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Regalo de Cumpleaños

Sinopsis

Harry tiene clarísimo lo que quiere que Draco le regale por su cumpleaños Disclaimer: El universo Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling y no me pertenece. Yo solo escojo algunos de sus personajes y los convierto en unos pervertidos. Aclaraciones: Esto es un AU donde la guerra duró mucho más tiempo, Draco nunca llevó la marca tenebrosa, aunque traicionó a su familia para librarse de eso.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Lady Sol
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Único


Harry notaba como su pierna derecha estaba ardiendo por el sobresfuerzo, probablemente algún hechizo le había alcanzado el hueso, dolía demasiado. La sangre manaba de su pecho, empapándole la camiseta, el sudor le escurría por la frente y se le metía en los ojos, provocándole un escozor que le dificultaba la visión. Estaba hecho un auténtico desastre, pero no podía pararse a pensar en nada de eso, tenía que correr, correr y correr, lo más rápido posible, su vida dependía de ello, tenía que llegar a la zona libre de hechizos anti aparición para poder salir de ese jodido castillo cuanto antes. Todo había sido una trampa, allí no había ningún horrorcrux, como él esperaba encontrar. En su lugar lo había recibido una amplia selección de los mortífagos más letales de Voldemort, incluida la siempre célebre Bellatrix Lestrange.


Las maldiciones pasaban rozándole por encima de su cabeza, mientras él solo atinaba a correr en zigzag intentando ignorar el dolor de su maltratado cuerpo y escuchando la escalofriante risa cargada de locura, de Bellatrix tras él.

Oscuros pasillos y pesadas puertas de madera se abrían frente a sus ojos mientras corría por su vida, tomaba el primer camino que veía una y otra vez, sin tener ni idea de a donde se estaba dirigiendo, aquel castillo parecía un laberinto y hacía mucho rato que se había perdido, no podía hacer otra cosa que seguir avanzando, con los mortífagos pisándole los talones y rezando porque el siguiente pasillo que tomara le condujera de una vez hacia la salida.


Mientras lanzaba hechizos aturdidores a diestra y siniestra por encima de su cabeza, sin volverse para mirar si alcanzaban algún objetivo, maldijo su propia estupidez por enésima vez. Cinco años buscando los malditos horrorcruxes, cinco años metido en aquella encarnizada guerra que no paraba de cobrarse vidas de ambos bandos, cinco años de familias viviendo con miedo de volver a casa y encontrar la marca tenebrosa flotando sobre el tejado y los cadáveres de sus seres queridos pudriéndose en el interior, cinco jodidos años… Y por fin sólo le faltaba un último horrorcrux, un último objeto maldito que destruir antes de poder enfrentarse por fin al lord oscuro, cumplir la profecía y acabar con toda esa locura de una vez por todas. Matar o morir, era su destino, ya no tenía miedo, de una forma o de otra, por fin encontraría la paz.


Por eso se había precipitado y había acudido solo a aquel castillo, convencido de que por fin había dado con la localización del último horrorcrux, no quiso esperar a que ningún miembro de la orden estuviera disponible, ni siquiera se paró a pensar algo parecido a un plan, simplemente se había lanzado al vacío de la manera más temeraria posible. No se le pasó por la cabeza que aquello pudiera ser una trampa, y ahora estaba allí, solo, herido, perdido, al límite de sus fuerzas y sin esperanzas de sobrevivir. Y todo por su maldita impaciencia y su propia estupidez.

Esquivó una bombarda que estaba destinada a hacer estallar su cabeza en mil pedazos y giró a la izquierda, adentrándose en lo que creía que era una galería llena de armaduras, pero cuando miró al frente se le cayó el alma a los pies, aquello no era una galería, era un salón. Enfrente de él solo veía un viejo trono de acero forjado y un sólido muro de piedra, estaba atrapado, se había metido él solito en un callejón sin salida.


Quiso retroceder, aún sabiendo que los mortífagos le pisaban los talones y que, habiendo perdido su escasa ventaja, ya era un hombre muerto, pero de repente una figura encapuchada salió de detrás de una de las armaduras, probablemente estaba allí escondido desde antes de que Harry entrara al salón, pero en la precipitación de su carrera, no lo había visto. La figura le agarró fuertemente del brazo, Harry quiso zafarse, pero antes de que pudiera siquiera intentarlo, el desconocido le puso un objeto metálico en la mano y forzó sus dedos para que lo asieran. Sintió un tirón ya muy conocido en su estómago, y la sensación de que sus pies se elevaban del suelo mientras su cuerpo se movía a través de un espacio ingrávido. Estaba viajando a través de un traslador.

Notaba los hombros del desconocido chocando con los suyos, no sabía si esa persona era amigo o enemigo, pero sus dedos estaban fuertemente pegados a aquel objeto y ya no podía soltarse. Sentía como sus últimas fuerzas lo abandonaban mientras el viaje continuaba, para cuando sus pies tocaron el suelo, ya estaba a punto de desmayarse.


— ¡Maldita sea Potter! ¡Casi haces que te maten pedazo de imbécil!


Esa voz… le sonaba, la conocía, pero no era capaz de ubicarla, se parecía a la de…


No pudo formar ningún otro pensamiento coherente antes de que el mundo se volviera negro, solo atinó a vislumbrar el destello de una cabellera imposiblemente rubia antes de perder completamente la consciencia.

Despertó sintiendo un lacerante dolor en el pecho, la cabeza le daba vueltas y tenía la visión borrosa, señal de que el hechizo que le permitía ver sin sus gafas había dejado de hacer efecto. Palpó a su alrededor, estaba en una cama, por un momento pensó que estaba en la enfermería de Hogwarts y que pronto vería aparecer a Madame Pomfrey por allí, pero en seguida desechó ese pensamiento, hacía años que el colegio había sido destruido y Madame Pomfrey llevaba muerta mucho tiempo.

Intentó incorporarse y buscar su varita pero se sentía demasiado mareado, así que se dejó caer de nuevo.


— ¡Vaya! ¡Por fin despierta la bella durmiente! No te muevas o vomitarás, idiota, tienes una conmoción cerebral.


Esa voz otra vez…


— ¿Malfoy?


— No, soy Dumbledore, he vuelto de entre los muertos solo para salvar tu puto trasero.


Esa voz sarcástica y cargada de cinismo no dejaba lugar a dudas, era Malfoy, y acababa de salvarle la vida.


— Mi varita… - Atinó a decir con un hilo de voz.


— Está aquí, toma. — dijo tendiéndosela.


Harry la cogió y automáticamente realizó el hechizo que le permitía ver con normalidad. Normalmente prefería usar sus gafas, pero cuando iba a una misión el hechizo era más útil, no podía arriesgarse a quedarse medio ciego si las gafas se le rompían o se le perdían. La vista se le aclaró al instante y pudo ver que se encontraba en lo que parecía el dormitorio principal de una casa muggle común y corriente, bajó la mirada y observó su propio cuerpo esperando encontrarlo medio destrozado, Malfoy le había quitado la camiseta y los pantalones, el dolor lacerante de su pecho persistía, pero pudo ver que la horrible herida que le había infligido el maleficio de Avery, estaba cubierta por una especie de ungüento que olía a rayos. Dirigió la mirada hacia su pierna herida y se sorprendió al encontrarla en perfecto estado, intentó moverla, lo logró sin problemas, no había dolor.


