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Chuuya se encontraba acostado en su cama incrédulo de lo que le había pasado la noche anterior, en su mente solo escuchaba los balazos de esa escena, acompañados de la voz de un castaño que doblaba su tamaño, el cual le decía que escapara de ahí. No lo entendía. ¿Por qué habían intentado matarle? ¿Quién era el sujeto que le había salvado? ¿Y por qué lo había salvado?
Muchas preguntas venían a su cabeza. Hubiera pensado que sería un simple asalto del que salió ileso, pero el chico que lo salvó sabía su nombre.
Las dudas lo estaban matando y quería aclararlas, tenía que hacerlo.
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Ya había pasado una semana del incidente y se encontraba más tranquilo. Tenía que seguir con su vida cotidiana, como ir al trabajo, visitar a su familia, ir al mercado y demás, o sea, volver a la monotonía diaria. Monotonía que desde el día del asalto había comenzado a amar y a valorar, después de todo no sabía cuándo volvería a perder la tranquilidad de aquella manera.
El pelirrojo se encontraba trabajando como mesero en una cafetería. Trabajo que no era su favorito ni su empleo soñado, pero era el que le daba el sustento diario. Gracias a eso podía pagar su renta y gastos personales.
Suspiró cansado dejando una bandeja sobre una mesa una vez que se fue el último cliente, después de todo llevaba todo el día trabajando y al fin se acababa su jornada.
Volteó para quitar su Mandil y dejarlo en el lugar que siempre acostumbraba ponerlo cuando sintió la campanita de la puerta sonar, indicando que alguien había entrado en el lugar.
—Ya cerramos —Dijo Chuuya lo suficientemente alto para que la persona que había abierto escuchara, sin voltear a ver de quién se trataba.
—Nakahara Chuuya, ¿verdad?
Esa voz.
Esa voz la conocía.
Volteó lentamente encontrándose con un joven alto de cabello castaño que estaba apoyando su mano del marco de la puerta, esperando por respuestas del más bajo, el cuál solo frunció el ceño antes de dar algunos pasos para acercarse al castaño.
—A ti te conozco —Fue lo único que dijo el pelirrojo, manteniendo el ceño fruncido.
—¿Me conoces? —Pareció quedarse pensativo—. ¿A mí? No creo. Pero yo a ti sí —Esbozó una pequeña sonrisa. —Y vas a venir conmigo.
—¿Disculpa?
El pelirrojo solo pudo soltar una pequeña risa envuelta en sarcasmo, lo que hizo que el castaño solo rodara los ojos.
—Si no vienes conmigo te matarán, creeme que no voy a estar salvándote el culo cada que vengan por ti —El más alto mantuvo su voz calmada.
Chuuya se quedó pensativo. ¿Cómo se iba a ir con un completo desconocido que además se cargaba pintas de psicópata? O al menos así lo veía puesto a que el contrario estaba cubierto de vendas, incluso cubrían uno de sus ojos.
—Ya, ¿y cómo puedo estar seguro de que no quieres matarme también?
El otro suspiró cansado.
—Mi nombre es Dazai Osamu —Habló pausadamente mientras sacaba su arma de su bolsillo y la dejaba en el suelo, justo cerca del pelirrojo, el cual hizo un recorrido desde el revólver, hasta la persona que tenía delante—. Si tuviera interés en matarte ya lo habría hecho, ¿no crees?
En eso tenía razón. El local estaba vacío, Chuuya estaba desarmado y Dazai contaba con un arma. Fácilmente lo hubiera matado.
—Iré contigo dependiendo de lo que respondas a dos de mis preguntas —Chuuya se agachó para tomar el arma que estaba en el suelo. Tampoco quería sentirse vulnerable o desarmado, tenía que estar al tanto.
—Está bien.
Dazai en cambio se mantuvo sereno.
—¿Quién me quiere matar y por qué?
El más bajo levantó el arma apuntando a la cabeza del contrario, el cual pareció sorprenderse, alzando ambas cejas con una típica y pequeña sonrisa, que más que nada parecía de sarcasmo.
—Wow, nos pusimos agresivos, ¿no crees, enano?
—Enana la tienes. No le des más vueltas al tema y responde, si no quieres que te vuele la cabeza de un tiro —Habló rápidamente el pelirrojo sosteniendo el arma con fuerza.
Chuuya desde siempre había tenido problemas para controlar su ira. Siempre se le dificultaba manejar las cosas sin enojarse, mantenerse calmado. Era algo que no estaba en él y en esta situación no sería diferente. Sentía que si no amenazaba fuertemente al contrario no lograría obtener la información que quería, y era frustrante no saber si le estaban diciendo la verdad.
En cuanto a Dazai, soltó una sonora carcajada.
—De qué te ríes, ¿imbécil? —Chuuya ya comenzaba a perder la paciencia. Para ese punto lo único que quería era irse a su casa a descansar, comer algo, prepararse una ducha caliente y dormir. Pero otra parte de él quería saber qué estaba pasando y por qué lo querían matar. Sabía perfectamente que de querer matarlo lo harían sin dudarlo, puesto a que no contaba con armas o algo así para defenderse, ¿y su casa? un apartamento totalmente localizable en la ciudad, cualquiera lo encontraría. Lo otro era que desde el incidente también se había sentido observado.
