OneShot
Decir que hora era casi incierto, la madrugada estaba más que instalada, de eso estaba segura, pero por el ambiente del lugar era imposible saberlo, las luces estambróticas se encontraban en el techo mientras a sus pies retumbaba el duelo por el alto volumen de la música, a su alrededor la gran cantidad de cuerpos calientes y sudados que revoloteaban entre los sonidos acompasados con luces que dificultaban la visión, pero mejoraba el contacto, porque la excitación más ardiente se encuentra al sentir cuerpo con cuerpo.
Era ya sábado por la madrugada entro en viernes por la noche, la semana fue tan insufriblemente estresante que quería olvidarse de todo por unos instantes y que mejor manera de tener una noche tan alocada donde no pudiera recordar su nombre por unas cuantas horas. Le marco a sus amigas mucho más temprano para que la acompañaran, pero escucho las mismas excusas de siempre
“Tengo trabajo”
“Estoy con los planes de la boda”
“Estoy cansada”
“a Shoto no le gustaría eso”
Y podía seguir por horas, la mayoría ya tenía su vida asentada, un departamento con obligaciones que cumplir, una pareja con la cual estar o un trabajo con ocupaciones, tanto que se les había olvidado como divertirse o que su vida era más feliz sin tantas obligaciones que te asfixiaran. No es como si estuviera exenta de esto, ella se independizó hace mucho de sus padres cuando comenzó a estudiar en la ciudad por lo que ella ya había pasado por todos esos problemas que afligían a sus amistades, tenía un trabajo estable en el que llevaba varios años donde teniendo más que controlado el estrés que le causaba a si como el tener su válvula de escape perfecto para divertirse, pero cuando se trataba de pareja es donde fallaban las cosas, había salido con algunos chicos en su etapa escolar, un pecoso muy amable y animado que siempre la trato como una princesa, pero termino muy pronto como para disfrutarlo, otro chico rubio muy masculino con el que creyó que se casaría en cuanto se graduaran, sin embargo, él escogió el trabajo de sus sueños mudándose solo muy lejos de ahí que por amor propio no quiso perseguir y un chico tan elegante como adinerado amigo suyo con el que salió unos cuantos meses antes de que él encontrara al amor de su vida para casarse con ella, lo peor de todo fue la amabilidad con la que rompió su relación con ella, ni siquiera le había dejado odiarle por cambiarla por otra chica más perfecta y linda. No perdió la fe en el amor, pero en estos momentos de su vida no quería saber nada más de eso, quería estar bien con ella disfrutando de sus salidas, eventos y momentos a solas para mejorar su autoestima lo suficiente asegurándose de que la siguiente pareja con la que estuviera fuera la última.
Era en esas noches de fiesta desmedida donde disfrutaba sin temor, usualmente alguna amiga la acompañaba para cuidarse de pervertidos de paso, pero no desperdiciaría su oportunidad solo por no tener quien la cuidara, entonces esa noche no se había permitido beber mucho, solo lo suficiente para relajar su cuerpo y sus sentidos. Se metió entre la multitud para poder bailar, descubriendo que al igual que ella, muchas chicas se encontraban sin compañía, si un par de grupos y parejas danzando con la música, pero ahí no se sentía sola, entonces se dejó llevar por el sonido fluido.
Le gustaba ese club, desde que lo conocieron no tuvieron ni un solo momento incómodo, no sabían de alguna chica que fuera acosada o maltratada, podías encontrar a alguien del staff siempre cerca o un guardia de seguridad dispuesto a ayudarte, el ambiente era lo suficientemente alocado para llamarlo discoteca y lo necesariamente organizado para disfrutar la estancia, la música cambiaba casi cada hora para permitir variedad, sin duda un lugar perfecto.
Sintió a alguien contra su espalda por la forma de su cuerpo y altura, supuso que era una chica, algo muy normal cuando se baila en esos lugares más de un cuerpo se junta, entonces la dejo estar además que se marcaba muy bien el ritmo que seguía, por lo que ella también aprovechó para mezclarse. Le gusto mucho la forma en como se movía siendo muy similar a lo que ella hacía, regularmente la gente después de una o dos canciones se iba a sentar a algún sitio, pero la misteriosa chica no se detuvo por casi 5 canciones, por lo que decidió girarse para mirarla.
Al parecer tuvieron la misma idea porque ella también volteó a verla, se sorprendió con lo bonita que le pareció aún con la poca luz del espacio lograba distinguir facciones muy finas que le podría asegurar que esa mujer era hermosa.
