SERGIO

Sinopsis

Un simple omega. Es lo único que representa Sergio en la parrilla de la Fórmula 1. A ningún periodista o fanático le atraía la idea de un omega masculino peleando su lugar en uno de los deportes más demandantes del mundo. Su vida se vuelve más confusa, y caótica cuando se relaciona con quien los expertos llaman el próximo campeón del mundo. Vil, detestable y egoísta son adjetivos que describen muy bien a Max Verstappen, y Sergio comprende que no hay un punto intermedio para que surja el compañerismo entre ellos. Esto no evita que su biología se abra paso al deseo en medio del odio. Su necesidad de presentarse ya es bastante mala, pero amar era algo que no se tenía permitido. Todo se complica con el interés de otro alfa, Sergio tendrá que luchar entre el llamado de su género y lo que en realidad busca, y necesita.

Genero:
Drama
Autor/a:
MerliCas
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1

A versss...

Soy nueva en el fandom de la Fórmula 1, no soy una experta, repito, no soy una experta. Si ves que algo no cuadra, te pido por favor lo ignores. Solo tome ciertas referencias reales y lo mezcle con la ficción. El siguiente fanfic no tiene la intención de ofender a nadie, solo tiene el fin de entretener. Otra observación es que, si hay omegaverse, pero hay algunas diferencias, son muy pequeñas y obvio te darás cuenta, pero viene siendo lo mismo. Una vez dicho todo esto, gracias por su atención.





El tiempo es una constante, siempre y cuando los hechos a nuestro alrededor lo comuniquen como tal. Para Sergio era un detonante, era el momento de cruzar la parrilla, atravesarse a los mecánicos, llegar a boxes, cambiarse y prepararse, y sobre todo era subirse a su monoplaza RB19 mientras soltaba una ligera exhalación nerviosa. Para un omega masculino el tiempo siempre era una constante.


Desde cuando te presentas como un omega masculino, el tiempo se vuelve un recordatorio latente de que siempre debes estar por delante del resto de tu género. De pronto la gente que se relaciona contigo se para frente a ti y te preguntan cuando te casaras, cuando te marcarán, cuando engendraras, cuando compraras una casa, cuando empezarás a ser anfitrión de reuniones, y los cuándos nunca son suficientes desde este punto. Sin prestarle atención, la palabra cuando se volvió recurrente en la vida de Sergio.


Desde que tomó conciencia, Sergio ignoró el tiempo, y aprendió a aborrecer la palabra cuando. Era evidente que las metas que se marcaban en su cuaderno de quinto año, ese que tenía como portada un león rugiendo, serían extraordinariamente difíciles de lograr; se volvió incluso en sueños rotos cuando el olor infantil a leche desapareció con la presencia de su primer celo, y comenzó a destilar un aroma a chocolate y frambuesas.


Sergio jamás olvidaría el día que su profesor de literatura clásica lo encontró en el baño iniciando su primer celo, sus pantalones revelaron una mancha húmeda y el lugar estaba infestado con el olor de frambuesas maduras, casi tan dulce que parecía descompuesto. El olor se intensificó a medida que el docente se acercaba, y con una llamada informó a un inspector que se requería la presencia de los representantes de un alumno en celo. La vergüenza después de ello, fue mortificante.


Con el tiempo, superó el bochornoso episodio, y se acostumbró a convivir con las cajas de supresores, las infames pastillas y parches neutralizantes, y un sin fin de productos médicos; obviamente traían consigo miles de efectos secundarios, pero eso a nadie le importaba y menos a las grandes farmacéuticas dirigidas principalmente por alfas. Y es que el mundo giraba en torno a ellos, o eso es lo que ellos decían en cualquier medio de comunicación masivo existente. A diario se veía a los alfas quejarse de lo duro que era ser ellos. Sergio también aprendió a ignorar eso.


"Sergio, cariño, ¿Has entendido?" Su madre insistió en tenderle las tabletas de los supresores mientras dejaba besos sobre su cabello. "Ahora, los parches neutralizantes sirven para evitar que tu aroma se perciba en un lugar público y..."


"Esto es normal"


Su madre lo observó por un largo segundo.


"Cariño, claro que es normal tomar supresores y usar parches sobre tu piel. Mira, ellos te ayudan..."


"No"


"¿No qué cariño?"


"¿Es normal ser Omega?"


La madre de Sergio no respondió, en su lugar lo abrazó agitada y nerviosa, sin dudarlo. Sergio mantuvo su nariz aplastada contra el cuello de su madre por no sabe cuánto tiempo, la cadena que usaba le provocó picazón, pero no le importó. El olor a pino y sol lo abordó lentamente, y cuando estaba por cerrar sus ojos su madre lo alejó.


