De un Mafioso | Clan Crawford #1
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De un Mafioso | Clan Crawford #1

Esta historia incluye temas relacionados con: agresión, aborto, violación fuera de pantalla, tortura

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Sinopsis

Una noche puede definir y cambiar el resto de tu vida. A River Collins, una noche de sexo borracho la orilla a una vida en la que debe enfrentarse a sus miedos y el peligro de enamorarse de una persona jodida como lo es Eslay Crawford: un hombre que no solo mata con la mirada, sino con el arma que siempre lleva en su cinturón.

Estado:
hace 3 años
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Epígrafe

Siento como si algo estuviera pulsando contra mi cráneo mientras me siento en la cama, un poco desorienta en un principio, y sin reconocer la habitación en la que me encuentro. No soy una persona que salga y termine cogiendo con alguien al azar después de haberse emborrachado; de hecho, soy todo lo contrario: suelo ser precavida, mantenerme consciente y siempre estar alerta de cualquier persona que se me acerque.

Sin embargo, ayer fue una noche especial. No estaba solo acompañando a mi mejor amiga para cuidar de ella, sino que salí a divertirme y, precisamente, embriagarme lo más posible para celebrar mi ascenso.

En ese momento no medí mi consumo de alcohol, mi inhibición social, o el hecho de que un hombre me arrastró a su departamento, a su cama, y ahora estoy completamente desnuda mientras siento que alguien quiere taladrar mi cráneo.

Estoy sola en la cama, pero el lugar junto a mí todavía está tibio, por lo que con quien sea que haya pasado la noche, no se ha levantado hace mucho tiempo.

Froto mi rostro para intentar despertarme por completo, bostezando para luego estirar mi cuerpo. Puedo oír un murmullo fuera de la habitación por la puerta entreabierta, y eso es lo que me pone más alerta, porque instintivamente quiero saber qué es lo que está pasando al otro lado. Las personas hablando no lo están haciendo alto, es como si quisieran mantenerse discretos, pero el lugar está tan silencioso que es inevitable que el sonido traspase y llegue hasta mis oídos.

Oigo un golpe sobre una superficie, pero no estoy segura de que haya sido un puñetazo o una patada; es como si un objeto hubiera impactado contra otro. ¡Como cuando la punta de una cuchilla se clava en la tabla para picar! Sí, esa es una descripción más exacta.

Eso me sobresalta un poco, haciéndome mirar hacia la puerta, y decido levantarme de la cama, ponerme al menos la ropa interior, y abrir la puerta lo suficiente como para que uno de mis ojos mire a través. El lugar es increíblemente sofisticado, como si cada cosa aquí dentro fuera lujosa, y me pregunto con qué clase de persona me metí.

Tengo vagos recuerdos de una mandíbula afilada y ojos hermosos, acompañados por una voz con acento profundo. Sin embargo, no estoy segura de si esos recuerdos son reales, o mi mente lo distorsionó para volverlo más atractivo.

En mi rápido escaneo, encuentro una brillante navaja clavada en la mesita de café, y entonces entiendo de dónde vino el ruido de antes. Pero, luego de la realización, mi mente comienza a encender luces rojas de peligro.

¿Por qué tiene una navaja? ¡¿Y por qué la clavó en la mesita de café?!

Siendo honesta, no es miedo lo que siento.

Un par de pantalones sueltos de pijama moviéndose junto a la navaja clavada llama mi atención, y es entonces que me doy cuenta de que hay dos hombres allí; uno de ellos, de cabello más oscuro y dueño del pantalón de pijama, está de pie y parece que se encuentra un poco molesto, mientras que el otro, un hombre de cabello rubio, ojos de un maravilloso verde que jamás había visto y dueño de un porte elegante… Él se ve más relajado, sentado en el sofá.

Sin embargo, su lenguaje corporal y sus expresiones faciales parecen contradecirse bastante. Es como si estuviera igualmente molesto, pero se sintiera cómodo.

—¡Ese maldito hijo de perra! —murmura molesto el de cabello más oscuro—. ¿Ese bastardo está buscando una guerra? ¿Acaso quiere que lo mate con mis propias manos?

¿Qué? ¿Matar?

Mi corazón se acelera solo con oír la frialdad con la que esas palabras son pronunciadas, y ante la idea de la muerte.

—Cálmate, ya puse a Troch a encargarse de eso —dice el de cabello rubio con una tranquila voz profunda—. Esto no es más que una provocación, y ambos lo sabemos. Él está buscando que reacciones para que des un paso en falso. Si sabes lo que te conviene, entonces esperarás para dar el siguiente paso.

El de cabello oscuro suspira—. ¿Cuánto de la mercancía robó, y cuánto de ella arruinó?

