Acepta que me amas
Este es un MadaObi si no te gusta; abstente de leer por favor
No sabía cómo es que había terminado en esa situación, su mente colgaba de un hilo de cordura antes de perderse en una vorágine de sensaciones placenteras, se sentía en el paraíso mientras lo mantenía atrapado entre su cuerpo y el escritorio, no podía pensar en nada más que la lengua de Madara deslizándose lentamente dentro de su boca, la situación estaba saliéndose de las manos, estaba mal lo que estaban haciendo, por dios!
Aquel hermoso alfa era su tío, él era su sobrino, aquella relación estaba mal... pero eso dejó de importarle cuando recordó el amor que sentía por él y más cuando aquel hombre mordió y chupó su labio inferior, su omega interno chillaba de emoción al tener la atención absoluta del mayor.
Suaves y vergonzosos gemidos salían de su boca, eran sublimes las sensaciones. Un fuerte olor a feromonas llenaba la habitación. Jadeó cuando su tío se deslizó de sus labios a su cuello mordiéndole para después succionar suavemente su piel, ligeros besos esparcía a lo largo del cuello y clavícula, por dios ese fuerte aroma a menta lo estaba volviendo loco,su entrada comenzó a mojarse con la necesidad de ser penetrado rápidamente.
De repente sintió como Madara tiraba de sus pantalones empapados junto con su boxers, el saco mojado característico de la institución yacía en el suelo olvidado, la camisa húmeda que estaba a medio poner lucía desordenada, al parecer su tío había dejado su paciencia olvidada por algún lado cuando jaló la camisa haciendo que algunos botones saltaran, mostrando su pálido pecho y los pequeños y rosados pezones erectos invitando a ser probados.
-Ahhh!- gimió cuando una traviesa lengua jugueteó con uno de sus pezones mientras que una mano áspera atendía al otro, pellizcando y tirando de él. Fuertes corrientes eléctricas recorrieron su sistema haciendo que su excitación creciera aún más, entonces lo sintió; una oleada de feromonas dulces invadió la habitación, feromonas de un dulce chocolate.
Las sensaciones causaban estragos en su cuerpo, su tío volvió a su boca, una lucha entre lenguas se desataba en la cavidad bucal del menor, teniendo ya un ganador, estaba tan concentrado en los ardientes besos que le daba su tío, que no sintió como unas ásperas manos acariciaban sus cremosas piernas hasta que un par de dedos juguetearon con su mojada entrada, la cual palpitaba buscando ser penetrada.
...
Madara Uchiha se consideraba un hombre con un autocontrol intachable, o eso creía hasta que comenzó a vivir con su sobrino, bendita sea la hora en que Izuna y su marido se fueron de viaje de negocios dejando a su hijo omega a su cuidado, al principio la convivencia era un tanto tensa por parte de ambos, Madara exigía reglas que debían ser cumplidas y Obito hacía todo lo posible para romperlas ¿porque? Porque las reglas se hicieron para romperse, y ese dicho que tanto pregonaba el menor no lo había aplicado tan bien como en ese momento, mientras contemplaba a su sobrino temblar de placer, mientras una capa de sudor cubría su cuerpo, aquella camisa cubría parcialmente sus brazos dejando a la vista el pecho y su pezones incitandolo a probarlos.
El lubricante natural del Omega escurriendo por sus largas y torneadas piernas hacían la vista aún más pecaminosa y que se diga del dulce olor a chocolate que desprendía el menor, si contemplar esa imagen era un pecado, con todo gusto ardería en el infierno.
No creía soportar más tiempo esa situación, su entrepierna dolía al estar aprisionada entre la tela del pantalón, aquella era una vista espectacular y su alfa gritaba con hacer suyo al Omega que estaba a su merced, de marcar como de su propiedad a su lindo y provocador sobrino.
Desde hace una semana feromonas a chocolate rondaban por toda la casa, era un aroma dulzón y atrayente que ponían a prueba todo su autocontrol, por dios hace un par de días estuvo a nada de saltar sobre Obito y hacerlo suyo en la cocina, y es que ver a su sobrino pasearse de un lado a otro moviendo las caderas con una camiseta holgada que evidenciaba su pálido pecho y hombros, así como unos shorts que apenas cubrían lo necesario era demasiado, tuvo que tomar una ducha helada para calmar la necesidad de marcar a su sobrino, se pasó mucho tiempo debajo del agua helada tratando de calmar a su amiguito, pero eso estaba lejos de ser una tarea fácil, y más cuando recordaba lo perra que era el destino con él, su pareja destinada, su alma gemela, aquella persona que lo complementaba... era su sobrino.
