La persona correcta

Sinopsis

Hermione no quería asistir a esa boda, de verdad que no, estaba segura de que su presencia ahí suscitaría demasiadas habladurías. Pero ante todo, era una buena amiga, y las buenas amigas apoyan a sus mejores amigos el día de su boda, aunque ese mejor amigo sea también tu exnovio. Disclaimer: El universo Harry Potter es propiedad de JK Rowling y no me pertenece. Yo solo escojo algunos de sus personajes y los hago bailar al son de mi música.

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
Lady Sol
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo I


Hermione, apoyada en la barra de bebidas de aquel ostentoso y elegante salón, jugueteaba distraídamente con los hielos de su copa. La mirada perdida en la pista de baile, viendo sin ver cómo sus amigos bailaban y se divertían,  preguntándose si ya había hecho acto de presencia el tiempo suficiente como para que su discreta desaparición no se considerase descortés.


—¿Es aquí el club de las despechadas?


La voz a su costado la hizo envararse automáticamente. La reconoció incluso antes de girarse para encarar a su portadora con un gesto hastiado. Pansy Parkinson, tan delgada, tan elegante y con el cabello tan negro, liso y brillante como siempre, se erguía a su lado en una pose tan desinteresada como la suya propia. Aquello le sorprendió, el comentario no parecía dicho con malicia, más bien con digna resignación.


Hacía años que no se cruzaba con Pansy, prácticamente desde sus tiempos de Hogwarts, salvando contadas excepciones en las que habían coincidido en el ministerio o en algún evento político de forma fugaz.


Pero no haber cruzado apenas dos palabras en todos aquellos años no significaba que no supiera nada de ella. Habiéndose convertido en la reportera más temida del ministerio, era prácticamente imposible no seguir su carrera. Su lengua viperina había demostrado con creces no haber perdido su técnica, aquella que ya la caracterizaba cuando eran un par de crías y su mordacidad era empleada sobre todo en inventar insultos y crear rumores que pinchaban donde más dolía. Al parecer, Pansy había decidido hacer de su mayor talento su profesión, y su afilada pluma ya había pinchado tantas reputaciones que los magos del ministerio la comparaban con la legendaria Rita Skeeter, que, aunque retirada, seguía escribiendo de vez en cuando alguna columna en la prensa amarilla. Pansy había tomado su relevo, y nadie podía cuestionar que se había convertido en su digna sucesora. Era más temida que respetada, y más odiada que querida, pero a ella eso no parecía afectarle en lo más mínimo, a juzgar por como su popularidad crecía y crecía sin que hiciera nada para tratar de endulzar su reputación.


—No sé de qué estás hablando. —Respondió cautelosa.


—Vamos Granger, no disimules, estoy segura de que te sientes tan patética como yo.


—¿Y por qué demonios tendría yo que sentirme patética? —Preguntó en tono cortante, decidida a no darle ni una sola migaja de información que pudiera usar en su contra.


—Baja esas defensas, leona. Estamos en el mismo barco.


—Te repito que no tengo ni idea de lo que me estás hablando.


—¿No es obvio? Tu ex casándose con mi ex y tú y yo aquí aguantando el tipo. Es patético.


Aquello la pilló por sorpresa. Era toda una exclusiva, tanto que le extrañaba sobremanera que la hubiese compartido con ella, esa información valía millones.


—¿Me estáis diciendo que Daphne y tú...?


—Durante tres años, si.


—No me lo creo. —Sentenció— Si eso fuera verdad lo sabríamos, Ron lo sabría.


Pansy soltó una risa amarga.


—Una no cuenta aquello que considera un sucio secreto. —Pronunció con visible rencor.


Hermione escrutó el rostro de la morena a consciencia, buscando cualquier atisbo de mentira en sus ojos, y tal vez preguntándose si había bebido demasiado. Lo que le decía era una locura, y que, de entre todas las personas, se lo estuviera diciendo precisamente a ella, era más locura todavía.