"Sergio, escúchame bien. El hecho de que seas un omega no significa que eres menos, que no mereces ser feliz o ganar una carrera en ese deporte tuyo que tanto amas." Su madre sacó un mantel limpio de su mandil colorido y seco las mejillas mojadas de su hijo. "Eres lo mejor que me ha pasado en esta vida, y cuando me levanto cada mañana le ruego a Dios que te ayude en tu camino. Pero si no crees en ti, entonces como te alentará Dios. Lucha hijo."


Dios sabía, claro que él sabía. No existía día que no conversara con él sobre su vida, o para agradecer por las miles de bendiciones que siempre le daba en cada paso que daba. Cuando recibió la noticia de que sería el primer omega masculino en correr por una pista de la Fórmula 1, creyó que simplemente era un sueño y que seguía durmiendo en su pequeña habitación, en la casa de cemento de un piso que su abuelo había dejado como herencia a su padre. Se sentía flotar.


Pero su género, el ser omega y uno masculino, le recordaba cada día que debía esforzarse aún más que el resto. Un omega en la Fórmula 1, era sinónimo de problemas según los alfas que merodeaban en el paddock, Sergio no entendía a qué se referían hasta que se unió a ese porcentaje del que nadie quiere hablar, al que siempre quieren censurar


La primera vez que experimento el acoso sexual, le dejo una pequeña marca, con el tiempo se aseguró de repararla, pero el recuerdo nunca lo abandono. Cada detalle, cada palabra, cada toque quedó en su inconsciente y se le hacía complicado no despertarse en ocasiones asustado, creyendo que había alguien a su lado intentando atacarlo.


Cuando se atrevió hablar con alguien del asunto, la FIA no le permitió ir más allá, y su agresor se había ido intacto. A partir de esa etapa de su vida, empezaron a crecer rumores sin cabeza, sin fundamentos y sin pies. Obviamente, su agresor tuvo que ver algo en eso.


"Sergio, un pajarito por ahí me dijo que la chupas muy bien. ¿Qué te parece sí?" El alfa, quien imitaba una felación con su mejilla hinchada, era otro piloto más de la parrilla. Su contrato estaba a nada de terminar y su rendimiento era atroz, pero eso no lo detuvo en creer que podía ser un hijo de puta arrogante y patán.


Coqueto, mojigato, prostituto, y otras palabras eran los adjetivos que lo habían perseguido, si no es que aún permanecía. Pero Sergio evitó cada conversación, cada pregunta o cualquier tema que diera pie para llegar a esos rumores. Por un tiempo fue una distracción que lo hizo caer puesto tras puesto en las pistas, se sentía intimidado e incómodo cada vez que caminaba por boxes o por el paddock.


La desdicha de ser un omega manchado lo perseguía constantemente.


"¿Estás bien?" Rosas y Champaña, el aroma se acercó tentativamente a los sentidos de Sergio, era un aroma poco común para un alfa.


"Sí" Fernando Alonso fue un destacado piloto de la Fórmula 1, y bicampeón. Se había retirado dos años antes de la llegada de Sergio, normalmente solía visitar de vez en cuando el paddock con su esposa beta.


"Has oído sordos a palabras necias. Los alfas de hoy lamentablemente repiten patrones de comportamientos que están arraigados, pero espero que eso cambie pronto"


Pese a ello, su madre siempre supo arrastrarlo a flote desde las profundidades de donde se sumergía a propósito y animarlo a seguir. Así fue por un tiempo, luego todo se fue a la mierda.


Con una sencilla llamada, una persona que solía estar relajada sobre un sillón de cuero de miles de dólares, había logrado destruir sus esperanzas. Habían reducido sus lágrimas y su esfuerzo a una nimiedad más, a otro piloto desempleado más. Ese día lloró recostado en un nido a medio hacer, lloró por la pérdida de su puesto, por no permitirse ser un omega por años y por la pérdida de su padre. Ese día se dejó ir lentamente con la ayuda de una botella de vodka. Era la única bebida alcohólica que podía soportar su olor, el resto le recordaba al dueño de un restaurante alemán, el mismo que lo dejó vivir en su segundo piso durante su estadía en Alemania en un intento por ingresar a la Fórmula 3, que efectivamente había funcionado.


El hombre se la pasaba día y noche contemplando su belleza, como solía decir. Jamás terminó su parloteo sobre que debía ser un omega bueno para un alfa, hasta el último día que estuvo ahí, le recordó que debía ser sumiso para su pareja. La omega de este hombre siempre lo alejaba, lo encerraba y no le permitía dirigirse a sus hijos. No fue hasta que estuvo montado en un auto con dirección a su nuevo hogar temporal patrocinado por Carlos Slim, que entendió que esa mujer omega sentía celos y temor de él. Siempre se preguntaba el cómo, sólo tenía catorce años en ese entonces.