— He conseguido curar eso — Dijo Malfoy al advertir lo que estaba haciendo - tenías la tibia rota ¿Cómo demonios has sido capaz de correr con la pierna así?


— La adrenalina supongo… — Contestó mientras trataba de controlar las nauseas.


— La herida del pecho sin embargo… magia oscura. El ungüento que te he aplicado la cerrará en unas horas pero me temo que te quedará cicatriz, aunque no creo que te importe, una más para la colección. — Añadió observando el cuerpo de Harry de arriba abajo que, ciertamente, estaba plagado de cicatrices.


— Maleficio latigazo… El cabrón de Avery.


Malfoy asintió mientras rebuscaba en un maletín de color negro que estaba sobre una mesa a los pies de la cama donde Harry se encontraba acostado.


— Toma, bébete esto — Dijo tendiéndole un vial de una poción azul claro — eliminará el mareo que sientes por la conmoción.


Harry lo cogió y se lo bebió de un solo trago. El sabor era repugnante, pero al instante se sintió mejor, el mundo dejó de dar vueltas y él pudo aclarar un poco sus ideas.


— ¿Seguimos en Escocia?


Malfoy negó con la cabeza.


— Bibury, Inglaterra. Cerca de Oxford, estamos en un piso franco de la orden, en un pueblo perdido de la mano de dios.


— Me has salvado el pellejo… ¿Cómo sabías donde estaba?


— Cuando llegué al cuartel general no había nadie, me preocupé porque me habían dicho que debía encontrarte allí. Vi el montón de papeles sobre el escritorio, el recuerdo del pensadero y las anotaciones de Granger. Sabía que estabas buscando el último horrorcrux y cuando vi la foto del castillo, até cabos. Supuse que te habías lanzado a la aventura en solitario como el Gryffindor idiota que eres. Hechicé el traslador para tener un plan de huída y me aparecí allí rezando porque no estuvieras muerto cuando llegara.


— Era una trampa, no había ningún horrorcrux…


— Ya me di cuenta. Hubiera sido tremendamente irónico que te dejaras matar el día de tu cumpleaños, casi poético me atrevería a decir. No lo hiciste a propósito ¿Verdad Potter? Conociéndote quizás buscabas una muerte épica, cuanto más trágica mejor.


— ¿Tú como sabes que hoy es mi cumpleaños? — Harry decidió ignorar las burlas de Malfoy, no estaba de humor para pullitas. Además estaba genuinamente sorprendido de que el narcisista más grande de todos los tiempos se hubiera tomado la molestia de saber algo sobre él.


— ¿Hola? ¿Tantas maldiciones te han dañado el cerebro Potter? ¡Eres el puto niño que vivió! ¡El Elegido! ¡El jodido Golden Boy! ¡No hay mago ni bruja en el mundo que no sepa tu cumpleaños, estúpido! Además, Weasley y Granger te habían organizado una fiesta ¿Sabes? Por eso fui a buscarte, se suponía que tenía que llevarte allí, fingiendo que te necesitaba en una misión. Y tú casi haces que te maten como un idiota.


— ¿Estabas participando activamente en la organización de una fiesta de cumpleaños para mí? ¿Tú? — Se burló Harry


— No te hagas ilusiones, solo pasé por la madriguera para entregarle un informe a Arthur Weasley y Granger y la comadreja me pillaron por banda, decían que si iba yo seguro que no sospecharías. No quería ir, pero visto lo visto, menos mal que accedí. Si no llego a salvarte el culo dudo que algún día hubiéramos encontrado si quiera un pedazo ti.


— ¿Cuánto llevo inconsciente? — Preguntó para cambiar de tema, algo decepcionado, por un momento había llegado a pensar que Malfoy había ayudado con todo el asunto de su cumpleaños como una forma de enterrar el hacha de guerra. Es cierto que ya no se odiaban activamente como en el colegio, incluso habían descubierto que trabajaban bien juntos, pero las hostilidades, los sarcasmos y las pullas ligeramente crueles seguían volando entre ellos como dagas envenenadas. No podían evitarlo, no sabían relacionarse de otra forma, y no es que el ex Slytherin pusiera mucho de su parte para cambiarlo de todos modos.


— Un par de horas. Ya he avisado a la orden de que estás vivo y a salvo, aunque herido, pero no les he dicho dónde estamos, ya sabes, por seguridad. — Harry asintió, era el protocolo habitual, ningún miembro de la orden revelaba la ubicación de los demás. — Me temo que este año te quedarás sin fiesta, Potter.


Harry hizo un gesto con la mano, quitándole importancia. De todas formas le parecía absurdo perder el tiempo con algo tan ridículo como la celebración de un cumpleaños cuando estaban en medio de una guerra que cada día se volvía mas cruenta, pero Hermione opinaba que seguir con vida un año más era motivo de celebración, y no sería él quien le llevara la contraria a Hermione, al contrario de lo que creía Malfoy, Harry no era ningún suicida.


— Mi cumpleaños es lo que menos me importa ahora mismo, si no llega a ser por ti, ahora estaría muerto. Gracias, de verdad.


— Lo sé Potter, y permíteme decirte que eres el tipo más imbécil que he conocido en mi vida, no traicioné a mi familia y a todos los ideales que me habían inculcado desde niño, apostando por ti y tu maldito bando de mojigatos, para que tú te dejaras matar de la forma más estúpida posible.


— Supongo que esa es tu forma de decir “de nada”.


Malfoy bufó.


— Duerme un rato anda, necesitas reponerte, iré a buscar algo de comer para cuando te despiertes.


— Si mamá — Le dijo divertido, pero cerró los ojos y se acomodó más en el colchón.


— Que te jodan Potter — Fue lo último que escuchó antes de quedarse dormido.

★★★★★

Ya era noche cerrada cuando Harry despertó, escasas horas después de haberse acostado, se revolvió entre las mantas y se estiró como un felino, se sentía muchísimo mejor.


La cama estaba llena de sangre y de restos de diversas pociones, él mismo estaba cubierto de las mismas sustancias. Necesitaba una ducha.

Se levantó de la cama, comprobando satisfecho que su pierna le respondía con normalidad, sin duda Malfoy había hecho un gran trabajo.


Observó sus ropas tiradas en el suelo hechas jirones, eran un desastre insalvable. Se encogió de hombros, ya buscaría que ponerse más tarde.

Salió de la habitación donde había dormido y examinó el lugar, era una casita pequeña, la puerta del dormitorio daba a un habitáculo que hacía las veces de salón-comedor. Allí solo había una destartalada mesa que seguro que había conocido días mejores y un sofá de piel color negro que ya empezaba a resquebrajarse. A la derecha, había una pequeña cocina americana y en el lado opuesto una puerta que Harry supuso que daba al baño. Nada más, no era un lujo, pero estaban en guerra, se adaptaban a lo que había.


Malfoy no estaba en la casa, Harry dio por sentado que habría salido a buscar algo de comer, como le dijo que haría, y se dirigió al baño dispuesto a tomar una muy necesaria ducha.