Sabía que su clan tendía a rayar en lo incestuoso, de hecho era una característica que sobresalía del clan Uchiha, pero nunca esperó encontrar a su otra mitad en su sobrino, el chico estaba a unas semanas de cumplir los 18 años y él era un hombre de experiencia con 33 años, su conciencia le recalcaba la diferencia de edad y los lazos sanguíneos, pero su lado primitivo le decía lo contrario y eso era tomar a su sobrino, embestirlo de una buena vez, marcarlo, anudar en él y hacerle cargar con sus cachorros.
La convivencia se volvió aún más difícil con la tensión sexual palpable en el aire y la gota que derramó el vaso fue cuando vio a Obito restregar su espectacular cuerpo contra uno de sus compañeros de salón, conocía al chico, Kakashi Hatake, era el hijo de Sakumo Hatake un reconocido médico y era amigo de Obito pero si bien recordaba el chico peliplata salía con un rubio de ojos azules llamado Naruto Uzumaki, un omega que estudiaba en el mismo instituto pero en diferente aula.
Al ver cómo su sobrino entraba en una especie de trance y se frotaba contra el hombre que trataba de separarse de él mientras desprendía ese delicioso aroma una furia lo invadió, camino dando grandes zancadas para llegar al chico y jalarlo para sacarlo de ahí, todos aquellos que presenciaron tal acto pensaron que el director de la institución no podía dejar que vieran cómo su sobrino sucumbia a sus instintos frente a todo el mundo.
Sin embargo Madara llegó como alma que se la lleva el diablo con su sobrino por el simple hecho de que Obito estaba buscando a otro alfa que no fuera él, los celos nublaron su mente, tomó bruscamente su mano y lo jaloneo para llevarlo a su oficina, las clases ya habían concluído por lo que los estudiantes estaban yéndose.
-¿¡Te das cuenta de lo que acabas de hacer mocoso!?- bramó colérico.
-¡Era la única manera de llamar tu atención!- la desesperación evidente en esa revelación lo dejó sin habla por unos segundos hasta que su sobrino volvió a hablar - Eh hecho de todo para decirte que te amo, que mi cuerpo te reclama cómo su alfa, que te necesito, pero tú solo huyes!!- gritó- Sé que tú también lo sentiste, el día que te conocí, el día que mamá y papá me dejaron a tu cuidado lo sentiste, ¿Crees que no me daba cuenta de cómo me mirabas? ¡Te amo! ¿Acaso no lo entiendes? Estamos destinados- le hizo saber mientras tomaba entre sus manos el rostro de su tío, sus bellas y varoniles facciones lo dejaban sin habla, y el cabello largo y rebelde de Madara solo acentuaba el semblante sexy e imponente del hombre, contempló el rostro que sostenía para luego dejar un suave beso en la comisura de los labios del mayor, estaba dispuesto a profundizar el beso cuando su tío empezaba a corresponder, sin embargo unas grandes manos sujetaron las suyas para alejarlas.
-Por favor Obito! No hagas esto más difícil... eres mi sobrino, somos familia, que diría Izuna si lo supiera- dijo en un murmullo angustiado, en el poco tiempo que tenía de conocer a Obito se había enamorado perdidamente de él, de esa alegría y personalidad ruidosa pero que debía hacer, eran tío y sobrino, el menor debía comprender la situación, sólo Dios sabía cuánto estaba luchando por no saltar sobre Obito, besarlo y hacerlo suyo, casarse con él, quería monopolizarlo, quería ser dueño de ese cuerpo tentador, quería ser dueño de aquellas lindas palabras al despertar, ser dueño de aquellos momentos en pareja, de los desayunos melosos, las citas divertidas, de los momentos tristes, de todo lo que podía ofrecerle el chico parado frente a él, quería ser completamente egoísta respecto a Obito, pero su maldita conciencia lo frenaba.
-¡Estoy seguro de que mamá lo aceptará! Lo más importante es que yo sea feliz y solo puedo serlo con mi alfa destinado, con el alfa del que me enamoré... con Madara Uchiha- afirmó con un brillo de seguridad y determinación destellando en aquellos ojos onix.