Sergio no sabía que le deparaba en un equipo donde su estrella principal era un alfa menor, que tenía fama de perder el control sobre cualquier situación o desacuerdo. Le parecía tan absurdo, pero sabía que si quería continuar con su carrera debía aprovechar cada oportunidad que se colaba en su vida. Max Verstappen nunca fue algo que llamara su atención en el pasado, estaba ocupado intentando sobrevivir en un deporte dominado por alfas. Claro que sabía de él, era el niño de oro que intentaba quitarle el siguiente campeonato a Lewis Hamilton, siete veces campeón, pero nada más.


Hubo veces que incluso le dio una mirada por encima de su casco, cuando aún era compañero de Lance Stroll. El omega de papá fue como la prensa lo apodó, quien, a pesar de ser una persona con una ostentosa vida, nunca intentó ponerle un pie, y jamás demostró ser mezquino. Fue en ese entonces que conoció lo que los suyos llamaban solidaridad omega. Algo que casi nunca compartió en su infancia. La mayor parte del tiempo era juzgado por sus compañeros de escuela, sus gustos generaron esa aversión contra él. Ningún omega quería escuchar sobre 20 alfas intentando terminar un determinado número de vueltas, en una pista con curvas. Según ellos era aburrido. Su adolescencia no fue distinta, los pocos omegas que intentó conocer durante su estadía en la Fórmula 3, eran por lo general emparejados y no solían ser amigables. La mayoría de ellos tenían trabajos fuera de la pista, y casi nunca los veía. Siempre estuvo rodeado de alfas, con quienes nunca pudo conectar.


La entrada de Lance Stroll fue controversial, hubo rumores, encabezados de periódicos e incluso entrevistas que opinaban sobre su llegada a la parrilla. Muchos decían que su padre solo estaba cumpliendo el capricho de un omega, al comprar un equipo entero para que corra. Los directivos tuvieron mucha reticencia cuando se incluyó a Sergio, sin embargo, no fue el mismo caso con Lance. Era uno de los pocos omegas que se atrevieron a abrir su boca y decir lo que las minorías pensaban.


"La Fórmula 1 necesita más omegas"


"Gracias Stroll"


"Gracias a ti" Stroll no perdió la oportunidad de guiñar un ojo a la beta.


Sergio solo sonrió a lado de su compañero. La posición que su padre ocupaba en el mundo de los negocios le permitía hacer o deshacer.


Con Lance y Sergio en la parrilla, la FIA se obligó a reformar sus reglas, y los omegas fueron permitidos en las academias de pilotos. Helmut Marko fue el primero en oponerse, pero hubo otros miembros que afirmaron que estaban en una nueva era, donde los omegas eran más que simples padres o madres hogareños. Toto Wolf, director ejecutivo de Mercedes, era un asiduo activista de los derechos omega, y su opinión también había retumbando en los medios de comunicación.


Sergio había aprendido a hacer nidos con Lance.


Sergio nunca hizo un nido en su infancia o adolescencia, o uno completo. Pero el instinto estaba ahí, detrás de los dolores de cabezas y náuseas que eran comúnmente provocados por los supresores. Cuando su padre falleció por un inminente infarto, Sergio sintió una fuerza tal que se le hizo imposible ignorar. A pesar de intentarlo, nunca lo terminó de hacer; el revoltijo de mantas acolchadas, almohadas, e incluso ropa, las cuales cubrían una esquina de su habitación no parecía un nido, más bien parecía un montón de ropa sucia desecha. El olor a chocolate amargo terminó invadiendo su habitación, con rabia arrojó todas las telas y retazos y cerró con un portazo su closet.


Con Lance lo volvió a intentar.


Fue después del gran premio de Bélgica. Con Lance siendo omega, su padre se aseguró de ambientar, implementar y acondicionar las habitaciones privadas alejadas del paddock. Lance no quería hacer todo un espectáculo sobre la remodelación, pero su padre insistió en una habitación más que pertenecía al ala médica del hospital del equipo. El lugar guardaba desde sábanas hinchadas con lujosas plumas hasta una gran variedad de comidas nutritivas. En los inicios de Sergio en la Fórmula 1, jamás se le permitió hacer un nido, a él poco le importó, porque al fin y al cabo nunca supo hacer uno.


Sergio tuvo una crisis, casi nunca se permitía tenerlas. La periodista soltó un conjunto de preguntas que claramente tenían intenciones ocultas, era normal que fuera la comidilla de la prensa por su rango. Lance se acercó en el preciso instante en el que dejó de ver a todos y solo se fijó en el piso alfombrado. No tenía recuerdos de haber cruzado el paddock, solo fue consciente cuando Lance lo recostó en una base suave, perfumada, cálida y rellena; el débil aroma a limón y canela invadió todo su ser, le provocó algo que solo sintió con su padre cuando vivía y su madre cuando lograba estar cerca.