El baño sólo constaba de un retrete, un lavabo, un pequeño plato de ducha y un armarito lleno toallas limpias y pociones curativas de diversa índole. Harry pensó que la orden debía haber dejado eso allí por si alguien lo necesitaba ya que al fin y al cabo, la casa donde estaba era un piso franco y cualquier miembro de la orden del fénix podía usarlo en caso de necesidad.


Se metió en la ducha y frotó su cuerpo a conciencia, asegurándose de borrar todos los restos de sangre seca de su piel. Se limpió el ungüento que Malfoy le había aplicado en el pecho la noche anterior y comprobó con satisfacción que la herida estaba completamente cerrada. Aunque ahora, una cicatriz bastante aparatosa cruzaba su pectoral izquierdo desde el hombro hasta la primera costilla, atravesando el pezón, que había quedado partido por la mitad.


— Una más para la colección — se dijo Harry a sí mismo, resignado. Tenía tantas cicatrices ya que había perdido la cuenta, si seguía así pronto acabaría pareciéndose al difunto Ojoloco Moody. — Bonito regalo de cumpleaños. Tendré que mandarle a Avery una nota de agradecimiento.


Cuando consideró que ya estaba todo lo limpio que podía estar, salió de la ducha y secó rápidamente su cuerpo con una de las toallas que había encontrado antes, eran ásperas y rugosas, pero estaban limpias y con eso le valía. Se amarró la toalla a la cintura para ocultar un poco su desnudez y salió del baño.


— Veo que estás mejor.


La voz de Draco lo recibió desde la cocina. Iba vestido al estilo muggle, cosa bastante rara en él que prefería las costosas túnicas abotonadas hasta el cuello. Ese estilo le sentaba bien, la camisa azul pálido resaltaba el gris de sus ojos y los vaqueros claros se le ceñían a las piernas, marcando sus músculos un poquito demasiado. Si, sin duda Malfoy debería vestir al estilo muggle más a menudo.


— Fuerte como un toro — respondió divertido.


Draco lo miró de arriba abajo, de manera escrutadora, sus ojos se pararon en la nueva cicatriz de su pectoral, avanzó hasta él y palpó la herida con la punta de los dedos.


— ¿Dolor?


Harry negó con la cabeza, reprimiendo un escalofrío por la cercanía del hombre, intentando no pensar en el cosquilleo que le producía el tacto de esos dedos en su piel.


— Esto está ya curado, tienes suerte de no haber perdido el pezón, por un momento creí que así sería.


— Ya, bueno, a este paso seré más cicatriz que persona — se quejó Harry.

Malfoy arqueó una ceja.


— ¿Me vas a hablar a mí de cicatrices Potter? Aún te faltan unas cuantas para igualarme, y la mayoría te las debo a ti.


— ¿En serio? ¿Vas a echarme eso en cara hasta el día de mi cumpleaños? ¡He perdido la cuenta de las veces que me he disculpado contigo por eso! Jamás me dejarás olvidar lo del maldito sectusempra ¿Verdad?


— No mientras sigas poniendo esa cara de corderito degollado cada vez que te lo recuerdo — rió Malfoy.


— Eres un cabrón.


— Un cabrón que te ha salvado la vida.


— Eso tampoco me vas a dejar olvidarlo ¿Verdad?


— No. — Malfoy le dedicó una última sonrisa burlona antes de volver a la pequeña cocina. — Espero que te guste la comida china, es lo único que he encontrado cerca de este estercolero muggle, aunque pensándolo bien… si no te gusta me da igual, puedes morirte de hambre si quieres.


— Que amable por tu parte.


— Y en el dormitorio te he dejado algo de ropa nueva, la que traías ha quedado inservible — continuó, ignorando su comentario sarcástico.


Harry volvió a entrar en la habitación, sorprendiéndose al ver que las sábanas habían sido limpiadas, ya no había rastros de sangre ni de pócimas en ellas. Sobre la cama encontró unos vaqueros oscuros y una camiseta verde sencilla. Típico de Malfoy, no había otro color ¿Verdad? Tenía que vestirlo de verde. También encontró unos bóxer negros, un par de calcetines azul marino y unas deportivas blancas. Harry se vistió mecánicamente, todavía refunfuñando interiormente por verse obligado a vestir de color verde. La ropa le quedaba un poco grande, así que la ajustó a su talla con un movimiento de varita antes de volver a la pequeña cocina.


— Te sienta bien ese color. — Se burló Malfoy con esa risilla estúpida suya nada más que cruzó el umbral de la puerta.


— Ya, si, me queda genial. Supongo que esto ha sido una casualidad ¿no? No había nada de ningún otro color ¿Verdad?


Malfoy asintió con tanta vehemencia que por un segundo, hasta Harry creyó que decía la verdad.


— Una correlación de hechos absolutamente fortuitos, por supuesto.


— Si ya, todo es muy fortuito contigo.

Malfoy sonrió de medio lado y cambió de tema. Sabiéndose triunfador de esta pequeña batalla, le dedicó una mueca ladina antes de hablar.


— ¿Tienes hambre? Es una cena tardía, pero deberías comer algo. — Comentó señalando las pequeñas cajas llenas a rebosar de comida china que previamente había desparramado sobre la barra americana.


— Me muero de hambre — dijo sentándose en uno de los taburetes de la barra y, agarrando una caja de tallarines, empezó a engullir como si no hubiera comido en meses.


— Por Merlín Potter, ¿Nadie te ha enseñado modales en la mesa?


Malfoy comía con movimientos precisos y delicados mientras observaba con el ceño fruncido la forma barbárica que Harry tenía de comer.


— En realidad no, además tengo hambre. — dijo encogiéndose de hombros.


Draco no contestó y ambos siguieron comiendo en silencio. A Harry no le gustaban los silencios, cuando nadie hablaba él pensaba, y si pensaba… se deprimía, se asustaba, se enfadaba y se llenaba de emociones negativas en general.


Sin poder evitarlo empezó a repasar en su mente los acontecimientos del día anterior. Casi muere, esta vez de verdad, literalmente le había faltado un pelo para irse al otro barrio. Y encima justo el día de su cumpleaños. Malfoy tenía razón, era irónico, rozando lo ridículo, menos mal que el estúpido hurón había aparecido allí para salvarse el culo cuando ya creía que iba a estirar la pata. Por un momento estuvo seguro de que así sería, que la historia de Harry Potter llegaría a su fin en aquel castillo escocés el mismo día en que lo trajeron al mundo. Moriría sin haber logrado su objetivo, sin que sirviera para nada…

Se descubrió pensando que no quería morir, al menos no aún, le faltaban muchas cosas por hacer, no había tenido infancia, no había tenido adolescencia, y su vida adulta, que apenas había empezado, era de todo menos normal. La guerra era la única constante en su vida, la que lo había definido todo. Siempre pensaba que después de la guerra él haría esto o aquello, pero lo que había pasado en el castillo le había hecho darse cuenta de que tal vez no existiera un después de la guerra, no para él, nada le garantizaba que fuera a sobrevivir. ¿Y si moría mañana? ¿Qué habría hecho él en su vida simplemente por el placer de hacerlo? No fue capaz de dar con una respuesta para esa pregunta…


— Deberíamos movernos — dijo Draco cuando ambos terminaron de comer — Todo el mundo estará preguntándose donde se ha metido el jodido elegido.