-¡Estas loco!- quería hacerle entender.
-¡Por favor!- suplicó
-¡He dicho que no!- elevó un poco la voz
-Pero..-
-Obito ¡no!- negó nuevamente alzando la voz “esa voz”, desilusionando al menor.
Un tenso e incómodo momento reinó en la amplia oficina, por varios minutos no se escuchó nada, al parecer el instituto se había desocupado desde hace un rato.
El silencio era aterrador hasta que el menor habló.
-Tienes razón, somos familia, esto simplemente no puede ser- cada palabra era una daga que se enterraba en el pecho del mayor también percibió que la voz salía temblorosa
-Qué estúpido soy, me enamoré de un cobarde, de una persona que no está dispuesta a luchar por mi- lágrimas escurrían por sus mejillas, quería creer que Madara lucharía por estar con él, porque eran destinados, porque sabía que el hombre también lo amaba pero tal parece que se equivocó, dolía ilusionarse, volar a lo más alto y caer en picada, había hecho de todo para decirle cuánto lo amaba pero siempre que estaba a punto de hacerlo Madara huía, cambiaba de tema o simplemente lo dejaba con la palabra en la boca, pensó que la última carta que tenía para jugar había funcionado, Kakashi había accedido a montar ese pequeño espectáculo con el fin de provocar a su tío, de verdad pensó que había funcionado cuando el hombre llegó a él colérico, queriendo asesinar con la mirada a su mejor amigo, pero se equivocó Madara no haría nada, tal vez era hora de resignarse y olvidarse de él, llamar a sus padres e inventar una excusa para irse con ellos, tal vez se enojarían con el pues aún quedaban varias semanas para que terminarán sus asuntos pero si lo analizaba bien era lo mejor
-Tienes razón tío, ésto es una estupidez, perdón por hostigarte con mis sentimientos, te prometo que no volverá a suceder- la sonrisa que le dedicaba a Madara era tan falsa, las lágrimas amenazaban con correr por sus mejillas nuevamente sin parar, pero las contuvo, se alejo de su tío para dirigirse al sillón de cuero que se encontraba en una esquina de la oficina para acomodar sus cosas e irse, no quería estar más tiempo ahí y humillarse.
Caminó lentamente hacia la salida, Madara solo parecía perdido en sus pensamientos, tomó el pomo de la puerta y volteó ligeramente la cabeza en dirección al hombre, quien estaba estático en el mismo lugar.
-Adios tío- dijo con suma tristeza para salir de aquella oficina.
Ahora sí todo había acabado y ahora buscaría reconstruir lo poco que quedaba de su corazón.
Cuando la puerta se cerró, las lágrimas que retenía salieron sin permiso, lloró y el único testigo eran aquellas paredes, cuando se recompuso caminó lentamente por el pasillo para salir del edificio a la explanada, miró hacia arriba, las nubes tornaban el cielo de un gris oscuro, estaba a punto de llover, ja qué suerte la suya.
Siguió caminando cuándo se encontró con lo que parecía ser el último bus que pasaba por el instituto, ya era tarde, era lo más lógico, estaba a punto de subirse cuando una voz a lo lejos gritó su nombre.
-¡¡OBITO!! - por favor no! Su mente jugaba con él, estaba dispuesto a abordar el autobús hasta que lo volvió a escuchar.
-¡¡¡OBITO!!!- volteó en dirección a la voz, entonces ahí lo vio corriendo hacia él, era Madara, el hombre corrió para estrecharlo fuertemente contra su cuerpo, el menor no sabía cómo reaccionar hasta que el hombre que lo abrazaba habló jadeando por la carrera hecha
-¡Te amo!... ¡Te amo Obito! Eres lo único que necesito en esta vida para ser feliz, se qué tal vez tengamos problemas en el futuro pero quiero superarlos contigo porq...- no terminó de hablar cuando sintió unos labios frotarse contra los suyos, Obito lo estaba besando, era un beso dulce y cálido que calentaba su corazón, sintió como los brazos del menor escalaban su pecho para finalmente rodear su cuello, estaba tan feliz por tal acción que no tardó en profundizar el beso, deslizó su cálida lengua dentro de la cavidad bucal del menor, y su mano derecha aseguraba el rostro de su omega mientras la otra lo sostenía de las caderas para no dejarlo ir.
