Llegar a Busán y un poco más
Cuando Jihoon llegó a Busan, era un niño de siete años. Aquella mañana, el cielo estaba nublado y el viento soplaba con fuerza; pero a él le encantaba el clima frío.
—Cariño, no te alejes demasiado, podrías perderte.
—¡Soy un niño grande!
Jihoon adoraba esa frase. Siendo el hermano mayor, se sentía orgulloso de poder proteger a su hermano, Seokmin, a pesar de su pequeña estatura. Sin embargo, también adoraba a su madre, Lee Chae Rin, y sabía que no era agradable recibir un regaño de ella.
Resignado a no poder explorar, decidió quedarse sentado en la acera mientras su madre cargaba a Seokmin en brazos y daba las últimas indicaciones para llevar las cajas a la casa; acababan de mudarse.
—Cariño... ¿Sigues enojado?
Chae Rin, con Seokmin de tres años en brazos, se sentó junto al pequeño Jihoon. A pesar de su imponente apariencia y su mirada intimidante, su personalidad era cálida y amable.
—Sé que extrañas a tu padre, pero él te quiere mucho...
—¡No! ¡Él se fue! Nosotros...
La mujer suspiró y negó con la cabeza antes de abrazar a Jihoon. No soportaba ver a su hijo llorar. Su matrimonio con Yoon Gi había terminado y las constantes peleas no proporcionaban un buen ambiente para criar a dos niños. Desafortunadamente, Jihoon era terco y no aceptaba bien los cambios.
—Mi niño...
Chae Rin tendría un largo camino por delante y enfrentaría muchas cosas para criar a Jihoon. Aunque no estaría sola, creía estar en buenos términos con YoonGi.
Cuando Jihoon conoció a Seungcheol...
—Hola, soy Seungcheol y seré tu mejor amigo.
Extrañado, levantó la mirada y se encontró con un niño un poco más alto y sonriente. Jihoon decidió que no quería ser amigo del hermano del niño que era amigo del otro niño que había hecho llorar a Seokmin. Definitivamente no. Solo él podía hacer llorar a Seokmin.
Con indiferencia, decidió ignorarlo y caminar hacia su salón de clases. Jihoon, que tenía trece años y seguía siendo un poco más bajo que los niños de su salón, cada día se volvía más lindo y popular con las niñas de la escuela.
Comenzaba a crecer con rencores hacia su padre y odiando su físico porque le traía recuerdos de él. Un par de veces escuchó a su madre llorar y discutir con "Voldemort", como había decidido llamar a su progenitor, por nunca estar pendiente de sus hijos.
—Oye... ¿Eres sordo? ¿Por qué no me respondes? ¿Me odias? ¡Jihoon!
Sí, Jihoon no quería a un amigo que hablara hasta por los codos, Jihoon no quería a Seungcheol cerca.
—¡Basta!
—Pero...
—¡Ah!
Y Seungcheol sonrió. Jihoon finalmente le habló, en realidad le gritó... también lo golpeó con su libro de matemáticas, pero había logrado cruzar palabras con el niño bonito que le gustaba.
—Creo que le gusto.
—Cheol, el chico te odia...
—Mamá también golpeó a papá la primera vez y ahora están casados.
—¡Fue un accidente!
—¡Pero el golpe cuenta!
Esta vez fue el turno de Mingyu para gritar con desespero. Seungcheol había marcado el primer punto en su lista de "Pasos para conquistar a Jihoon".
Mientras en otro lado...
—Oh por Dios...
—¿Realmente lo golpeaste?
Jihyo y Sowon, abrazadas, parecían flotar en una nube rosa y esponjosa al enterarse por boca del propio Jihoon de lo sucedido, fingiendo ignorar el enojo de Jihoon.
—Debemos decirle a Jeongyeon, ella sale con Jeonghan y estará gustosa de ayudar.
Dijo Jihyo mientras abrazaba al chico, ganándose una mala mirada por parte de Sowon.
—Soy la mejor amiga de Jeonghan, así que soy más confiable.
Sowon apartó a Jihyo y sonrió satisfecha.