Por mucho que se esforzó, por mucho que trató de decirse a sí misma que aquello no podía ser verdad, lo único que percibió en el rostro de la chica fue rabia y amargura mal disimuladas tras una máscara de altivez.


—Parkinson... A ver si lo entiendo. ¿Me estás diciendo que Daphne es lesbiana y está usando a Ron como tapadera?


Otra risa amarga. Seguida de un movimiento de negación tan pronunciado que arrojó al suelo parte del contenido de la copa que Pansy llevaba en la mano.


—Ojalá fuera así.


—Explícate entonces, porque el que acaba de casarse con ella es mi mejor amigo. Si Daphne le está engañando de alguna manera, él tiene que saberlo.


Pansy rodó los ojos y formó una mueca de desprecio que Hermione le conocía de sobra, era la misma expresión que siempre adoptaba cuando se la encontraba por los pasillos en sus tiempos de Hogwarts.


—Olvídalo, Granger. No tenía que haberte dicho nada.


Hizo ademán de marcharse, pero Hermione la retuvo agarrándola de la muñeca.


—No. No puedes soltarme algo así y largarte sin más. Vas a contarme de qué va todo esto o iré yo misma a preguntárselo a Daphne.


Pansy soltó una carcajada amarga. Su mirada, su gesto, hasta lo tenso de sus labios, formaban una expresión cruel y soberbia, pero detrás de toda esa fachada, Hermione detectó un inconfundible brillo de tristeza en sus ojos.


—Adelante, ve y pregúntale. Solo vas a conseguir la mayor de las negaciones, y que me echen de aquí por andar contando secretos.


—Pansy... —Comenzó en tono de advertencia, solo para ser bruscamente interrumpida.


—Déjalo estar, Granger. Daphne quiere a Weasley, no es una tapadera, la estabilidad emocional de tu amigo está a salvo y eso es lo único que te importa a tí. Olvida que esta conversación existió.


Pansy se soltó de su agarre y se alejó, copa de balón en mano, tambaleándose ligeramente encima de sus altísimos tacones.


—¿De qué iba todo eso? ¿Que te ha dicho? —Hermione se volvió para encontrarse tras a ella a un Harry de mirada preocupada, que sin duda se había acercado a ella al ver el pequeño numerito que estaban montando. Supuso que de lejos parecía que estaban discutiendo.


—Nada, creo que ha bebido de más. —Respondió críptica, sin saber muy bien por qué se resistía a revelar la información que tan voluntariamente le había sido entregada.— Voy a buscarla.


—¿Por qué vas a ir tú? Avisemos a las serpientes y que se encarguen ellos de ella, es amiga suya, no nuestra.


—Creo que Pansy no es amiga de nadie. —Comentó dándose cuenta por primera vez, de que llevaba toda la noche viendo a los Slytherins rondar alrededor de Daphne, felicitándola y dándole la enhorabuena, sin que Pansy hubiera estado cerca de ellos en ningún momento.


La encontró en el baño de chicas, arrodillada frente al sanitario mientras expulsaba todo el contenido de su estómago. Se había recogido el largo vestido en torno a los muslos, cuidando de no manchárselo al arrodillarse en el suelo. Se había quitado los tacones, Hermione suponía que para no hacer marcas en el carísimo material con el que estaban confeccionados al doblarse en esa posición, y estos reposaban a su lado, perfectamente colocados. Se sostenía la corta melena a sí misma con una mano, mientras que la otra la mantenía firmemente apoyada sobre la taza, anclándose así para no caerse. Sin duda, toda la habitación debía estar dándole vueltas en ese momento.


Suspiró. Debatiendo dentro de sí misma entre la resignación y la lástima, preguntándose brevemente como Pansy podía hacer que hasta un acto tan vulgar y patético como ese quedara elegante si era ella quien lo realizaba.