Estaban tan ensimismados es la sensual danza de lenguas que no se dieron cuenta de que el chófer se les quedó viendo con una mueca pícara para después arrancar; el beso era exquisito, Madara lamía y succionaba los labios del menor arrancándole suaves gemidos, se separaron cuando la falta de oxígeno se hizo presente. Se miraron con amor unos cuantos segundos antes de que una torrencial lluvia hiciera acto de presencia.
Sólo habían dos opciones, regresar al edificio para evitar mojarse más de lo que estaban y esperar a que la lluvia pasara o correr hasta el estacionamiento donde Madara dejaba su auto e irse, lo malo es que el estacionamiento estaba más lejos que el edificio principal, optaron por refugiarse en la oficina del mayor hasta que el agua cesara.
Cuándo las puertas de la oficina se cerraron Madara ofreció un par de toallas a su sobrino para quitar el exceso de humedad y prevenir un resfriado, mientras él hacía lo mismo no pudo evitar mirar en dirección al menor, se había confesado a la persona que amaba, el terror de perderlo activó su cerebro y le hizo correr y gritarle a los cuatro vientos si era posible cuánto lo amaba, sus pensamientos fueron cortados y reemplazados por unos muy pecaminosos cuando vio a su sexy sobrino quitarse el saco empapado y dejar a la vista aquella camisa blanca que se transparentaba y lo único que hacía era evidenciar el perfecto cuerpo del menor, la camisa fungía como una segunda piel dejando ver cómo los rosados pezones se erguian con el roce de la tela mojada.
No pudo soportarlo más, toda la bendita semana tomó duchas heladas con el fin de apaciguar su libido pero eso ahora no era una opción, estaba atrapado con su sobrino, en un edificio donde no rondaba ni un alma y estarían ahí hasta que la lluvia cesara, definitivamente era mucho para su autocontrol. Con un par de zancadas llegó hasta el menor quien estaba cerca del escritorio, se colocó a sus espaldas y lo sostuvo de las caderas.
¡Por dios! cómo le encantaba la forma tan perfecta en que sus cuerpos encajaban.
Se acercó a su cuello, dando ligeros besos, succionaba suavemente para luego subir al oído del menor, colocó un suave beso y después mordió y lamió sensualmente la elix mandando descargas de placer, lo sabía porque podía sentir los temblores en el pequeño cuerpo que se encontraba entre sus brazos, dándole la espalda, Obito se encontraba lo más quieto posible pero eso no impedía que su ego se hinchaba y su alfa interior se sintiera tan satisfecho cuando veía los ligeros espasmos y el gran rubor que adornaba el cuello y las orejas del menor.
Era una vista realmente deliciosa, estaba luchando por no saltar sobre él cuándo un delicioso aroma a chocolate inundó sus fosas nasales, era un aroma más intenso que el que había percibido la última semana, entonces el temblor más evidente en el cuerpo de su sobrino se lo hizo saber, Obito había entrado en celo.
Usó todo su autocontrol para no girarlo, arrancarle la ropa y embestirlo a la primera, colocó su cabeza en el espacio entre el cuello y el hombro de su omega tratando de calmarse,
-No sabes cuántas ganas tengo de hacerte mío, pero temo lastimarte- soltó con lo que más bien sería un gruñido.
-Madara.. está bien- se giró sobre su eje para quedar cara a cara con el mayor y verlo a los ojos, lo observó por unos segundos que para el otro parecieron una eternidad y después una sonrisa cálida y bella adornó su rostro.
-¿No lo entiendes?... No quiero lastimarte- susurró, su conciencia estaba quedando en el olvido y su instinto ganaba la partida pero aún así quería cuidar del chico aún en sus últimos momentos de lucidez.
Pero tal parece que a Obito le importaba un carajo eso.
-¡Por favor deja de cuidarme tanto! No me lastimaras, te amo y tú me amas, es lo que importa ¿ok?! Te necesito y ahora lo que necesito es que me hagas tuyo, deseo sentirte en lo más profundo de mi ser, quiero sentirte llenarme, que me hagas el amor! que me folles como nunca!- gritó lo último con una lujuria plasmada en sus ojos para sujetar el rostro del mayor y estampar sus labios en un torpe pero apasionado beso, tal parecía que los estragos del celo comenzaban a afectarlo.
Entonces ahí valió todo, a la mierda el autocontrol!
