El polizón
Alguien estaba de muy buen humor y como respuesta a ello estaba tarareando una canción con los labios apretados para que no se le cayese el cigarro, había conseguido unos precios excelentes para unos productos tan buenos, seguro que Nami se alegraría cuando se enterase de que gracias a eso, le había conseguido su botella de vino favorito, aunque eso no hubiese importado, él la habría pagado de su propio bolsillo solo por escuchar un feliz “Gracias, Sanji-kun”. Ya estaba elaborando toda clase de respuestas amorosas para cuando llegase la ocasión.
Danzaba por la cocina de un lado a otro guardando las provisiones y escondiendo las botellas de alcohol para que cierta tripulación no la robase al más mínimo descuido, luego él se volvía loco al ver que su bodega disminuía en la misma noche en la que salían de cada isla.
Todavía estaban en el puerto de una preciosa isla en la que todos los Mugiwaras habían ido a explorar a su manera, él todavía no había tenido la oportunidad, pero para él haber podido ir al mercado y ver la mercancía era lo mejor, eso sí, en cuanto terminase por supuesto que iría a dar una vuelta por la ciudad antes de que el Log Pose volviese a estar en condiciones para que pudiesen irse de allí esa misma noche.
Ahora que se daba cuenta, no había visto al cabeza de pasto en la cubierta, se suponía que se quedaba para vigilar el barco y no estaba. Se encogió de hombros, seguro que estaba entrenando en el Nido de Cuervo como siempre, así que le restó importancia.
Se arremangó la camisa hasta los codos y cogió una pesada caja tras otra para guardarla en la despensa, asegurándose de que todo quedaba bien ordenado y supiese donde estaba todo, ese era su reinado y que nadie se atreviese a moverle las cosas de lugar. Se sacudió las manos y se las lavó antes de ir al frigorífico para sacar una jarra de té frío que había preparado la noche anterior y le dio un buen trago justo cuando vio que la puerta entreabierta de la cocina se abría más. Sanji no pudo ver el motivo del porque la madera se apartó hasta que de repente, el culpable se subió a la mesa.
- ¡Miau!
- ¡Un gato! – exclamó al ver a la criatura que no dejaba de maullar sin parar – Ey, tranquilo. ¿Cómo has llegado hasta aquí, pequeño polizón? ¿Es que quieres ser un gato pirata? Porque tienes aspecto de uno.
Bromeó observando al animal que abría su boca de par en par, como si le estuviese explicando algo que no entendía para nada con sus maullidos. Su pelaje era verde, con tres franjas blancas en el lomo como sus patitas al igual que el extremo de su cola y hocico, sus orejas eran de un verde más oscuro, y había perdido un ojo por lo visto ya que no podía abrirlo, el otro era dorado como el sol.
- Ah, joder. ¿Dónde se habrá metido el idiota del marimo? Me encantaría que te viese para poder burlarme de él y decir que eres su versión gatuna, solo te faltan unas mini-katanas, jajaja. Aunque él es como un gato directamente, ¿sabes? O más bien un tigre. Se pasa el día durmiendo, para luego comer y de vez en cuando cazar alguna rata que se cuela en mi cocina llamada Luffy.
- ¡Miau, miau!
- Oh, lo siento. Tienes razón. – acercó su mano para que pudiese olerle antes de intentar acariciarlo – Tú eres mucho más bonito que él. ¿Tienes hambre? Puedo prepararte un poco de pescado, si quieres. Quédate ahí, nada de brincar a donde están los fogones o te convertirás en el aperitivo de mi capitán.
Sacó una sartén del mueble que hizo rodar en el aire antes de colocarlo sobre el fogón y echar unas gotas de aceite antes de encenderlo mientras volvía a tararear la canción de antes mientras iba al frigorífico a coger un lenguado.
- Sería divertido tenerte a bordo, así me aseguraría de que ninguna rata se colase en mi despensa, aunque la verdad es que no tengo problemas con ellas, cuando era un crío cocinaba para ellas, mi familia no me dejaba cocinar a las personas. Oh, mierda. Dicho así parezco una princesa de cuento... hablando con animales y cantando mientras cocino. Ni se te ocurra pensarlo, gato-musgoso. – le señaló con el cuchillo pues estaba fileteando el pescado todavía – Vale que soy guapísimo con mi cabello rubio y ojazos azules, pero no soy ninguna princesa. Tampoco príncipe, soy el caballero del amor Kuroashi Sanji.
El gato lo observaba mientras movía la cola de un lado a otro, acomodándose sobre la mesa esperando su comida.
- Tengo un nakama que puede hablar con los animales, se llama Chopper. Es un reno que se comió la fruta del diablo humana que hace que sea mitad humano, pero espérate que eso no es lo mejor, ¡es médico! ¿Puede haber algo más flipante que un reno médico? Encima el cabrón es súper adorable. Seguro que os llevareis bien. – echó el pescado en la sartén y lo cubrió con la tapa para que se hiciese a fuego lento. Se sentó en el taburete para seguir hablándole a su invitado – También tenemos un tipo que es medio cíborg que va gritando “súper” siempre que puede, un músico que es un esqueleto, un tirador que tiene la nariz más larga del mundo, otro que es un borracho obsesionado con las espadas de cabeza verde y un chico de goma. Esto parece un circo, jajaja.