—No mucho. Este no es nuestro mayor negocio, y él lo sabe. —El rubio se pone de pie para ponerse delante del otro—. Te lo dije, esto no es más que una provocación, por lo que no iba a gastar energía en arruinarnos…

El rubio se queda en silencio. No me doy cuenta de que me quedé observando con inquietud y algo de morbo por la conversación, sino hasta que él se detiene y mis ojos lo buscan, esperando poder leer su lenguaje corporal, pero me quedo helada cuando noto que él está mirando en mi dirección.

Está viéndome a mí.

¡Mierda, mierda, mierda!

Sus ojos verdes no parpadean ni una sola vez mientras me observa, y puedo ver como brillan con cierta diversión luego de unos segundos, como si se hubiera sorprendido de haberme visto, pero al final no le importara demasiado.

Veo la comisura derecha de sus labios moviéndose un poco.

¿Va a decirle que los estaba escuchando?

Sin embargo, no abre su boca, no habla, él… simplemente muestra una leve sonrisita arrogante de diversión.

Mi estómago se siente extraño, como si estuviera revolviéndose con nervios y ansiedad. Ahora no estoy segura de si mis ganas de vomitar son todo lo que bebí anoche y está repercutiendo en mí ahora, o por su mirada y sonrisa descarada.

Cierro la puerta de la habitación, con el corazón acelerado y a medio camino fuera de mi pecho, y entonces sé que tengo que vestirme rápidamente y huir de aquí. Para este momento, no me importa quiénes sean, solo sé que mis alertas rojas están sonando fuerte en mi cabeza, y que necesito marcharme lo más pronto posible.

Cierro la puerta y me apresuro a buscar el resto de mis pertenencias; la ropa es lo fácil de encontrar, lo difícil es saber en dónde terminó mi bolso. Cuando estoy buscando debajo del sillón cerca de la cama, la puerta de la habitación se abre y veo unos pies descalzos que son ligeramente cubiertos por un pantalón de pijama.

Me quedo en mi lugar, quieta por unos cuantos segundos.

—¿Buscabas esto? —cuestiona el hombre de cabello oscuro, y el extraño acento parece acentuarse más. Levanto mi torso, todavía de rodillas en la suave alfombra, y lo observo mientras él sostiene mi bolso y me da una sonrisa entre arrogante y coqueta.

El hijo de puta es atractivo.

No sé si mi corazón está acelerado por lo increíblemente bien que luce, o por la adrenalina de haber oído una conversación… extraña y haber sido atrapada. En mi mente hay mil alertas rojas sonando, así que todo lo que quiero es huir.

—Sí —respondo mientras me apresuro a ponerme de pie. Dudo en si debería acercarme a él o no, pero en ese bolso están todas mis cosas: celular, identificación, pase de oficina, ¡todo! Así que trato de obtener mi compostura nuevamente y me acerco a él como si no lo hubiera oído hablar sobre matar y mercancía—. Gra…

—¿No te quedas a desayunar? Debes estar hambrienta —me interrumpe, alejando el bolso justo cuando estoy por tomarlo.

Está jugando conmigo.

—No tengo hambre. —Esta vez sí logro tomar el bolso, y entonces miro su rostro. Sus ojos son realmente hermosos y únicos: son verdes más en el interior y celestes en el exterior del iris, casi hipnóticos—. ¿Gracias por lo de anoche? Pero tengo que irme —digo algo dubitativa, acomodando la correa de mi bolso en mi hombro y dándole una sonrisa incómoda—. ¡Adiós!

No dice nada, solo se ríe bajo mientras huyo de la habitación. Cuando atravieso la sala, los ojos verdes del hombre rubio me atraviesan con intensidad, e incluso algo de burla. Ambos parecen cazadores observando con deleite como su presa se retuerce en agonía, y eso me provoca un escalofrío que eriza mi piel de pies a cabeza.

Trato de sacudir el sentimiento y salgo del departamento, sosteniendo la puerta cerrada mientras trato de adivinar dónde me encuentro, y porqué mi corazón pareciera estar a punto de estallar en mi pecho.

Mierda. De alguna manera, eso se sintió un poco intimidante; ni siquiera tuvieron que decir mucho, solo sus miradas bastaron para hacerme saber que estaban jugando conmigo. Sin embargo, no me siento asustada, sino más bien alerta.

Está bien, ya conozco a este tipo de hombres. Solo querían asustarme un poco para probarme, no vendrán tras de mí… No soy tan importante, y creen que me asustaron. No voy a tener que volver a verlo.

Está bien.

¡Cuéntale a Daniela Frias lo que piensas sobre este capítulo!

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