Sujetó fuertemente las caderas del menor contra sí, restregandose y simulando lentamente embestidas para que sintiera la dureza de su miembro, quería hacerle saber que solo él podía dejarlo en esa situación, tomó el mando del beso y coló su lengua dentro de Obito, una sensual danza se llevaba a cabo, sus lenguas se enredaban generando acuosos pero excitantes ruidos, los dientes chocaban y leves hilos de saliva se mezclaban al compás de la intensidad del beso, mordía y lamía aquellos apetitosos labios que lucían hinchados y rojizos por la fricción causada.
Era una vista de tentación, sin demorar un segundo más sujetó al menor de la cintura para sentarlo en el escritorio y arrancarle el pantalón y el boxer mojados, dejando al descubierto las cremosas y pálidas piernas, sintió su miembro endurecerse aún más al ver lo largas y estilizadas que se veían las piernas de Obito, agradecía a quien haya sugerido darle ese lindo y provocativo omega como compañero destinado, estaba viendo el cielo.
Alzó una pierna colocándola sobre su hombro para acercarse y comenzar a esparcir besos desde la parte trasera de la rodilla e ir ascendiendo al interior del muslo, se detuvo unos segundos para succionar levemente la piel, provocando suaves gemidos, aquellos sonidos tan bellos y eróticos que solo aumentaban su libido, desesperado por marcar el cuerpo del menor y sacar más de esos sonidos de la garganta de su omega jaloneo la camisa húmeda provocando que los botones saltaran.
Si su destino era condenarse al averno por profanar tal belleza entonces lo aceptaba con gusto, Obito se encontraba jadeando, una leve capa de sudor perlaba su cuerpo, la luz de la luna comenzaba a filtrarse por el gran ventanal de la oficina del rector haciéndolo ver tan erótico, sus pezones se encontraban erectos lo llamaban desde la cómoda posición en la que se encontraba, entre las piernas de Obito. Ni tardo ni perezoso acercó su boca a uno de aquellos botones rosados, lamió y mordio suavemente mientras que una de sus manos gozaba de pellizcar y tirar de ellas, obteniendo leves temblores y espasmos de placer al igual que dulces gemidos y jadeos.
-Ahhh Madara!- jadeó Obito cuando de la nada el mayor se puso de pie y se acomodó mejor entre sus piernas para jalarlo y restregarse contra él, la sensación era única, la deliciosa fricción de su miembro desnudo contra el de Madara aún cubierto por la tela del pantalón provocaba la necesidad que golpear al hombre para que lo penetrara ya! Su entrada palpitaba buscando la atención de su alfa.
Comprendiendo las muecas de placer del Omega lo sujetó fuertemente y éste entendiendo el mensaje se abrazó al mayor cerrando sus piernas alrededor de las caderas de Madara y enrollar sus brazos en el cuello, mientras lo besaba con más intensidad, Madara lo alzó y caminó al pequeño sillón que se encontraba en la oficina, se sentó y dejó al menor sobre él.
Si Obito estuviera en sus cinco sentidos ya desde un inicio se hubiera avergonzado pero debía aceptar que sin el celo no hubiera tenido el valor para hacer lo siguiente. Miró fijamente a Madara mientras le daba cortos besos, primero en los labios y poco a poco descendía hacía el cuello, siguió bajando y se dio cuenta que las situaciones eran desiguales, él estaba prácticamente desnudo y Madara seguía con mucha ropa, lo miró unos segundos hasta que el hombre asintió.
Con aquella señal se dispuso quitar completamente la corbata mal arreglada, a desabotonar los botones de aquella camisa que marcaba perfectamente los músculos de su alfa, dios! Su hombre era todo un adonis, era perfecto a sus ojos y seguramente a los ojos de las aves de rapiña que buscaban una aventura con él, já... como si no supiera las mañas de esas mujerzuelas, cuando comenzó a vivir con él y descubrió los sentimientos que le provocaba su tío, también descubrió que tenía una personalidad un tanto homicida cada que una mujer o incluso un hombre se le insinuaban, los celos lo carcomian por dentro pero en ese entonces no podía reprochar nada.
Pero ahora las cosas eran diferentes, siguió con su tarea de bajar sus besos por el pecho del hombre, descendió al torso y siguió más abajo hasta que se topó con el botón y la bragueta del pantalón, tomando valor y atrevimiento mezclado con lujuria y amor, desabotono el pantalón para después tomar el cierre de la bragueta con la boca e irlo bajando lentamente sin despegar sus ojos de la intensa mirada de su tío.
