Siguiendo tu Rastro [Harry Potter x Severus Snape | Harry Potter | Omegaverse

Sinopsis

Harry lleva muchísimos meses sintiendo el olor de una omega. A pesar de las advertencias de su mejor amiga Hermione Granger, una noche decide hacer uso de su manta de invisibilidad para encontrarla, pero se sorprende de sobremanera al enterarse de que la persona que despide el aroma que lo tiene enloquecido es su profesor, Severus Snape.

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Harry sentía un olor bastante agradable desde hace algunos meses, no tenía claro de donde provenía, solo sabía que llegaba tan repentinamente como se iba, nunca había alcanzado a llegar al origen de aquel aroma. En un principio pensó que provenía de su amiga Hermione Granger, quien había sido reconocida y catalogada como “Omega”. Creía que podría haber destruido su relación, pero ella tuvo la amabilidad y la confianza suficiente en él como para quitarse su collar y permitir que este la olfateara a pesar de que Ron no había estado de acuerdo del todo.

Era algo que llegaba a quitarle el sueño, no podía evitar pensar en quien sería la chica que lo tenía completamente atrapado, parecía que no podría olvidarlo y cada vez que cerraba los ojos sentía que lo llamaba con desesperación. Así que una noche, cuando parecía que enloquecería decidió levantarse de su cama cuando la luna estaba por llegar a su punto más alto. Trató de no despertar a nadie, ni siquiera a Ron, que le había recomendado, al igual que Hermione, que abandonara esa ilusión, ya que ni siquiera sabía de quien se trataba.

Tomó su manta de invisibilidad, y dejó que aquella fragancia lo guiara. Caminando despacio y cubierto, esperando no encontrarse con Filch. Bajó una de las escaleras movedizas, las cuales lo llevaron a un lugar del castillo en el que nunca habías estado, parecían unas mazmorras bastante viejas y sin uso, pero eso no lo detuvo, ya que parecía estar más y más cerca.

Finalmente se topó con una puerta de metal cerrada. No pudo evitar chasquear la lengua con rabia, ahora solamente estaba siendo separado por ella y aunque su sexto sentido le decía que se detuviera y la otra le contestaba que tenía que hacerlo, debía abrir la puerta, o si no ese sentimiento no se detendría por nada.

- ¡Alohomora! - apuntó con su varita a la cerradura, sonrió cuando se percató de que había funcionado.

Pero entonces se dio cuenta de su error, quien le esperaba al otro lado de la puerta era nada menos que su profesor de pociones, Severus Snape.

Se sintió choqueado, ¿Era él? Esa intensa esencia que parecía volverle loco provenía de aquel hombre malhumorado. Pero había algo distinto en él, se veía agitado, disperso y parecía bastante incómodo.

- ¿Qué hace aquí, Potter? - Trató de disimular el malestar que se notaba en su rostro con una mirada fría y despectiva.

- Yo...Solamente estaba siguiendo algo...No puedo creerlo...

- ¿¡Qué?!

- Es usted...

- ¡¿Yo qué?!

- Es un omega...

Snape lo miro con los ojos cargados de odio, después de tanto tiempo, un mocoso desesperante y creído, al igual que su padre, había descubierto que era omega. Su secreto más oscuro en manos de aquel chico impulsivo, pasaban por su mente todas las cosas que este podría hacer con lo que tantos en aquel castillo desconocían. Podría chantajearle, podría decírselo a todo el mundo, ¿Qué dirían los demás cuando se enteraran de su verdadera naturaleza? Que supieran que cada mes debía depender de una opción que aplacaba el deseo de ser llenado por un alfa, que el celo incluso llegaba a desatarlo por completo, incluso dejarlo inmovilizado durante muchas horas cuando olvidaba tomar sus supresores.

Levantó la varita y apuntó al rostro de Harry con aires amenazadores.

- No sé qué rayos estás haciendo aquí, mucho menos a esta hora, pero te prometo que si alguien se entera de esto, tendrás más problemas que ser expulsado de este colegio, porque me aseguraré de que tu vida sea miserable hasta tu último respiro.

- Señor...

Antes de que pudiese decir una palabra, Snape soltó un quejido y le miró como si quisiera hacerlo desaparecer de la habitación, pero Harry parecía no entender la indirecta y en vez de dejarlo solo, se aproximó más a él, tocando su hombro.

