la tomaba por la nuca y obligaba a la peliplata a corresponder al beso. En cuanto sus labios se encontraron, la fresa fue partida a la mitad gracias a los dientes de la humana liberando su sabor; el beso más dulce que habían tenido hasta el momento.

El jugo se perdía entre ambas bocas, envolvía sus lenguas, recorría cada recoveco y hacía más adictivo el sabor del uno y del otro. Era de esperarse que, entre el movimiento de labios y los gemidos, el líquido huyera de las cavidades hasta llegar a sus mentones. El acto se tornaba cada vez más intenso.

Hanako fue abriendo el gakuran y la camisa a tientas. Necesitaba verla desnuda, requería sentir su piel contra la suya, deleitarse con la sensación de sus pezones rozar contra su pecho, quería eso y más. Ahora que ella le pertenecía no estaba seguro de si podría parar.

La levantó del asiento para colocarla sobre la mesa y luego mirarla desde donde se encontraba. Era tan bonita. Se veía agitada, sonrojada, con el cabello enredado, su mirada le incitaba a continuar, se le veía tan indefensa y necesitada. Una sucia idea pasó por su mente.

Agarró un poco de crema batida y la esparció por encima de su cuello y pechos. El contacto del frío dulce contra su piel la hizo estremecerse mientras sus pezones se erguían más y más; aunque nada se compararía a la sensación que le provocó la traviesa e inquieta lengua del fantasma que lamía lentamente la nata que adornaba su cuerpo desnudo. Los movimientos linguales por encima de sus pechos así como las leves mordidas en sus pezones le hacían ver estrellas donde en realidad se encontraba el techo. Estaba a nada de alcanzar el clímax, podía sentir la calidez de la vez pasada acumularse en su vientre, esperando a ser liberada.

Nene lo miraba encantada pero a la vez se negaba a quedarse atrás; así que, aprovechando un momento de descuido, tomó la lata de crema y adornó el pecho de Hanako con la sustancia blanquecina.

El espectro no la detuvo. Le gustaba cuando ella tomaba la iniciativa, sobre todo cuando se trataba de mimarlo. Y, ¿qué mejor manera que hacerlo con su boca?

Repartía tímidas lamidas por encima de su torso, de arriba a abajo, engullendo de vez en cuando sus pezones y mordiéndolos ligeramente, los gemidos masculinos eran su guía. Pronto aprendería que la velocidad ideal era una combinación entre rápidos y lentos, sentía estremecer al helado cuerpo cada que descendía hasta su ombligo e insertaba su lengua en la diminuta cavidad, al subir hacía pequeñas curvaturas alrededor de las aureolas y procedía a morder sus pezones juguetonamente, los masticaba tiernamente mientras con sus manos acariciaba su espalda.

A la fémina le encantaba el sonido de los suspiros de placer de su amante, saber que todos aquellos lascivos sonidos eran gracias a ella, la hizo sentirse con más confianza.

Quería pasar ya al siguiente nivel, lo deseaba; así que procedió a desabrocharle el pantalón y bajarlo junto a sus boxers. Ahora que su virilidad estaba más que expuesta, por no decir despierta, podía admirarle aún más.

Le puso un poco del cremoso dulce en el glande y bajó lo suficiente para empezar a lamerlo.

El entusiasmo con el que Nene lo engullía era contagioso, hacía que Hanako le jalara el cabello para enterrarse lo más que pudiera en su garganta.

El vaivén de su boca sobre su pene se sentía como la gloria, era perfecto. Desde la velocidad, hasta la manera en como sus mejillas internas lo aprisionaban, la forma en que su lengua jugaba con su miembro, los sonidos que dejaba salir aun con la boca ocupada, el sudor que corría por la blanca y delicada espalda de su amada...

¡Dios!

Todo aquello era la mezcla perfecta para su perdición, no sabía cuánto tiempo más iba aguantar sin correrse; sin embargo, un deseo aún más perverso apareció en su mente.

Quería estamparla contra el piso, la pared, la mesa, cualquier lugar le parecía bueno en ese momento y penetrarla de forma salvaje. Necesitaba liberarse nuevamente, lo ansiaba y su cuerpo le pedía a gritos más de ese contacto íntimo. Realmente Nene sacaba la parte más primitiva de él.