Le puso un cuenco con agua y aprovechó para darle la vuelta a la pieza del lenguado para que se dorase un poco por el otro lado antes de apurar su cigarrillo y encenderse otro de inmediato.
- Y luego tenemos dos bellezones: una diosa de cabello naranja que te sacaría hasta el último berie, si es que un gato los pudiese tener, y otra de cabello negro tan sumamente inteligente que gracias a ella sube la media de inteligencia de esta tripulación a algo aceptable. Se llaman Nami y Robin, solo con su presencia hace que el mundo sea un lugar mejor y cuando sonríen... joder podría caer fulminado. – se llevó la mano al pecho como si hubiese recibido un flechazo mientras flotaban corazoncitos a su alrededor para de repente señalar al gato de nuevo, esta vez con su dedo – Y tú, podrías ser un gato afortunado, si te lavo bien ellas querrán dormir contigo, a sus pies, ¡o que digo! A su bendito lado, serás el gato con la mejor suerte del mundo. ¡Qué envidia, quien fuera gato!
El gato bostezó, indiferente ante la charla sobre esas chicas y su suerte, sin embargo, el olor de la sartén le resultó más interesante en cuanto Sanji abrió la tapa y puso en un plato el delicioso pescado que troceó y puso delante de él, se relamió al instante.
- Espera un poco, no te quemes. – le aconsejó tras sentarse de nuevo en el taburete y rascarle la cabecita, cosa que sorprendió al gato - Si te quedas también comerías cosas deliciosas todos los días, cuidaría de ti, aunque seguramente prefieras quedarte en la isla. Eres un gato bastante guapo como para no tener a las gatas del lugar revolucionadas ¿O no es la primera vez que te subes a un barco y tienes a una gata en cada puerto? ¿Eh, bribón? Jajaja, no me mires con esa cara. Joder, parece que me entiendas. ¿Te he ofendido? No era mi intención, realmente te pareces al marimo.
Dio otra larga calada a su cigarrillo, dejando que el animal se pusiese a comer ahora que se había enfriado lo suficiente como para poder tragarlo.
- Te preguntarás quien es el marimo. – continuó su charla con ganas de hablar, aunque el gato no parecía realmente interesado – Es el que te decía antes, el borracho verde. Con cualquier cosa que le digo enseguida se molesta y me gruñe... es tan divertido, podría pasarme todo el día picándole y no me cansaría, jeje no puedo evitarlo, es superior a mis fuerzas porque es la única manera que tengo para que me mire.
El gato dejó de comer para alzar la cabeza y mirarle con curiosidad, ganándose una suave risa por parte del rubio que acarició entre sus orejas una vez más.
- Jejeje, ¿te sorprende? Bueno, es normal después de haberme oído halagar a las hermosas damas de mi tripulación, me gusta agasajarlas, mimarlas y que sean felices. Es algo que no puedo hacer con el cabeza de musgo, ¿te imaginas? – alzó la mano como un galán que toma la mano de una doncella – “Oh, Zoro querido, estás tan hermoso esta mañana con el rocío de tu hierba que me da ganas de tumbarme y hacer un picnic sobre tu cabeza”. Bueno, vale, eso está claro que no funcionaría – se rio de su propia ocurrencia mientras exhalaba el humo de su cigarro y suavizó el tono de su voz a algo más serio – “Zoro, eres tan increíble que no tienes ni idea de lo que me haces sentir, poder ser tu nakama y ver como cumplirás tu sueño es como llegar al All Blue” – se rio entre dientes – Lo sé, muy cursi. Se reiría en mi cara.
- ¡Miau!
- Oh, no te preocupes. Lo tengo asumido. – le revolvió el pelaje de la cabeza y apoyó el codo sobre la mesa y la mano sobre su propia mejilla – No tengo ninguna posibilidad, se piensa que soy un pervertido con las mujeres. Mejor así, no sospechará lo que siento por él.
- ¡Miau, miau!
- Jajaja, ¿me estás dando tu apoyo? No hace falta, estoy bien así. No quiero enrarecer nuestra relación. Además, razón no le falta; soy un pervertido. No veas como fantaseo con él.
- ... ¿miau?