Consuelo.


Sergio no se atrevió a levantar el rostro, le ardían los ojos y la garganta parecía obstruirse, intentó tragar, pero cada vez que pretendía hacerlo creía fielmente que iba a vomitar. Cuando Lance se aseguró de que no le afectara tanto, se quitó el parche inhibidor de su brazo y esparció sus feromonas por toda la habitación; el dulce olor de la canela consiguió sedar el estado convulso de Sergio, y solo le bastaron segundos para caer rendido sobre los cojines casi sosegado. Lance no dijo nada, se quedó allí en un pacífico silencio. Una semana después, Lance se había ofrecido ayudarlo a hacer los próximos nidos que necesitará; incluso propuso compartir su habitación, Sergio se quería negar, o bueno, lo intentó.


El gran premio de Brasil, en medio de esa carrera Sergio ya sabía acerca de su despido de Racing Point. No fue una mala carrera, quedó en el noveno puesto. Nunca se rindió, era evidente, su mente no estaba de acuerdo. Tembloroso llegó hacia la habitación de Lance y tomó todo lo que pudo sin restricción alguna. Agarró la manta más acolchada, los cojines más suaves, las almohadas más rellenas y unas playeras de su compañero omega. Sus manos redondearon los bordes como le había explicado Stroll, y apilo cojines y almohadas en la parte superior.


"Alisa y redondea, alisa y redondea" Sergio murmuro concentrado.


Una vez terminado su primer nido sin ayuda de alguien, lo observó determinado, con un aire crítico; se dijo a sí mismo que era un nido decente. Sin más preámbulo, se subió en el centro y poco a poco se dejó caer.


Estaba sudado, cansado, aturdido y hastiado, sin embargo, su nido le brindó una furtiva paz. Extendió sus manos y recorrió el material cálido. Su cuerpo endurecido por el estrés se aplacó, y su instinto le instó a dejar de tocar tímido, y más bien le propuso revolcarse debajo de una manta de lana. En medio de su auge de felicidad, se congeló.


Café y tabaco, un alfa.


Sergio extrañamente no se tensó, por el contrario, tuvo la desgarradora miseria de inhalar con vehemencia el aroma belicoso.


La puerta de la habitación privada de Stroll estaba apenas abierta, y entre ese pequeño espacio se solidifico una mirada inhibida. Sergio agudizó sus sentidos y alzó su mirada, solo su mirada. En la penumbra del exterior se podía distinguir una escasa sombra, era débil, pero su presencia era imponente. De pronto se sintió atraído, curioso, y deseoso de saber quién era. El tabaco se filtró por la habitación agresivamente sin medir los daños que podía ocasionar, viajó por la habitación y sin permiso quería impregnar impaciente el nido.

Sergio quería darle permiso.


Por algún extraño motivo, Sergio se obligó a cerrar sus ojos. Se concedió la dicha de regocijarse, estaba claro que había una mirada persistente detrás de la puerta. No sabía quién era, pero su instinto lo doblegó, su naturaleza le exigía presentar su nuca ante la extraña presencia. De pronto, sintió el deseo de tener una mancha translúcida que traspasará su traje, alguna señal de lujuria para el insistente ser y demostrarle lo bueno que podía ser. Deseo experimentar un celo.


Sergio se despertó agitado, se levantó de su nido y volvió a ver la puerta. Estaba cerrada. Confundido, intentó separarse de las mantas. La puerta volvió a abrirse. Era Lance.


"Checo, me acabo de enterar. ¿Qué carajos? Porque no me lo dijiste, porque nadie me lo dijo"


Sergio nervioso y alterado se olvidó de la presencia, tal vez imagino cosas pensó.


"Lance no es necesario hacer esto"


"¿No es necesario?" Lance insistió. Sergio dejó caer su cabeza culpable. "Te vas de Racing Point y sin decírmelo"


"La decisión era inapelable, es lo mejor Lance. Tal vez ya es hora de dejarlo, ¿No?"


"Sergio eres un gran piloto y mereces más, hablaré con papá"


"Lance no, por favor"


Stroll suspiro, y suavizó su expresión.


"Hey, hiciste tu primer nido solo"


"Sí" Sergio dudó "¿Te gusta?"


"Es hermoso"


"Gracias"


"¿Puedo?"