— No. — Contestó con firmeza.


— ¿No?


— No. — Se reafirmó — Mandaste un patronus diciendo que estaba herido ¿Verdad? Pues finjamos que sigo estándolo y que aún no puedo moverme.


— ¿Por qué íbamos a hacer tal cosa?


— Porque — Harry se levantó y empezó a revolver en todos los armarios de la diminuta cocina — En todos los pisos francos de la orden hay al menos una de estas.


Harry se incorporó con una sonrisa y una botella de whiskey de fuego que había sacado de dentro de un aparador.


— Aún es mi cumpleaños, y dado que no ha habido fiesta, tú y yo vamos a pillarnos un buen pedo y que sea lo que Dios quiera.


Malfoy arqueó una ceja.


— No tenemos tiempo para tonterías Potter, por si no lo habías notado, estamos en guerra.


Harry soltó una risa amarga.


— Créeme, lo he notado. Casi me matan, tengo derecho a un puto día de descanso de toda esta mierda — Dijo irritado — Eres libre de irte cuando quieras, yo pienso quedarme aquí y acabarme esta jodida botella.


— ¿Irme? ¿Para qué vuelvas a embarcarte en una misión suicida de las tuyas en cuanto me dé la vuelta? Ni hablar Potter, todos me echarían la culpa a mí si te mueres ahora. ¿Quieres emborracharte como un adolescente? Está bien, pero no me voy de aquí sin ti.


Harry no respondió, pero sirvió dos vasos de whiskey bastante cargados y le tendió uno a Malfoy antes de dejarse caer en el sofá. Malfoy lo imitó.


Bebieron en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos, pronto acabaron esa primera copa y esta vez fue Malfoy el que se levantó a servir la siguiente.


— ¿Alguna vez recuerdas los tiempos de Hogwarts? — Preguntó Harry de repente.


— Intento no hacerlo. Es… doloroso, demasiada gente de esos recuerdos ya no está en este mundo. — Harry asintió, comprendiendo lo que quería decir.


— Yo si pienso a veces, pasé mucho allí, pero a pesar de todo lo malo, fue la mejor época de mi vida.


— ¿En serio? ¿A pesar de los basiliscos, los profesores dementes y los intentos de asesinato que sufrías cada año? — Preguntó con una sonrisa burlona.


Harry rió.


— Si, a pesar de todo eso. — Contuvo una carcajada — Tengo recuerdos maravillosos de allí, uno de mis favoritos es cuando el falso Moody te convirtió en hurón.


Malfoy le lanzó un cojín del sofá, pero Harry lo esquivó.


— También recuerdo cuando Hermione te dio una bofetada en tercer año, eso fue maravilloso. — Continuó riéndose con ganas.


— ¿Ah sí? — Respondió Malfoy con una mueca burlona mientras le lanzaba otro cojín — Pues deberías saber que guardo en un pensadero el recuerdo de cuando te partí la nariz en el expreso de Hogwarts para poder revivirlo una y otra vez.


Harry volvió a reír.


— Por qué será que eso no me sorprende.


Continuaron lo que pudieron ser horas charlando sobre anécdotas de cuando eran estudiantes. Era cuanto menos curioso cómo había cambiado su relación a lo largo de los años, suponía que pelear codo con codo una y otra vez, ver morir a los tuyos frente a tus ojos y salvarse el pellejo mutuamente eran cosas que sí o sí unían a la gente. Al final, la realidad de la guerra convertía las disputas adolescentes en nimiedades. No sabía muy bien con que palabra definir la relación que ahora tenían ¿Amigos? No, definitivamente no eran amigos, enemigos tampoco, quizás compañeros, soldados que luchaban juntos, podrían matar el uno por el otro sin dudar pero aún les resultaba raro estar tomando una copa juntos. Sin duda era una relación extraña, pero era la que tenían.


Los vasos habían quedado olvidados encima de la barra de la cocina y ahora se pasaban la botella el uno al otro dando largos tragos, Harry sonrió interiormente al imaginarse lo mucho que le desagradaría a la versión adolescente de Malfoy estar haciendo algo tan vulgar como beber directamente de la botella, ese niño estirado y presumido se habría negado rotundamente a hacer algo con tan poca clase. Era una suerte que su versión adulta estuviera más curtida y hubiera aprendido a valorar los pequeños placeres como aquel y a sobrevivir sin todos los lujos con los que se había criado.


Malfoy se había recostado en el sofá cuan largo era y Harry estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en una de las patas de la mesa.


Empezaba a sentirse un poco mareado, los efectos del alcohol estaban haciendo estragos en sus neuronas. Sentía la boca seca y un agradable calor le inundaba el cuerpo. El whiskey le estaba dando algo de paz, aunque aún no estaba lo suficientemente borracho como para olvidar del todo sus temores, pequeños flashes de lo que había pasado en el castillo le invadían la mente, el miedo a una muerte inminente le estaba acosando, lo odiaba.


Observó a Malfoy, estaba tumbado en el sofá, con la cabeza apoyada en el reposabrazos, los ojos cerrados, una ligera sonrisa en la boca y las manos delicadamente colocadas sobre su abdomen, se había soltado la coleta y la larga cabellera plateada le caía por los hombros. Se lo veía tranquilo y relajado ¿Cómo coño lo hacía ese hijo de perra? ¿Cómo podía estar ahí, sin miedo, sin remordimientos, sin incertidumbres…? Simplemente recostado con esa estúpida sonrisilla en los labios. Odiaba esa entereza de la que siempre hacía gala, la capacidad de mantenerse frio en momentos de extrema presión, esa forma de ser tan estoica, tan paciente…


Joder como le odiaba.


Una traicionera idea empezó a rondar por su cabeza, una locura, uno de esos pensamientos que jamás le habrían venido a la mente si no hubiera bebido demasiado, y mucho menos se habría atrevido a expresarlo en voz alta. Una vocecilla, aquella que se parecía a la de Hermione, le decía, le gritaba, que era una idea terrible, pero revoloteando por su cabeza había un pensamiento aún más fuerte que la acallaba. ¿Y si moría mañana?


— Oye Malfoy.


— ¿Mmm?


— Es mi cumpleaños ¿No piensas regalarme nada?


Malfoy lo miró arqueando una ceja, y con una perversa sonrisa, sacó un galeón de su bolsillo y se lo lanzó lánguidamente. Los reflejos de buscador de Harry reaccionaron, haciendo que atrapara la moneda al vuelo a pesar de estar un poco ebrio.


— Ahí tienes, Potter. Feliz cumpleaños, no te lo gastes todo de golpe.


Harry se rió ante la burla y dejó caer la moneda.


— Estaba pensando en algo menos material, algo simbólico, por así decirlo.


Malfoy volvió a recostarse en el sofá, recuperando su postura inicial con la sonrisa relajada y los ojos cerrados.


— ¿Qué tienes en mente?


— ¿Follamos?


— Sí, claro. ¿Quieres ir a la cama o lo hacemos aquí mismo en el sofá? — Dijo con la voz cargada de ironía, sin duda creyendo que aquello no era más que una broma.