Severus apartó al chico de un manotazo, sentía, por alguna razón que el contacto, aunque haya sido lo más leve posible, le quemaba. Y si era de esa manera tan fuerte al sentir su toque ¿Cómo se sentiría llegar más allá con él? Repentinamente su mente le jugó una mala pasada, pudiendo imaginar y verse a si mismo como nunca antes, siendo tocado suavemente por todo el cuerpo y desatar la lujuria que se encontraba firmemente confinada dentro de tu ser.

Sin poder evitarlo, el mayor soltó un leve gemido que pareció silenciar por completo la habitación, el de ojos verdes le miraba sorprendido, sobre todo cuando ese aroma sobrecogedor inundó sus sentidos. Dios, nunca había olfateado un olor tan dulce en su vida, sentía unas ganas terribles de tocarle, pero sabía que si intentaba algún movimiento pagaría un alto precio.

- ¿Vas a quedarte ahí como un tonto? Si no vas a hacer algo útil ¡Vete de aquí! - le gritó con fuerza, pensando que quizás de esa forma podría deshacerse de él.

Pero algo le impidió voltear y marcharse, se sentía amarrado a esa sensación y algo dentro de él le rogaba que sometiera a Severus, que lo marcara y que hiciese con él un completo desastre. Pero estaba tan concentrado en las emociones que comenzaban a nacer que no se percataba de que su profesor estaba a punto de desfallecer por el dolor que le causaba el no ser tocado.

No podía creer que había olvidado preparar aquella poción, había estado demasiado tiempo ocupado dando sus clases de pociones que simplemente aquella cosa tan importante había salido de su control. Pero por lo menos tenía guardada una como emergencia, no era tan efectiva como las que solía hacer cuando tenía tiempo de sobra. Por lo menos tenía algo que pudiese hacerlo controlarse un poco, ya que no podía olvidar aquella vez en la cual trató de pelear contra aquella maldición que lo había marcado, tratando de soportarla simplemente con la fuerza de su carácter. Un terrible error que siempre recordaría, sobre todo porque la persona que había acabado con su sufrimiento había el mismo señor tenebroso con una poción de magia oscura que este le había otorgado

- Potter, deja de estar parado ahí como un idiota, si no te vas a largar de aquí, entonces dame ese frasco que está sobre la chimenea. – ordenó, pero el de cabello alborotado tenía otros planes para ambos.

Estaba justo ahí aquel frasco, era pequeño y tenía un color realmente extraño, brillaba en tornasol mientras parecía querer burbujear, al contrario de lo que estaba ocurriendo con Snape, sentía un rechazo a aquel líquido, como si este le rogara que vaciase su contenido en otro lugar. Casi podía escucharlo hablar y decirle “Solamente tú puedes calmar a Severus, deséchame”.

No pudo evitar sonreírle con picardía, cerrar la puerta detrás de si con un conjuro, todo bajo la mirada atenta de Snape, quien, aunque trataba de mirarle como si fuera a convertir su vida en un infierno, no podía dejar de retorcerse por el calor que sentía dentro de si. Sentía algo que nunca había sentido antes, por algún motivo que desconocía, deseaba que su estudiante lo tocara por todas partes, que investigara la razón por la cual el también se sentía increíblemente atraído hacia el contrario. Por qué él no era el único que sentía ese olor que los conectaba, pues debía admitir que desde hace bastante tiempo sentía que algo que se sacudía en su interior cada vez que lo veía.

Estuvo muchísimo tiempo tratando de ignorando, incluso pensó que era una mala broma del destino, ya que la única forma de quitárselo de la cabeza era entregarse al placer que solo podía obtener en aquellas noches en las que utilizaba lo que tenía al alcance para poder satisfacer esa vergonzosa necesidad que su casta le había obligado a tener cada mes. Aquella pesadilla que solo acabaría cuando encontrara a su pareja, claro, si es que esta en verdad existía, ya que no creía que esas leyendas pudieran ser reales, después de todo ¿Quién querría compartir un vínculo con él para toda la vida? Era verdaderamente increíble, el chico era el hijo de su más grande amor, y del hombre que tanto daño le había hecho. A veces aun podía escucharle a él y a sus amagos, llamándolo “Quejicus”, pero su hijo era diferente, aunque no quisiera admitirlo, le agradaba, incluso podría decir que sus sentimientos por él eran un “poco” mas que eso, pero obviamente, estaba claro que nunca lo admitiría

Trataba de hacer como que nada pasaba por su mente cuando lo veia, pero cuando comenzó a tratar de proteger a ese chiquillo, pensó que quizás no era tan malo como creía. Hacía todo lo que podía para proteger a las personas que apreciaba, incluso llegó a tratarle bien pese a que trataba de alejarlo lo que más pudiera para evitar que esos sentimientos extraños brotaran, pero para cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde.

