OBEDIENTE +18 | JINX

Sinopsis

Para Jaekyung ser un Alfa no implicaba más que querer, mimar, complacer y obedecer a su Omega, por más que la sociedad piense lo contrario y él sea un gran Alfa Dominante

Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Advertencias + Introducción

Se suele afirmar, con esa arrogancia tan típica de los círculos de altos castas, que los Alfas Dominantes ocupan la cúspide indiscutible de la pirámide social. Que su palabra es ley, su voluntad absoluta y que el resto del mundo —betas, omegas y hasta otros alfas inferiores— existe únicamente para servirles, complacerles y jamás osar contrariarles.

Joo Jae-Kyung había escuchado esa misma cantinela desde que tenía uso de razón. Y cada vez que volvía a resonar en sus oídos, algo oscuro y ardiente se removía en su interior. Las venas de su frente y de su cuello se marcaban con fuerza bajo la piel, su mandíbula se tensaba hasta doler y un gruñido bajo, casi imperceptible, vibraba en su pecho. Para él, aquella idea no era más que una falacia repugnante, un veneno disfrazado de verdad natural que llevaba siglos intoxicando a su sociedad.

Él no se consideraba superior a nadie. Ni por su casta, ni por su poder, ni por su posición. Socialmente, para Joo Jae-Kyung, todos los seres eran iguales en dignidad. Detestaba con cada fibra de su ser que lo colocaran en un pedestal solo por haber nacido Alfa Dominante. Odiaba las miradas de envidia, las reverencias exageradas, las sonrisas serviles que recibía simplemente por existir.

Y lo que más le enfurecía, lo que realmente hacía que su instinto alfa rugiera de rabia contenida, era escuchar a otros alfas —especialmente a los de su misma casta— proclamar con total naturalidad que los omegas habían nacido para satisfacerlos. Que su único propósito era obedecer, abrirse y someterse sin cuestionamientos. Cada vez que oía esa basura, Jae-Kyung sentía ganas de romper algo. O a alguien.

Porque él creía exactamente lo contrario.

Para Joo Jae-Kyung, un verdadero Alfa no existía para ser servido. Existía para servir. Un Alfa Dominante no merecía lealtad ciega; debía ganársela con cada acción, con cada palabra, con cada sacrificio. Su propósito más sagrado era complacer, proteger y respetar a su Omega. No a cualquier omega. A *su* Omega. Aquel al que había elegido con el alma y al que se entregaba por completo.

Un Alfa de verdad no debía desear a nadie más. No debía mirar a ningún otro cuerpo, ni oler ningún otro aroma, ni permitir que su instinto se desviara ni un solo segundo. Toda su lealtad, su fuerza, su tiempo y su devoción debían pertenecerle únicamente a esa persona. Debía tratarla como a un rey, como a una reina, como al centro absoluto de su universo. Protegerla con ferocidad, cuidarla con ternura y amarla con una intensidad que rayara en la obsesión sana y devota.

Por eso, cuando la gente veía a Kim Dan a su lado, muchos omegas no podían evitar susurrar con una mezcla de envidia y anhelo:

—Qué afortunado es…

Y cada vez que Jae-Kyung escuchaba ese comentario, una profunda y cálida satisfacción se expandía en su pecho. No era orgullo vanidoso. Era la certeza tranquila de saber que se había ganado ese reconocimiento con cada gesto.

Porque Kim Dan no era simplemente su omega.

Era su elección. Su prioridad. Su mayor tesoro.

Y Joo Jae-Kyung había dedicado cada día de su vida a demostrarle que, en su mundo, el verdadero poder de un Alfa no se medía por cuántos se arrodillaban ante él, sino por la forma en que él mismo se arrodillaba —con devoción y sin vergüenza— ante la única persona que realmente importaba.