- Es que no lo has visto, no es mi culpa. Tiene cuerpazo de infarto y el muy cabrón se pasa el tiempo entrenando semidesnudo, ahí, con todo el pechamen al descubierto, con unos abdominales que dan ganas de lavar ahí la ropa, o mejor, cubrirlos de chocolate y lamerlos hasta quedarme sin lengua. – al ver la reacción del gato se echó a reír - ¡Jajaja! No sabía que podía traumatizar gatos, que divertido. Y tiene una espalda... ideal para llenarla de marcas, mordería su cuello como si de un animal se tratase mientras le sujeto por las caderas sin parar de embestirlo, escuchando sus gemidos y mi nombre como la mejor canción del mundo que pueda existir. Vamos, come. – insistió acercándole el cuenco – Tampoco es para que te pongas tímido ahora, somos hombres tú haces lo mismo con tu gata, o gatas, que aún no me ha quedado claro si eres un promiscuo o no. Si a mi Zoro me aceptase como su amante te digo que no miraría a nadie más, ¿para qué? No hay nadie más sexy que él, colarse en su cuerpo tiene que ser... indescriptible y cabalgarlo ni te cuento. Joder, con él me daría igual estar arriba, abajo, cara a la pared o haciendo el pino, tiene que ser brutal el sexo con él, fuerte y duro como es él, me haría ver las estrellas, o que demonios, el firmamento entero hasta quedarme seco. Ah, tiene que ser genial. Me lo he imaginado ciento de veces y seguro que ni se acerca a como es en realidad. Lástima que no vaya a suceder. – se encogió de hombros y apagó el cigarrillo en su cenicero con una sonrisa de circunstancia.
- Miau...
- Ya te lo he dicho, a él solo le interesa ser el mejor espadachín del mundo. No tiene tiempo que perder en un “cocinero de cuarta” como él me llama, así que me lo seguiré follando en mi cabeza mientras se piensa que me cae mal. – sonrió como si nada, acostumbrado a ese sentimiento – Ahora que sabes mi secreto no puedo dejar que te quedes, o tendré que sobornarte con mi deliciosa comida con tal de que no le digas nada a Chopper.
- Sanjiii~
- Oh, precisamente de quien hablábamos. – escuchó la voz del médico en la cubierta, se sacó del pantalón su paquete de cigarrillos para ponerse uno en la boca – Recuerda, es nuestro secreto. – le guiñó el ojo al animal con complicidad justo cuando el reno entró en la cocina. – Hola, Chopper.
- Hola, ¡ah! – se sorprendió al no verlo solo.
- ¡Miau!
- Mira, se ha colado un gato en el Sunny. ¿A qué se parece al cabeza de algas? – acarició su lomo – Por cierto, ¿lo has visto? Ese idiota se habrá perdido otra vez.
- Precisamente venía a buscarlo, Luffy y Usopp han admitido haberme robado unas Rumbles ball defectuosas. – dijo mientras se sacaba otra del bolsillo.
- ¿Y eso que tiene que ver con el marimo? – preguntó sin entender.
- ¿Eh? Pues todo. – respondió mientras el gato se comía la bola y la masticaba – La Rumble ball hace que te transformes en un animal aleatorio y por lo visto Zoro se ha convertido en gato.
- ... ¿Eh? – se le cayó el cigarrillo de los labios - ¿Q-Qué?
- Pues que este gato es Zoro. – señaló al susodicho que terminaba de tragar la esfera.
Algo dentro de la cabeza de Sanji crujió ¿su cerebro? ¿su cráneo? ¿los engranajes que se habían soltado? No tuvo tiempo de meditarlo demasiado, porque de repente el gato explotó en una bola de humo para mostrar a un desnudo espadachín.
- ...Oh, mierda. – dijo antes de salir corriendo a toda velocidad. - ¡OH, MIERDA!
- ¿Q-Qué pasa! – preguntó Chopper sin obtener respuesta.
- ¡Cejillas, ven aquí! – saltó de la mesa para perseguirlo.
- ¡Ni loco! – eso era una muerte segura, en la cubierta pudo ver las ropas y espadas de Zoro junto al palo mayor que era justo donde solía echarse sus siestas y entonces entendió que seguramente Luffy y Usopp se la habrían dado mientras dormía, ya que ese era su sitio preferido. Estaba demasiado nervioso y no supo porque había elegido como ruta de escape colarse al interior del Sunny. Por un momento pensó que con el nulo sentido de la orientación del otro podría librarse, pero cayó a su lado asustándolo y echó a correr de nuevo - ¡Olvida lo que has oído!
- ¡Que no huyas, Rizado!
- ¡Zoro por Dios que vas desnudo, un poco de vergüenza! – giró por el pasillo bajando las escaleras a toda velocidad esperando despistarlo.
- ¡No tienes escapatoria!
- ¿Por qué mierda no te pierdes como haces siempre? – maldijo su despiste por no haber usado el sky walk y largarse a la ciudad, allí haría una vida nueva, lejos de la muerte que le auguraba por quedarse allí.
Intentó burlarle unas cuantas veces más, hasta que efectivamente llegó al almacén donde guardaban la cola y otras cosas sin escapatoria alguna. Sanji jadeaba buscando alguna salida, quizás Franky se apiadaría de él si le hacía un agujero al Sunny para poder largarse de allí. Escuchó el pestillo de la puerta cerrarse y observó horrorizado que se trataba de Zoro que también jadeaba por la larga carrera que se habían dado por todo el barco y se acercaba peligrosamente hacia él.