- ¿Es esta botella? – pronunció Harry con malicia en su voz, pero sin abandonar aquel papel de chico aparentemente inocente-

- Si, Es esa, dámela ahora mismo. - Ordenó, pero ocurrió algo que le dejó sorprendido.

El chico de ojos verdes dejó caer aquella botellita de color tornasol a propósito, pero dándole un toque de sorpresa, como si el tampoco pudiera creer que se había resbalado de entre sus dedos, que la sujetaban con mucha fuerza.

- ¡Mocoso idiota! ¿¡Sabes lo que acabas de hacer?!- un grito sacudió la habitación por completo, el rostro alterado del mayor estaba de un color pálido que el de cabellos alborotados nunca había visto a una persona, quizás podía compararlo con la cara del tio Vernon cuando se enteró de que su padrino era un prófugo de la justicia acusado de asesinato.

Aun no podía entender que lo había llevado a hacer lo que hizo, pero lo que tenía claro era que se moría de ganas de sonreír, como un niño que acababa de hacer una pequeña travesura, pero que para el contrario era un error monumentalmente tonto y ridículamente osado.

Snape sentía que estaba por tener un ataque de nervios, al igual que a cada segundo su condición empeoraba, pues la ropa empezaba a molestarle y el sudor corría por su rostro. Trataba de controlarse, pero simplemente no podía, y para empeorar la situación, el rostro estupefacto del menor que lo acompañaba en aquel pequeño cuarto parecía enloquecerle.

- Demonios...ya...ya comenzó...Solo...vete...déjame en paz...ngh...- soltó un gemido involuntario, pero se sentía tan mal que no podía ni sentir más vergüenza de la que ya tenía.

Repentinamente actuó sin pensar, se acercó a su ahora “indefenso” profesor. Lo tomó del hombro bruscamente para voltearlo, necesitaba mirarlo a la cara mientras se volvía loco por su aroma, mirar en sus ojos si el también sentía aquella chispa de deseo que parecía correr por sus venas en ese momento.

Y entonces lo hizo. Reclamó sus labios con fiereza, sintiendo aquel dulce sabor dentro de su boca, aunque el de cabello liso trató de resistirse poco pudo hacer, y aunque temía dejarse llevar, termino sintiendo algo arrollador que le quitó las ganas de actuar de forma correcta. Poco a poco comenzó a corresponder el beso, que cada vez se hacía más húmedo.

Nunca pensó, en todo el tiempo que llevaba siendo un profesor, o incluso desde el tiempo que llevaba sabiendo que era un omega que podría sentir en su vida aquel magnetismo más salvaje que lo que lo obligaba a seguir besando a ese chico.

Pero no podía, no podía separarse de él, era simplemente delicioso y adictivo, y parecía no querer detenerse, le anhelaba, quería más, muchísimo más, y eso le asustaba de sobremanera

Harry dejó de besarle para mirarlo directamente a los ojos, como tratando de buscar en el aunque fuese un ápice de aceptación, que le dijera que no tenía que detenerse y que el quería continuar.

No podía forzarlo, incluso aunque sus alborotadas hormonas se lo pedían a gritos, quería saborear hasta la última gota de aquella esencia que parecía rogarle.

- P-profesor...Yo...- no encontraba las palabras necesarias para hacer aquella pregunta

- ...- Snape callaba y le miraba directamente a los ojos, que se estaban poniendo más vidriosos a cada momento.

- Lo lamento, en serio, lamento, profesor. – trató de disculparse, pero ocurrió algo que le dejó completamente sorprendido.

- Está bien, continúa...Potter.- Habló sin pensar, pensando que quizás no era tan mala idea liberar un poco de todo lo que sentía.

Harry abrió los ojos con mucha sorpresa ¿Acaso eso había salido de la boca de aquel hombre tan orgulloso? Definitivamente aprovecharía aquel pequeño momento de “debilidad” si es que podía llamarlo de esa forma.