Sergio asintió, Lance se acercó con cuidado y se acomodó cerca de su compañero. Con absoluta confianza dejó caer su cabeza sobre el hombro de Pérez. "Te voy a extrañar Sergio"


"Puede que también yo"


Lance soltó un puño en su brazo. "En serio voy a extrañar tu cara de culo"


"Y yo tus insultos infantiles"


"Checo, ¿En serio no te volveré a ver?"


"No he recibido ninguna oferta hasta ahora"


"Lo habrá, yo lo sé. Eres uno de los buenos"


"Si tú lo dices" Lance observó su perfil, Sergio no devolvió la mirada


"Claro que sí, y cuando nos volvamos a ver seremos rivales"


Sergio dejó salir una carcajada. "Lance siempre lo hemos sido"


Lance continuó observando el perfil de Sergio, su nariz hizo un extraño movimiento.


"No lo creo, siempre te consideré mi compañero. Nunca mi rival"


Sergio esta vez sí le devolvió la mirada, su brazo rodeó a Stroll en un semi abrazo.


"Vamos Checo, has estado durante horas dormido en ese perfecto nido tuyo"


"¿En serio? ¿Cuánto tiempo?"


"Lo suficiente como para perderte las entrevistas"


"¡Dios, no! ¡Las multas!" Sergio dijo asustado "¿Dónde estaba la asistente?"


"Tranquilo, no te preocupes por eso, yo me ocupo, solo arréglate y vámonos, ¿Sí?"


Finalmente, Lance se había ido. Sergio se volvió a relajar en su nido, debía ducharse y salir, pero se sentía cómodo en su lugar. Le tomó unos minutos más para levantarse. Estando en la ducha se quedó helado, inhalo y exhalo inquieto. Entre sus piernas había algo, un líquido suave extendiéndose hacia el sur de su cuerpo. Su mano derecha se deslizó débilmente sobre su entrada y un espasmo nervioso atravesó su brazo cuando reconoció el líquido sedoso. No tenía sentido, los supresores y los parches tenían un trabajo que cumplir, y era precisamente evitar este tipo de consecuencias durante su estadía en la pista o el paddock. Inesperadamente recordó al intruso antes de la llegada de Lance, no lo había imaginado, como tampoco las sensaciones que su cuerpo anhelaba, pero el aroma ya no persistía en la habitación. Su mirada recorrió su mano horrorizado, por sus dedos se resbalaba su mancha.



"Sergio, este es Max" Cristian mantuvo una mano firme en el hombro del muchacho, más bien un niño que miraba atentamente a Sergio, sin disimulo. "Max, este es Sergio"


Sergio era siete años mayor que él, tenía más experiencia, más conocimiento y una larga carrera en el deporte. Pero era un omega sin rango y nacido en circunstancias menos favorables que su compañero. Por otro lado, Max era un alfa, y provenía de una familia de pilotos, y se codeó con estrellas de la Fórmula 1 desde siempre. Claramente las cartas ya estaban repartidas y se estaba mentalizando sobre su papel en Red Bull los siguientes tres años. El mono que llevaba ya no era rosado, ahora era negro.


Su habitación privada era mucho más grande que la anterior, contaba con todos los implementos que se requería para un ritual de relajación antes de sucumbir bajo el estrés de ser un piloto de la Fórmula 1. Algo que no esperaba y no estaba seguro de cómo sentirse, fue visualizar una especie de closet armado que cubría toda una pared. Se paró frente a un cajón blanco y con un movimiento rápido de su mano lo abrió.


Frazadas, mantas, almohadas, cojines, sábanas y todos los derivados por haber yacían dobladas en diferentes secciones. Si su instinto no estuviera tan adormecido por los supresores y su parche no cubriera su hombro. Tranquilamente su aroma saldría a esparcirse sobre toda la superficie del lugar, y estuviera algo más que callado, un ronroneo tal vez.


"Nunca he entendido porque a los omegas les encanta hacer sus bultos de ropa"


Sergio se sobresaltó al escuchar una voz aguda, y con ello, cerró de golpe el fino cajón de color blanco. Max Versttapen estaba parado en el umbral de su habitación privada. Era extraño, analizó Sergio, después de su gélida y fría presentación, había creído que el alfa solo iba a ignorar su existencia en toda la temporada. Sergio sabía que el alfa no podía entrar al lugar sin permiso, y en caso de que lo hiciera, podría presentar una queja formal ante la FIA. El papá de Stroll había pensado en todo y sus beneficios se aplicaban en todos los omegas de la parrilla y los próximos en llegar.


"Versttapen" Sergio saludó después de darle la espalda al alfa.


"No creo que sea muy amable de tu parte tenerme aquí afuera, cuando vine a darte la bienvenida al equipo. Sabes"


Con los hombros rectos por la tensión, Sergio detuvo lo que hacía, tenía todo el derecho de pedirle que se retire, si no le parecía cómoda su presencia. Pero de nuevo, era un omega y esta no era la primera vez que lo intentaban intimidar. Sergio se rasco su frente inseguro, y le dedicó una mirada a Max.