- M-Marimo, vamos ¿dónde está tu sentido del humor? – rio nervioso caminando hacia atrás conforme el otro avanzaba - ¿cómo diablos iba a pensar que el gato ibas a ser tú?
- ... - frunció el ceño un poco más.
- E-Era broma eso de que te quiero empotrar, pfff ¿ya ves? ¿yo? ¿con lo mucho que me gustan las mujeres? – pasó a mentir para ver si así se libraba hasta que su espalda chocó contra la pared del barco así que optó por rendirse al tenerlo a apenas dos pasos de distancia - ¡Bueno, vale! Acaba cuanto antes, golpéame cuanto quieras, pero no en la cara, no quiero que...
No pudo continuar su perorata porque Zoro le aferró la mandíbula con fuerza obligándolo a callar. Sanji cerró los ojos esperando la paliza que se avecinaba con total seguridad y se arrepintió enseguida por haberle dicho que no le pegase en la cara, porque seguro que se ensañaría y... ocurrió.
No lo que esperaba.
Bueno, sí fue en la cara, concretamente en la boca, pero no fue su puño lo que se estrelló contra ella, sino la boca de Zoro.
Eso le hizo abrir los ojos, encontrándose los del espadachín cerrados todavía con sus labios pegados a los suyos, presionando con ellos. Sanji quiso decir algo y Zoro aprovechó para meter su lengua y degustar por completo el interior, buscando la del rubio que estaba tan sorprendido que no pudo ni reaccionar.
- Ey, - gruñó el peliverde por la escasa respuesta del otro mirándole muy de cerca, separándose lo justo para poder hablar - ¿hablabas en serio lo de empotrarme o no?
- ¿E-Eh? – preguntó parpadeando con rapidez para salir del trance.
- Eso de llenarme de marcas y morderme. – sonrió lascivo pasando la punta de su lengua en el labio inferior de Sanji que le estremeció – Si quieres que gima tu nombre tendrás que hacerlo bien.
Vale, definitivamente Zoro le había dado una paliza, no la recordaba y ahora estaba en coma soñando con un Zoro desnudo que le pedía que le empotrase, era lo único que tenía sentido, eso o que una serpiente gigante le hubiese envenenado y estuviese soñando su fantasía aunque se sintiese muy real... pero, ¿qué diablos? Si Zoro se lo pedía ¿Quién era él para negárselo o para negarse a sí mismo tal sueño erótico?
Cambió las tornas y estampó la espalda de Zoro contra la pared y fue su turno de devolverle el beso con fogosidad mientras sus manos iban directas a esos pectorales que tantas veces había deseado aferrar y que apostaba sus manos de cocinero que eran las tetas más grandes que había visto en su vida, eran duras, puro músculo, la izquierda marcada por esa larga cicatriz que no dudaría en lamer en cuanto se cansase de su boca si es que eso era posible, porque ese sabor desconocido y que tantas veces anheló era como una jodida droga, no es que fuese un experto, una vez sin querer se intoxicó junto con Patty en el Baratie y Zeff casi les revienta la cabeza, por supuesto repitieron asegurándose de que el viejo no les descubriese.
- Te juro que no volverás a llamarme Rizado o alguna mierda similar. – le aseguró con voz ronca al cortar el beso y lamer la línea de la mandíbula hasta su oreja donde la melodía de los pendientes tintineó tan cerca que le mareó aquél precioso sonido.
- Mnn, ah. – jadeó Zoro.
Poco duró en el ranking como “sonido favorito” el de los pendientes cuando el espadachín gimió por sus atenciones, era jodidamente sensible, eso o estaba tan cachondo como él. Descubrirlo fue fácil, pudo sentir contra su bajo vientre como el miembro de Zoro se endurecía y le prometió mentalmente que fuese paciente, porque iba a comérselo sí o sí.
Sus manos querían acariciarlo todo y todavía se sentía como drogado por poder probar su piel, ese toque salado le estaba volviendo loco y tuvo que dejar la primera marca en el cuello, roja y caliente, la muestra de que Sanji había estado ahí y no pudo evitar sonreír al verla hasta que Zoro le obligó a mirarle de nuevo atrapando de nuevo su mandíbula.
- ¿Te gusta lo que ves, cocinero? – sonrió altanero.
Podría haberle respondido de mil maneras distintas, la mayoría de forma burlona, negarse, reírse, pero solo asintió estúpidamente para afirmar que así era y le besó apasionadamente siendo él esta vez el que colaba su lengua y encontraba la de Zoro que participó con gusto a frotarse contra ella. Sanji jadeó ante esa delicia y pegó su cuerpo al del espadachín, sus manos se pasearon por su cuello, su torso y arañó la espalda hasta aferrarse a las nalgas de acero. Que jodida locura.