Tomó a Snape entre sus brazos y volvió a besarlo con pasión, con la diferencia que el mayor ahora le correspondía, introdujo su lengua en la cavidad del pelinegro, quien se mostró sorprendido y no pudo evitar preguntarse dónde rayos había aprendido el menor a hacer eso.

Pese a que aquella pregunta pasó por su cabeza, no quiso arruinarlas pensando en la vida amorosa de su alumno o incluso las cosas que le pudieron haber enseñado los hermanos Weasley.

En ese momento, el calor de la habitación hacía que su cabello comenzara a pegarse en su frente, la ropa parecía estorbarles a ambos. Harry comenzó a desabrochar la camisa de el de ojos negros, y se preguntaba por qué rayos cubría su cuerpo con tanta ropa innecesaria.

Para su sorpresa, el cuerpo descubierto de Severus no era como se lo había imaginado, era delgado y estaba levemente marcado, después de todo, su profesor tenía aproximadamente treinta años y al parecer ocultaba tras su figura casi siempre utilizando capas y chalecos muy anchos, pues se notaba que hacía ejercicio de vez en cuando.

Una de sus manos se deslizó por el pecho de su profesor, desde sus pectorales hasta el inicio de su pantalón, el cual desabrochó con sumo cuidado.

Snape le miró como si no pudiera creer que estuviera a punto de tocar su hombría, la cual, gracias a los besos que le había dado anteriormente se encontraba erecta. Cuando la mano del ojiverde comenzó un sube y baja en su miembro, no pudo evitar soltar un gran gemido que rebotó por toda la habitación, el cual excitó al más joven.

Era una delicia tenerlo debajo de el, sudando y gimiendo como si no hubiera un mañana, pero sentía que no era suficiente, a pesar de que lo tenia literalmente en sus manos, deseaba más, quería corromperlo por completo, hacerle entender que el sería quien podría ayudarle cuando más necesitara el calor de un alfa.

- Ngh...Ah...Demonios...- Sintió un escalofrío recorrer toda su espina hasta llegar a su miembro.

- ¿Le gusta? ¿Profesor?

- ...mocoso insolente...- Trató de defender lo poco que le quedaba de honor.

- Lo lamento profesor...pero en este momento, este “mocoso” está ayudándolo con su celo.

Snape chasqueó la lengua, era una verdad, lamentable, pero no dejaba de ser verdad. Mientras trataba de calmarse para evitar que su alumno se atreviera a ir más allá, era algo inconcebible y no permitiría que llegara mucho más allá que unas simples caricias.

Harry, en un movimiento rápido se deshizo de sus pantalones y lo dejó desnudo de la cintura para abajo.

Sintió como su cuerpo daba un brinco al sentir nuevamente el toque de su pupilo en su entrada, la cual comenzaba a dilatarse y a lubricar. Harry sentía algo anteriormente desconocido una desesperación tremenda, algo que no sabía cómo describir, buscó rápida e intensamente en su mente para ver si había escuchado algo con anterioridad que pudiese parecerse. Entonces recordó a Hermione cuando le dio algunos consejos sobre aquel “aroma” que tanto le había llamado la atención.

“Escucha, sé que estás muy ansioso por encontrar a esa persona, utilizaré el nombre “Omega” aunque estoy completamente en contra de esa estupidez de las castas, pero en este momento es algo que necesito que sepas. Te diré algo bastante personal, cada omega es un mundo diferente, algunos no están de acuerdo con tomar supresores y otros simplemente no pueden vivir sin ellos. El celo es algo increíble, te puede hacer llegar al cielo...y hacerte caer al infierno desde la misma altura. Gracias a Dios yo nunca he tenido ese problema, pues siempre he tenido cuidado cuando estoy en esas circunstancias.

Solo te pido, que, si vas a hacer una locura, ten mucho cuidado, piensa, Harry. Si es fuerte para ti, imagínate para la otra persona”

Pensó en las palabras de su amiga, era cierto que estaba increíblemente excitado, pero debía controlarse, ser amable, repetía esto en su mente como si se tratara de un mantra. Fue entonces, cuando tuvo un momento de raciocinio, la barbaridad que estaba por hacer. Alguien podría enterarse, incluso podría ser expulsado de Hogwards o peor, podría ganarse el odio definitivo de Snape y de paso el de la castaña, ya que se lo había advertido y no tardaría en notarlo.