— En el sofá me va bien, pero si prefieres la cama por mí no hay problema. — Contestó Harry encogiéndose de hombros, quitándole importancia.


El rubio por fin abrió los ojos y se incorporó un poco para mirarle con una ceja alzada.


— ¿Me lo estás diciendo en serio?


Harry asintió.


Malfoy le arrebató la botella de las manos.


— Suficiente alcohol para ti. — Dijo volviendo a tumbarse — Ya estás diciendo muchas estupideces.


— No me has contestado. — Insistió.


— No, Potter, no vamos a follar — Bufó con el ceño fruncido.


— Pues yo creo que deberíamos.


— Pero vamos a ver Potter, — Se incorporó hasta quedar sentado, con los pies en el suelo, inclinado hacia adelante, con los antebrazos recargándose en sus rodillas — ¿A santo de qué viene esto?


Harry se quedó pensativo un segundo, ¿por qué se estaba empeñando en eso? Malfoy era guapo, guapísimo, eso no se podía negar, pero hacía años que lo conocía, hacía años que había notado que desprendía sensualidad pura por cada poro de su piel, por supuesto que alguna vez había fantaseado con acostarse con él, pero sólo había sido eso, una fantasía, jamás se planteó realmente llevarla a cabo, básicamente porque esperaba recibir un espectacular rechazo a la menor insinuación. Y sin embargo, ahí estaba, pidiéndolo claramente sin ningún tipo de sutileza. ¿Por qué ahora? ¿Por qué justo esta noche?


— ¿Y si morimos mañana? — Preguntó al final, concentrando todos sus miedos en aquellas palabras.


— Pues mira, Elegido, si mueres tú, nos vamos a la mierda, Voldemort gana y a mi me va a faltar tiempo para largarme cagando leches a la otra punta del mundo. Si muero yo… pues nada, un nombre más en la lista de bajas, como otros tantos que ya están ahí.


Harry hizo un gesto desdeñoso con la mano, como desechando lo que Malfoy acababa de decir.


— No me refiero a lo que le pasará al mundo, me refiero a ti y a mí, como individuos. — Se había levantado mientras hablaba y caminado hasta situarse frente a él — Realmente puedes decir, al cien por cien, que si mañana estuvieras a las puertas de la muerte, no te arrepentirías ni un poquito, aunque fuera un instante, de no haber dejado que esto pase — dijo sentándose a horcajadas encima de él.


— Follarme al elegido no está en mi lista de cosas que hacer antes de morir, Potter


Malfoy le hablaba con desdén, tenía una mueca de desagrado en el rostro, pero no se lo había quitado de encima, Harry se había sentado sobre su regazo y él lo había permitido. Aquello le dio ánimos para continuar con lo que estaba haciendo.


— Podemos añadirlo a esa lista ahora mismo.


Empezó a balancearse encima de él, en un movimiento de vaivén rítmico que tenía como objetivo rozar su trasero contra la entrepierna de Malfoy.


— Tú a mí no me gustas, Potter.


Eso hubiera sido más creíble si Harry no estuviera notando como el bulto de su pantalón crecía por momentos.


— Ya, repítelo hasta que te lo creas.


— Eres un idiota, esto no va a pasar. ¡Y quítate de encima! — Malfoy le empujó hacia un lado, haciéndole caer sobre el sofá.


— Venga ¡No seas así! — Rió Harry disfrutando del jueguecito que se traían


— ¿No quieres cumplir el último deseo de un hombre a punto de morir?


— No estás a punto de morir, maldito pervertido.


— ¡Claro que lo estoy! ¡Y tú también! Estamos en medio de una guerra, cualquiera de nosotros podría morir mañana.


— Entonces cumple tú los deseos de este hombre a punto de morir y déjame en paz.


Harry volvió a reír, cuanto más lo rechazaba ese rubio estirado más ganas sentía de seguir insistiendo. Sus comentarios cargados de malicia, lejos de desanimarle, le divertían. Cuanto más lo pensaba, más le parecía que era una idea estupenda.


— Lo haría si de verdad creyera que es eso lo que deseas — Se arrastró hasta él y empezó a mordisquear su cuello, sintió el estremecimiento del rubio y sonrió para sí mismo, de nuevo no lo había apartado. — ¿Me vas a decir que nunca has pensado en esto? ¿Ni una sola vez en todos estos años? Ni en los períodos en los que hemos convivido bajo el mismo techo, ni después de una batalla, cansados y chorreando adrenalina… ¿De verdad no se te ha pasado por la cabeza jamás? ¿Ni siquiera cuando éramos unos críos y peleábamos a puño limpio por cualquier cosa? Estando tan cerca, cuerpo a cuerpo, llenos de ira y desprecio el uno por el otro ¿Ni una sola vez pensaste que podríamos solucionar nuestras diferencias de un modo más… placentero?


— ¿Te ponías cachondo cuando peleábamos Potter? ¡Vaya! ¿Quién iba a decir que a San Potter le va el rollo duro?


— Ni te imaginas las cosas que me van — susurró directamente contra su oído en voz baja, sugerente.


Malfoy se levantó del sofá como un resorte, alejándose de él. Para Harry era obvio que el rubio se estaba conteniendo, lo deseaba tanto como él, no entendía porque se estaba resistiendo tanto.


— Para con esto, Potter. Ya. — Intentó que su voz sonara firme, pero un timbre nervioso le traicionó, Harry no pudo evitar sonreír con malicia al detectar la duda en sus palabras, sabía lo que debía hacer, así habían funcionado las cosas entre ellos desde que eran niños, tenía que convertirlo en un reto. Malfoy era incapaz de resistirse a un desafío si él se lo planteaba.


— No te tenía por un cobarde, Malfoy.

El efecto de aquella frase no tardó en hacerse notar en la cara del rubio, se tensó visiblemente, sus orbes grises le dedicaron una mirada venenosa, de esas que gritaban peligro, se pasó una mano por el cabello y resopló de frustración.


— Sé lo que estás haciendo y no va a funcionar — le dijo señalándolo con un dedo acusador.


Harry se recreó en cada una de sus reacciones, era justo lo que esperaba, solo tenía que presionar un poco más y conseguiría lo que quería.


— ¿Asustado Malfoy?


Los ojos de Malfoy se estrecharon y su cara se contrajo en una mueca de odio. Harry sabía que odiaba sentirse manipulado, y eso era justamente lo que él estaba haciendo. Pero por otro lado, era incapaz de resistirse a un desafío. Parecía un escorpión rodeado de fuego, dudando si clavarse su propio aguijón o lanzarse de cabeza a las llamas.


— Tú eres quien debería estar asustado. — Las palabras le salieron roncas, con un tinte de peligrosidad impregnando cada una de ellas. Los iris grises ahora se veían oscuros, sus pupilas dilatadas por el deseo. Avanzó un paso en su dirección, acercándose más a él. Agarró la olvidada botella de Whisky y dio un trago largo. Harry supo que lo había conseguido. — Voy a destrozarte.


Fue lo último que dijo antes de abalanzarse contra él, devorando su boca en un beso necesitado. No había ternura, no había cariño. Era un beso violento, cargado de odio, de deseo oscuro y enfermizo.


