Solo como amigos (+18) COMPLETO ✅

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Summary

Una venganza lo comenzó todo. Un beso encendió esa llama que todos guardamos en el fondo de nuestro ser. Dos desconocidos...que en una sola noche se dejaron llevar pensando en que no se volverían a ver ¿verdad? Un acuerdo en el que el placer es el objetivo número uno. Una sola regla: No enamorase. ¿Pero que pasa cuando una de las dos partes comienza a sentir algo mas? ***************** Historia +18 (escenas explicitas)

Status
Complete
Chapters
52
Rating
4.7 18 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1


Leah.

Nunca pensé que alguien pudiera hacerme eso, joder. Con mi mejor amiga o la que se suponía era mi mejor amiga.

Estaba acostada en mi cama, era viernes por la noche. Hace apenas veinticuatro horas que los encontré en los baños del instituto. Me fui de ahí en ese momento.

—¿Por qué aún no te has cambiado? —menciona, apenas entra en mi habitación de la residencia. Hoy había una fiesta en una de las fraternidades de la universidad.

—No voy a ir. —le respondo, no tengo ningún ánimo en asistir, lo único que quiero es que me dejen estar sola, comiendo helado y escuchando la playlist más sad que me encuentre. Las dos personas en las que más confiaba, me habían traicionado y me dolía.

—¡¿Qué dices?! —se vuelve a mí con los labios rojos.

—No tengo ganas...

—Pues yo, amiga, no te voy a dejar aquí llorando. Mucho menos por ese pedazo de idiota. —A Laila nunca le agrado la idea de que anduviera con Leonardo. Ahora que lo pienso, tampoco le agrado a Gabo.

Sé que ellos van a estar en la fiesta y yo no quiero... —Y la verdad es que no sabía si estarían o no, pero ambos aman asistir a fiestas...

—¡Nada de eso! Por el contrario, debes de ir y verte toda una diosa empoderada. Por qué es lo que eres. —Me dice, mientras hace los últimos retoques de máscara de pestañas.

—Pero...

No me dio oportunidad de nada, ya que me lanzo un vestido color púrpura con lentejuelas. Conocía bien ese vestido, la primera vez que Leo me lo había mirado puesto, me hizo una gran escena de celos, hasta tal punto que hizo que me lo quitara. No entiendo por qué en ese momento le hice caso, tal vez sí, porque lo quería... lo quiero, pero lo que me hizo es algo que no podre perdonárselo.


Mire a Laila, extendí el brazo para tomarlo.

— Está bien, pero solo vamos por un rato.

Me fui a dar una ducha. Laila estaba acomodándose el pronunciado escote de su vestido cuando salí.

Me pasé el vestido por la cabeza, la tela se acopló muy bien a mi cuerpo.

—Como lo suponía, se te ve perfecto, solo te hace falta un buen lápiz labial intenso. —Sonrió, frente al espejo me coloqué un poco de lápiz labial.

Frente al espejo cepillé mi cabellera rojiza.

Saque mis tacones y tome una cartera pequeña, la colgué de mi hombro.


Laila había venido a la residencia en su auto, así que ambas nos subimos al auto y nos fuimos rumbo a esa fiesta de octubre que todos los años se realizan aquí. Se sentía extraño estar en el lugar donde hace un año había estado con Leo...

Cuando llegamos, Laila aparcó el auto, la casa de la fraternidad estaba a reventar, las luces de colores iluminaban hasta el patio principal, una fiesta con toda la extensión de la palabra.

—¡VENGA! ¡Vamos a divertirnos! —Bajamos del auto y comenzamos a caminar, por el rabillo del ojo me percaté de que nos estaban mirando, por un lado, me sentí satisfecha de saber que había otras personas que me miraban. Sí, tal vez en este momento necesitaba un poco de atención de alguien.

La seguí divertida, Laila, aquella chica que a Liz “mi supuesta mejor amiga” nunca le agrado, aunque fuéramos amigas desde pequeñas, pero bueno, al final la que resulto ser una traidora fue ella. ¿Irónico, no? Confíe más en ella y me dio una apuñalada por la espalda.