Zoro gruñó por la camisa que le impedía estar piel con piel y Sanji entusiasmado se deshizo de ella con habilidad, acostumbrado a desabotonar sus camisas a la velocidad de la luz y se deshizo de ella sin cuidado alguno, poco le importaba en esos momentos que fuese de sus favoritas. Ya que tuvo que cortar el contacto con ese maravilloso trasero, decidió retomarlo con más ganas y se hizo con ambos cachetes con una buena nalgada que hizo jadear al espadachín, mezcla de sorpresa y placer.
Aprovechó la distracción para inclinarse sobre él y ahora sí poder lamer su pezón derecho que se endureció bajo su húmedo toque, lo succionó, lo mordió, lamió e hizo lo que quiso con él mientras Zoro se retorcía entre sus brazos sin saber si dejarse hacer o apartarlo, porque puso sus manos sobre los hombros del cocinero, tenía la suficiente fuerza como para darle un buen empujón si así lo desease. Trató del mismo modo el izquierdo, dejándolo rojo e hinchado, se le antojó similar a una fresa, y recordó ese chocolate que le hubiese encantado rociar sobre los abdominales del peliverde, aunque sin duda el sabor único y delicioso de su piel era mejor que cualquier cosa que hubiese cocinado nunca. Satisfecho de su trabajo pasó a lamer esa cicatriz desde el extremo superior, recorriéndolo con su lengua, intercalando algún que otro mordisco que sobresaltaba a su dueño hasta llegar a la cadera.
Se arrodilló frente a él, con la maravillosa vista de ese falo de un tono de piel ligeramente más oscuro que el resto del cuerpo encabezado con una pequeña mata de pelo verde. “Un arbusto” pensó Sanji la primera vez que lo vio. Acarició esos muslos hasta llegar a las ingles y casi le pareció que estaba rezándole, atrapando entre sus manos ese trozo erguido de carne demandando atenciones.
Zeff le dijo cuando era un crío que siempre había que escuchar al Dios del mar, no cabrearlo, no era necesaria tal advertencia después de pasar casi setenta días en una maldita roca sin comida ni agua, pronto respetó a ese Dios. Siempre creyó en el Destino, era de esos ilusos que pensaba que su camino estaba escrito y él lo recorría por muy duro o divertido que fuese. No creía en otros Dioses, pero claro, cuando uno tiene delante ese cuerpazo ¿Quién es él para negar una divinidad?
No se lo pensó dos veces, abrió la boca y sacó su lengua para recorrer toda la longitud expuesta desde la base hasta la punta sin apartar la mirada de la de Zoro que le observaba desde arriba con las mejillas sonrojadas. Sanji sonrió satisfecho de si mismo por lograr ponerle así de cachondo y como recompensa repitió el movimiento antes de humedecerse los labios para meterse la dureza hasta la mitad.
- Ah, sí... - ronroneó de puro placer el espadachín, sin poder apartar su vista.
Para Sanji ese gemido fue como un “buen chico” y eso le encendió todavía más, movió su cabeza de atrás a delante, despacio, sin prisas, degustándolo sacándolo de su boca para mordisquear su longitud, la base y besar sus testículos antes de regresar a engullirlo, cada vez tragando un poco más de ese miembro, hasta llegar al punto en que golpeaba al final de su garganta, no le importó esa incomodidad, quería follárselo con la boca y eso iba a hacer. Aumentó el ritmo poco a poco hasta convertirse en frenético, la saliva resbalaba por las comisuras, las piernas de Zoro flaqueaban y Sanji tuvo que sujetarle por las caderas y aguantarlo para que no cayese apoyándolo contra la pared y succionar.
- ¡Joder, sí! – jadeó más alto, la mamada estaba siendo brutal y que Sanji ronronease hacía que su boca vibrase y fuese más excitante todavía, ¿a cuál de los dos le estaba gustando más la experiencia? Puso sus manos sobre la cabeza rubia, como si pidiese que rebajase el ritmo, aunque en realidad no quisiera tal cosa – ¡AH!
Los hábiles dedos de Sanji se colaron entre sus nalgas y ahora jugueteaban con su estrecha entrada, presionando sin llegar a adentrarse, apenas las yemas se metían notaba a Zoro al borde del orgasmo y en cuanto menos se lo esperó adentró uno de golpe como si de una estocada se tratase y adentró hasta el último nudillo.
- ¡ROAH! – el orgasmo fue tan potente que más que un grito parecía un rugido, apretó los dientes sintiendo los espasmos de placer y como Sanji los tragaba como si de un dulce néctar se tratase y él presionaba sus dedos contra el cráneo intentando controlar su corrida, cosa imposible.
Si se pensaba que el cocinero iba a darle algo de tregua se equivocaba, continuó follándose su trasero usando su dedo para que no bajase todavía el calentón que llevaba, aunque sí que le dejó resbalar sobre la pared para quedar sentado o más bien recostado mientras él continuaba preparando su trasero, liberó su dureza y se limpió la boca con su mano desocupada para atacar de nuevo sus pezones, mordisqueándolos y pellizcándolos sin compasión.