—Te mueves bien— comento casi inconscientemente
—Tú también— la chica se acercó lo suficiente para que la escuchara— ¿Te gustaría tomar algo? —
Acepto con una sonrisa entonces fue tomada de la muñeca guiándola entre la gente con mucho cuidado para que no chocaran, cuando estuvieron bastante lejos de la multitud llegaron a la zona de la barra donde había más luz que en el resto del lugar, ahí pudo admirarla en completa totalidad, su pelo era rubio algo pálido y claramente natural, con un peinado muy extravagante para su gusto aun así se le veía tan perfecto en ella que pareciera adecuarse por completo a su estilo, sus ojos color miel demostraban una alegría tan radiante que las ojeras bajo estos los hacían relucir más con la fina línea que los delinea, en sus mejillas notaba un bonito rubor que ni el maquillaje podía imitar, en su sonrisa encontró un par de colmillos un poco más grandes de lo habitual destacando sobre el color rosa de su labial en los de labios que le hicieron temblar las rodillas, bajo por el delgado cuello al suéter ligero que se pegaba muy bien al cuerpo femenino que delineaba curvas tan bonitas que le hacían sentir un poco de envidia y se detuvo en falda negra entablada que me le llegaba a la mitad de los muslos lo suficientemente larga para cubrir lo necesario y lo necesariamente corta para enseñar los bellos muslos de la chica, sin duda tenía una belleza exótica frente a sus ojos.
—Dabi, dame dos cocteles— le dijo al bar tender con absoluta confianza— ¿o preferirías una cerveza?— la chica giro a verla
—El coctel está bien—
— Soy Himiko —
—Mi nombre es Ochako— se presentó omitiendo el apellido como ella lo hizo
El hombre detrás de la barra les dejo dos copas frente a ellas con una mirada relajada a Ochako y por último a la rubia acompañada de una sonrisa.
—¿Lo conoces?—
—Nuestro amigo es dueño del local, entonces él trabaja aquí y yo solo vengo a disfrutar— le explico— ¿Vienes seguido?-
—Más de lo que quisiera— tomo la copa
Ambas bebieron al mismo tiempo, no dejo de mirarla ni un instante, en esa ocasión ella hubiera desviado la mirada, pero algo en la forma de ser de Himiko la atraía, tanto que mientras la veía beber con tranquilidad por su mente cruzo la pregunta de como se sentiría la copa al ser abrazada con gentileza por esos labios, algo completamente ajeno a como ella solía ser. Se obligó a volver a la realidad cuando cierto tono familiar llego a sus oídos.
—Me encanta esta canción— casi gritó
—A mí también-la miro con fascinación como si hubieran tenido la misma loca idea— ¿bailamos?
—Si—
Bebió el contenido de golpe y esta vez fue ella quien la sujeto, pero en esta ocasión de la mano para acercarse a la pista de baile, ya no bailo de espaldas, sino que la miro directo a los ojos mientras se movían, dejando que la canción guiara el mover de su cadera.
El lugar se volvió muy apretado así como ruidoso por la gente que coreaba la letra a la par que saltaba en el mismo lugar, disfrutando del remix de temas populares, ellas no fueron la excepción gritando sin pena y moviéndose con celeridad, Ochako había empezado a sudar, pero no quería detenerse y su pareja de baile se encontraba igual que ella brincando sin descanso, en algún punto en ritmo de la música cambio menos acelerado y bailable sin letras de cantantes volvió todo más tranquilo, tal vez ese era el momento de su pausa, pero Himiko le paso ambas manos por los hombros para sujetarla de la nuca evitando que fuera muy lejos. No le importo, después de todo podía seguir y la sujeto de la cintura para mejorar su movilidad en la pista. Era agradable el ambiente a su alrededor y cuando sonreía, cuando podía ver los colmillos de la chica sentía que brillaban agitando algo dentro de su pecho.
Sus ojos conectaron una vez más y como si la música a su alrededor desaparecía sintió los labios de Himiko sobre los suyos, el reflejo de su cuerpo la llevo a retroceder, pero el agarre de los dedos de la chica rubia se mantenía en su nuca impidiéndole escapar, sobre todo sintiendo el cuerpo contrario contra el suyo presionándose con insistencia. La empujo como pudo para quitársela de encima, haciéndola chocar con un chico a su espalda mientras su expresión cambiaba a una de sorpresa y salió corriendo.
No quiso mirar atrás mientras apresuraba sus pasos sin una dirección aparente, solo se movió hasta un hueco cerca de la barra donde no había mucha gente. Entonces aclaro sus pensamientos por el reciente acto, no la asusto, la acción cualquiera se alegraría de que una chica tan bella como esa quisiera besarle, lo que realmente le asusto fue lo mucho que le gusto aquella sensación, se llevó los dedos a su labio masajeando la zona que aún le cosquilleaba, solo había salido con hombres y estaba muy segura de su sexualidad, pero mentiría si dijera que en cuando vio la boca de la chica no quiso besarla.