Cuando entramos no me sorprendió sentirme apretujada. Había personas moviéndose a lo largo y ancho del lugar. Comencé a moverme, contornee mis caderas, mientras escuchaba el sonido de la música. Laila hizo lo mismo, cada paso fue una liberación para mí.

Necesitaba beber algo fuerte, ya mismo. Laila se ofreció ir a buscar un trago a la cocina. Mientras ella regresaba note que en mi campo de visión apareció ese par de traidores, estaban tomándose de la mano, cínicos. Cambie la mirada a otra dirección, en esta ocasión vi en una mesa alejada a Gabo, con otros chicos que según yo no había mirado nunca.

O quizá no había prestado atención a ellos porque estaba con Leonardo.

Laila me dio un vaso del que bebí al instante. La bebida bajó por mi garganta haciéndola arder a su paso, sea lo que sea sabía horrible, aunque estaba lo suficientemente fuerte como para hacerme sentir más alegre.

De nuevo me fui a la “pista” donde comencé a moverme, me contornee y despeine un poco mi cabellera mientras pasaba mis manos por los mechones. Mire de nuevo a esa dirección donde se encontraba ese par; esta vez solo mire a Leo, estaba bebiendo de un vaso rojo, mientras me miraba, tanto él como yo sabe que soy irreemplazable, no es por ser odiosa, pero desde pequeña mi abuela me lo hizo entender, “mereces mucho, no te conformes con menos” así que aunque a veces tenga mis “bajones emocionales” la verdad es que siempre he sabido lo que me merezco y ahora veo que soy demasiado para él.

Jodido imbécil.

Por aquel momento miré a mi alrededor, Laila ya no estaba en algún punto, me había adentrado demasiado en la masa de los asistentes. Pero, entonces, sentí una presencia detrás de mí, por un momento la idea de que fuera Leo hizo que pasara saliva, pero el aroma a perfume de hombre, uno que nunca en mi vida había olido, me envolvió y por una extraña razón me hizo sentir excitada. Como si una corriente de electricidad me recorriera.

Llámenme loca, si quieren.

—¿Podría bailar contigo?—Una voz masculina muy grave hizo que se me erizara todo el cuerpo.

Mire a la dirección anterior, Leo seguía ahí y ahora más que antes prestaba atención a cada gesto que hacía. Le sonreí, siempre había sido muy celoso conmigo, estaba ahí mirando cada movimiento.

Como respuesta seguí bailando. Sentí las manos de este “extraño” alrededor de mis caderas, su forma de sujetarme era segura y precisa. Eche mi trasero hacia atrás, mi acompañante me sujeto con mayor fuerza.

Me giré.

Era alto de cabello oscuro y ojos grises, estaba vestido de negro, al notar que lo miraba una sonrisa socarrona y divertida se dibujó en su rostro pálido. En mi mente se formuló la idea de que en algún lugar lo había mirado ya, pero no recuerdo muy bien en donde.

—Por supuesto—Conteste. —Podemos bailar todo el tiempo que quieras. —le sonreí.

Coloco sus manos en mi cintura pegándome más a él. Durante los movimientos de nuestras caderas sentí que comenzaba a marcarle la erección entre sus piernas. Sonreí, al sentirlo, no me molestaba que este “desconocido” se excitara al estar cerca de mi cuerpo. Por el contrario, me gustaba. Bailamos por un buen rato.

—¿Quieres tomar algo?—me pregunto, aunque yo estaba disfrutando de cada segundo en el que lo sentía cerca, aunque sí necesitaba beber algo.

—Sí— lo seguí a la barra, pidió una bebida que no conozco, yo pedí un chupito. Lo bebí y después me pedí otro y otro más.

La verdad perdí la cuenta de todos los tragos que bebí, sigo cuerda y consciente, aunque estoy segura de que bebí lo suficiente como para sentirme “valiente” para proponerle algo más.

Tan consiente que le me acerque a él;

Si iba a proponerle algo que estando sobria jamás se lo hubiera pedido. Era un desconocido que no me iba a volver a topar en la vida así que más daba si pasaba la noche con él.

—¿Qué te parece si vamos a un lugar más privado? —Sí, lo había dicho, ya no había vuelta atrás.