Se acercó y agarró su cabello con suavidad, apartándole de la cara los escasos mechones que se habían escapado del fuerte agarre de la chica. Pansy hizo ademán de apartarle la mano, pero Hermione se mantuvo firme.


—Vomita tranquila, no se lo diré a nadie.


Estaba seguro de que la chica iba a replicar, pero una nueva arcada le sobrevino y terminó expulsando más alcohol y los escasos restos de comida que había digerido en el interior de la taza. Hermione apartó la mirada, no le importaba estar sosteniéndole el cabello, pero temía que si miraba demasiado, acabaría vomitando ella también. Eso sería todo un espectáculo.


Esperó unos minutos, el tiempo suficiente para que la chica terminara de expulsar todo el alcohol que su cuerpo rechazaba. Cuando Pansy le apartó la mano de su cabello e hizo ademán de ponerse en pie, sin darle ni un solo segundo para reaccionar, la agarró firmemente del brazo y se desapareció con ella.


Cuando sus pies tocaron el suelo, Hermione sujetó a Pansy de la cintura para impedir que esta cayera, preguntándose vagamente como alguien en su estado podía mantenerse en pie aún, por suerte la chica estaba descalza, sus tacones habían quedado olvidados en el suelo del baño de salón de bodas donde sus amigos acababan de casarse.


Pansy se deshizo de su contacto con celeridad, mirándola con una profunda desconfianza.


—¿Donde estamos?


—En mi casa. —Respondió ella con voz calmada— Era la mejor manera de sacarte de allí con algo de dignidad. No quieres dar el espectáculo de exnovia despechada en la boda tu ex ¿O si?


El gesto de desconfianza en el rostro de Pansy no hizo si no acentuarse.


—¿Y tú por qué diablos me ayudas?


Hermione se encogió de hombros.


—Llamalo solidaridad femenina, las ex debemos apoyarnos entre nosotras. —La morena levantó una ceja, incrédula. Hermione se limitó a ignorarla— Ponte cómoda. Prepararé café, y creo que aún me queda algún resto de poción reconstituyente, te la traeré también.


Unos minutos más tarde, sentadas cada una en un extremo del sofá de la sala de estar, con una taza de café en las manos, Pansy lucía terriblemente incómoda, y Hermione se resistía a dejarla marchar sin saber el final de la historia que había comenzado a contarle en aquella boda.


—¿Te encuentras mejor? —Preguntó para romper el hielo, a pesar de saber ya la respuesta, la poción reconstituyente que le había dado la había salvado a ella misma en varias ocasiones en las que se había dejado llevar por los excesos, autoflagelándose por ser como era.


—Si... Gracias. —Pronunciar la última palabra pareció costarle un esfuerzo sobrehumano y Hermione a duras penas contuvo la sonrisilla burlona que le bailó en la comisura de los labios.


—¿No quieres contarme cómo es que has acabado así? —Preguntó directa. Las sutilezas nunca habían sido lo suyo.


—¿Y tú? —Contraatacó la morena— ¿Por qué te largas de la boda de tu mejor amigo para ayudar a una chica con la que ni siquiera te llevas bien?


Hermione suspiró. Aceptando para sus adentros que tendría que dar si quería recibir.


—No estoy despechada. —Declaró en primer lugar, queriendo dejar claro ese punto desde el principio.


Pansy contestó a eso mirándola con escepticismo.


—¡Es verdad! —Se defendió.— Lo mío con Ron terminó hace años, está más que superado y me alegro de que sea feliz.


—Que políticamente correcto todo. No te lo crees ni tú.


—No tienes que creerme si no quieres, pero es la verdad, yo ya no quiero a Ron de esa manera.


—Ya, por eso has tenido cara de vinagre durante toda la boda. —Replicó sin creerse una palabra.


—No voy a negarte eso, pero no es por lo que tú crees.


—¿Entonces por qué?