Miró el rostro de su profesor, estaba completamente sonrojado y jadeaba, pero en su mirada no se reflejaba disgusto alguno, es más, parecía desearle de igual manera. Pero de todas formas, debía preguntarle, no podía tratarle de esa forma, menos con lo que acababa de pasar, después de todo, en un momento de debilidad había tirado su supresor. Se sintió infinitamente tonto, y además, aprovechado.

- ...Continúa...

- ¿Qué? – no podía creer lo que estaba escuchando.

- Si ya empezaste con esto...no puedes dejarme así. - Le pareció notar que el siempre severo rostro de Snape parecía relajado, incluso ligeramente sonrojado. Parecía indefenso y confundido a la vez que adorable. ¿En que momento el chico había hecho trisas sus barreras? Se suponía que no podían llegar más allá, pero de alguna manera esa mirada apasionada que el menor le dedicaba le había hecho perder la cordura.

El simple hecho de verlo así causó que su miembro se endureciera más, era su primera vez y estaba increíblemente ansioso, la entrada del pelinegro, a pesar de no haber sido preparada con tanto ímpetu, le esperaba con ganas. Harry se posicionó en la entrada de su profesor y comenzó a entrar lentamente, sentía como aquellas paredes aprisionaban su hombría y cada embestida le llenaba de placer, pero no era el único que lo sentía, pues el mayor trataba de no gemir tan fuerte, ya que trataba de que nadie se diera cuenta de lo que estaba pasando entre ellos.

- Ah...¡Mierda!...- Se le escapó una mala palabra al sentir como había tocado un punto dentro de si que ni siquiera sabía que existía.

- Usted también puede decir malas palabras ¿Verdad?

- ... - Guardó silencio sin saber que decir, era la primera vez en su vida en la cual no poseía el control de la situación.

- Profesor, gima de esa manera para mí, diga mi nombre...

- Nghaa...Ahh...P-potter-

- Diga mi nombre, quiero escucharlo salir de su boca. – El chico de la cicatriz le plantó un beso aún más húmedo, ambas salivas se mezclaban y se convertían en una sola, al ritmo de fuertes estocadas y embestidas. Sus cuerpos chocaban fuertemente el uno contra el otro, junto con todo lo anterior, creaban un ambiente erótico que les excitaba aún más.

- H-arry, Harry...

- ...Profesor... Snape... ¿Le gusta de esta forma?

- Más...más duro...

Como si el mayor se lo hubiese ordenado, aumentó la velocidad de sus penetraciones, sintiendo que podría llegar a tocar el cielo con las manos, cada vez iba más rápido, y un gemido ronco salió de su garganta, Severus se sorprendió, no se había dado cuenta de que se había convertido en una presa, y por alguna extraña razón no le molestaba para nada. Pensó en qué le diría Dumbledore cuando se enterara de que finalmente había intimado con el chico, que se enterara que repentinamente no quería protegerlo por el recuerdo de su madre, si no que porque ahora significaba algo más para él, mucho más de lo que era políticamente correcto.

El chico finalmente se derramó dentro de su profesor, sin importarle las consecuencias catastróficas que podría tener.

- Te corriste...Dentro...- Parecía no poder creer lo que acababa de pasar.

- Yo le ayudaré a limpiarse, profesor.

Una vez todo rastro de lo que había pasado entre ellos había sido borrado, Harry se quedó junto a Severus, observando como este preparaba aquella poción que, de haber sido bebida, hubiese evitado todo lo que pasó entre ellos.

Solo bastó con una mirada para que el menor supiese que debía abandonar la habitación, Se puso su manta de invisibilidad y partió hacia la sala de su casa.

Los días pasaron, y no fue capaz de contarle a sus amigos lo que había ocurrido entre el y el de pelo negro, pero Hermione vio a través de él, además no tardó en darse cuenta de que su profesor de pociones parecía evitarle y se sonrojaba cuando lo veía.

- No tengo la menor idea de lo que hiciste, Harry, pero espero que no nos quiten puntos por esto, o peor, que te expulsen.

- Tranquila, no pasó nada malo...

- Eso espero, y, cambiando de tema, ¿Descubriste quién era la persona del aroma?

- Si, lo hice, y digamos que me fue muy bien con ella.

Su amiga alzó una ceja, pero decidió no meterse en los problemas de Harry, aunque no pudo evitar notar que este se acercó a su profesor, le susurró algo en el oído y este enrojeció completamente.

“Profesor, si es que necesita ayuda con lo que usted ya sabe, no dude en llamarme”


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