Harry reaccionó apenas una milésima de segundo después, abriendo su boca para dar paso a aquella lengua demandante, exigente. Sus dientes chocaron dolorosamente pero ninguno de ellos se apartó, sintió como su labio inferior era mordido con saña, y gimió dentro de la boca del otro. Malfoy se estremeció visiblemente ante aquel gemido y sus manos recorrieron el cuerpo ajeno buscando deshacerse de cada molesta prenda que les impedía estar piel con piel.


Harry abandonó su boca solo el instante necesario para sacarse la camiseta antes de volver a entregarse a un beso embriagador. Si Malfoy era capaz de reducirlo a cenizas solo con un beso no quería ni imaginar que cosas sería capaz de hacer con otras partes de su cuerpo, estaba ansioso por comprobarlo.

Draco subía las manos por su torso, acariciando, pellizcando, arañando… Su boca bajó por su cuello, repartiendo mordiscos demasiado intensos, bajó hasta su clavícula y hundió los dientes en ella, Harry ahogó un gemido mientras trataba de desabotonarle la camisa, tenía muchos botones, demasiados botones. Harry no era alguien que se caracterizara por su paciencia así que pronto se cansó de la tarea que estaba haciendo y tiró con fuerza de la tela, abriéndola por completo mientras hacía saltar todos los cierres de la camisa.


Malfoy le mostró una sonrisa ladina mientras se deshacía por completo de su ahora destrozada camisa, ondeó su cadera provocando que sus erecciones se rozaran, un escalofrío recorrió el cuerpo de Harry que gimió entre dientes. Enroscó las piernas en torno a la cintura de Malfoy y levantó la cadera, provocando más contacto entre sus endurecidos miembros cubiertos con demasiadas capas de tela, para gusto de Harry.


Malfoy parecía compartir ese pensamiento porque rápidamente dirigió sus manos hacia la cintura de sus vaqueros, luchando un poco con el botón antes de desabrocharlos y tirar de ellos hacía abajo. Harry liberó el agarre que sus piernas tenían sobre la cintura del rubio y pateó con ellas para terminar de sacarlos y arrojarlos descuidadamente al suelo, al lado del sofá.


Con movimientos casi desesperados, desabrochó los pantalones ajenos y tiró de ellos hacia abajo, pero se atascaron en los muslos. Harry no tenía paciencia ninguna en ese momento y la culpa era de Malfoy, por llevar unos vaqueros demasiado ceñidos. Haciendo alarde de su capacidad para la magia sin varita, realizó un movimiento circular con la mano que hizo desaparecer la totalidad de la ropa de Draco, que gimió de sorpresa al verse completamente desnudo.


— ¿Magia sin varita, Potter? ¿Tan desesperado estás? — Preguntó burlón.


— No finjas que no te encanta — Contestó Harry sin avergonzarse en absoluto. — Es solo una de mis muchas habilidades.


— ¿Ah sí? ¿Y se puede saber cuáles son esas asombrosas habilidades hasta ahora desconocidas por el vulgo?


Harry sonrió de lado y empujó a Malfoy hasta dejarlo sentado en el sofá, se incorporó y sin perder un segundo, se dejó caer de rodillas en el suelo, justo entre las piernas abiertas del rubio que lo miraba con expectación y deseo contenido.


— Déjame mostrarte la mejor de todas. — Dijo con voz lasciva antas de agachar la cabeza e introducirse el erecto miembro rosado en la boca.


Quizás Harry no fuera demasiado bueno con los hechizos complejos, tal vez fuera un auténtico desastre con las pociones, a lo mejor había muchas cosas que no se le daban bien. Pero si en algo era experto, si en algo era verdaderamente el mejor, era en hacer mamadas. Aquel que probaba su boca siempre volvía a por más, tenía una lengua mágica y quien la sentía en su polla ya jamás se olvidaba de ella, y estaba a punto de demostrarle a Malfoy lo adictiva que podía llegar a ser una mamada de Harry Potter.


Chupó, lamió y succionó como no lo había hecho en su vida. Su cabeza subía y bajaba a un ritmo frenético, mientras su lengua se retorcía sobre el eje de aquel miembro duro como una roca.

La verga del rubio era demasiado grande, Harry estaba seguro de que poca gente, si es que había habido alguien si quiera, había sido capaz de tragársela entera, pero él tenía un truco marca Potter para eso. Relajó la garganta y bajó la cabeza poco a poco, hasta notar como el glande rozaba sus amígdalas, respiró por la nariz para controlar las arcadas y siguió bajando, notando como esa exquisita polla se deslizaba por su garganta. Oyó un jadeo entrecortado proveniente de Malfoy, hubiera sonreído por ello, pero su boca estaba estratégicamente posicionada para poder hacer lo que estaba haciendo sin vomitar y mover los músculos necesarios para esbozar una sonrisa arruinaría el efecto. Se contentó con llevar la mano derecha a los testículos ajenos y masajearlos suavemente mientras que con la izquierda aferró la cadera de Malfoy, manteniéndolo quieto sobre el sofá para evitar que intentara clavarse en su boca por sí mismo. Siguió subiendo y bajando a lo largo del tronco, aumentando la velocidad poco a poco conforme su garganta se iba relajando. Su lengua no dejaba de moverse, manteniéndose plana mientras bajaba y trazando círculos en la punta cuando subía, delineando cada vena y saboreando cada gota de preseminal que goteaba del pulsante glande.


Una extraña cacofonía de jadeos y gemidos ahogados salían de la boca del rubio, que luchaba por mover la cadera hacia arriba, pero el firme agarre de Harry se lo impedía.


Harry sintió como una mano se enredaba en su cabello, aferrándolo con demasiada fuerza, contuvo un gemido de dolor y dejó que el rubio tirara de su cabello a su antojo, ya se lo cobraría después.


Colocó la lengua en plano a la altura de la base y la deslizó a todo lo largo de su longitud hacia arriba, hasta sacar completamente la polla de su boca, jugó un poco con la punta de su lengua en el glande y luego la deslizó hacia abajo, hasta llegar a los testículos e introducírselos ambos en la boca con un movimiento de succión, mientas que con su mano derecha seguía realizando movimientos ascendentes y descendentes sobre el ensalivado falo

Malfoy dejó escapar un sonoro gemido y se retorció como una anguila fuera del agua.


— Joder Potter, ¿Cómo demonios haces eso?


Harry sacó los testículos de su boca y pasó la lengua a lo largo de su miembro una vez más, de manera juguetona, mirándole a los ojos con una sonrisa ladina.


— Es un don. — Dijo antes de volver a introducirse por completo esa polla en su garganta.


Malfoy volvió a gemir y soltó el cabello de Harry para subir las manos hacia su cabeza, cubriéndose el rostro, mientras seguía removiéndose en el sofá, luchando contra el firme agarre de Harry, que ahora tenía ambas manos sobre sus caderas.


Harry apretó su boca contra el tronco, con los dientes escondidos tras los labios, aumentando la presión ejercida y elevando el ritmo cada vez más. Estaba decidido a volverlo loco.


— Para. — La orden del rubio le sobresaltó.


— Y una mierda. — Pensó Harry, que siguió chupando cada vez más deprisa.


— Para. — Insistió Malfoy al ver que Harry no le había hecho ningún caso. — Joder, Potter, para. Me voy a correr.