Hermione suspiró, armándose de paciencia para tener esa conversación que no había tenido más que consigo misma, a solas con sus pensamientos. Era surrealista que, de entre todas las personas del mundo, estuviera a punto de confesarse con nada más y nada menos que Pansy Parkinson.


—Todo el mundo avanza. Se enamoran, se casan, forman familias... Y yo solo trabajo, trabajo y más trabajo. Mi vida profesional es literalmente toda mi vida, fuera de ella... No hay nada más. Y ya empiezo a dar lástima, todos se preguntan por qué no puedo conocer a alguien, porque no puedo tener lo que los demás parecen encontrar fácilmente. Y empieza a pasarme factura. Estaba incómoda en esa boda, si, pero no porque fuera la boda de mi ex, si no porque esas situaciones solo son un recordatorio más de que algo falla en mi.


Pansy bufó, mirándola de hito en hito, y desechando la declaración que tanto esfuerzo emocional le había costado hacer con un simple gesto de su mano.


—Menudo montón de estupideces acabas de soltar. —Y con esa simple frase, aquella serpiente desbarataba lo que, hasta la fecha, suponía el mayor quebradero de cabeza de su vida.— ¿Por qué crees que es obligatorio estar con alguien, casarse, tener hijos y vivir el pack completo de la familia feliz?  Eres una mujer fuerte, exitosa, que se mantiene a sí misma y no necesita a nadie. ¿Por qué demonios crees que te hace falta una relación para estar completa?


Y sin saberlo, con su última pregunta había dado en el clavo. Completa, esa era la palabra que la traía por la calle de la amargura, ese sentimiento que rechazaba, pero que al mismo tiempo no podía evitar, la creencia de que lo único que le faltaba a su vida para ser perfecta era alguien con quien compartirla.


—La soledad está bien si es autoimpuesta, —Trató de defenderse— Pero me gustaría saber que, si quisiera tener a alguien, existiría esa opción.


Pansy la escrutó con la mirada, sopesándola, calibrándola de tal modo que la hizo sentir incómoda.


—Te diría que puedes tener a quien a ti te de la gana, pero sería mentira. —Sentenció tras unos segundos.


Hermione se desinfló. Había sido estúpido por su parte buscar ánimos en una chica como esa, había pecado de crédula y confiada y le había abierto su corazón solo para llevarse una bofetada sin manos a cambio.


—No por los motivos que estás pensando ahora mismo —Añadió ella al ver su gesto de derrota— No hay nada de malo en tí, al contrario, hay muchas cosas buenas, demasiadas cosas buenas, ahí es donde está el problema. Eres fuerte, bonita, decidida y jodidamente intimidante. Quién se acerque a tí tiene que ser exactamente igual, alguien exitoso en su carrera, inteligente, atractivo y con seguridad en sí mismo. No es fácil encontrar a alguien así, y los mediocres de los que te rodeas saben que no tienen nada que ofrecerte, se dan cuenta de que no son dignos de ti, por eso no se te acercan.


—¿Y qué sugieres entonces? —Replicó Hermione— ¿Que le pida una cita al ministro de magia?


Pansy se limitó a encogerse de hombros y mirarla con una sonrisa burlona.


—Si lo tuyo son los suggar daddys, yo no te juzgo.


—Suggar... ¿Qué? —Preguntó confundía.


Pansy desechó su duda con un gesto de su mano.


—Nada, olvídalo. El caso, es que estás buscando donde no es. No es en el montón de los seguidores donde debes bucear en buscar de la pareja adecuada, tú tienes que ir a la cúspide de los líderes, solo ahí encontrarás almas afines.


—Vale, entonces le pediré una cita a Lucius Malfoy, más poderoso, soberbio e intimidante que ese hombre no hay nadie. —Bromeó, quizás usando el humor como defensa de unas palabras que, a pesar de sus reticencias, le habían calado más hondo de lo que estaba dispuesta a admitir.


Como era de esperar, Pansy se rió de manera algo escandalosa y esbozó un gesto que pretendía ser suplicante.