Sin previo aviso la apartó de su pene con un jalón de cabello y volvió a sentarla sobre la mesa, acercándola a su cuerpo con un fuerte movimiento de su brazo sobre su cadera; así, una vez ambos estuvieron a la distancia ideal, se besaron nuevamente, la necesidad de sus labios por estar conectados sólo era equiparable a la de respirar. Querían decirse tanto en tan sólo un simple y desesperado beso, recordarse lo mucho que se deseaban y amaban; porqué más allá de toda la pasión y lujuria lo que los había unido, también era el gran amor que se profesaban entre palabras cortadas por suspiros y gemidos.

El amor de Hanako era mucho más posesivo, sabía bien que la competencia por el total y absoluto amor de Nene estaba reñida, nadie podría arrebatarle su lugar más que él mismo y para colmo, ese era su caso.

Quería marcar esa boca como suya, dejar en claro que ella solo era de él. De ahí que de repente mordiera fuertemente el labio inferior de Nene. Eso bastaría para dejarle en claro al tarado de Amane quien era ahora el dueño de la dulce boca de la joven.

Nene trataba de seguirle el paso a como podía, le resultaba difícil coordinarse con los rápidos movimientos de su lengua y labios, realmente se ponía muy apasionado de un momento a otro.

Mientras tanto, el espectro se deleitaba con el tacto de su mano por encima del cuerpo de su amada daikon. Recorría cada curva, cada pliegue, cada poro. Tocaba, acariciaba, pellizcaba, estrujaba y apretaba todo aquello que estuviera bajo sus huellas.

Descendió hasta aquel dulce y palpitante lugar.

Podía sentir claramente la calidez y humedad del mismo aún cuando sólo pasaba su mano por encima. Era demasiado incitante y en ese punto, el Honorable Número Siete, carecía de todo honor pues sólo le importaba su satisfacción personal. Quería que ella se sintiera igual, que ambos no dieran pie a la razón ni a esa voz dentro de sus mentes que les gritaba que todo lo acontecido no era más que un error.

¿Un fantasma y una humana?

¡JA!

Como si esto se tratara de una novela rosa con tintes eróticos.

Tal vez sólo así ambos estarían permitidos para estar juntos. Pero no era el caso, así que mientras pudiera, trataría de hacer memorables cada uno de los preciados momentos a su lado.

Su mano descendió hasta llegar a la localización superficial de su vagina. Palpó por encima y sonrió complacido al sentir la más que evidente humedad entre sus piernas, poco a poco sus dedos se abrieron paso entre los pliegues, acariciando tiernamente cada recoveco, deslizándose de arriba a abajo, arrebatando más de un suspiro de sus labios para posteriormente meter dos dedos en su interior en un solo movimiento.

Jugaba con su interior, acariciaba con las yemas de sus dedos las paredes que tan sólo unas horas atrás le habían engullido con totalidad, los hacía girar, la embestía con más y más fuerza en cada mete-saca mientras sus bocas se encontraban sumidas en la guerra más sensual que dos enamorados pudieran tener.

En cuanto sacó los dedos de su interior los llevó hasta la cavidad oral femenina.

—¿Te gusta? —interrogó el lujurioso espectro—. Me dejaste demasiado sucio con tus fluidos, limpia mis dedos.

La más que excitada daikon así lo hizo, cediendo totalmente ante la demanda de su jefe.

Aprovechando que Nene tenía la boca algo abierta, Hanako procedió a internar sus dedos en la cavidad oral en busca de que ella los lubricara con su saliva. El acto se repetiría muchas veces más.

Penetrar, sacar y chupar. Reiniciar.

Así era el juego que ambos estaban más que encantados de jugar hasta que uno de los dos se corriera. Y, en este caso, fue la de tobillos anchos.

Hanako, satisfecho con su travesura, giró a Nene sobre la mesa. Su torso pegado contra la madera del mueble, su espalda y trasero viendo hacia el torso fantasmagórico.

De una estocada la penetró, fuerte y salvaje, violento y sin cese.

Era distinto de la primera vez, pero la fémina no ponía resistencia alguna, ni siquiera cuando de sus ojos bajaban lágrimas y de su boca se liberaban quejidos de dolor y placer.