El orgasmo le había sensibilizado su cuerpo, cada caricia era una dulce tortura que quería sufrir, su amante era demasiado entregado, no exageraba cuando decía que le complacería, notó nuevas marcas en su cuello cuando otro dedo se adentró junto al que ya estaba complaciéndole.
- Zoro... - susurró su nombre antes de lamer su nuez – Zoro, Zoro, eres increíble. – sonrió al ver esa cara desencajada por el placer – Tendrías que verte, podría correrme solo con la cara que estás poniendo ahora mismo, retorciéndote por mis caricias. Quiero follarte, necesito follarte, deseo follarte y que solo yo exista para ti.
- San... - se calló al darse cuenta de que estuvo a punto de decir su nombre ante el ensanchamiento de esa sonrisa, aun no podía darle ese gusto. Sanji rio entre dientes y él se sonrojó por su desliz.
- Haré que me llames por mi nombre, - le repitió su promesa presionando su punto dulce, arrancándole otro grito placentero – la primera vez que me llamarás por mi nombre será acompañado de un orgasmo tras otro.
- Ah, joder... - se mordió el labio inferior mientras dejaba que Sanji golpease su próstata con sus dedos, era una delicia.
- No sabes lo cachondo que me pone verte así. – jadeó mientras se libraba del cinturón y bajaba sus pantalones y ropa interior para poder liberar su adolorido miembro que reclamaba ese paraíso que apenas le separaban unos centímetros. Sacó sus dedos y alineó su miembro a esa palpitante entrada que parecía querer engullirle.
- H-Hazlo ya...
- Uff, - sonrió, esa súplica era melodía para sus oídos – claro que voy a hacerlo, voy a follarte, te embestiré, te haré gritar, te llenaré, – enumeró cada cosa que iba a hacerle colando solamente la cabeza de su miembro para luego sacarla y repetirlo en cada cosa que le decía, como si de besos se tratasen. El cuerpo de Zoro se estremecía, anhelando más por esa carne – te correrás tantas veces que serás incapaz de ponerte en pie.
Así comenzó su promesa, con un fuerte empellón que de nuevo hizo que alcanzara el clímax dejándose la garganta por el grito placentero mientras hundía sus uñas en la espalda de Sanji, quien deseó que esas marcas nunca desapareciesen. Fue su turno de morderse el labio inferior, para no dejarse llevar por ese maravilloso placer del apretado cuerpo de Zoro, embistió sin compasión mientras le sujetaba por las caderas que las alzó para acomodarlo mejor robándole jadeos en cada empujón que daba contra él, los abdominales de Zoro estaban manchados con su esencia y de nuevo su “sonido favorito” cambió a unos gemidos descontrolados del espadachín.
No le daba tregua alguna, golpeaba su próstata como si tuviera un imán que lo atraía directo justo donde más le gustaba. Incómodo de sujetarle por los brazos que había marcado con sus uñas alzó sus manos por encima de su propia cabeza, su espalda se arqueaba como un junco, estaría agotado, pero aun así su cuerpo buscaba no perder ese punto que le enloquecía y que Sanji se lo comiese también con los ojos.
- Eres tan hermoso. – susurró, no le importaba si el espadachín podía escucharle, era un pensamiento dicho en voz alta, nada ni nadie le haría cambiar de opinión, porque tener a Zoro así era lo más excitante y bello que había visto. Colocó sus manos en las corvas para alzar más su trasero y avasallar de nuevo en su interior. – Uff, joder... esto es demasiado bueno.
Zoro sonrió, sus labios entreabiertos por no poder dejar de jadear, su piel perlada en sudor y enrojecida por lo caliente que estaba la situación, sus miradas se encontraron y la pupila dilatada que Sanji mostraba pudo contemplar como el peliverde movía los labios con una simple orden.
“Córrete.”
Y contra eso uno no puede luchar.
Hundió sus caderas con fuerza contra las contrarias, su tibia esencia llenó aquel interior que parecía anhelarlo, estrujándole y exprimiéndole hasta la última gota.
- C-Cabrón, eso es jugar sucio... - gruñó por esa sucia argucia del espadachín – no creas que esto se ha acabado.
Zoro rio entre dientes, orgulloso de haber conseguido su propósito, poco le duró la sonrisa cuando Sanji alzó la pierna y depositó un beso en la cicatriz del tobillo antes de colocarla sobre su hombro, le sujetó bien fuerte y echó las caderas hacia atrás, despacio para volver a empujar hacia delante y empotrar su dureza contra la próstata del espadachín que casi le hizo correrse de nuevo. El cocinero imitó el movimiento despacio para luego golpear de nuevo, cambiando totalmente el ritmo frenético que había llevado hasta ahora.
No era porque necesitase bajarlo, sino que estaba disfrutando de las vistas, ver como su dureza empapada se deslizaba con facilidad por ese apretado interior para luego adentrarse era glorioso.