En respuesta, Harry siguió aumentando la velocidad hasta alcanzar un ritmo endiabladamente frenético, volvió la atención de su mano hasta los abandonados testículos y siguió trazando círculos con la lengua a lo largo de la envergadura en cada movimiento.


Ni un minuto había pasado cuando sintió como una mano volvía a aferrarse a su cabello casi al mismo tiempo en el que una nube blanca estallaba en el interior de su boca, todo coronado con una sucesión de gemidos y maldiciones como banda sonora.


Harry se tragó hasta la última gota, antes de dejar salir la ardiente carne de su cavidad bucal y mirar con una sonrisa de suficiencia a un sonrojado Malfoy que batallaba por recuperar el control de su respiración.


— Te dije que era el mejor. — Le sonrió burlón.


— No sé si ser el que mejor la chupa del mundo es un título del que presumir. — Le contestó malicioso.


— Ah, ¿Así que admites que soy el que mejor la chupa del mundo? — Rió Harry, para nada avergonzado, era el mejor y lo sabía, nadie le duraba ni dos minutos, estaba seguro de que debía tener un record o algo así.


— Recuérdame, ¿De quién es el cumpleaños? ¿Tuyo o mío?


— ¡Qué puedo decir! — Bromeó Harry. — Soy una persona generosa por naturaleza.


Malfoy dejó escapar una risilla que sonaba como campanillas en sus oídos. Se levantó del sofá y le tendió una mano a Harry que seguía arrodillado en el suelo. Éste la tomó y dejó que lo ayudara a incorporarse. Para su sorpresa, Malfoy no le soltó, si no que tiró de él, arrastrándole por toda la pequeña sala de estar.


— ¿A dónde vamos? — Preguntó Harry divertido.


— A la cama. ¿Crees que eres el único con habilidades? Voy a devolverte el favor como es debido.


Entró a la habitación detrás de Draco y se giró para cerrar la puerta, cuando un fibroso cuerpo se le echó encima y lo aplastó contra ella.


— Ahh… — Harry gimió débilmente cuando una mano presionó su cabeza haciendo que mejilla izquierda quedara completamente aplastada contra la madera.


— Quieto ahí. — Susurró la voz ronca de Draco contra su oído.


Harry se estremeció de anticipación ante el tono frío y peligroso del rubio, se comportaba de manera dura, exigente, dominante… Justo como imaginó que sería.


Las manos de Draco descendieron por sus hombros y acariciaron sus brazos hasta llegar a sus muñecas, las cuales sujetó con fuerza y subió hacia arriba, colocándolas por encima de su cabeza. Las mantuvo ahí, sujetas con una mano mientras que con la otra acariciaba pasmosamente la erizadada piel de su espalda.


— Incarcerous. — Susurró.


Al instante, Harry notó como unas cuerdas brotaban a través de la puerta de madera contra la que estaba aprisionado y le sujetaban fuertemente las muñecas, impidiéndole bajar los brazos, o hacer cualquier otra cosa que no fuera estar ahí, completamente quieto y a merced de la voluntad de quien escasas horas antes le había salvado la vida en aquella misma habitación.


— Pensaba que habías dicho que querías ir a la cama. — Intentó sonar burlón pero su voz salió demasiado ahogada, con un tono necesitado que ni él mismo reconocía.


— Después. — Susurró Draco contra su oído. — Cuando tus piernas ya no sean capaces de sostenerte.


Harry gimió ante sus palabras mientras Draco se dejaba caer de rodillas al suelo. Le mordió juguetonamente una nalga antes de pasar la punta de la lengua por el sensible pliegue entre en ellas. Aferró sus caderas con fuerza y lo presionó aún más contra la puerta, manteniéndolo inmóvil.


Dirigió la lengua hacia la fruncida entrada y lamió a su alrededor, de forma insultantemente lenta. Lo estaba torturando y disfrutaba con ello.

Harry se retorcía y gemía débilmente, intentaba echar su cuerpo hacia atrás, buscando más contacto, pero una mano aferrada a su cadera y la otra presionando con la palma abierta en la parte baja de su espalda, lo mantenían firmemente pegado a la puerta.

La lengua de Draco seguía deslizándose arriba y abajo entre sus nalgas, trazando círculos sobre su entrada, presionando ligeramente, pero sin llegar a introducirse en su interior, ignorando deliberadamente los quejidos lastimeros de Harry.


— Draco… Por favor… — Creía que era la primera vez en toda su vida que lo llamaba por su nombre, y estaba seguro de que también era la primera vez que le suplicaba, el muy idiota debía sentirse realmente ufano por eso.


— ¿Por favor qué, Potter? ¿Qué es lo que quieres?


Harry rugió de frustración, volviendo la cabeza hacia atrás y mirándolo amenazadoramente.


— Malfoy te juro que te… ahh.


Interrumpió su amenaza al sentir la abrasadora lengua que lo torturaba adentrándose en su interior. Draco colocó las palmas de las manos sobre sus nalgas y las separó lo suficiente como para dejar su agujero totalmente expuesto. Su traviesa lengua entraba y salía de su interior, abriéndolo, lubricándolo, estirando la sensible piel. Salía por completo y trazaba círculos sobre el anillo de músculos, luego volvía a adentrarse en toda su profundidad y a salir de nuevo, penetrándolo con ella, simulando embestidas que Harry ya podía imaginarse como de certeras llegarían a ser.

Un dedo se unió a la larga lengua y Harry gimió sonoramente echando la cabeza hacia atrás, su erección ya pulsaba y un fino hilo de preseminal caía de ella e iba a parar a la porción de suelo entre sus piernas. Las manos le picaban por tocarse a sí mismo, luchó por liberarse de sus ataduras pero las cuerdas estaban tan apretadas que solo consiguió lastimarse la piel de las muñecas.

— Suéltame. — Rogó sintiéndose impotente.

La tentadora lengua de Malfoy se alejó de su entrada y lo escuchó reír antes de sentir un fuerte mordisco en una de sus nalgas que lo hizo dar un respingo muy poco digno.

— Aún no. — Sentenció mientras introducía de golpe tres dedos en su interior.

Harry se removió incómodo al sentirse tan estirado repentinamente, pero se le pasó la rápidamente la incomodidad cuando Malfoy curvó sus dedos y rozó con ellos su próstata. Aguijonazos de placer recorrían su espina dorsal, haciendo que sus piernas temblaran, echaba su culo hacia atrás intentando penetrarse a sí mismo más profundamente con los largos de dedos que ya no eran suficiente.

Sentía su desatendida erección a punto de explotar, quería tocarse, necesitaba tocarse. Tiraba de las cuerdas con toda su fuerza, incluso intentó liberarse usando magia sin varita, pero el hechizo era fuerte, tanto que creyó que arrancaría la puerta del marco a pura fuerza bruta antes de conseguir soltar sus ataduras por sí mismo.

Las rodillas se le doblaron involuntariamente y apoyó la frente contra la madera mientras era medio sostenido por las ligaduras y el firme agarre de Draco sobre sus caderas.

— Ahora sí voy a soltarte. — Se burló Draco al verlo tan desecho.