—Oh si, hazlo, por favor Granger, hazlo. Pagaría una fortuna por ver eso, es más te doy todo mi puto dinero si lo haces.


Hermione rió con ella al tiempo que negaba con la cabeza.


—Aprecio mi integridad física, así que me temo que tengo que declinar tu propuesta. —Comentó en el mismo tono de burla.


—Aguafiestas... —Musitó Pansy a su lado, esbozando un ligero mohín de falsa tristeza que la hacía lucir como una niña de tres años a la que le hubieran quitado un caramelo.


—Bueno. —Hermione adoptó un tono más serio, dando una fuerte palmada al aire para anunciar así que se acercaba el momento de que las tornas cambiasen.— ¿Cuanto de verdad hay en lo que me has contado sobre Daphne?


Pansy cruzó los brazos, poniéndose inmediatamente a la defensiva.


—Daphne es una mala perra. —Sentenció tras unos instantes de silencio.


—Se acaba de casar con mi mejor amigo...


—Oh no te preocupes por Weasley. A ellos les irá bien, sangre pura, famoso héroe del bando ganador de la guerra, empresario de éxito... Daphne lo hará muy feliz, porque él encaja en el estereotipo correcto que ella desea.


—¿Que quieres decir con eso?


—Tres años, tres putos años. —Continuó la morena sin escucharla— Y lo termina todo con "esto que tenemos solo es una fase, un experimento entre amigas" ¿Acaso me ha visto cara de cobaya? ¿Desde cuándo soy yo un puto experimento? ¡Mírame! ¡Todo el maldito ministerio me teme! ¡Me basta un maldito artículo en cualquier prensa de tirada nacional para arruinar la vida y la reputación de cualquiera! ¿Y ella me desecha como a un elfo doméstico demasiado viejo para trabajar? Es una perra, la peor de las perras.


—Insisto, se acaba de casar con mi mejor amigo.


—¡Deja de repetir eso! ¡Weasley no tiene de que preocuparse! ¿Es que no te das cuenta? ¡Él es todo lo que Daphne considera correcto! Un sangre pura, que además es un héroe de guerra, chapado a la antigua, con una familia conocida por su apabullante capacidad reproductiva. ¡Daphne estará en la gloria! ¡Será la esposa perfecta, de cara a la galería y en la intimidad del hogar! Parirá a sus hijos con orgullo, se alzará como una buena madre, una buena mujer, todo lo que su educación le exige ser, todo lo que Weasley desea en una esposa. Ellos serán felices, él representa todo lo que ella siempre quiso, su puto destino, y yo... Yo solo soy un experimento, un recuerdo que olvidar. Y me olvidará, Granger, seguramente ya lo ha hecho. Estoy segura que no me ha dedicado ni un mísero pensamiento desde que decidió que era hora de dejar de jugar y buscarse un marido digno de ella.


Después de aquello, no consiguió arrancarle a la chica ni un ápice más de coherencia. Pansy habló, habló y habló, durante horas, toda la noche, vomitando todo el veneno que llevaba dentro, desahogándose como Hermione sospechaba que no había tenido oportunidad de hacerlo en toda su vida. Todo bajo su atenta mirada, mientras ella se limitaba a escucharla en silencio, a ser el saco inerte donde la reportera podía volcar todas sus frustraciones.


Y pensaba, reflexionaba para sus adentros sobre el consejo que le había dado antes de empezar a soltar bilis, cuestionándose si en el fondo, ellas eran tan diferentes como siempre había pensado.


La mañana las sorprendió a ambas enredadas en el estrecho sofá. No supo en qué momento se habían quedado dormidas, aún con sus elegantes vestidos de boda. La claridad que se filtraba entre las cortinas semi abiertas las despertó de su sueño incómodo casi de manera simultánea.