La pregunta lo tomo por sorpresa, me miro de arriba abajo, como si se lo estuviera preguntando de verdad.

—¿Estás segura?

—Sí—solté antes de siquiera pensarlo. —aunque si no quieres... —no me dejo terminar la frase, ya que me sujeto la mano para que saliéramos de ahí.

Salimos de la fraternidad, mire que nos subimos a un deportivo negro.

Posiblemente, muy posiblemente me está tachando de estúpida, pero vamos, ¿Qué podría pasar? Estoy ebria y quiero vengarme, la mejor combinación, además que es un tipo atractivo.

Mientras conducía sentí la piel del asiento tocar mis muslos, tal vez el alcohol hizo que mis ganas por tener sexo aumentaran.

Aparcó el auto en el estacionamiento de un edificio, mire por un momento la construcción, subimos en un elevador. Cuando salimos nos quedamos de pie afuera de una puerta. Esta se abrió después de que él introdujera la llave en la cerradura.

El lugar se iluminó, un lujoso apartamento apareció delante.

Él se quitó la chaqueta.

—¿Quieres tomar algo? —pregunto, mientras que caminaba en dirección a la cocina.

—Sí.

—Bien, siéntete como en tu casa.

Me senté en el sofá de color claro.

Regreso con dos copas, sea quien fuera, este chico tenía un buen gusto para decorar.

—Entonces...—dijo—¿Cómo te llamas?

—Creo que ahora mismo eso es irrelevante.

—¿A sí y porque? —bebió del vaso, mientras levantaba una ceja.

—Porque estoy muy segura de que después de esta noche no nos volveremos a ver. Además, que ahora mismo solo quiero pasármela bien. Vale.

—¿Y tienes alguna idea?

—Se me ocurren varias.—No fue necesario decir nada más, comenzamos a besarnos frenéticamente, sus labios harían que cualquier persona se excitara fácilmente.

Mis manos viajaron a su cuello, solté un gemido cuando coloco una de sus manos en mi muslo, comenzó a magrear mi pierna mientras que con su otra mano me bajaba el cierre de mi vestido. No puse resistencia a la hora de despojarme de la prenda.

Me quedé tan solo con mi ropa interior, él se acomodó entre mis piernas. Comenzó a besarme el abdomen, la excitación iba aumentando mientras que sus manos recorrían mi cuerpo sin previo aviso, me sujeto, levantándome del sofá con mis piernas, le rodee la cintura sin dejar de besarlo.

Pasamos por un pasillo, hasta que llegamos a su habitación, me recostó sobre la cama. Lo observé mientras se desvestía, tenía el abdomen marcado, sentí como mi humedad aumentaba mientras lo observaba, bajo sus pantalones y con ello su ropa interior, dejando a la vista la erección que antes sentí.

Se acercó, tomando mis bragas hasta deslizarlas a mis tobillos, subió hasta quedar a mi altura, me beso, sin previo aviso, introdujo dos dedos dentro de mí, está mirándome en el momento que abro la boca para soltar un gemido al sentir sus dedos penetrándome, es suave, pero demasiado contundente para que se note lo excitada que estoy. Dibuja una sonrisa al escucharme.

Baja la boca, paseando sus labios por mi cuello, se apodera de mis pezones, los lame, tal acto me hace flexionar las rodillas. Saca sus dedos de mi sexo.

— Quiero... — la frase se queda a la mitad cuando me falta el aliento para seguir hablando.

Aunque no hace falta que le especifique que es lo que quiero, ya que comienza a rozar su miembro en mí. Se siente tan duro que hace que me contornee en la cama, estoy ansiosa por sentirlo dentro. Necesito que lo haga ahora. Con sus rodillas hace que abra más las piernas, lo veo acomodarse listo para penetrarme

Lo siento entrar penetrándome con fuerza, su miembro entra con un poco de dificultad, pero me hace jadear en cuanto lo tengo todo dentro. Sigue embistiéndome provocando que nuestros cuerpos choquen provocando sonidos en la habitación, mis gemidos hacen coro con los suyos.

Vuelve a pasear sus labios por mi cuello, labios y pezones.

— ¿Esto es lo que querías sentir?

— Si...