Los dedos que lo penetraban abandonaron su cuerpo y Harry gimió lastimeramente al sentirse vacío. Deshizo por fin el hechizo de atadura, Harry casi cae al suelo al no ser capaz de sostenerse a sí mismo, todo el cuerpo le temblaba, se sentía flojo y extremadamente sensible en cada centímetro de su piel. Draco lo sostuvo por la cintura, impidiéndole caer.

— Te dije que iríamos a la cama cuando tus piernas no fueran capaces de sostenerte. — Le sonrió de medio lado, de la misma manera que sonreía en Hogwarts cuando acababa de soltar algunos de sus mordaces comentarios que sabía que herían sensibilidades ajenas.

— Eres un cabrón. — Quiso sonar duro, pero en su rostro se formó un puchero que no intimidaría ni a un gatito. Suspiró resignado, entonando un réquiem mental por su dignidad perdida.

Malfoy le sonrió demasiado pagado de sí mismo. Estúpido y sexy idiota con cuerpo de pecado y carácter de demonio.

— Jamás he tratado de negarlo.

Intentando recuperar algo de control en la situación, Harry aferró la nuca de Draco con una mano y lo atrajo hacia un beso apasionado, machacó los labios ajenos con los dientes succionó con fuerza la lengua hasta que lo escuchó gemir. El beso fue abruptamente interrumpido cuando Malfoy posó las manos sobre su pecho y lo empujó con fuerza, haciéndolo caer de espaldas sobre la cama.

Apenas tuvo un segundo para tomar consciencia de lo que había pasado, cuando se encontró envuelto entre la pálida piel de Draco que devoraba su boca como si fuera lo más delicioso que había probado en su vida, y ondeaba las caderas en un movimiento de vaivén que provocaba que sus erecciones se frotasen la una contra la otra. Harry gimió dentro del beso, demasiado excitado, sobre estimulado por todas las atenciones previas, apenas a un par de roces más de alcanzar su límite.

Malfoy pareció darse cuenta de esto porque pronunció un hechizo que Harry conocía muy bien, pero que no solía usar en sí mismo. Inmediatamente sintió una presión en la base de su miembro que ya hormigueaba dolorosamente.

— No me jodas Draco… — Se quejó al darse cuenta de que el muy cabrón le había puesto un retenedor para evitar que se corriera.

— Joderte es precisamente lo que pienso hacer. No vas a acabar todavía, créeme, haré que merezca la pena.

— ¡Maldita sea! ¡Fóllame de una vez!

Otra sonrisa ladina. Harry estaba empezando a odiarlas profundamente.

Malfoy se separó de él lo justo para darle la vuelta sobre la cama, dejándolo boca abajo en el colchón. Se alineó con su entrada y frotó la punta de su polla contra ella, luego hacia arriba y después hacia abajo, resbalando gracias a los restos de saliva que había dejado antes, sin llegar a entrar dentro de él, torturándolo a base de roces que ni de lejos eran suficientes. Jodido cabrón sádico.

Harry mordió la almohada con fuerza para evitar suplicar de nuevo, no quería darle ese gusto a su torturador. Seguía escuchando a Malfoy soltar pequeñas risitas de suficiencia y él cada vez estaba más tentado de lanzarle un crucio, sin duda se lo merecía.

Esperó lo que parecieron siglos, sintiendo a Malfoy frotarse contra él, hasta que por fin notó como la punta de tan ansiada verga se colaba en su interior. Gimió sin poder contenerse, aún con los dientes apretados en torno a la almohada. Creía que con eso por fin llegaría su liberación, pero el rubio más cabrón de todos los tiempos parecía tener otros planes. Se introdujo en él con deliberada lentitud, traspasando sus anillos de músculos, provocando que su interior ardiera al ser estirado tanto y tan despacio. Quiso alzar el trasero para acelerar aquel cadencioso ritmo, pero la mano de Malfoy en su cadera se lo impedía. Entraba hasta lo más profundo y luego alzaba sus caderas, casi saliendo completamente de él, para luego volver a introducirse despacio, tremendamente despacio. Quería gritar de frustración.

— Más deprisa, idiota. — Medio habló, medio gimió, completamente desecho.

Otra estúpida risita y un ritmo aún más lento como respuesta. Iba a maldecirle, cada vez lo tenía más claro.

— Por favor… — Suplicó de nuevo, ya rendido, ¿Qué más daba? ¿Acaso no había entonado ya un réquiem por su dignidad hacía un rato?

Malfoy se dejó caer sobre él, apoyando completamente el pálido torso sobre su espalda, se inclinó hacia abajo para alcanzar su oído, y después de un juguetón mordisco en el cartílago de su oreja, habló.

— Solo porque es tu cumpleaños…

El ritmo fue inmediatamente acelerado, las embestidas se volvieron más duras, notaba las bolas de Malfoy rebotando una y otra vez contra sus nalgas. Posó una mano sobre su hombro y la deslizó a lo largo del brazo en una suave caricia hasta llegar a su propia mano, donde la dejó quieta, entrelazando los dedos con los suyos, mientras continuaba con el ritmo frenético.

Harry gemía entre dientes mientras se frotaba desesperadamente contra el colchón en el que estaba siendo clavado una y otra vez, la polla le dolía horrores. Atrapada como estaba, no podía vérsela, pero apostaría toda su fortuna a que estaba morada y al borde de la gangrena. Necesitaba correrse, lo necesitaba más que el aire para respirar.

— Quítame esta mierda. — Rogó — Déjame correrme.

Malfoy emitió un gruñido casi animal que sorprendió a Harry, no se había dado cuenta de que él también estaba al límite. Un brazo reptó bajo su pecho, alzándolo hasta quedar de rodillas sobre la cama. La postura cambió, el ángulo de penetración también, y la polla de Malfoy se le enterró hasta las entrañas. Gimió de forma lastimera mientras se masturbaba a sí mismo sin llegar a nada, no podría correrse hasta que el cabrón que se lo follaba lo decidiera.

Apiadándose de él por fin, Malfoy le apartó la mano de su necesitada verga a punto de estallar y pronunció las palabras del tan ansiado hechizo. La presión en la base de su pene desapareció repentinamente. Fue tan intenso, estaba tan al límite, que ni siquiera necesitó tocarse para correrse brutalmente entre gemidos, jadeos y maldiciones. Se vio envuelto en una nube blanca de placer mientras manchaba las recién cambiadas sábanas de la cama y sentía como era llenado por completo, con Malfoy mordiéndole el hombro sin delicadeza ninguna, gruñendo muy cerca de su oído y volviendo erráticas las antes certeras embestidas.

Se dejó caer en la cama, exhausto, desmadejado, y sin importarle una mierda el peso extra del cuerpo que había caído encima de él de cualquier manera.

Unos segundos después, sintió como Malfoy salía de su interior y rodaba por la cama hasta quedar tendido a su lado. Quiso girarse para mirarle, pero estaba demasiado cansado, ya le miraría luego, ahora estaba muy agustito con la cara enterrada en la almohada, a dos segundos de quedarse dormido.

— Potter… — Malfoy le dio un lánguido golpe con el codo.

— Mmm? — Musitó ya más dormido que despierto.

— Ya sé lo que quiero que me regales por mi cumpleaños.

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