—Bueno, de lo primero yo no estaría tan seguro —Comenzó a hablar el castaño, aun reprimiendo un poco su risa—. ¿Quieres comprobarlo?
Ok, Chuuya no iba a seguir aguantando eso.
—Pedazo de imbécil, o me respondes o disparo.
—Calma, pequeño. Primero que todo, baja el arma y te digo todo lo que sé, pero mientras me estés apuntando con ella no hablaré —El más alto mantuvo esa pequeña e irritante sonrisa.
El pelirrojo lo dudo unos segundos, pero al final lo hizo; bajó el arma, pero sin soltar ésta.
—Bien, A5158, ¿te suena?
Chuuya se paralizó por un par de segundos en los cuáles se hundió en sus pensamientos. A5158, era la numeración que tenía tatuada en su cuello desde que tenía uso de razón. Tatuaje que siempre había tratado de cubrir por el mal rollo que le daba, aparte que siempre lo había tenido y desconocía su procedencia.
De pequeño cuando iba a la escuela sus compañeros siempre le molestaban, diciendo que tenía el código de un robot en el cuello, llegaban a molestarlo con que él era una especie rara o algo así. Los niños de su edad nunca lo trataban como un niño común y corriente luego que veían su cuello, y lo mismo pasaba con los padres de los mismos.
Pero bueno, no los culpaba. Después de todo hasta a él mismo le daba mala espina esa numeración que ni siquiera sabe de dónde salió pero siempre había tenido.
—¿Cómo... cómo sabes? —Preguntó el más bajo en una voz casi inaudible pero llena de intriga y ganas de saber.
—Es la numeración que tienes en tu cuello, ¿verdad? —Dazai adentró sus manos en sus bolsillos manteniendo su mirada atenta en Chuuya, el cual asintió—. Bien, cuando eras un niño un laboratorio de Yokohama experimentó contigo, por eso la numeración. Lo otro es que el Gobierno quiere matarte porque cree que eres una amenaza para el país.
Chuuya no tardó en poner una expresión de enojo y confusión ante lo que el más alto decía.
¿Amenaza para el país? ¿Él?
Rió. Fue lo único que pudo hacer.
—Tal vez no me creas, pero te preguntaré algo —Chuuya dejó de reírse y atendió al contrario para esperar su pregunta—. ¿Tienes recuerdos anteriores a tus seis años?
La verdad era que no. Él no recordaba nada. Solamente que lo adoptaron cuando él tenía seis años. Lo adoptó una familia llena de amor, la cual le dijo que él había tenido un accidente en el cual sus padres habían muerto y por eso no recordaba nada.
—No —Contestó cortante.
—A tus cinco años Chuuya, con solo cinco años acabaste con toda una organización que estaba armada además.
—¿Quién se cree eso? Me estás jodiendo, ¿no?
El silencio y la seriedad que mantenía Dazai daban a indicar que estaba hablando en serio.
—Chuuya, te quieren matar porque te consideran una máquina de matar. Cuando tenías seis años la Port Mafia hizo que perdieras la memoria para que llevaras una vida normal —Volvió a hablar el castaño con total serenidad.
Esto no había quién se lo creyera. Nadie con cinco años haría algo así. Después de todo, era solo un niño. ¿Cómo iba a acabar con un montón de hombres que estaban armados además?
—Sé que sigues sin creerme, pero si te quedas... te matarán.
Le matarían. Sin razón, así sin más.
—¿Por qué quieres salvarme?
—Sinceramente a mí me das igual. Sólo hago mi trabajo —Suspiró algo cansado ya de tanta plática.
En eso, el teléfono de Dazai comenzó a sonar y éste no dudó en contestar el mismo, más viendo de quién se trataba.
—¿Sí? —Hubo un silencio intermedio de la otra persona hablando—. Claro, A5158 no ha dado problemas, despreocúpe-... —Sus palabras fueron interrumpidas por el sonido de un arma afuera de la tienda. Lo que hizo que Dazai al instante colgara y guardara su teléfono, dirigiendo su vista a la calle, a través del cristal de la puerta—. Ya están aquí, hay que irnos.
—No pienso ir contigo a ninguna parte.
Dazai rodó los ojos, no quería recurrir a lo que iba a hacer pero tuvo que hacerlo.
Sacó de su bolsillo un pañuelo con alguna sustancia que dejaría sin conocimiento a Chuuya por varias horas. Y con rapidez, sin que el más bajo tuviera tiempo de ponerse a la defensiva puso el pañuelo en su nariz.
—Y recuerda que lo hago por salvarte.
Fue lo último que pudo escuchar el pelirrojo antes de perder completamente el conocimiento, dejando caer su peso sobre Dazai, el cual lo cargó como saco de papas.
—Vaya ni siquiera pesas —Comentó en voz baja, para luego salir del lugar con precaución, tratando de escabullirse para no ser encontrado por ningún matón del Gobierno.
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Espero le den el mismo amor que le estoy poniendo a la historia. La estaré actualizando seguido.
Gracias por leer<3