—Ochako— la vio aparecer frente a ella con la respiración algo agitada y el sonrojo en sus mejillas más encendido— Lo siento… creí que—
Cuando la castaña miro de nuevo los ojos de aquella chica, su cuerpo se movió solo siendo esta vez ella quien la besara. Tal vez fue el alcohol, el calor del lugar o un poco de soledad, pero ese beso le hizo sentir como si su cuerpo perdiera gravedad. Rodeo con los brazos el cuello de Himiko imitando sus acciones en la pista.
Himiko dejo que ese beso durara tanto como Ochako se lo dictamino, acariciando con mucha suavidad la curva de la espalda queriendo llegar mucho más lejos, presionó su lengua contra los rosados labios de la castaña y está la dejo entrar con facilidad, degusto lentamente la mezcla de cítricos con gin que se habían tomado en el sabor dulce de la chica a la par que el aroma suave que desprendía estaban sobres estimulando sus sentidos. Abrió un poco los ojos antes de separarse, notado el sonrojo y en sus ojos toda la disposición a seguir.
—Ochako— susurro mientras acunaba las redondas mejillas de la castaña— Te enseñaré lo que es el amor, ¿vienes?—
Sus palabras le parecieron algo extrañas, pero la invitación logro acelerarle el pulso ante la tentadora idea de pasar una noche a su lado.
—Si—
Se movieron entre las luces destellantes y los cuerpos agitados de la multitud que aún seguían bailando como si se fusionaran con el color de la noche, era un lugar donde nadie dormía y que se sentía tan bien de pertenecer.
Escucho la puerta, cerrarse en el pequeño lugar donde una cama muy elegante lograba ser iluminada con la escasez de la lámpara de noche con luz cálida. Himiko entro primero soltarla de la mano, pero su paciencia ya estaba colgando de un hilo que sintió como re rompía ante la sonrisa de la rubia llevando sobre ella para caer en la cama.
Grabo a la perfección el calor del cuerpo contrario rozándose contra el suyo, el sabor de su boca donde su lengua se encargó de reconocer hasta el último detalle sin perder un solo momento para mirar los colmillos que tanto captaban su atención por parecer algo sobrenatural, escucho con mucho afán el cómo le dijo
“Cariño”
“Eres la más hermosa”
“Te amo”
Y ella respondiendo de la misma forma
“Preciosa”
“nadie me lo hace como tú”
“También te amo”
Nunca había tocado a una mujer con esas intenciones y claramente la idea de hacerlo con una la regresaba a sensaciones nada agradables, sin embargo, acariciar los pechos de Himiko, delinear la curvatura de su cintura o lamer la pie con ese toque salado de su cuello le generaba tal placer que podría morir ahí son arrepentimientos. Una simple mordida le pareció tan excitante al estimularla por medio del ligero dolor, los dedos nunca le había parecido suficiente, pero los de Himiko actuaban con gran maestría como si supieran qué punto exacto tocar dentro de ella y un beso nunca le había provocado un orgasmo hasta que fue la lengua de una chica quien la guio en las sensaciones correctas, amo cada momento del fabuloso sexo que tuvo al grado de no poder compararlo con ninguno anterior que palidecían sin oportunidad de superarlo, y cuando termino se abrazó con tanta fuerza al cuerpo de su acompañante porque sabía que cuando despertara ya no estaría ahí.
Esa fue una noche más maravillosa de su vida con diferencia, pero no estaba segura de si debía buscar algo similar, como si todo apuntara a que era algo incorrecto. Aun así miraba con atención la nota que encontró a la mañana siguiente sobre la almohada solitaria que la acompañaba, Himiko se había desvanecido como si fuera el sueño húmedo de una noche cualquiera o una criatura solo habitante en la noche más oscura de la ciudad.
“Encuéntrame ahí, donde la gente nunca duerme. La siguiente vez te daré un ramo de rosas” —Himiko
Eso mismo la había llevado a estar de nuevo en ese club, sin avisar a nadie porque necesitaba estar sola, el ambiente le resultaba tan familiar la gente bailando con mucha euforia ante la música popular, sin duda ella quería acompañarlo, pero primero tenía que asegurarse de una cosa, así que se esforzo por llegar a la barra lo cual fue algo más laborioso por tener que moverse entre la pista de baile hasta que consiguió salir del mar de gente y, como si su vista fuera atraída con fuerza se encontró con Himiko sentada en la barra donde se recargaba y sus piernas tan perfectas cruzadas mientras hablaba con el bar tender mientras sonreía mostrando su blanca dentadura, el chico señalo con la mirada a la castaña e Himiko la miro sonriendo con mucha efusividad tomando el ramo de rosas que sacaron de detrás de barra. No dejaría que la aventura se quedara en una sola noche si podía convertirla en dos.