Se las arregló para sacar el miembro erecto, santo cielo aquel falo hinchado se veía tan imponente y exquisito, sin pensarlo dos veces dejó un tierno beso en la punta para después lamer ligeramente el glande, poco a poco y con más confianza daba lenguetazos desde la punta del miembro hasta la base, el sabor de la suave piel era deliciosa, sintió de repente una oleada de feromonas, era menta pero era un olor más intenso y los suaves gemidos y gruñidos que su tío trataba de esconder solo lo incentivaban para ser más descarado.
Miró el falo y abrió la boca para meterlo, lamía y enredaba su lengua alrededor del glande, y por un tiempo así se mantuvo hasta que sintió las manos del hombre sujetar su cabeza, lo miró a los ojos para después sentir como tiraban de él y marcaba un ritmo, su cabeza subía y bajaba mientras aquel miembro entraba una y otra vez en su boca, mientras Madara mantenía un ritmo frenético y que le daba placer.
Obito metía y sacaba aquel miembro de su boca una y otra vez a una velocidad increíble, los sonidos que emitía eran acuosos y llenos de placer, leves gemidos salían de él cuando sentía aquel falo golpear con su garganta a un mismo ritmo, subió su mano para sujetar los testículos del alfa y juguetear con ellos mientras hacía lo mismo con su otra mano y atendía su miembro necesitado, estuvo así por un largo rato, hasta que las embestidas en su boca se hicieron más frenéticas y el falo chocaba con más fuerza contra su garganta, pequeñas lágrimas escurrían de sus ojos cuando sintió la liberación del hombre y trató de tragar toda la simiente que expulsó dentro de su boca.
Madara solo contemplaba la erótica imagen de Obito sacando su miembro de su boca, el semen escurriendo adornada la vista, demonios! Sólo bastaba una vista así para volver a estar duro, tomó el brazo de su omega y tiró de él para sentarlo a horcajadas, lo besó frenéticamente mientras que, con sus grandes manos acariciaba las piernas suaves del menor, el movimiento ascendió para buscar la entrada palpitante y mojada, acarició con sus dedos alrededor provocando los gemidos del niño sobre él, jugueteó por un rato hasta que su cordura no pudo más e introdujo un dígito, Obito estaba estrecho, su calidez apretaba su dedo y lo succionaba a un mismo ritmo, movió ligeramente su dedo para meter otro dígito, el omega jadeó cuando su alfa comenzó con un exquisito movimiento de tijeras dentro de él, al principio fue un poco incómodo pero después de un rato aquel movimiento fue sublime, sus caderas comenzaron a mecerse de atrás para enfrente, cuando sintió como aquellos dedos expandian el suave anillo de músculos.
-¡Ahhh Madara! P-por favor... te necesito ... ahhh- gimió cuando sintió un dígito más en su interior, el movimiento y la fricción de sus caderas con las contrarias no era suficiente, quería sentir el miembro de su alfa llenarlo, lo miró a los ojos para después besarlo apasionadamente, sus manos poco a poco se encargaron quitar la camisa del hombre, al ver las intenciones de su niño, Madara terminó despojarse de su ropa rápidamente, volvió a sentar a Obito sobre él y tembló ligeramente al sentir su piel friccionarse con la del omega, Obito por el celo comenzó a restregarse más y más contra él, el miembro del mayor estaba resbaladizo por el presemen y los fluidos naturales del menor y se deslizaba deliciosamente entre los glúteos carnosos.
Más y más gemidos y jadeos se escuchaban retumbar en la habitación, el aroma a sexo mezclado con un intenso olor a chocolate y menta inundaba el lugar, Madara estaba a nada de dejar votado su autocontrol en algún lugar de la oficina, y es que Obito no hacía más que incitarlo con el certero movimiento de caderas sobre su miembro, su alfa interno gritaba con marcarlo.
-Ahhh M-Madara!! Ah... cariño... te necesito ahora! - demandó necesitado - dentro de mi!- señaló su vientre bajo.
Bueno! Hasta ahí llegó el mentado autocontrol, tomó a Obito de las caderas y lo giró bruscamente acomodando su espalda contra su pecho, y sin más lo penetró, Obito gimió sonoramente al sentir un intruso en su interior pero no sé quejó, el repentino estiramiento de músculos causó un deje de incomodidad que fue rápidamente remplazado por un placer indescriptible al sentir como su alfa salía y entraba de su interior frenéticamente, los movimientos bruscos eran rápidos, certeros y golpeaban con insistencia.