Pronto, la peliplata pedía a gritos que fuera más fuerte, y él, siendo la aparición que cumplía deseos a los vivos, no estaba dispuesto a decepcionar a su linda amante. Eso solo le traería mala reputación a su negocio después de todo. La complacería en todo lo que le pidiera

Frotando su clítoris, aumentando la velocidad, propinándole nalgadas, jalando de su cabello, mordiendo sus hombros, besando su espalda y cuello y pellizcando sus pezones.

Hasta que ambos alcanzaron el dulce clímax.

Se separaron, nuevamente cansados por todo el ajetreo sexual y emocional.

Hanako la cubrió con su gakuran mientras se acomodaba el pantalón.

Una vez ambos estuvieron lo más cubiertos que podían, se encaminaron al balcón donde Nene lo había sorprendido por primera vez.

La inusual pareja miraba la noche, admiraban en un silencio para nada incómodo a la bella y resplandeciente luna junto con todas aquellas deslumbrantes estrellas.

Hanako le hablaba sobre las constelaciones que podían ver desde ahí, le contaba sobre sus leyendas, y Nene, cuando recordaba lo poco o mucho que había aprendido con Amane, complementaba la información recibida por su amado fantasma.

De repente, y basándose en lo que su reloj biológico le decía, a Yashiro le surgió una inquietud.

¿Por qué no había amanecido aún si según ella habían pasado varias horas desde que había llegado a ese lugar?

—Hanako-kun, ¿por qué todavía es de noche?

—Eso es porque estamos dentro de mi límite. Nunca verás la luz del sol acá, me gusta que sea así, ¡puedo ver tanto como quiera la luna y estrellas!

—Realmente adoras el espacio, ¿no es así? Tu límite es muy bonito... Refleja muy bien a tu persona —respondió mientras se le acercaba.

La aparición aprovechó para abrazarla por detrás, enredando sus brazos sobre su cintura.

Siguieron contemplando el firmamento.

Por un momento, todo problema había desaparecido de sus mentes. Era como si vida y muerte fueran temas totalmente ajenos a ellos, eran solamente un par de enamorados que entrelazaban sus manos, reían y de vez en cuando compartían tímidos besos bajo la luz de la luna.

Pero como siempre, la joven peliplata no pudo callar su preocupación por más tiempo. Una que había asaltado su mente desde que había recuperado sus memorias.

Su cuerpo iba poco a poco tensándose, cosa que evidentemente no pasó desapercibida por Hanako, quien sabía mejor que ella como se sentía un cuerpo en evidente estado de estrés.

—¿Qué sucede, Yashiro? —preguntó, soltándola para que se vieran a los ojos.

-Hanako-kun... Yo... No quiero regresar a la pintura, quiero volver al mundo real contigo —admitió con ojos llorosos.

—Yashiro, sabes que si regresas al mundo real tu tiempo de vida podría terminar en cualquier momento, es un riesgo que no puedo correr. No quisiera perderte... ¡Te prometo que voy a buscar una solución y a conceder todos y cada uno de tus deseos! Sólo necesito tiempo... Te amo, y no sabes cuanto te he extrañado pero hasta entonces, espérame, ¿sí?

Pero Nene Yashiro no era del tipo que se rendía fácilmente y cuando estaba por objetar para continuar con la discusión, él tocó su frente para dormirla.

Un truco que de alguna manera ya le estaba empezando a parecer más una necesidad que algo que dejarse guardado.


Después de devolverla a sus ropas normales la cargó y ambos salieron de su límite para adentrarse al de la aparición creadora de pinturas.

—Honorable Número Siete, ¿viene a dejar a Yashiro-san tan pronto? —preguntó cierta fémina de lentes.

—Así es.

—Agradecería que a la próxima en lugar de raptar a su asistente me permitiera sacarla de una manera menos violenta. Es difícil tener que repintar todo, sobre todo cuando se trata de plasmar los recuerdos de un año entero.

—¿Algo más?

—Espero que haya disfrutado con la vestimenta de Yashiro-san...

El Honorable Número Siete estaba por reclamarle, pero no tenía mucho tiempo para desperdiciar, por lo que decidió ignorar a la Cuarta y seguir con su camino de regreso a la pintura.

Una vez ambos estuvieron en su cuarto, la dejó sobre su cama, la arropó y besó su frente. No sólo para dejarle un sello de protección, si no también como garantía a su promesa de regresar.


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