"Necesitas algo" preguntó Sergio ignorando la petición del alfa.


Max soltó un bufido divertido, por ese rostro acecho la mirada azul más penetrante y estática que Sergio alguna vez haya visto. "Sí, quiero entrar"


Sergio inhalo fuerte.


"Versttapen entendí el punto, está bien. No hay problemas, no vas a tener problemas conmigo. Sabes muy bien que cooperare con Red Bull, no es necesario que debamos hablar, además..."


"Dame permiso"


Sergio dudó por un segundo. "No"


"Dije dame permiso" Sergio gimió quedito, casi como si intentara esconder su reacción a la voz alfa que había abandonado esos labios mortíferos. Esa era otra regla que se había implementado en los últimos años, ningún piloto alfa debía usar su voz alfa para propasarse con el personal omega o beta, la FIA podría multar a Max por su uso inadecuado. Sergio había experimentado esta situación antes, pero nunca llegó a mayores, hasta hoy.


"Pasa"


Max recorrió el lugar como si fuera el dueño de la habitación, tocó cada superficie y objeto a la vista. Sergio veía sus acciones perplejo, cuando el alfa se hartó de hacerlo, dirigió una mirada petulante hacia el armario.


"Veo que tienen intenciones de mimarte"


"¿Qué?"


"Que absurdo, completamente innecesario." Max desvió la vista hacia Checo. "Dime, es cierto que le chupaste la polla a tu anterior patrocinador"


Sergio saliva dos veces aturdido, se sentía mareado y el aire acondicionado golpeaba la piel de su cara ya fría por la nerviosa humillación, su mirada, furiosa y altiva se deslizó desde los pies hasta la coronilla del infame alfa.


"No eres nadie para ofenderme de esa forma, no me vuelvas hablar así o te juro..."


"Tsk, tsk, tsk" Max arrinconó a Sergio contra el armario y con su dedo anular negó cerca de su rostro. "Hay algo que no estás entendiendo, y es que, yo mando aquí"


La mirada de Sergio se abrió alterada, y sus manos se retorcieron incrédulas a los costados de su cuerpo, desde su conflicto con aquel patrocinador, nadie, ninguno de los pilotos había invadido su espacio personal, siempre eran burlas o insultos de parte de algunos. Max era el primer alfa en mucho tiempo que intentaba algo.


"Por favor, aléjate" susurro Sergio cerrando por completo sus ojos, apelando a una bondad que dudaba seriamente que el alfa quisiera mostrar frente a él.


Por supuesto, Max no lo hizo.


Max acarició la mejilla de Sergio lentamente, curiosamente, parecía buscar algo a medida que sus dedos se deslizaban de arriba hacia abajo. "¿Por favor? ¿A dónde fue el omega rudo?"


Los ojos de Sergio picaban detrás de sus párpados, nada evitó que algunas lágrimas cayeran. "Max aléjate"


"Porque es tan sensible tu género, joder" Max se detuvo cuando sintió la mejilla humedecida. El alfa esperó unos segundos a que el omega abriera los ojos, pero, claramente Sergio no lo iba hacer. "Abre los ojos" Sergio en lugar de escuchar y obedecer, volvió apretar sus párpados. "No me hagas volver hablar, sabes que será peor"


Hizo lo que se le ordenó, pero su mirada estaba fija en los colores de la camiseta de Red Bull que Max portaba, casi a la altura de su pecho.


"Alejat..."


"Silencio, ahora escucha" Max dejó que sus dedos vuelvan a vagar por la mejilla del omega. "Si te portas bien, todo irá bien, solo tienes que hacer lo que te diga cuando te lo pida, ¿Está claro?"


Sergio arrugó su nariz, despreciando el acercamiento y las palabras, con una postura defensiva. Su mirada enrojecida llena de odio intentaba empujar al alfa lejos.


"Pero bueno, ahí está mi omega rudo"


"No soy tu omega"


Max dejó de sonreír burlón, y sin dar una señal o alguna advertencia, se lanzó contra el cuello de Sergio, su nariz lo acarició lentamente varias veces ocasionando que el omega gimoteara consternado, pero eso no detuvo al alfa. "Ten cuidado omega, ya te lo dije, haz lo que te diga y nada va a pasar."


Sergio estaba hecho de ansiedad, pena y dolor. El alfa había tomado una última bocanada de un aroma invisible antes de irse, sentado contra la cómoda, respiró agitado con la boca abierta, su cabeza se movió de un lado al otro intentando contener el grito de pánico que subía por su garganta. Al cabo de unos minutos, decidió gatear con una manta verde y se dejó caer en el piso, allí se quedó hasta que su asistente golpeó la puerta y con palabras amables requirió su presencia para los medios.