-¡Ahhhhhh!- gritó echando su cabeza hacia atrás cuando una corriente eléctrica recorrió su sistema, Madara había golpeado su punto dulce, y al haberlo descubierto siguió golpeando en ese mismo lugar, una gran ráfaga de feromonas se extendió por toda la habitación.
Afuera la lluvia caía a cántaros pero ni cuenta se dieron al estar tan ensimismados en su burbuja de placer.
El alfa sujetó las caderas del menor incitandolo a cabalgarlo más rápido, los movimientos ascendentes y descendientes los estaban volviendo locos, subía y bajaba...una y otra vez, quería terminar y derramarse dentro del Omega pero todavía no era el momento.
De un momento a otro salió del omega, quien protestó con un gemido, antes de escuchar reclamos empotró al menor en el sillón, dejando su pecho pegado al frío cuero, mientras sus caderas se elevaban dándole una excitante invitación para enterrarse nuevamente en él.
Si pensarlo mucho tiempo embistió al menor, empujando dentro, enterrándose mucho más profundo en el interior del omega, el cual succionaba y apretaba deliciosamente su falo, el anillo de músculos se sentían tan calientes que en cualquier momento podría derretir su miembro, siguió empujándose rápidamente, sujetó las caderas para acercarlo más a él, el choque de sus caderas con los glúteos del menor junto con el chapoteo de su miembro deslizándose dentro de aquel agujero contrayendose por más, creaban un lascivo sonido, piel contra piel chocando entre sí.
Obito solo podía apretar el cuero del sillón con sus manos, mientras trataba inútilmente de callar los gemidos que salían de su garganta cuando su amante golpeaba certeramente su punto dulce, corrientes eléctricas surcaban su cuerpo llegando a su vientre bajo, leves estremecimientos atacaban su cuerpo estaba a punto de terminar, lo sabía cuándo sintió su interior palpitar.
-¡Mmhhn!....¡Ahh!....mhn~- Madara lo sabía, su omega estaba a nada de llegar a su orgasmo, su interior se contraía provocando que el tierno agujero lo succionara y apretara con más ahínco su pene, estaba a punto de correrse y las succiones de esa apretada cavidad no ayudaban para nada, embistió aún más rápido cuando sintió un nudo en su vientre, enterró sus dedos en el trasero del menor marcándolo y dejando marcas rojizas sobre la pálida piel.
-¡¡¡¡Ahhhhhh!!!!- gimieron al compás.
De un momento a otro sintió su liberación, el omega se tensó debajo de él cuando llegó a su orgasmo mientras él liberaba chorros de semen en su interior, Obito solo gemía y jadeaba por el inmenso placer que compartía con su amante quien lo llenaba con su abundante esencia para después sentir como Madara gruñia cerca de su oído mientras se anudaba en él, un suave beso asaltó su cuello y un dolor combinado con el placer lo abrumó cuando los colmillos de su alfa se enterraron debajo de su nuca.
La felicidad, el placer, el éxtasis y el amor desbordaban su ser cuando se sintió enlazado al hombre que amaba, derramó unas cuantas lágrimas al saberse dueño de aquel hermoso alfa.
Los temblores esporádicos seguían ahí mientras el orgasmo abandonaba sus sudorosos cuerpos, Obito se sentía débil por toda la actividad realizada por lo que al instante cayó dormido.
Después de recuperarse de aquella magnífica liberación, Madara contemplaba a su omega dormir pacíficamente, una tenue sonrisa se dibujó en sus labios, por fin había marcado al menor como suyo, estaba tan feliz que por el momento poco le importaron los problemas que se vendrían cuando Izuna y su familia se enteraran de su vinculación, lo acomodó cuidadosamente de tal manera que él quedó recostado en el sillón, y Obito sobre su pecho, trató de moverlo suavemente para no lastimarlo pues seguía dentro de él, su pene seguía hinchado y tardaría al menos un buen rato en volver a la normalidad, con toda la dulzura del mundo beso su cabeza y se acomodó para dormir unas cuantas horas, estaba muy cansado.
Afuera el clima seguía igual.