- Vamos, fóllame más duro. – pidió Zoro al borde de la locura.
- ¿Qué ocurre, mi amor? ¿es que no aguantas más y quieres correrte? – preguntó besando su rodilla para luego morderla y darle otro empellón – No quiero acabar tan pronto.
- ... - el espadachín se sonrojó todavía más y tragó saliva antes de ladear su tronco y apoyarse en su brazo para acortar distancias con el rubio, él no era tan flexible por lo que el cocinero tuvo que acercarse.
- Ey,... - susurró con cariño deteniendo sus caderas para poder unir sus labios en los suyos – si haces estas cosas tiernas no querré salir nunca de ti.
- ¿Quién te lo ha pedido? – respondió en el mismo tono acariciando su mejilla.
Sanji apretó la mandíbula, conmovido por su ternura y bajó la pierna para que Zoro estuviese tumbado de nuevo más cómodamente y él besarlo con amor, saboreando cada rincón de su boca mientras sus caderas bailaban lentamente en el interior del espadachín que se le hizo mucho más íntimo que todas las veces que le había empotrado. El rubio acarició sus brazos hasta llegar a sus manos y entrelazarlas con las suyas, eran ásperas por el uso de las espadas y cálidas como el resto de su cuerpo. Cuando Zoro abrió su ojo sano pudo ver los dos azules, ya que su flequillo se había deslizado a un lado y le miraba de tal manera que se sintió derrotado.
- ... Sanji. – gimió su nombre con tanta dulzura que pudo sentir como este se estremecía – Sanji... Sanji, Sanji... ah... S-Sanj-mnh...
No pudo continuar hablando, los labios del otro se unieron a los suyos con fuerza obligándolo a callar porque de nuevo molió sus caderas con rapidez, incapaz de soportarlo, pero Zoro necesitaba respirar y por mucho que le gustaría besarlo el aire también era necesario.
- Sanji... m-me corro...
- Yo también, mierda... no quiero. – gruñó con los ojos cerrados porque sabía que no podría evitarlo.
- Sanji...
- Calla...
- San... ¡ah! – sentía como se acumulaba de nuevo esa descarga entre sus piernas y él en cambio se dejó llevar - ¡AH, SANJI!
- ¡Ng!
Culminaron ambos casi a la vez, de nuevo Sanji en el interior de Zoro y este entre ambos torsos, sobre todo en el del rubio ya que estaban tan pegados que la esencia chocó contra los abdominales de este. El espadachín bajó las piernas, agotado y aprovechó que el cocinero apoyaba su frente en la clavícula de Zoro para poder recuperar el aliento, había sido genial.
Pasados unos minutos notó como el miembro de Sanji ya no estaba tan duro y se escurría entre sus muslos, pero el rubio trató de adentrarse de nuevo.
- Ey, para. – le reprendió el peliverde posando su mano en la cabellera dorada – Ninguno de los dos puede más.
- No quiero, no quiero salir aún. – respondió sin mirarle.
- Ya no estás duro y yo seguramente no pueda ni caminar, idiota.
- Si salgo... todo acabará... - susurró desde su escondite.
- ... - así que era eso, suspiró y puso sus manos ahora en las mejillas de Sanji para obligarle a levantar la cabeza y pudiese hablar con él en condiciones – Debo de gustarte mucho para querer follarme.
- ¿E-Eh?
- Vamos, siempre estás haciendo el payaso con todas las tías con las que te encuentras, ¿cómo iba a saber que también tenías pensamientos lujuriosos hacia mi?
- Porque pensaba que no te interesaría nunca, - se explicó con tristeza – nunca muestras interés en algo que no sea tu sueño o la bebida, además creía que no me soportabas, era imposible saber que tú querrías lo mismo que yo.
- Confesar todo eso a un gato antes que a mi... eres un idiota de categoría, princesa de cuento.
- ¡E-Ey! – sus mejillas se tiñeron de rojo - ¡No soy una princesa!
- Cantas mientras cocinas a animales hambrientos a los que consideras amigos, eres una princesa oficial.
- Pues bien que esta “princesa” te ha empotrado, marimo.
- Ya lo haré yo contigo, de eso no te quepa duda.
- ¿Eh? – parpadeó sorprendido.
- Me gusta también ese plan que me dijiste de que me cabalgases.
- Entonces... ¿qué somos?
- El plan de que sólo me miras a mí también me gusta.
- ¿Quieres que seamos exclusivos? – preguntó sin salir de su asombro cuando asintió Zoro con la cabeza - ¿Qué seamos pareja?
- Estaría bien, mi amor. – repitió el modo cariñoso que antes había usado Sanji en él.
- Oh, joder. Que bien suena eso. – sonrió de oreja a oreja, ilusionado con todo aquello – Voy a darte todo mi amor, marimo.
- ¿Te das cuenta de que si le cambias el orden de las letras a “marimo” se convierte en “mi amor”?