"¿Sergio cómo ha sido tu relación con Verstappen en estos últimos meses?"


"Muy bien"


"Sergio cuéntanos más, estamos a mitad de la temporada"


"Es..."


"Hola Chicos que preguntones están hoy, eh"


Las cámaras, micrófonos y todo inquieto reportero se olvidaron de Sergio con la presencia del alfa. Por el rabillo del ojo Sergio noto las olas de disgusto que emergieron de su asistente, estaba claro que estaba en desacuerdo con la interrupción del alfa. En el paddock era bien sabido que cada piloto o miembro de cualquier escudería tenía derecho a una considerable cantidad de tiempo frente a los reporteros.


"¿Max cómo llevas tu relación con tu compañero Sergio?


"Es realmente buena, es un excelente piloto y me ha ofrecido varios consejos. Recuerden que el lleva más tiempo aquí que mi persona"


Cada alfa o beta empezaron a mover sus cabezas llenas de aprobación hacia las palabras del hombre, Sergio no pudo evitar sentir rabia, siempre ha sido así en la Fórmula 1. Si un omega abría la boca, no faltaba alguien para intentar callarlo, pero si se trataba de un poderoso y firme alfa, las felicitaciones siempre se excedían llegando a lo absurdo. Como si necesitaran darse palmaditas en la espalda entre ellos, es ridículo pensó Sergio.


"Además nunca está de más tener un bonito omega cerca del paddock" La expresión de Sergio se ensombreció.


"El más bonito debo decir, pero debes tener cuidado Max"


"Claro que sí Jeff" Comentó el alfa mientras sonreía al grupo de reporteros.


Todos gozaban con la vergüenza de Sergio, este no podía evitar reflejar una sonrisa forzada intentando ocultar su aflicción, parecía que Max iba a continuar sin consideración alguna, si no fuera por la asistente de ambos. Alice lucía completamente inconforme con la conducta antideportiva que se estaba llevando a cabo. La beta no tuvo reparos y se acercó cortando de raíz la infortunada entrevista.


"Max evítate ese tipo de comentarios"


"Pero que está mal Alice, solo era una pequeña broma" se expresó Max burlonamente.


"Max quiero creer que eras más listo que eso, sabes muy bien que, entre tus chistes, y el alfismo hay una delgada línea y no creo que quieras que eso esté en algún lugar de internet"


Max cerró la boca de golpe y apretó su mandíbula con una irritación encubierta. Perdió su interés en Alice y se dirigió a Sergio con una mueca tosca. "Bien, vamos a darle el gusto al omega"


Sergio tembló de ansiedad.


"¡Max!" La beta Alice siseo, su cuerpo entero tenía claras intenciones de emitir más comentarios mordaces, pero su mirada se detuvo a su alrededor y busco algún tipo de reportero chismoso o cualquiera que estuviera interesado en la historia que se estaba desarrollando. "Ahora que lo recuerdo, Cristian quiere verte"


Una vez solos, Alice buscó unas gafas Ray ban que llevaba consigo de forma religiosa.


"No deberías dejar que te trate de esa forma"


"¿De qué forma?" Sergio entró a su habitación y tomó dos botellas de agua. Alice tomó una.


"Mira, sé que no es mi problema, pero si Max ha actuado de alguna forma que te haya incomodado, debes decirlo"


En la habitación solo hubo un pequeño ruido que provenía del aire acondicionado encendido.


"Sergio, Red Bull Racing y sus asociados tienen el deber de..."


"No me ha hecho nada"


Alice blanqueo sus ojos algo hastiada. "Sergio, he visto cómo te tr..."


"Dije que no ha pasado nada"


Alice resopló cansada. "Muy bien"


La beta estaba por salir de la habitación, pero se detuvo un segundo y sin voltearse habló: 'Si necesitas algo puedes llamarme, tienes mi número, y gracias por el agua. Nos vemos Sergio"


Una botella de agua se impactó contra la puerta, todo su contenido se vertió sobre el piso pulido.


"Pérez no pensé que ibas a venir, Lance no estaba seguro de tu presencia"


Sergio apartó sus labios de su vaso con ron y subió su mirada, era la segunda vez que veía al alfa. "Alonso, hola"


El alfa lucía una distinguida camisa blanca que traía a sus extremidades remangadas dando una apariencia especialmente atractiva, esta iba sujeta a unos pantalones de vestir de color negro sencillos pero que lograban resaltar las vigorosas piernas, y su cabello destacaba alborotado, algo que solo hacía avivar la belleza masculina de este ex piloto de Fórmula 1.