Se despertó cuando sintió unos fuertes brazos envolver su cintura, sus piernas estaban enredadas con las del mayor, la calidez y el roce de su cuerpo desnudo contra el otro era exquisito, abrió levemente los ojos enfocando su mirada al ventanal, al parecer la lluvia había parado, por lo negro que se veía el cielo parecía que ya era muy tarde tal vez las 10 u 11 de la noche.
Se movió suavemente, abrió muy grande los ojos percatándose de dos cosas, una era que el miembro del hombre seguía dentro de él y dos era el ardor en su cuello, llevo sus dedos al lugar de dónde provenía aquel ardor y se dio cuenta de la marca de unos caninos, se sintió tan feliz respiró profundamente y un tenue olor a menta y chocolate se mezclaba perfectamente, miró al hombre debajo de él dormir plácidamente.
Trató de soltarse del férreo agarre sobre su cintura, después de un par de intentos lo logró, el miembro flácido de su amante salió de su interior, el semen se escurría sobre sus muslos, trató de reprimir el gemido que salió de su garganta pero la tarea fue inútil, de repente sintió unas manos ásperas sujetando sus caderas para volverlo a sentar sobre el abdomen trabajado, volteó su mirada y se topó con unos ojos negros penetrando su alma.
-¿Querías escapar?- Musitó ronco pero con un deje de diversión.
-Para nada- le dedicó una bella sonrisa, después de unos minutos recordó la marca -Me... me marcaste- murmuró.
-Por supuesto- afirmó triunfante para después acariciar suavemente su rostro-Te amo Obito... y no estoy dispuesto a dejar que algún imbécil te separé de mi- dijo con el ceño fruncido al recordar el suceso que presenció en la tarde cuando su sobrino se restregaba contra el peliplata, los celos invadieron su ser al ver tal espectáculo, afirmó su agarre sobre sus caderas para después besarlo.
Cuando el aire hizo falta Obito sintió el miembro semi erecto de Madara frotarse entre sus glúteos, su alfa si qué era todo un pervertido, no reclama de nada pero se siente muy cansado, Madara se enderezó para que el menor descansará en su pecho mientra le daba leves besos a lo largo de su cuello, se detuvo a contemplar la bella marca que adornada la nuca de su compañero, esa era la prueba que necesitaba para asegurarse que nadie osara a fijar su vista en Obito, una risa se escapó de su boca, pero la reprimió para evitar que el chico recostado en él no se diera cuenta.
Pero obviamente Obito lo escuchó.
-¿Qué es divertido?- cuestionó
-Nada! Solo miraba la linda marca en tu cuello, así me aseguraré de alejar a los lobos hambrientos de ti- sonrió satisfecho.
-Mooo!!! Madara eres malo, Kakashi no es ningún lobo hambriento- reprochó con un lindo puchero, tal vez a su amigo si le quedaba la descripción pero lo que había entre ellos dos solo era amistad -En todo caso yo soy tuyo- le susurró con una voz sugerente.
-Cierto- afirmó con autosuficiencia.
-Pero no es justo que solo yo sea marcado- mencionó con voz ronca dejando un suave beso en los labios de Madara para ir bajando poco a poco por el fornido pecho hasta llegar a la entrepierna del hombre, sujetó con una mano el miembro semi erecto para después dar un beso en el glande, se acercó a la piel junto al vello crispado del hombre y comenzar a besar y succionar.
-¿Qué pretendes mocoso?- jadeó al ver a Obito tan cerca de su miembro.
-Nada! Solo... emparejar las cosas- sonrió con suficiencia para dejar a la vista un gran chupón cerca del pene que demostraba que ese hermoso hombre era suyo.
Con la acción hecha por el menor, Madara solo sintió un jalón en su pene ahora completamente duro, jaló al chico para besarlo apasionadamente.
-¡Deja de hacer cosas malditamente lindas!- exclamó para volverlo a besar, estaba a punto de saltar sobre el omega para tener una segunda ronda pero un gruñido proveniente del estómago del menor lo detuvo
-¿Qué te parece regresar a casa?- preguntó para obtener una respuesta afirmativa seguida de unas traviesas y ruidosas risas.
Se vistieron rápido para salir del edificio de la institución e irse al auto del mayor que se encontraba en el estacionamiento, el viaje de regreso a casa pasó entre besos y caricias, el momento era perfecto que poco les importó pensar en el futuro y en la reacción de su familia, por ahora querían ser felices.
Fin
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