—Además, Wonwoo sabe cosas.
Y eso fue lo último que dijo antes de ser perseguida por Jihyo. Entre risas, Jihoon supo que no necesitaba nuevas amigas, ellas eran lo mejor que le había pasado. Sin juzgar, podrían ayudarlo con el chico que le gustaba. Solo que ese chico no era Seungcheol, era Joshua... el "enemigo jurado" de Seungcheol y mejor amigo de Jeonghan.
Cuando Jihoon le confesó a sus amigas que le gustaba Joshua, sus reacciones no fueron las esperadas.
—Cheol se va a morir.
—Es verdad. No puedes esperar que te reciba bien en su grupo de amigos, le gustas.
Estaban sentadas comiendo galletas en una banca bajo el árbol más alejado en el patio de la escuela. Sowon había sido muy amable al prepararlas para todos en su club de cocina. Con la mirada fija en las galletas, Jihoon soltó un suspiro. No creía que Cheol fuera a morir como lo había dicho Jihyo, pero sí creía que el chico se molestaría.
—Hola, Yeon.
Saludó Sowon con una sonrisa, haciendo espacio en la banca para que la chica se sentara. Jihoon miró aquello con una ligera sonrisa; le parecía increíble que ahora se llevasen bien después de tantos problemas.
—¡Esas son mis galletas!
El grito de Jihyo lo sacó de sus pensamientos y rió sin preocupación alguna. Siempre le haría gracia ver a Sowon entre Jeongyeon y Jihyo cuando intentaba detener sus peleas.
—Apuesto el almuerzo de mañana a que Jihyo logra salvar sus galletas.
—Creí que apoyarías a Jeongyeon.
—Lo haría, pero se comió sola el último de los chocolates que le regalé.
Jihoon volvió a reír, apartándose un poco para que también se sentara. No notó la llegada de Jeonghan, pero le hacía sentir bien, de una forma extraña, tenerlo cerca.
—Recuerdo cuando le dije a Sowon que me había declarado a Jeongyeon.
Dijo Jeonghan; quizás había dicho algo más antes, pero Jihoon no lo habría escuchado.
—Sowon hizo un drama digno de un Oscar.
—Lo sé. Ellas siempre peleaban; Sowon defendía al club de cocina y Jeongyeon al club de ajedrez.
—En defensa de Jeongyeon, el club de cocina en ese entonces era un asco. Yo también tuve problemas estomacales.
Ese comentario de Jihoon provocó sonoras carcajadas en Jeonghan mientras asentía. Para ese momento, ambos estaban solos sentados bajo el árbol, las chicas habían seguido a una Sowon molesta cuando las galletas dieron contra el suelo.
—Tuve uno también... y fueron las galletas que preparó Sowon en su primer día. Al final no fue tan malo, conocí a Jeongyeon en esa discusión.
Coincidió Jeonghan.
—El año pasado fue tan extraño.
Murmuró el más bajo.
—Durante un tiempo me gustó Sowon.
Esa confesión no la esperaba. Jeonghan había soltado lo que era un secreto a voces hace dos años.
—¿Por qué no lo intentaste?
Jihoon no solía ser curioso, pero algo en su interior lo hizo sentir... ¿molesto? A sus trece años no conocía una palabra que describiera ese sentir.
—Lo hice, pero ella solía ser muy densa... o quizás fingió serlo. Aunque me alegra que las cosas no cambiaran entre nosotros. Realmente me gusta mucho Jeongyeon y planeo decirle lo que sentí por Sowon. No sé cómo se lo tome por los rumores que han salido, pero confío en que seguiremos juntos.
Después de esa conversación, las clases pasaron rápido y Jihoon decidió que no usaría a Seungcheol para acercarse a Joshua. Después de todo, no era correcto jugar con los sentimientos. Si Jeonghan pudo superar un amor unilateral de años, él también podía... Joshua solo le gustaba desde hace unos meses.
Cuando Jihoon llegó a tercer año de secundaria, se dio cuenta de que no todo sería fácil. Jihyo, Sowon, Jeongyeon y Jeonghan ya estaban cursando las primeras semanas de preparatoria antes de ingresar a la universidad, mientras que él era simplemente un adolescente asustado en un salón de clases.