Sergio sonrió achispado con las papilas gustativas hasta el tope de ron.


"¿Puedo?" El alfa señaló el asiento vacío a lado del omega.


"Claro, adelante"


"Le pregunte al niño sobre tu asistencia, pero se fue por las ramas y al final no me supo responder" Sergio tosió bajito y regresó su mirada al vaso de ron.


"No podía faltar a su fiesta"


"Claro que sí, no todos logramos estar en podio cuatro veces consecutivas"


Sergio inevitablemente sacó a relucir una risa nerviosa mientras se tomaba lo que quedaba de su bebida. "Estoy feliz por él, su padre es el más orgulloso"


Ambos vieron al hombre bailar en la enorme pista con su flamante esposa mientras movía las caderas como si fuera John Travolta. Fernando soltó una carcajada contagiosa. Con el sonido de la risa del alfa, Sergio se encontraba experimentando una sensación de paz. Permitiéndose así, olvidar el mal rato ocasionado por varios directivos, miembros de staff o pilotos, para estos el motivo de la fiesta parecía ser ridícula y extravagante. Por otra parte, hubo quienes aceptaron la invitación con agrado y aplaudieron con satisfacción los logros de un piloto omega.


Armar un alboroto solo por hacer tu trabajo había dicho Lando Norris, un omega que llevaba poco tiempo en la parrilla. Era técnicamente un niño verde que con sus acciones quería sobrepasar a pilotos de gran trayectoria. A pesar de tener el mismo rango, Sergio no fue la excepción y Lance, como siempre, no había permitido que le faltara el respeto a pesar de que ya no eran compañeros de equipo. Frente a la prensa, los pilotos parecían no tener pleitos, pero detrás del glamour, la champaña cara y los monoplazas veloces la cabeza de la rivalidad se asomaba irreverente para dividir y conflictuar los egos de cada uno de ellos.


"Soy consciente que los parches son obligatorios en público, pero tengo curiosidad por saber qué tipo de aroma está impregnado en ti"


Sergio estaba por levantarse y retirarse con la decepción vibrando en su cuerpo, por un segundo pensó que había logrado encontrar un buen alfa. Pero su mirada se perdió en la mano del hombre y en la ausencia del anillo de oro que solía llevar durante las carreras y besarlo en sus victorias.


"Tu anillo..." susurro muy bajo Sergio.


Fernando volvió su mirada a su mano vacía. "No sabias, fue el titular más vendido según mi representante"


Sergio trago saliva cohibido. "No, estaba muy ocupado"


"Tal vez la noticia de mi divorcio no llegó a donde debía llegar"


El omega soltó un jadeo de sorpresa. "Yo"


"Te invitaría un trago, pero veo que ya asaltaste el bar" Sergio bufo con una risa escondida detrás de su mano. El alcohol definitivamente estaba haciendo efecto.


"Sí, yo..."


"Realmente te ves encantador esta noche" Fernando dice con total naturalidad, con una ceja alzada y mirándolo a través de unas pestañas injustamente bonitas.


Sergio pasó su pequeña mano sobre su frente con la intención de borrar el fuerte y caliente sonrojo, que sabía estaba escalando por su rostro y bajando hacia su delicado cuello. Alejo su mano y se apretó los labios dudando si debía decir algo. "Yo..." Fernando se acercó con un movimiento sugestivo, intentando adivinar el aroma del omega. " Gracias"


"Pero" susurro Alonso dejando que su mano sin argolla vagara cerca de la mano que sujetaba un vaso de vidrio.


"Pero, estoy algo ebrio y necesito regresar a mi hotel." Sergio le lanzó una mirada evaluando su respuesta. Fernando solo le dedicó un asentimiento y una maravillosa sonrisa.


"No pasa nada, si deseas, te puedo llevar"


El omega alzó su cabeza y le dedicó al alfa una larga mirada.


"Fernando"


"Sin compromisos, solo deseo llevarte a tu hotel" o que pasó después de dicha frase, Sergio lo quería y su cuerpo lo reconoció. Un fornido dedo acarició su mejilla casi con reverencia, el omega se inclinó sumiso sin ánimo de frustrar cualquier otro tipo de caricia que el alfa propusiera.


Era el efecto del alcohol, o probablemente el hecho de que tenía un increíble alfa divorciado, claramente, intentando cortejarlo, Sergio no conseguía atinar cuál era el motor que lo estaba impulsando, pero su mente y su cuerpo estaban de acuerdo con una sola cosa, y era que codiciaba estar un poco más de tiempo envuelto en ese aroma de rosas que se incorporaba tan bien con la champaña. "Está bien"






Bien, bueno. Esa fue la primera parte, la segunda estaría lista pronto.


Buenos días, buenas tardes o buenas noches