Miró a su inesperada acompañante, el cabello pulcramente liso de la noche anterior había desaparecido, en su lugar había una maraña oscura, completamente desordenada. Su maquillaje era un desastre, el pintalabios morado que acentuaba la palidez de su piel ahora estaba corrido, extendiéndose hasta su barbilla, y restos de rímel y eye-liner manchaban sus mejillas y las cuencas de sus ojos. La imagen era decadente, el vivo ejemplo de la resaca, la vergüenza y el arrepentimiento, y aún así Hermione pensó que era bonita.


Ella no debía tener un aspecto mucho mejor que Pansy. Seguro que incluso peor, pues bien sabía ella lo mucho que podía descontrolarse su cabello si no lo trenzaba antes de dormir. Ahora mismo debía lucir como una leona moribunda. ¿Despertaría su imagen desastrosa la misma ternura que despertaba la de Pansy?


—Buenos días... —El susurro tentativo de la reportera la sacó de sus cavilaciones de duermevela. Se incorporó ligeramente en el sofá, resintiéndose del esperado dolor de espalda por haberse quedado dormida en tan incómoda postura, dándose cuenta por primera vez de que sus piernas estaban enredadas con las de la otra ocupante del sofá, un amasijo de carne y seda allí donde su piel y la tela de sus vestidos había acabado fusionada.


Se separó despacio, sentándose correctamente y frotándose la cara, olvidando el maquillaje que no se había quitado la noche anterior y que ahora debería lucir aún más desastroso a consecuencia de esa acción.


—Buenos días... —Respondió con voz ronca. Carraspeó tratando de aclararse la garganta. Necesitaba una ducha, un café y litros de poción reconstituyente. Decidió empezar por lo segundo.— ¿Quieres un café?


Pansy pareció escandalizarse ante la sugerencia. Como si de repente fuera consciente de todo lo que había ocurrido la noche anterior y de la situación en la que se encontraba. Se levantó del sofá como un resorte.


—No. Yo... Me marcho. Me marcho ya. —Caminó nerviosa por el salón, mirando por todas partes en busca de las escasas pertenencias que había traído consigo.— ¿Donde están mis zapatos?


—Me temo que se quedaron anoche en el salón de bodas. Lo siento, me olvidé de traerlos cuando nos desaparecimos.


Pansy hizo una mueca consternada.


—¡Granger! ¡Esos zapatos cuestan más de 500 galeones!


—Lo siento, no me di cuenta, puedo pagártelos si quieres, al fin y al cabo es culpa mía que los perdieras.


—¿Pagármelos? ¿Puedes permitirte semejante despilfarro? —La pregunta era impertinente, sin duda, pero el tono en el que había sido pronunciada era de genuina curiosidad.


Por toda respuesta, Hermione se levantó, indicándole con un gesto que la siguiera. Esta lo hizo con algo reticencia, pero su curiosidad ganó a sus ganas de marcharse.


Hermione se adentró en el dormitorio pulcramente ordenado, el orden era algo fundamental en su vida, hacía años que había comprendido que ella no funcionaba en espacios caóticos. Abrió la puerta del segundo de sus vestidores, revelando su mayor capricho, su pequeño remanso de placer hedonista, ese rincón frívolo y decadente que había ido aumentando con los años, ese placer que la animaba y avergonzaba a partes iguales.


Pansy se quedó de piedra. Se adentró en aquel vestidor, admirando y detallando cada uno de los carísimos zapatos que allí había, acariciándolos casi con reverencia. Se paró justo delante de los que Hermione sabía bien que eran la estrella de su colección. Unos finos tacones de aguja en color rosa desgastado, de puntera en pico y atados al tobillo, adornados con un sinfín de brillantes que centelleaban bajo la luz del sol.


—Estos son una obra de arte... —Susurró más para sí misma que para que Hermione la escuchara, aún así, decidió contestarle.


—Son unos Jimmy Choo. Una de las mejores firmas muggles que existen. Cuestan 15.000 libras, al cambio creo que salen unos 3.000 galeones.