- ¿Ah, sí? No me había dado cuenta. – respondió en tono burlón.
- Lo sabías... - comprendió su tono al instante - ¿Era tu manera indirecta de llamarme así?
- No sé de que me hablas~ - ronroneó comiéndoselo a besos, soltando corazoncitos sin parar.
- Ya, claro. – rio mientras le abrazaba, con tanto movimiento al final el miembro de Sanji terminó por salir junto con su esencia.
- Ah, lo siento. – se sonrojó al sentirlo él también y buscó en su bolsillo del pantalón el pañuelo que siempre llevaba para limpiarlo – Vamos al baño, te he dejado hecho un desastre.
- Más te vale ayudarme a llegar porque no me aguanto en pie.
- ¿Te llevo?~♥
- Aquí la princesa eres tú, no yo.
Lo acompañó hasta el cuarto de baño dejando que se diese una ducha mientras él iba al cuarto de los hombres a por ropa limpia para los dos, regresó con él y se dieron un buen baño juntos que disfrutaron de buen grado hasta que, para desgracia del cocinero, tenía responsabilidades que atender por lo que salieron para ir a la cocina con el rubio insistiendo en sostenerlo por la cintura para ayudarle a caminar.
- ¿Quieres más pescado, cariño? – preguntó con una gran sonrisa mientras le dejaba una botella de sake en la mesa tras que el peliverde se sentase en el taburete con algo de esfuerzo.
- Ya no soy un gato.
- Pues estabas adorable como tal. – acarició el cabello frotándolo como había hecho con su versión felina – Aunque te prefiero como estas ahora... pero si me maullases...
- ¡No pienso hacerlo!
- Ay, porfa~ - se acodó en la mesa esperando a que lo hiciese con los ojos cargados de ilusión.
- ... - ante esa cara no podía negarse, sus mejillas se pusieron rojas – M-Miau...
- ... - lo dijo sin emoción alguna y sin embargo lo hizo, por él, por cumplir con su deseo – Mierda, quiero ponerte un collar con cascabel.
- ¡Ni en puta broma!
- Ay, por...
- ¡Una mierda!
- Jajajaja, vale, vale. – le robó un beso a esa boca fruncida – Tenía que intentarlo, mi amor.
La puerta de la enfermería se abrió y Sanji se apartó rápido de Zoro mientras este se aseguraba que con la ropa nueva sus marcas de pasión estuviesen bien cubiertas.
- No tratéis de fingir, lo sé todo. – frunció el ceño ante ese mal disimulo.
- ¿D-De que hablas, Chopper? – preguntó Sanji fingiendo no saberlo.
- Os seguí por el barco pensando que Zoro iba a golpearte por como saliste corriendo, cuando llegué al almacén os oí. – se sonrojaron a más no poder – Bueno, todos sabíamos que tarde o temprano pasaría, así que...
- ¿Cómo que todos? – se atrevió a preguntar Zoro.
- “Los que se pelean se desean” eso dijo Nami cuando os vi por primera vez pelearos. Hasta Luffy lo sabe.
- Si Luffy se ha dado cuenta es que somos los mas obvios y evidentes de todo Nuevo Mundo. – es la conclusión a la que llegó Zoro – Por cierto, en cuanto lo vea le mataré por darme esa Rumble.
- Ah, pues yo no. Voy a hacerle tal festín que se acordará de este día el resto de su vida. – sonrió complacido poniéndose manos a la obra, haría una buena montaña de carne.
- ¿Cómo te encuentras? – preguntó el médico al espadachín - ¿Sientes algún efecto?
- No, ninguno.
- Sí lo tiene, maúlla de vez en cuando. – bromeó el rubio – Vamos, gatito. Demuéstralo.
- Mew... - le sacó el dedo corazón respondiendo de mala gana.
¡PUFF!
¿Puff? Se sorprendieron los tres a la vez ante ese ruidito y explosiones sobre la cabeza y trasero de Zoro, al desaparecer el humo unas orejas y cola de gato salieron de repente.
- ¡Waaaah! – gritó Chopper alarmado.
- ¿Qué ha sido eso? – preguntó Zoro colocando su mano en la cabeza y se dio cuenta de que algo había salido - ¡Argh! ¿Qué es esto?
- ¡O-Orejitas de gato! – intentó cubrirse la nariz con las manos para evitar desangrarse, pero llegó tarde y dos potentes chorros salieron disparados por sus orificios.
- ¡Agh, Sanji! – gritó ahora el nombre del otro paciente - ¡No mueras ahora!
- ¡Una mierda, no pienso quedarme con estas pintas! – sacó una de sus katanas directa hacia la oreja para cortársela.
- ¡NO LO HAGAS! – el pobre reno se quedó en el medio, mirando de un lado a otro, para ver a quien atender primero.
Y así es como te cambia la vida una Rumble ball defectuosa.
FIN.









JAJAJAJA HAY DIOS AME