A sus 17 años, Jihoon aún no había dado su primer beso, a pesar de siempre tener pretendientes. Soonyoung lo había seguido durante un año hasta que conoció a un chico más joven que él, Chanyeol y Seungcheol también habían terminado la secundaria. A pesar de que Daniel ahora estudiaba en la tarde, no dejaba de enviarle mensajes, pero no era lo que buscaba.
—Joshua...
Murmuró para sí mismo al tomar asiento en la cafetería del colegio, recordando el momento en que lo vio entrar por primera vez. El chico había regresado a Estados Unidos un día de verano, cuando Jihoon tenía quince años. Desde entonces, solo había recibido noticias de él en dos ocasiones, la segunda por accidente, cuando Jeonghan dijo a Jeongyeon que Joshua había encontrado una novia llamada Kyla.
La sonrisa de Jihoon se volvió melancólica, habían pasado cuatro años y ese sentimiento no se había desvanecido.
—Yo sé que me extrañas, pero ya llegué.
La voz de Jeonghan hizo que Jihoon saltara ligeramente en la silla.
—Deberías estar en clase.
—Hoy no tuve.
La conversación continuó en el patio, bajo el mismo árbol de años atrás. Las risas persistieron un tiempo, mientras las clases de Jihoon continuaban sin él.
—Terminamos.
—¿A qué te refieres?
—Jeongyeon y yo.
La mirada triste de Jeonghan y unas lágrimas amenazando con caer aludían a la situación. Jihoon nunca fue bueno con las demostraciones físicas de afecto, pero lo único que pudo hacer fue abrazar al mayor, tan fuerte como si su vida dependiera de ello. En otro momento habría reído, pero ahora agradecía que comenzara a llover.
Jeonghan y Jihoon estaban rotos. El primero había dejado ir una relación de años que se había vuelto costumbre, el segundo había decidido dejar ir a su primer amor.
—Cariño, estás empapado y con fiebre.
La voz preocupada de Chae Rin al encontrarlo entre mantas en el sofá fue reconfortante. Ese día, Jihoon solo supo dos cosas: Jeonghan y Jeongyeon habían terminado y había dado su primer beso a alguien tan triste y roto como él.
Quizás la lluvia no era tan mala después de todo.
Cuando Jihoon terminó la secundaria, solo estuvieron allí: Chaerin, Seokmin, Sowon, Jihyo... y extrañamente, también Jeongyeon. No volvió a ver o a tener contacto con Jeonghan desde ese día lluvioso.
—Estoy orgullosa de ti.
Las lágrimas en el rostro de su madre lo hicieron llorar. No estaba triste, estaba feliz. Saber que su madre se sentía orgullosa fue más de lo que pudo desear.
La tarde la pasaron en casa, entre risas y juegos. Esa era su pequeña familia, no necesitaba ya de su padre y el tiempo había hecho que el rencor se fuera; ahora solo era alguien sin importancia en su vida.
—Ve a ducharte, debes estar cansado.
—¿Puedo abrir sus regalos?
Seokmin era ya un jovencito de trece años, alegre y gentil, pero también había desarrollado un carácter fuerte que rara vez mostraba. "Si tú no estás yo debo defender a mamá," fue lo que le dijo a Jihoon a sus siete años y desde entonces no había dado más que motivos para dar orgullo a su familia.
—Tocas uno y puedes declararte hombre muerto.
Respondió Jihoon, lanzándole uno de sus zapatos desde la salida del comedor.
—¡Mamá! ¡Jihoon me maltrata!
—¡No es cierto!
Y la pelea comenzó. Nunca era algo serio, siempre terminaba con pucheros y castigos como lavar los trastes o limpiar el baño, y esta vez no cambiaría nada. En el fondo, Chaerin sabía que sus hijos se amaban y que no dudarían en dar su vida si fuera necesario. Sí, esos eran sus bebés y sus motivos para seguir luchando en una sociedad donde las madres solteras no eran bien vistas.