Pansy se giró y la miró sorprendida, olvidándose ya del desastre que era su aspecto y lo incómodo de la situación.


—Eres una funcionaria pública. Directora de departamento, si, pero aún así ese puesto no es suficiente para un despliegue de este calibre. ¿Como demonios puede permitirte todo lo que tienes aquí?


Hermione suspiró y se sentó al borde de la cama antes de empezar a hablar.


—Tras la guerra, me dieron la orden de Merlín de primera clase. Nos la dieron a los tres, a mí, a Harry y a Ron. Esa condecoración conlleva un premio en metálico de 100.000 galeones. Yo lo invertí en ciertas empresas, me convertí en accionista, y esas inversiones aún siguen dándome rentabilidad a día de hoy. Trabajo porque quiero, porque me gusta y porque creo en lo que hago, pero realmente no lo necesito. Podría vivir todo lo lujosamente que quisiera sin dar un palo al agua el resto de mi vida.


Pansy asintió, comprendiendo lo que quería decir. A Hermione no le extrañó en absoluto, la familia Parkinson era rica hasta decir basta, si Pansy se había labrado una carrera como periodista había sido única y exclusivamente por pura vocación, no por necesidad. Ahí estaba otra vez, esa sensación de similitud que había experimentado la noche anterior, aquella pequeña voz interior que le decía que en el fondo, ambas estaban cortadas por el mismo patrón, aunque a simple vista nadie lo hubiera dicho jamás.


—Nunca hubiera imaginado que tú, de entre todas las personas, tuvieras un fetiche con los zapatos.


—No es un fetiche. —Se apresuró a excusarse— Más bien es... Bueno, vale, si, es un fetiche. —Admitió ante su mirada burlona— Vivo de manera sobria, no me rodeo de lujos ni de extravagancias, mi colección de zapatos es el único capricho que me concedo a mi misma.


—No tienes que justificarte, Granger. Si te enseñase mi vestidor te morirías. No tengo tanto zapatos como tú, pero si vieras los vestidos y las túnicas... Un auténtico despilfarro, una oda a la decadencia y la extravagancia. Mi pequeño paraíso terrenal.


Hermione no pudo evitar que se le escapara una sonrisilla ante la frivolidad de la chica, era algo que cuadraba perfectamente con la imagen que proyectaba, no esperaba menos de ella.


—Pues eso, que puedo permitirme perfectamente pagarte los zapatos que has perdido por mi culpa.


Pansy negó con la cabeza, obligándose a sí misma a salir del maravilloso vestidor y dejar de admirar los preciosos zapatos que contenía.


—No es necesario, me compraré unos iguales, es solo que me fastidia haberlos perdido.


—Puedo prestarte algunos míos si quieres, para que no te vayas descalza, creo que tenemos el mismo número.


Pansy volvió a negar.


—No pasa nada, me apareceré directamente en mi casa. Necesito una ducha y... Poner en orden mis ideas, supongo.


—Puedes usar la red flú si lo prefieres. Aparecerse con resaca es una idea horrible. —Eso lo sabía por propia experiencia, aparecerse con el estómago revuelto terminaba en vómito instantáneo en cuanto tus pies tocaban el suelo, lo tenía más que comprobado.


Pansy asintió aliviada, evidenciando que esa información era algo que la chica también conocía.


Hermione se levantó de la cama y salió del dormitorio precediendo a la reportera, se paró delante de la chimenea y le ofreció a la chica la pequeña caja de madera en la que guardaba los polvos flú. Pansy tomó un puñado, y ya tenía un pie dentro de la misma cuando Hermione tuvo una idea extraña, que se verbalizó en sus labios antes de que su cerebro pudiese procesarla correctamente.


—Oye Pansy... ¿Crees que tú y yo podríamos quedar alguna vez?


Vio a Pansy ponerse completamente rígida antes de sacar el pie de la chimenea y volverse para mirarla con una ceja alzada.


—¿Tú y yo? ¿Para qué? —Preguntó con incredulidad.


Hermione se limitó a encogerse de hombros.


—¿Para ir a comprar zapatos? —Preguntó más que afirmó.


Pansy soltó una sonora carcajada, genuinamente divertida con su sugerencia.


—¿Ahora quieres que nos hagamos amiguitas? Vale que a los dos nos gusten los zapatos, pero más allá de eso, no tenemos nada en común, Granger.


—Pues yo pienso que si, que tenemos en común mucho más de lo que piensas. Ambas somos mujeres fuertes, exitosas, independientes, seguras de sí mismas y que no se dejan intimidar, y como ya has señalado, compartimos ciertos gustos y aficiones. Estoy pensando que... Reúnes todas las cualidades que anoche dijiste que yo debía buscar en una posible pareja, y por eso, no te estoy pidiendo que nos hagamos amigas, te estoy preguntando si te apetecería que tuviéramos una cita, tú y yo.


La mandíbula de Pansy cayó hasta el suelo. Hermione aguardó pacientemente por una respuesta en lo que la chica procesaba todo lo que le había dicho. Sabía que era una idea loca, y que tenía muchísimas posibilidades de llevarse un rotundo rechazo, pero la idea se había introducido de manera sibilina en su mente durante la noche anterior, mientras la oía despotricar de como una mujer que no sabía lo que quería había jugado con ella, y pensó que, el consejo que le había dado Pansy respecto a su vida amorosa, podía ser aplicable a ella también. Pansy se había obcecado en una mujer que no buscaba nada más allá de ser un complemento bonito en la vida de otra persona, alguien que no veía en ella más que un entretenimiento, algo con lo que pasar el rato en lo que aparecía lo que de verdad deseaba. En lugar de esa relación absurda, Pansy debía buscar un igual, alguien con quien remar a la par en el metafórico barco de la vida, alguien que no fuera un lastre y de quién no tuviera que estar permanentemente tirando.


—¿Todavía te dura la borrachera de anoche? —Preguntó tras unos segundos.— Tú y yo... ¿Una cita? ¿A tí te gustan las chicas si quiera, Granger?


Hermione lo pensó un segundo, era algo que ni siquiera se había planteado. Nunca había estado con ninguna, eso era cierto, pero Pansy le gustaba, le llamaba la atención su forma de ser, de comportarse, y la encontraba hermosa, tremendamente hermosa, tanto que el hecho de que fuera una mujer no habia cobrado importancia en su mente hasta el instante en que ella lo mencionó.


—A mí me gustan las personas, Pansy. —Dijo simplemente, sin tener muy claro que más explicaciones podía dar sobre el asunto.


Aguantó estoicamente la mirada escrutadora de Pansy, aquella que la recorrió de la cabeza a los pies y que le hizo desear profundamente llevarse las manos al cabello y tratar de arreglárselo un poco. Sabía que no estaba en las mejores condiciones para recibir una mirada evaluadora de ese tipo, no se encontraba ni de lejos todo lo bonita que podía estar, pero igualmente resistió sus impulsos, aparentando firmemente una seguridad que en su fuero interno se tambaleaba.


Tras unos segundos de intenso escrutinio, Pansy se dio la vuelta y se internó en la chimenea. Hermione dió un paso atrás, aceptando la muda negativa y procurando mantener algo de dignidad en todo aquel asunto, pero antes de que se retirara por completo, la voz de Pansy, de espaldas a ella, la sorprendió.


—Te mandaré una lechuza mañana con el lugar y la hora. No llegues tarde o no me encontrarás allí. —Y dicho esto, desapareció en un fogonazo de llamas verdosas.


Hermione se quedó allí, plantada en frente a la chimenea de su sala de estar, con una pequeña sonrisa bailando en la comisura de sus labios, pensando que, quizás esta vez, había elegido a la persona correcta.




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